InicioSeriesMindhunter (Netflix): la lucha contra el Mal es al fin creíble

Mindhunter (Netflix): la lucha contra el Mal es al fin creíble

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez García.

Estamos ya todos un poco hasta arriba de psicópatas. En el cine. En las series. En forma de payasos archienemigos de millonarios que se visten de murciélago. Dirigiendo tu municipio, país o escalera de vecinos. Siendo tu vecino. O ese compañero de trabajo o ese jefe. Sí, ESE. En fin, que para qué meterse a ver otra serie o película sobre gente cuya principal motivación es hacer daño a los demás. Es decir, que para qué ponerse a ver a estas alturas de la vida “Mindhunter” en Netflix…

Que además sólo tiene dos temporadas, la cancelaron de aquella manera y se queda uno con el culo al revés cuando acaba el último capítulo, claro. Ah, y tiene sus añitos, así que no podemos presumir de novedad delante de toda esa gente que siente ansiedad por ver y estar siempre al día por todo lo que acaba de salir hace cinco minutos. Benditos sean ellos y sus trastornos mentales: sin ellos, la siempre benévola industria de los psicofármacos no podría salir adelante. No, no trabajo en el sector, pero hombre, debe ser buen curro y todo el mundo tiene que comer.

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Hemos empezado un poco por el final, por las razones por las que no tendría sentido ver “Mindhunter” años después. Y ha sido así por ser en realidad pocas las razones. Es decir, que la historia se quede colgada en mitad de la narración podemos decir, sin disimulo, que es algo desastroso artísticamente. Pero prácticamente todo lo que hay hasta ese corte que quizás sea para siempre es fantástico.

Es posiblemente la obra cumbre de David Fincher, auténtico pirado del tema de los psicópatas desde siempre con sus Club de la Lucha, Seven o Zodiac. Las supera a todas ellas en prácticamente todo, sin caer en aquellos efectismos baratos o jugarretas de última hora para impresionar de manera tramposa al espectador.

De lo que trata Mindhunter no tiene mucha historia. A finales de los años 70 del pasado siglo dos agentes del FBI deciden que van a entrevistar a asesinos y violadores múltiples que cumplen condena en cárceles varias. ¿El objetivo? Intentar sacar de las propias palabras de los asesinos la lógica de sus terribles actos. Buscar una regularidad que una a todos esos espantosos monstruos. Y hacerlo para, efectivamente, poder predecir sus acciones para cogerlos y encerrarlos cuanto antes mejor…

Es iluminar con luz la oscuridad. Es una lucha de la Ilustración, el método y la ciencia contra la Maldad, el caos y el sinsentido de las cosas. Es algo filosóficamente a contracorriente del espíritu de la época en que vivimos. Respecto a la representada en la serie está perfectamente reflejada en cuanto a qué se pensaba en las facultades o los cuerpos de policía sobre de dónde venía el crímen y de qué iban estos asesinos o violadores múltiples.

Es un trabajo maravillosamente fidedigno cómo se plasman las actitudes de la gente corriente, de la policía o demás sobre estos sujetos, actitudes que no son las mismas y tienen mucha sutileza en cada caso.

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Y es que más allá de las entrevistas a los sujetos o los dramas personales de los protagonistas, si algo caracteriza a Mindhunter es la total honestidad y falta de trampas. Es raro si uno piensa que le van a poner en pantalla reproducciones muy fieles (incluso físicamente) de algunos de los asesinos en serie más famosos de finales de los 70-principios de los 80.

Al fin y al cabo, va a haber morbo por lo muy desviados que son sus deseos, sus actos y sus formas de expresarse. Pero si los creadores de la serie  tienen que dejar correr algo en contra de los deseos de los protagonistas lo hacen. Dejan caer la lógica de un mundo de múltiples intereses cruzados y a veces opuestos, impidiendo o haciendo retroceder sin miedo a nuestros protagonistas y su cruzada. A veces por cosas tremendamente mezquinas, a veces por razones personales comprensibles, a veces ni se sabe.

Hay veces en que parece que se detecta a otro posible caso de asesino en serie, pero realmente no se sabe si se ha arruinado la vida a alguien. Hay veces que no hay por donde coger al sospechoso y todo es frustración. Es, vaya, totalmente creíble.

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Se consigue en Mindhunter que teniendo a asesinos en serie de por medio, estos no eclipsen a los policías o investigadores que les estudian o persiguen. En primer lugar debido a que se huye del aburrídisimo, manido y espantosamente falso cliché del psicópata superinteligente y seductor que por desgracia trajo Anthony Hopkins con El Silencio de los Corderos.

Aquí vemos a sujetos inteligentes y educados, a macarras con pocas luces, a iluminados impulsivos, a gente que parece vergonzosamente gris, a líderes de sectas y, en definitiva, a transmitir la idea de que clasificar los patrones de pensamiento comunes a toda esa enorme cantidad de mentes desquiciadas no era (ni es) precisamente fácil. Si todos fueran Hannibal Lecter sería sencillísimo.

Como todo, Mindhunter habla de los inicios de este maravilloso inicio de poner orden y método frente al caos y la maldad. Lo cual implica también contemplar formas de actuar de la policía que con ojos actuales parecen chapuceras, despreocupadas y dignas del jefe de policía Wiggum de Los Simpsons.

No solo es que las chapuzas, la dejadez y el abierto racismo detrás de muchos de estos asesinos en serie estén perfectamente documentados en tantos casos reales; es que no se ocultan en la serie. Desde aquí decimos a quien siga leyendo ésto que el avance de conocimiento en el mundo real sobre el tema está haciendo que cada vez se detecten antes posibles sujetos de este estilo y que el número de asesinos en serie esté bajando desde hace mucho en la mayoría de países.

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Pero, de nuevo, Mindhunter no oculta la dejadez, chapuza y desconocimiento técnico sobre el tema por parte de la policía de la época. Lo cual nos llevaría a las auténticas fumadas mentales de tanta gente que hoy en día habla de los años 70-80-90 del pasado siglo como una especie de paraíso de seguridad o de eficiencia policial, cuando en el mundo real fue más bien lo opuesto.

En fin, que dentro de la atmósfera de credibilidad de Mindhunter son decisivos los tres protagonistas, que siendo como son en inicio tres estereotipos (el hombre maduro de vuelta de todo, el jovencito talentoso y sobrado, la mujer brillante en su trabajo y caótica en su vida sentimental) evolucionan con el conocimiento acumulado respecto a los monstruos, pero también vemos cómo sus vidas personales dan altibajos que no pueden ser más creíbles. En especial los del señor maduro de vuelta de todo, que parece un tipo duro que se engaña poco en el trabajo pero que tiene problemas enormes con su mujer y su hijo. Problemas que se cruzarán con los del trabajo, siendo una auténtica pena que precisamente todo se quede sin final por cómo se corta la serie.

En Mindhunter, los tres son tratados con sobriedad y sin trampas. Las cosas evolucionan hacia donde es lógico que evolucionen por las características de cada uno y sus circunstancias. Aunque no sea lo más bonito o espectacular o morboso. La serie hace pasear por delante de la pantalla a fetichistas de los pies y a líderes de sectas que mandan a sus acólitos a matar gente, pero los protagonistas no quedan ni mucho menos eclipsados. Y se hace sin ponerles a gritar, a soltar chapas incomprensibles y sin recurrir a narrativas extrañas en las que nadie entiende nada y esperamos a que el espectador se flipe y llene los huecos.

Y, por acabar, qué decir del tratamiento realista y desapasionado de cómo funciona la política o una organización de gran tamaño (en este caso el FBI). Cómo se retrata a los superiores que sospechan de las iniciativas raritas que no comprenden, a los que huelen un pescado que otros han cogido y quieren apuntárselo ellos, a cómo determinados políticos pueden perfectamente no hacer nada aun a costa de muertos si eso le va a costar la poltrona, a todo el mundo de cosas que no se dicen abiertamente pero se están diciendo implícitamente y terminan siendo decisivas…

Donde finalmente triunfa Mindhunter es en ofrecer una bella lucha basada en la Ilustración y la Ciencia por parte de sujetos que, como es normal, tienen sus taras dentro de la normalidad. Sujetos que se ven obstaculizados o a veces ayudados por organizaciones más grandes que ellos, por el espíritu de los tiempos o por los propios límites de cómo funciona el ser humano. Todo ello sin estridencias, sin trampas, consiguiendo destilar la complejidad de una empresa tan ambiciosa y necesaria en una serie de televisión.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.
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