Con su octavo episodio titulado El que llega con la Aurora ha llegado a su fin la tercera temporada de La Rueda del Tiempo. Analizamos pues lo que nos ha dejado esta nueva entrega de la serie de fantasía épica que, creada por Rafe Judkins y basada en la saga literaria de Robert Jordan, se emite por Prime Video.
Bienvenidos una vez más a un nuevo giro de La Rueda del Tiempo, en este caso el que da por concluida una tercera temporada que, en líneas generales, ha elevado la puntería de la propuesta pero que, lamentablemente, deja en su cierre un episodio algo débil. Había anticipado en mi anterior análisis que en el octavo confluirían seguramente todos los arcos y subtramas, pero las mismas se han seguido desarrollando por separado y sin encontrarse.
No solo eso: hay dos (la de la Torre Blanca y la de Tanchico) que directamente no se cierran, sino que por el contrario generan nuevas preguntas e introducen nuevos personajes en momento inoportuno y si bien es cierto que dejan interesantes cliffhangers de cara a la cuarta temporada, también lo es que esperábamos algunas respuestas que no han llegado. Más satisfactoriamente se cierra la trama de Rand en el Páramo de Aiel, aun cuando su consagración como car’a’carn fuera algo que veíamos venir.
Pero basta de introducción y pasemos ya a ver qué nos ha dejado este episodio final de la tercera temporada de La Rueda del Tiempo para luego hacer balance de la misma. Cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y en recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Golpe de Estado
Comenzamos en la Torre Blanca, donde un flashback inicial nos lleva diez años atrás, a los días en que Elaida perdiera a manos de Siuan su elección como Sede de Amyrlin después de que, para su sorpresa, las Sedai votaran en asamblea y de manera unánime en su contra. Vueltos al presente, vemos que las cosas han cambiado y en la actualidad está consiguiendo cada vez mayor adhesión a su causa para destituir a su rival sobre el argumento de una supuesta alianza entre esta última y el Dragón Renacido, al que protege.
Siuan es anoticiada de que ocho Rojas han dejado sorpresivamente la Torre y teme que vayan en busca de Rand, por lo cual envía tras ellas una partida al mando de Verin. Todo es una sucia treta de Elaida para sacar a esta última de la Torre y dar sin interferencias su golpe contra Siuan.
En efecto, esta última es puesta al tanto de que se han conseguido en la Antecámara los once votos necesarios para su destitución y consecuente nombramiento de Elaida. Además, se la acusa de ser Amiga Siniestra y se anuncia juicio, previa neutralización del Poder Único en forma brutal.
Demacrada y con evidentes signos de violencia, es interrogada por Elaida acerca del paradero de Moraine y el Dragón Renacido, pero no suelta palabra y, por el contrario, reivindica su amor incondicional por Moraine y advierte a las demás Sedai de que están llevando a la Torre a su perdición por seguir a una mujer ambiciosa que solo busca poder.
No sirve de mucho, claro, para evitar un destino que estaba seguramente escrito y Siuan es condenada a muerte y ejecutada a una simple orden gestual de Elaida, tras lo cual, en desgarradora imagen, vemos yacer sobre las losas del piso a su cuerpo sin vida y trágicamente separado de su cabeza…
La Vara con que midas…
En Tanchico, Liandrin tiene sus propios problemas con sus secuaces Renegadas, particularmente con Jeaine (Olivia Popica), quien además de calzar botas bucaneras que serían la envidia de Taylor Swift, juega irresponsablemente con un ter’angreal muy particular, una vara de Fuego Maligno capaz no solo de matar a un enemigo sino incluso de borrar su recuerdo como si nunca hubiera existido.
La está justamente regañando por ello cuando se presenta Moghedien que, haciéndose siempre pasar por criada, le trae un objeto que dice haber comprado a un extraño que vino a ofrecerlo y no es otro que el brazalete que ella misma sustrajera con engaño a Nynaeve y Elayne.
Liandrin se sorprende, pero más todavía nosotros por la ingenuidad con que se traga el cuento de la criada (ups, eso suena a otra serie), tras lo cual se calza la pieza y anuncia que parten hacia el Palacio de la Panarca en busca del collar necesario para completar el conjunto y someter al Dragón Renacido.
Mat y Nynaeve, almorzando en la feria, le ven justamente llevar ese destino con su escolta de Renegadas y corren a avisar al resto para partir de inmediato también a palacio y encontrar el collar antes que ella. Una vez allí, el grupo, ahora quinteto desde que Thom se les sumara, se divide: Nynaeve se dedica a buscar en soledad mientras Mat y Min lo hacen en dupla y otro tanto Elayne y Thom.
Estos dos últimos conversan entre sí y la pelirroja lamenta no recordar al juglar en la corte, de la que partió cuando ella tenía cinco años. Pero Thom se sorprende particularmente cuando ella menciona a Gaebril como su padrastro y consorte de su madre, pues dice que no había allí nadie de ese nombre y se hubiera enterado de haberlo habido después.
En ese momento son sorprendidos por Jeaine, quien sigue manipulando su vara como si fuera un juguete y, en innecesaria demostración de alarde, provoca un agujero en el techo. Ellos corren a esconderse y Thom dice a Elayne que se encargará de distraerla, pero también que urge que ella regrese a Andor para salvar el trono, pues el tal Gaebril es con toda seguridad un Renegado y la reina no lo sabe. Y si Elayne lo recuerda allí de toda la vida es porque él instaló ese recuerdo en su memoria…
Dicho esto, sale a enfrentarse con Jeaine, quien está a punto de acabar con él cuando es sorprendida por Elayne que, habiendo regresado, logra despojarla de su vara y deshacerla literalmente con ella. Al momento, de hecho, ya no la recuerda y tampoco Thom. El techo luce intacto…
Todo tiene su Precio
En otra parte del palacio, Mat atraviesa sin querer un arco de color carmesí y se encuentra en una extraña cámara con el piso cubierto de cadáveres. Se trata de la guarida de un elfinio que, debo admitir, no tenía la menor idea de su existencia hasta ahora o, por lo menos, no lo recuerdo de los libros que llegué a leer (insisto una vez más en que no leí El Ascenso de la Sombra). Investigando un poco, los elfinios son conocidos como la “gente zorro” (aunque a decir verdad el que aquí vemos se me antoja más bien felino y hasta parece salido de Cats) y, como tales, se caracterizan por lo astutos y arteros.

Al igual que la “gente serpiente” (de la cual hasta aquí no tenemos noticias) habitan una dimensión paralela y suelen conceder deseos a cambio de altos precios a pagar que no son precisamente monetarios.
De hecho, no es la única alusión a ellos en el capítulo ya que, apenas comenzar y en el flashback de la Torre Blanca, vemos a Elaida emerger de un arco idéntico al que cruzó Mat y ser advertida por Alviarin Sedai (Claire-Hope Ashitey) sobre el peligro de andar en tratos con los elfinios, lo que nos otorga el dato revelador de que Elaida habría entonces pactado con estos para ser Sede de Amyrlin y ello exigiría algún precio a pagar de su parte que aún no sabemos cuál es.
El elfinio sabe que Mat está harto de tanta magia y quiere regresar al otro lado del portal, lo cual le concede a cambio justamente de un precio que no le dice cuál es, pero cuando el joven regresa a su dimensión, se halla pendiendo de una horca y agonizando por asfixia, lo cual encaja en la visión que tuviera Min.
Una de las escoltas de Liandrin le observa sonriente y obviamente nada hace por ayudarle, pero por fortuna interviene en la escena Min que, tras acabar con ella y cortar la cuerda de Mat, procede a reanimarlo haciendo sorprendente gala de destreza en respiración boca a boca y resucitación cardiopulmonar (?). Lo que queda claro, en todo caso, es que su visión no implicaba necesariamente la muerte de Mat o, al menos, que el destino podía torcerse…
Como Moisés
Quien les ha ganado a todos en la búsqueda del collar es Nynaeve que, haciéndose con el mismo, sale del palacio a la espera del resto, pero es sorprendida por Liandrin. La muchacha busca demostrarle empatía por lo que le ocurrió en el pasado e incluso le sugiere que el haber pactado con la Sombra no es impedimento para que pueda reencontrarse con la Luz. No funciona: por el contrario y en un giro nietzscheano, la Roja dice que eso la fortaleció y lamenta que su esposo no hubiera ahogado a su hija el primer día.
Dicho esto, se vale de su poder para envolverla en cadenas y, tras sustraerle el collar, arrojarla a las aguas del mar. Nynaeve está a punto de morir ahogada pero, de manera contraria a Liandrin, se aferra para tomar fuerzas al recuerdo de la hija que tuviera en su vida paralela de Los Arcos y perdería al volver. Gracias a ello, destruye las cadenas y, en una manifestación de poder que marca para ella un punto de quiebre, separa las aguas a lo Moisés y sale del mar indemne y fortalecida…

En cuanto a Liandrin, el collar le dura poco, pues se le cruza Moghedien que, revelándosele ahora en su verdadera identidad, se lo quita como el dulce a un niño…
Car’a’carn
En el Páramo de Aiel, Rand sigue mortificado por la muerte de la niña cuya culpa se adjudica. Amén de ello, se encuentra en sueños con Lanfear y la pone al tanto de que sabe lo que estuvo haciendo a Egwene. Ella se escuda en que lo hizo para fortalecerla (otra vez el giro nietzscheano), pero Rand dice ver ahora el monstruo que es y reniega del mismo.
La furia de Lanfear se manifiesta en la sustancia oscura que viéramos emerger de la grieta que su encarnación del pasado abriera accidentalmente (temporada 3, episodio 4), pero cuando parece a punto de acabar con Rand, Egwene usa su poder de desplazarse por el tel’aran’rhiod para sacarlo del sueño.
Todo fue una treta para atraer a Lanfear, pero no se hace presente. Sin embargo, anda por las cercanías y ha ido en busca de Melindhra, doncella aiel que le debe algún favor y que negocia con ella, pero que luego se arrepiente y va a ver a Lan para ponerle al tanto del plan de Lanfear a sabiendas de que romper su juramento con la Oscuridad implica su muerte, como inmediatamente ocurre.
Moraine, entretanto, admite a Rand que tenía razón en venir a Aiel para convertirse en car’a’carn, tal como al parecer será consagrado al día siguiente en el encuentro de clanes de Alcair Dal. Él replica que aún no lo han aceptado, pero ella dice que lo harán. Rand la pone además al tanto de que ya sabe que aquel ataque de los Renegados fue una estratagema de ella para sacarse de encima a sus amigos y controlarlo más fácilmente.
Ella admite que sí pero, lejos de mostrarse disgustado, él le reconoce haber sido la única que estuvo siempre a su lado desde que salieron de Dos Ríos. Moraine, no obstante, confiesa que también tuvo siempre un cuchillo sobre su garganta, ya que iba a matarlo en caso de que enloqueciera o decidiese abrazar la Sombra.
Por otra parte, vemos que en una cámara subterránea ella tiene cautivo al renegado Sammael, apresado después del ataque contra el asentamiento (temporada 3, episodio 6). Él insiste en que matará a Rand una vez escapado y ella replica que, por el contrario, terminará entrenándolo en el Poder Único. No sé por qué está tan segura, pero su plan se parece al que originalmente tenía Lanfear.
Sin embargo,Sammael no terminará sirviendo a una ni otra, pues Moghodien le hace una visita secreta y, en momento gore, le destroza literalmente en una telaraña de hilos de sangre solidificada que está a mitad de camino entre La Cosa y Hellraiser. Así le encontrará luego Lanfear en compañía de Rahvin, devenido ahora su principal aliado.
Al día siguiente, se inicia la marcha hacia Alcair Dal y, a medida que se acercan, Moraine manifiesta inquietud por parecerse el lugar al de las visiones de Rhuidean en que se veía a sí misma asesinada por Lanfear. Llegados al punto de encuentro, todos los clanes están allí y pinta para que Rand sea consagrado, pero Lanfear ha jugado sus propias cartas e ido en busca de los shaido, más específicamente del ambicioso Couladin, a quien conociéramos cuatro episodios atrás y en cuyos brazos imprime sendos y falsos dragones a los fines de consagrarlo como car’a’carn.
Ese es el cuadro que Rand y el resto encuentran al llegar, por lo que él sale a reivindicar su lugar exhibiendo el doble tatuaje e invocando la letra de la profecía: “nacido de la sangre, pero no criado por ella…” Los clanes, no obstante, siguen renuentes, así que, desoyendo el consejo del líder Rhuarc, Rand les cuenta de las visiones que tuvo en Rhuidean y que sus antepasados practicaban la Filosofía de la Hoja y terminaron siendo lo que son por romper juramentos.
Moraine, entretanto, ha dejado a Rand apañárselas por su cuenta, pero permanece en las cercanías para mantener a raya a Lanfear, que de todos modos se presenta dando lugar a un singular y épico duelo de magia. Moraine es atravesada por su espada y todo indica su final, pero en ese mismo momento Siuan está siendo ajusticiada en la Torre y la conexión hace que Moraine saque de su profundo dolor la fuerza suficiente para reponerse e invertir el ataque con una herida al parecer mortal en el cuello de Lanfear.
Malherida, Moraine es asistida y llevada en brazos por Lan mientras Rand provoca en pleno desierto una lluvia que es recibida por los aiel como una bendición y, mientras todos se arrodillan, ya no caben dudas de que es el car’a’carn…

Balance de Temporada
Qué decir. No cabía duda hasta aquí de que veníamos viendo la mejor temporada de la serie y, habiendo concluido, no podemos negar que en el balance final ha sido una gran temporada ni que ha hecho en gran medida las paces con los fans de la saga literaria al ser más fiel a la misma, pero si hay que dar un veredicto, debemos decir que termina por no ser mejor ni peor que la segunda (en todo caso ambas muy superiores a la primera).
Mientras que la segunda iba de menor a mayor y acababa muy bien cerrada, la que acabamos de ver alcanza su clímax en el punto medio (sin duda con el cuarto como mejor episodio), continúa bien y termina cerrándose quizás con su capítulo más flojo, dejando más preguntas que respuestas y más cliffhangers que definiciones.
Ojo: no es que haya sido un mal episodio. Tuvo momentos muy logrados y algunos muy épicos, como el duelo del Páramo entre Moraine y Lanfear que, además incluyó una interesante edición al mostrarlo en paralelo con la ejecución de Siuan y ayudarnos a entender cómo Moraine traduce en fuerza su dolor y rabia por la muerte de quien fuera su gran amor (un detalle que levanta por estas horas polémica entre los fans, ya que tengo entendido que en los libros Siuan no muere y menos decapitada).

Rafe Judkins lo ha explicado a partir de que teniendo una actriz de presencia tan fuerte como Sophie Okonedo, era injusto que su personaje simplemente pasara a segundo plano o se diluyese, sino que “merecía” un final más a lo grande: habrá que ver, desde luego, si morir decapitada se condice con ello (parece más bien un detalle digno de Juego de Tronos), pero lo que está claro es que dio un mayor dramatismo a la relación especial que Siuan y Moraine tenían desde su juventud y acaba siendo decisivo para que la segunda no muera.
Los destinos pueden ser evitados: nada está escrito. Ese pareciera ser uno de los conceptos centrales que guían al capítulo. Ni Moraine tenía por qué morir a manos de Lanfear ni Mat pendiendo de una soga. Las visiones son futuros probables que están allí para ser cambiados, tanto las de Moraine en Rhuidean como las premoniciones de Min.
Otro concepto que primó durante todo el episodio de manera especialmente marcada con respecto al resto de la temporada ha sido el ya mencionado concepto nietzscheano de “lo que no nos mata, nos fortalece”, el cual parece muy caro a la fantasía épica, ya que también fue incluido en el inicio de Conan el Bárbaro (1982, aquí retro-análisis), probablemente más por influencia de Oliver Stone (guionista) que de John Milius (director).
Y fue asimismo interesante la forma en que el dolor por la pérdida asumió diferentes formas según quién: a Lanfear el recuerdo de su asesinada hija la debilita pero, por contraste, a Nynaeve el de la suya le da fuerzas y permite (casi literal) salir a flote. Y no hace falta ir a ningún mundo fantástico para comprobar que esa diferencia puede apreciarse en el comportamiento de muchas personas que sufren una pérdida.
No tengo ninguna duda de que si el episodio de cierre hubiese caído a mitad de temporada (digamos cuarto o quinto) hubiera sido un gran capítulo, pero como final es apenas correcto y hasta produce cierto desencanto. Como ya hemos dicho, los arcos de la Torre y Tanchico no se cierran y, en todo caso, nos dejan unos cuantos interrogantes a modo de cliffhangers. El que sí se cierra es el del Páramo, más allá de que sea muy parecido al cierre de la temporada anterior, con Rand victorioso y aclamado.
Una regla no escrita del mundo de las series dice que es pésima idea presentar nuevos personajes en episodios que cierran temporadas, a menos, por ejemplo, que ello sea parte de una escena final con cliffhanger. De otro modo, distraen de lo principal y no ayudan a la cohesión del capítulo ni de la temporada.
Pues aquí se nos ha introducido de buenas a primeras a los elfinios sin que tuviéramos referencia previa y no solo se han cruzado con Mat, sino que además parecen tener que ver con el ascenso de Elaida, quien está descontado que tendrá un papel importante en la próxima temporada aun cuando su ambición de poder pareciera marchar por un tercer camino que no se relaciona directamente con la lucha que se está dando entre la Luz y la Sombra.
Del mismo modo, ha cobrado inusitado protagonismo en este último episodio la tal Jeanie, demasiado para desaparecer tan pronto y además se ha mostrado bastante torpe y hasta chiquilina más allá de sus sugerentes botas sexies.
Y no solo ha sido su caso: en general ha ocurrido lo mismo con la mayor parte de los Renegados, cuyo protagonismo aparece y desaparece con idéntica rapidez, al punto de no permitirnos siquiera inferir cuál de ellos termina siendo el importante. A juzgar por lo que aquí vimos, pinta que de aquí en más lo será Rahvin, pero no sería extraño que encontrara un rápido final como Sammael, cuyo paso por la serie termina siendo anecdótico por no decir innecesario.
En fin, en el balance, repito, hemos visto una gran temporada y la serie goza de buena salud, sobre todo en la medida en que por fin vemos a Rand y Perrin encumbrarse como líderes, más allá de que en este último capítulo no hayamos tenido noticias del segundo y es lógico considerando la sobredosis de Dos Ríos en el anterior.
Pero también hay que decir que el cierre no ha estado en consonancia y nos queda esperar que la próxima temporada resuelva las preguntas y cliffhangers que esta ha dejado. Les espero cuando llegue. Hasta entonces y sean felices…



