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Análisis de Los Amos del Aire. Miniserie. Episodios 1 y 2

Siguiendo el camino iniciado veintiséis años atrás con Salvar al Soldado Ryan y continuado luego con las series Hermanos de Sangre y The Pacific, Steven Spielberg y Tom Hanks regresan a la Segunda Guerra Mundial para producir Los Amos del Aire, pero eligiendo esta vez el escenario aéreo de las acciones sobre Europa. Creada por John Shiban y John Orloff, la miniserie es emitida semanalmente por Apple TV+ y ya tenemos los dos primeros episodios que, titulados simple y respectivamente Parte Uno y Parte Dos, aquí analizamos.

Con mucha expectativa encima, ha llegado en estos días a Apple TV+ la miniserie Los Amos del Aire (Masters of the Air) que, con producción ejecutiva de Steven Spielberg y Tom Hanks, retoma la temática de la Segunda Guerra Mundial a catorce años de emitida The Pacific (aquí nuestra reseña) y continuando el camino que, respectivamente como director y actor, iniciaran en 1998 con el filme Salvar al Soldado Ryan para después, ya como productores, seguir con la miniserie Hermanos de Sangre (Band of Brothers), de la cual pueden leer aquí nuestra reseña de hace apenas días en esta web.

La expectativa era aun mayor considerando que el proyecto ya llevaba una década en danza antes de llegar a la pantalla, lo cual hace finalmente con la particularidad de que esta vez la serie no es producto de HBO sino de Apple TV+, lo cual quizás ayude a explicar, si es ello posible, el insólito silencio en que ha arribado a streaming.

Esta vez el centro de la acción no es Normandía, ni las líneas en el interior de Francia o las islas del Pacífico; tampoco es la tierra o el mar sino el aire y, específicamente, las acciones contra Alemania sobre el final de la guerra. Basada en el libro de Donald L. Miller (próximamente reseña), Los Amos del Aire, que consta de nueve episodios, retoma en gran medida los planteos de aquellas series al tomar a la guerra como tragedia antes que como épica y volver a poner en el centro de la historia a una dupla principal de amigos.

A diferencia de aquellas, sin embargo, no recurre a testimonios reales porque, claro, encontrar un veterano de la Segunda Guerra Mundial se está haciendo cada vez más difícil a medida que pasan los años, pero sí se acompañan los episodios con relatos en primera persona del navegante Harry Crosby a partir de sus propias memorias.

Apple TV+ ha estrenado de un tirón los dos primeros episodios y semanalmente irán llegando los siguientes.  Por si aún no los han visto, cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA , por lo que aconsejo dejar de leer o, si así lo desean, ir directamente al balance final. Básicamente, la narración sigue al 100° Grupo de Bombardeo que, por la cantidad de bajas sufridas, se ganó para la historia un mote al que no hace falta agregar nada…

El Sangriento Centésimo

Comenzamos en 1943 y en un bar de oficiales (presumiblemente en Nebraska), donde dos amigos de la fuerza aérea estadounidense están a punto de partir hacia Europa. Por un chiste interno (dolor de testículos para quienes escribimos reseñas), comparten casi el mismo apodo: Gale Cleven (Austin Butler) es “Buck”, en tanto que John Egan (Callum Turner) es “Bucky”. A efectos prácticos, les llamaré de aquí en más Gale y John…

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El segundo de ambos es alegre, divertido, bebedor e impulsivo, mientras que el primero es serio, introvertido, abstemio y medido, además de tener como interés amoroso a una muchacha llamada Marge (Isabel May), de quien se advierte lo importante que es para él cuando le vemos después llevar su retrato en misiones. Si sumamos que la joven aparece con los créditos iniciales, habrá que concluir que la veremos nuevamente, no sé en qué contexto pero algo más de lo poco que hasta aquí ha estado en pantalla…

Tanto Gale como John tienen cargo de mayor e integran el 100° Grupo de Bombardeo, pero el primero acaba de ser ascendido, lo que le implica partir algunos días antes y quedar más afectado a labores de comandancia que a misiones, algo que no le gusta tanto. John, en cambio, parte después junto al resto y, previo paso por Groenlandia, uno de los aviones de su escuadrón se pierde entre las nubes y va a parar a Francia en lugar de Inglaterra, acarreándole ello quedar bajo fuego antiaéreo sobre territorio ocupado.

El error ha sido cometido por el navegante Harry Crosby (Anthony Boyle), quien adolece de mareos, no obstante lo cual y con el avión en estado bastante maltrecho, consigue guiarlo a destino y que toque suelo en aterrizaje forzoso. Interpelado sin embargo el capitán Brady (Ben Radcliffe), a cargo de la aeronave, lo cubre con que se trató de un error técnico, pero quienes saben la verdad se burlan de Crosby por haber elegido el “recorrido turístico”.

Cita con la Realidad

Lo ocurrido hace que también sea llamado al orden Gale, pues que un avión se separase tanto del resto implica que el escuadrón se movía de forma anárquica y no como unidad. Aceptando su responsabilidad, pide entonces ser degradado (en realidad lo que quiere es ser asignado a misiones), pero el coronel Huglin (Nikolai Kinski, hijo de Klaus) no se lo acepta.  Consigue, no obstante, un papel más activo en próximas acciones aéreas: está claro que para sentirse responsable por sus hombres, necesita estar con ellos.

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La primera misión llega en mayo de 1944 y consiste en atacar bunkers de submarinos alemanes en el puerto de Bremen, ya que los mismos impiden el correcto aprovisionamiento de las fuerzas aliadas. Pero las cosas no ocurren según lo previsto: otra vez las nubes son una complicación al punto de hacer casi chocar a dos aviones propios entre sí y después, claro, el fuego de la artillería alemana termina haciéndolos regresar con tres aviones menos y sin haber bombardear el objetivo.

Ese episodio marca para Gale su primer contacto serio con la realidad de la guerra, que no se parece en nada a los ejercicios en Nebraska. Se han perdido vidas. Y de gente a la que conocía bien. Definitivamente, la contienda no es lo que se ve desde América…

Métodos Opuestos

La pérdidas les han pegado duro a Gale y a John, quien se emborracha y protagoniza sobre el ala de un bombadero un episodio bochornoso en el que pide al teniente Curt Biddick (Barry Keoghan) que lo golpee.  Ello le vale sumario y degradación, pero no es el único conflicto…

Durante la noche y en un pub cercano, oficiales estadounidenses se encuentran con colegas de la RAF y lo que parece tertulia amistosa acaba en ironías, chanzas y roces. Uno de ellos critica el método americano de realizar bombardeos de precisión durante el día, lo cual dice que es suicida y llevará a que se sigan perdiendo aviones y hombres como en Bremen. La táctica británica, en cambio, es realizar bombardeos de área durante la noche, seguramente con más bajas entre los moradores, pero menos en la propia fuerza.

Se trata, claro, del choque entre la falta de experiencia americana y la que sí tienen los británicos que, con cuatro años encima de luchar en el aire contra los alemanes, ven a los estadounidenses como jóvenes inexpertos. Pero el tono soberbio lleva a golpes de puño, aunque es el inglés quien los recibe sin asestar siquiera uno.

Aterrizaje Forzoso y Carrera de Bicicletas

La siguiente misión tiene lugar contra los astilleros de Noruega y los americanos insisten con los ataques diarios. Crosby, quien en principio no iba a formar parte, termina a último momento en el avión de Curt por tener que reemplazar de urgencia a su navegante. Ello, obviamente, le remueve traumas en relación con los mareos y el episodio en que se salvaran por milagro de ser derribados en Francia.

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De hecho, vuelve a tener mareos y si bien la incursión tiene éxito en alcanzar sus objetivos, el fuego antiaéreo alemán se convierte en una pesadilla y el avión en que viaja tiene que terminar, en condiciones calamitosas, haciendo un aterrizaje de emergencia en Escocia. Curt, sin embargo, felicita a Crosby por haber salvado a la aeronave y su tripulación…

Entretanto, los que lograron volver a la base celebran la victoria con una carrera de bicicletas en la que terminan todos en el suelo, pero deben súbitamente correr a esconderse porque suenan las sirenas antiaéreas.

Mientras miran el cielo encenderse como un espectáculo de fuegos artificiales, Gale reflexiona sobre lo bello que se ve de no ser por el contexto (me trae recuerdos del testimonio real de algún piloto que comparaba las bombas al caer con flores abriéndose).  Explica además que su padre era bebedor compulsivo y de allí su rechazo por la juerga y también dice que los ingleses tienen razón en cuanto a lo suicida de los ataques diurnos: no lo admitió en su momento porque no le gustó el tono del sujeto al decírselo…

Balance de los Dos Primeros Episodios

La comparación con las dos series previas es inevitable y vistos estos dos primeros episodios, podemos encontrar nexos pero también claras diferencias. Por lo menos hasta aquí, Los Amos del Aire no llega al realismo desgarrador y casi documental que tenían tanto Hermanos de Sangre como The Pacific.  Tres razones casi inherentes confluyen para explicarlo:

  1. La ausencia de testimonios directos: ver los rostros de los protagonistas u oír sus verdaderas voces tenía, desde ya, otra fuerza de impacto. Pero ya hemos hablado de que eso es hoy difícil cuando los involucrados están muertos o rondando el siglo de vida.
  2. La lucha en el aire y en ambiente cerrado: aun cuando no falten sangre ni momentos traumáticos, no está aquí tan presente el horror en primer plano de las otras series mencionadas.  Desde ya que la sensación de claustrofobia es angustiante, per cuando alguien muere en un avión, simplemente es abrasado por el fuego en segundos o cae a tierra con el mismo y no hay demasiado lugar para mostrar cuerpos horriblemente mutilados o desmembrados.
  3. El uso de cgi: reproducir hoy en día la lucha en el aire no es lo mismo que en tierra. No hay aviones disponibles de la época o están demasiado vetustos para un rodaje. Ello hace inevitable que, por muy buena factura que tengan las batallas aéreas, siempre está presente la sensación de que lo que vemos no ocurre realmente, mientras que en Hermanos de Sangre o The Pacific estábamos inmersos en la batalla misma.

Todas esas cuestiones hacen a Los Amos del Aire por lo menos diferente a las series mencionadas: en algún punto es mayor la sensación de que estamos viendo una ficción, aun a pesar de estar basada en hechos reales. Ello no es, desde luego, un problema, pero sí una cuestión que hace que Los Amos del Aire deba ser vista con diferente óptica y no esperando, por ejemplo, encontrarse con Hermanos de Sangre, aun cuando el planteo ético sobre el horror de la guerra esté también presente.

Lo que sí es un problema, por lo menos a la vista de estos dos primeros episodios, es la cantidad de personajes introducidos. Mientras que en Hermanos de Sangre teníamos básicamente un capítulo dedicado a contar la historia de cada uno, aquí entran todos en cuadrilla (por supuesto, je) desde el inicio y eso nos hace difícil familiarizarnos con ellos o tan siquiera separarlos e identificarlos.

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Sorprende, en tal sentido, una tendencia que se acentúa en los últimos tiempos, que es la de representar a oficiales o soldados estadounidenses con actores que no lo son. Haciendo un recuento de las menciones al elenco en este artículo me encuentro con que los únicos de esa nacionalidad son Austin Butler e Isabel May.  Callum Turner es británico y lo mismo Anthony Boyle, Ben Radcliffe o Raff Law (hijo de Jude), a quien no he mencionado. Barry Keoghan es irlandés y Nikolai Kinski nació en Francia, aunque se crió en los Estados Unidos desde su infancia.

Ignoro la razón de ello pero llama la atención y, en todo caso, deviene en que mientras algunos imitan muy bien el acento del medio oeste norteamericano, otros (como Keoghan, de quien se supone que su personaje ha nacido en Wisconsin) no suenan ni cerca…

Y Austin Butler que, paradójicamente sí es estadounidense, debería ser por alguien puesto al tanto de que no todos los americanos hablan como Elvis, pues pareciera haberse quedado en ese personaje. Así y todo, las actuaciones están en general muy bien, destacándose especialmente Boyle en el papel de ese navegante inseguro y lleno de traumas y culpas.

Pero de todas formas, sacando su caso y el de algún otro, no llego a ver todavía en la serie la ambigüedad moral que caracterizaba a muchos personajes de Hermanos de Sangre o The Pacific ni el tipo de cuestionamientos que se hacían

Existe, sí, la frustración ante la realidad de la guerra y la imposibilidad de celebrar cuando acaban de morir amigos, pero falta, al menos hasta aquí, aquella cuestión existencial de sentir también culpa por las víctimas civiles o las muertes del enemigo. Quizás sea algo que cambie con el devenir de los capítulos pero, una vez más, el contexto es diferente: cuando arrojas una bomba desde un avión, no estás viendo las muertes o las mutilaciones que provocas y ya sabemos que “ojos que no ven, corazón que no siente…”

La producción, no hace falta decirlo, está a la altura y muy lograda la ambientación de época, un punto en el cual diría que la serie me hizo sentir aun más en los cuarenta que sus antecesoras, especialmente en cuanto a vestuarios, peinados, música y ambientes de bar. De hecho, toda la serie destila un aire retro desde la fotografía misma y está contada a la “vieja usanza”: una diferencia más con las otras dos.

Párrafo aparte para la música, en este caso a cargo de Blake Neely, quien ya había estado en The Pacific. El tema de apertura es tan épico que pareciera exagerado para la serie y ser más bien cinematográfico. El de los créditos finales es también bellísimo, pero una pena es que, como suelen hacer las plataformas, lo corten rápidamente para pasar al próximo episodio o avance sin dar casi tiempo de tomar el control remoto (lo cual, desde luego, es la idea).  Se los dejo para hacer algo de justicia…

En el balance de estos dos primeros episodios, Los Amos del Aire pinta bien, más allá de que aún le falte ritmo y de que, como hemos dicho, haya demasiados personajes. Habrá que ver si, con el correr de los episodios, esas falencias van quedando atrás. Y aun cuando sean inevitables las comparaciones con Hermanos de Sangre o The Pacific, hay que entender que sus mismas características le dan un tono diferente a pesar de apuntar hacia un mismo concepto central.

Dato de color: los tripulantes de uno de los B-17 dicen que hay en los motores un “gremlin” que no pueden encontrar. Esa palabra, desde ya, nos remite a las películas de Joe Dante, pero recordemos que los gremlins son criaturas míticas que tienen por desagradable costumbre destruir todo tipo de maquinaria y, en efecto, era común entre los pilotos de la RAF adjudicarles desperfectos inesperados en aviones. Desconocía (si realmente fue así) que también lo hicieran sus pares americanos.

Otro dato: Barry Keoghan no es primerizo en la Segunda Guerra Mundial, pues estuvo a las órdenes de Christopher Nolan en Dunkerque, solo que por una cuestión de edad no hacía allí de combatiente sino del hijo adolescente del propietario de la pequeña embarcación en que era rescatado el piloto interpretado por Cillian Murphy (otro irlandés).  Decir más sobre su rol en esa película sería spoiler (si la han visto me entenderán).

Y ya que hablamos de Keoghan, quizás muchos no lo recuerden, pero ha estado en The Batman. ¿Cómo??? Sí, pero volvemos a lo del spoiler y no puedo decir a qué personaje interpreta en la película de Matt Reeves por ser una de las sorpresas que la misma reserva para el final…

El último dato de color quizás sea más bien para revistas del corazón (vaya antigüedad: ¿siguen existiendo?) y es que Callum Turner es conocido por la serie Glue y las películas de Animales Fantásticos, pero quizás hoy lo sea más por ser pareja de Dua Lipa

A ver qué nos depara el tercer episodio. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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