La tercera temporada de Fundación continúa acercándose más decididamente a la saga literaria de Isaac Asimov en que se basa. Analizamos el segundo episodio de la misma, cuyo título es Sombras en los Cálculos. Creada por David S. Goyer, la serie puede ser vista en Apple TV+.
Hola otra vez, psicohistoriadores. Aquí estamos una vez más para analizar otro episodio de esta gran serie que es Fundación y que en su tercera temporada nos sigue acercando a los libros de la saga que tanto amamos. Un segundo episodio en el cual despedimos a un personaje querido y entrañable y en el que la dinastía de los Cleon se desangra por dentro mientras el Mulo hace de las suyas y Han Pritcher va tras sus pasos…
Hay por lo tanto mucho que contar, así que mejor pasemos ya mismo a hacerlo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Despertares
Comenzamos en Ignis, con Hari y Gaal despertando del sueño criogénico. En realidad, son varios los despertadores a través de flashbacks que van y vienen en el tiempo, enterándonos así que ambos interrumpían cada tanto y brevemente su sueño para dar instrucciones a los mentálicos: él acerca de la psicohistoria y ella sobre cómo enfrentar al Mulo cuando este llegase. Ello, además de ayudar a fortalecer tanto a la Primera como a la Segunda Fundación y reclutar para esta última nuevos mentálicos a través de la galaxia.
Pero parece que ni aun así el tiempo alcanza. En la inminencia de la Tercera Crisis y faltando ya medio siglo para la llegada del Mulo, Seldon considera necesario que uno de ambos permanezca despierto de modo permanente para que la Segunda Fundación llegue debidamente preparada a dicho punto de quiebre. Obviamente, y a pesar de las quejas y súplicas de Gaal, ya ha decidido de manera inconsulta ser él quien lo haga…
Despertando pues ella ciento cuarenta y ocho años después de su primer sueño, descubre que la comunidad tiene un nuevo líder con un nombre conocido para los lectores de la saga: Preem Palver (Troy Kotsur). Seldon está en los bosques, visiblemente avejentado y habiendo hecho esculturas conmemorativas que recuerdan a Salvor, Yanna y Raych. Reflexionando acerca de la marcha de la psicohistoria, llega a la conclusión de que el futuro sigue articulándose en torno a Gaal y, por lo tanto, le hace entrega de un Radiante para que tenga acceso a toda la información referente a las Ocho Crisis.

Ella vuelve a su sueño criogénico sin que él le diga que su hora está cercana, de lo cual nos enteramos instantes después al presentarse la personificación del Radiante Supremo y pedirle Hari que le lleve a Oona, el mundo en el cual justamente había conseguido su corporización física. Ambos se van pues a través de un portal, en emotiva despedida que parece más de Tolkien que de Asimov y, de ese modo, Hari Seldon, al menos en su forma humana y mortal, nos deja para siempre…
En su siguiente despertar, Gaal lamenta la partida de quien fuera su mentor y maestro, razón por la cual quiere inmortalizarlo con una estatua propia en los bosques, pero resulta que él ya lo ha hecho. Modesto Hari…
A la Cuenta de Tres…
En Kalgan, el Mulo ha tomado posesión del palacio y tiene formando filas a quienes fueran hombres y mujeres de Bellarion mientras les arenga sobre lo fácil que es para él dominar mentes y voluntades, al punto incluso de remover y trastocar afectos.

Confirmando sus palabras, allí está Skirlet (Isla Gie), la pequeña hija del fallecido general a la cual el mutante había secuestrado y que diera lugar a aquel simulacro de intercambio con tan trágicas consecuencias para este último.
Ella, de hecho, dice amarle más que a nada en el mundo y, cuando instantes después es puesta en sus manos un arma, el Mulo logra dominar la voluntad de la niña de tal modo que se la lleva a la sien y está a punto de jalar el gatillo (o lo que sea) para seguir idéntico destino que su padre. El Mulo hace cuenta regresiva pero al llegar a tres, resulta que el arma está descargada, con lo cual todo ha sido un sádico número de demostración de poder por su parte, aunque al mismo tiempo agradecemos que nos hayan evitado una escena que definitivamente no queríamos ver…
Tórtolos
La historia nos lleva luego a la Liga de Comerciantes, donde nos encontramos con otros dos personajes conocidos para los lectores (aunque, como preveíamos en nuestro análisis anterior, con el apellido cambiado). Se trata del matrimonio integrado por Toran (Cody Fern)y Bayta Mallow (Synnøve Karlsen), siendo el primero de ambos descendiente del ya mítico Hober Mallow, fundador de la Liga y sobrino de Randu, de quien definitivamente debemos pensar que murió tras el enfrentamiento en Haven.
A Toran, sin embargo, poco le importa el legado de su padre aunque ello no le impide disfrutar de los beneficios de su posición y de una vida económicamente solucionada, lo cual queda perfectamente graficado al ver a los jóvenes y flamantes esposos retozar bajo el sol de su mundo hasta que el mismo es oscurecido por la nave del Mulo.
Se les ve aun así muy frívolos y despreocupados hasta que de pronto se les presenta Han Pritcher que, recordemos, viene de comprobar en Haven los contactos entre los mercaderes y el Imperio pero, por sobre todo, está interesado en saber del Mulo. La razón de su presencia allí es, precisamente, usarles como espías, pues al parecer la pareja ha sido invitada a un agasajo formal de parte del Mulo y a ello se debe la visita de su nave…

Muñecos de Trapo
En Trántor, los Cleon aún no se recuperan del duro impacto que les ha provocado la noticia que les diera Demerzel al final del episodio anterior: que en solo cuatro meses se termina todo. Dawn quiere creer que puede haber alguna solución, pero el robot replica que la psicohistoria nada puede hacer y menos cuando los cálculos vienen incluyendo desde hace ya tiempo “sombras” no individualizadas.
El menos preocupado parece Day, a quien saber cercano el final le entrega aún más a los placeres mundanos como si lo único que quedara por delante fuera disfrutar hasta donde se pueda. El más afectado, en cambio, es claramente Dusk, a quien ya venían afligiéndole de antes los conflictos existenciales con respecto a su inminente final.
En un intento desesperado, va a ver a Demerzel para decirle que puede ayudarla en lo que se viene si logra evitar su ejecución. Para su decepción, ella le responde que no está dentro de sus funciones decidir los plazos de expiración de los miembros de la dinastía, sino que lo suyo es ser más bien “un reloj” y el momento para cada uno está ya fijado y establecido con precisión.

Dusk va entonces a ver a Day para buscar convencerle de formar un pacto o alianza, pero este se da cuenta rápidamente de sus intenciones como de que ha ido a ver previamente a Demerzel sin resultados. De modo semejante a Demerzel pero por diferente camino, su postura es también que nada puede hacerse y sus destinos están ya escritos: “Somos muñecos de trapo disfrazados de reyes” dice para, acto seguido, practicarse un corte en el antebrazo que rápidamente comienza a ser cicatrizado por nanobots.
Decepcionado pues por partida doble, Dusk saca un último as y nos enteramos que ha estado ocultando durante todo este tiempo un arma letal conocida como Novacula, básicamente una “bomba de agujero negro”, cuyas virtudes son expuestas por uno de los ingenieros y que es capaz de hacer desaparecer un planeta completo, tal como instantes después demuestra con uno al azar que no sabemos adónde ha ido a parar, pero claramente no existe más…
Ya sobre el final del capítulo vemos a Dawn establecer contacto con quien cree que es el Mulo y manifestar alegrarse de conocerlo, pero a quien vemos en realidad en la imagen y oímos hablar con él es a Gaal Dornick…
Balance del Episodio
Sin el ritmo ni la espectacularidad visual del anterior, ha sido un buen capítulo, lo cual no quita que un par de detalles me hayan hecho chirriar un poco los dientes. Hemos visto cuatro subtramas en cuatro diferentes escenarios galácticos y, tal como en el primer episodio de la temporada, asistido a la entrada a la serie de más personajes que están en los libros, especialmente de Fundación e Imperio.
El arco de Ignis nos trajo de vuelta a Gaal y Hari, hasta el momento casi ausentes de la temporada a excepción de algún primer plano o relato en off en el caso de ella y del holograma de la Bóveda en el del segundo. El manejo del tiempo fue interesante, sobre todo porque permitió llenar poco a poco y de modo no lineal las lagunas que había dejado el período en que tanto la muchacha como el historiador dormían.
Lo triste ha sido, desde luego, tener que despedir a Seldon en su forma física, pues aunque ya sabemos que en los libros está para esta altura muerto hace rato, había en la serie formado una dupla de buena química con Gaal. Dudo, no obstante, que haya sido por extensión una despedida del actor Jared Harris, pues sigue existiendo su versión de la Bóveda y es de creer que, al menos como tal, le seguiremos viendo. Extrañaremos, eso sí, el costado más humano y emocional de su forma mortal, pero bueno: los mortales, por definición, mueren, aunque nos duela aceptarlo…
Lo que no me ha terminado de convencer es la forma en que se ha dado la despedida, más cercana a Bilbo o Frodo partiendo hacia Valinor que a la racionalidad extrema de Asimov, para quien, a diferencia de Tolkien (ferviente católico) no había nada más allá de la muerte (lo cual no le impidió expresar varias veces su admiración por el célebre autor fantástico). Aun así, la escena nos deja sentimientos encontrados porque estuvo cargada de emotividad y nos costó despedir a Hari…
Por último, un dato no menor con respecto al arco de Ignis es la presentación de Preem Palver. En los libros, es en efecto y como aquí pareciera, Primer Orador de la Segunda Fundación, pero no sufre de ninguna discapacidad auditiva mientras que aquí sí y se expresa con señas. La razón del cambio, entiendo, es que su papel está a cargo de Troy Kotsur, quien también la sufre y, por cierto, es un lujo su incorporación al elenco siendo un ganador de Oscar (mejor actor de reparto en 2002 por Coda).
El arco del Mulo ha sido tremendo y está claro que Pilou Asbæk consigue un compromiso muy fuerte con el personaje que, de modo aún más decidido que en el episodio anterior, provoca el mismo miedo que en su momento diera al encarnarlo Mikael Persbrandt, más allá de que sus apariciones fueran breves y mayormente en forma de visiones o flashforwards. Y la escena en que hizo a la niña llevarse el arma a la sien nos hizo erizar la piel y, por un momento, cerrar los ojos en espera de lo peor. Por suerte era todo parte de una actuación para mostrar poder…
Tal como anunciáramos en el análisis del episodio anterior, hemos visto la llegada a la serie de Toran y Bayta, en efecto con el apellido cambiado, pues en Fundación e Imperio el mismo es Darell y aquí Mallow, tal como ocurriera antes con Randu. Insisto en que la razón de ello debe ser no hacer tan complicada para el espectador la identificación de personajes y parentescos, más allá de lo cual y, según hemos visto, tanto en el libro como en la serie Toran sigue siendo descendiente de Hober.
Lo que no me cerró demasiado es verles tan frívolos. No sé si me engañará la memoria, pero no les recuerdo así ni siquiera al momento de ser presentados en Fundación e Imperio. Eran un par de tórtolos enamorados, sí, pero aquí bordean lo estúpido o al menos esa es la primera impresión.
Espero que sea solo eso y la cosa cambie en los próximos episodios, pues se hace difícil imaginarles con el rol central que tendrán luego en la cacería del Mulo y, menos que menos, a Bayta como un prodigio en matemáticas, lo cual en la novela original en efecto es. De quien seguimos sin noticias es de Magnífico Giganticus, pero si se viene una fiesta de recepción, se me ocurre que podría ser ese el contexto perfecto para que hiciese su presentación. Lo estamos esperando…
En cuanto al arco de los Cleon, ha sido interesante ver a los representantes de la dinastía genética encarnar tres distintas posturas ante la inminente crisis y todas terriblemente humanas. En el caso de Dawn, buscar desesperadamente la forma de salvar al Imperio y al mismo tiempo mantenerse en el poder que está a punto de asumir. En el de Day, regocijarse en la resignación y disfrutar lo que queda de vida ya que la misma no tiene sentido. En el de Dusk, escapar a su destino individual y, si es necesario, provocar una masacre o genocidio para lograrlo.
No difiere demasiado de lo que serían las opciones más claramente identificables si hoy supiéramos, por ejemplo, que un inmenso asteroide está a punto de acabar con nosotros: salvar al planeta, salvarse a uno mismo o entregarse a disfrutar antes del final. Y la introducción de la “bomba de agujero negro” ha sido en ese sentido de escalofriante actualidad porque permite hacer analogía con el mundo de hoy, en el cual la irracionalidad, la paranoia y el fundamentalismo han reemplazado al miedo por lo menos racional que entre sí se tenían Estados Unidos y la Unión Soviética en los años de la guerra fría.
En definitiva, y aunque se haya quedado algo por debajo del anterior, ha sido en el balance un buen capítulo, quizás más importante por lo que anuncia que por lo que ha traído y que, con alguna despedida triste de por medio, sigue haciendo a esta temporada encontrarse más claramente con los libros.
A ver qué pasa con el próximo. Hasta entonces y sean felices…