InicioCineRetro-Análisis: En Busca del Fuego (1981), la redefinición fílmica de la prehistoria

Retro-Análisis: En Busca del Fuego (1981), la redefinición fílmica de la prehistoria

En nuestro primer retro-análisis de 2026 hacemos repaso de En Busca del Fuego (1981), coproducción franco-canadiense que, dirigida por Jean-Jacques Annaud (y conocida como La Guerra del Fuego para América Latina) cambió de modo radical el abordaje de la prehistoria en el cine por su crudo realismo y por hacer confluir al mismo con la evidencia científica y la investigación antropológica.

Feliz año y bienvenidos a un nuevo retro-análisis, primero de este 2026 que, siguiendo la cábala de “empezar por el principio” que hemos usado los últimos dos años, versa sobre una “película prehistórica”, como antes El Clan del Oso Cavernario (1986) ó 10.000 a.C. (2008). La que nos ocupa esta vez es En Busca del Fuego (1981) que, dirigida por Jean-Jacques Annaud y conocida en francés original como La Guerre du Feu y en inglés como Quest for Fire, es en mi opinión la mejor película que se haya hecho sobre la prehistoria y la que marcó un punto de quiebre con respecto al modo en que el cine trataba ese largo albor de la humanidad.

Convengamos que Annaud jamás fue un director de proyectos fáciles. Por el contrario, gustó en general de meterse en enormes esfuerzos de producción, ambientación y recreación de todo un mundo para los personajes. Basta con recordar que después de esta película, y solo por citar algunos ejemplos, dirigiría El Nombre de la Rosa (1986), El Oso (1988), El Amante (1992) o Siete Años en el Tibet (1997), todos filmes que requerían contexto de época o escenario exótico, cuando no ambos.

Contrariamente a lo que creen muchos que a la ligera la tildan de aburrida, la prehistoria es una etapa de la humanidad muy fascinante para su estudio y, por cierto, una en la que los datos cambian permanentemente a la luz de nuevos descubrimientos e investigaciones. El cine, antes de En Busca del Fuego, recayó básicamente en la misma desde la aventura, con filmes divertidos, queribles o naif como Hace un Millón de Años, ya sea en su versión original de 1940 o en su remake de 1966, de la que pueden leer aquí el retro-análisis de un servidor.

Por lo general, eran filmes sin rigor científico y tampoco lo buscaban, pudiendo convivir seres humanos con dinosaurios o criaturas que directamente jamás existieron. Y las mujeres prehistóricas, luciendo seductores bikinis de piel y estilizados cuerpos a la moda, solían ser objeto de situaciones que movían al fetichismo o despertaban pasiones (justamente) primitivas. Eran películas que se proponían divertir y lo lograban: punto…

Lo que busca Annaud con En Busca del Fuego es totalmente distinto. Basándose en la novela homónima del escritor belga J.H. Rosny-aîné publicada en 1911, procura acercarse al período desde una óptica más realista y antropológica a la luz de lo que por aquel entonces eran los últimos descubrimientos en la materia. No significa que la película no tenga anacronismos porque los tiene (ninguna sobre la prehistoria logra escaparles), pero presenta un realismo por momentos documental que la hace claramente apartarse de la previa producción fílmica relacionada.

El rodaje abarcó tres continentes diferentes con localizaciones en Canadá (Columbia Británica y Ontario), Escocia, Islandia, Finlandia y Kenia, todos escenarios que brindan el marco justo para la historia a narrar.

El guion fue encomendado a Gérard Brach, en el futuro colaborador habitual del director, pero para hacer creíble la comunicación entre los personajes, se evitó cualquier lengua actual conocida o subtitulado para recurrir, en cambio, a todo un argot desarrollado por Anthony Burgess, tal como lo había hecho en su novela La Naranja Mecánica.

El reconocido etólogo y antropólogo Desmond Morris (autor de El Mono Desnudo) fue por su parte el responsable de desarrollar gestos y patrones de movimiento, labor bien afín a alguien que, justamente, dedicó buena parte de su obra a estudiar los comportamientos animales en el ser humano.

La música corrió por cuenta de Philippe Sarde, joven y prolífico talento que venía de ser nominado al Oscar por Tess (1979) y que volvería a trabajar junto a Annaud en El Oso.

La Historia

El cartel inicial (único texto en toda la película fuera de los créditos), nos ubica ochenta mil años de Cristo permitiéndonos conocer a los Ulam, tribu de cromañones (aunque también podrían ser neandertales) que protegen y mantienen como su bien más preciado al fuego que utilizan para calefaccionarse y cocer alimentos, el cual no saben cómo generar en caso de que se apague, por lo que solo pueden tomarlo de la naturaleza y mantenerlo como tal. Difícil saber si eso fue práctica frecuente alguna vez pero no sería raro…

La cuestión es que son atacados por la tribu de los Wagabu, humanoides peludos de aspecto simiesco que dan la impresión de ser bastante menos evolucionados. En el entrevero, los Ulam deben huir hacia el pantano y ello lleva a que accidentalmente el fuego se les termine apagando en el agua.

en busca del fuego las cosas felices.07 1

Naoh (Everett McGill), Amoukar (Ron Perlman) y Gaw (Nameer El-Kadi) son sindicados como responsables y por lo tanto enviados en una misión para encontrar nuevamente el fuego y traerlo a la tribu. A partir de allí se desarrolla una historia de viaje y nuestro trío deberá enfrentarse a enormes peligros como caníbales, tigres dientes de sable, lobos hambrientos y mamuts lanudos, además de entrar en contacto con Ika (Rae Dawn Chong), muchacha perteneciente a los Ivaka, tribu que se ve claramente más evolucionada al punto que no solo dominan el fuego y son capaces de obtenerlo por cuenta propia, sino que además practican una costumbre que los Ulam desconocen: la risa…

En medio de todo eso, hay escenas de cruda violencia que bordean lo gore pero que se ajustan a una época en la cual no había delicadezas, así como también de sexo salvaje que poco y nada tienen que ver con los parámetros que manejamos hoy en día, aunque el contacto con Ika y los Ivaka civilizará de algún modo a Naoh y al resto de los suyos.

Supervivencia y Poder

En Busca del Fuego es una película cuyo título resume a la perfección su esencia y eje central, al punto que en español (más fiel al título inglés que al francés) es incluso mejor que el original La Guerre du Feu o su versión latinoamericana La Guerra del Fuego. De hecho, no hay ninguna guerra en sentido literal, aunque sí un conflicto por la posesión del fuego como sinónimo de poder a la vez que de supervivencia en una época en que ambos conceptos iban de la mano, antes de que la civilización urbana y la jerarquización social hicieran lo suyo.

Hay que reconocer, sí, que es una película que se toma licencias geográficas y temporales.  No es que haya seres humanos conviviendo con dinosaurios pero, por poner un ejemplo y en una de las más escenas más icónicas del filme, el trío protagonista se trepa a un árbol enclenque y quebradizo para escapar a las garras de dos tigres dientes de sable que, más allá de ser claramente leones a los que se les han colocado prótesis y pintado rayas, no habitaron como especie el continente europeo sino el americano.

Mejor ubicados están los mamuts que, en efecto, habitaron prácticamente toda Europa y sobre todo las regiones más frías, aunque se ven algo cutres (Annaud no pudo, como pretendía, llevar a tiempo elefantes a Islandia para caracterizarlos como tales) y no parece probable, por otra parte, que los humanos les temieran o fueran atacados por ellos como aquí se ve. Mucho más factible es que se pusieran agresivos cuando eran justamente los humanos quienes les acechaban para darles caza.

Y desde ya que hay anacronismos. Los Wagabu, con su aspecto bestial de hombres-mono muy cercanos a 2001: Una Odisea Espacial (aquí retro-análisis), parecen homínidos poco evolucionados y bastante anteriores a la época que se busca recrear, los cuales no solo estarían para ese entonces ya largamente extintos, sino que tampoco hay indicios de que hayan alguna vez habitado fuera de África.

En cuanto a los Ivaka, no solo sus máscaras y cuerpos espigados y pintados parecieran corresponderse con culturas del Caribe o la selva amazónica, sino que además viven en chozas que faltaba largo tiempo para que apareciesen, ya que ese tipo de construcción se condice con culturas que ya conocen el cultivo (los pueblos cazadores-recolectores moran en cuevas o bien montan refugios temporales, toldos o paravientos con pieles, huesos o ramas, pero de forma bastante más precaria).

Hay por otra parte en la película una amplia convivencia entre distintas especies humanas o humanoides (por lo menos tres), lo cual, dejando fuera lo ya dicho sobre la imposibilidad de que hubiera en Europa homínidos previos al homo erectus, tiene bastante de realidad de acuerdo a los datos recientes, que hablan de una cierta interacción e incluso apareamiento.

No queda en claro en el filme si los Ulam son neandertales y los Ivaka cromañones.  De ser así, la historia de Naoh e Ika sería la de una relación entre especies y las últimas investigaciones del genoma indican que eso no es ningún disparate, sino algo que verdaderamente ocurrió.

Lo que sí parece improbable es que tantas especies diferentes convivieran en un área de territorio tan limitada y estuvieran tan cerca unas de otras. Del mismo modo, los tiempos parecen demasiado comprimidos en relación con los contactos o la transmisión de conocimientos de una a otra. Pero la impresión no es que Annaud haya pretendido filmar “un día en la vida de los humanos prehistóricos”, sino más bien querido brindar un resumen de esa misma evolución y transculturación poniéndolos en área y tiempo acotados. Licencia cronológica, claro, pero es la idea…

Y a pesar de que la película rompe de manera drástica con la filmografía previa sobre la prehistoria, tiene un punto en común con Hace un Millón de Años que incluso reaparecerá después en El Clan del Oso Cavernario: la muchacha que, perteneciente a una tribu más avanzada, oficia como nexo para que sus conocimientos,adelantos e incluso modales pasen a otra tribu que no lo es tanto.

en busca del fuego las cosas felices.02 e1767501141853

Los Ivaka no solo saben dominar y generar el fuego, sino que también tienen cerámica (otro anacronismo, pues no la habrá hasta el neolítico) y practican el sexo en postura de misionero en lugar de a cuatro patas, un método menos bestial que Ika enseñará a Naoh después de que este intenta tomarla justamente en dicha posición. Y además tienen humor y saben reír, otra práctica que, por medio de Ika, pasará a los Ulam…

Una Película Bisagra

Yendo a los méritos fílmicos, es digno de destacar que Annaud y Brach logren contarnos una historia sin diálogos o, mejor dicho, con diálogos que no entendemos, pero en los cuales gestos, expresiones y fonemas están puestos de tal modo que acabamos entendiendo por contexto y repetición: nos alcanzan unos pocos minutos para comprender, por ejemplo, que “aatra” es fuego, concepto central durante toda la película.

Y si alguien piensa que un filme es necesariamente aburrido cuando no tiene diálogos en sentido convencional, a no olvidar que el cine tuvo en sus inicios más de dos décadas sin sonido y aun así dio lugar a obras de arte inolvidables.

Annaud acierta además al saber contar una historia sin ceder a las concesiones o “sentido común” de la cultura contemporánea. Más anacrónico que ver a los Ivaka vivir en chozas me pareció, de hecho, el comentario de una crítica cinematográfica estadounidense que manifestaba que no le hubiera gustado ser mujer en los tiempos que la película relata. Lo más seguro es que, de vivir ella esa época, jamás se lo habría planteado…

El sexo está presentado de modo natural y bestial, lo cual quizás pueda chocar al espectador sensible, pero a la vez lo hace verosímil y creíble. Al igual que ocurre en el mundo animal, no se basa en el consentimiento y es un error pretender ver aquí violación, casi lo mismo que decir que ese perro callejero al que ves al otro lado de tu ventana está violando a una perra en la calle…

Es cierto que para entender la prehistoria debemos pararnos primero en la actualidad o de lo contrario no tendríamos herramientas conceptuales para acercarnos, pero también lo es que a dicho acercamiento le sigue el desafío de quitarnos de encima toda nuestra cultura para no ver con ojos prejuiciosos ni evaluar fuera de contexto.

Las caracterizaciones de los actores, por otra parte, son perfectamente creíbles y en ningún momento vemos escapárseles ademanes, actitudes o gestos familiares a nuestro entorno social o de época. Y la elección física no puede ser mejor, ya que los tres principales no necesitan casi maquillaje.

en busca del fuego las cosas felices.01 e1767501195313

En ese sentido, el filme significó el despegue de la carrera de Ron Perlman, que volvería a ser convocado por Annaud para El Nombre de la Rosa e interpretaría años más tarde a Hellboy (2004), así como a “Clay” Morrow en esa gran serie que fue Hijos de la Anarquía (aquí nuestro análisis). La carrera de Everett McGill no tendrá tantos papeles principales pero sí varios secundarios o de villano y será habitué de la filmografía de David Lynch en títulos como Dune (1984, aquí retro-análisis), Una Historia Verdadera (1999) o la icónica serie Twin Peaks (aquí nuestro análisis), donde daría vida a Ed Hurley, el propietario de la gasolinera.

Tanto uno como el otro están perfectos en sus roles cavernícolas sin dar traza de civilización a cuestas y lo mismo vale para Nameer El-Kadi que, sin una trayectoria posterior tan visible, estaría sin embargo en Navy Seals (1990), Congo (1995) o George de la Jungla (1997).  Como dato de color, el rodaje de En busca del Fuego le permitió conocer en Escocia a la enfermera que sería su esposa y Ron Perlman acabó siendo el padrino de su hija: todo en familia. Por último, pero no menor, Rae Dawn Chong brinda también un desempeño excelente en un papel importantísimo para la trama ya que, como señaláramos antes, su personaje funciona como nexo entre dos mundos.

En cuanto a la banda sonora, Philippe Sarde demuestra gran versatilidad al romper con los patrones victorianos de los que había echado mano en Tess (filme de Roman Polanski que también contara con guion de Brach) y pasar a un plano mucho más tribal con recurso a vientos, percusión y armonías corales que deben no poco a Hace un Millón de Años, pues estaba prácticamente instalado en el cine que los coros producían un efecto evocativo que llevaba a épocas pretéritas.

Valoración y Legado

Distribuida por AMLF, la película se estrenó en Francia el 16 de diciembre de 1981, en tanto que 20th. Century Fox lo hizo para Canadá y Estados Unidos (en ese orden) en febrero de 1982. Significó para Jean-Jacques Annaud su primer éxito en taquilla, pues con un costo de doce millones de dólares, acabó recaudando más de cincuenta y cinco sin contar las ganancias posteriores de las ediciones en video hogareño, que también la convirtieron en clásico de culto.  Tuvo seis nominaciones a los Premios Cesar (máxima distinción del cine francés) y se alzó con el Oscar al mejor maquillaje.

En Busca del Fuego cambia para siempre el abordaje de la prehistoria en el cine y no porque reniegue del formato de aventura o de viaje tan común al género, sino porque, haciendo confluir el cine comercial con el de autor, incorpora realismo, crudeza y conocimiento antropológico más allá de las licencias y anacronismos de las que hemos hablado.

Una doble e inquietante sensación, rayana en la angustia y el pesimismo, nos invade al ver a esos humanos primitivos recreados de modo tan real: la de pensar que, después de todo, no no nos diferenciamos tanto en esencia del mundo animal y que, si eso que vemos es lo que bajo nosotros subyace, también puede ser quizás lo que emerja el día en que una guerra nuclear o lo que sea acabe con la civilización. Ya El Planeta de los Simios (1968, aquí retro-análisis) había jugado escalofriantemente con esa idea.

En Busca del Fuego es precisamente una película que nos lleva a un lugar incómodo al ponernos en contacto con una esencia animal que nos negamos a ver y que nos termina haciendo pensar que la cultura sea quizás la mentira con que hemos cubierto, pero no matado, nuestra naturaleza.  Y a la vez, sin embargo, deja un hálito final de optimismo cuando vemos en el cierre a Naoh acariciando tiernamente el encinto vientre de Ika mientras ambos miran la luna.

en busca del fuego las cosas felices.03 e1767501272450

Y esa es una constante en los filmes de Annaud (que le valió incluso críticas por el tono demasiado optimista que, en contra de la novela original, dio al final de El Nombre de la Rosa): la idea de que, más allá de lo frío, cruento y desgarrador que pueda ser este mundo, hay siempre una pequeña luz por delante. Y que hasta de las cosas más crudas y horrendas se puede aprender. Como los Ulam…

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
ARTICULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimos artículos

Comentarios recientes

En nuestro primer retro-análisis de 2026 hacemos repaso de En Busca del Fuego (1981), coproducción franco-canadiense que, dirigida por Jean-Jacques Annaud (y conocida como La Guerra del Fuego para América Latina) cambió de modo radical el abordaje de la prehistoria en el cine por su...Retro-Análisis: En Busca del Fuego (1981), la redefinición fílmica de la prehistoria