El 16 de junio de 2005 llegaba a los cines Batman Begins, la cual, bajo la dirección de Christopher Nolan y con una recordada interpretación de Christian Bale secundado por un impresionante elenco, venía a reiniciar de manera magistral en el cine a uno de los héroes más emblemáticos del cómic, pero por ese entonces algo alicaído en la gran pantalla. Y daría inicio a una trilogía inolvidable, además de inventar el concepto de “reboot”. Pasemos a darle repaso…
El hombre murciélago no gozaba en el cine de buena reputación al entrar el nuevo milenio. Batman y Robin (1997) había desalentado toda secuela o intento por rescatar nuevamente al personaje. En ese sentido, Batman Begins (2005), conocida en Latinoamérica como Batman Inicia, fue la película que, de la mano de Christopher Nolan, vino a cambiar eso e inventó un concepto que venía para quedarse: el de “reboot”, algo así como olvidar lo anterior, barajar y dar de nuevo… No vamos a recorrer el camino del personaje desde su nacimiento en las viñetas, pero sí repasar sus presentaciones en pantalla grande.
Batman (1966), pura psicodelia y pop-art, funcionaba como extensión de la maravillosa serie de televisión estrenada ese mismo año. Más de dos décadas después Tim Burton recreaba al personaje en Batman (1989) con una estética más oscura y no apta para todo público. También estaría a cargo de la excelente secuela Batman Vuelve (1992) para después pasar la posta a un Joel Schumacher que buscó reencontrar un perfil más humorístico y una estética más colorida, la cual consiguió aceptablemente en Batman Forever (1995), pero decididamente no en Batman y Robin (1997), que casi enterró al personaje para siempre.
En 2002 los ejecutivos de Warner Brothers evaluaron un posible reinicio y el primer director considerado fue Darren Aronofsky, que venía de las aclamadas Pi, Fe en el Caos (1998) y Réquiem por un Sueño (2002, aquí retro-análisis). Se mostró interesado, pero su juventud y poca experiencia hicieron que fuera descartado y convocado en su lugar Christopher Nolan, que para ese entonces venía de tres thrillers muy celebrados por la crítica: Following (1998), Memento (2001) e Insomnia (2002).
El elegido para escribir el guion fue David S. Goyer, cuya experiencia en el género superheroico o basado en cómics venía hasta allí con luces y sombras y más cerca de Marvel que de DC. Suya había sido la escritura de Nick Fury: Agente de SHIELD (1997), quizás de las peores del género jamás filmadas, pero mejor le había ido con las dos primeras de Blade (la tercera, por suerte para él, no estaba aún estrenada).
Aunque parezca hoy mentira, la principal referencia en ese momento era el Superman de Richard Donner, por haber contado de manera eficaz el origen del personaje. Las previas películas de Batman, según Nolan y Goyer, se habían centrado demasiado en los villanos y poco en Batman. En el cómic, las principales inspiraciones fueron Batman: Año Uno (Frank Miller, David Mazzucchelli), The Long Halloween (Jeph Loeb, Tim Sale) y El Hombre que cae (Dennis O´Neil, Dick Giordano).
Varios actores desfilaron para el papel sin convencer a Nolan y algunos terminaron irónicamente interpretando a otros personajes emblemáticos de DC, como Henry Cavill (años después el Superman de Zack Snyder), Heath Ledger (el oscarizado Joker de la siguiente película de la saga) o Cillian Murphy, a quien su acento irlandés le jugó en contra pero terminó dando vida en el mismo filme a Jonathan Crane (Espantapájaros). Jake Gyllenhaal, Joshua Jackson y David Boreanaz fueron también considerados y Josh Hartnett (Las Vírgenes Suicidas, Pearl Harbour) llegó a conversaciones muy avanzadas, pero acabó desistiendo.
La elección recayó entonces en Christian Bale, actor galés que había tenido a los trece años su temprano debut cinematográfico de la mano de Steven Spielberg en El Imperio del Sol (1987) para después pasar por Henry V (1989), Mujercitas (1994), Retrato de una Dama (1996) y, en uno de sus papeles más recordados, American Psycho (2000). Lo que más preocupaba era la intensa preparación física que el personaje le requeriría, pues venía de rodar El Maquinista (2004), para la cual había perdido veintiocho kilos a los fines de interpretar a un famélico.
Para Alfred Pennyworth, la primera opción fue otro galés: Anthony Hopkins, quizás por la inolvidable imagen del mayordomo al que encarnara en Lo que queda del Día (1993), pero rechazó el papel y fueron por otro británico, aunque inglés, no menos curtido ni talentoso. Michael Caine, fue en efecto el elegido y aportó por cuenta propia al personaje características nuevas, como un pasado en el SAS (Servicio Aéreo Especial del Ejército Británico).
En cuanto a Henri Ducard/Ra´s al Ghul, la primera opción fue Gary Oldman, pero este acabó siendo el teniente James Gordon. Fueron también barajados Viggo Mortensen y Guy Pearce, pero la elección final de Liam Neeson terminaría siendo la ideal, pues el personaje de mentor que asumía hacia el principio de la película lograría, por ser muy semejante a otros que antes había interpretado, engañar al espectador sobre su verdadera naturaleza y el villano que escondía.
El resto del elenco principal no era menos rutilante. Morgan Freeman dando vida a Lucius Fox (ingeniero y científico que había trabajado para Thomas Wayne y sigue haciéndolo para Bruce), Rutger Hauer como William Earle (director ejecutivo de Wayne Industries), Tom Wilkinson como el mafioso Carmine Falcone y Katie Holmes como Rachel Dawes, amiga de infancia de Bruce, además de interés amoroso mutuo largamente pospuesto. Y Ken Watanabe interpreta sobre el comienzo a un supuesto Ra´s al Ghul que acaba en engaño.
A la búsqueda de un tono y una ambientación más realistas que en las películas de Burton, el rodaje se realizó entre Chicago, Londres (que Nolan conocía bien) e Islandia, que hizo las veces de Bután. La fotografía quedó a cargo de Wally Pfister, que ya había trabajado a las órdenes de Nolan en Memento y en Insomnia, mientras que la banda sonora fue encargada a Hans Zimmer y James Newton Howard, justificándose el binomio en que sus diferentes estilos podrían plasmar musicalmente las respectivas y contrapuestas personalidades de Batman y Bruce Wayne.
La Historia
La película se mueve en sus primeros tramos en tres líneas de tiempo. La infancia de Bruce con el episodio vastamente conocido (aunque no del modo más conocido), sus viajes por el mundo que le llevan a vivir en Asia una especial experiencia y un presente en que, ya regresado a Gotham City, comprueba que la ciudad se halla bajo el ala de grupos mafiosos que manejan a gusto a la justicia, el poder y la policía, casi con excepción de un único oficial honesto que ya sabemos quién es…
Ya de comienzo, vemos a Bruce jugar de niño con su amiga Rachel Dawes y sufrir la terrorífica experiencia de caer en un pozo repleto de murciélagos, dejándole ello un trauma de por vida. Cuando después le vemos en el teatro asistiendo con sus padres a una representación de la ópera Mefistófeles, pide justamente a estos salir del lugar tras aparecer en escena actores que recrean a murciélagos, lo cual lleva instantes después al conocido y luctuoso episodio del robo en la calle que, seguido de asesinato, le dejará huérfano.
Ya tenemos allí dos cambios importantes con respecto a la mayoría de las versiones que hemos conocido: el trauma con los murciélagos es anterior a la muerte de sus padres en lugar de posterior y la familia Wayne no estaba saliendo del cine al momento del doble asesinato sino de la ópera. Volveremos luego sobre ello, pero digamos de momento que mientras uno de esos cambios tiene más base en el cómic de la que podría pensarse, el otro es invención pura de Nolan y Goyer sin ello ir en perjuicio de que ambos se complementen a la perfección.
Ya de adulto, vemos a Bruce recluido en una prisión de Bután en cual deben reiteradamente aislarlo por protección, no suya sino de los demás. Alguien echa ojo de ello y es sacado de la cárcel para ser reclutado por un misterioso sujeto llamado Henri Ducard, quien a su vez le lleva ante su líder Ra´s al Ghul o, por lo menos, se supone que es él…
Resulta que este lidera la Liga de las Sombras, orden secreta de justicieros con características de iluminati cuyo propósito es acabar con el crimen y la corrupción en el mundo. Dicen venir actuando desde hace muchísimo y hasta se adjudican en el pasado el famoso incendio de Londres, pero su próximo objetivo es Gotham, lo que convierte a Bruce en el candidato ideal a sus fines.

Con Ducard como mentor, recibe pues un intenso entrenamiento en técnicas de lucha, pero no consiguen que se pliegue a la filosofía de la orden al negarse a ajusticiar a un delincuente, lo que par ellos es síntoma de debilidad. La cosa termina con gresca, incendio e incluso muerte de Ra´s al Ghul aunque, una vez más, es solo lo que parece…
Ya de nuevo en Gotham y como si volviera de la muerte misma, Bruce se encuentra con que, bajo los auspicios de su director ejecutivo William Earle, la empresa que heredara de su padre ha pasado a condición pública y quedado por ende sujeta a consorcio de accionistas. No parece ello sin embargo preocuparle tanto como que Joe Chill (Richard Brake), el asesino de sus padres, esté a punto de salir de prisión por declarar contra Carmine Falcone, líder mafioso que ingresa cargamentos ilegales a Gotham y controla la ciudad teniendo en el bolsillo a jueces y policías.
Bruce planea vengarse, pero le ganará de mano Falcone y desviará la atención hacia este, que está sacando criminales de prisión valiéndose de un corrupto psiquiatra llamado Jonathan Crane, quien les declara mentalmente insanos para derivarlos a la institución especializada que dirige y que, por supuesto, no es otra que Arkham…
En medio de todo ello, se reencuentra con su amiga de infancia Rachel, ahora fiscal adjunta de la ciudad, así como con el leal mayordomo Alfred que le criara de niño tras quedar huérfano y con Lucius, en el pasado principal asesor científico y tecnológico de la compañía de su padre.
Bruce está decidido a convertirse en el símbolo de justicia que la ciudad necesita y para ello se valdrá de la ayuda de los dos últimos, aunque sin revelar su identidad a Rachel ni tampoco a James Gordon, prácticamente único oficial de policía en el cual puede confiar por no haber sido corrompido por Falcone.
Y aquí comienza pues la historia que le implicará no solo vencer oscuros deseos de venganza sino también sus propios traumas del pasado al elegir para asustar a sus enemigos la imagen del animal que, justamente, más le aterra: la idea es, claro, hacerles partícipes de su propio terror. Pero para hacerlo, deberá vencer primero al suyo y hacer frente al que ellos, en siniestro plan, quieren imponer…
Una Noche en la Ópera
Tal como decíamos antes y el propio director en su momento manifestara, la idea era centrarse esta vez más en Batman que en los villanos, pues si bien Burton había entregado brillantes retratos de los orígenes de algunos de estos últimos, no dedicó ninguna de sus dos películas a deconstruir el camino de héroe recorrido por Bruce Wayne. Joel Schumacher solo lo tocó fugazmente y en sus inicios al mostrar en Batman Forever el origen del trauma con los murciélagos (algo parecido haría después Snyder en Batman v Superman). Pero el mismo siempre era posterior a la muerte de los padres de Bruce y no al revés.

Aquí ocurre lo contrario y no es un invento como podría pensarse; ya así lo había sugerido Frank Miller en Batman: Año Uno y desarrollado, con más profundidad, Dennis O´Neil en El Hombre que cae. Lo que sí es un invento es lo de la ópera que, a pesar de no figurar en cómic alguno, ayuda a dar al personaje un interesante giro en relación con sus culpas.
No es que lo otro no fuera interesante: por el contrario, el que Bruce hubiera visto en pantalla al Zorro justo antes del asesinato de sus padres (invención de Miller, pues en los cómics previos no se especificaba la película) ayudaba a entender de dónde había tomado la imagen de justiciero oscuro y enmascarado.
Pero en este caso la familia Wayne asiste a una representación de Mefistófeles, ópera de Arrigo Boito, y al entrar en escena los actores que hacen de murciélagos, se activa en Bruce el trauma que le lleva a pedir a sus padres salir del teatro. Y ello se convierte para él en culpa de por vida por lo que vino a continuación. Por más que sea un detalle inventado, cuadra a la perfección con la historia que se quiere contar y el rumbo buscado.
Pero el trauma del murciélago no queda solo allí: forma también parte del camino a recorrer por el héroe y sus miedos a vencer, lo cual va en paralelo con el tránsito desde la venganza hacia la justicia. Bruce no solo supera su pánico a los quirópteros (la escena de pie entre una nube de los mismos es tan magnífica como gráfica), sino que además termina usándolos a su favor (en consonancia con Batman: Año Uno) y cierra un círculo perfecto al regresar a la idea antes expresada de querer compartir su terror con sus enemigos.
Villanos Debutantes y Equipos Reciclados
Siendo pues la idea centrarse en Batman, la elección de los villanos es otro acierto. Porque aun cuando pudiese a primera impresión generar algo de desilusión no ver al Joker o al Acertijo en un filme de reinicio, la realidad es que esos y otros personajes tenían ya más de una encarnación en live action y el público hubiera dirigido en demasía su atención hacia ellos, aunque más no fuera por la simple comparación.
Tanto el Espantapájaros como Ra´s al Ghul o incluso Falcone eran villanos que, aunque con fuerte presencia en los cómics (en el primer caso, casi tan antiguo como el Joker o Catwoman y más que Dos Caras o el Acertijo), no se habían visto aún en live action y no tendrían, por lo tanto, al público tan pendiente. Sumémosle que Ra´s al Ghul desaparece buena parte de la película y no conocemos su real identidad hasta el final, así como que el rol del Espantapájaros es bastante secundario y hasta subalterno (mucho más que en el cómic El Largo Halloween, que sirve de base a su arco).

Los equipamientos de Batman, por otra parte, tienen un origen más prosaico y ligado a tecnología militar descartada y en todo caso reconvertida: proyectos alguna vez presentados por Wayne Industries y descartados por organismos de defensa y gobiernos de turno. Así nacen el traje o al batmóvil (batimóvil para América Latina), que luce aquí más bien como un disfrazado vehículo militar todo terreno que, con su diseño algo vanguardista, recuerda a esas esculturas hechas con chatarra. Y protagoniza además una de las mejores escenas de persecución callejera de la historia del cine aunque mi compañero Juanma no la haya incluido en su top 10: gran artículo de todas formas que invito a visitar…
Ruptura y Continuidad
El Batman de Nolan se separa considerablemente del de Burton (ni qué decir del de Schumacher) pero no del todo: no busca implantar la idea de que antes no se hubiera hecho nada. El “I´m Batman” que pronuncia Christian Bale es homenaje harto evidente y la estética está impregnada de una fuerte nocturnidad. Todo lo importante ocurre de noche y cuando la cosa viene de día (como en las escenas de entrenamiento) predominan tonos grises y cielos plomizos.
Por otra parte, y si bien es cierto que se buscó dar a la historia y al apartado visual un tono más realista, hay todavía una poderosa sensación de cómic que se perderá en las otras películas de la trilogía. No en vano, Nolan quería una capa que flotara en el viento como en los cómics y a tal fin la vestuarista Lindy Hemming desarrolló una de nailon de paracaídas con unión electrostática.
No es tan cómic como Burton, pero el filme se mueve en una equilibrada estética a mitad de camino e incluye atmósferas que remiten a Blade Runner (1982), filme de Ridley Scott altamente influenciado por el cómic (aquí retro-análisis) y que Nolan ponía como ejemplo-guía a los responsables de recrear Gotham. Nada de eso estará ya presente en El Caballero Oscuro, donde la fotografía y la ambientación se acercan más a los thrillers urbanos de Michael Mann que a las escenografías y diseños de Burton o Scott.
El Aporte Actoral
El rutilante elenco ayuda, desde luego, a que la película sea lo que es y no deja de ser un interesante dato de color tener un Batman galés confrontando con un villano irlandés (Murphy) y otro norirlandés (Neeson). A los quince minutos, y además del propio Bale, ya han aparecido en pantalla Liam Neeson, Gary Oldman, Rutger Hauer y Michael Caine, restando todavía por hacerlo Cillian Murphy, Morgan Freeman, Tom Wilkinson y Katie Holmes.
Y quizás no muchos lo recuerden porque en aquel momento no lo conocíamos, pero hay una breve participación infantil de Jack Gleeson (otro irlandés), quien compondría después en Juego de Tronos a Joffrey Baratheon, uno de los más memorables y odiados villanos televisivos de las últimas décadas. Y no es el único que acabaría en esa icónica serie, pues Richard Brake (aquí Joe Chill) daría vida al Rey de la Noche.
Entre tantos nombres (y varios oscarizados, antes o después) cuesta destacar a alguien en particular, pero se luce un Murphy que da miedo de tan psicópata y un Oldman que es de los actores más versátiles a la hora de asumir personajes enteramente diferentes pero igualmente creíbles: puede ser Beethoven, Drácula, Churchill… o James Gordon.
El resto muestran la solvencia que les es habitual y solo Katie Holmes se queda algo por debajo, aunque si vamos a ser justos su personaje (apenas una «damisela en peligro») tampoco adquiere el desarrollo suficiente para mostrar algo más. No es novedad la poca importancia que da Nolan a sus casi inexistentes personajes femeninos y ya habrá oportunidad de ver el escaso vuelo que dará a Catwoman en la tercera película de la trilogía (aquí un repaso de las encarnaciones que el personaje ha tenido en pantalla).
Y no se puede, por supuesto, dejar de mencionar a Bale, actor de los que suelen ser llamados “de método” por su compromiso total con el personaje hasta transformarse en él, línea en que se han destacado Marlon Brando, Robert De Niro o Gérard Depardieu. Ello incluye no solo un compromiso psíquico sino también físico, que en este caso particular le implicó, como antes dijéramos, una transformación absoluta desde el famélico que interpretara en El Maquinista.
Pero, además, el guion le dio oportunidad de lucirse interpretando al personaje de un modo hasta entonces no hecho en pantalla y su elección para el papel quizás no haya sido casual si se considera que antes había hecho American Psycho (2000, aquí análisis psiquiátrico), cuyo personaje principal comparte varios rasgos con el que aquí interpreta.
Seguramente Michael Keaton e incluso Val Kilmer habrán aportado lo suyo a sus caracterizaciones de Batman (de George Clooney mejor no hablemos), pero no tuvieron que profundizar tanto en el crecimiento y desarrollo de la psique del personaje como aquí ocurre y ello hace que, por default, la actuación de Bale les termine sacando ventaja (misma razón por la cual creo que el Joker de Phoenix supera al de Ledger y me hago cargo), así como que su rostro haya pasado para muchos fans a ser inequívocamente el de Bruce Wayne.

La fotografía también merece mención: es oscura, pero todo se ve perfectamente, ayudado por la excelente iluminación. Y tiene imágenes memorables, como la ya mencionada de Bale entre los murciélagos o la de Falcone atado en cruz a la batseñal (batiseñal para América Latina). La música, en tanto, logra imprimir al filme un toque característico, más dramático que épico además de reflejar, como hemos dicho, las personalidades contrapuestas de Bruce según cuál sea el compositor involucrado.
Valoración y Legado
Batman Begins fue un éxito en taquilla, aunque moderado. Con un costo de ciento cincuenta millones de dólares, recaudó más de trescientos setenta. Desde ya que puede sonar a poco ante los más de mil que recaudarían las dos siguientes de la trilogía de Nolan, pero constituía, junto con las buenas críticas recibidas, un importante espaldarazo para la reinvención del murciélago tras el fracaso estrepitoso de Batman y Robin, hasta ese momento última y fallida encarnación.
Es mérito de Nolan haber explorado la psicología de Wayne como nunca antes ninguna adaptación lo hubiera hecho además de sentar influencia para mucho de lo que después vendría. Podrá decirse que el realizador británico descuida a sus villanos, pero eso es parte de la intención para no distraer del foco principal, que en este caso es el camino recorrido por Bruce hasta llegar a ser Batman.
Resulta vano ponerse a comparar si es la mejor de Batman o no, precisamente por las diferencias de enfoque que cada una tiene: solo puedo decir que en mi humilde opinión tanto esta como su secuela El Caballero Oscuro son, junto con Batman Vuelve y The Batman, las mejores que se han rodado sobre el personaje y están en un nivel de excelencia muy semejante, haciendo difícil cotejarlas por el estilo diferente de los directores y el perfil que cada uno ha querido dar.
Tampoco se les pueden dejar de reconocer méritos al maravilloso absurdo pop-art de los sesenta (recordemos que la serie tuvo también su película en cine) ni a la primera de Burton, que revolucionó todo al volver a llevar al personaje al cine después de veintitrés años y atreverse a una versión no apta para todo público. E incluso, aunque no sea una película en solitario, al Batman vs. Superman de Snyder que, vituperado inicialmente, terminó convirtiéndose en filme de culto y al día de hoy es uno de las que más fidelidad ha guardado con los cómics (de hecho, tomó más de El Caballero Oscuro que el homónimo filme de Nolan).
Batman Begins es un perfecto reinicio que bucea en los orígenes y desarrollo del personaje pero, por sobre todo y más allá de eso, una película sobre el miedo, de hecho principal arma de que se valen Ra´s al Ghul y el Espantapájaros para llevar a cabo su demencial plan. Y al ser una película sobre el miedo, lo es también sobre la resiliencia y el valor de enfrentarlo.
Es la combinación perfecta entre cómic y realismo, además de punta de inicio de una trilogía memorable, seguramente de las mejores de la historia del cine, que se continuaría en 2008 con El Caballero Oscuro y se cerraría en 2012 con El Caballero Oscuro: La Leyenda renace. Pero esa ya es otra historia de la cual hablaremos oportunamente y esta vez no pienso esperar al 20° aniversario.
Hasta la próxima y sean felices…



