Buenos días mis queridos lectores, y bienvenidos a esta nueva entrada donde pondremos sobre la mesa una pregunta de vital importancia que, de hecho, está a la orden del día. Además de preguntarnos sobre si un autor es equivalente a su obra, debate del año de la polca que se abrió una vez más con toda la controversia del #MeToo, otra pregunta da un paso al frente; ¿El arte tiene una responsabilidad moral?
Esta es una pregunta a la que se puede contemplar desde tantos ángulos como respuestas se pueden dar, y por supuesto depende de a quién se la hagas, artistas incluidos. En mi caso la respuesta es rápida y contundente: no. El arte, además de ser algo universal y primario, de una naturaleza que no conocemos y mucho menos entendemos bien es fruto de un abanico inmenso e inabarcable de emociones y sentimientos que no podemos controlar y que son el combustible último del proceso creativo. Encarcelar alguna de emociones o ideas, inspiradas en el fondo por las mismas emoción, sería contraproducente y de hecho convertiría a las obras más en libros de texto deshonestos, mecánicos y antinaturales que en lo que realmente son, un medio de expresión.

Toda esta cuestión nació de la conversación que tuve con un amigo, que nunca antes había visto Amelie, y que tras hacerlo, me comentó que la película no le había parecido tan buena porque la relación entre sus protagonistas era tóxica y enfermiza. Esa situación, lejos de haber sido denunciada, había sido, de hecho, romantizada. Y eso era inaceptable. Cuando le dije las palabras «¿y qué?», me sorprendió ver cómo se quedó paralizado por la sorpresa, con un debo que decir gracioso rictus de extrañeza. Me respondió que una película que no denunciase o hiciese críticas contra ideas o actos moralmente incorrectos no podía ser buena. Yo me quedé a cuadros, probablemente también con una expresión graciosa. Entonces, ¿las obras de artistas polémicos, provocadores u odiados quedaban inmediatamente fuera de escena si no estaban en consonancia ideológica con su consumidor?¿de otras culturas? Inmediatamente me vino a la cabeza Houellebecq, evidentemente misógino y un provocador, con mayor o menor éxito, nato. O en Lans Von Trier. Precisamente parte de su gracia como artistas son, te gustasen o no, sus furiosos, odiosos y reaccionarios arrebatos además de sus desproporcionados aires de grandeza. Yo misma era la primera a la que muchos artistas de este tipo le irritaban, pero no negaba haber entrado a su juego.

Le pregunté entonces que qué obra del pasado se salvaba, porque si Amelie era tachada de esa forma, dudaba que la mayoría de películas de 2010 para atrás pudiesen pasar limpias ese exigente filtro. En este caso me respondió que una película es inseparable de su tiempo y su contexto, que cada una debía ser juzgada desde los estándares de su propia época. Me hizo gracia que usase las palabra estándares, porque es muy revelador, aunque sea de forma inconsciente. ¿La moralidad obedece a estándares? me pareció muy conveniente, aunque he de decir que esa respuesta me dejó más tranquila. En cualquier caso, mi amigo me explicó que la razón por la que el arte tenía una responsabilidad moral que cumplir era que al ser el mismo un espejo en el que reflejarnos, no señalar las posturas incorrectas era peligroso. Le pregunté que qué significaba las posturas incorrectas, porque no estaba segura de que eso existiese ¿cómo podías delimitarlas si él mismo admitía que tenían un contexto histórico y social? ¿cambiaban? ¿quién dibujaba la línea?¿porqué dependiendo de cuándo naces se te era vetado poder expresar o representar ciertas emociones? ¿Quién tenía derecho a decirle al director o guionista de Amelie que su idea del amor era incorrecta y que por favor la reprimiese, escondiese y ocultase? Estaba politizando algo que no debía ser politizado. No supo contestarme.

No olvidemos que el arte es algo intrínsecamente virtual. Es la herramienta que nos permite volar más lejos, llegar a lugares a los que es imposible llegar de otra forma, ponernos en situaciones ajenas de la forma más cercana. Es fruto de un ejercicio imaginativo. No es real, ni tangible y por lo tanto no puede hacer daño de forma directa a no ser que uno se implique directamente, cosa que en ningún caso se puede evitar y que de intentarlo se llegaría a una situación absurda. Algo puede ser increíblemente revelador, inspirador, real y exacto siendo terrible y brutal, porque eso también existe en nosotros. En el momento en el que suprimes todos esos impulsos, sentimientos, ideas, posturas, realidades; ya no estás hablando de arte, sino de un manual técnico que a pesar de poder estar escrito de manera excelente, no deja de ser un texto deshonesto, monótono e incapaz de evocar nada.
¿Y vosotros, qué opináis?
Sed felices






























