Tras veintinueve años y siete películas, la saga Misión Imposible terminó este 2025 con Sentencia final, dando así por cerrada una de las sagas más consistentes del cine comercial americano de las últimas décadas. Es más, no sería descabellado afirmar que tal vez Misión Imposible sea la mejor saga de la historia del cine. Al fin y al cabo, si nos fijamos en alguna que otra franquicia, veremos que hay películas de toda clase. Le pasa a Star Wars, a El señor de los anillos (ay, esa trilogía de El Hobbit), a Indiana Jones, James Bond o Jason Bourne. Ninguna de estas cuenta con la consistencia de una saga que, incluso cuando ha buscado el riesgo, ha acertado de pleno.
Nuestro retroanálisis de Misión Imposible (1996).
Nuestro retroanálisis de Misión Imposible 2 (2000).
Nuestro análisis de Misión Imposible 3
Nuestro análisis de Misión Imposible: Protocolo Fantasma (2011)
Nuestro análisis de Misión Imposible: Nación Secreta (2015)
Nuestro análisis de Misión Imposible: Fallout (2018)
Análisis de Misión Imposible: Sentencia Mortal, Parte 1 (2023)
Nuestra crítica de Misión Imposible: Sentencia final (2025).
Las películas de Misión imposible ordenadas de peor a mejor
Por ello, en Las cosas que nos hacen felices hemos repasado, paso a paso, el camino que nos lleva hasta la última gran misión de un Tom Cruise que, a sus 63 años, se sigue atreviendo a todo con su personaje más icónico. Y en este viaje nos daremos cuenta de los vaivenes de la saga, adaptándose a los distintos modelos del cine de acción de los últimos 30 años.
Comenzamos.
El camino a la Sentencia final: análisis de todas las películas de Misión Imposible
MISIÓN IMPOSIBLE: SALVAR AL CINE.

Misión Imposible: Sentencia mortal parte 1 fue, hasta cierto punto, un fracaso. Sí, recaudó más que lo que costó, pero no lo suficiente para suponer un éxito. La productora había invertido cientos de millones de dólares en una época en que todas las grandes superproducciones fracasaban en taquilla tras la pandemia. El éxito de Top Gun: Maverick demostró ser un oasis en el desierto cinematográfico de los últimos años.
Es por eso que intentaron enfatizar el carácter de despedida en esta película, cambiando el título y, aparentemente, despidiendo a Tom Cruise de su personaje estrella.
De hecho, fue durante el rodaje de la misma que se anunció que el actor iba a cambiar de registro y protagonizar la próxima película de Alejandro González Iñarritu. Se acabaron, al menos por el momento, las películas de acción en las que el bueno de Tom se jugaba el físico.
Por lo tanto, la actualizada como Misión Imposible: Sentencia final no solo prometía ser el final de una de las sagas más sólidas de la historia del cine, sino también el de una era marcada por la reivindicación del efecto especial de toda la vida en lugar del digital. Es decir, el apostar por la capacidad de convertir en posible lo imposible por nuestros propios medios, sin ayuda de un ordenador.
Con esta película queda claro que Cruise y McQuarrie, directores orquestas desde la quinta entrega, eran muy conscientes de que ninguna saga de acción ha sido tan determinante en el siglo XXI como Misión Imposible. Y han considerado que, más allá de la maestría narrativa y la capacidad para tejer largas escenas de acción marcadas por la continua improvisación, lo que hace a la saga diferente es, precisamente, la capacidad de su protagonista para entregar su cuerpo y su vida por el único fin de entretener.
Sin duda, una apuesta arriesgada, dado que McQuarrie, tras tres películas manteniendo la misma estructura (la quinta marcada por el suspense, añadiendo a la sexta lo mejor del cine de acción artesanal y la comedia a la séptima), decide cambiar de tercio.
A dos niveles…
DEMOS LA BIENVENIDA A LA NOSTALGIA.

Por desgracia, tenía que pasar.
En un mundo cinematográfico marcado por las secuelas, precuelas y spin offs, es usual apelar a la nostalgia para hacer sentir a los espectadores que están en un terreno ya conocido. No sea que no nos vaya a gustar que nos muestren cosas nuevas .
Hasta ahora, Misión Imposible apenas había apelado a la nostalgia y la reaparición de distintos personajes, como la mujer de Ethan, siempre estaba justificada argumentalmente en lugar de ser únicamente para satisfacernos.
Pues bien, tal vez motivados por la necesidad de recuperar lo perdido en la anterior entrega, han querido homenajear descaradamente a todas las películas anteriores.
Esto es especialmente llamativo en la primera parte del filme, en la que se nos repite constantemente que todas las acciones de Ethan Hunt (repitiendo escenas de las anteriores entregas de la saga) le han llevado hasta aquí. Es más, juegan con el macguffin de La pata de conejo, mera excusa argumental de una trama en la que la misión real era proteger su identidad secreta, como origen de la Entidad. Y aparece William Downlow, el hombre al que Ethan robó la lista NOC en la que, aún todavía, es la escena más mítica de la saga. Eso sin olvidar que el agente que persigue a Hunt es el hijo de Jim Phelps, villano de la primera película.
Y claro, no podemos dejar de hablar de la muerte de Luther, el personaje más reconocible de la saga tras Ethan Hunt. Su pérdida al inicio de la película es un aviso de que, esta vez, nadie está a salvo. Aunque luego eso no se cumpla del todo.
Esta apelación a la nostalgia no es algo que moleste mucho, pero tampoco podemos decir que sea algo bueno.
LA CLAVE: TOM CRUISE

Tras ocho películas y las señas de identidad de la saga bien definidas, la narrativa cambia. Un riesgo del que, por suerte, Misión Imposible: Sentencia final sale airosa.
Se acabaron las largas secuencias de acción y hasta las máscaras.
Toda la película se basa en dos secuencias en las que el bueno de Tom se juega el físico.
La primera, bajo el agua, es una impresionante secuencia muda submarina llena de tensión y que refuerza la idea de que, por muy potente que sea la máquina a la que nos enfrentemos, solo juntos podremos derrotarla.
Y esto se refuerza con la aparición de distintos personajes, como Hannah Wadingham, Tramel Tillman o Katy O’Brien. Distintas figuras que apenas conocen a Ethan Hunt pero que confían en él para poder cumplir los tiempos cronometrados que permitan derrotar a La Entidad.
La segunda, una secuencia aún más vertiginosa que involucra a dos avionetas de los años 30, puro Indiana Jones de verdad, con el bueno de Tom sobre las alas de un avión a miles de metros de altura… con la misma edad que tenía Ian McKellen cuando interpretó a Gandalf. Es que es increíble.
¿Y qué queda entre medias? El principal problema de Misión Imposible: Sentencia final…
Ni rastro de persecuciones o tiroteos como en otras entregas de la saga. Muchas conversaciones en torno a la posibilidad de un holocausto nuclear que ya hemos visto en otras películas. De hecho, una escena de pelea (la del principio con el personaje de Hailey Atwell) se rueda fuera de campo, en una decisión inédita en la saga que viene a decirnos que, a lo mejor, Cruise ya no está tan preparado para largas coreografías de combate.
Además, el hecho de que la película se ancle en las dos grandes secuencias de Cruise hace que el resto de su equipo pierda muchos enteros con lo visto en anteriores películas. Prácticamente todos los personajes pierden con respecto a la anterior.
Y, sin embargo, funciona.
Porque si Misión Imposible: Sentencia final triunfa pese a arriesgarse y perder con respecto a las anteriores películas de la saga es porque las distintas conversaciones entre políticos al borde de la destrucción del mundo y entre seres humanos que apenas se conocen dispuestos a ayudarse vienen a aportar una solemnidad que se expande en las dos grandes secuencias de la película. A lo largo de las casi tres horas de Sentencia final hay tiempo para la contemplación de un cine que, probablemente, no volvamos a ver en mucho tiempo.
LA ESCENA

Sintiéndolo mucho, no puedo elegir. Ya que McQuarrie y Cruise han apostado todo a dos secuencias, que menos que las dos fueran magistrales. Tanto la submarina, tensa en su silencio con un Ethan Hunt en la inmensidad del mar, como la aérea, frenética con un Ethan Hunt en la inmensidad del aire, son dos piezas maestras del cine de aventuras que se recordarán para siempre.
Así que, entre el mar y el cielo, nos despedimos de una saga en la que ojalá volvamos a tener noticias por su capacidad para separar nuestros pies del suelo y tanto volar como sumergirnos en aventuras con las que solo podíamos soñar.
Hasta que llegó Tom, el hombre que consiguió hacer posible cada Misión Imposible.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



