Prime Video ha estrenado hace algunos días Canario Negro (Canary Black), película de acción que, protagonizada por Kate Beckinsale y dirigida por Pierre Morel (Venganza), no revoluciona el género ni mucho menos, pero se deja ver.
Primero que nada, Canario Negro no tiene nada que ver con la superheroína de DC a la que, al menos en español, conocemos con el mismo nombre (en inglés original es Black Canary, mientras que la película es Canary Black). También es bueno aclarar que no es secuela de Jolt, filme de acción también protagonizado por Kate Beckinsale para Prime Video (aquí la crítica de un servidor), ya que tanto el tráiler como la peluca rubia de la actriz en el inicio de la película podrían llevar a pensar equivocadamente eso.
Pierre Morel es un director francés salido del riñón de Luc Besson con experiencia en el género, ya que ha sido responsable de Distrito 13, Venganza (Persecución Implacable para América Latina), The Gunman o Matar o Morir, entre otras. Y Kate Beckinsale no necesita presentación ni hace falta decir que en los últimos tiempos ha ido decantando fundamentalmente hacia el cine de acción del mismo modo que su colega Charlize Theron, por citar otro ejemplo femenino.
La Historia
Avery Graves (Kate Beckinsale) es una agente especial instalada en Zagreb que trabaja para la CIA y, como suele ocurrir en estos casos, lleva una doble vida. Está casada con David Brooks (Rupert Friend), un amable esposo británico tan servicial y hacendoso que cocina mientras la espera y que además nada sabe de su ocupación real… o eso parece.
En esa ciudad es donde la agencia tiene una base secreta, lo cual no va en perjuicio de que a Avery se le puedan otorgar misiones en cualquier parte del mundo y, en efecto, apenas comenzar la película la vemos llevar adelante una muy peligrosa en Tokio tras la pista de un sujeto que tiene conexiones con la mafia rusa. En principio, esa pareciera ser solo una historia para presentarnos a Avery en acción y de hecho lo es, pero algunos detalles le servirán luego para presionar a sus contactos en busca de información o mentir intenciones cuando la situación lo requiera.
El problema es que al regresar a su hogar tras una normal jornada de trabajo, Avery encuentra todo revuelto y evidentes señales de que su esposo ha sido secuestrado. Cuando los captores se ponen en contacto, le exigen que obtenga y entregue un archivo supersecreto llamado Canario Negro que, al parecer, está metido en la muela de un tal Stoica al que la CIA tiene detenido en su base de Zagreb.
La situación es para ella desesperante, pues la pone en el aprieto de tener que llegar hasta el tal Stoica y hacerse del archivo a la vista de todo el mundo con la consecuencia inevitable de que la tomen por una traidora y, por mucho que la defienda su mentor allí dentro, un tal Hedland (Ray Stevenson), no logra este convencer de su inocencia al subdirector Adams (Ben Miles), quien después de una escena de persecución callejera con pelea y tiroteo, debe obligatoriamente poner al tanto a Breznov (Goran Stantic), jefe de la inteligencia local, para trabajar juntos en la búsqueda de Avery.
Y si las cosas no fueran ya de por sí complicadas con la CIA y la seguridad croata detrás, además Avery no encuentra el archivo en donde le habían dicho y ello hace que también los secuestradores crean que los está engañando.
No todo es necesariamente lo que parece y sobre el final hay un par de giros interesantes, pues se supone que Canario Negro es un archivo con información comprometedora para todo el gobierno de Estados Unidos y la CIA misma, pero por detrás hay algo infinitamente más importante y de alcance global. Y quizás la vida familiar de Avery tampoco sea lo que a primera vista se aprecia.

No buscar la Quinta Pata
Filmada en Croacia, la película está rodada con una correcta fotografía (Thierry Arbogast), muy deudora del cine de acción francés, además de acompañada por una banda sonora que, a cargo de Jessica Rose Weiss, guarda evidentes reminiscencias de las películas de Jason Bourne con sus obsesivos loops y secuencias programadas.
Pierre Morel es, por cierto, un director con experiencia en historias de personajes que ponen el mundo patas para arriba a los fines de dar con un familiar secuestrado, además de haber (al igual que Arbogast) trabajado varias veces con Luc Besson, el director al que muchas veces se sindica como responsable de haber vuelto “hollywoodense” al cine francés, pero que a la vez y paradójicamente es el realizador galo de más influencia en el cine de acción de Hollywood.
La historia está, desde ya, llena de lugares comunes: la relación entre la agente y su mentor (Nikita, Ava, Anna), el cónyuge que en principio nada sabe sobre el trabajo de su pareja, el hacker que trabaja para una agencia de gobierno pero que tiene un pasado turbio, el agente prófugo que se enfrenta a todo el mundo, el protagonista que camina impertérrito hacia la cámara con explosión de fondo, las permanentes conversaciones por teléfono móvil o las ya mencionadas persecuciones callejeras con autos de alta gama.

Tampoco escatima en absurdos: escenas que nadie se creería pero que todos disfrutamos, como Avery librándose de un explosivo en modo béisbol o atravesando el cristal de un edificio para colgarse de un dron que la espera. Y ni hablar de la ropa ajustada y los tacones altos, por demás poco prácticos para alguien que hace el tipo de trabajo que a ella le toca.
Por momentos pareciera acercarse a la parodia, como cuando el villano (que no revelaré quién es para no hacer spoiler) habla por una pantalla a los representantes del mundo mientras exige dinero y casi pareciera estar a punto de morderse la uña a lo Dr. Evil para decir “one million dollars…”.
O Avery disparando contra los cristales del edificio antes de atravesarlos con su propio cuerpo en claro homenaje a Jungla de Cristal (Duro de Matar para América Latina), pero con dos pistolas al mejor estilo Underworld, saga protagonizada por la propia Beckinsale: autoparodia digamos, como quizás lo sea también el look Jolt del comienzo…
Las peleas están aceptablemente hechas y Kate ha demostrado sobradas veces que se presta bien para estos papeles que, en el último tiempo, parecen irle como anillo al dedo al punto incluso de a veces convertirle, como en Jolt, en casi lo único atractivo de la trama (y dicho en todo sentido porque no se puede creer que, luciendo como luce, tenga cincuenta y un años).
Es cierto que por momentos se advierte una innecesaria manía de agregarles cámara rápida a las escenas de acción (vivimos en un una época y un mundo vertiginosos), como también que se recurre a dobles de riesgo cuando las circunstancias lo requieren (colgarse de un dron por ejemplo), pero sigo prefiriendo para ese tipo de escenas a los dobles antes que al cgi, del cual últimamente se viene haciendo uso y abuso, como ocurre, sin ir más lejos, en el remake de De Profesión: Duro (aquí la crítica de un servidor).

Balance Final
Canario Negro está lejos de ser una película que revolucione el género de acción o lo reinvente, como en su momento lo hicieran las sagas de Jason Bourne o John Wick. Los villanos son bastante lisos y no se sabe cómo el subdirector de la CIA pudo haber llegado a ese lugar con lo torpe, infantil e impulsivo que llega a ser.
Se advierte asimismo un esfuerzo por salvar en última instancia a Estados Unidos (el gobierno no está al tanto de lo que hace la CIA) y, como hemos dicho, los lugares comunes e inverosimilitudes están a la orden del día. No obstante todo ello y si uno no se pone muy exquisito, el filme funciona y la bien llevada trama mantiene prendido hasta el final.
A ello hay que sumar una siempre efectiva Kate Beckinsale (que además se las arregla muy bien para imitar el acento americano) y un reparto que acompaña bien y punto, solo separándose un poco del resto Romina Tonkovic como la amiga hacker o Ray Stevenson como el mentor de Avery. Por cierto, hay en los créditos finales una dedicatoria para él y se debe a que el actor británico (que supiera ser Frank Castle o Barbanegra) falleció el año pasado sin llegar a ver terminada la película, que se convierte en su despedida.

Canario Negro es lo que propone y hay que verla como tal: una película genérica de acción que posiblemente no quede en la memoria, pero que funciona y entretiene sin culpas, además de dejar un final que promete secuela. Y si bien es cierto que Jolt también la prometía y la misma nunca llegó, creo que en este caso amerita más.
Hasta la próxima y sean felices…



