Análisis de La Revolución. Temporada 1: terror histórico en Netflix

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Lejos de un rigor histórico que ni por asomo busca, la Revolución es una serie francesa de Netflix que, creada por Aurélien Molas, arroja una mirada alternativa sobre el evento que cambió la historia de Francia y del mundo.

La Revolución viene a confirmar dos cosas: por un lado, que los franceses, desde hace algún tiempo, están levantando la puntería con sus series cuando lo normal era que no compitieran con sus también francófonos vecinos de Bélgica ; por otra parte, que Netflix viene sumando aciertos en series de horror y basta con nombrar, como ejemplos, La Maldición de Hill House (con su secuela La Maldición de Bly Manor), la italiana Curon o la también francesa Marianne.

En tal auspiciosa y feliz confluencia nos llega La Revolución, serie creada por Aurélien Molas que se ambienta en los años previos a la revolución francesa. La temática levantará, seguramente, airadas quejas de puristas históricos (y lo digo siendo profesor de historia), del mismo modo que la serie Freud crispó a los fundamentalistas del psiconálisis (¿esperaban otra cosa que una ficción con lo aburrida que fue la vida privada de Freud?). Por eso es que, antes de poner el grito en el cielo y encender la hoguera, hay que asumir de antemano que estamos ante un gran disparate, que le vamos a bailar encima a la historia del mismo modo que le pintaríamos un bigote a la Mona Lisa: se toma o se deja. Si hacen lo segundo, les recomiendo mejor estudiar o buscarse un buen documental, pero si optan por lo primero, podrán disfrutar de una más que interesante propuesta.

La revolución

La Revolución se instala en el escenario de finales del Ancient Régime (1787) para mostrar una versión diferente de las causas que llevaron a los hechos ya por todos conocidos y que, de tan conocidos, quizás hasta nos hayan dejado de interesar: se suele decir que la historia la escriben los vencedores; lo que olvidan es que cambia con el tiempo y que es reescrita por quienes no la vivieron, nos dice una voz en off ya desde el comienzo.

Desde ya, entonces, que la propuesta de la serie debe ser tomada más como ejercicio lúdico que como manifiesto de alguna nueva corriente historiográfica: no se trata de revisionismo absurdo e incomprobable ni tampoco de vender una nueva teoría conspirativa para delicia de terraplanistas. La Revolución es más bien un what if o como se diga en francés: un simple ejercicio imaginativo de suponer qué hubiera pasado si los móviles que llevaron a la caída de la monarquía absolutista hubieran sido muy distintos de los que siempre creímos

No es que eso no se haya hecho antes: basta como referente Abraham Lincoln, Cazador de Vampiros (Timur Bekmambetov, 2012), con su reinvención, tan disparatada como maravillosa, de las causas que llevaron a la guerra civil norteamericana. También se puede encontrar paralelismo con El Pacto de los Lobos (Christophe Gans, 2001), excelente visita a la Francia prerrevolucionaria en formato fantástico y de horror, de la cual pueden encontrar en esta web un gran retro-análisis a cargo de mi compañero Juanma. Y ya hablando de series, hay claros puntos de contacto con Penny Dreadful o con Kingdom. Pero vamos a la historia: ¿de qué va La Revolución?

Sangre Azul

Todo comienza con una joven cuyo cuerpo ha sido hallado en las afueras de París con horribles marcas y señales de canibalismo. Un esclavo negro llamado Oka (Doudou Masta) es acusado por el crimen y puesto en prisión a la espera de una segura sentencia de muerte.

Pero en el lugar se desempeña un médico llamado Joseph Guillotin (Amir El Kazem), el cual entra en contacto con él y, a la luz de algunos descubrimientos, busca salvarlo o, cuando menos, aplazarle la sentencia, por tener pruebas de que es inocente y de que un horrendo y desconocido mal se cierne sobre París.

Aclaremos que Joseph Guillotin no es un personaje ficticio, sino que vivió realmente y, en efecto, era médico cirujano. Como es dable deducir a partir de su apellido, se le suele adjudicar la invención de la guillotina: al parecer, eso es exagerado, aunque sí es cierto que la perfeccionó y la puso al servicio de la república jacobina, paradójicamente no como instrumento de tortura sino como forma más rápida y humanitaria de terminar con la vida de quienes sufrieran la condena a muerte, de la cual él mismo estaba en contra. Raro, ¿verdad? La historia, muchas veces, está llena de contradicciones y paradojas que superan cualquier ficción, del mismo modo que la revolución francesa es, después de todo, una película de terror en sí misma.

Pero volvamos a la serie: lo que Joseph ha descubierto es que una extraña infección se está extendiendo, de manera especial, entre la nobleza francesa y su síntoma no es otro que la presencia de sangre azul. Sí, están entendiendo bien: la tan mentada y célebre sangre azul de los aristócratas no era, entonces, una metáfora ni tampoco una figura poética, sino una realidad literal.

El Doctor y su Hermano

Sabemos que Joseph fue, en su infancia, un huérfano, al igual que su hermano Albert (Lionel Erdogan). El vínculo real entre ambos lo conoceremos más tarde, pero la cuestión es que Albert tuvo la mala idea de relacionarse sentimentalmente con una muchacha de alta alcurnia y podemos imaginar fácilmente cómo terminarían esas cosas en la sociedad dieciochesca: sí, acertaron, con un disparo en la cabeza.

Pero, increíblemente, no es eso lo peor, sino que Albert ha sido después de ello visto por la zona, con lo cual estamos en condiciones de concluir que no murió realmente o bien no le gustó estar muerto

La Condesa y su Hermana

En cuanto a la muchacha de la relación, su nombre es Elise (Marilou Aussiloux) y es la condesa de Montargis, pero el dominio sobre su condado ha caído en manos de su primo, el usurpador Donatien (Julien Frision), luego de que su padre desapareciera tras un misterioso episodio en el que, al parecer, también estuvo involucrado su tío.

Elise tiene además una hermana menor llamada Madeleine (Amélia Lacquemant), quien es muda y se comunica por lenguaje de señas pero bien sabemos que en las historias fantásticas decir niña discapacitada es siempre hablar también de habilidades paranormales y Madeleine no es la excepción: constantemente se le presenta una niña enmascarada a la cual nadie más ve, además de tener un extraño poder que ya iremos conociendo. También guarda un secreto sobre su identidad, pero nada diré.

La Líder en los Bosques

La historia, como dijimos, comienza en 1787 y, por lo tanto, el clima revolucionario, aun cuando embrionario, ya está instalado: hay grupos de rebeldes y desposeídos en los bosques, que tienen como líder a una joven llamada Marianne (Gaia Weiss) y que están comenzando a sembrar la semilla de un estallido al que le falta la chispa final que lo encienda.

A ellos, justamente, está vinculado Oka, el esclavo que está en prisión y que, además, aporta sus habilidades en cuestiones de magia y de vudú (lo cual no lo hace culpable del crimen que se le endilga).

Hacia la Revolución

Esta primera temporada consta de ocho episodios: los cuatro primeros pueden parecer algo lentos y hasta confusos, quizás porque se comete el error de presentar demasiados personajes en la primera media hora, pero ya a partir del quinto, las relaciones entre los mismos se van entretejiendo y salen a la luz muchos secretos mientras vamos conociendo la naturaleza del mal que, entre caníbales y muertos vivientes, está empezando a aquejar a Francia. Encontrar el paciente cero y, con ello, el origen del mal, es la tarea que desvela a Joseph, quien, como dijimos, nota que la infección se está expandiendo fundamentalmente entre los miembros de la nobleza, mientras que los simples campesinos son, más bien, víctimas de horrendos crímenes.

Fuera del propio Guillotin, no hay a la vista ningún personaje histórico reconocible y, por lo que sé, ni siquiera su hermano tiene una base real, pero sobre el final de la temporada tendremos noticias de uno muy importante, a quien, sin embargo, no llegaremos a verle el rostro.

Tampoco veremos a Joseph “inventar” la guillotina, aunque, a la luz de algunas cosas que va descubriendo, es fácil suponer con qué finalidad la desarrollará después y para quiénes. Lo que sí nos muestra el sobrecogedor episodio final es el “verdadero origen” de la bandera tricolor y el porqué de la Toma de la Bastilla. Ya lo dije: no es lo que creían.

Más Virtudes que Defectos

La ambientación de época está muy lograda, tanto en vestuarios como en peinados, decoración y edificios. Se luce, asimismo, la impactante estética, siniestra y agobiante, con algunas imágenes estremecedoras e impactantes como la del jinete en llamas.

Hay, de todos modos, un par de recursos que se repiten en demasía, como las tomas de los bosques desde lo alto por medio de drones, muy típicas en las series francesas o belgas, así como ciertos planos de los tejados nocturnos de casas que, azules y con ventanas iluminadas en amarillo, terminan remitiendo a Disney. La cámara lenta es otro recurso que se reitera bastante, aun cuando está utilizada con buen criterio.

El clima de la serie oscila entre el gótico y el gore, sin escatimar en sangrientas escenas con chorros a presión que brotan de cuerpos recién decapitados o bien en mutilaciones para todos los gustos. La música es perfectamente funcional a ese tipo de atmósfera, centrándose en chelos, pianos, órganos o sintetizadores y permitiéndose, incluso, jugar con la tristeza del Claro de Luna de Beethoven convirtiéndolo en una pieza siniestra y obsesiva.

Las actuaciones, en general, no son sobresalientes pero sí correctas y diría que hay dos que se destacan especialmente: la niña Amélia Lacquemant en el papel de Madeleine y Julien Frision interpretando a Donatien. Algunos personajes se ven más creíbles que otros: quizás el más discutible sea el de la condesa Elise, cuyo discurso en favor de los oprimidos y desposeídos puede sonar algo anacrónico y, por cierto, no es lo único en la serie que suena así pero, afortunadamente, no se llega a la exageración ni al ridículo aun a pesar del evidente y quizás algo forzado intento por hablar, entre líneas, sobre los actuales prejuicios contra la inmigración en Francia.

Balance de la Primera Temporada

Como opinión final, tengo que decir que, a pesar de algún que otro detalle que no desluce el resultado, La Revolución es una gran serie que confirma que Francia, definitivamente, le está encontrando el gusto a ese formato, como también que Netflix se viene llevando bien con el horror, siempre hablando también de series.

Con correctas actuaciones, buena ambientación, interesantes atmósferas y una estética que impacta, La Revolución cumple sobradamente en jugar con una disparata alternativa a la historia ya conocida, no haciéndolo desde el humor sino desde la tragedia. Insisto en que puede no ser apta para todos y si se busca rigor histórico, esta no es la serie, pero la conjunción entre lo fantástico y lo real está bien lograda y puede ser atractiva para muchos.

 

¿Habrá segunda temporada? Ya sabemos que Netflix siempre dilata ese tipo de anuncio, pero todo hace pensar que sí, sobre todo si se considera el éxito que, al parecer, está teniendo por estos días (aun a pesar de las fuertes críticas en su país de origen). Según propias palabras del showrunner Aurélien Molas: “La idea es que si hay una segunda temporada, se sitúe entre 1788 y 1789 y haya eventos históricos mucho más conocidos, cómo se expande la revuelta y comienza la verdadera lucha entre la aristocracia, la monarquía, y el pueblo francés”.

Atendiendo a ello y por cómo terminó esta primera temporada, podemos suponer que en una segunda veremos desfilar a más personajes reales e históricos. Y llegará la guillotina, posiblemente…

En fin, ya lo sabremos. Por lo pronto, gracias por leer y hasta la próxima. Libertad, igualdad, fraternidad y, sobre todo… sean felices.

el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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