InicioSeriesPor qué todo el mundo debería ver Hannibal (2013-2015)

Por qué todo el mundo debería ver Hannibal (2013-2015)

En 2013, el mundo de la televisión marchaba viento en popa y a toda vela. Habíamos asistido a la última temporada de Dexter o Breaking Bad y al estreno de House of Cards, la primera serie producida por Netflix. Mientras tanto, en un segundo plano, NBC estrenaba Hannibal, aparentemente una adaptación más de las novelas de Thomas Harris centradas en el psiquiatra Hannibal Lecter que, pese a su fracaso de audiencias, se convirtió en una serie de culto que bien merece un artículo en Las cosas que nos hacen felices.

¿ERA NECESARIO UN NUEVO HANNIBAL LECTER?

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Los actores que han interpretado a Hannibal Lecter

Hasta 2013, la saga de novelas de Thomas Harris se había adaptado al cine de principio a fin. Un primerizo Michael Mann estrenó Manhunter, adaptación de El dragón rojo en 1986, con Brian Cox (El patriarca de Succession) como Hannibal.

Pero fue en 1991 cuando se adaptó el mayor éxito de Harris, El silencio de los corderos, película que revolucionó el thriller al incorporar elementos de terror y que ganó los cinco Oscar principales: película, director, guion adaptado, actor y actriz.

Y es que, a partir de entonces, el rostro del psiquiatra más conocido de la historia del cine sería el de Anthony Hopkins. No importaba que apareciera unos minutos (así ocurre en El silencio de los corderos y El dragón rojo); su mera presencia servía para generarnos escalofríos.  Y más cuando llevaba el mítico bozal que ya es un icono de la historia del cine. 

En la primera década de los 2000 se estrenaron Hannibal (2001) y El dragón rojo (2002), ambos taquillazos siempre dependientes de la presencia de Hopkins. Prueba de ello fue que Hannibal: el origen del mal, primera vez que contemplábamos a un Hannibal con un rostro distinto al conocido actor, fue un fracaso de público y crítica.

Así que NBC sorprendió a todo el mundo cuando anunció una nueva adaptación de las novelas de Thomas Harris, veinte años después del exitazo de El silencio de los corderos y con la sospecha de que, sin Anthony Hopkins, la producción estaba abocada al fracaso. Una serie alimenticia más destinada a mantener audiencias pero lejos de la ambición de los éxitos televisivos de la época.

Hasta que se anunció su reparto.

RESPUESTA: ERA NECESARIO UN NUEVO HANNIBAL LECTER.

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La relación entre Will Graham y Hannibal Lecter, leitmotiv de la serie.

El showrunner elegido fue Bryan Fuller, que había participado antes en series del montón como Héroes o spin-offs de Star Trek, sin que ninguna de ellas destacara por encima de la media. Tras el éxito de Hannibal, sería el creador de American Gods y otras series de Star Trek. 

Sin embargo, lo que sí llamó la atención del público fue, como he dicho antes, la elección de sus tres protagonistas. Hugh Dancy, que había destacado en Disparando a perros, Adam o en Martha Marcia May Marlene, interpretaría a Will Graham, el detective que colaboraba con Hannibal Lecter hasta que descubrió que este era un asesino en serie. Laurence Fishburne, el Morfeo de Matrix, sería Jack Crawford, el supervisor de todos los detectives que han tenido que lidiar con Hannibal. Hasta aquí, más o menos todo correcto.

Lo de Mads Mikkelsen es otro cantar. Porque el actor danés estaba triunfando en toda Europa con películas como La caza o Un asunto real. Lo de su incursión en Hollywood es otra historia, que salvo su papel como villano en Casino Royale (la mejor película de James Bond), su participación había sido mediocre. Y nadie lo veía como Hannibal Lecter por la sencilla razón de que no era Anthony Hopkins.

Pero claro, debe haber un motivo para que tres grandes actores decidan participar en una serie de una cadena menor a priori lastrada por la alargada sombra de las adaptaciones previas del personaje.

Dado que NBC solo tenía los derechos de El dragón rojo, Fuller apostó por centrar la serie en la relación entre Will Graham y Hannibal Lecter.

A lo largo de su saga literaria, Thomas Harris dio más importancia al personaje de Clarice Starling, la novata agente del FBI que debe lidiar con Hannibal y acaba enamorándose de él. Por lo que fuera, el autor no quiso dar más continuidad al protagonista de su primera novela, El dragón rojo. Un agente del FBI cuya mayor virtud (y condena) es una extrema empatía con los asesinos en serie que le lleva a comprender los motivos de un psicópata donde nadie más puede llegar a entenderlo. Y claro, fue el hombre que detuvo a Hannibal, con el que previamente había colaborado trabajando.

Fuller detectó un filón: profundizar en la relación entre ambos y en el mostrar a un Hannibal Lecter que compagina su vida como reputado psiquiatra forense que colabora con el FBI a la vez que asesina y se come a sus víctimas sin piedad.

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El elenco principal de la serie

Y claro, también a un Will Graham con tanta dificultad para socializar como capacidad para sumergirse en la mente de los psicópatas.

Así, el elemento vertebrador de la serie será una relación marcada por el intento de Hannibal de corromper a Graham. Al fin y al cabo, si una persona es capaz de pensar como un asesino en serie, ¿quién nos dice que no guarde, en lo más profundo de su psique, un impulso de dominar o, incluso, de quitar una vida humana?

Por lo tanto, Hannibal es una de las series, junto con Mindhunter y Ripley, que mejor aborda la psicopatía. Lo hace a través de la inmersión en las almas de Hannibal Lecter, Will Graham, el resto de personajes secundarios y los distintos asesinos en serie que aparecen a lo largo de sus tres temporadas de vida.

Nuestros análisis de Mindhunter, tanto de la primera temporada (1 y 2), como de la segunda (1 y 2).

Nuestro análisis de Ripley. 

Desgraciadamente, el plan que tenía Fuller para siete temporadas (tres abordaban el origen de la relación entre Hannibal y Will, la cuarta adaptaba El dragón rojo, la quinta El silencio de los corderos, la sexta Hannibal y la séptima un final original) se fue al traste por las bajas audiencias.

Pero que eso no os eche para atrás. Hannibal, con sus defectos, tiene un final cerrado que se complementa a la perfección con las películas originales.

A continuación y sin spoilers, voy a desgranar las distintas temporadas de Hannibal por ser francamente distintas entre ambas.

PRIMERA TEMPORADA: EL PROCEDIMENTAL QUE ESCONDÍA ALGO MÁS.

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El asesinato como obra de arte, por Bryan Fuller

La primera tanda de trece capítulos se centra en los inicios de la colaboración de Hannibal Lecter con el FBI mientras él sigue cometiendo asesinatos con total impunidad.

La estructura narrativa es la de un procedimental. Esto es, cada capítulo aborda la investigación de un asesino en serie capaz de convertir un crimen en una obra de arte. Porque esa es otra de las señas de identidad de la serie: la capacidad de su creador para convertir una escena macabra en algo bello. Y esto también se aplica a los platos de Hannibal, todos unos estrella Michelín diseñados por el conocido cocinero español José Andrés.

La otra seña de identidad es el hecho de que, como sabemos quién es realmente Hannibal Lecter, lo gozamos viendo como esconde su lado más oscuro (como buen psicópata) y manipula al resto, ya sea Will Graham, Jack Crawford o Alana Bloom. Solo su psicoterapeuta, Bedelia, interpretada por Gillian Anderson (la Scully de Expendiente X) parece entender lo que esconde el elegante psiquiatra.

SEGUNDA TEMPORADA: SE DESTAPAN LAS CARTAS SOBRE LA MESA.

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Los distintas obras maestras culinarias de Hannibal

Siendo la primera temporada mi favorita por su capacidad para dejar entrever el verdadero horror entre distintos asesinatos, la segunda mantiene el nivel dividiendo la narrativa en dos partes.

Poco a poco, es inevitable (todos sabemos cómo acabará la historia) que Hannibal acabe siendo descubierto, así que el cerco se va cerrando mientras el FBI sigue resolviendo casos.

Es en su segunda parte cuando la estructura procedimental se diluye para centrarse en el rey de los psicópatas, aquel capaz de manipular a todos e incluirlos en su juego de perversión.

TERCERA TEMPORADA: EL APRESURADO FINAL.

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El rey de la perversión

Pese a la presión de los fanáticos (los “fannibals”), la serie iba a ser cancelada al final de su tercera temporada, por lo que Bryan Fuller, que contaba con el respaldo crítico, decidió liberarse de toda atadura y marcarse un David Lynch en su último capítulo de la segunda temporada de Twin Peaks: liberar su arte.

Lo que le salió un poco rana, en la temporada más irregular y de toda la serie.

Aquí ya no tenemos distintos asesinos en serie, sino mucho subconscientes de los personajes, cada vez más metidos en la dinámica perversa establecida por Hannibal. Aquí Fuller se recrea en imágenes tan bonitas y estéticas como vacías.

Y, en su segunda parte, adaptando El Dragón rojo, se apresura para dar un final en una narrativa similar a lo que ocurrió en la última temporada de Juego de Tronos. Los personajes pierden algo de interés e incluso Hannibal pierde parte de su magia al mostrarse tal y como es. Si Mikkelsen arrasaba con su máscara de civismo, Anthony Hopkins gana por goleada mostrando su verdadera personalidad.

Lo que sí es interesante es el vuelco en la relación entre Will Graham y Hannibal. El psiquiatra inicialmente busca corromperlo pero, en ese proceso, comprende que no hay nadie en el mundo tan parecido como el atormentado detective del FBI. Y así, en esa amalgama de sentimientos que oscilan entre el miedo al asesino y la fascinación por la dominación, nace algo muy parecido al amor.

EN RESUMEN

Puede que no sea la serie más valorada por la crítica y haya quedado relegada entre tanto producto estrenado en plataforma, pero Hannibal es una serie imprescindible para todo fan de las intrigas centradas en la psicopatía y los asesinos en serie. Aquellos que vibraron con Mindhunter disfrutarán de una serie mucho más visceral, capaz de extraer arte de las más sorprendentes perversidades y, encima, entretenernos mientras no sabemos si queremos que se castigue o no al psiquiatra más famoso de la historia del cine.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Comecocos. Intento aprender como si viviera para siempre y vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.
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