Un 12 de enero de 1966 la cadena ABC ponía en el aire el episodio piloto de Batman, dando inicio así a una serie que, a lo largo de tres temporadas y con el entrañable Adam West en el papel principal, acabaría convirtiéndose en emblema de la cultura pop, además de quedar marcada a fuego en la infancia de muchos y dejar una innegable influencia que no siempre es reconocida.
Existió una época en la cual el arte era absurdo y el absurdo arte. Años en los cuales ser serio, justamente, era no tomarse las cosas en serio. A ese tiempo dorado y añorado pertenece la serie Batman que, comenzada a emitirse en Estados Unidos el 12 de enero de 1966 (en Europa y Latinoamérica unos meses después), se lleva el título de haber sido la primera adaptación al medio televisivo del murciélago después de dos seriales para cine.
Para muchos de los que ya peinamos canas o directamente no peinamos nada, fue la serie con la cual crecimos y que nos introdujo por primera vez en el universo de Batman y quizás, por qué no, en los cómics mismos. Y por mucho que hoy pese a quienes, levantando con vehemencia la bandera del noveno arte, acusan a la serie de haber ridiculizado al personaje, lo cierto es que tuvo sobre las viñetas una influencia mayor de la que suele pensarse e incluso sobre la cultura en general y a veces, sin saberlo, esos mismos puristas del cómic reivindican elementos introducidos en realidad por la serie.
La segunda mitad de los sesenta fue contracultura, hippismo, guerra de Vietnam y pop-art. Los Beatles revolucionaban la escena musical y daba sus primeros pasos la psicodelia mientras el cine se volvía más experimental o “kitsch” y las series televisivas, todo un fenómeno de consumo, adoptaban un tono altamente paródico con productos como Los Munster, La Familia Addams, Superagente 86 o las británicas Los Vengadores y Doctor Who, pudiendo ser objeto de burla la moral vigente, los modelos familiares o la Guerra Fría por ese entonces en curso.
En ese contexto arribó Batman a la pantalla chica. El personaje, como es ya bien sabido y harto repetido, había nacido de la imaginación de Bob Kane y Bill Finger casi tres décadas antes, pero hasta entonces nadie lo había llevado al medio televisivo. Fue Hugh Hefner quien, en 1964 y durante un evento en la Mansión Playboy, tuvo la idea de proyectar en sesión maratónica los quince episodios del serial para cines de 1943. El suceso fue enorme y se habló tanto de ello que movió a la cadena ABC a lograr un acuerdo con DC Comics para encargar a 20th. Century Fox la producción de una nueva serie basada en el personaje, esta vez para televisión.
William Dozier, productor a cargo, fue el principal responsable de dar a la misma un estilo pop-art lindante con la exageración y el absurdo, en contraposición con la aventura juvenil y algo más “seria” que querían los ejecutivos de las compañías involucradas. No hace falta decir que fue su postura la que se terminó imponiendo.
Como guionista principal se contrató a Lorenzo Semple Jr., quien se había mudado hacía poco a Hollywood y ganado reputación escribiendo episodios para distintas series televisivas (en el futuro haría lo propio en cine, con famosos filmes como Papillon, Tres Días del Cóndor o Flash Gordon, del cual pueden leer aquí el retro-análisis de un servidor).
Tras ser evaluados muchos, dos duplas principales compitieron en las audiciones finales por los papeles de Bruce Wayne/Batman y Dick Grayson/Robin. Una de ellas estaba formada por Lyle Waggoner y Peter Deyell, en tanto que la otra, que finalmente quedó, lo estaba por Adam West y Burt Ward. Curiosidad: Waggoner sería seleccionado nueve años más tarde para interpretar al mayor Steve Trevor en otra serie que también estaba basada en un personaje de DC: Wonder Woman, de la cual les invito, si así lo desean, a leer el artículo de mi autoría que, dos meses atrás, publicamos en esta web con motivo del 50° aniversario.
Se dice que la razón principal por la que se acabó eligiendo a West para el papel de Batman es que fue, de todos los que audicionaron, el único capaz de decir las líneas de diálogo manteniendo el rostro serio y sin siquiera esbozar una sonrisa: claramente era el indicado y, si sirve de algo, el maestro Alan Moore, genio revolucionario del cómic si los hay, ha afirmado que West fue el mejor Batman de la pantalla por haber entendido y asumido mejor que otros la parte ridícula y cómica del personaje.
El formato originalmente pensado era de episodios semanales de una hora, pero resultó que ABC solo tenía disponibles dos franjas de media hora, respectivamente el miércoles y jueves. Se optó entonces por capítulos de esa duración, completando cada dos de ellos una historia y habiendo siempre como puente un cliffhanger en que Batman, Robin o quizás ambos quedaban expuestos a algún peligro mortal del cual todos sabíamos que acabarían saliendo, pero no se nos ocurría cómo y la solución, cuando llegaba, podía ser desternillante.
Por cierto, el propio productor Dozier era, en el audio original, la voz en off encargada de invitarnos para el otro día a la misma hora y por el mismo bat-canal (baticanal para América Latina).
¡Kapow!
Como dijimos, eran años de pop-art y, cual si hubiera sido concebida por el propio Roy Lichtenstein, la serie no podía sino estar repleta de recursos de cómic. No solo en la famosa e icónica secuencia de imágenes que hacía de presentación, sino también y fundamentalmente en esas maravillosas escenas de lucha que rebosaban de onomatopeyas como slam, zock, kapow y otras de lo más insólitas. Todos esperábamos esa parte.
Y si hablamos de la presentación, imposible omitir el tema de apertura compuesto por Nelson Riddle, prestigioso arreglador para Frank Sinatra o Nat King Cole y responsable de otro icónico tema principal como había sido el de la serie Ruta 66 (1962). Su apellido, aunque parezca mentira, era real y no un juego de palabras con The Riddler, el célebre villano al que en español conocemos como Acertijo o Enigma. Si habrá sido un homenaje que ese fuera justamente el primer villano en decir presente en el episodio piloto es algo que ignoro.
A puro sonido garage y con algún toque de psicodelia y de surf, el tema presenta una poderosa y machacante base rítmica (de la cual en el futuro harían estilo bandas como The B-52’s) mientras un coro repite “Batmaaaaan” como única letra y pegadizo estribillo, tanto que el single de la canción fue número uno en ventas ese año en Estados Unidos y también éxito al otro lado del Atlántico. Hasta se especuló con que el estribillo de la canción Taxman, de los Beatles y escrita por George Harrison, tomaba de allí inspiración pero, si quieren saber más, lean mejor mi artículo El Día que Batman conoció a los Beatles.
El tema volvía a sonar al final de cada capítulo y, al igual que las onomatopeyas, caía también de forma invariable en las esperadas escenas de lucha. Posiblemente sea, junto al de Misión: Imposible compuesto por Lalo Schifrin (otra gema de la década), uno de los temas de apertura de serie más fácilmente reconocibles para el público masivo y que mejor representa la estética propia de la época en que nacieron ambas propuestas.
¡Santa Jerga, Batman!
La serie creó una fiebre por los “bat” o “bati” que, desde ya, existían en los cómics, pero los llevaba al más ridículo paroxismo y era justamente la idea. Así se incorporaron el batfono (teléfono que Batman tenía en línea directa con la oficina del comisionado Gordon) o los bat-tubos, a través de los cuales Bruce y Dick se arrojaban cual bomberos hacia la batcueva cada vez que una urgencia los requería sin que supiéramos en qué momento se cambiaban.
La batseñal, preexistente en los cómics, se convirtió en una práctica mucho más generalizada y el batmóvil adoptó un carácter más estilizado incorporándole a un Lincoln Futura 1955 alas de murciélago, turbina (recuerdo haber tenido en mi niñez uno de juguete y encender un fósforo en su parte trasera para simularla) y un particular rugido al arrancar que se volvió igualmente característico e indisociable. Y la batcueva ya no era solo la base de operaciones de Batman, sino también su reducto tecnológico, rasgo que ya no perdería.

Pero no solo a los bat y bati se limitaba la jerga inventada por la serie; también popularizó el cómico prefijo “archi” que, aplicado generalmente a enemigos y villanos, pasó a instalarse en la cultura popular e incluso en medios periodísticos. Y cada episodio teníamos ansiedad por ver a quién se anunciaba en la presentación como archivillano invitado.
Ni hablar de las muletillas de Robin, interjecciones de asombro que, comenzadas siempre con “holy”, solían traducirse para España como “¡Santo Cielo, Batman!” o “¡Santo Cristo, Batman!”, cuando en inglés original (y en la traducción latinoamericana) tenían más variedad y podían ser de lo más disparatadas como “¡Santo pajarraco!” (por el Pingüino), “¡Santa Sardina!” (por un tiburón) o “¡Santa travesura felina!” (al descubrirse la mano de Catwoman tras alguna fechoría), por no mencionar algunas más delirantes como “Santa esquizofrenia” o “Santo giro inesperado”.
Imposible no soltar la risa y todo un acierto que en el cameo de Burt Ward en el Arrowverso hace algunos años (para el evento Crisis en Tierras Infinitas) apareciera este diciendo “¡Santos cielos carmesíes de muerte!”…

El Murciélago y sus Amigos
La serie no profundiza en el pasado de Bruce Wayne ni en su trauma infantil (de hacerlo, quizás la cosa dejaba de ser divertida); solo se sabe que, como en los cómics, sus padres fueron asesinados siendo niño pero nunca se muestra esa escena en flashback ni se dan detalles del hecho. Tampoco se ahonda en el de Dick Grayson, de quien aquí no se sabe por qué está instalado como entenado en la Mansión Wayne. Desde ya que corrían especulaciones acerca de la sexualidad de ambos pero eso, justamente, era parte del juego en una época en que la ambigüedad era norma en la contracultura.
En realidad, tampoco se sabe mucho de la vida privada de los personajes en sus identidades públicas, lo cual se aplica tanto a héroes como a villanos, de quienes lo importante es siempre lo que hacen con sus trajes puestos. No se apunta, por ejemplo y como en los cómics, a la doble personalidad, ya que hacerlo implicaría ahondar justamente en sus aspectos más oscuros y ello llevaba necesariamente la serie a un tono serio que se quería evitar (quizás la única excepción sea el rey Tut, pero ya hablaremos de él).
Más que a la doble personalidad se recurre, como hemos dicho, a la ambigüedad, tal como queda claro con la difusa sexualidad de Batman, que por momentos pareciera atrapado en un triángulo impreciso con Robin y Catwoman, convertido luego en cuarteto con la aparición de Batgirl.
Entre los socios, familiares y amigos del “dúo dinámico” (tal el apodo que, de modo irónico, se daba a la dupla de justicieros) estaban, por supuesto, el mayordomo Alfred (Alan Napier), único que conocía sus identidades y la tía Harriet (Madge Blake), que en los comics había hecho aparición apenas dos años antes.
Por el lado de la policía de Gotham, estaban el comisionado Gordon (Neil Hamilton) y el jefe O´Hara (Stafford Repp), personaje este último inventado para la serie. Barbara Gordon/Batgirl (Yvonne Craig), la sexy bibliotecaria devenida en heroína, recién llegaría en la tercera temporada para incorporar a la serie un toque de sensualidad glamorosa y convertir al dúo en trío (y al trío en cuarteto, como hemos dicho), además de lucir la moto más sexy vista en pantalla. Era casi la versión superheroica de Penelope Glamour, personaje que debutara un año antes en la serie animada Los Autos Locos, de Hanna-Barbera.

Los Archienemigos
¿Y cómo obviar a los villanos que, al igual que en las viñetas, son tan importantes como el héroe principal, tanto que este se define por ellos y viceversa? Todos ellos fueron en la serie interpretados por actores de reconocido prestigio y durante la primera temporada no se cruzan entre sí en ningún capítulo. La reunión cumbre se reservó para la película que, como spin-off y titulada Batman The Movie (únicamente Batman para el medio hispanoparlante) sería estrenada en cines en julio de 1966. Y ya en la segunda temporada de la serie tuvieron también lugar algunos cruces de villanos.

El Acertijo, como antes hemos dicho, fue el primero en aparecer. Frank Gorshin, con una magnífica interpretación, dio al personaje el perfil excéntrico y la alocada risa que de allí en más le serían característicos. Sus adivinanzas eran siempre un dolor de cabeza para Batman que, no obstante, las terminaba siempre resolviendo con deducciones y asociaciones de lo más hilarantes y disparatadas (lo que se dio en llamar “lógica de murciélago”, abierta parodia del género detectivesco).
En la segunda temporada el personaje pasó a estar a cargo de John Astin, famoso y muy querido para el público por ser quien interpretaba a Gomez en La Familia Addams. Nada mal, pero nos costaba verle como villano y para todos el Acertijo era Gorshin que, por algo, regresaría en la tercera…
Siguió en orden de aparición el Pingüino (el villano favorito de mi infancia). Otra gran interpretación, en este caso a cargo de Burgess Meredith, prestigioso actor de ya larga carrera a cuestas que sería incluso en el futuro nominado dos veces para el Oscar, una de ellas por interpretar a su otro personaje más recordado: el entrenador Mickey Goldmill en Rocky (1976, aquí retro-análisis). Luciendo una prótesis en la nariz, exageró al límite los rasgos y modismos de ave que tenía el villano original y le incorporó ese particular graznido con el cual buscaba ahogar la tos y el carraspeo que le producía fumar en boquilla.
César Romero, por su parte, dio vida a un inolvidable Joker, tercer villano en aparecer. Y el hecho de que grandes actores hayan encarnado después al personaje (dos de ellos ganadores del Oscar por sus respectivas interpretaciones) no debe hacer injustamente olvidar el enorme aporte que hizo al mismo, exaltando en el payaso su carácter lúdico y juguetón, además de darle (como Gorshin al Acertijo) una risa propia que, descontrolada y más demente que malvada, pasó a ser para todos “la risa del Joker”.
Y su negativa a afeitarse el clásico bigote que le identificaba como actor hizo que el mismo quedara siempre bajo el blanco maquillaje que le cubría el rostro, dándole ello también al Joker de Romero un toque personal y distintivo.
Julie Newmar, en su papel de Catwoman, aportó sensualidad y fetichismo sin perjuicio de lo malvado. No hay que olvidar que fue ella quien impuso el negro y ajustado catsuit como vestuario (en los cómics aparecía de verde oscuro antes de que el personaje fuera prohibido por el nefasto Comics Code Authority entre 1954 y 1966), además de agregarle los clásicos colgante y cinturón dorados.
Exageró e hizo propia la fusión entre lo felino y lo femenino, haciéndose ello patente no solo en sus movimientos sino también en dos invenciones suyas, como el ronroneo y el característico purrrr (de hecho, el capítulo que la presenta se llama Purrfect Crime, broma que se pierde al ser traducido al español como Crimen Perfecto).
El problema con Julie era que tenía una agenda de trabajo tan apretada que, cada tanto, se hallaba participando del rodaje de algún filme, pudiendo ello provocar largas ausencias en la serie o incluso su reemplazo, como en el filme spin-off, donde fue sustituida por Lee Meriwether. O en la tercera temporada, en que su lugar fue tomado por Eartha Kitt, abierto desafío a los prejuicios de la industria al ser afroamericana.
Pero de todas las actrices que la interpretaron, ya sea en TV o en cine (aquí mi artículo con el listado), Julie es para mí sin dudar la verdadera Catwoman (perdón Michelle, que lo tuyo fue también grandioso).

Mr. Freeze, en tanto, fue un villano al que la serie rebautizó para siempre, pues en los cómics originales era conocido como Mr. Zero desde que apareciera en 1959. La otra gran diferencia era que faltaba todo el contexto trágico tras el personaje que, en este caso, robaba y congelaba más bien por diversión. Tres fueron los actores que lo interpretaron a lo largo de la serie: George Sanders, Otto Preminger y Eli Wallach.
Y el rey Tut (apócope de Tutankamón) fue de los villanos principales el más original al no existir en los cómics pero ser, paradójicamente, quien más exhibía una doble personalidad. Interpretado por el gran Victor Buono, era un profesor de egiptología que enloquecía cuando recibía un golpe en la cabeza y creía ser un faraón del antiguo Egipto. Lo bueno era que bastaba el mismo recurso para hacerle recuperar su cordura, al punto que incluso llegó a averiguar la identidad de Batman pero no fue problema porque olvidó todo con el siguiente golpe…
Del resto, destacar al Sombrerero Loco que, con base en los cómics e inspirado en la obra de Lewis Carroll, era encarnado por David Wayne (otro con apellido acorde). U otros que, como Tut, eran específicos de la serie, tal el caso de Egghead que, traducido como Cascarón o Cabeza de Huevo, era interpretado nada menos que por el legendario Vincent Price. O los gemelos Chandell y Harry, a quienes daba vida el famoso pianista Liberace. O el Gusano de los Libros, maníaco intelectual a cargo de Roddy McDowall, un par de años antes de tener este su icónico papel de Cornelio en El Planeta de los Simios (1968, aquí retro-análisis).
Entre las villanas mujeres y por fuera de Catwoman, cuatro consagradas actrices dieron respectiva vida a la Doctora Cassandra, a Minerva, a Olga, la Reina de los Cosacos y a Marsha, la Reina de Diamantes, siendo en ese orden Ida Lupino, Sza Sza Gabor, Anne Baxter y Carolyn Jones, quien no solo era el segundo miembro de la familia Addams en pasar por la serie (había antes interpretado a Morticia), sino que además se reencontraría con el universo DC en la década siguiente al encarnar a la reina Hippolyta, madre de Diana, en Wonder Woman, donde coincidiría en elenco con Lyle Waggoner, el Batman rechazado.
De los villanos que aparecían en los cómics, los grandes ausentes fueron sin duda el Espantapájaros (una pena porque calzaba perfecto) y, ni qué decirlo, Dos Caras, a todas luces uno de los mejores del mundo Batman y que no debe ser confundido con Falsa Faz, personaje inventado para la serie e interpretado por Malachi Throne. Se dice que la idea era introducirlo en una cuarta temporada y que sería encarnado nada menos que por Clint Eastwood, pero la cancelación no lo hizo posible…
Valoración y Legado
Cuando yo veía de pequeño esta serie, no captaba, obviamente, su sentido irónico, de lo cual sí me percaté al crecer. Y creo que allí tenía su mayor virtud: podía ser vista por niños y adultos, tomándola cada uno de manera diferente según la mirada propia de la edad.
Es una serie familiar, sí, pero repleta de guiños, sarcasmos y un humor inteligente que no tiene miedo al ridículo ni necesita risas de fondo, contrariamente a lo que ocurría con la mayoría de las series cómicas americanas de esos años. En ese sentido, hasta se puede decir que presenta un humor más británico, donde hay que descubrir la broma sin que nadie nos ponga al tanto de que hay una.
A ello contribuían la estética kitsch con sus colores chillones y primarios, al igual que los inolvidables gags, algunos de ellos recurrentes, como las famosas escaladas de edificio en que Batman y Robin caminaban literalmente por el muro tomados de una cuerda y se encontraban puntualmente en cada capítulo con algún actor o personaje conocido que hacía un cameo desde una ventana y con el cual sostenían una pequeña conversación.
Así, desfilaron por esas ventanas luminarias como Sammy Davis Jr., Jerry Lewis o Edward G. Robinson y algunos otros, incluso, en la propia piel de los personajes que los hicieron famosos, tales los casos de Ted Cassidy (caracterizado como Lurch de La Familia Addams) o Maurice Evans (como el doctor Zaius de El Planeta de los Simios). ¡Hasta el mismísimo Santa Claus se asomó a una ventana!

Y la serie fue además innovadora en materia de crossovers, pues no hay olvidar los cruces con El Avispón Verde, otra de las series estrella de ABC. Tanto Green Hornet (Van Williams) como su ayudante Kato (el inolvidable Bruce Lee) aparecieron también en una de las clásicas ventanas, pero no solo eso sino que, por contrapartida, Batman y Robin hicieron presencia en su serie, donde comenzaban peleando pero terminaban amigos. Como anécdota de color, el guion decía que Kato debía ser vencido por Robin, pero Bruce Lee (aún sin la fama de Operación Dragón) se negó a ello y la cosa se resolvió en empate…
Resulta imposible elegir hoy el gag más desopilante, pero Batman bailando a go-gó en el episodio piloto es sin duda uno de los más recordados. O compartiendo licuado de un mismo vaso con Catwoman en imagen que remite a la icónica viñeta de Archie. O a punto de casarse en la iglesia con Marsha (¡vestido de Batman!) para, instantes después, ser puesto al tanto por Alfred de que todo es una trampa y huir ambos en un batmóvil adornado con hileras de latas y luciendo la leyenda “recién casados”. O surfeando con el Joker mientras luce short de baño por sobre el traje de murciélago: de antología…

Y para quienes, como yo, veían la serie en Latinoamérica, los nombres latinizados de algunos personajes eran también sublimes. Casos como Bruno Díaz (Bruce Wayne). Ricardo Tapia (Dick Grayson), Barbara Fierro (Barbara Gordon) o Gatúbela (Catwoman) eran prácticamente un chiste en sí mismo, solo que involuntario…
La serie se mantuvo en pantalla durante tres temporadas entre 1966 y 1969 con un total de ciento veinte episodios (para la última ya duraban una hora). Las dos primeras fueron un éxito arrasador, pero la caída en las cifras de audiencia de la tercera llevó a su cancelación, lo cual no impidió, desde luego, que se terminara convirtiendo en serie de culto y referencia ineludible de la cultura pop.
El propio Adam West prestó su voz al personaje en la primera serie animada de Batman, emitida entre 1968 y 1969, y la del Fantasma Gris en la de los noventa (aquí nuestro análisis), así como la de Thomas Wayne (padre de Bruce) en Batman: The Brave and the Bold. Incluso hizo un cameo de presencia completa y sin acreditar en la película The Flash (2023, aquí nuestra crítica).
El Batman de los sesenta, sin duda, nos ha marcado muy profundo a muchos, especialmente a los de más edad. A quienes no la hayan vuelto a visitar la serie desde entonces, recomiendo hacerlo y les aseguro que, además de la nostalgia por el niño que aún llevan dentro, encontrarán cantidad de lecturas que hoy, con mirada adulta, pueden hacerle.
Y aquellos de menos edad que la hayan visto apenas al pasar o por fragmentos perdidos, también están invitados a descubrir una serie que, contrariamente a lo que a veces se ha dicho, no ridiculiza al personaje sino que le da una dimensión distinta y especial (quizás hasta lo eleva). Tengan por seguro que se van a divertir…
Hasta nuestro próximo batencuentro por la misma batweb. Y sean felices…




