Tras el tremendo revuelo que armamos en la web con el análisis general del nuevo sello de terror de La Casa de las Ideas, tocaba arremangarse y desgranar número a número, con todo el detalle que se merece, lo que nos está ofreciendo esta vertiente alternativa tan particular. Y qué mejor forma de ponernos manos a la obra que arrancando este repaso individualizado con la cabecera que inauguraba oficialmente el menú de la Primera Familia, Midnight Fantastic Four 1, una obra firmada en los libretos por Benjamin Percy y que cuenta con los lápices de Kev Walker. Un primer contacto que, si tuviera que resumirlo en una sola idea rápida, os diría que se toma las cosas con una calma bastante inusual para los tiempos vertiginosos que corren en el cómic norteamericano.
Mis primeras impresiones del sello Midnight de Marvel: Fantastic Four, X-Men y Spider-man
Un apartado visual detallista que bebe directamente del trazo caricaturesco
Lo primero que a uno le entra por los ojos nada más hojear las primeras páginas del tebeo es, indiscutiblemente, el apartado artístico desplegado por Kev Walker. A cualquier lector con unos cuantos kilómetros de estantería a sus espaldas le va a venir a la cabeza de forma casi inmediata ese trazo dinámico, anguloso y ligeramente deformado que tanto le hemos visto ejecutar a Chris Bachalo en algunas de sus etapas más memorables dentro de la industria.
Se trata de un estilo de dibujo innegablemente limpio en las formas, brutalmente detallista a la hora de retratar los intrincados instrumentos de laboratorio y los paneles de control de la tecnología punta, pero que a la vez dota a las expresiones faciales y a las anatomías de los personajes de un aire marcadamente caricaturesco.
¿Funciona esta elección estética para una línea editorial que te están vendiendo a bombo y platillo como un sello centrado en el terror cósmico y el body horror? Bueno, la respuesta tiene su miga y conviene matizarla. El trabajo gráfico de Walker es notable en lo técnico y entra con muchísima soltura por los ojos, pero al apostar de forma tan clara por esa narrativa visual de brocha más expresiva y menos opresiva, el lector no llega a experimentar en ningún momento esa sensación genuina de miedo real, de claustrofobia o de incomodidad visceral que uno esperaría encontrar al abrir las páginas de un producto publicado bajo la marca Midnight. Es un enfoque artístico curioso y muy vistoso en lo estético, pero que indudablemente le rebaja varios decibelios a la tensión tétrica y oscura que pedía a gritos el concepto original de la serie.

Reed Richards, Victor von Doom y la sombra atómica de la Zona Negativa
Si nos adentramos en el terreno estrictamente narrativo, el guion concebido por Benjamin Percy opta deliberadamente por no apretar el acelerador en ningún momento de la entrega. Este primer número se plantea, de principio a fin, como un meticuloso ejercicio de contextualización, presentación de dinámicas y colocación de fichas sobre el tapete.
La trama centra casi el cien por cien de su metraje en la figura de un obsesivo Reed Richards sumergido hasta el cuello en sus investigaciones científicas sin medir las consecuencias. Lo verdaderamente jugoso de este arranque es ver cómo el guion no coloca al mismísimo Victor von Doom como el archienemigo acorazado que todos conocemos, sino en el rol de su asistente personal y mano derecha en el laboratorio durante los compases previos al inevitable desastre que cambiará sus vidas para siempre.
El detonante que comienza todo este entramado cósmico se remonta de forma muy inteligente a los experimentos de la célebre prueba Trinity en el desierto de Jornada del Muerto (Los Álamos, Nuevo México) durante el desarrollo del Proyecto Manhattan que lideró J. Robert Oppenheimer en los años cuarenta (espero haber escrito todo correctamente y no haberme equivocado con los datos). Aquella primera detonación atómica de la historia de la humanidad no solo cambió el destino geopolítico de nuestro planeta, sino que en este universo alternativo abrió una brecha invisible e irreparable en el propio tejido de la realidad.
Esa grieta terminó conectando las profundidades de nuestra dimensión con un abismo de auténtica pesadilla situado en la Zona Negativa, desatando sobre el cosmos el acecho silencioso de unas criaturas espaciales de evidente corte lovecraftiano.
Por cierto, que me lo dejaba en el tintero. El trágico accidente que tiene lugar antes en las instalaciones del laboratorio de Reed sirve para sellar definitivamente el aciago destino de Victor, dejándonos sobre la mesa ese primer atisbo turbio y amenazante de lo que terminará desencadenándose en el futuro a medio plazo de este universo.

El resto de la familia con cameos casi testimoniales y una partida por arrancar
Llegados a este punto, la pregunta que muchos os estaréis haciendo es meridianamente clara, ¿qué papel juegan los demás miembros del emblemático cuarteto en este inicio de andadura? Pues, lamentablemente, para aquellos lectores que esperasen ver acción desatada, superpoderes o batallas monumentales desde las primeras viñetas, la experiencia puede resultar un tanto descorazonadora.
Sue Storm, Johnny Storm y Ben Grimm hacen acto de presencia en las páginas de este número inaugural de manera casi testimonial. Aparecen lo justo y necesario para que el lector constate que están metidos en el meollo de la investigación y que forman parte del círculo cercano del proyecto, pero la grapa no se adentra en ningún momento en su psicología, en sus motivaciones personales ni en cómo les está afectando internamente toda esta alteración de la realidad.
En resumidas cuentas, este primer volumen de Midnight Fantastic Four es un tebeo que ni siquiera ha empezado a jugar la partida sobre el tablero de juego, sino que se ha limitado estrictamente a sacar las piezas de madera de la caja, desempolvarlas, alinearlas sobre las casillas de salida y enseñarte las reglas básicas antes de lanzar el primer dado. Estamos ante una introducción correcta, elegante en sus formas y narrativa sólida, pero innegablemente contenida en sus pretensiones, que termina delegando la responsabilidad de arrancar de verdad la artillería pesada para los siguientes números de la colección.
¿Habéis tenido ya la oportunidad de hincarle el diente a esta nueva aproximación de la Primera Familia dentro del sello Midnight? ¿Os convence este tipo de dibujo tan cercano al estilo de Bachalo?
Un saludo y sed felices.

































