A principios del siglo XXI, se estrenaron películas excepcionales que, a tan solo 25 años de su lanzamiento, ya han dejado una huella imborrable en la historia del cine. Deseando amar es una de esas obras. Dirigida por el legendario Wong Kar-Wai, narra la historia de dos personas en el Hong Kong de los años sesenta que se encuentran a causa de la infidelidad de sus respectivas parejas. La cinta no solo es considerada una de las mejores películas de amor de la historia, sino también de las más exquisitamente realizadas.
Nota: Este retro-análisis de Deseando amar contiene spoilers y detalles de la trama, por lo que, si lo desea, puede ir directamente al subtitulo “Historia de amor sin amor” para no enterarse de partes fundamentales de la misma.
La trama se sitúa en el Hong Kong de los años sesenta, donde una casera busca inquilinos para los cuartos de su apartamento. La primera en llegar es la señora Chan (Maggie Cheung), quien quiere alquilar una habitación para ella y su esposo. Tras cerrar el trato con la casera, se marcha. Poco después, llega el señor Chow (Tony Leung Chiu-wai) buscando también una habitación para él y su mujer, pero al no haber más cuartos disponibles, decide alquilar una habitación en el apartamento contiguo.
Conforme pasan los días, conocemos más sobre la vida de ambos protagonistas. Cada uno lleva una rutina bastante tranquila con sus respectivos trabajos, aunque su vida matrimonial está marcada por la distancia: el señor Chan viaja constantemente por motivos laborales, mientras que la señora Chow trabaja hasta altas horas de la noche.
Esta situación lleva a la señora Chan a frecuentar un puesto de comida, donde ocasionalmente coincide con el señor Chow. En un principio, solo intercambian miradas fugaces, hasta que una noche de intensas lluvias ambos quedan atrapados en el puesto de comida. Es entonces cuando intercambian sus primeras palabras y empiezan a conocerse un poco más.
A medida que pasan más tiempo juntos, entablan una relación basada principalmente en conversaciones. Durante una cena, descubren un detalle revelador: los accesorios de sus parejas son exactamente iguales a los suyos. Este hallazgo les lleva a aceptar una dolorosa verdad: tanto el señor Chan como la señora Chow les están siendo infieles.
En sus charlas, intentan comprender cómo pudo producirse la infidelidad y de qué manera sus parejas llegaron a conocerse. Para ello, realizan pequeños juegos de rol, asumiendo el papel de sus respectivos cónyuges. Sin embargo, nunca logran llegar a una conclusión satisfactoria, ya que siempre aparece algún detalle que contradice sus hipótesis.
Con el tiempo, la esposa del señor Chow le envía una carta desde Japón, donde también se encuentra el esposo de la señora Chan. Esto deja al señor Chow devastado al sentirse prácticamente abandonado por su mujer. A raíz de esta situación, los protagonistas siguen pasando más tiempo juntos, compartiendo detalles sobre sus vidas, aspiraciones y las cosas que les generan una profunda tristeza.
A pesar del inevitable sentimiento de amor que surge entre ellos, ninguno de los dos toma la iniciativa. Ambos se sienten culpables de caer en los mismos errores que sus parejas y, por ello, optan por mantener un perfil discreto frente a los demás.
Dado esto, comienzan a pasar más tiempo fuera de casa, en lugares apartados donde siguen compartiendo momentos. Sin embargo, un día la casera del apartamento comenta a la señora Chan que pasa mucho tiempo fuera. Aunque asegura que no la juzga, este comentario deja pensativa a esta última y decide reducir sus encuentros con el señor Chow.
A pesar de ello, siguen viéndose. En una ocasión, el señor Chow confiesa que le entristece el próximo regreso del esposo de la señora Chan. Le pide practicar una despedida, ya que, después de eso, no podrán volver a verse. La escena culmina con los sollozos de ella, incapaz de contener su tristeza.
Más adelante, los protagonistas tienen una última conversación en la que el señor Chow le revela su plan de mudarse a Singapur. Expresa que siente que no le queda nada en Hong Kong y que la señora Chan nunca dejará a su esposo por él. Aun así, le propone que lo acompañe si consigue un billete adicional. Días después, la señora Chan llora en soledad, dejando claro que no ha podido seguir al señor Chow.
Pasados unos años, el señor Chow, ya en Singapur, se prepara para abandonar su apartamento. La señora Chan lo visita en su ausencia y, al observar las pertenencias de Chow, revive cada recuerdo compartido. Antes de marcharse, deja un cigarrillo encendido como única pista de que estuvo en el lugar.
Con el paso de los años, la señora Chan regresa al antiguo apartamento y descubre que la casera planea mudarse a Estados Unidos. Aprovechando la ocasión, le pide que le alquile el apartamento, y la mujer acepta encantada.
Tiempo después, el señor Chow vuelve a Hong Kong con la intención de buscar a su antiguo casero, pero descubre que también se ha marchado. Durante su breve estancia, pregunta si la casera anterior sigue viviendo en el apartamento contiguo. El nuevo inquilino le informa que ya no está y que en su lugar vive una mujer con su hijo.
Intrigado, el señor Chow se pregunta si esa mujer podría ser la señora Chan. Sin embargo, decide no comprobarlo y simplemente se marcha. Más tarde, se revela que, efectivamente, la señora Chan vive en ese apartamento junto a su hijo.
Años más tarde, en Vietnam, el señor Chow visita las ruinas de unos templos budistas. Pasea por el lugar hasta detenerse frente a un pilar con un pequeño hueco. Allí, se inclina y susurra algo inaudible para el espectador. Con un gesto solemne, sella el hueco con tierra, como si estuviera enterrando un secreto o un recuerdo que nunca será revelado.
La película termina dejando en el aire un aura de melancolía y nostalgia, un reflejo de los sentimientos no expresados y las decisiones que moldearon sus vidas.
Historia de amor sin amor
A primera vista, la historia de Deseando amar parece extremadamente sencilla; incluso podría dar la impresión de que no ocurre nada debido a las escasas interacciones entre los personajes y a la ausencia de muestras de afecto explícitas entre ellos. Precisamente, es esta sutileza lo que hace que la película sea mucho más interesante.
La cinta nos presenta una historia trágica que muestra la otra cara de una infidelidad. Ambos protagonistas se sienten pequeños ante la situación, deseando en lo más profundo de su ser comprender por qué sus parejas les fueron infieles. Sin embargo, por mucho que lo intenten de mil formas, nunca logran entenderlo del todo.
Creo que esto mismo refleja la naturaleza del amor que sienten los protagonistas. En esta historia, no hay un momento clave en el que ambos se den cuenta que están hechos el uno para el otro. Es un proceso gradual: cuanto más tiempo pasan juntos, más se conocen, más se entienden y más valoran la compañía del otro. En algún punto de la película, aunque no lo veamos de forma explícita, ambos comprenden que también se aman.
Sin embargo, aunque se amen, deciden no dar el paso de estar juntos. Para ellos, hacerlo sería caer en el mismo error que sus parejas y convertirse en las mismas malas personas que los han herido. Además, los numerosos impedimentos que enfrentan les llevan a renunciar a su relación, lo que, paradójicamente, aviva aún más el deseo que sienten el uno por el otro.
Esto queda reflejado en sus miradas, en sus risas y, sobre todo, en su tristeza. Aunque no haya besos ni caricias entre ellos, comparten sus aspiraciones, sus dudas y aquello que les atormenta. Muchas veces, este tipo de conexión puede ser incluso más íntima que un beso.
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Una historia prohibida
La película destaca por varios detalles en su dirección, especialmente en el uso de las tomas. Muchas de estas ocurren en espacios extremadamente reducidos, vistas desde ángulos que dan la impresión de que la cámara está escondida. Este recurso refuerza la intimidad entre los protagonistas y la profundidad de su amor. Al mismo tiempo, refleja la tragedia de su relación: por más que sientan ese amor, es algo que no puede ser compartido ni visto por nadie más, quedando confinado únicamente a ellos.
Estos elementos no se aplican únicamente a los protagonistas, sino también a sus parejas. A lo largo de la película, nunca vemos el rostro de los cónyuges, solo escuchamos sus voces. Esto sirve para transmitir cómo los protagonistas perciben sus relaciones: distantes, incompletas y carentes de conexión.
Deseando amar muestra a sus protagonistas como personas llenas de tristeza, sintiéndose frágiles ante la situación que enfrentan. El hecho de que las parejas no aparezcan en pantalla subraya esta desconexión emocional: aunque están físicamente presentes, los protagonistas sienten que no pueden compartir con ellos lo que realmente desearían, y que, en el fondo, el amor en esas relaciones ya no existe.

Pura estética
Wong Kar-Wai ya era un cineasta reconocido gracias a éxitos como Fallen Angels y Chungking Express, que destacaron por la estética peculiar del director, convertida en su sello distintivo. En Deseando amar, esta característica se potencia aún más, alcanzando nuevas cotas de maestría.
La película hace un uso del color extraordinario. Cuando los personajes están solos en sus respectivos trabajos, se encuentran rodeados de colores apagados, como el verde o el azul. Esto refleja la tristeza que ocultan en su interior, una tristeza originada por la infidelidad de sus parejas. Este esquema de colores contrasta con los momentos que comparten ambos protagonistas.
Cuando los personajes están juntos, los colores cambian por completo. En sus encuentros privados, predominan los tonos rojizos que evocan, como sugiere el título, el deseo y la pasión que sienten el uno por el otro. A través del color, entendemos su anhelo y cómo, aunque no lo expresen abiertamente, están profundamente enamorados.
Además, en escenas como las del taxi o cuando están en exteriores, el color rojo no es tan evidente, pero aparece el amarillo. La luz amarilla los envuelve y permanece con ellos en cada toma, transmitiendo que, aunque su amor no pueda ser compartido públicamente, ambos sienten una calidez y felicidad profunda al estar juntos.
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Quizás, quizás, quizás…
En Deseando amar, dos canciones predominan a lo largo de toda la película: «Yumeji’s Theme» y «Quizás, quizás, quizás».
La primera, un vals, transmite una carga emocional significativa en cada escena donde aparece. Este tipo de música, asociado al romanticismo, se baila en cercanía, un detalle clave para las escenas en las que suena. Estas escenas muestran a los protagonistas juntos, en situaciones donde la proximidad física refleja su conexión emocional.
Cuando los personajes están a solas, podrían dar rienda suelta a su amor y comenzar la relación que desean, pero no se atreven. Esto añade una capa de melancolía al vals: no solo evoca romanticismo, sino también el peso de las oportunidades no aprovechadas. Es como si al recordar esos momentos, alguno de los dos se preguntara qué podría haber pasado si uno hubiera hecho más por expresar ese amor reprimido.
La segunda canción principal, «Quizás, quizás, quizás», aunque para nosotros su mensaje pueda parecer evidente, es importante recordar que esta es una película de producción china. La canción aparece en la segunda parte de la cinta, después de que el señor Chow se traslada a Singapur, y protagoniza, en mi opinión, la mejor escena de la película por su estética y carga emocional.
El tema adquiere un significado especial al reflejar la melancolía y la nostalgia de los acontecimientos pasados. Los protagonistas parecen preguntarse constantemente «¿Y si…?». ¿Y si la señora Chan hubiera acompañado al señor Chow a Singapur? ¿Y si lo hubiera esperado en su apartamento allí? ¿Y si el señor Chow hubiera llamado a la puerta del apartamento?
«Quizás, quizás, quizás» encapsula a la perfección la nostalgia por lo que pudo haber sido, pero no fue. Representa las oportunidades que tuvieron pero no tomaron, y cómo, con una decisión diferente, tal vez su amor podría haber florecido.

El significado del final
El final de la película, ambientado en Vietnam, puede parecer carente de sentido a primera vista, pero en realidad encierra un significado mucho más profundo. En este desenlace, vemos al señor Chow caminando por un templo en ruinas, un lugar que simboliza su memoria de la señora Chan y cómo la nostalgia lo acompaña constantemente.
Aunque no sabemos con certeza qué susurra, podemos intuir que se trata de algo relacionado con los momentos vividos a lo largo de la película. Posteriormente, lo cubre con barro, como si quisiera preservar ese recuerdo para siempre, ocultándolo en el templo.
Este detalle subraya cómo el señor Chow sigue anhelando aquellos momentos y sintiendo el peso de la nostalgia. Sin embargo, lo más desgarrador es que ese recuerdo, tan importante para él, es algo destinado a quedar olvidado para siempre.
La película cierra con esta escena y con una frase que resume todo su significado: «El pasado es algo que se puede ver, pero no tocar».

En resumen, Deseando amar es una película que, en su superficie, parece contar una historia simple, pero que, gracias a su magnífica dirección y estética, nos narra una trama llena de deseo y nostalgia. Muestra la belleza del deseo no correspondido, y cómo, aunque hay amores que nunca se demuestran ni se concretan, son, en realidad, más intensos y poderosos que muchos otros. Además, esos amores no consumados son los que permanecen en la memoria, los que más se anhelan con nostalgia, dejando una huella imborrable en quienes los experimentan.