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Reseña de Barrage. Nunca la energía hidroeléctrica fue tan divertida

Barrage es sin duda uno de los mejores juegos de mesa que se han publicado en los últimos años. Así de simple. Maldito Games es la editorial española que nos trae esta obra maestra de Tomasso Batista y Simone Lucciani (el segundo es el creador de juegos como Tzolkin, Marco Polo o Grand Hotel Austria) y que despues de un tiempo agotada vuelve a estar disponible en tiendas. El juego permite partidas de 1 a 4 jugadores, con una edad mínima sugerida de 14 años y una duración de entre 60 y 120 minutos. En esta reseña no es mi intención hacer un resumen de las reglas ni enseñar como jugar, más bien quiero mostrar las sensaciones que produce este Barrage cuando sale a mesa. 

Los juegos de mesa están de moda y tienes uno (o varios) perfectos para ti

El juego se ambienta a principios del siglo XX pero en un pasado distópico con un toque steampunk que le sienta de maravilla, un poco al estilo del Scythe. En este universo la energía eléctrica es el bien más importante y nosotros asumiremos el mando de una compañía en la carrera por controlar la energía hidroeléctrica que se genera en las montañas. Cada empresa tiene unas características propias, que unidas a los poderes especiales que tiene también cada director, hará que cada participante juegue con unas capacidades distintas. 

Portada de la edición de Maldito Games del Barrage

La principal mecánica del juego es la clásica de colocación de trabajadores. Tenemos unos meeples que representan el cuerpo de ingenieros de nuestra compañía y que usaremos para colocarnos en unos espacios que nos permitirán realizar determinadas acciones encaminadas a conseguir recursos (en este caso maquinaria), construir un circuito eléctrico formado por una presa, un central y un conducto y por último, producir electricidad. 

Dicho así tampoco parece nada del otro mundo. Todo esto sonara mucho a los jugones habituales. Normal, es muy complicado sacar alguna mecánica nueva y en el campo de los juegos de mesa ya está casi todo inventado. El truco es sacarse un conejo de la chistera que con estos mimbres sorprenda y añada algo más de chica. Y el diseño de Tomasso Batista y Simone Lucciani lo logra con un par de vueltas de tuerca magistrales. 

Lo primero es el tipo de recursos y como se utilizan. Como he dicho, en vez de los típicos recursos aquí manejaremos piezas de maquinaria que una vez en nuestro poder y para construir los elementos de los circuitos eléctricos, cada jugador tendrá que colocar en una rueda de producción que tiene seis secciones. El problema es que una vez colocada, la maquinaria queda atrapada allí y serán los jugadores los que tendrán que gastar acciones para ir girando la rueda esas seis secciones para liberar la maquinaria y volver a utilizarla. 

Detalle del tablero de jugador y la “malvada” rueda de producción

Esto genera mucha tensión ya que conseguir nuevas piezas de maquinaria es muy caro y siempre será más eficiente reutilizar las que ya tenemos. Pero por otro lado, es un dolor de muelas el tener que gastar una preciada acción en mover la rueda. Y ya ni os cuento lo mal que se pasa cuando tienes necesidad de construir algo y ves tus piezas atrapadas en la dichosa rueda. 

Por si esto fuera poco, hay un recurso común para todos los jugadores. Estoy hablando del agua, representada en el juego por unas gotas que van cayendo de una manera determinada y conocida por todos por la montaña y que cualquier jugador podrá utilizar. Los circuitos eléctricos constan de tres estructuras que son las presas, con las cuales los jugadores pueden atrapar esas gotas de agua que van cayendo y los circuitos, que sirven para dirigir las gotas hasta el otro elemento que son las centrales eléctricas.  

Todo esto hace que la pelea por posicionarse en el mapa en busca de las gotas de agua que van cayendo sea tremenda. Sobre todo, porque cuando se hace la acción de producción el jugador tiene que tener una gota en una presa propia, para pasarla por un conducto suyo o de otro jugador (pagando un peaje) y llevarla a una central propia para generar la electricidad que nos dará puntos de victoria. Cuando la gota pase por nuestra central seguirá su camino libremente hasta quedar atrapada en otra presa o perderse al final de las montañas. Por eso se desatará una lucha sin cuartel por colocarse en el mapa en la que los jugadores intentarán construir sus presas en los lugares donde van a ir las gotas, pero siempre con el peligro de que alguien se le adelante y construya más arriba en el curso del agua y le corte el paso. Aunque siempre teniendo en cuenta que cuanto más arriba se construya, más caro sale. Un drama vamos. 

El mapa del juego donde colocaremos nuestras estructuras

El juego tiene más miga de la que he comentado. Debemos medir muy bien cuando y como producir energía ya que esta será la principal manera en que puntuemos en cada una de las cinco rondas que dura la partida. Es muy importante asegurarnos de tener un contrato que cumplir (se consiguen gastando una acción y nos exige llegar a cierta producción de electricidad a cambio de recompensas) y ser el que más produce en la ronda en juego ya que esto también nos dará una bonificación de puntos.  

Los contratos, una parte muy importante del juego

También hay bonificaciones que se activan al ir construyendo las estructuras y otras que dependen en cada ronda de las que hayamos hecho, así que también debemos pensar en ello a la hora de ir levantando nuestros circuitos.  

Con todos estos elementos y usando de base una mecánica clásica de colocación de trabajadores, Tomasso Batista y Simone Lucciani han creado un juego exigente, un euro medio-duro, tirando más a duro con una interacción tremenda. Vamos a tener que estar pendiente de lo que están haciendo nuestros rivales y tomar muchas decisiones. Una de las más importantes será dónde y cómo colocarnos en el mapa, desatándose una lucha por las gotas de agua que nos tendrá siempre en vilo. 

Así luce el Barrage en mesa

El único problema que le veo a este diseño es que la puntuación se basa casi exclusivamente en la acción de producir energía. Como hay un determinado número de acciones de este tipo, puede suceder, sobre todo en la última ronda, que algunos jugadores se queden sin poder puntuar de ninguna manera. Para solucionarlo hay una expansión que incluye nuevos edificios y nuevas maneras de puntuar (Barrage: El proyecto Leeghwater).  

El rango de jugadores de Barrage va de 2 a 4. Se puede jugar bien a 3 pero como se disfruta realmente es con 4, cuando hay una lucha encarnizada por posicionarse en el mapa y por producir cuanto antes. A 2 también se puede jugar, por supuesto, pero las sensaciones no serán las mismas. 

Diseño y compenentes de Barrage

En cuanto a la edición del juego hay un par de cosas que decir. Mis comentarios se refieren a la edición española de Maldito Games, no al kickstarter con el que salió el juego. En dicha edición original se cometieron fallos muy graves de diseño en las ruedas de producción y en las gotas de agua. 

Maldito ha solucionado estos problemas y ofrece una digna edición del juego que, siendo bastante buena, tiene algunos fallos. Los troqueles han sido reducidos con respecto a la versión original y las piezas de maquinaria siguen siendo demasiado pequeñas (cuesta cogerlas con los dedos y manejarlas). Además, aunque el tablero tiene un buen grosor, podría tener un mejor acabado en los bordes, haciéndolo así más resistente. 

Otro tema a tratar es el de la expansión. Cranio, la editora original del juego, decidió sacar una parte del juego base como expansión a parte. Esto se ve claramente al jugar con el producto completo. Y es algo que los propios autores han reconocido. No digo que jugar con la expansión sea estrictamente necesario, con el juego base hay horas y horas de diversión, pero es una práctica comercial bastante cuestionable, encaminada únicamente a lograr mayores beneficios a costa de “partir” un juego. 

Portada de la expansión

La ambientación distópica steampunk puede no ser del agrado de los jugadores más clásicos, pero a mí me encanta. Es cierto que puede pecar de ser algo oscura, pero en ningún caso esto es un obstáculo a la hora de jugar. Todo se ve bien y los dibujos lucen espectaculares. Todo es cuestión de gustos. 

Resumiendo, Barrage es uno de los mejores juegos de mesa que se pueden encontrar ahora mismo. Hay que tener en cuenta que no es para jugadores ocasionales, ya que su grado de dificultad es tirando a duro, pero si te gustan los juegos en los que se parte de una mecánica sencilla para ofrecer una experiencia tensa y exigente que te tiene pegado a la silla durante toda la partida, este es tu juego. 

Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

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