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Tráiler de Hope, lo último del cineasta coreano Na Hong-Jin con Michael Fassbender y Alicia Vikander

Tráiler de Hope, la película que ha recibido críticas dispares tras su estreno en Cannes.

La última película del cineasta surcoreano Na Hong-jin titulada Hope, se estrenó mundialmente durante el Festival de Cine de Cannes de este año, y ya se han publicado en Internet el primer tráiler y el póster promocional.

Las reacciones desde Cannes son realmente de lo más variadas, ya que algunos críticos se han dejado seducir por lo que parece una mezcla descabellada de ciencia ficción, comedia, acción y terror espeluznante, mientras que otros descartan la película por considerarla un desastre excesivamente largo, con un tono incongruente y unos efectos especiales terribles.

Hope está protagonizada por Hwang Jung-min, Zo In-sung y Hoyeon Jung, con Michael Fassbender, Alicia Vikander y Taylor Russell en el papel de los invasores alienígenas.

Alicia Vikander durante la rueda de prensa de Cannes dijo lo siguiente:

«Simplemente me enamoré del cine asiático»

«Me intrigó. No lo pensé, ¡dije que sí! Creo que el director Na es increíble, todo un visionario, y me sentí muy honrada de formar parte de su película».

¿Y Fassbender?:

«Alicia me dijo que lo hiciera».

Hong-jin reveló que una secuela es una posibilidad real y que hay un guion listo para rodarse:

«Creo que podéis imaginaros fácilmente esta secuela. Y hay un guion que ya está escrito y que me gustaría rodar. Así que, si tengo la oportunidad, sin duda haría una secuela si fuera posible».

A pesar de la acogida dispar en Cannes, Hope tiene actualmente un 75 % en Rotten Tomatoes.

Tráiler de Hope

 

Un saludo y sed felices.

HBO Max lanza el nuevo teaser de Linternas

HBO Max lanza el nuevo teaser de Linternas donde Laura Linney también formará parte del reparto de la serie de DC Studios y Warner Bros. Television, que se estrenará el 17 de agosto.

Además, el teaser ha revelado las primeras imágenes de la aclamada actriz Laura Linney, que aparecerá en la serie de DC Studios y Warner Bros. Television. Protagonizada por Kyle ChandlerAaron Pierre Kelly MacdonaldLINTERNAS se estrenará el 17 de agosto en HBO Max.

  • Reparto: Kyle Chandler, Aaron Pierre, Kelly Macdonald, Garret Dillahunt, Poorna Jagannathan, Laura Linney, Jason Ritter, Ulrich Thomsen, Nathan Fillion, J. Alphonse Nicholson, Jasmine Cephas Jones.
  • Sinopsis: La serie sigue al nuevo recluta John Stewart (Aaron Pierre) y a la leyenda de los Linternas Hal Jordan (Kyle Chandler), dos policías intergalácticos envueltos en un oscuro misterio terrestre mientras investigan un asesinato en el corazón de Estados Unidos.

Tal y como se había prometido, DC Studios ha publicado un nuevo tráiler de Lanterns, y hay que reconocer que este ya se parece más a lo que esperábamos. El primer avance decepcionó a muchos aficionados al cómic.

Pues bien, este adelanto no solo incluye algunas construcciones de Green Lantern, sino que incluso nos ofrece un primer vistazo muy esperado a Hal Jordan con su traje. Guy Gardner también hace su aparición, tras sus apariciones en Superman y en la temporada 2 de Peacemaker.

Aunque está claro que esta es una serie que ofrecerá una visión realista del Cuerpo de Green Lantern, el tráiler se centra principalmente en la creciente tensión entre Hal y John Stewart. El primero claramente no cree que John sea digno de unirse al Cuerpo porque, al igual que en los cómics, los Guardianes de Oa lo eligieron a él en lugar del anillo.

John, por su parte, piensa de otra manera y cree que es el hombre adecuado para sustituir a Hal y proteger su planeta. También se habla mucho del miedo, lo cual, como sabrán los lectores de cómics, podría estar relacionado con el Cuerpo de Sinestro, impulsado por el miedo. ¿Podría Hal haber sido corrompido por Parallax? Eso está por ver, pero explicaría los rumores de que este será un papel único para Kyle Chandler.

Un saludo y sed felices.

Crítica de Las ovejas detectives (2026). Un meta whodunit animalista

Tened fe. La cartelera todavía puede sorprendernos. A mí me ocurrió hace unos días con Las ovejas detectives, película con todos los elementos para ser una chorrada pero que ofrece una experiencia refrescante y entretenida.

Adaptación de la novela de Leonie Swann, Las ovejas detectives cuenta la historia de un pastor que se lleva mejor con sus propias ovejas que con los seres humanos de su alrededor. Tal es así que todas las tardes les lee una buena novela de misterio. Desgraciadamente, el pastor es asesinado por alguien cercano. Lo que nadie sabe es que las ovejas de su rebaño, gracias a las lecturas que el pastor les dedicaba cada día, son unas magníficas detectives…

Como os podréis imaginar, estamos ante una película de imagen real con animales parlantes, lo que la emparentaría con películas como Babe, el cerdito valiente o Doctor Dolittle (tanto la de Eddie Murphy como el pestiño de Robert Downey Jr.). Y sí, es cine familiar, pero eso no significa que no sea una película apta también para el disfrute de los adultos.

En primer lugar, porque Las ovejas detectives es un whodunit. Es decir, una película de intriga que forma parte de ese subgénero que tanto popularizaron las novelas de la maestra Agatha Christie. Un asesinato y varios sospechosos. Tramas que han homenajeado películas como Identidad o, más recientemente, la saga Puñales por la espalda.

Los 12 mejores whodunits de la historia del cine

Crítica de Puñales por la espalda, Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion y Puñales por la espalda: De entre los muertos. 

De hecho, la película es más bien un meta whodunit, dado que las ovejas protagonistas utilizan las premisas de las típicas novelas de misterio para encontrar al culpable del asesinato de su pastor.

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Como sospechosos tenemos a la hija pródiga del pastor, el sacerdote del pueblo, el carnicero que quiere hacer picadillo a las ovejas (nunca mejor dicho), un pastor rival o la dueña del único hotel del pueblo. Van apareciendo actores reconocibles como Hugh Jackman, Emma Thompson, Nicholas Braun (el trepa de Succession) o el futuro He-Man Nicholas Galinitze.

Pero aquí las protagonistas son las ovejas.

Recreadas con un CGI al que al principio cuesta acostumbrarse, los distintos miembros del rebaño, que cuentan con voces como la de Bryan Cranston, Julia Louis Dreyfuss o Patrick Stewart, entre otras, son los que vehiculan toda la trama.

Lo sorprendente es que esta no es una película sobre animales humanizados, sino que las ovejas son…eso, ovejas, con sus preguntas sobre el sentido de la vida, su propia forma de integrarse, apartando a los corderos de invierno del rebaño.

El guión, escrito por Craig Mazin, autor de dos titanes televisivos como son Chernobyl y The last of us, deja un poso filosófico y, sin duda, animalista al dar voz a aquellos que en la vida real balan.

Es una película que habla sobre la necesidad de ser aceptados, de que nos quieran, de como la mercantilización conduce a la deshumanización y, por supuesto, del respeto a los animales como una de las formas de que convertir el mundo en un lugar mejor.

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En definitiva, Las ovejas detectives no es una película destinada a arrasar en premios o a dejar un gran poso en nuestra vida, pero si es un entretenimiento de primer nivel que mezcla perfectamente la intriga, la comedia y el fondo animalista para hacernos pasar un buen rato. A veces, solo consiste en eso.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Retro-Análisis: Novecento (1976), a cincuenta años de su estreno

Un 21 de mayo de 1976 se estrenaba en el Festival de Cannes Novecento, la historia de épica social que, con dirección de Bernardo Bertolucci y actuaciones protagónicas de Robert De Niro y Gérard Depardieu, venía tanto a marcar época como a cerrar toda una etapa del cine europeo.

Bienvenidos sean a un nuevo retro-análisis, hoy para revisitar una película que está cumpliendo cincuenta años y que, llena de polémicas e incluso críticas poco favorables al momento de su estreno, fue sin embargo revalorizada con el tiempo y elevada a condición de hito dentro de la cinematografía social europea. Nos referimos, claro, a Novecento (1976), la más ambiciosa realización del inmenso director italiano Bernardo Bertolucci.

Después de haber levantado polvareda y escandalizado a los espíritus más conservadores con la tan exitosa como controvertida El Último Tango en París (1972), la idea de Bertolucci era llevar al cine su más faraónico proyecto hasta el momento, el cual consistía en contar, a través de una estructura novelesca, la historia de la Italia del siglo XX desde la perspectiva marxista de la lucha de clases y a partir de dos personajes centrales nacidos el mismo día, pero en diferentes clases sociales.

Intelectual de izquierda como era, los orígenes del director distaban de ser proletarios. Su familia pertenecía más bien a una burguesía de Parma que frecuentaba casas de veraneo en el campo y ello le permitió tomar contacto desde temprana edad con el campesinado, aunque siempre de modo externo y con una actitud a medias entre la curiosidad y la simpatía (como el personaje de Alfredo en la película). En algún punto, y si bien Novecento no es una película autobiográfica, se basa pues en las propias experiencias infantiles de Bertolucci en la zona de Emilia-Romaña que, justamente, retrata.

El propio director se hizo cargo del guion en compañía de su hermano Giuseppe (escritor y dramaturgo) y de Franco Arcalli, quien ya había colaborado con él en filmes anteriores. De la producción se hizo cargo Alberto Grimaldi, que acreditaba una importante trayectoria vinculada al spaghetti-western (El Bueno, el Feo y el Malo, sin ir más lejos), pero también a gigantes del cine italiano como Federico Fellini o Pier Paolo Pasolini, al que Bertolucci admiraba desde que se desempeñara para él como asistente de dirección.

El faraónico proyecto conllevaba una fuerte apuesta de ambientación de época, escenarios naturales y cientos de extras, además de un elenco lo suficientemente internacional como para asegurar la distribución del filme en distintos mercados mundiales, entre ellos el estadounidense.

El filme terminó, como consecuencia, siendo una coproducción entre la filial italiana de 20th. Century Fox y la franco-alemana de United Artists, contratándose a reconocidos actores estadounidenses (Robert De Niro, Burt Lancaster, Sterling Hayden), franceses (Gérard Depardieu, Dominique Sanda) y canadienses (Donald Sutherland), además de consabidas luminarias del cine italiano (Stefania Sandrelli, Romolo Valli).

Los dos principales, De Niro y Depardieu, eran para ese entonces jóvenes figuras en ascenso ya posicionadas en sus respectivos países, habiendo el primero recibido en 1973 el Oscar como actor de reparto por su celebrado papel en El Padrino Parte II (aquí retro-análisis) y acarreando ya el segundo una carrera de diez años en su país de origen, tanto en teatro como en cine. El caso de De Niro fue el más complejo en logística porque había que conciliar los tiempos con su agenda estadounidense y, de hecho, Martin Scorsese lo estaba esperando para su Taxi Driver (aquí retro-análisis).

En cuanto a Burt Lancaster, no era su primera experiencia itálica ya que, varios años antes, había protagonizado El Gatopardo (aquí retro-análisis), una de las más recordadas películas de Luchino Visconti; se dice incluso que bajó sus exigencias económicas por el respeto que tenía por Bertolucci y las ganas de estar en un filme suyo. Donald Sutherland, en tanto, ya estaba suficientemente consagrado como actor, pero se aprovechó su presencia en Italia con motivo de hallarse rodando Casanova a las órdenes de Federico Fellini.

Todos los actores extranjeros fueron doblados e incluso algunos de ellos pronunciaron el guion en su propia lengua, siendo toda una tradición de Cinecittà el grabar el sonido por separado, incluso en casos en que el idioma no era obstáculo. Con respecto a los campesinos, y a fines de un mayor realismo, se recurrió a auténticos agricultores de la zona sin experiencia actoral.

El extenso rodaje se prolongó durante tres años y la duración del filme se convirtió en un problema extra, especialmente para su distribución internacional. En algunos países se optó por estrenarla en dos partes (denominadas actos), pero esa idea no caló bien en Estados Unidos, donde la distribuidora exigía una versión más corta. Al negarse Bertolucci, y para no perder ese mercado, Grimaldi se abocó a la tarea de editar una versión especial de cuatro horas y diez minutos contra las cinco horas y cuarto de la original, sin que el director estuviera siquiera presente en la edición.

La película fue estrenada el 21 de mayo de 1976 en Cannes y, a partir de agosto de ese año, en los distintos cines del mundo.

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La Historia

El comienzo no puede ser menos brutal ni dramático. Es el 25 de abril de 1945 (Día de la Liberación) y estamos en los campos de Emilia, donde un joven que celebra despreocupada y alegremente el final de la guerra muere acribillado por un soldado que ni se ha enterado y, en las cercanías, una pareja fugitiva a la cual se alude con los nombres de Attila (Donald Sutherland) y Regina (Laura Betti) son perseguidos por una enardecida turba de campesinos con horquillas que se ensañan con ellos encarnizadamente.

No lejos de allí, en la casa principal de la propiedad rural en que todo ocurre, un niño armado encuentra en el salón comedor al terrateniente local Alfredo Berlinghieri (Robert De Niro) y lo apunta con su rifle invocando el nombre de un tal Olmo. Cuando Alfredo, tranquilo y sonriente, le pregunta qué sabe del mismo, la historia retrocede a 1901, y al día en que, coincidentemente con la noticia de la muerte de Giuseppe Verdi, Olmo y él llegaran al mundo separados por pocos metros y con orígenes sociales bien diferentes.

Alfredo es hijo de Giovanni (Romolo Valli), quien a su vez es hijo del dueño de la hacienda, que también se llama Alfredo (Burt Lancaster). De Olmo no se sabe quién es su padre o, mejor dicho, solo lo sabe su madre, una humilde trabajadora de la cosecha, lo cual le vale al niño desde temprano ser tildado de bastardo.

Sin embargo, y a pesar de ello, ya desde la infancia surge entre ambos una amistad sin perjuicio de que la diferente condición social dé lugar a momentos de tensión. Olmo es decidido y temerario, al punto de echarse sobre las vías del tren mientras le pasa por encima sin tocarlo (no lo recomendaría). Alfredo quiere irle a la zaga y parece rehuir los hábitos de su clase social, pero siempre está un paso por detrás.

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A medida que van creciendo y son respectivamente encarnados por Gérard Depardieu y Robert De Niro, vemos pasar de modo tangencial las guerras mundiales y, más marcadamente, los conflictos sociales entre terratenientes y campesinos que se ven acentuados después de quedar la propiedad en manos de Giovanni, bastante menos escrupuloso que su padre.

El socialismo y el fascismo se van desarrollando en Italia de modo paralelo a la vez que antagónico, abrazando Olmo la causa de los primeros y siendo Alfredo más apolítico, lo cual no evita que el conflicto ideológico le toque de cerca, sobre todo a través de la figura del administrador Attila que, odiado por los trabajadores debido a su estilo despiadado, es ferviente partidario de los “camisas negras”.

Al mismo tiempo, vemos también las historias de amor que, cada uno por su lado y dentro de su respectiva clase social, sostienen Olmo con la campesina Anita (Stefania Sandrelli) y Alfredo con la citadina Ada (Dominique Sanda), de origen burgués, pero bohemia y modernista.

La Lucha de Clases y el Ojo de Bertolucci

Cuesta hoy creer que una historia de tono ideológico tan corrido a la izquierda gozara en aquel momento de la presencia de actores estadounidenses o del apoyo de la 20th. Century Fox, aun cuando se tratase de su filial italiana. E incluso que haya logrado ser estrenada en el propio mercado norteamericano, amén de los cortes que se le aplicaron para facilitar allí su distribución.

La primera explicación pasa por el prestigio que había adquirido Bertolucci a nivel de cine de autor, categoría en cuya evaluación lo ideológico suele pasar a segundo plano. Y la segunda, por el hecho de que en Estados Unidos estuviera desde la década anterior en auge el llamado “Nuevo Hollywood”, movimiento caracterizado no solo por una postura más abierta en lo ideológico, sino también por la marcada influencia de directores del neorrealismo italiano o la nouvelle vague francesa. Condenar por su ideología a un referente como Bertolucci era, en ese contexto, casi un sacrilegio.

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El gran director italiano compone, en efecto, un impresionante fresco de época, pero poniendo a la lucha de clases como elemento central durante la mayor parte de la trama. Y, para hacerlo, la estética ocupa un lugar fundamental. A la maravillosa luminosidad de la fotografía de Vittorio Storaro para recrear el mundo rural se agrega el carácter pictórico, tanto que las tomas parecen cuadros y los créditos iniciales llevan de hecho como fondo la pintura El Cuarto Estado, de Giuseppe Pelizza da Volpedo (que data justamente de 1901, año en que nacen Alfredo y Olmo).   Y la música del siempre genial Ennio Morricone, por cierto, contribuye a ello.

Pero allí no acaba la cosa: lo más importante es que Bertolucci se vale de esa estética para representar la diferencia social y la continuidad histórica. El movimiento de cámara es sencillamente genial: no se trata del clásico plano-secuencia siguiendo a uno o más personajes ni tampoco del paneo con cámara fija (que sería contradictorio con el concepto de una historia en cambio y movimiento), sino de un desplazamiento horizontal que opera como transición de una escena a otra, mostrando por ejemplo la plácida vida aristocrática de la finca para luego moverse hacia los campesinos que trabajan las tierras.

Ese recurso aparece ya desde el momento del doble nacimiento y Bertolucci transmite la idea de que lo importante no es el individuo sino el contexto y, especialmente, el contexto social. Burguesía y clase trabajadora coinciden en un mismo mundo y cada una se explica por la otra en desigual equilibrio.

Y no solo el movimiento de cámara cumple en ello rol fundamental, sino también la profundidad de campo a la que cada tanto se recurre y que es sin duda heredera de Orson Welles y Luchino Visconti. Merced a la misma, y siguiendo el concepto anterior, se muestra la contraposición entre lo que vemos al frente y lo que vemos detrás, perfectamente nítidos a la vez que opuestos. La idea, una vez más, es que todo se halla interconectado.

Ese contenido ideológico recibió en su momento fuertes críticas de quienes lo vieron como mera propaganda. Es cierto que está presentado de modo que sea más fácil simpatizar con los campesinos que con los burgueses, como también que los primeros parecieran por momentos comportarse como una masa unida en claro homenaje al cine épico soviético.

Pero verlo únicamente de ese modo es ignorar los matices y las dudas (seguramente suyas) que introduce el director, particularmente en cuanto al sentido final de la revolución y si realmente termina por cambiar algo

La escena cercana al final en que los campesinos son obligados a abandonar su sueño comunitario y entregar sus armas al recién formado gobierno de coalición (con anuencia incluso del Partido Socialista) es muy demostrativa y queda puntualmente graficada en el niño que, al entregar la suya, llora como si le arrancaran de las manos un juguete. Y el remate final lo da Alfredo al decir “el patrón está vivo”, clara réplica a lo expresado por Olmo instantes antes. Las estructuras, en definitiva, se siguen manteniendo y hay allí un fuerte punto de contacto con El Gatopardo.

Y no se agotan allí los matices. La propia burguesía está lejos de aparecer como el todo unificado de un imaginario lineal y mecanicista. Alfredo está lleno de contradicciones que se ven acentuadas en su amor por Ada, otra burguesa que “no encaja”, en su caso por actitud rebelde y libertina. El verdadero desconsuelo de Alfredo, de hecho, es que ella ha partido y nunca regresado, no que a su alrededor todo su mundo se esté desmoronando e incluso su propio destino se presente incierto…

La visión de Bertolucci, por lo tanto y si bien ideológica, es bastante más rica de la que se vio en su momento y evidencia un cierto conflicto interno que va madurando a medida qu el filme avanza. No es que deje de percibir al socialismo como mejor alternativa, pero tampoco ve en el mismo la esperanza salvadora que sacará al proletariado de su condición….

Elenco y Controversias

No cabe duda de que, más allá de todo lo anteriormente mencionado, la película no sería lo que es sin las enormes actuaciones de Robert De Niro y Gérard Depardieu, quienes generan una química increíble cada vez que están juntos en pantalla.

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Pero, en líneas generales, todo el elenco está muy bien y si hay uno para destacar por fuera de los principales es indudablemente Donald Sutherland. Lejos de ser el suyo un mero personaje secundario, sobrevuela su presencia casi todo el filme a excepción de la infancia de los protagonistas. Su maniático y desalmado personaje da miedo. La escena del gato es terrible y ni qué decir la del niño, pero no quiero contar demasiado. Solo que la pena que nos da Attila en la primera escena cambia por completo cuando, sobre el final del filme, regresamos a ese mismo momento.

Por cierto, y como antes hemos dicho, todos los actores están doblados, lo cual puede a veces verse algo extraño o imperfecto, pero también es cierto que es prácticamente un inconfundible sello de fabrica de prácticamente todo el cine italiano hasta los setenta. Criticar al filme por ese aspecto sería como calificar de sobreactuados a los actores de la época del cine mudo.

Por otra parte, la película levantó en su momento mucha polémica por el carácter gráfico de la violencia y el sexo. Algunas escenas, especialmente las que involucran a niños o animales, son incluso difíciles de ver hoy, amén de que serían de por sí serían consideradas impensables e incorrectas. Uno se ve tentado a decir que eran otros tiempos, pero aun entonces fueron controversiales y motivos de censura en varios países o de recortes en Estados Unidos.

Valoración y Legado

Como hemos dicho, Novecento no fue en su momento tratada por la crítica como la imprescindible obra cinematográfica que hoy suele considerarse. Tal vez por no ser entendida o porque no colaboraron la duración ni la cantidad de versiones que circularon, pues en algunos países (España y mayor parte de Latinoamérica, de hecho), fue estrenada en dos partes, lo cual fragmenta tanto la historia que se cuenta como el concepto del filme.

En Estados Unidos, los cortes no buscaron vaciar a la película de su contenido ideológico u ocultar el sesgo marxista, pero lo banalizaron al perderse la idea de continuidad que el director imprime al filme: el discurso de clase sigue allí, pero no el camino que le da fundamento. Y otro tanto ocurre con el fascismo, casi eliminada su injerencia y pasando Attila a ser más bien un psicópata que actúa por cuenta propia. En buena medida, es posible que ello explique la reacción adversa de la crítica en ese país.

Todo ello, sumado a una complicada taquilla debido a los costos y a la deficiente distribución, jugó lamentablemente en contra de la hoy icónica película de Bertolucci.  Pero, como siempre decimos, el tiempo suele poner las cosas en su lugar y, vista en perspectiva, Novecento es un impresionante fresco sobre la lucha de clases con el sello de un realizador inteligente y capaz de reflejar en la obra sus propias dudas y conflictos. Y es también, quizás, la despedida de toda una época: el último gran filme de épica social en un cine europeo que ya no volvería a ser el mismo

Hasta la próxima y sean felices…

El cómic de la semana: Universo Invencible: Battle Beast 1

Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a “El cómic de la semana”Hoy destacamos Universo Invencible: Battle Beast 1. Al final del artículo tendréis la portada y el enlace.

Hay personajes que nacen para ser protagonistas. Batman tiene una trauma. Spiderman tiene la culpa dentro de si. Daredevil tiene una depresión católica galopante. Y luego está Battle Beast, que básicamente parece el resultado de meter a Conan, un tigre siberiano y una licuadora industrial en una cápsula espacial llena de esteroides.

Y sí, amigos. Ya está aquí en España, Universo Invencible: Battle Beast nº 1 de Planeta Cómic, recopilando los números 1 al 6 de la edición americana. Una de esas obras maravillosas siempre que busques emociones fuertes, y poco más.

Porque Battle Beast no entra en escena. Battle Beast atropella la escena. La incendia. Le pega una patada al guionista. Luego mira a cámara y pregunta si queda alguien vivo para el segundo asalto. Y lo peor es que funciona.

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Robert Kirkman ha creado un monstruo. Otra vez.

A estas alturas, Robert Kirkman ya debería pagar terapia colectiva a los lectores. El hombre convirtió Invincible en una de las mejores salvajadas superheroicas de este siglo y después vio que aquello no era suficientemente bestia. Así que decidió darle una serie propia al personaje que parecía diseñado por un adolescente después de ver Gladiator junto con Dragon Ball Z y un documental de leones (o tigres siberianos) drogado de cafeína.

Y aquí estamos.

Lo fascinante es que Battle Beast jamás fue un personaje especialmente complejo en apariencia. Era “el bruto molón”. El animal intergaláctico que llegaba, arrancaba brazos y se iba a otro planeta a seguir buscando pelea como quien busca bares abiertos un martes.

Pero Kirkman entiende algo muy importante, los personajes más peligrosos suelen esconder las heridas más grandes.

Así que este cómic hace algo inesperado. Convierte a Battle Beast en una especie de samurái suicida del espacio. Un guerrero condenado por su propia necesidad de violencia. Un tipo que no busca ganar. Busca encontrar a alguien capaz de matarlo de una vez.

Y ahí es donde el tebeo deja de ser simplemente divertido para convertirse en algo muchísimo mejor.

Ryan Ottley dibuja como si le debieran dinero

Hay dibujantes buenos. Hay dibujantes espectaculares. Y luego está Ryan Ottley, que dibuja peleas como si el papel estuviera intentando escapar de él.

Cada puñetazo parece un accidente nuclear. Hay vísceras, dientes, sangre alienígena y hostias tan fuertes que probablemente alteran mareas en planetas cercanos.

Pero lo impresionante no es solo la violencia. Es el ritmo. Ottley sabe exactamente cuándo convertir una página en un caos absoluto y cuándo detenerse para mostrar a Battle Beast sentado solo, derrotado emocionalmente, como un veterano de guerra que ya no sabe vivir sin conflicto. Y eso le da alma al personaje.

Porque debajo de esos músculos imposibles y de esa melena de rey león con problemas de ira hay un tipo roto hasta la médula.

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Esto no va solo de pegarse

Aunque sí. También va muchísimo de pegarse.

Pero hay una idea bastante potente recorriendo todo el tomo: ¿qué ocurre cuando tu única identidad es la violencia?

Battle Beast no sabe vivir de otra manera. No puede parar. No puede relajarse. No puede tener paz. Es un personaje trágico escondido dentro de un monstruo de gimnasio cósmico.

Y eso hace que recuerde un poco a ciertos personajes clásicos de fantasía oscura. Tiene algo del Elric de Melniboné de Michael Moorcock. Algo del Berserk de Berserk. Incluso un poquito del Logan más salvaje de Lobezno (Wolverine). Tipos condenados por aquello que los hace especiales.

Solo que Battle Beast resolvería sus conflictos arrancándole la mandíbula a un planeta entero.

El mejor cumplido posible.

Aquí puedes oír las explosiones. Puedes imaginar la música épica. Puedes notar el crujido de huesos mientras lees.

Tiene energía de película de ciencia ficción ultraviolenta de los ochenta mezclada con anime moderno pasado de revoluciones. Y sinceramente, no me extrañaría nada que acabáramos viendo adaptación propia en animación.

Porque Battle Beast tiene exactamente lo que buscan ahora los estudios, un personaje visualmente brutal, fácil de vender y emocionalmente más complejo de lo que parece.

Vamos, el sueño húmedo de cualquier ejecutivo de Hollywood.

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¡Salido de las páginas de Invencible y de la exitosa serie homónima animada de Prime Video!

Maldecido con una insaciable sed de violencia que amenaza tanto a su familia como a sus seres queridos, Battle Beast recorre el universo en busca de un guerrero más poderoso que él… para que acabe con su vida antes de que le haga daño a nadie más. Ahora bien, aun con la existencia de viltrumitas como Invincible u Omniman, ¿será alguien capaz de detener al guerrero más letal de la galaxia?

Las superestrellas Robert Kirkman y Ryan Ottley presentan la historia de Invincible más pedida de todos los tiempos, la de Battle Beast, lo que hará las delicias tanto de los lectores de siempre como de los nuevos.

Este volumen incluye los números 1 a 6 de la serie Battle Beast.

Debajo de estas líneas os dejo la portada de la edición española de Planeta Cómic y el enlace a la editorial pinchando aquí.

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Un saludo y sed felices.

Confirman spin-off femenino de Los Mercenarios

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Se anunció oficialmente que Lionsgate está trabajando en una nueva película de la franquicia Los Mercenarios (The Expendables), la cual volvería a reunir a un elenco coral de estrellas del cine de acción, pero esta vez femenino y llevando por título Expendabelles.

A pesar de que la cuarta película (aquí nuestra crítica) no funcionó en taquilla como se esperaba, Lionsgate sigue apostando por la franquicia Los Mercenarios (The Expendables, conocida en Latinoamérica como Los Indestructibles) y se aprovechó como oportunidad el Festival de Cannes para confirmar y anunciar la realización de un spin-off con la particularidad de que ahora les toca a ellas, pues la idea es reunir esta vez a distintas actrices que han interpretado papeles de acción a través de los años del mismo modo que se hiciera con los actores más icónicos del género a lo largo de cuatro películas.

Recordemos que la franquicia dio inicio en 2010 bajo los auspicios de Sylvester Stallone y, además de él, han pasado por la misma Arnold Schwarzenegger, Dolph Lundgren, Chuck Norris, Jean-Claude Van Damme, Antonio Banderas, Mel Gibson, Wesley Snipes, Harrison Ford, Bruce Willis, Jason Statham, Mickey Rourke , Jet Li o Eric Roberts, entre otros (aquí tienen las cuatro películas ordenadas de peor a mejor por mi compañero Juanma).

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Y lo de reunir un elenco femenino para un spin-off no es, por cierto, una idea nueva, sino que el propio Stallone la había tenido allá por 2012, pero finalmente no se concretó. Ello, desde luego, genera el interrogante acerca de si le veremos en esta oportunidad regresar a la franquicia de algún modo.

El título, por cierto, ya lo dice todo, pues en inglés original será Expendabelles. El problema, claro, es que ese juego de palabras no sería fácil de traducir a otros idiomas, el español entre ellos. Se me ocurre que se lo titulará Las Mercenarias en España y Las Indestructibles en América Latina, pero no tiene desde ya la misma gracia y contundencia. Y eso si no se les ocurre algo mucho peor, como Las Bellas Mercenarias, por ejemplo.

Estamos encantados de traer finalmente Expendabelles junto a Hollywood Ventura Group, que comparten nuestra pasión por reinventar esta franquicia a una escala cinematográfica mucho mayor – manifestó Heidi Jo Markel, quien forma parte del equipo creativo involucrado en el proyecto -. Siempre ha habido un fuerte interés global por franquicias de acción protagonizadas por mujeres y creemos que ha llegado el momento de introducir una nueva y audaz generación de operativos de élite en este universo”.

Hasta el momento no se habla de fechas ni nombres, pero los fans de la franquicia han comenzado desde luego a especular con distintas actrices que han pasado como heroínas por el cine de acción, tales los casos de Milla Jovovich, Michelle Yeoh, Kate Beckinsale, Charlize Theron, Gina Carano, Cynthia Rothrock, Scarlett Johansson y Zoe Saldaña, entre otras, y quizás incluso esté la posibilidad de volver a ver a algunas de las que ya han pasado por la franquicia como Megan Fox o Charisma Carpenter.

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A esperar pues novedades. Hasta la próxima y sean felices…

Reseña de Arcanos Menores 1, El Loco. Jeff Lemire vuelve a casa para hablar de heridas, magia y familia

Hay cómics que se leen como quien entra en casa de la infancia después de muchos años: todo resulta familiar, pero algo ha cambiado y no sabes muy bien qué. Arcanos Menores es exactamente eso. Jeff Lemire vuelve a uno de sus terrenos favoritos —el del regreso al hogar, las heridas familiares y los pueblos pequeños que parecen inocentes hasta que rascas un poco—, pero esta vez lo hace mezclándolo con el tarot y el realismo mágico. Tiene una estructura pensada a largo plazo, casi como una serie de televisión de autor, de esas que cuecen a fuego lento. Por eso estamos ante una serie abierta de la cual presentamos en este artículo la reseña de su primer volumen, El Loco, publicada en España por Astiberri, como es habitual con el autor.

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El resumen de la editorial es el siguiente: Cuando Theresa vuelve a casa para cuidar a su madre enferma, una vidente de pueblo que lee el tarot y consuela a ancianas desahuciadas, todo en su interior le dice que salga corriendo de allí. Tampoco es de extrañar, Theresa pasó su adolescencia sintiendo que Limberlost, ese pequeño pueblo en el que había nacido, acabaría con ella, y mientras todas las chicas de su edad pasaban por una fase brujeril, ella vivía avergonzada por el trabajo de su madre. Tras su regreso, pronto descubre que todos los habitantes del pueblo están misteriosamente conectados con el tarot y que ella sí que podría tener verdaderas habilidades psíquicas. En su mano queda reconciliarse con su madre enferma, enfrentarse a los fracasos de su pasado y ayudar a los habitantes del pueblo de los que ha huido toda su vida.

Vuelta a casa, familia y misterio sobrenatural como elementos principales

La historia arranca con Theresa, una mujer que vuelve a Limberlost para cuidar de su madre enferma, una supuesta vidente local que vive de leer las cartas. El planteamiento no puede ser más lemiriano: hija que huye, pasado que pesa y un lugar del que creías haberte escapado pero que sigue esperándote y al que tienes que volver. A partir de ahí, Arcanos Menores despliega su principal baza: convertir el tarot en una red simbólica que conecta a todos los habitantes del pueblo, como si cada uno representara una carta distinta. No es un uso efectista ni decorativo; Lemire lo integra en la narrativa con la naturalidad de quien habla de algo cotidiano, como el bar de la esquina o la vecina que siempre sabe más de lo que dice.

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Es más, el tarot está entrelazado con el mismo formato de la serie. El autor tiene previsto que Arcanos Menores dure veintidós números (de los que en este primer tomo se incluyen los cinco primeros) si todo va según los previsto. ¿Y por qué ese número en concreto? Pues porque veintidós es el número de arcanos mayores (las cartas que representan arquetipos, como la muerte, la justicia…) que hay en las barajas de tarot. Y, concretamente, el primero de estos arcanos mayores es precisamente el loco, título de este primer volumen de la serie. Lemire lo tiene todo pensado.

En el guion, el escritor se mueve cómodo en esa frontera entre lo íntimo y lo sobrenatural. No hay giros estridentes ni grandes fuegos artificiales; el interés está en cómo los personajes se relacionan, en los silencios incómodos y en la sensación constante de que algo no termina de encajar.

Como en todas las obras de Jeff Lemire, el peso de las emociones tiene una gran importancia, siendo el motor principal de la historia junto con el misterio que rodea a los “poderes” de Theresa. Se establece así una doble vertiente narrativa que el escritor maneja como nadie y que siempre ofrece resultados sobresalientes.

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Es una lectura que pide paciencia, como una conversación larga con alguien al que hace tiempo que no ves: al principio cuesta, pero cuando entras, ya no quieres irte. Quien busque acción inmediata puede sentirse descolocado, pero si entras en el juego del autor quedarás atrapado en su red.

Un dibujo made in Lemire, para lo bueno y para lo malo

En el apartado gráfico, Lemire vuelve a asumir el rol de autor completo y se nota. Para bien y para mal. Su dibujo es aparentemente sencillo, casi tosco, pero profundamente expresivo. Hay una economía de líneas que refuerza el tono melancólico del relato, y una composición de página muy libre, donde las viñetas a veces se incrustan como si fueran cartas del tarot dentro de la propia narración. No es un dibujo “bonito” en el sentido clásico, pero sí tremendamente coherente con lo que se cuenta. Como pasa con ciertos discos de cantautor, no entra por el oído a la primera, pero acaba calando. Además, es un estilo que con el tiempo se hace más llevadero o, por lo menos, eso me ha pasado a mí.

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Otro aspecto interesante es cómo Arcanos Menores dialoga con trabajos anteriores del autor. Hay ecos claros de Essex County o Sweet Tooth en el tratamiento de la familia y el aislamiento, y también un guiño consciente al Vertigo de los 90 que marcó a Lemire como lector, algo que él mismo ha reconocido al hablar de la serie como su “carta de amor” a esa etapa del cómic americano. Sin embargo, no se siente como un refrito: el uso del tarot y el misterio, así como la vocación de serie larga le dan una identidad propia.

La edición española, publicada por Astiberri, está muy cuidada y a la altura del contenido. Este primer tomo, titulado El Loco, incluye los primeros cinco números de la serie. Se presenta en rústica con solapas, formato 17 x 26 cm, 144 páginas y papel mate de buen gramaje, lo que favorece el trazo de Lemire y evita brillos molestos. Además, la primera edición incluye cinco cartas del tarot ilustradas por el propio autor, un añadido que puede parecer anecdótico, pero que refuerza el concepto global de la obra y la convierte en un objeto casi fetichista para el lector.  Incluye como extras una pequeña galería de portadas y una breve biografía del autor. El precio de venta es de 18 euros.

En resumen, Arcanos Menores no es un cómic para devorar de una sentada buscando estímulos constantes, sino una obra para leer con calma, dejar reposar y volver a ella. Es Lemire en estado puro: humano, melancólico, imperfecto, emocional y profundamente honesto. Puede que no sea su obra más redonda aún —esto no ha hecho más que empezar—, pero sí una de las más prometedoras. Para el lector que disfruta de los cómics que hablan bajito pero dicen mucho, aquí hay una serie a seguir muy de cerca.

Reseña de Lluvia. El fin del mundo dedicado a los negacionistas del cambio climático

Desde hace mucho tiempo, las historias del fin del mundo son el pan nuestro de cada día para los aficionados a la ficción. Las tenemos de todo tipo, desde inviernos nucleares, hasta invasiones extraterrestres, pasando por catástrofes climáticas o apocalipsis zombies. Se podría decir que es prácticamente un género en sentido propio, un género donde es muy difícil sorprender al lector. Pero siempre hay personas con un talento especial que logran hacerlo, como es el caso de Joe Hill. El escritor reflexiona sobre los negacionistas del cambio climático apuntando que por muchas evidencias que haya, nunca lo aceptarán hasta que no sea demasiado tarde. Así que pensó que debería ocurrir para que todo el mundo, incluidas las instituciones y los gobiernos, se tomará el problema en serio. Y llego a una escalofriante conclusión. Solo se tomarían medidas si llovían clavos, en el sentido más literal del término. Y desde esa idea escribió un relato titulado Lluvia que sirve de base para una adaptación homónima al cómic realizada por David M. Booher, Zoe Thorogood y Chris O´Halloran y que Planeta publica en España.

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El resumen de la editorial es el siguiente: Un día de agosto aparentemente normal en Boulder, Colorado… El cielo está despejado y Honeysuckle Speck no podría estar más contenta. Por fin se va a vivir con su novia Yolanda. Pero su mundo se resquebraja cuando aparecen unos nubarrones y descargan un chaparrón de clavos: astillas de cristal brillante que atraviesan la piel de cualquiera que no se haya puesto a cubierto. Lluvia hace realidad este suceso apocalíptico que va intensificándose a medida que el diluvio de clavos se extiende por el país y por todo el mundo y amenaza todo lo que más quieren las jóvenes amantes Honeysuckle y Yolanda.

La historia presenta un apocalipsis climático que llega por sorpresa y pone patas arriba la vida de Honeysuckle. Como suele ocurrir en este tipo de historias, la protagonista se verá obligada a hacer un viaje a través del cual el autor nos muestra las consecuencias del desastre a lo largo del camino. No hay nada demasiado original en este planteamiento. La trama se centra en mostrar un análisis del comportamiento humando en esta complicada situación, algo que ya hemos visto muchas veces, por ejemplo, en The Walking Dead, Pero la está en como se cuenta y en ese sentido Lluvia resulta gratamente sorprendente al optar por un acercamiento más emocional del que solemos leer en estos casos. Con el añadido de que todos los personajes que aparecen están muy bien perfilados, con mención especial a la protagonista, una Honeysuckle que brilla en todo momento y que erige como el centro del relato.

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El autor no pierde la oportunidad de criticar al actual gobierno de los EEUU y  a Donald Trump. No le hace falta nombrarlo, pero queda muy claro que está hablando de él y no lo deja en muy buen lugar. También aprovecha para criticar a los homófobos y en general a todo aquel que tiene mentalidad cerrada y aprovecha los desastres para echar las culpas a todo aquel que no piensa como él.

Lo mejor de Lluvia es la capacidad de sus autores para contarnos un relato entretenido y emocionante en la que a través del viaje de la protagonista se tratan todos los temas que he comentado y que además nos presenta una explicación coherente para el fenómeno de la lluvia de clavos a la vez que deja la historia cerrada y bien cerrada. Todo un mérito para tratarse de un relato corto y del que bien podrían aprender otros.

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El principal mérito de Lluvia esta claro que es de un Joe Hill que ha demostrado muchas veces que es uno de los mejores escritores de ciencia ficción y terror que hay en la actualidad. Así lo atestiguan sus obras ya sea en formato cómic (La Capa, Locke & Key…) o en novelas (Teléfono Negro, Fuego, Cuernos…). El trabajo de David M. Booher a la hora de hacer la adaptación del relato al comic no desmerece al original, aunque se le nota cierto acartonamiento, como si no se decidera del todo a usar las herramientas propias del mundo de las viñetas. Por otro lado, el arte de Zoe Thorogood si que logra destacar gracias a la personalidad del dibujante. Vemos unas páginas espeluznantes, mostrando con toda la crudeza el horror que supone la lluvia de clavos y sus consecuencias y a la vez llenas de una belleza singular cuando abre el plano y muestra los escenarios abiertos. Sin olvidar el gran trabajo que hace a la hora de diseñar a los personajes. También es cierto que el color de Chris O`Hallaron ayuda bastante.

La edición de Planeta recoge la obra en un tomo de tapa dura de 160 que contiene los cinco números de la edición original. Incluye como extras un interesante prólogo de Joe Hill en el que nos cuenta cómo surgió la idea para esta historia además de un abultado portafolio con todas las portadas de la edición original. El precio de venta es de 24 euros.

En resumen, Lluvia es un cómic perfecto para los amantes de las historias apocalípticas que sirve también como alegato a la lucha contra el cambio climático sin caer en mensajes moralistas. Estamos ante una historia que atrapa desde el primer momento gracias a una protagonista que es imposible no amar y a un dibujo que eleva el tono del relato original varios enteros y que hacen muy recomendable su compra.

«Recursos Inhumanos» de Pascal Bertho y Giuseppe Liotti: la esencia de los lunes

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Sentimos tener que hablar del tema. De verdad. No nos hace ilusión, pero… ¿a quién sí? Oh, hay gente a la que sí le encanta. Le encanta tanto que prácticamente no habla de otra cosa. Nuestro caso es el opuesto: salimos de trabajar y ya ni nos acordamos de en qué consistía nuestro empleo. Hay una especie de resorte en el cerebro para por la noche prepararnos para madrugar, pero a saber para qué es: ya veremos mañana.

En fin, que hay que hablar del tema. Aunque las series o películas muchas veces quieran pasar por encima. Vamos, todos nos hemos preguntado en las series o películas cuándo trabajan los protagonistas con todas las movidotas, viajes, horas haciendo cosas aventureras a diario sin poner lavadoras, bajar basuras ni pegarse con páginas web del ayuntamiento para pagar el gloriosísimo Impuesto de Bienes Inmuebles. Aquí lo que une a todo Dios de las obras de ficción es lo poquísimo que trabajan. O que tienen todos un sistema por el que pueden faltar días sin avisar sin mucha preocupación por su parte. A mí el desarrollo y explicación pormenorizada de este tipo de sistemas que permiten cosas así sí me interesaría más que tantas insoportables tramas de tantísimo truñaco hecho serie (sí, House of Cards, esto iba por ti).

Al final no hay tantas series, películas o videojuegos que tengan en su razón de ser (más o menos) el mundo laboral del oficinista occidental (más o menos) como tal. Sí, sí, tenemos The Office, del que algún día deberíamos escribir un texto que exceda la capacidad de comprensión y aguante humano. Pero hoy toca cómic. Cómic inspirado en una novela de éxito de Pierre Lemaitre. Que a su vez inspiró la serie de Netflix con el mismísimo Eric Cantona de protagonista con casi un 7 de valoración en FilmAffinity, para quienes tengan erecciones de algún tipo con las puntuaciones a las cosas. Hoy hablamos de «Recursos Inhumanos» de Pascal Bertho y Giuseppe Liotti, editado en España por Yermo Ediciones.

La premisa es más o menos sencilla: el protagonista es un señor francés que se queda en paro, se siente humillado por estarlo y, tras recuperar su autoestima al lograr un nuevo puesto en recursos humanos, se ve envuelto en una siniestra prueba de selección de personal. Una gigantesca empresa necesita un matarife que lleve a cabo despidos masivos, y necesitan que la lealtad a la empresa y la frialdad emocional estén al más alto nivel posible. Y tienen varios candidatos, pero para seleccionarlos no les preguntarán lo de que digas tu punto débil, etc. Les harán pasar por un secuestro simulado, para observar su conducta, lealtad y habilidades. Nuestro protagonista, sin embargo, se da cuenta de que el pescado está vendido, que toda esta farsa es exactamente eso: una farsa. Se están riendo de él. Y planea…algo.

Como decimos, esto es cómo se presenta el cómic al mundo. Todo empieza a partir de ahí: nada más empezar vemos cómo al protagonista le llevan al banquillo de los acusados y hay liada algarabía, alboroto y violencia en el ambiente. Sea lo que sea que haya hecho el protagonista la ha liado pero bien. Aquí la historia nos lleva de la mano en un dibujo muy, claro, clásicamente franco-belga. Es decir, está narrado de manera espectacularmente clara pero sin grandes experimentos. Podría uno pensar en más planos peliculeros, pero los autores del cómic han decidido contenerse y ser muy sobrios. En nuestra modesta opinión quizás incluso se han pasado: vale que no es una película de James Bond, pero la narración se altera poco sean conversaciones informales o escenas violentas. El dibujante es claramente competente narrando (inmensamente mejor que el promedio superheroico de este siglo, lo cual tampoco es decir mucho) pero le falta ambición. También más variedad en las caras y complexiones, aunque este defecto es demasiado común. Si da la sensación de que nos ponemos quisquillosos con el dibujante es porque haciendo un buen trabajo creemos que podría haber elevado mucho más una historia que vale la pena.

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Porque vale la pena, estimado Pueblo. La premisa tontorrona que sacaría ChatGPT o sus primos en su versión gratuita sería que esta es una bella historia de echar mierda a la crueldad de la gente que puebla los departamentos de Recursos Humanos de las empresas. O directamente a los directivos de las grandes corporaciones que tratan al resto de los seres humanos como números en casillas del sacrosanto Excel (nota rápida: la obsesión con que otros rellenen documentos Excel correlaciona con ser un cretino). Y, bueno, algo de eso hay, claro. A quién queremos engañar: sí, se les echa mierda. Absolutamente ninguna pena, por supuesto.

Pero la historia desde el principio trata de no tomarnos demasiado por idiotas. En casi ningún momento el protagonista, con la autoestima por los suelos por estar en paro, por la sorna hiriente de familiares políticos y por sentirse inútil, se nos presenta como heroico. Está deprimido, sí. Pero si algo destaca es el ánimo ruin de revancha contra los que le miran de manera altiva al saberle en paro y contra los que le consideran un inútil. Es un ser lleno de violencia reprimida…bueno, no siempre reprimida.

Precisamente todo su plan y el desencadenante de la historia no viene por las malas prácticas de la empresa que le ficha, que incluyen despidos masivos de personal cuando la empresa ha recibido ayudas públicas. Todo empieza cuando descubre que la empresa no cuenta con él en el futuro, que todo el pescado está vendido y le han usado como a…los demás.

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No es nada que no hayamos podido ver en películas de Scorsese o en Breaking Bad, por poner ejemplos que todos conocemos. Es decir, el hombre herido en su orgullo que decide que el camino hacia lo que creen que es el éxito puede estar pavimentado de cadáveres que él mismo ha puesto ahí. Solo existe la obsesión, solo existe la misión, sacrificando familia, esposas, amigos y lo que tenga que sacrificarse, por más que puedan poner la excusa de que el forrarse a costa de todo sea para dejarles dinero para que ni piensen en currar nunca más. El final en estos casos siempre suele ser muy parecido. Que nadie se haga mucho daño pensando de manera adolescente que estos seres se salen siempre con la suya, que los malvados vencen siempre y etc: lo cierto es que la maldad o la bondad tienen muy poco que ver con el éxito o fracaso de nada. La mayor parte de empresas remotamente ambiciosas se van al garete, sean sus objetivos salvar a todas las flores de ser cortadas o hacer adrede peor la página web de Renfe. Bendita realidad y bendita la dificultad que implica su existencia.

El cómic, al estar ambientado en Francia (Unión Europea), no podía, para ser creíble, tener muchas escenas a lo Breaking Bad. Hay algún momento incluso gracioso cuando algún personaje amenaza con hacer desaparecer a familiares de otro, con el amenazado respondiendo que dónde se cree que está, que no se flipe. Bien dicho, joder. Viva la Unión Europea. Ojalá pronto con muchos más tanques y misiles para evitar tentaciones idiotas a nadie. También hay que decir que al final de la historia se desmelenan algo con la acción, pero que nadie espere muchos saltos, bombas y señores atravesando escaparates en traje. Es decir, el tono general es de intriga, negociaciones, carambolas, planes e información oculta y está bien así.

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Como decimos, la verdad es que el protagonista no es alguien noble, al revés. Lo que trata es de aprovecharse de gente que él cree peor. La cima de la historia es casi al final en una de las últimas negociaciones cuando la cabeza visible de la empresa, tras negociar con él (no revelaremos el qué), llega a la conclusión de que todas las atrocidades, mentiras y barbaridades que ha llevado a cabo el protagonista demuestran su enorme talento. Vamos, que no habían detectado lo profundamente psicópata que podía ser el protagonista hasta el punto de renunciar a todo para salirse con la suya, y que es una pena no haberlo hecho ya que eso le hacía ideal para trabajar para la multinacional. Pero que se lo suelta sin ironía ni resquemor, simplemente como un hecho. Y lo es.

Es un momento espectacular y definitorio de lo que se nos trata de contar: el protagonista no es para nada mejor que lo que combate, no es su nemésis y las razones del mal que carcomen al mundo laboral no están únicamente «en los de arriba». La lucha del protagonista no es por cambiar nada a mejor ni por castigar a nadie malvado ni siquiera una venganza en general. Es puro ardor individualista extremo, que la cabeza visible de la empresa identifica correctamente casi al final, considerándolo como algo que podría haber sido un activo de la organización. Porque, efectivamente, de eso va su multinacional. Y de eso van los Recursos Humanos. Y de eso van los lunes.

Sed felices.

Reseña de Las guerras de Lucas. Parte II. Continúa la magistral historia de George Lucas y Star Wars.

A estas alturas, no hay nadie en el mundo que no sepa qué es Star Wars. Aunque sea de oídas. Jedis, Sith, Skywalker, Fuerza, Halcón Milenario, Blásters o Darth Vader ya son palabras pertenecientes a la cultura popular. Dicho de otro modo, Star Wars es la saga más importante de la historia del cine. Lo que no quiere decir que sea la mejor, dada la saturación de películas y series que hemos sufrido desde la compra de LucasArts por Disney. Porque no hay que olvidar que Star Wars es un producto creado por George Lucas, cuyo camino hacia el éxito es contado en Las guerras de Lucas, cómic que publica Norma Editorial.

Star Wars: una historia de amor, dinero y odio

Reseña de George Lucas: una vida. 

Reseñas de Las guerras de Lucas, parte I.

La primera entrega de Las guerras de Lucas fue un merecido éxito de ventas, dado que la historia de un joven y ambicioso director en el marco del Nuevo cine americano merecía ser contada.

Para esta segunda entrega, Las guerras de Lucas se centra en el Episodio V: El imperio contraataca, la gran obra maestra de la saga más conocida de la historia del cine.

A priori, uno podría pensar que, convirtiéndose Una nueva esperanza en la película más taquillera de la historia hasta entonces (1977), todo iba a ser un camino de rosas para George Lucas y su proyecto vital. Y, por lo tanto, que este tomo no iba a tener tanto interés como la primera entrega de Las guerras de Lucas.

Nada más lejos de la realidad.

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La trama abarca el rodaje y producción de El imperio contraataca desde dos puntos de vista.

Por un lado, el cómic sitúa a un exitoso George Lucas que quiere formar una familia con su mujer Marcia y apartarse de todo lo que tenga que ver con lo extenuante de un rodaje. Recordemos que sufrió un amago de infarto por la primera entrega de La guerra de las galaxias.

Así, Lucas decide apostar personalmente por una segunda parte en la que apenas quiere verse involucrado más allá de la producción. Igual que el trabajador que comienza un negocio autónomo que va bien y decide delegar obteniendo, al menos, los mismos beneficios.

Su sueño es emplear esos ingresos en un rancho que se convierta en una meca para jóvenes directores que quieran realizar su sueño. Al igual que lo consiguieron Dennis Hopper con Easy Ryder, Peter Bogdanovich con La última película, William Friedkin con El exorcista, Francis Ford Coppola y El padrino, Michael Cimino y el Cazador u otros tantos directores del nuevo cine americano. Directores que se convertían en autores totales y productores que se sometían a sus designios.

Desgraciadamente, distintos imprevistos durante el rodaje de El imperio contraataca llevaron a Lucas a involucrarse de nuevo en el rodaje y a tener que dejar que las productoras volvieran a intervenir para poder sacar adelante la película.

Por otro lado, Las guerras de Lucas episodio II se centra en los distintos avatares del rodaje de El imperio contraataca. Irvin Kershner, mentor de Lucas, fue elegido como director y en el cómic queda patente el papel de director de orquesta de esta figura, independientemente de que sean más o menos autores. Kershner tuvo que lidiar con el cansancio de un Mark Hamill como padre primerizo, de las reticencias de Harrison Ford a encasillarse en el papel, de las adicciones de Carrie Fisher, las filtraciones a la prensa, las largas jornadas maratonianas con duras condiciones climatológicas… Leyendo el cómic, normal que Kershner no repitiera en El retorno del Jedi.

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En definitiva, Las guerras de lucas episodio II continúa la senda maestra de su primera parte para centrarse tanto en el conflicto de un hombre que, en busca de su felicidad, sacrificó gran parte de esta; como en los avatares de un rodaje cinematográfico.

Enlace a Las guerras de Lucas. Episodio II. En Norma Editorial. 

EL ÉPICO RODAJE DE EL IMPERIO CONTRAATACA NARRADO POR DOS ESPECIALISTAS EN LA OBRA DE LUCAS

Tras el éxito arrollador de La guerra de las galaxias, George Lucas decide anteponer su vida familiar a la realización de El Imperio contraataca, segunda parte de la franquicia. Para ello planea desligarse totalmente de la filmación y adoptar un mero papel consultivo. Pero las cosas no saldrán según lo previsto y el rodaje se convertirá en una auténtica pesadilla.

El guionista Laurent Hopman y el dibujante Renaud Roche retoman la biografía de George Lucas en un momento crucial para su carrera, decidido a que el cine no se interponga en la felicidad de su vida en pareja.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

The Punisher: One Last Kill. Sangriento y efectivo especial, pero que se nos antoja muy poca cosa

Tras el final de la segunda temporada de Daredevil Born Again (artículo en proceso) ha llegado el turno del especial de The Punisher: One last kill.

Es el tercer especial de Marvel, tras Werewolf  by night y Guardianes de la Galaxia: Especial felices fiestas. Cuando realicé la reseña de Daredevil Born Again critiqué la bajada de pantalones de traer a Jon Bernthal para dos ratos en Born Again y un especial de 40 minutos. Tras haberlo visto sigo pensando lo mismo. Para esto mejor nada. Disney no es capaz de hacer algo con este personaje más allá de lo que ya hemos visto y otro cameo en la futura Spider-Man Brand New Day. Y es una pena, Bernthal es el mejor Frank Castle que vamos a tener nunca.

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The Punisher One Last Kill, nada nuevo en la sombra pero funciona perfectamente

Para este especial de apenas 45 minutos Jon Bernthal se encarga de escribir la historia junto al realizador Reinaldo Marcus Green.

La premisa de este especial es básica y repetitiva, con Frank enfrentándose al trauma causado por la pérdida de su familia, sus años en la guerra como Marine y la vendetta urbana como Punisher.  Esto ocupa el primer ecuador del especial y se salva por la actuación descarnada del actor y por esa ciudad sucia, violenta y sin redención alguna. En algún momento me planteé si toda esa violencia que Castle ve en la ciudad es producto de su cabeza.

Es en la segunda mitad del especial cuando la cosa coge carrerilla con la aparición de Ma Gnucci, la mafiosa italiana que clama venganza por la muerte de toda su familia a manos del Castigador.  Ma inicia una cacería a plena luz del día poniendo precio a la cabeza de Castle. A partir de entonces, tenemos escenas brutísimas de acción con muertes realmente bestias.

En general, las mismas están muy bien realizadas, con buenas coreografías y con muertes y tiroteos muy bien ejecutados. Eso sí, hay una escena chapucera rulando por internet de CGI que podrían haber cuidado un poco más.

Y ya está, no hay más que contar. Os toca darle al play y disfrutar de la carnicería de El Castigador.

¿Qué nos espera de Punisher y de Jon Bernthal?

Pues más allá de Spider-Man Brand New Day, creo que se nos acabó Frank Castle. Lo tengo clarísimo. Nos lo han despachado en cameos más un especial y con eso los fans nos callamos la boca. Hasta el propio Bernthal parece satisfecho, así que habrá que esperar a unos años a un nuevo reinicio. Mientras, podemos volver a ver todo lo que se ha hecho desde que Dolph Lundgren lo interpretase por primera vez. Y os dejo con otra joyita del personaje, Dirty Laundry, cortometraje protagonizado por Thomas Jane, otro gran Punisher.

Un saludo y sed felices.

Crítica de Cumbres Borrascosas (2026), una adaptación tan libre como poco disruptiva

Previo paso por los cines, está ya disponible en HBO Max la película Cumbres Borrascosas (2006), adaptación de la clásica novela homónima de Emily Brontë a cargo de la guionista y directora Emerald Fennel. A pesar de la impactante estética visual y de una siempre sólida Margot Robbie, el intento por querer hacer decir a esa icónica historia algo nuevo se queda a mitad de camino y termina incluso siendo menos provocador que el material original.

No caben dudas de que, si hablamos de historias de amor dentro de la literatura, Romeo y Julieta es por lejos la más icónica. La obra de Shakespeare se erige aún hoy como la más famosa e influyente historia de pasión, desencuentro y tragedia, trascendiendo incluso la literatura y estando hace rato instalada en la cultura popular. Pero si intentamos determinar cuál le sigue, la cosa se pone más espinosa. pues el segundo lugar se lo disputan varias, entre ellas Orgullo y Prejuicio, Tristán e Isolda o, la que nos ocupa, Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights).

Ello justifica, desde luego, que la historia escrita a mediados del siglo XIX por la autora británica Emily Brontë haya tenido tantas adaptaciones y vuelva cada tanto a ser revisitada o mencionada como referencia. La cantautora Kate Bush, de hecho, se inspiró en una versión televisiva para componer la canción que, llevando justamente ese título e inspirada de manera directa en la obra, se convirtiera en éxito en las listas de ventas a finales de los setenta. Increíble que una sombría novela victoriana haya pasado a convertirse en fenómeno pop de alcance tan global.

Lanzada por primera vez en 1847 con autora bajo seudónimo masculino (Ellis Bell), Cumbres Borrascosas fue, por cierto, la única novela publicada por Emily en vida debido a su prematuro fallecimiento a los treinta años como consecuencia de la tuberculosis. Se publicaron de ella, no obstante, algunos libros de poesías y es bueno recordar que su hermana Charlotte Brontë es autora de otra clásica novela victoriana: Jane Eyre.

Y, aunque parezca hoy increíble y paradójico, la crítica literaria no la recibió del todo bien en su momento, probablemente desconcertada ante la particular estructura de la novela y su especial tratamiento de la violencia y la muerte. Como suele ocurrir, fue el tiempo el que terminó poniendo las cosas en su lugar y su valor literario reconocido con creces, al punto que el propio escritor Jorge Luis Borges se declaró fascinado por una novela cuya atmósfera describió como “oscura e infernal”.

Entre las muchas adaptaciones a la pantalla (incluso desde los tiempos del cine mudo), es imposible no mencionar la ya clásica de 1939 dirigida por William Wyler con Merle Oberon y Laurence Olivier en los papeles principales. O la de Luis Buñuel bajo el título Abismos de Amor (1953). O la de Peter Kosminsky (1992), con Juliette Binoche y Ralph Fiennes. O la más reciente y experimental de Andrea Arnold (2011). Incluso algunas televisivas, especialmente la miniserie británica de 2009 que reunió a Charlotte Riley con Tom Hardy, sin olvidar las adaptaciones a telenovela, como la colombiana de 1984 o la radial venezolana de 2006.

El saber a Emerald Fennell al frente de una nueva adaptación no podía menos que suscitar altas expectativas al ser la directora británica responsable de la elogiada Saltburn (2023) y, más aún, estando al frente del elenco dos figuras de renombre como Margot Robbie y Jacob Elordi. ¿Está el resultado a la altura? Pues tratemos de determinarlo no sin antes contar un poco de qué va.

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La Historia

La película comienza con una ejecución y una erección, ambas de la misma persona (lo que en lenguaje médico se suele llamar priapismo post mortem). Entre los asistentes, una niña llamada Cathy (Charlotte Mellington) observa la escena divertida y hasta lo celebra: todo un anuncio de que la historia que sigue tendrá que ver con el sexo, el amor y muerte.  Bah, por buscarle un sentido, pues no hay a la vista ningún otro…

En una propiedad rural de Yorkshire llamada Wuthering Heights, el señor Earnshaw (Martin Clunes), propietario de la misma y padre de la niña antes mencionada, regresa de Liverpool trayendo un huérfano que recogió de la calle siendo golpeado. El gesto será muy humanitario, pero a la vez toma al niño por criado y lo cede prácticamente como mascota a Cathy, quien le da como nombre Heatchliff y quiere “civilizarlo” enseñándole a leer y escribir, pero no hay caso.  La atracción entre ambos es no obstante mutua al punto de hacerse cargo él de los castigos que debería recibir ella.

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Al crecer ambos (interpretados respectivamente por Margot Robbie y Jacob Elordi), la relación se va haciendo cada vez más fuerte sin terminar de definirse nunca entre amigos o hermanos, pero los Earnshaw se hallan en problemas económicos porque el alcohol y el juego pierden al dueño de casa. La oportunidad de escapar a tan afligente situación la ven en sus nuevos vecinos, los Lipton, de los cuales Cathy tiene la esperanza de que el rico soltero Edgar (Shazad Latif) venga en su búsqueda, pero no lo hace y es a la larga ella quien debe ir por él irrumpiendo en su mansión con un tobillo lastimado.

Celoso y disgustado, Heatchcliff se marcha, desapareciendo por años. Cuando después de largo tiempo regresa, está convertido en todo un señor acomodado y ella casada con Edgar, por lo que, a modo de venganza, empieza a coquetear con Isabella (Alison Oliver), hermana del anterior, e inicia incluso una relación con ella. Y no quiero contar más, pero digamos que hay encuentros, desencuentros, pasión, engaño, traición, embarazo y una criada chismosa, además de un final trágico.

Versión Lavada

Lo primero que me llamó la atención de esta nueva adaptación es que el título venga en los carteles entre comillas. Podría pensárselo como una forma de resaltar la magnitud icónica de la obra que se está adaptando, pero quizás también (y me inclino más por ello) como un modo de decirnos que se lo hace de manera sumamente libre. No podía esperarse otra cosa, por cierto, viniendo de una directora que se caracteriza por imprimir a sus realizaciones un sello tan personal como provocador.

Para empezar, la película no adapta toda la novela, sino que no pasa de la primera generación.  Hay además personajes que faltan y que en la novela distan de ser secundarios: el hermano de Cathy sin ir más lejos y, desde ya, también su esposa.  Ni siquiera hay rastro suyo durante la infancia de los personajes principales que, dicho sea de paso, es lo mejor del filme  gracias a la gran química que demustran los actores infantiles Charlotte Mellington y Owen Cooper.

Pero hay más diferencias con la novela y algunas sorprenden viniendo de Fennell, pues el guion (escrito por ella misma) deja de lado cuestiones cruciales como el racismo y la marginación. No hay nada aquí, por ejemplo, que haga ver a Heathcliff como distinto, mientras que en el libro suele ser descrito por los demás como “oscuro” o que “parece gitano”. Con ello, la historia queda desprovista de esa ambigüedad que, al no dar precisiones étnicas, ayudaba a visualizar el racismo como un mal general sin perjuicio de cómo el lector pudiese imaginar a Heathcliff.

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Caemos en lo de siempre: el intento por evitar el racismo en el cine cae en la paradoja de que, a veces, como es este el caso, limita el potencial de una novela que, en buena medida, ayudaba a denunciarlo o a tomar conciencia sobre el mismo. Por el contrario, pareciera haberse procurado dar corrección a la historia volviendo más diverso al elenco secundario, particularmente a las criadas, pero como ninguna de ellas sufre en la película discriminación, termina por ser un recurso vacío y solo a fines de cumplir una agenda.

Y el lavado de cara no se agota allí: también la violencia de la historia (uno de los elementos que más polémica levantara al momento de la publicación) es mucho menor que en el libro aun cuando la película está realizada casi ciento ochenta años después y se supone que unos cuantos tabúes se han ya desacralizado. El final es igual de trágico, pero de un modo diferente y menos incómodo…

Era perfectamente esperable de parte de Fennell una versión distinta, pero no que se ciñera a la corrección quitando a la novela todo aquello que Borges definía como “infernal”. La crueldad social, sin ir más lejos… El erotismo, incluso, que parece anunciar desde el comienzo una mayor preponderancia que en el material original, se queda a mitad de camino entre insulsas escenas de sexo y un sadomasoquismo que no termina siquiera de verse como tal.

Es verdad que todo ello podría dejarse de lado si al frente de la historia tuviéramos una pareja de química convincente y un guion atractivo. Pero ni siquiera: los diálogos son mucho menos interesantes que los de la novela y si bien Margot Robbie aporta su habitual oficio para componer un personaje sólido y creíble, no ocurre lo mismo con Jacob Elordi, un buen actor desperdiciado, en buena medida por lo vacío e insulso que se ha dejado a su personaje: nunca termina de encajar ni, menos que menos, generar química. Su versión infantil lo hace mucho mejor…

Aciertos que no alcanzan

¿No hay nada pues para rescatar de la película? Sí lo hay y no es solo la actuación de Robbie o las de los niños que interpretan a los personajes en su infancia. Si hablamos de actores, son para destacar también Shazad Latif y Alison Oliver. Y la estética es verdaderamente asombrosa, con una increíble fotografía a cargo de Linus Sandgren y una paleta de colores que deja sin aliento, más allá de que algunas escenas que involucran a Robbie parecieran presentarla más como una princesa Disney que una muchacha victoriana.

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El diseño de producción y el vestuario son igualmente magníficos, aun cuando algunas ropas parecieran más del siglo XIX que del último cuarto del siglo XVIII en que se supone que la historia transcurre. Y la música de Anthony Willis aporta lo suyo con impresionantes secciones de cuerdas, a veces nostálgicas, a veces trágicas y otras suspendidas en notas estiradas como si algo terrible estuviese a punto de suceder. Lo que no me convence es la irrupción de canciones más contemporáneas (Peaky Blinders sigue creando escuela), particularmente de Charli XCX, que no pegan con el clima ni el contexto de época.

Incluso el final es emocionante (quizás porque vuelven a aparecer los factores infantiles), pero ya para ese entonces es algo tarde. Cumbres Borrascosas acaba siendo una adaptación con menos ambición de la que podría haber tenido a la luz de previos trabajos de la directora. Siempre es loable querer contar algo distinto, pero el problema es que aquí se lo hace de tal modo que se priva a la novela de lo que la hacía justamente diferente y, por el contrario, se la termina acercando impensadamente a una historia de amor más convencional de estilo Outlander.

Si sirve para que alguien revise la novela original, bienvenido sea. Y no estaría mal tampoco echar ojo a alguna de las previas adaptaciones, por qué no en esta misma sección. Hasta la próxima y sean felices…

Reseña de Sam y Twitch: Orígenes 1. Cuando Bendis llevó el noir al infierno de Spawn

Hay cómics que nacen como spin-offs casi de compromiso… y otros, como Sam y Twitch, que acaban demostrando que los personajes “secundarios” eran en realidad, unos protagonistas esperando su momento. Por eso es tan buena noticia que Planeta recupere la serie que se dedicó a los dos detectives entre 1999 y 2001. Lo hace a través de dos tomos de lujo con el sobrenombre de Sam y Twitch: Orígenes de los cuales ya hemos podido leer el primero, que contiene los 13 primeros números de la serie original y del que vamos a contar nuestras impresiones.

El resumen de la editorial es el siguiente: Desde las oscuras calles y los rincones más sórdidos de la ciudad de Nueva York llegan dos de los detectives más avezados de la policía de Nueva York: Sam y Twitch. Salidos directamente de las páginas de Spawn, el cómic superventas de Todd McFarlane, estos inusitados héroes tienen cierta tendencia a estar en el lugar adecuado en el momento erróneo. En primer lugar, únete a nuestros protagonistas cuando les piden que investiguen una serie de misteriosos asesinatos entre mafiosos, con un componente bio-sobrenatural, en el aclamado arco argumental Udaku. A continuación, sigue a los funcionarios públicos de Nueva York mientras resuelven los crímenes de unos asesinatos en Central Park relacionados con Brujería.

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El libro que nos ocupa recoge el nacimiento de una de las mejores series policiacas del cómic americano moderno, camuflada dentro del universo de Spawn. Y lo hace con una naturalidad pasmosa, como cuando descubres que el café de máquina del curro es, sorprendentemente, bueno.

Sam Burke y Twitch Williams aparecen desde el primer número de Spawn como dos detectives de homicidios de Nueva York: uno enorme, tosco y malhablado; el otro flaco, nervioso y con una puntería casi sobrenatural. En un mundo de demonios, capas vivas y guerras celestiales, ellos son pura humanidad. Aquí el interés no está en lo sobrenatural, sino en el crimen, la rutina policial y la miseria cotidiana.

El gran responsable de que esto funcione es Brian Michael Bendis, todavía lejos de su etapa mainstream en Marvel y DC. Aquí se nota al Bendis más indie, heredero directo de Goldfish, Jinx o Torso: diálogos largos, aparentemente caóticos, llenos de silencios incómodos y conversaciones que parecen no ir a ningún sitio… hasta que lo entiendes todo. Es un noir muy verbal, muy de bar a las tres de la mañana, que exige al lector algo de paciencia, pero recompensa con personajes creíbles y casos que se cuecen a fuego lento. Porque ese es otro de las grandes bazas de Bendis, el convertir a dos sosias de Laurel y Hardy en dos personajes de carne y hueso, llenos de humanidad y tan interesantes como atractivos.

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Sam y Twitch tiene las virtudes que han marcado siempre la carrera de Bendis. El cuidado por dotar de profundidad a sus personajes, la presentación de ideas originales e interesantes y sobre todo, el uso de los diálogos como elemento principal para hacer avanzar la trama.

Pero también están presentes los elementos negativos que muchos lectores le echan en cara. Los personajes a veces actúan fuera de su personalidad previamente establecida, sin olvidar la tendencia a alargar las historias demasiado (el famoso decompressive storytelling) y a no cerrarlas de manera coherente. O las míticas escenas de las “cabezas parlantes” que pueblan todas sus obras, en las que los personajes hablan y hablan sin que pase nada embarrando el ritmo narrativo.

Apartado gráfico: crudeza, feísmo y atmósfera

En el dibujo, Angel Medina lleva el peso principal, acompañado puntualmente por Alberto Ponticelli y otros artistas. Medina no busca belleza: busca incomodidad. Caras deformadas, cuerpos desproporcionados y una ciudad que parece siempre húmeda y sucia. En esa búsqueda de la personalidad propia del dibujo hay muchas ocasiones en las que es complicado seguir la acción ya que las composiciones de páginas son muy confusas. Es un estilo que puede chocar al principio, pero acaba encajando como un guante con el tono del guion. Nueva York aquí no es postal; es un personaje más, y uno bastante desagradable.

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Mención aparte merecen las portadas originales de Ashley Wood, auténticos ejercicios de atmósfera y sugerencia. No narran, evocan. Son como carteles de cine independiente colgados en una pared desconchada: no te explican la película, pero te obligan a querer verla.

La edición española: luces y alguna sombra

En España, Planeta Cómic publica Sam y Twitch: Orígenes nº 01/02 en tapa dura (cartoné), con 328 páginas a color, formato 16,8 x 25,7 cm y un precio de 40 euros. El tomo incluye material extra como las portadas originales (así podemos disfrutar del arte de Ashley Wood) y un interesante contenido entre bastidores, lo cual siempre se agradece en una obra de este calibre.

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La edición es sólida y elegante, aunque es cierto que el precio puede echar para atrás a algunos lectores, sobre todo teniendo en cuenta que recoge material de finales de los 90 ya reeditado varias veces fuera. Aun así, como tomo definitivo en castellano, cumple con nota y luce muy bien en estantería.

Conclusión y valoración final

Sam y Twitch: Orígenes es uno de esos cómics que necesitan imperiosamente una conexión total con el lector. Hay que dejar pasar los elementos negativos que siempre acompañan a los guiones de Bendis y aceptar el arte complejo y “feista” como complemento ideal para una historia de este tipo. Si logramos hacer esas dos cosas, la recompensa será una absorbente historia noir con tintes sobrenaturales en la que asistiremos al crecimiento de dos personajes con un indudable carisma. Sin olvidar lo que supone para la historia del noveno arte ya que en está colección fue donde Bendis demostró lo que podía dar de sí y supuso su confirmación como estrella emergente antes de dar el salto a Marvel y DC. En resumen, estamos ante un clásico moderno del cómic policiaco que por fin tiene en España la edición que merecía.

¿Aparecerá Lobo en Man of Tomorrow? Al parecer, han visto a Jason Momoa en el plató

Aunque no hemos visto ninguna foto que lo confirme, están llegando informes de que Jason Momoa, personaje protagonista de Supergirl tras Milly Alcock, ha sido visto en el plató de Atlanta de Man of Tomorrow. ¿Lobo en Man of Tomorrow?

La película de Superman de James Gunn acabó contando con muchos más personajes de los que esperábamos cuando se anunció el proyecto por primera vez, y parece que Man of Tomorrow va a seguir el mismo camino.

Además de David Corenswet como el Hombre de Acero y Nicholas Hoult como Lex Luthor, se ha confirmado que la próxima película de la «Saga de Superman» de Gunn contará con el regreso de Rachel Brosnahan (Lois Lane), Skyler Gisondo (Jimmy Olsen), Sara Sampaio (Eve Teschmacher), Isabela Merced (Hawkgirl) y Maria Gabriella de Faria (The Engineer).

Lobo en Man of Tomorrow

Entre las nuevas incorporaciones al reparto se encuentran Aaron Pierre, que volverá a interpretar su papel de John Stewart de Lanterns, Lars Eidinger como el villano Brainiac, y Adria Arjona, que también aparecerá como Maxima (aunque hay mucha especulación sobre si en realidad ha sido elegida para interpretar a Wonder Woman).

Más recientemente, se ha anunciado la participación de Matthew Lillard (2.ª temporada de «Daredevil: Born Again») y Sinqua Walls («Friday Night Lights») en papeles aún por revelar, y hemos sabido que la Supergirl de Milly Alcock también aparecerá.

Man of tomorrow, la secuela de Superman ya está en marcha con Milly Alcock, Supergirl como personaje invitado

Ahora, nos llegan informes de que Jason Momoa (Lobo) ha sido visto en el plató de Atlanta.

Hasta ahora no han aparecido fotos del rodaje en Internet, por lo que no tenemos forma de verificar si esto es cierto. Pero si acaban uniendo fuerzas en Supergirl con Superman, no nos sorprendería en absoluto que el Último Czarniano también se sumara a la aventura.

Momoa interpretó anteriormente a Aquaman en el SnyderVerse, pero no dudó en aprovechar la oportunidad de ponerse el traje de Lobo cuando se presentó.

«Simplemente creo que soy la persona adecuada para interpretar el papel»

«Si van a encasillarme en algo, que sea en Lobo. Motos, fumar puros, ir de fiesta, rastas».

La trama de la secuela de Superman de Gunn se centrará en cómo Superman y Lex Luthor dejan a un lado sus diferencias y unen fuerzas para defender el planeta contra Brainiac.

Gunn ha dicho lo siguiente en una entrevista reciente:

«En esencia, trata sobre Clark y Lex»

«Me identifico con ambos. Me identifico con la ambición y la obsesión de Lex —sin el asesinato—. Y me identifico con la fe de Superman en la gente, sus valores del Medio Oeste. Son dos caras de mí mismo».

Un saludo y sed felices.