Tras una larga espera, llegó finalmente a Netflix la película Peaky Blinders: El Hombre Inmortal (2026) que, dirigida por Tom Harper y protagonizada por el siempre superlativo Cillian Murphy, viene a dar cierre a la serie de gangsters que, creada trece años atrás por Steven Knight, marcó a fuego la historia tanto del streaming como de la TV. ¿Está a la altura? Pues lo analizamos…
Casi cuatro años han pasado desde que me despidiera de ustedes con mi análisis de la sexta temporada de Peaky Blinders y, en aquel momento, sobre el cierre, hacía referencia a la anunciada película por venir diciendo: “Espero que nos encontremos aquí para analizarla cuando llegue el momento del estreno”. Y aquí estamos. Peaky Blinders: El Hombre Inmortal se ha estrenado finalmente este pasado viernes en Netflix, así que volvemos a encontrarnos, aunque puede haber, desde luego, quien no haya leído mis análisis en aquella oportunidad o incluso llegado a la película sin haber visto la serie o, por qué no, ni una ni la otra…
Es por eso que para ponernos en contexto, y aun cuando la explicación pueda sonar obvia a los fans de la serie, diremos que Peaky Blinders fue una propuesta de la BBC que, creada por Steven Knight y estrenada hace ya trece años, marcó época con sus seis temporadas hasta ser emitida la última en 2022.
Un crudo y a la vez elegante retrato de un mundo poco visitado hasta entonces en la pantalla, como el del crimen organizado y las mafias gitanas en Birmingham durante el período de entreguerras. Y marca la consagración de Cillian Murphy, para el público inevitablemente identificado de allí en más con el personaje de Tom Shelby, por lo menos hasta que en 2022 interpretara a Oppenheimer en la película homónima que le valdría el Oscar de la Academia (aquí nuestra crítica).
Ello, de por sí, genera para el filme un interés extra que puede atraer tanto a los fans de la serie como a quienes llegan a través de Oppenheimer o por la fama desde entonces ganada por Murphy. Quizás sea ese el motivo de que la película sea bastante independiente desde lo argumental, ¿pero significa ello que puede ser vista y disfrutada por quien no haya visto la serie? Allí hay que poner matices, pues no caben dudas de que puede ser entendida sin problemas, pero sin el compromiso emocional que, tanto desde lo narrativo como desde lo estético, tiene para quien sí lo haya hecho.
La dirección corre por cuenta de Tom Harper, quien fuera responsable de tres episodios de la temporada inicial de Peaky Blinders, así como de los filmes The Aeronauts (2019) y Agente Stone (2023, aquí nuestra crítica), producido este último por Netflix al igual que el que nos ocupa. El guion está a cargo de Steven Knight, no solo creador sino también escritor principal de la serie original.
En cuanto al elenco, además del mencionado Murphy dando nuevamente vida a Tom, se repiten Sophie Rundle como su hermana Ada, Ned Dennehy como su tío adoptivo Charlie Strong y Packy Lee en el rol del primo Johnny Dogs. Entre los villanos (término relativo porque aquí nadie es del todo bueno), el reincidente es Stephen Graham que, como en la sexta temporada de la serie, vuelve a dar vida a Hayden Stagg, el “rey de los muelles de Liverpool”.
Como incorporaciones, tenemos a Barry Keoghan encarnando a un ya crecido Duke Shelby, hijo de Tom (lo cual significa que vuelve a coincidir en una película con Murphy como lo hiciera en Dunkerque), en tanto que Rebbeca Ferguson hace lo propio con una supuesta tía del muchacho (¿o quizás su madre?) y Tim Roth con John Beckett, básicamente un agente nazi encubierto.

El gran ausente es sin lugar a dudas Paul Anderson, pues nos enteramos que su personaje Arthur, hermano de Tom que, al igual que él, estuvo en todos y cada uno de los episodios de la serie, ha muerto en el tiempo mediante con los sucesos de la película. Una muerte en off que no se condice con la importancia que el personaje tuvo para el mundo Peaky Blinders, pero que posiblemente responda a una forma fácil (y no demasiado elegante) de quitarse al actor de encima tras sus entuertos legales por posesión y consumo de drogas entre 2023 y 2025.
La Guerra Privada
La historia se ubica en 1940, es decir seis años después de los sucesos finales de la sexta temporada. Tom Shelby ya no es lo que era: depresivo y venido a menos, vive en una finca rural abandonada y destruida (recordemos que dinamitó su mansión) mientras escribe un libro con sus memorias (titulado precisamente El Hombre Inmortal) y le acechan visiones y fantasmas del pasado, particularmente el de su pequeña hija Ruby y el de su hermano Arthur, de cuya muerte se siente responsable.

Estamos en plena Segunda Guerra Mundial y los bombardeos arrecian sobre las principales ciudades inglesas, entre ellas Birmingham, donde hay intranquilidad e inseguridad en las calles y la gente extraña a Tom Shelby, siendo ya los Peaky Blinders una sombra de lo que eran y estando ahora liderados por su hijo Duke, quien pretende ocupar su lugar, pero el traje le queda grande…
Precisamente de ello quiere hablarle Ada a Tom al irle a ver a su finca, pero ni la deja entrar ni tiene la mínima intención de volver a Birmingham o a los Peaky Blinders, pues tiene sus propios conflictos y fantasmas con los que lidiar y parece simplemente entregado a esperar la hora de su muerte, esa a la que no se atrevió en sus frustrados intentos de suicidio.
En Birmingham, una bomba alemana cae sobre la fábrica de armas de Small Heath provocando una masacre entre las obreras. Duke se aparece en el lugar con los Peaky Blinders y, entre cenizas y escombros, se apropia de las armas que han quedado. Lo suyo no es solo robo al estado, sino también acto de traición contra su patria y, por lo que parece, no el único, porque está negociando con agentes alemanes y fascistas locales para introducir en la economía británica una importante cantidad de dinero falso que hará colapsar la misma y facilitar los planes de desembarco.
En medio de todo ello, alguien más ha caído en la finca de Shelby y es Kaulo Chriklo, quien dice ser hermana gemela de Zelda, la muchacha gitana con la cual Tom tuviera alguna vez un amorío que acabaría conduciendo al nacimiento de Duke. Es esta quien, cama de por medio y sin dejar del todo claro si su presencia es real u otro fantasma, le convence de volver a Birmingham para recomponer las cosas y recuperar el control que ha dejado irresponsablemente en manos de un hijo que, como líder, se muestra algo torpe y poco curtido…
Con Tono de Crepúsculo
Las expectativas por esta película eran altas y no podía ser para menos, fuera por el tiempo transcurrido desde el final de la serie, por la curiosidad de ver cómo se cerraban algunos arcos o por la presencia de Cillian Murphy que, después de Oppenheimer, volvía recargado y convertido en estrella.
La incógnita era si las mismas podían resolverse en menos de dos horas cuando el universo Peaky Blinders se construyó sobre seis temporadas que permitieron a sus personajes el desarrollo suficiente para que Tom Shelby, si bien central, no estuviera solo. Aquí es otro cantar…
La obvia compresión de los tiempos hace que la historia se centre en exceso en él, en sus culpas, sus demonios y sus fantasmas, lo que da al filme un interesante tono crepuscular y elegíaco que lo acerca a la tragedia griega o a Shakespeare, pero que se pone algo reiterativo durante la primera mitad y hace que el mismo tarde en despegar. Y por más que haya bombas o granadas, falta en la trama un estallido que se demora.
El lado bueno de ello es que Murphy se halla en su salsa, pues no son muchos los que logran transmitir tanto con tan poco y las más de las veces sin necesidad de palabras que expresen lo que les pasa por dentro. Pero se extraña todo ese mundo que la serie creó en torno suyo y que queda algo desdibujado al estar tan centrado todo en su figura.
Tiempos Convulsivos
La guerra, es cierto, da un marco interesante y tiene para Tom un significado especial al retrotraerle a los traumas que le dejó la suya propia, una que terminó hace más de veinte años, pero cuyas heridas no se cerraron nunca: exactamente lo mismo que ocurrió a Europa después de la Primera Guerra Mundial o, de no ser así, no habría habido segunda.
Hay en la película, de hecho, varias realidades históricas y sociológicas, pues es totalmente cierto que los bombardeos alemanes crearon un convulsivo clima social en Inglaterra y hasta se temió una revolución por parte de las clases más bajas que veían que las bombas les caían solo a ellos, lo cual daba aval al discurso socialista de que la guerra era solo un conflicto entre burguesías. Tiene bastante sentido, por lo tanto, que buscaran en medio del caos un líder como Tom y más aún si su reemplazo no estaba a la altura.

También es cierto lo del plan alemán de introducir dinero falso que, en efecto y como se muestra, fue hecho por prisioneros en el campo de concentración de Sachsenhausen. Fue la denominada Operación Bernhard y, a pesar de la impresionante calidad de los billetes apócrifos (dicen que de las mejores falsificaciones de la historia), no logró el efecto esperado porque el Banco de Inglaterra retiró de circulación los billetes grandes al primer indicio.
Y también es una realidad histórica, por supuesto, la masacre en la fábrica de armas BSA, ubicada en el barrio Small Heath, tan identificado con los Shelby. De hecho, y por su carácter industrial, Birmingham fue la tercera ciudad más bombardeada por los alemanes durante la llamada Batalla de Inglaterra y se dijo que el gobierno se negó a evacuar la planta por su importancia clave, deviniendo ello en la muerte de casi todo el personal que, efectivamente, eran mujeres por hallarse la mayor parte de los hombres combatiendo en el frente. De allí que el filme lleve una dedicatoria especial en los créditos finales.
Pero todos esos atractivos paralelismos entre la trama criminal y la guerra, tan dignos de ser aprovechados, se pierden un poco en la medida en que las cuestiones de estrategia e intriga política, tan importantes en la serie, están aquí apenas esbozadas y el problema de los nazis termina siendo más bien complementario o decorativo a la trama en lugar de enriquecerla o darle un tono distintivo.
Entre la Fantasía y la Realidad
Otro tanto ocurre con los personajes, comenzando por la abrupta desaparición de Arthur y un flashback que nos cuenta qué ocurrió con él sin que siquiera le veamos el rostro. Ada, que al igual que sus hermanos estuvo presente en cada capítulo de la serie, está esporádica y lejana del peso que le conociéramos. Y de Duke, magníficamente interpretado por Barry Keoghan, desconocemos el proceso que le llevó a convertirse en líder criminal cuando no pintaba para ello y tampoco está muy desarrollado el antagonismo con su padre, interesante y potencialmente aprovechable, se diluye sin embargo demasiado rápido.

Con respecto al resto de los personajes nuevos, el escaso tiempo de la película no les da el desarrollo suficiente para que lleguemos a empatizar, odiarlos o tan siquiera conocerlos, haciendo ello que lo que les pase nos termine por dar más o menos lo mismo.
¿Es entonces Peaky Blinders: El Hombre Inmortal una frustrante decepción? De ningún modo: la historia se sostiene bien a pesar de sus limitaciones y, como la serie, se mueve impecablemente en un frágil equilibrio entre lo real y lo fantástico. Los toques surrealistas le confieren una ambigüedad que se agradece y la hace atractiva, sin que tengamos forma de saber qué tan reales son los fantasmas de Tom o cómo diablos llegó a su patio esa bufanda roja de Ruby.
Incluso no me termina de quedar claro si Kaulo (o Zelda) existe en verdad o es también producto de la imaginación de Tom. Su presencia recuerda a la de Palas Atenea en la Odisea, siendo casi una voz de la conciencia que le habla y lo guía en sus conflictos internos. Dicho sea de paso, hay mucho en Tom que hace recordar a Odiseo y no digo más al respecto porque los vínculos de Peaky Blinders con las tragedias griegas o los poemas épicos de Homero son interesante material para un artículo especialmente dedicado al tema.
El último cuarto del filme viene con buen suspenso y giros, sin que sepamos hasta último momento qué trama Duke o por qué bando se terminará decidiendo. Y hay un par de muertes de personajes importantes, pero no quiero decir demasiado y, en todo caso, ya hablaré de una de ellas en el apartado de más abajo con debida advertencia spoiler.
La estética sigue siendo tan alucinante como en la serie o quizás incluso más por el cariz cinematográfico que tiene la película. Vestuario y ambientación de época vuelven a lucirse y ni hablar de la magnífica fotografía de George Steel que convierte cada cuadro en una verdadera obra de arte sin dejar de pasar la oportunidad de introducir guiños visuales que remiten al mundo de la serie, como las escenas ecuestres o las carretas ardiendo.
Y la banda sonora, siempre tan particular y “fuera de época”, vuelve a ofrecernos esos anacrónicos contrastes que, a pura distorisión, me hicieron chirriar tanto en los primeros tiempos de Peaky Blinders, pero a los que me fui luego acostumbrando. La diferencia es que, más que tratarse de música ya previamente grabada, esta vez los irlandeses Fontaines D.C. y los australianos Amyl and the Sniffers han aportado temas nuevos especialmente compuestos, sin perjuicio, claro, de que vuelva a decir presente Nick Cave o no sería Peaky Blinders.
¿Es el final que esperábamos? Pues seguramente lo es solo en parte, pero no cabe duda de que Peaky Blinders: El Hombre Inmortal es una buena película que da un digno cierre a la serie más allá de quedarse algún escalón por debajo de la misma y, muy especialmente, de las cuatro primeras temporadas. Y logra sostenerse gracias a una historia atractiva, una estética alucinante y un Cillian Murphy siempre increíble. No es poco…
Dato Curioso (spoiler)
Hay algo que, por lo que leo en las redes, casi nadie ha notado y que, aunque dato menor que quizás no importe a nadie, no deja de ser una coincidencia llamativa y curiosa. No solo en esta película vuelven a cruzarse Cillian Murphy y Barry Keoghan como lo hicieran en Dunkerque (2019, aquí crítica), sino que además el año de ficción en el cual sus personajes se encuentran es el mismo: 1940…
Pero allí no terminan las coincidencias, pues hay además simetría en la forma en que terminan sus respectivos personajes. Si recuerdan, en Dunkerque, el soldado al que interpretaba Murphy mataba accidentalmente, tras un forcejeo, al hijo del dueño del barco que lo había rescatado y que era justamente interpretado por Keoghan.
Aquí, por el contrario, es el personaje encarnado por este último (Duke) el que termina matando al de Murphy (Tom) y en ninguno de los dos casos es una muerte pensada o ex profeso, sino que en un caso es por accidente y en el otro porque así le ruega e impone el padre al hijo aun cuando este no quiera matarlo.
Ok, lo sé, es una tontería, pero me pareció un dato llamativo, al punto que he quedado preguntándome si habrá otro caso igual en la historia del cine o del streaming (siempre hablando de los mismos actores en películas diferentes e interpretando a distintos personajes): les dejo tarea…
Por otra parte, y ya hablando específicamente de Peaky Blinders: El Hombre Inmortal, ese final que revela que Tom nunca tuvo el valor para quitarse la vida y terminó delegando tal función en su propio hijo.
Lo que no deja de ser una pena es que haya terminado siendo a través de una bala, porque eso viene a romper aquella profecía de Polly de que Tom, justamente, no sería muerto por una. Hubiera sido un final más poético (y acorde con la delgada línea entre fantasía y realidad que el mundo Peaky Blinders siempre ha manejado) que Polly hubiera tenido razón y el final le hubiera llegado de otra forma…
Se habla ahora de una serie spiin-off o continuación que seguiría a los Peaky Blinders ya en los años cincuenta y bajo el liderazgo de Duke. Veremos si se hace realidad el proyecto y estaremos desde luego atentos a las novedades. Por lo pronto, la historia de Tom Shelby se cerró.
Hasta la próxima y sean felices. Les dejo link con nuestros otros artículos sobre el mundo Peaky Blinders…
Reseña de Peaky Blinders. Una Delicia Británica
Se estrena la sexta temporada de Peaky Blinders y hacemos reseña de lo sucedido en la quinta
Análisis de Peaky Blinders. Temporada 6. Final de la Serie




Muy bueno el análisis, Rodolfo. Para ser una película que le daba cierre a una gran serie como es Peaky Blinders, a pesar de que en las últimas dos temporadas el nivel bajo, me parece que queda en deuda y el guion es flojo, salvo el último tramo en el que se pareció a la serie. Con respecto de sí Kaulo (o Zelda) existe en verdad, queda claro cuando le da la bala a Duke.
Creo que a Steven Knight se le debe haber pasado lo de que Polly le dijo a Tom que no iba a morir por una bala, si no es un error grave de guion. Tengo entendido que la serie spin-off con Duke al mando de los Peaky Blinders está confirmada, pero sin Barry Keoghan como Duke. Te mando un saludo.
Hola Diego: gracias por comentar y me alegro que te haya gustado el análisis. No me ha parecido una mala película, pero coincidimos en que le faltó y, en ese sentido, no termina de hacer juicio a tamaña serie. Buen detalle lo de la bala y sí, puede ser que entonces Kaulo/Zelda acabe siendo real. Vaya: me gustaba más la ambigüedad, jaja…
En cuanto a lo de que Tom no iba a morir por una bala, si realmente es un error o mejor dicho un olvido, pues mejor que Steven Knight no se dedique a franquicias que tienen más de medio siglo como Star Trek, Marvel o DC: no es que hubiera aquí tanto para revisar.
Sí, en efecto, la serie spin off fue confirmada por la BBC hace unos días y es una pena que Keoghan no sea de la partida (al parecer por decisión del propio actor, que dice no estar a la altura del desafío) porque ello implicaría un tercer Duke (Jamie Bell, según se dice). Lo que sí está claro es que la serie se ambienta en los cincuenta; ojalá que no metan la pata.
Muchas gracias por tus aportes, Diego, y si hay nueva serie, nos encontraremos allí. Un saludo!