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Resident Evil 4 Remake: el retorno de las cunetas y las pesetas

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez García.

Como ya sabemos todos, en este blog somos muy de Resident Evil. Somos de Resident Evil 1, de Resident Evil 2, de Resident Evil 3, de Resident Evil 4 y de Resident Evil Code Veronica, todos ellos los jugamos cuando salieron en su época en PC. Nos quedamos, como un porcentaje no pequeño del Pueblo, algo aturdidos como su quinta y sexta partes, pero recuperamos la Fe en la saga con la maravillosa séptima entrega y la continuista de la anterior pero tontorrona y faldicorta octava entrega. Incluso nos hemos pasado el Resident Evil Remaster dos veces, gozándolo cual cochinos jabalís. No llegamos a tanto al jugar al Residente Evil Zero. Pero hoy damos al Pueblo lo que éste quiere: Resident Evil 4 Remake. Lo último de la saga.

Es sabido que este blog es una ONG o una organización de servicio público. Es por eso que repetimos lo de siempre: somos conscientes de lo cansado que es leer, somos gente mayor y nos dormimos en el sofá sin querer, incluso babeando en el proceso. Así que ahorramos a todo posible lector parte de su sufrimiento y dolor: estamos a favor de Resident Evil 4 Remake. Lo estamos en el mismo sentido que estamos a favor de las remontadas en el fútbol, del jamón, de la tortilla de patata, de los viernes por la tarde, de chapotear en el mar y de realizar el acto sexual de follar.

Y ahora pasamos a la versión larga de los porqués. Podríamos estar escribiendo hasta acabar con toda salud mental del que lee tras haber acabado con la nuestra escribiendo, pero seremos amables e intentaremos ir al grano. Para empezar, Resident Evil 4 marca el gran cisma en la saga. Sí, entre los “clásicos” (es un decir) y los “modernos” (también es un decir). Se ha dicho mil veces y es cierto: Resident Evil 4 es un antes y un después para los juegos de aventuras y de acción, siendo copiado en mecánicas jugables no sabemos cuantas veces, incluso hasta hoy.

Objetivamente el 4, 5 y 6 vendieron barbaridades. Objetivamente el creador de Resident Evil, Shinki Mikami, ha dicho varias veces que lo de las cámaras fijas fue simplemente un apaño, que le da vergüenza cuando le dicen que con las cámaras fijas se conseguía dar más miedo o que las cosas eran mejores. También que él quería un juego en primera persona, pero que por aquella época no iba a quedar del todo bien para la tecnología y la habilidad con las tres dimensiones existente. Así, nos encontramos con que teniendo en cuenta sus intenciones lo más parecido que siempre tuvo en mente es algo similar al Resident Evil 4 (con muchas comillas, porque aquello fue un sin dios de cancelaciones, empezar de cero, reciclar cosas para hacer otros videojuegos y demás). Resident Evil 4 es el más importante e influyente de la saga junto a la primera entrega.

No creo que debamos detenernos mucho en lo visual porque es lo sencillo: es apabullante. El motor propio que tiene Capcom para sus Resident Evil desde la séptima entrega combina espectacularidad con optimización, haciendo que pueda funcionar perfectamente en ordenadores muy muy viejos (como el mío). Artísticamente este remake ha cambiado para mejor respecto al original. El original era un juego muy luminoso y muy plano en cuanto a las luces.

En Resident Evil 4 Remake la oscuridad reina en muchas zonas, los interiores son lúgubres, los sonidos son inquietantes y las voces de los enemigos al fin son de españoles autóctonos. Sí, a todos nos hacían gracias por lo ridículas que eran las voces “en mexicano” de supuestos campesinos de un pueblo español, donde se ambienta el juego, pero el tono de fanfarría y despiporre se ha abandonado un poco para intentar seguir la senda artística y tono de los anteriores remakes hechos. El propio protagonista o el resto de personajes de la historia siguen el mismo espíritu.

La historia de Resident Evil 4 Remake es poco más o menos la misma con prácticamente las mismas zonas, situaciones o enemigos. Se ha eliminado alguna cosa y algunas conversaciones son más coherentes con lo que sabemos de los personajes en anteriores entregas de los remakes, siendo un conjunto más cohesionado. Se ha prescindido de aquellas horribles conversaciones por códec/radio con los villanos de la historia, que eran rídiculas en fondo y forma (herencia mala de los Metal Gear Solid). Las frases míticas siguen ahí, los giros del tapete igual. Ashley, la hija del presidente de los Estados Unidos que va a rescatar el progagonista a un pueblo de España, ha mejorado enormemente (no era difícil) en cuanto a complejidad, ser creíble y menos insoportable.

Pero el plato fuerte del original era la jugabilidad. La cámara en el hombro del protagonista, la vista en tercera persona, el pulidísimo sistema de disparo que era un delicia en cuanto a facilidad, manejo y agilidad, todo el sistema de mejora de las armas, los tesoros, etc. Todos los puntos fuertes han ido a mejor en Resident Evil 4 Remake y además se ha quitado lo que ya en su día eran manchas a soportar: las veces que nos pedían pulsar un botón rápido para esquivar algo (los insoportables Quick Time Events) y el engorrosísimo manejo del inventario. Respecto a lo último, en el original te tirabas a saber cuanto tiempo organizando objetos para poder usarlos y ahora con un botón se te auto-organiza todo de manera bastante razonable, pudiendo dedicarnos más a pegarnos con hordas de gente que a recolocar sprays de curación y municiones. También hay accesos rápidos para las armas y no tenemos que entrar todo el rato al inventario. En resumen, el inventario lo veremos lo mínimo, lo cual es un alivio.

Dentro de la espectacular jugabilidad hay que comentar que se dispara aún mejor y por eso los enemigos son más rápidos. Reaccionan antes, esquivan de vez en cuando. Las batallas con hordas de estos son el plato fuerte de Resident Evil 4 Remake, y salir vivo de éstas es enormemente satisfactorio, por más que moriremos más veces que en el original pero no es juego difícil. Tiene sus picos de dificultad, claro, pero en general podemos decir que la curva de dificultad se parece a la de nuestro aprendizaje. Hay momentos de escasez de recursos, pero suele estar bien pensado cuando te dejan más alivio tras combates especialmente duros y cuando te van dejando mucha munición para precisamente soltarte un miura. Como en el original, la variedad de situaciones es enorme, desde batallas en plazas de pueblo, a batallas en escaleras de caracol, en castillos con cañoñes, persecuciones de vagonetas a lo Indiana Jones, escapadas en lancha motora mientras todo explota, peleas en laberintos y, claro, proteger a la hija del presidente. El juego te sorprende cuando crees que ya estás hecho a todas las situaciones y te pone sobre la mesa otra más.

Y llegando aquí hay que decirlo otra vez: Ashley no es tan insoportable como en el original. La hija del presidente de los Estados Unidos está menos rato con el protagonista. Además se pone menos en medio de los tiroteos, de las cosas que explotan y de las cosas que cortan. También podemos curarla sin usar nuestros items de curación, solo dando a un botón si la vemos herida. Incluso hay zonas donde ella nos abre puertas o ayuda en puzzles. En uno de ellos en mi caso ella tenía subido un puente y viendo que llegaba yo con un enemigo detrás lo bajó cargándose al bicho. Impresionante. En definitiva, la Ashley del Resident Evil 4 Remake es hasta soportable. Increíble pero cierto.

También se han mejorado peleas contra jefes finales. Las de Krauser en el original eran una estafa de pulsar botones en los quick time events y listo, sustituyéndolas por algo vagamente similar a Sekiro, con sus contraataques a cuchillo y su medir espacios. La de Salazar ha pasado de lanzarle un misilazo a la cara y a seguir a ser una pelea que vale la pena jugarse, hasta el punto de que puede ser la más divertida del juego o casi. Oh, bueno, puede seguir siendo un misilazo a la cara (o un huevazo, ya me entenderán los veteranos del juego). La final sigue siendo un poco peché, las cosas como son: sigue sin tener ninguna cosa novedosa y es muy monstruo final de Resident Evil estándar.

Resident Evil 4 Remake sigue teniendo galerías de tiro y uno de los modos de juego más famosos y divertidos de la historia de los videojuegos: el modo Mercenarios. Sigue siendo una genialidad divertidísima, gamberra y rápida. También tenemos el modo de juego en el que controlamos a la diseñada con una sola mano Ada Wong (de verdad, es exagerado el esfuerzo rijoso que se ha puesto en diseñarla para el remake). Su historia complementa a la de Leon S. Kennedy, el protagonista de la historia principal. Lo hace de manera mucho más orgánica y compacta que Resident Evil 2 Remake, donde realmente los dos caminos posibles (Leon o Claire) eran el mismo con algún cambio (pasaban por los mismos sitios, hacían casi los mismos puzzles, etc). La aventura rijosa de Ada Wong nos llevará unas horitas (no muchas) y es un complemento simpático, teniendo batallas contra jefes finales distintos con herramientas distintas. Ada Wong puede balancearse casi como Spider-Man con un aparato que tiene lanza-garfios, permitiendo ser mucho más móvil, rápida y ágil que Leon en sus peleas o la hora de moverse /huir.

En definitiva, Resident Evil 4 Remake es otra gran triunfada de Capcom, con una racha increíble de aciertos desde Residente Evil 7 quitando un pequeño bajón con Resident Evil 3 Remake (que ni mucho menos es malo pero sí bajó un poco el nivel de Resident Evil 2 Remake). Es increíble lo inmensamente divertida que es casi cada parte del juego, es increíble que casi no haya ningún rato de aburrimiento o acostumbrarte al ritmo o mecánicas. Lo han vuelto a hacer. Otra vez. En el Resident Evil ambientado en Españita, con sus pesetas como moneda del juego, su personaje español que baila flamenco ante la muerte (el inicio del modo de juego de Ada es complicado que mezcle de manera tan extraña el miedo y el ridículo) y sus aldeanos mamadísimos con un martillo enorme vestidos de toro. Ah, Capcom, cómo sabes lo que nos gusta.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.
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