Shōwa Genroku Rakugo Shinjū: los monólogos ya existían en el Japón del s.XVI

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¡Buenas queridos lectores, y bienvenidos a este nuevo artículo en tiempos de cuarentena! Esperemos que todo esto pase pronto. Pero bueno, no mal que por bien no venga, y eso me ha dado la oportunidad de investigar sobre un arte que me ha dejado de piedra: el Rakugo.

Muchos, como es perfectamente comprensible, no tendréis la menor idea de que se trata, pero aquí estoy yo para explicároslo. El Rakugo es una forma de forma de entretenimiento centenaria que ha sentado cátedra en el país del sol naciente, con escuelas incluidas. No se trata de nada más y nada menos que de lo equivalente a los monólogos del club de la comedia que todos conocemos, pero en tiempos medievales. En este caso, el Rakugo se mezcla con el teatro, ya que lo que se cuentan no son reflexiones dirigidas al espectador, sino siempre las mismas historias, obras orales y en las que la diferencia es cómo la representan y la entienden los distintos Rakugokas la obra, interpretando a todos los personajes y dándoles multitud de matices. De nuevo, y como alguna vez os he comentado, me fascina cómo en la cultura japonesa lo sutil e intangible es lo que marca la verdadera nota disonante, la voz cantante.

Sea como fuere, creo que esta práctica es muy creativa y fácil de realizar (no necesitas de nadie más que de ti mismo y además se hace sentado), si a alguno le gusta la interpretación y quiere probar algo nuevo durante estos días oscuros provocados por el innombrable (no, no es Voldemort). A todo este mundillo tan tradicional y puramente japonés he llegado tras el visionado de una serie que llevaba teniendo pendientes durante años: Shōwa Genroku Rakugo Shinjū. Si bien es cierto que le tenía el ojo echado, no estaba muy segura de qué iba, pero sabía que era un slice of life, uno de mis géneros favoritos, y que era una de esas series con las que se respira la paz, la calma, como puede ser Mushishi. Al descubrirlo, como podréis adivinar, quedé absolutamente maravillada de que existiese algo así y de lo que yo no había oído hablar nunca. Y es de la serie de lo que os voy a hablar.

Shōwa Genroku Rakugo Shinjū se dibuja como esos animes que calificaríamos sin ninguna de lento, acompasado, y en el que la trama no se perfila al principio sino según va transcurriendo la historia. Esto ocurre porque es una obra del tipo que a mí más me gusta: una centrada en los personajes, en sus motivaciones, en su desarrollo y finalmente en su comprensión, en darles tal plano de realidad que aunque no sepas muy bien qué piensan o sienten son 100% creíbles y verosímiles. Contamos con dos personajes principales, Bon y Shin, tan distintos como el día y la noche pero inevitablemente unidos por un mismo objetivo: hacerse grandes rakugokas, los mejores. Sus perspectivas y metodologías serán completamente distintas, y cada uno deberá superar sus propias barreas, así como las de sus circunstancias para encontrar su propio Rakugo y hacer que este, una tradición agonizante, consiga perdurar en el tiempo.

De esta manera su historia se entrelazará dando lugar a mil y una situaciones, impulsándose uno al otro hasta alcanzar su objetivo común. Durante la trama y según esta avance se unirán a Bon y Shin una serie de personajes secundarios tan bien desarrollados, a su manera, como los principales, y cuya implicación en este anime será innegable. La ambientación del Japón inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial es espectacular, y sin duda da la impresión de pertenecer a otro mundo, un mundo que en Europa dejábamos atrás hace siglos. Pero no sólo en lo que a desarrollo tecnológico o costumbres se refiere, sino también a la mentalidad de la época y los lugares comunes que observamos. Es evidente que este país ha sido víctima de cambios muy bruscos en un tiempo récord.

En cualquier caso, el Rakugo es algo ciertamente impresionante, y su versatilidad según cómo se interprete a los personajes hace de él un microcosmos que, creedme, merece la pena visitar, aunque sólo sea por ser testigos de lo ilimitado del arte y de la narrativa. El anime, además, está dirigido por Obata Shinichi, alguien con evidentemente sensibilidad artística y que sabe cómo se debe tratar y enfocar una obra para ensalzar todos sus puntos fuertes, como es el caso de Kaguya-sama. El estudio a cargo es del irregular pero innegablemente versátil Deen, y el espectador, créeme, deberías ser tú.

Un saludo y sed felices.

 



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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