Apenas un par de segundos después del “play”… ¡bam! Ya estamos en medio de vísceras, fatalidades y tortuosos enfrentamientos dignos del videojuego. Warner Bro. no ha jugado a medias: este primer tráiler de Mortal Kombat II (caído hoy, 17 de julio) viene directo a borrar ese sabor a copia del reboot de 2021. La promesa: la p*** universal de la violencia combativa, con más fidelidad que nunca.
Johnny Cage entra en escena (y con todo el postureo)
Karl Urban aparece deslumbrante con gafas de sol, chulería y humor de las películas de serie B clásicas. Es su momento: los fans clamaban por él después de tragar con un reboot virgen. Esta llegada no es casualidad: Raiden y Sonya lo reclutan tras descubrir que es un héroe de Hollywood que ha perdido el rumbo. El look de “Uncaged Fury” (sí, ese trailer falso con explosiones y macho contento que circuló ayer) ya demuestra que no están flipando con su cháchara de actor.
Torneo Mortal auténtico: por fin el peso de la saga
Lo que faltaba: un torneo real. Nada del “vamos a ver qué pasa”. Aquí hay marcador, tensión y consecuencias: si nuestro equipo pierde, Shao Kahn invadirá nuestro amada Tierra. Una promesa fiel a lo que siempre moló del Mortal Kombat de consolas. Aquí se gana o se muere (literalmente).
Adeline Rudolph se cuela como Kitana, dándonos una introducción en un entrenamiento relámpago con Cage.
Tati Gabrielle debuta como Jade, reventando en combates fugaces pero llenos de flow.
Ana Thu Nguyen nos trae a una Sindel que convierte el grito en arte mortal.
CJ Bloomfield se enfada y ataca como Baraka, cuchillas listas.
Y por supuesto, regresos oficiales: Scorpion y Sub‑Zero, recuperados de la muerte en plan revenant + no tan revenant. Esos ninjas aún tenían cuentas pendientes.
Fatalities y humor macabro: el plato fuerte
La sangre no es gratis: vemos un buen repertorio de mutilaciones medianamente rápidas, cortes verticales, espinas y más gore que un meme de madrugada. BT‑Line de wu-tang, cortes secos y violencia tan pegada al original que hasta Mortal Kombat 1 respondería: “Aquí está”. El humor negro de Johnny Cage añade ese respiro entre lágrimas de escudo y cráneos partidos.
¿Cansado de que los cómics te vendan siempre al mismo Batman deprimido y a Superman con problemas existenciales? Pues amigo mío, estás de suerte. DC ha anunciado un nuevo cómic titulado Absolute Evil y, como su nombre indica, esto no va de salvar gatitos del árbol.
Estamos hablando de un one-shot que forma parte de la línea “Absolute”, esa colección con la que DC se suelta la corbata y saca ediciones tan bonitas que te da miedo abrirlas. Y ahora le toca el turno a los villanos. Todos. Juntos. Revolviendo el avispero. No hay detalles de si esto será una orgía de caos tipo Suicide Squad, o una sinfonía macabra como Kingdom Come, pero las vibras son potentes. Oscuras. Irresistibles.
La idea detrás de Absolute Evil es clara: los malos también tienen derecho a molar. Ya basta de dejarles como carne de cañón para el héroe de turno. Esta vez, van a contar su historia desde su propio punto de vista. Y con artistas top implicados (rumores apuntan a que habrá nombres gordos como Jason Fabok y Cliff Chiang), la cosa pinta tremenda.
Además, octubre es el mes perfecto. Halloween, calabazas, niños disfrazados de Joker, y tú leyendo un tomo de 60 páginas donde posiblemente Darkseid, Black Manta o Lex Luthor se tomen un té mientras conspiran para destruir la esperanza. ¿Quién dice que el mal no puede tener estilo?
Resumen para vagos: si te gusta el olor a pólvora, los planes malvados y ver a los héroes temblar, Absolute Evil va a ser tu nueva biblia de otoño. Ah, y si no te gustan los villanos… bueno, siempre puedes releer Super Friends.
Marvel ha lanzado una bomba de esas que huelen a nostalgia noventera y tinta oscura. Nuevo Venenoya está en la calle y, atención, vuelve a estar en manos de uno de los cerebros que ayudó a parirlo como dios manda. Sí, no es otra de esas reinvenciones edulcoradas que huelen a marketing y a calzoncillos limpios: esta tiene colmillos, babas negras y mala leche. De la buena, la que hace falta en estos tiempos tan políticamente correctos.
Lo que sabemos: Marvel trae de vuelta una nueva era de Venom (Veneno), pero esta vez con sabor añejo. A bordo se sube el guionista que ayudó a definir la esencia oscura del personaje (nombre aún en reserva, pero el ruido apunta a viejos conocidos), y la cosa promete. Nada de “Eddie se vuelve bueno”, “el simbiote tiene ansiedad” o “Veneno es vegano”: aquí hay espacio para paranoia, ultraviolencia, traumas y tentáculos. Como debe ser.
Lo divertido es que este relanzamiento no viene por capricho. Marvel sabe que Venom ha pasado por un vaivén de etapas rarunas. Algunas brillantes, otras dignas de borrar del canon. Pero este nuevo Nuevo Veneno (All-New Venom) se siente como un reset emocional, como esas vueltas al cole donde por fin te dejan llevar camiseta de Slayer.
Y ojo, que el apartado artístico no se queda corto. Las primeras imágenes filtradas tienen ese tono sucio, casi viscoso, con viñetas que parecen querer salirse del papel y reventarte la cara. Lo dijo alguien en Twitter: “Esto parece pintado con petróleo en vez de tinta”. Y no podemos estar más a favor.
¿Conclusión? Apunta el nombre en tu libreta, ponte tu camiseta negra más rota y prepárate para una Veneno-manía a la antigua. Una donde los héroes lloran, los monstruos hablan solos, y la oscuridad no necesita traducción.
¿Recuerdas aquel primer encontronazo con Freddy Krueger? Sí, ese momento traumático en el que descubriste que hasta los sueños tenían franquicia, y que quedarte frito después de clase podía acabar peor que un examen de mates. Pues bien, el hombre detrás de la pesadilla ,el incombustible Robert Englund, acaba de demostrar que, a veces, los monstruos también pisan alfombra roja. Este 31 de octubre, mientras tú estrenas disfraz low-cost y la vecina rellena calabazas de LED, a Englund le estamparán una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Y no en una fecha cualquiera: Halloween, 11:00 a.m., esquina del 6600 Hollywood Blvd. La Cámara de Comercio no podía ser más canónica si lo intentara. Robert Englund, del callejón de Elm Street al Paseo de la fama en Hollywood.
Vale, respira. Hablemos de por qué este honor merece más confeti que fiesta de Gremlins pasada por agua. El comité del Walk of Fame ya le había fichado en la clase de 2025 junto a Jane Fonda, John Carpenter y otros nombres que hacen palpitar al cinéfilo medio como un palomo en San Valentín. Pero los elegidos disponen de dos años para fijar su ceremonia, y Englund, que de timing sabe un rato, se quedó con la única fecha que convierte el mármol en lápida pop.
Ahora bien, no te pienses que todo esto va solo de un guante con cuchillas y un jersey de rebajas en rojo y verde. El tío Bob (así le llaman los colegas de convención) acumula más de 170 créditos desde que en 1974 debutó en Buster and Billie. Entre medias ha sido el lagarto bueno en V, director de culto, voz invitada en Los Simpson, cameo nostálgico en Stranger Things y, por supuesto, anfitrión de tus terrores nocturnos durante ocho películas y una ristra de spin-offs que harían sonrojar al mismísimo Jason. Todo eso lo consiguió mientras aprendía a ponerse el maquillaje en 4 horas sin matar (literalmente) a ningún becario de efectos especiales.
Pero, ¿por qué ha tardado tanto en llegarle la dichosa losa estrellada? Si atendemos a las reglas no escritas de Hollywood, ese Sudoku imposible entre taquilla, nostalgia y trajes planchados, el terror suele campar por sus fueros hasta que los ejecutivos descubren que asusta menos premiar a un villano que a su contable. Y ahí es donde Englund ha ganado por desgaste: ni ha renegado nunca de la máscara ni ha dejado que la máscara le devore. Su Instagram, donde suelta fotos vintage y chascarrillos de convención, se convirtió en sala de prensa improvisada el día que anunció la fecha de la ceremonia; el selfie con sombrero fedora cosechó más likes que rezos en un campamento cristiano.
Algunos puristas levantarán la ceja: “¿De verdad necesita otra medalla un tipo que ya vive en los pósteres de media humanidad friki?”. Permitidme la blasfemia: sí. Porque la estrella —esa losa brillante que millones de turistas pisarán sin darse cuenta— funciona como recordatorio colectivo. Será el punto exacto donde los fans plantarán replicas de guantes y rosas de plástico cada 31 de octubre, mientras los guías turísticos intentan resumir 40 años de historia del slasher en dos frases prefabricadas (“Here’s Freddy! Mucho scary, folks”). Y porque, seamos claros, si David Hasselhoff tiene una estrella, Freddy también la merece. Punto.
Lo fascinante es que Englund reciba el homenaje todavía en activo. No hablamos de un tributo póstumo ni de un retiro de campo de golf: el tipo sigue apareciendo en podcasts, presta su voz a videojuegos y se presenta en convenciones con una sonrisa como si firmar 500 pósters al día contara de cardio. Quizá por eso esta ceremonia no tiene sabor a epílogo sino a segunda vida, algo muy apropiado para un asesino cinematográfico que ya ha resucitado más veces que tu router movistar.
¿Qué nos queda a los mortales? Comprar palomitas, programar alarma a las cinco de la madrugada, bendito stream, y ver la retransmisión mientras apagamos la luz para sentir que el cielo californiano se vuelve un poquito más oscuro. Si escuchas un chirrido metálico sobre la acera, no te asustes: no es Krueger afilando uñas, son los operarios preparando la placa. El resto, puro cuento de medianoche.
Así que la próxima vez que transites el Paseo de la Fama y tropieces con la cara de Freddy incrustada en granito, recuerda este momento: la cultura popular es esa fiesta donde todos los géneros se mezclan, y el terror, contra todo pronóstico, acaba brindando con champán. Que nadie te diga lo contrario.
Hay autores que escriben una saga épica y se toman décadas para terminarla. Luego está Brandon Sanderson, que mientras tú lees este artículo probablemente ya haya escrito otro libro. Y no es una exageración, bueno un poco si. Pero sólo un poco. Lo suyo roza lo sobrenatural. En un mundo donde muchos escritores se estancan, dudan o simplemente se pierden en su propio universo, Sanderson y su equipo de asesores nos guían con precisión milimétrica por cada rincón del Cosmere.
Y lo más curioso es que no escribe por escribir. No se trata solo de cantidad. La calidad está ahí. Novela tras novela. Desde Elantris y Nacidos de la bruma(Mistborn) hasta El archivo de las tormentas, Sanderson ha demostrado que es capaz de crear sistemas de magia coherentes, personajes complejos, y tramas entrelazadas que van revelando, poco a poco, la magnitud del rompecabezas que es su universo compartido.
Inciso antes de seguir. Cuando antes he hablado de autores que se toman décadas en terminar las sagas me refiero evidentemente a George R.R. Martin y Patrick Rothfuss. Y personalmente creo que son mejores escritores que Sanderson. Su prosa, su narrativa es mejor. Posiblemente, aunque es cuestión de gustos. Pero Sanderson es mucho más prolífico y además Sanderson es el mejor en una cosa, en construir mundos, en construir sus sistemas de magia y en entrelazarlo todo. El vasto y amplio mundo del Cosmere es una cosa nunca hecha en literatura, y este mormón está haciendo historia.
Pero, ¿cómo lo hace? ¿Qué tiene este hombre que le permite escribir como si el día tuviera 72 horas?
La respuesta está, en parte, en su metodología. Sanderson no improvisa. Planifica. Organiza. Hace esquemas, estructuras, cronogramas. Tiene la disciplina de un ingeniero y la creatividad de un poeta. Y eso lo convierte en una rara avis dentro del género fantástico. Porque no es solo un gran narrador, es como dije antes un constructor de mundos. Uno de esos pocos que no solo imagina historias, sino que diseña universos enteros con leyes, culturas, religiones y consecuencias lógicas. Pero también os digo, y ya lo dejé caer en el primer párrafo del artículo, Sanderson tiene asesores, y no sólo en su escritura, como pudiera ser un editor, tiene ayuda para organizar el Cosmere. Un universo, en este caso una galaxia tan amplia necesita de personas que le vayan diciendo lo que puede o no puede hacer para no estropear la continuidad de su historia global, del Cosmere. Y aunque Sanderson sea un genio en lo suyo, en lo que también es muy bueno es en delegar y pedir ayuda, para que el Cosmere no tenga errores de continuidad. Por todo eso leer el Cosmere en modo global, empapándote de todas sus obras es uno de los mayores placeres de la literatura de fantasía actual.
Otra cosa que hace bien Sanderson es acercarse a los lectores, como si fuera uno más. A través de su canal de YouTube, de sus blogs, de sus actualizaciones regulares en la web, Sanderson no solo comparte lo que escribe, sino cómo lo hace. No tiene miedo de mostrar el proceso, los retrasos, las ideas descartadas. Es transparente, y eso genera una relación única con sus fans, que lo ven como un creador comprometido con su obra… y con su público.
El golpe de efecto llegó en 2022, cuando anunció que, durante la pandemia, había escrito en cuatro nuevas novelas. En serio, cuatro novelas. Y además tres de ellas pertenecientes al Cosmere. Hizo una campaña de Kickstarter y fue un fenómeno sin precedentes, consiguió el récord de la plataforma de todos los tiempos. Recaudó más de 41 millones de dólares por libros que ni siquiera estaban publicados aún. Repito, récord de Kickstarter de la historia doblando al segundo. Pero es que el tercer Kickstarter con más recaudación es el juego de mesa del Cosmere. Parece claro que donde va este hombre, no crece la hierba.
Y es que faltos de los finales de las grandes sagas como son las obras de George R.R. Martin y Patrick Rothfuss, Brandon Sanderson es el agua en el desierto. Sanderson no deja tirado a sus lectores, Sanderson cumple y siempre nos da historias que leer, historias de gran calidad y siempre, de alguna manera conectadas. El Cosmere es muy grande, y Sanderson lo sabe.
En un año prolífico en adaptaciones de Stephen King, MGM+ acaba de estrenar la serie El Instituto (The Institute) que, basada en la novela homónima de 2019, tiene a Benjamin Cavell como creador y escritor, así como a Jack Bender en la dirección. Subidos de un tirón los dos primeros episodios, hacemos reseña y análisis…
Ya lo hemos dicho: este es el año de Stephen King en lo que a adaptaciones se refiere, pues estamos ante lo que es ya el segundo estreno (el primero fue la película El Mono) y restan por lo menos otros tres (La Vida de Chuck, La Larga Marchay The Running Man) más Welcome to Derry, que si bien no adapta en particular ninguna historia suya es precuela deIt. La serie El Instituto se basa en la novela homónima de 2019 y, habiéndose ya estrenado los dos primeros episodios en MGM+ (El Chico y Tiros por Puntos), procedemos a repasar y analizar lo que nos han dejado no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA.
Muchacho Prodigio
La historia sigue básicamente dos arcos que se mueven en paralelo y aún sin conectarse, aunque es de suponer que terminarán haciéndolo. El primero y principal sigue a Luke Ellis (Joe Freeman), joven superdotado de catorce años que vive en Minneapolis y es capaz de terminar un examen mucho antes que sus compañeros, pero también de mover involuntariamente objetos con la mente, suficiente para que alguien le eche ojo y decida que ya no debe seguir viviendo con sus padres.
En efecto, un grupo comando armado irrumpe en su casa en plena noche para narcotizarlo y secuestrarlo, despertando el joven luego en un lugar desconocido, pero a la vez en un cuarto extrañamente decorado como el suyo.
En los pasillos, una muchacha llamada Kalisha (Simone Miller) le pone al tanto de que ya no se halla en Minneapolis (divertida la analogía que hace con el perrito Toto de El Mago de Oz), sino en Maine y, específicamente, en una institución en la cual mantienen a jóvenes recluidos y aislados de todo contacto con el exterior, inclusive con sus familias, más allá de que dentro de su cautiverio se les permita moverse libremente e incluso beber o fumar (otra divertida analogía, en este caso con la Isla del Placer de Pinocho).
Los jóvenes, le cuenta, son clasificados en TP (telépatas, entre los cuales se inscribe ella) y TK (telequinéticos), siendo obvio que a él le secuestraron por tener esa habilidad. Antes de que Luke llegue siquiera a reaccionar, Kalisha le estampa en la boca un beso sin consentimiento que hace pensar en todo lo que se hubiera dicho de haber sido la cosa al revés…
Los que están al frente del proyecto no son lo que se dice gente adorable, por mucho que la señora Sigsby (Mary-Louise Parker), directora a cargo, se esfuerce por parecer simpática y afable con los internos, aunque claramente tiene sus propios demonios por dentro y en la intimidad se autoflagela con quemaduras en la pierna.
Todavía más oscuros y espectrales se ve a sus subalternos, el lacónico jefe de seguridad Stackhouse (Julian Richings) y el rocambolesco doctor Hendricks (Robert Joy), al que Sigsby define como “el arquitecto de toda esa retorcida ciencia” y que parece uno de esos sádicos médicos experimentadores de finales del siglo XIX en la línea doctor Jeckyll o Frankenstein.
Tony (Jason Díaz) es el matón pedante y sádico que nunca falta en este tipo de institución y que oficia como asistente de los dos anteriores, a la vez que encargado de los chismes tecnológicos, como el rastreador que inserta a Luke en su oreja sin vacilar en cruzarle la mandíbula de un puñetazo al negarse en principio este a recibirlo.
Es que el instituto no se anda con rodeos a la hora de exigir disciplina y, de hecho, Michelle (Elise Bauman), la joven que estuviera a cargo del operativo de secuestro de Luke, es asesinada sin contemplaciones de un tiro en la espalda por su propia pareja Kate (en realidad una agente puesta para controlar su lealtad) apenas muestra culpas y conflictos con su trabajo y quiere dar a conocer lo que hace.
De todas formas, ninguno de los que hemos presentado como mandamases lo es realmente, pues quien por detrás mueve los hilos en sombras (literal, así aparece) les llama cada tanto para darles instrucciones y se le nota disgustado por el modo en que vienen trabajando, particularmente en cuanto al reclutamiento, que no cumple con las expectativas y no da aún con lo que aparentemente están buscando, que es un joven PC, es decir con habilidades precognitivas.
¿Y cuál es en sí la finalidad del instituto? Sigbsy no da a Luke precisiones al respecto, pero sí le dice que lo que allí están haciendo es importante para el mundo, dependiendo incluso de ello que el mismo siga existiendo tal como se lo conoce. Tras ser informado el joven de que sus padres siguen vivos (“no somos monstruos” desliza ella con algo de ironía), también se le anoticia de que, al igual que el resto de los jóvenes, permanecerá allí un tiempo para luego marcharse con sus recuerdos borrados.
En el medio, sin embargo, deben pasar por dos etapas, pues el instituto, cuya fachada externa es la de un laboratorio biológico, consta de una Mitad Delantera y una Mitad Trasera, a la cual pasan después de varias pruebas y ya no vuelven a tener contacto con quienes quedan atrás.
Desde ya que eso jamás puede oler bien, pero todo lo que deben hacer es lo que se les dice, así como someterse sin chistar a las pruebas y experimentos pues, según palabras de Sigsby, los mismos son “innegociables”. Como compensación, de todas formas, pueden sumar puntos que cambian por golosinas en las máquinas expendedoras del instituto.
Mi Pasado me condena
El otro arco de la historia sigue a Tim Jamieson (Ben Barnes), quien ha pasado por el ejército con condecoración incluida y ha sido también policía, llevando la carga de un joven al que debió matar en una situación de vida o muerte y la de un pasado alcohólico. Al cancelarse el vuelo en que está a punto de viajar de Boston a New York, opta por salir a la carretera a hacer dedo y así cae en Dennison, una pequeña comunidad de Maine en la cual decide pedir trabajo en la oficina del sheriff.
Consigue en efecto un puesto como vigilante nocturno, trabajo en principio de poca monta pero que cuadra a lo que busca por el karma que las armas le han dejado. En la seccional, le toca sufrir el ninguneo de la oficial Wendy Gullickson (Hannah Galway), quien se muestra en principio burlona y poco amistosa, pero irá poco a poco mostrando su costado más humano y propios conflictos en la medida en que avance la trama.
Esta le pone al tanto de que hay rondando por las cercanías dos peligrosos ladrones que de un momento a otro pueden aparecerse por la ciudad, razón por la cual le recomienda estar atento, a pesar de lo cual él persiste en no portar armas. En la calles, Tim conoce a Annie (Mary Walsh), mujer de edad que vive en carácter de indigencia y que es para todos “la loca del pueblo”, pues habla todo el tiempo de teorías conspirativas acerca de cuanto les rodea.
Entre otras cosas, le cuenta a Tim de una joven apellidada Sloane, que según ella fue asesinada a pesar de haber su muerte sido dada en su momento por accidental e incluso su propia madre creerlo. También le hace la primera mención al instituto (que se halla en las cercanías) y sorprende a Tim al conocer un dato de su pasado.
Preguntando luego en la seccional por la chica Sloane, Tim se entera que su muerte se produjo unos cuantos años antes de la llegada de Annie a Dennison, por lo que, uniendo cabos con el acierto que con respecto a él tuvo, se queda pensando si la mujer no tendrá algo de razón con respecto al asesinato.
Mientras tanto, se hace amigo de Dobira (Tawiah Ben M’Carthy), simpático comerciante local que recita a Keynes y tiene un pasado de refugiado en Kenia pero que, lamentablemente e instantes después de marcharse Tim de su local, recibe la visita de los temidos ladrones antes mencionados.
Tim regresa y, aunque alcanza a poner a los delincuentes en fuga al no saber estos que no lleva armas, se encuentra con la situación del pobre Dobira desangrándose en el piso tras haber recibido un disparo en el abdomen. Sus atenciones, no obstante, logran mantenerle a salvo hasta que llega la ambulancia…
Compañeros y Reclusos
En el instituto, a todo esto, Luke traba amistad con otros internos, como George (Arlen So), Iris (Birva Pandya) y Nick (Fionn Laird). El primero es lo que se llama un TK positivo, es decir que, a diferencia de Luke, puede mover objetos y sustancias a voluntad, lo cual demuestra haciendo levitar el agua tras derramarla sobre la mesa o consiguiendo que la máquina expendedora le devuelvan su moneda aun habiéndole dado su golosina.
Iris está próxima a hacer su paso a la Mitad Trasera y a Nick se lo ve rebelde e impulsivo, haciéndonos creer por un momento que es uno de los clásicos matones acosadores de colegio tan habituales en King, pero no: a medida que lo conocemos, nos va cayendo mejor. Está intentando urdir un plan de escape y, después de que Luke logra derrotarlo al ajedrez en solo seis jugadas, considera que quizás haya encontrado al candidato ideal para ayudarlo: no sé por qué hace esa relación, pero así lo piensa…
En cuanto a Kalisha, vuelve a besar a Luke sin previo aviso y nos enteramos que la razón de ello es que ha sido sometida a cuarentena por varicela y quiere contagiar a quien pueda para evitar perder amistades y quedarse sola en la Mitad Delantera: no deja de ser no consentido… Por otra parte, parece tener o haber tenido algo con Nick, lo cual introduce algún triángulo que, de momento al menos, no ha sido explotado…
Se advierten asimismo conflictos internos entre quienes controlan el instituto, particularmente en cuanto a Hendricks, cuyos experimentos parecen estar recibiendo cuestionamientos. Stackhouse, sin embargo, dice confiar en él y de hecho lo hace partícipe de manera confidencial de tales rumores, lo cual les convierte en socios potenciales complotando a espaldas de Sigsby.
Los experimentos de Hendricks, por cierto, siguen adelante, siendo George sometido a lo que se conoce como “la caja de los sueños”, a la que se define como vivir una película de terror en la propia mente. Luke, por su parte, es sometido a un experimento no tan extremo pero igualmente tortuoso para constatar su potencial, logrando como resultado del mismo mover una silla.
Llega en tanto la “graduación” para Iris, quien abandona la Mitad Delantera. La misma reviste carácter casi de fiesta de cumpleaños, haciendo referencia las trece velas del pastel a los días que precozmente le ha demandado a la joven el pasaje de una mitad a otra.
No sabemos adónde irá a parar la muchacha, pero ninguna presunción puede ser buena y menos cuando Luke y Nick, mientras juegan al baloncesto, clavan la vista en chimeneas cercanas que despiden columnas de humo que, según el segundo, aparecen más o menos cada semana.
Ha llegado, entretanto, el reemplazo para Iris y es un niño de diez años llamado Avery (Viggo Hanvelt), a quien encuentran llorando en los pasillos y es al parecer un telépata muy poderoso, lo cual lleva a Luke y Nick a pensar que es justo lo que necesitan para terminar de urdir su plan de escape, pues nada mejor que alguien capaz de leer las mentes de los demás y no de manera aleatoria o anárquica como lo pueden hacerlo Kalisha y el resto de telépatas allí internados.
Balance de los dos Primeros Episodios
Lo primero que debo aclarar es que esta es una novela de Stephen King que no he leído. Sabido es que no es fácil seguirle el ritmo de producción al genio de Maine y habrá seguramente cuestiones que desconozco al momento de comparar serie y libro, pero un cierto conocimiento de su obra es suficiente para saber que en general se caracteriza por un fuerte desarrollo de los personajes, así como de sus traumas o motivaciones.
Vistos los dos primeros episodios, eso es algo que en buena medida, al menos hasta ahora, falta. Ignoro qué tan rápido será el ingreso al instituto en el material de origen, pero aquí no llegamos a conocer demasiado a Luke antes de su “reclutamiento”. Nada hasta allí que demuestre su supuesta brillantez salvo terminar un examen mucho antes que el resto (he tenido unos cuantos alumnos así) y nada que muestre a pleno sus virtudes telequinéticas, salvo una bandeja cayéndose en una pizzería (me ha pasado y nadie me adjudicó ningún poder especial): no parece mucho para que alguien haya pensado en reclutarlo…
Tampoco se puede decir que, aun dentro del instituto, haya exhibido aún su verdadero potencial. Ignoro la razón, pero series y películas tienden a mostrar que alguien es un genio haciéndole ganar una partida de ajedrez en pocas jugadas. Sin ser gran ajedrecista ni tan siquiera bueno, cualquiera que conozca algo sobre el juego sabe que ninguna partida entre grandes maestros se define en dos movidas ni en seis: si ocurre, es porque uno de los contendientes jugó muy mal. Supongo de todos modos, que si Luke es realmente un superdotado, habrá ya oportunidad de que nos lo muestren de modo más contundente…
Por otra parte, las relaciones dentro del instituto y particularmente entre los adultos están todavía trazadas a pinceladas gruesas. Se advierte un conflicto interno, pero no se llega a saber con precisión en qué se basa ni cuáles son los prejuicios contra Hendricks a los que Stackhouse hace referencia o por qué quiere hacer causa común con él contra Sigsby. También aquí esperamos mayores definiciones en los próximos capítulos.
Y un último punto que hace que la trama aún no cobre impulso es lo desconectados que avanzan los dos arcos principales, más allá de alguna referencia aislada por parte de Annie y de que demos por descontado que los caminos de Luke y Tim se terminarán inevitablemente encontrando. De momento, el arco de este último marcha demasiado lento y quita con ello clima al que tiene lugar en el instituto; si mantiene algo de interés es por el buen trabajo de Ben Barnes, quien cumple como nos tiene acostumbrados aun cuando su personaje se vea hasta aquí “demasiado bueno” y algo chato en matices.
Lo mejor hasta aquí tiene que ver sin duda con la subtrama de los adolescentes y las relaciones que van tejiendo entre sí, más allá de que, como hemos dicho, el pasado de Luke, y más aún el del resto, sea una incógnita. Pero el gran desempeño del casi debutante Joe Freeman (hijo de Martin), magníficamente complementado por quienes interpretan a sus compañeros de reclusión, hace al arco interesante y nos lleva a estar pendientes aun cuando la mayoría de los jóvenes luzcan demasiado poco angustiados para haber sido separados brutalmente de sus familias y convertidos en conejillos de indias de vaya a saber quién.
Y entre los adultos, por supuesto, hay que destacar lo bueno que siempre es ver a Mary-Louise Parker, una de esas grandes actrices a mi juicio injustamente nunca oscarizadas ni tan siquiera nominadas (aunque tiene en su haber dos Globos de Oro, un Emmy y un Tony), que es calidad interpretativa en todo aquello que haga y nos hace, de hecho, estar atentos a su personaje por muy débilmente que el guion hasta aquí lo haya trazado.
En definitiva, todavía la serie no ha despegado lo que debería. La historia tiene potencial y puntos de contacto con otras de Stephen King que hacen referencia a fenómenos sobrenaturales, niños especiales e instituciones que buscan valerse de sus poderes. Seguramente la que más relacionemos sea Ojos de Fuego (que ya tuvo dos adaptaciones cinematográficas), pero hay más y también podemos encontrar nexos con historias no suyas, pero que le rinden tributo: Stranger Things, sin ir más lejos. E incluso se me cruzaron imágenes del manga y anime The Promised Neverland…
Pero a pesar de un comienzo todavía algo descafeinado y falto de ritmo, la historia tiene potencial y es de creer que, estando involucrado Jack Bender (Perdidos, From, Juego de Tronos), vaya poco a poco encontrando su lugar. Esperaremos pues a ver qué nos trae el próximo episodio y, sobre todo, si las subtramas de Luke y Tim comienzan a tocarse de manera más decidida: esa referencia de Annie (gran personaje, por cierto) a un supuesto asesinato del pasado puede tener, creo, parte de la clave…
Nacido como una explotación de Alien (que ha estrenado recientemente su última entrega), criatura que había triunfado con sus dos primeras películas, Predator (Depredador en España) ha llevado un rumbo similar a la popular saga del xenomorfo, con menos películas pero con un continuo intento (fracasado) de renovar el interés en el cazador extraterrestre. Actualmente, la responsabilidad del interesante renacer de Predator corre a cargo de Dan Trachtenberg, que ha estrenado nueva producción animada en Disney plus. Toca hablar de Predator: asesino de asesinos.
Narrada como una película animada de episodios, la historia se centra en tres personajes distintos de épocas históricas diferentes que tienen que lidiar con un Predator. La primera historia se centra en los vikingos, la segunda en samuráis y la tercera en pilotos durante la II Guerra Mundial.
Dirigen Dan Trachtenberg y Joss Wassung. Del segundo desconozco detalles de su carrera, pero aquí el que nos interesa es Trachtenberg. Tras haber dirigido episodios de Black Mirror o The boys, debutó con la sorprendente Calle Cloverfield 10, una película enmarcada dentro del universo de terror Cloverfield pero que se diferenciaba del resto por su manejo del suspense y, en definitiva, por ser una película preCOVID que hablaba de la paranoia que podía generar una pandemia en los seres humanos.
Seis años después, sin mucho revuelo, dirigió Predator: la presa, una brutal película de supervivencia que enfrentaba a la criatura contra nativos americanos. Estrenada directamente en Disney +, fue una de las sorpresas del año por su sentido del ritmo. Hablamos de una película apenas hablada en la que los escasos diálogos son pronunciados en el idioma nativo (comanche). Y, sin embargo, es tremendamente entretenida.
Debido al éxito de la película, Trachtenberg se ha convertido en el encargado de resucitar la franquicia tras los fracasos de la infravalorada Depredador 2 (1990), de Predators (Nimrod Atal, 2010) y Predator (Shane Black, 2018). Mucho se ha hablado del diseño del nuevo Predator en Badlands, pero apenas había trascendido el estreno de esta película, proyectada como una entrega menor dentro de la saga canónica.
El éxito de la visión de Dan Trachtenberg se basa en que el Predator es un cazador prácticamente perfecto. Como también lo puede ser Kraven el cazador, villano de Spiderman, o el malvado Zaroff, el cazador humano más famoso del cine clásico.
Así, no importa tanto la mitología detrás de los Predator (de hecho, es lo menos interesante de esta película) como que se convierta en la excusa argumental para situarlo en distintos contextos. Algo así como los asesinos protagonistas de la saga de videojuegos Assassin’s Creed.
Trachtenberg se queda con la narrativa esencial: al igual que Alien, el octavo pasajero, la Depredador original era una cacería humana en la que un comando militar iba cayendo miembro por miembro. Y el director, en su ya mencionada La presa, se imaginó la misma estructura en un thriller de supervivencia anclada en la Norteamérica del siglo XVII.
En este sentido, Predator: asesino de asesinos viene a continuar con esta estela, situando a un cazador extraterrestre perfecto en distintas épocas, así como géneros cinematográficos.
La primera historia se sitúa en la época vikinga, lo que nos permite revisitar un género que ya hemos visto en clásicos como Los vikingos (1958, de Richard Fleischer), El guerrero número 13 (1999, de John McTiernan) o El hombre del norte (2022, de Robert Eggers).
La segunda historia aborda una época aún más visitada en el cine como es el periodo Edo en Japón. Vemos samuráis, ninjas y asalto a un castillo como si de una película de Akira Kurosawa (Los siete samuráis o Trono de sangre) se tratara. O, si nos centramos en tiempos más modernos, las series Samurái Jack o Samurái de ojos azules.
Y la tercera historia se centra en un comando de pilotos durante la II Guerra Mundial, como si de un capítulo de Los amos del aire (serie que tenéis en Apple TV+) se tratara.
En todas ellas encontramos personajes carismáticos y bien definidos con sus propias historias, que se abordan de forma concisa porque, al final, la película dura poco más de hora y media y tiene tres épocas que visitar.
Aunque se trata de una película de animación, no os confundáis. Predator: asesino de asesinos es brutalmente violenta y está catalogada para mayores de 18.
Aparte de ser un gran entretenimiento, la presencia del Predator no es solo una excusa argumental, sino que la película nos ayuda a profundizar en su sociedad y entiendo que conectará con la próxima Badlands.
En definitiva, Predator: Asesino de Asesinos es una violenta y entretenida película de aventuras que cumple en su forma de abordar distintos subgéneros parcialmente olvidados y también en su conexión con la franquicia a la que pertenece. Puede que no sea muy amigo de la explotación de este tipo de franquicias, pero me gusta lo que está haciendo Trachtenberg con Predator y os invito a ver tanto esta película como su precursora.
Bienvenidos a Las cosas que nos hacen felices. El presente es mi artículo número 400 en la web y quería que fuera algo especial. Deseaba hacerlo con un cómic que me hubiera gustado mucho y he decidido que sea Harry 20 en High Rock. Editado por Dolmen Editorial.
Harry 20 en High Rock
Publicado originalmente en la revista británica 2000 AD entre 1982 y 1983, Harry 20 en High Rock es una obra que combina la ciencia ficción con el género carcelario, que ofrece una historia intensa y llena de acción.
Corre el año 2060. A 150 kilómetros sobre la Tierra, en la órbita terrestre, se encuentra High Rock, una prisión satélite donde los criminales más peligrosos cumplen condena sin posibilidad de escape.
Entre los nuevos reclusos está Harry Thompson, un hombre inocente condenado injustamente a 20 años de prisión.
Rebautizado como Harry Veinte por los guardias, desde el primer momento planea su huida, enfrentándose a un sistema brutal y despiadado.
Con la ayuda de sus compañeros Gengis 18 y Ben 90, Harry intentará lo imposible: convertirse en el primer prisionero en escapar de High Rock.
Pero la prisión está diseñada para que nadie pueda salir con vida, y los guardias harán todo lo posible para impedirlo.
La edición de Dolmen Editorial.
En febrero de 2025, Dolmen Editorial ha traído por primera vez a España una edición íntegra de este cómic dentro de su Línea Albion, con guion de Gerry Finley-Day (Rogue Trooper, del que tenemos reseña pinchando aquí) y dibujo de Alan Davis, una leyenda del cómic británico y estadounidense.
Tenemos ante nosotros un tomo en tapa dura, que cuenta con 152 páginas en glorioso blanco y negro, con un papel poroso con excelente gramaje, lomo curvo y unas medidas de 20 x 28 cm.
El volumen integral, que contiene toda la obra, cuenta con una introducción del propio Alan Davis y un artículo de Sergio Aguirre al final del libro, que nos desgrana los entresijos de este mítico título.
Todo ello con un P.V.P. de 24,90€.
Podéis pinchar aquí para obtener más información de este título desde la web de la editorial.
Un equipo artístico de lujo.
Gerry Finley-Day (guionista) nació en Escocia en 1947. En la actualidad cuenta con 77 años y fue uno de los guionistas británicos más prolíficos de las décadas de los 60′, 70′ y 80′.
Comenzó su carrera profesional con DC Thompson. Posteriormente, en 1971 le nombraron editor de títulos femeninos en Tl Media Ltd.
En 1974, fue fichado por Pat Mills para Battle Picture Weekly, publicación que se especializaba en cómics ambientados en la II Guerra Mundial y que posteriormente se fusionó con la mítica revista Eagle.
Finley-Day fue uno de los pilares fundamentales en los inicios de 2000 AD. Se especializó en títulos ambientados en historias futurísticas de guerra y escribió unas pocas historias de Juez Dredd.
Alan Davis (dibujante), nacido el 18 de junio de 1956 en el Reino Unido.
Es un dibujante y guionista de cómics reconocido por su trabajo en Marvel Comics, DC Comics y la revista británica 2000 AD.
Su estilo se caracteriza por un trazo limpio, dinámico y elegante, con una gran claridad narrativa.
Davis comenzó su carrera en un fanzine inglés, pero su gran oportunidad llegó en 1981, cuando empezó a dibujar al renovado Capitán Britania en The Mighty World of Marvel, con guiones de Dave Thorpe, Alan Moore y Jamie Delano.
Su colaboración con Moore fue clave para su crecimiento profesional, creando juntos D.R. and Quinch para 2000 AD y trabajando en Marvelman (posteriormente conocido como Miracleman).
En 1985, Davis fue contratado por DC Comics para dibujar Batman y los Outsiders, con guiones de Mike W. Barr.
También trabajó en Detective Comics, pero abandonó la serie durante la saga Batman: Año Dos por diferencias con el editor.
Alan Davis
En 1987, pasó a Marvel Comics, donde formó equipo con Chris Claremont en Uncanny X-Men y lanzó la serie Excalibur, protagonizada por mutantes radicados en Londres como Capitán Britania, Meggan, Kitty Pryde, Rondador Nocturno y Rachel Summers.
Davis ha trabajado en títulos icónicos como JLA: The Nail, ClanDestine y The Avengers. Su talento ha sido reconocido con premios como el Eisner Award for Best Art Team (1989) y el Premio Inkpot (2011).
Valoración final de la obra.
Harry 20 en High Rock es una obra imprescindible para los amantes del cómic británico y la ciencia ficción.
Su mezcla de drama carcelario, acción trepidante y dibujo espectacular lo convierten en un título que merece ser redescubierto.
La edición de Dolmen Editorial es una oportunidad única para disfrutar de esta historia en su versión definitiva y todo ello a un precio muy competitivo.
El dibujo de Alan Davis es uno de los grandes atractivos de esta obra. Aunque se trata de uno de sus primeros trabajos, ya muestra su característico estilo detallado y dinámico.
Las expresiones faciales, el diseño de los personajes y la composición de las viñetas reflejan la desesperación y la brutalidad del entorno carcelario.
Además, la edición de Dolmen Editorial presenta una restauración impecable.
Si te gustan las historias que publica 2000 AD, si te llaman la atención los títulos de la Línea Albión de Dolmen, si te gustan los cómics del Juez Dredd, no dudes en hacerte con este título. Con ello tendrás la obra entera y te aseguro que tras leerlo …
Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Tras saber que hay otra película de Superman, de la que Juanjo ha hecho una gloriosa crítica, tu cabeza empieza a rondar los mismos pensamientos. Ay, Superman. Lo piensas como quien piensa en los Reyes Magos, como algo infantil, absurdo. Esas ideas simplonas y sin ninguna profundidad que tiene. Pero cómo alguien que no sea un niño puede hacerle ilusión algo así, hombre.
Lo siguiente puede ser que nunca te ha gustado lo que Superman representa. Ya sabes, lo que representa Superman. Ya no solo te distancias de los niños, también de los que ven en Superman algo inspirador, qué sé yo, quizás alguna vez haya transmitido algo. Esto es un desastre: cómo puede ser inspirador alguien sin traumas infantiles, sin grandes episodios oscuros en su pasado, alguien que ha recibido el amor de dos personas normales, alguien que decide que es buena idea ayudar en lo que pueda. Sin más. Es absurdo: en la vida adulta y en el mundo real todo se debe a complejísimas cadenas de traumas, recuerdos torturadores y psicoanálisis de a euro el kilo.
Lo de las motivaciones simplistas de Superman es absurdo. Cuando tu abuela se cayó yendo sola por la calle las dos personas que la ayudaron a levantarse y se preocuparon por llamarte por el móvil sin duda tienen una complejísima historia relacionada con traumas infantiles asociadas a ancianos que se caen. O un oscuro pasado con dobles o triples intenciones que esconden todo ese esfuerzo de levantar a tu abuela del suelo y estar con ella media hora hasta que llegaste. No puede ser que simplemente se sentían en obligación de ayudar a alguien que lo necesita, sin ninguna neura de por medio. Claro que no.
O esa limitación al propio poder de la que tanto hemos oído hablar cuando cuentan historias de Superman. A una escala muchísimo menor, por supuesto, más de una vez has visto cómo los conductores de autobús como no lleves el dinero justo para el billete no te lo dan. Que si la empresa les obliga. Que no pueden aceptar un billete que no hay vuelta. Que si tienes que irte andando o no llegas al trabajo no es su problema…pero de vez en cuando algo raro pasa. Hay conductores que te miran, sonríen y dicen simplemente «pasa, otro día me lo pagas«. Este conductor se conoce igual de bien las reglas, normas y demás que el resto de sus compañeros. Esa información y su posición en ese autobús les da poder. Pequeño, pero algún poder. Y ese conductor en concreto decide que confía. Dentro de su parcela pequeñísima de poder, como la de la mayoría de personas adultas, elige confiar. Elige creer en la humanidad, en este caso en ti. Sin grandes discursos ni racionalizaciones ni reestructuraciones cognitivas. Simplemente te veía jodido. Simplemente quería que no lo pasaras tan mal, que bastante destruído y atacado te veía. Y ya está.
En la pandemia chicas jóvenes que ni conoces ayudaron a tu anciana tía, que vive lejísimos de tu casa. No cobraron nada. No pidieron nada. Solo vieron a una persona mayor asustada que le costaba moverse y se ofrecieron a ayudar. Hubo médicos que hicieron turnos sin parar, muchos sin protección de ningún tipo. Policías que ni cobraron las horas extras sin fin que dedicaron a que todos estuviéramos seguros. Cajeras de supermercado que acudieron con toda su ansiedad y aplomo a su puesto de trabajo y se esforzaron por no transmitir pánico. Profesores que no solo se limitaron a cumplir el expediente sino que trabajaron sin descanso, improvisando, para que los nenes perdieran lo mínimo en su formación. Todos hicieron su trabajo, pero hicieron muchísimo más que simplemente cumplir o ir tirando. Contribuyeron a algo mucho más grande que cumplir, como siempre hace Superman. Y lo hicieron, otra vez, sin grandísimas explicaciones basadas en la oscuridad, sin estar con el ceño fruncido todo el día o abominar de todo humor o de los chistes. Gente normal siendo heróica, una y otra vez. Simplemente porque era lo correcto. Y lo seguirá siendo si es necesario, que nadie lo dude.
Sería imposible detallar tantos actos de pequeño heroísmo en el día a día gris de nuestras vidas. Tantos actos de heroísmo generalizados en momentos críticos para todos. Tantos momentos de luz, por bobos que parezcan, entre muchos otros momentos de mezquindad, cinismo o amargura. Es normal que no siempre los recuerdes, es más urgente detectar las amenazas en tu presente y en tu futuro. Pero en demasiadas ocasiones has dependido de la buena voluntad de los desconocidos. Y son unas cuantas veces en que esta voluntad ha sido la noble, la desinteresada, la buena. Está pasando constantemente, no solo a ti sino a todos. Lo está haciendo gente que no tiene los poderes divinos de Superman. Gente normal. Gris. Como tú.
Y todas estas personas adultas, que han pasado decepciones en el trabajo, cambios de ideología política, desengaños amorosos, problemas de salud o apuros económicos han hecho, hacen y seguirán haciendo este tipo de cosas. Sin muchas veces racionalizarlo, sin casi nunca tener razones profundas que solo salen con hipnotismo. Simplemente a pesar de todo eligen hacer lo correcto. Porque es lo suyo. Porque simplemente sienten que es lo que hay que hacer. Porque no sabrían actuar de otro modo. A pesar de lo difícil que se vuelve todo conforme pasas más años vivo, a pesar de la progresiva soledad que implica cumplir años y a pesar de acumular suficientes experiencias malas, como todos, como para desentenderse del mundo. Siguen haciendo lo correcto en situaciones en las que no ganan nada o directamente les cuesta. Sin más.
Pero por alguna razón todo esto, que pasa en el mundo real constantemente, que no es más que la esencia de Superman, te sigue pareciendo increíble e ingenuo. Y, al final, el que no ve el reflejo en el día a día de vez en cuando del heroísmo clásico, que es el de Superman, el de Hector de Troya, el de Luffy, eres tú. Al final eres tú el que se niega a recordar todas las veces que has dependido del favor de desconocidos. De gente que ha ido mucho más allá del deber. Eres tú el que se obsesiona con obscenas fantasías oscuras de nihilismo y cinismo como si fueras un adolescente al que acaba de dejar su primera pareja. Al final el ingenuo, el que elige desconocer la realidad, eres tú.
Hoy ComicBookMovie.com ha soltado la bomba que los fans nos merecíamos: un análisis completo de todos los cameos que aparecen en la película de Superman. También incluyendo los Easter Eggs. Hablamos de la gran piedra de fundación del nuevo DCU de James Gunn. No es un simple “apunta quién sale”; es una radiografía de un universo que ya palpita en detalle. Aquí te lo entrego en formato puro emoción, sin spoilers tramposos, (pero con posible spoilers) pero con el pulso sentimental que lo merece.
No hay grandes spoilers ni voy a destrozar nada de la película, pero por si algo se me escapa estáis avisados de POSIBLES SPOILERS, pero sin destripar nada de la película.
Jor‑El y Lara en holograma (Bradley Cooper y Angela Sarafyan)
Primero, la emoción llega en la Fortaleza de la Soledad. Un mensaje holográfico de Jor‑El y Lara, encarnados por Bradley Cooper y Angela Sarafyan. Su aparición no es decoración, sino revelación: un mensaje corrupto que Lex Luthor manipula para sembrar duda sobre Superman y cuestionar sus intenciones alienígenas. Tres escenas cargadas de legado y resonancia familiar, que muestran el doble filo del héroe y su herencia.
Peacemaker (John Cena)
En un giro divertido, John Cena reaparece como Peacemaker, entrevistado en un canal de noticias donde critica a Superman tras las acciones del villano. Breve, irónico, y revelador: establece continuidad narrativa con la serie Peacemaker, y avisa que el personaje volverá en la segunda temporada. Un cameo relleno de humor y plan maestro para la creación del DCU compartido.
No faltan guiños a los fans del universo animado: Frank Grillo regresa como Rick Flag Sr., rol que interpretó en Creature Commandos. Aquí lo vemos apoyando a Superman desde la sombra como director de ARGUS. Reconoce su relevancia en esta nueva era: no todo es acción, también hay estrategia y backstage de poder.
A continuación, Sean Gunn aparece como Maxwell Lord en pantalla, financiador de la cúpula emergente de superhéroes, la Justice Gang. Su presencia abre un mundo de intrigas corporativas y preguntas sobre quién mueve los hilos del nuevo escuadrón héroico. Con una frase punzante: “Lo único en lo que liberales y conservadores están de acuerdo es que Lex Luthor apesta». Deja claro que se viene guerra de egos y agendas.
Supergirl (Milly Alcock)
Y llega el apoteosis de confirmación: Milly Alcock se estrena como Kara Zor‑El/Supergirl en una escena ligera al final, recogiendo a Krypto y proclamando su estilo irreverente (“thanks for watching him, bitch”). No es cameo discreto: es el anuncio oficial de Supergirl: Woman of Tomorrow (junio 2026). Kara entra en escena lanzando un poderoso eco de libertad familiar.
Justice Gang: Guy Gardner, Hawkgirl y Mr. Terrific
Pero no termina ahí. Nathan Fillion, Isabela Merced y Edi Gathegi también hacen su entrada como Guy Gardner, Hawkgirl y Mr. Terrific. No aparecen en masa, pero sí se les percibe en acción; saben que la presencia de estos iconos sirve para exigir que la saga vaya más allá de Superman, dando forma al DCU cósmico y diverso que Gunn imagina.
Y entre las revelaciones más dulces, aparece Krypto (el perro superpoderoso) consolando a Superman durante los créditos, y los robots 4, 1, 5 y 12 en la Fortaleza, con voces de Alan Tudyk, Pom Klementieff, Michael Rooker y Jennifer Holland. Son recordatorios vistosos: Superman no vuela solo, su casa está construida en compañía y tecnología futurista (“Gary” incluido).
¿Y qué significa todo esto?
Estos cameos son la base, la promesa y la red. Van desde el legado familiar y cósmico (Jor‑El, Supergirl) hasta las conexiones políticas y de equipo (Peacemaker, Justice Gang, Maxwell Lord). Se confirma que el DCU no empieza con un reboot frío, sino con un entramado rico, interconectado y sopesado: un mundo que respira pasado, presente y futuro.
En resumen
La primera película del DCU no es un punto y aparte: es un nudo. Cada cameo es una hebra que conecta historias, series, futuros estrenos y personajes. Gunn y Safran han firmado una base sólida: emoción familiar, tensión externa, equipo en formación y planes galácticos. Este Superman no camina solo. Vuela acompañado, rodeado… y con la promesa de una saga que se construye por segundos.
Porque como dice Cassidy en ComicBookMovie: “aunque algunos cameos son muy breves… son claves para empujar las tramas futuras.”
Tras una espera de casi dos años, Fundación ha regresado por lo alto en su tercera temporada, con un episodio inicial que introduce varios personajes nuevos (pero conocidos para los lectores de la saga de Isaac Asimov) y preanuncia el papel central que en la misma tendrá El Mulo, en consonancia con lo que ocurre en la novela Fundación e Imperio. La serie, creada por David S. Goyer, se emite por Apple TV+.
Bienvenidos nuevamente, psicohistoriadores. La espera fue larga pero valió la pena y aquí estamos para analizar este primer episodio de la tercera temporada de Fundación, cuyo título es Una Canción para el Final de Todo. Una temporada, por cierto, que trae dos cambios importantes en relación con el personal de la serie, uno actual y otro a futuro…
El primero es la introducción del actor danés Pilou Asbæk(a quien conocemos por haber interpretado a Euron Greyjoy en Juego de Tronos) en reemplazo del sueco Mikael Persbrandt para encarnar al Mulo y el segundo es el cambio de showrunner que se hará efectivo a partir de la cuarta temporada, cuando Ian Goldberg (Fear the Walking Dead, Krypton, Las Crónicas de Sarah Connor) tome el lugar de David S. Goyer, quien se ha alejado por desavenencias con la producción en torno a los presupuestos, no obstante lo cual aparece aún vinculado a esta tercera temporada e incluso dirige y coescribe el episodio que hoy analizamos.
Y ya que hemos hablado del Mulo, estamos a la puertas de la Tercera Crisis de Hari Seldon y su papel pasa a ser, desde luego, desencadenante, advirtiéndose para alegría de los fans que la historia se acerca cada vez más a los libros y en esta temporada en particular aFundación e Imperio, segunda novela de la trilogía original de Isaac Asimov convertida luego en quinta de la saga por las precuelas que este siguió escribiendo entre los ochenta y noventa, publicándose incluso la última de manera póstuma.
Un arranque de temporada de corte cinematográfico en cuanto a la producción que pasamos ya mismo a reseñar y analizar, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Pirata y Bufón
“Si vives lo suficiente, el tiempo se termina convirtiendo en un arma” nos dice la voz en off de Gaal Dornick (Lou Llobell) antes de ponernos al tanto de cómo han cambiado las cosas durante su sueño criogénico en los últimos ciento cincuenta y dos años, anoticiándonos así de que el Imperio ha ido perdiendo terreno progresivamente y la Fundación, por contrapartida y a pesar del genocidio llevado a cabo en Términus, fortaleciéndose y ganando mundos.
Entre medio de ambos hay una franja independiente y en ella se encuentra el planeta Kalgan, cuyo dominio anhelan tanto unos como otros, pero no quedará en manos de ninguno… Allí, precisamente, nos lleva a continuación la historia para mostrarnos al Archiduque Bellarion (Ralph Ineson) que, al frente de un contingente armado con escolta de naves imperiales, se halla a la espera de parlamentar con elMulo(Pilou Asbæk), “pirata” en ascenso del cual poco se sabe y mucho se dice, pero que por lo pronto mantiene secuestrada a su hija.
Al presentarse anunciado por un “bufón” al que no vemos (todo un guiño para los lectores de la saga), en absoluta soledad, sin armas y con aire autosuficiente, el Mulo exige el control de Kalgan a cambio de la muchacha. Bellarion lo considera inaceptable y sobreviene una brutal demostración de poder, en la cual tras anunciar el Mulo que puede controlar psíquicamente a los pilotos para que las naves se abatan entre sí, el Archiduque y los suyos ven con incredulidad cómo a continuación eso efectivamente ocurre y las mismas se destruyen unas a otras para caer hechas trizas sobre la superficie de Kalgan.
No solo eso: también los hombres en tierra a las órdenes de Bellarion dejan de estarlo y se matan entre sí hasta que solo queda él y, tras intentar sin éxito el Mulo sustraerle del dedo el sello imperial que lleva como anillo, recibe de este la orden de quitárselo él mismo, lo cual en momento altamente gore, hace cortando su dedo con los dientes para luego, y una vez que le ha entregado el sello al Mulo, dispararse a la cabeza mientras este último se aleja.
Divide y reinarás
Los dominios de la Fundación no son ajenos a los problemas y, superada la fase religiosa, asisten ahora al crecimiento de la clase de los Comerciantes que, liderada por los Príncipes Mercaderes, termina convirtiéndose en foco de conflicto y llevando al borde de la guerra civil.
Sabiendo de ello y de la inminente anomalía que a Demerzel (Laura Birn) le predice el Radiante que le fuera entregado por Hari Seldon(Jared Harris), Dawn (Cassian Bilton) se reúne con el Consejo Galáctico y aprovecha para relacionar la carencia de alimentos que se está padeciendo con la mala administración de la Fundación sobre los mundos agrícolas otrora dominados por el Imperio.
Para solucionarlo (o al menos eso dice), pretende forjar una alianza con los Comerciantes para debilitar a la Fundación desde adentro y recuperar el terreno perdido. No falta quien le cuestione que no puede decidir estando Day (Lee Pace) ausente, pero replica hábilmente que solo le quedan diez días para ser emperador. Su discurso termina aprobado por la concurrencia y la propia Demerzel, que elogia luego en privado su manejo de la situación.
Basura y Trofeo
Ya de regreso en Trántor con las buenas nuevas, Dawn se reencuentra con el resto de la dinastía imperial, cada vez más decadente y consciente ahora de su mortalidad. Dusk (Terrence Mann), de hecho y cuya hora se acerca, se encuentra mirando registros de ejecuciones de sus antecesores y al ver a uno intentar en vano escapar de su destino, se pregunta si será más valiente eso o entregarse como “basura camino al incinerador”.
Demerzel, en tanto, se reúne con Zephyr (Rebecca Ineson) en los jardines y, previa puesta al tanto de que no recordará nada de la conversación, la anoticia de que es una robot positrónica y, para asombro de la sacerdotisa, le cuenta sobre las Leyes Robóticas y cómo la introducción de una Ley Cero generó puntos de conflictos al poner el bien común de la humanidad por sobre cualquier otro individual.
Tal situación, le cuenta, llevó a la guerra y a la destrucción de los robots con la única excepción de ella por haberla Cleon I conservado como “trofeo”. Su historia apunta claramente a las dudas que le aquejan en torno a la crisis que se viene y a su propio rol, preguntándose si tendrá lugar o función en caso de que el Imperio deje de existir.
Autodidacta
Volviendo Gaal con su relato en off, nos cuenta cómo, tras la masacre de la Términus original, una Nueva Términus se ha erigido a un parsec de distancia de la ubicación anterior y hasta allí vemos arribar a Ebling Mis (Alexander Siddig), al cual se nos presenta como psicohistoriador que, interesado por la Tercera Crisis, llega a la Bóveda a los fines de encontrarse con Hari Seldon y despejar dudas.
Luego de hacer este último repentina presencia y felicitarle por hacer caer el campo de fuerza, recibe al visitante y se entera que es biógrafo y autodidacta, además de descendiente de quien le procesara en aquel juicio que acabara con el exilio de los psicohistoriadores.
Mis deja deslizar como interrogante si serán los Comerciantes los responsables de la Tercera Crisis y Seldon nada puede decirle, lo cual rápidamente entiende. También llama la atención sobre el hecho de que el Imperio está aguantando más de lo que los cálculos hacían prever, lo cual Seldon adjudica a que les entregó el Radiante.
Anoticiado pues al respecto, Mis pierde algo de su amabilidad inicial y le recrimina duramente exigiendo una explicación, lo cual hace que Seldon dé por terminada la conversación y, junto con su despacho, se esfume instantáneamente de la vista del estudioso que se halla nuevamente en el prado y fuera de la Bóveda.
Bajo la Luna
Haven es el planeta que funciona como sede de los Comerciantes y no es uno cualquiera. El potente calor de su estrella abrasa todo lo que toca y no queda más remedio que moverse siempre bajo la sombra de su luna. Espiando para la Fundación, el capitán Han Pritcher (Brandon Bell) descubre junto a su compañera Sephone (Iðunn Ösp Hlynsdóttir) que el Imperio está allí entregando cargamentos de armas a los Comerciantes, representados estos por su líder Randu Mallow (Darren Pettie). ¿Les suena ese apellido? Ya hablaremos de ello…
La pareja sale a perseguirlos con motos speeders en escena muy Star Wars que probablemente haga chirriar los dientes a los fans de la saga literaria, pero el hecho de tener que estar permanentemente bajo la sombra de la luna y no poder salir de ella impone algún giro a lo Pitch Black (aquí retro-análisis), que quizás también haga chirriar, pero menos…
Tras vibrante carrera con intercambio de disparos e incluso puñetazos que vienen y van de un speeder al otro, Pritcher y su compañera logran eliminar a Mallow y alcanzan a escapar de milagro del calor de la estrella asesina, pero sin el cargamento que les hubiera servido de prueba contra los Comerciantes.
Ya en la nave y de regreso, Sephone coquetea con Han pero este la esquiva con elegancia diciendo “mi lealtad está en otra parte”. Al llegarles la noticia de la caída de Kalgan en manos de un misterioso pirata solitario, él manifiesta deseo de investigar y así se lo hace saber una vez en Nueva Términus al alcalde Indbur (Leo Bill), pues está convencido de que el tal Mulo es un mutante con habilidades psíquicas.
Indbur, sin embargo, se niega a entrar en un conflicto diplomático por ser Kalgan parte de la franja intermedia que no pertenece al Imperio ni a la Fundación. Furioso al ser desautorizado, el espíritu rebelde de Han se rebela, discutiendo ambos acaloradamente y hasta habiendo algún forcejeo, como consecuencia del cual se va con la llave de la nave del alcalde que, al darse cuenta, se queda maldiciendo…
El Final de Todo
En Trántor, Day vive autoexiliado y alejado de los asuntos palaciegos, pasando el tiempo entregado a la piscina, las drogas, la poesía y a su consorte. Hasta tiene un par de animales clonados, entre ellos un camello y un hurón.
Dusk se presenta para decirle que Demerzel le reclama y, aunque de mala gana, asiste al encuentro con ella y los otros dos miembros de la dinastía. Lo que Demerzel tiene para decirles, tras desplegar el Radiante, es que la era oscura no se ha retrasado como se creía y más aún: comenzará en solo cuatro meses y su consecuencia será la desaparición completa de la civilización, sin que permitan los cálculos ver más allá…
Como corolario, el cierre del capítulo nos lleva a Ignis, donde Gaal despierta de su sueño criogénico diciéndonos en off que no hay más tiempo… “El Mulo ya está aquí…”
Balance del Episodio
Qué buen capítulo hemos visto en el inicio de una nueva temporada que no puede pintar mejor y que, como hemos dicho, marca un más decidido acercamiento a los libros. En parte es lógico y por dos razones: por un lado, porque ya están lo suficientemente asentados los cambios que desde un primer momento fueron introducidos para que la serie pudiese contar siempre más o menos con los mismos actores y, por otro, porque de todos los libros que componen una saga en sí poco cinematográfica, Fundación e Imperio es justamente y sin duda el más cinematográfico.
Varios personajes conocidos para los lectores han aparecido y me gustaría comenzar por uno en particular cuyo apellido ha sido deliberadamente cambiado y creo comprender el motivo. Randu Darell, líder de los Príncipes Mercaderes, es un personaje importante en el material de origen y, tal como aquí hemos visto, cobra protagonismo en un momento en que el decaído Imperio teje alianza con ellos para debilitar a la Fundación. Y aunque es pariente de Hober Mallow, a quien hemos perdido en la temporada anterior, su apellido es allí Darell, lo mismo que el de su sobrino Toran, a quien hasta aquí no hemos visto, pero estimo que, junto a su esposa Bayta, veremos de un momento a otro.
¿Por qué fue cambiado el apellido? Entiendo que para que el espectador que no haya leído los libros relacione más fácilmente en lugar de hacerle perder en una maraña de nombres que pueda ser más o menos fácil de seguir en una o varias novelas, pero no tanto en una serie, donde el público los escucha en lugar de leerlos (salvo que, como yo, prefieras seguirla subtitulada para oír las voces originales).
Otro de los personajes que ha sido presentado y conocemos de la saga es Mis Ebling, de quien me ha gustado hasta aquí la interpretación de Alexander Siddig, a quien quizás recuerden por haber encarnado a Julian Bashir en Star Trek: Deep Space 9. Desde ya que, debido a las diferencias en la estructura de la historia, no tiene en los libros ningún encuentro con Hari Seldon, que ya para esta altura lleva largo rato muerto en la forma que sea. Pero su papel en la persecución y cacería del Mulo es muy importante y así pinta también aquí de acuerdo a la preocupación que muestra por la inminencia de la Tercera Crisis y su posible resolución.
Y si hablamos de la caza del Mulo (madre mía, el momento épico que se nos viene y cómo lo he estado esperando), no podemos desde luego obviar al reaparecido Han Pritcher, que tendrá rol fundamental en la misma y que, al igual que aquí se nos muestra, tiene en Fundación e Imperio un espíritu rebelde que le lleva a investigar por cuenta propia y entrar en conflicto con el ineficiente y corrupto alcalde Indbur.
¿Aparecerán los esposos Darell, aunque sea con el apellido cambiado? ¿Y Magnífico Giganticus? De acuerdo a algunas señales que hemos tenido, se me ocurre que en efecto así será pero por razones obvias no puedo decir demasiado a los fines de no introducir innecesarios spoilers para quien no haya leído los libros.
Y, por supuesto, el Mulo. El personaje que todos esperábamos y que hasta ahora solo habíamos visto a través de flashforwards, pero que ahora tiene y tendrá un lugar desencadenante que se resume perfectamente en la frase “El Mulo ya está aquí…”
Con respecto a los motivos del alejamiento de Mikael Persbrandt, no hay información muy precisa sino solo rumores, hablándose incluso de acusaciones de acoso sexual que habrían pesado en su reemplazo. No hay forma de saberlo, pero Pilou Asbaek está muy bien en el rol y, de hecho, manifestó que era para él un honor seguir los pasos de alguien como Persbrandt.
El episodio ha sido de una increíble factura técnica y la secuencia de Kalgan particularmente alucinante. Duele un poco, en consecuencia, enterarnos que David S. Goyer se ha ido de la serie justamente por discusiones de presupuesto, lo cual nos hace temer que una eventual cuarta temporada venga con recortes. Sería una pena e iría en detrimento de la impresionante serie que estamos viendo: esperemos que no se note mucho…
Otro punto interesante han sido los conflictos existenciales, expresados particularmente en Dusk y en Demerzel, cuya historia, además y como ocurriera en la segunda temporada, se sigue uniendo con las historias robóticas de Asimov, algo que en los libros ocurre recién en Fundación y Tierra, último de la saga (aunque es un asunto posteriormente revisitado en las precuelas y en otras novelas como Los Robots del Amanecer o Robots e Imperio que sirven como puente entre ambos mundos).
El arco de Haven ha sido realmente intenso, aunque, insisto, se vio por momentos como un cruce entre El Retorno del Jedi y Pitch Black, lo cual puede molestar a los fans, aunque hay que recordar al respecto y a la inversa que la saga Fundación ha sido altamente influyente sobre el mundo Star Wars (los nombres de los personajes son de hecho bastante reminiscentes), y que las historias sobre soles de los cuales hay que esconderse son también caras a Asimov, como la novela El Sol Desnudo (1956) o el relato Círculo Vicioso, publicado originalmente en 1942 e incluido luego en Yo, Robot (1950).
En definitiva, hemos tenido un gran comienzo que, más allá de los cambios con respecto al material original, acerca la serie cada vez al mismo y hace saltar nuestros corazones ante guiños y señales que, para el lector, predicen un rumbo futuro que seguirá la misma línea y que, además, continúan confirmando a Fundación como una de las mejores series de ciencia ficción en lo que va del siglo. A ver con qué nos encontramos en el próximo episodio y les espero aquí para analizarlo.
Este viernes 11 de julio se ha estrenado ‘Superman’ y con él ha comenzado el nuevo universo de DC en el cine. Ha sido un estreno que no ha dejado indiferente a nadie, ya que las redes sociales se han polarizado con las críticas hacia la nueva cinta de James Gunn, pese a todo esto, sus números en taquilla son alentadores.
Mi compañero Juanjo ya dio su opinión en esta crítica sin spoilers, yo voy a hacer lo propio, pero destripando la cinta con todos los spoilers necesarios. Así que si has llegado a este artículo (pese a que en el título se ha avisado), lo vuelvo a hacer: Muchos spoilers de aquí en adelante.
¿’Superman’ es la mejor película de superhéroes de la historia? No
¿’Superman’ es la mejor película de este personaje? No
¿’Superman’ es la peor película que se ha hecho sobre Kal-El? Tampoco.
La propuesta de James Gunnes una cinta divertida, repleta de acción, con grandes personajes que nos va a hacer pasar un buen rato, emocionar y que funciona en la mayor parte de su metraje. Está lejos de ser perfecta, pero personalmente, me gusta más que‘Man of Steel’. Dicho esto, vamos a empezar por las cosas negativas sobre esta nueva versión de Superman.
Un ‘Omni-man’ en toda regla
Se ha reinventado el motivo del envío de Kal-El a la Tierra con un Jor-El y Lara que eligieron nuestro planeta por sus habitantes débiles y fáciles de gobernar por su poder y eso me dejó un mal sabor de boca. Hasta el final tuve mis dudas y pensé que todo era una distorsión del mensaje por parte de Luthor, pero no fue así.
Siempre he amado el sacrificio de estos padres para salvar a su hijo, me está encantando como los está plasmando Jason Aaron en su ‘Absolute Superman’, como se hizo en ‘Superman: La película’ y en ‘Man of Steel’. Ahí debo reconocer que la propuesta de Snyder supera a esta y son muchos quieres comparan esto con la muerte de Jonathan Kent en la cinta de 2013. Es cierto ambas decisiones fueron erróneas (bajo mi punto de vista) y restan más que sumar.
Para lanzar el mensaje de ‘tus padres no te dicen quién eres, tú eliges quien quieres ser’ no hace falta tirar por el barro a la herencia kriptoniana del personaje. Sinceramente, ha sido un error por parte de Gunn, que desconozco si tendrá eco en el futuro o ya no se mencionará más, pero no ha sido de mi agrado.
¿HawkQuien?
Entiendo que se han introducido muchos personajes para que poco a poco vayan apareciendo en otros productos de DC Studios. Mi mayor problema con ello está con HawkGirl (Isabela Meced) que no llega a brillar pese al carisma de la actriz.
Duele más cuando el resto de componentes de la ‘Justice Gang’ tienen una presencia y un peso superior y destacan en sus apariciones.
Ojalá veamos más de Hawkgirl en el futuro, ya no solo por ser un personaje potente, si no por la actriz que lo interpreta.
John Williams es demasiado John Williams
No quiero que me entendáis mal, adoro y se me eriza la piel con el tema de Superman de John Williams, pero es eso lo único que brilla en esta cinta. Cuando salimos de este leitmotiv tenemos una partitura que no brilla y que deja (bajo mi punto de vista) más sombras que luces. Es un acierto tirar del maestro Williams, pero su sombra es muy alargada y son pocos los que pueden acercarse.
Por esto, el resto de temas que no incorporan esos míticos acordes se me antojan flojos y casi insulsos.
Esas son las tres partes negativas más llamativas que me han hecho arquear la ceja en la sala de cine, así que vamos a por las positivas que son más.
James Gunn
No voy a descubrir la pólvora con este cineasta y guionista, sabe manejar bien a los personajes con un sello bastante marcado, aunque es cierto que aquí lo vemos más comedido, en el fondo (para bien o para mal) esta es una cinta de James Gunn y por eso habrá mucho público que se sienta con duda de verla.
El cineasta ha demostrado que está madurando como persona y director y deja a un lado su humor irreverente y escatológico para que su parte emotiva gane terreno y beneficie mucho a este Superman. Es cierto que su guion no es de Óscar ni descubre la rueda, pero es funcional para contar la historia que quiere. ¿Podía haber sido mejor? Sin duda, pero tampoco es un mal tratamiento. Su mayor logro es que ha conseguido entregar a un ‘Hombre de Acero’ menos de acero y más humano, ya que podríamos decir que ese es el tema principal de esta película.
Escribir y presentar a un personaje perfecto es algo que hace que el público no empatice con facilidad y mostrar a alguien que se tropieza, cae y se levanta es un acercamiento inteligente que conquistará al gran público. La taquilla está hablando por ahora de ello.
Es cierto que aquí se ha bajado el nivel del humor y, pese a ello, no todo funciona, pero es algo que esperábamos de James Gunn. Por suerte no es Taika Waititi y sabe cuando hay que darle espacio a las emociones y dejar las bromas para otro momento.
Secundarios de lujo
Gunn sabe manejar grupos y lo hace de una manera excepcional, es cierto que Hawkgirl no ha brillado, pero el resto consigue que se ganen un lugar de honor.
Guy Gardner (Nathan Fillion) es un capullo que se come la pantalla cada vez que aparece y el buen hacer del actor le da un plus que hace despegar al Linterna verde. Es un capullo integral que consigue que queramos ver más de él en la serie de HBO y en la segunda temporada de ‘Peacemaker’.
Por otro lado, tenemos a Mr. Terrific (Edi Gathegi) que si es un secundario con gran presencia en la cinta y con un peso en la trama con muy buenos momentos de ‘Buddy movie’ con Lois Lane y Superman.
Rachel Brosnahan hace suya a Lois Lane y consigue que queramos más de ella en cintas posteriores y con mayor presencia. Si tengo que quedarme con una versión de cines que quedo con esta por su carisma y por su química con Clark Kent.
Es cierto que muchos de los secundarios del Daily Planet pasan sin pena ni gloria, pero era algo natural y con ese Jimmy Olsen tan memorable que nos ha traído Skyler Gisondo es muy difícil brillar.
Un Héroe es tan grande como su némesis
Nicholas Houltes Lex Luthor y poco más se puede decir. Incluso en los momentos en los que se vuelve algo más histriónico, el actor defiende el papel dándole un tono siniestro y obsesivo que da miedo.
Este interprete se ha ganado un hueco en Hollywood gracias a sus muchas virtudes y aquí nos ha dejado un villano que destaca, incluso más que el héroe en algunos momentos y eso lo hace aún más excepcional.
Hay situaciones y momentos que nos van a recordar al Luthor de Gene Hackman por sus planes casi hilarantes, y es ahí donde el actor lo defiende con tanta vehemencia que los hace creíbles.
Aunque también tenemos a La Ingeniera y Ultraman como villanos, digamos que estos serían unos meros secuaces de este Lex y sus músculos.
La Acción y el ‘Ojo de pez’
Se ha hablado mucho de lo feos que quedaban esos planos en el vuelo de Superman y hay momentos en los que no funcionan, pero son meros planos, ya que el resto de la acción luce muy bien y ensalza al personaje.
El mayor problema con los planos cercanos, ya que en media y larga distancia consigue que asistamos a unas escenas memorables (muchas las hemos visto en los tráilers) que nos van a dar sensación de velocidad y con todo el sabor a cómic.
Aunque Gunn no es tan visualmente apabullante como Zack Snyder, nos ha entregado momentos de pura adrenalina y escenas de combate que hacen que los poderes y habilidades de los personajes queden genial en la gran pantalla.
Superman inocente y aniñado
Veníamos de un Superman endiosado, una figura mesiánica que veíamos como salvaba a gente en muchas escenas de sus películas, pero que no llegaba a ser cercano, a ser ese chico de Kansas que todos amamos. Su carácter distante lo hacía ver como alguien a quien no se podía acceder, te podía salvar, pero sin mirarte a la cara antes de irse.
David Corenswet nos ha devuelto a un Superman sonriente, capaz de salvar a un perro o a una ardilla en medio de un combate y preocuparse por una mujer que acaba de rescatar mientras le regala la sonrisa más tierna posible.
¿Es un Superman perfecto? NO, tiene miedo, ama, llora, se enfada, se frustra, pero se recupera, se levanta y lucha por lo que cree. Es muy fácil ser un héroe cuando se es invencible, lo difícil es serlo cuando te puede costar la vida.
Creo que estamos ante un Superman que bebe del de Christopher Reeve, pero teniendo claro cual es su camino. Larga vida a este Kal-El.
Krypto
Se roba el show cuando aparece y eso es una verdad universal, ya no es un mero alivio cómico o el animal de turno que Gunn tiene que poner, es alguien importante para la trama y que tendrá un arco de personaje tan importante como el que más.
Es un cachorro rebelde, juguetón y un poco revoltoso, pero bastante bien está para haber sido criado por Supergirl. Tiene corazón, nos gana en cada escena y se lleva de calle a todo el público por lo bien escrito que está. Sufrimos con él, nos reímos con él. Cuando llega la escena post-créditos no podemos más que emocionarnos.
Cameos y post-Créditos
Si esta es la Supergirl que voy a ver en cines ya me tiene ganado, Milly Alcockya tiene mi entrada asegurada. Sabíamos que su personaje iba a estar basado en el cómic de ‘Supergirl: La mujer del mañana’ de Tom King y no se puede negar que es así. Ver a esta mujer aparecer borracha puede parecer extraño para muchos, pero para quienes hemos leído esa historia sabemos que es perfecto y que lo que viene es maravilloso.
Las escenas post-créditos no son memorables y James Gunn no nos va a enseñar nada de su futuro universo. La segunda es una ‘chorrada campestre’ entre Mr. Terrific y Superman y un edificio mal encajado y me decepcionó, ya que esperaba algo de lo que está por venir.
La primera es esa viñeta de ‘All-Star Superman’ de Krypto y Superman mirando la tierra desde la lunay es maravillosa. Nos emociona y nos hace querer más de estos dos.
Conclusión
‘Superman’ no es la obra maestra que muchos esperaban, pero tampoco es la bazofia que otros proclaman. Es una cinta divertida, entretenida y repleta de acción y corazón que es un comienzo firme para este nuevo universo.
James Gunn ha hecho un gran trabajo para entregarnos algo que nos emocione con lo que está por venir. Su DCU tiene buena salud si va por este camino, le duela a quien le duela, y espero que tenga una gran taquilla para que eso lo impulse más aún.
‘Superman’ es un espectáculo para disfrutarlo en la gran pantalla y ya estoy deseando ver la segunda temporada de Peacemaker, Lanterns de HBO y Supergirl.
Primer fin de semana de ‘Superman’ en los cines y podemos asegurar que la nueva era del kriptoniano en el cine ha comenzado con un rotundo éxito. Esta esperada película que marca el inicio del nuevo Universo DC bajo la dirección de James Gunn, ha acumulado unos números impresionantes en la taquilla mundial durante su primer fin de semana, recaudando un total global de 217 millones de dólares.
Este tremendo arranque coloca a ‘Superman’ en una posición ventajosa al compararla con el inicio de la anterior encarnación del personaje en la gran pantalla. En 2013, ‘Man of Steel’ de Zack Snyder, la película que fue el comienzo de su Universo Extendido de DC (DCEU), cosechó 116 millones de dólares en su primer fin de semana en Estados Unidos y Canadá, aunque es cierto que la recaudación mundial es casi idéntica, ya que oscila (depende de donde se mire, ya que no hay cifras concretas) de entre 90 y 100 millones.
Esto podría interpretarse como un signo muy positivo del interés que está generando la propuesta de James Gunn y Peter Safran con su DC Studios y que las críticas positivas han llamado a la gente a los cines.
Más allá de los números, ‘Superman’ está generando mucho debate entre el fandom por la forma tan opuesta de ver al personaje con respecto a su antecesor, pero esta cifras me hacen pensar que esta nueva visión ha conseguido conectar con la audiencia y en un comienzo prometedor. Por desgracia, ‘la escena de los monos’se está trasladando a la vida real de una manera que ya no es graciosa, sino rozando lo vergonzoso.
El desafío ahora será mantener este impulso y consolidarse como un pilar fundamental en el resurgimiento del universo de DC en la gran pantalla y ver cómo le afecta el estreno de ‘Los 4 Fantásticos’el día 24 de julio.
Aquí os dejo el tráiler final de ‘Superman’ para que lo disfrutéis:
El 7 de julio de 1995 llegaba a los cines estadounidenses Species, película que, conocida también como Especie Mortal para España (donde se estrenaría recién en octubre) o Especies para Latinoamérica, venía a explotar la paranoia de invasión alienígena en clave de ciencia ficción erótica con toques de terror y pinceladas de thriller bajo la dirección de Roger Donaldson y con una debutante y despampanante Natasha Henstridge más elenco de lujo. La revisitamos…
Desde que venimos enviando señales al espacio a la búsqueda de vida extraterrestre, el cine y la literatura han dado lugar a especulaciones acerca de qué pasaría si las mismas fueran alguna vez recibidas y respondidas. En algunos casos para bien, como en Contact (1997), filme de Robert Zemeckis del cual pueden leer aquí el retro-análisis de un servidor; en otros no tanto, como en la algo anterior Species (1995) que, dirigido por Roger Donaldson, juega con la terrorífica posibilidad exactamente inversa y es el que hoy nos ocupa.
Las historias de alienígenas peligrosos y espeluznantes ya venían dando a la pantalla unos cuantos ejemplos de lo que podría verse como la contracara de las versiones amigables de Encuentros en la Tercera Fase (1977), E.T. (1982) o Cocoon (1985). En esa línea contraria se inscribían pues Alien (1979) o Depredador (1987), ambos filmes que dieron lugar a respectivas franquicias.
Pero Species agregó al tópico algo que en Alien y Depredador faltaba: erotismo. Había en ese sentido una cierta veta disponible en la medida que el thriller erótico no encontraba nuevos caminos después de Instinto Básico (1992, aquí retro-análisis) y la ciencia ficción, después de todo, no era ajena al sexo en la literatura, fuera en las publicaciones pulp (aquí artículo) o, de modo menos prosaico, en la excelente novela Los Amantes (1952), de Philip José Farmer, que planteaba la idea de un alienígena que utilizaba el sexo de modo parasitario.
Dennis Feldman, consolidado como guionista tras el éxito en taquilla de El Chico de Oro (1986, también conocida como En Busca del Niño Dorado) venía dándole vueltas a la historia desde 1987, pero el guion original, provisoriamente titulado The Message, tenía un cariz bastante más policial que no convencía a ningún estudio. Decidió entonces, con el visto bueno de Metro Goldwyn Mayer, invertir las cosas y convertirlo en historia de ciencia ficción con elementos de thriller y de terror.
La producción del filme quedó en manos de Frank Mancuso Jr., en tanto que para dirigirlo fueron en busca de Roger Donaldson, quien contaba entre sus antecedentes el remake náutico Motín a Bordo (1984), el muy buen thriller No hay Salida(1987) y la sosa pero exitosa comedia romántica Cocktail (1988). No tan bien le había ido, en cambio, con la propuesta de acción Arenas Blancas (1992) o el desabrido remake La Huida (1994), pero las anteriores producciones le daban todavía suficiente plus de credibilidad y el director australiano, en consonancia, mostró interés de inmediato.
Para el diseño alienígena se recurrió a H.R. Giger, de ganado prestigio como responsable de la icónica criatura la de la saga Alien y admirado por Donaldson tras haber este echado ojo al Necromicón, compendio de imágenes del artista suizo que impactaron al realizador al punto de pedirle que hiciera algo parecido.
Giger aceptó, pero debido a tener en ese momento a su madre con una enfermedad terminal, no quiso viajar a Los Angeles y realizó los diseños desde Suiza en forma de marionetas, enviando por fax bocetos y pinturas con aerógrafo para que supieran los pasos a seguir. Y su aporte no se limitó a lo técnico; también sugirió cambios en el guion para que la historia no se pareciese demasiado a otras, cuestionando por ejemplo el final original (paradójicamente poco original) en que el alienígena era destruido con fuego, recurso a su entender ya agotado que remitía demasiado a Alien 3 o Terminator 2.
El trabajo de efectos visuales fue una combinación bastante pionera de animatrónicos e imágenes generadas por ordenador, las cuales, corriendo por cuenta de Boss Film Studios (compañía fundada en los ochenta por Richard Edlund que cerraría sus puertas dos años después),innovaron en ámbitos como la captura en movimiento, técnica consistente en registrar a personas reales moviéndose para luego aplicarlo digitalmente al diseño de la criatura.
La primera escena es muy impactante. En un laboratorio del gobierno, una niña con aspecto de doce años (Michelle Williams) es mantenida en aislamiento mientras un equipo de científicos la mira con rostros serios y compungidos. El líder, Xavier Fitch (Ben Kingsley), deja caer una lágrima mientras la mira y pronuncia un triste “lo siento” antes de que sujetos con trajes especiales y tubos de cianuro se hagan presentes para gasear a la niña en su compartimento.
Viéndose amenazada y presa de la desesperación, esta consigue romper el cristal y huir hacia el desierto, motivando que todas las fuerzas de tierra y aire salgan a buscarla sin éxito, pues consigue treparse a un tren y alejarse.
Debido al cáracter secreto de lo que venían haciendo y para evitar dar explicaciones, Fitch decide reunir un grupo selecto y variopinto a los fines de encontrarla, estando el mismo integrado por el antropólogo Stephen Arden (Alfred Molina), la bióloga Laura Baker (Marg Helgenberger), el “empático” Dan Smithson (Forest Whitaker) y el asesino a sueldo y ex-mercenario Preston Lennox (Michael Madsen), quien se define a sí mismo como “solucionador autónomo de problemas del gobierno”.
Al ponerles al tanto Fitch de la razón por la que les ha convocado, nos enteramos que todo comenzó cuando los científicos del proyecto SETI recibieron desde el espacio exterior una señal inteligente que, una vez descifrada, terminó siendo un instructivo para obtener energía ilimitada a partir del metano. Pero allí no terminó la cosa y los alienígenas enviaron luego un segundo mensaje consistente en una cadena de su propio ADN más instrucciones para fusionarlo con el humano, cuya estructura conocen “gracias” a los mensajes enviados previamente al espacio.
Confiando en sus intenciones amistosas, el equipo de Fitch llevó adelante un experimento genético que dio como resultado un híbrido: una niña que no parecía en principio tener nada de extraordinario, pero que en solo tres meses alcanzó el aspecto de una de doce años, a la par de mostrar un comportamiento cada vez más peligroso y extrañas transformaciones en su cuerpo, especialmente al dormir.
No quiero contar más, pero se viene una trama de persecución contrarreloj en la cual la niña ya no es tal, sino una escultural rubia de metro setenta y cinco (Natasha Henstridge) que, incluso desnuda, anda dando vueltas por los Angeles a la búsqueda de hombres con los que copular y reproducirse, debiendo el equipo encontrarla antes de que, con terribles consecuencias para la humanidad toda, consiga hacerlo.
Erotismo y Ciencia Ficción
Lo primero que hay que entender es que Species es una película B con presupuesto A, lo cual quizás no haya sido tenido en cuenta por los críticos que, sin piedad, la destrozaron al momento del estreno, aunque también es cierto que falta en el filme ese toque final de sentido del absurdo que hubiera dejado más en claro que la cosa no iba del todo en serio. Y si bien Donaldson es un director que se mueve cómodo en el thriller de suspenso, habría que ver cómo hubiera funcionado la misma historia en manos de Robert Rodríguez, por ejemplo.
La premisa inicial está bien planteada y es atractiva. La idea de que enviar mensajes al espacio pueda tener consecuencias no tan buenas si los receptores fueran alienígenas poco amistosos es un buen punto de partida y exactamente contrario al de Contact, película que, con base en una novela del prestigioso científico y divulgador Carl Sagan, sería estrenada al año siguiente. Y que los mismos puedan provocar una invasión enviando simplemente su ADN ayuda a quitarse de encima el problema de explicar complejos métodos para viajar en el espacio y ajustarse a la vez a las limitaciones impuestas por la relatividad.
La relación entre erotismo y ciencia ficción, por otra parte y como ya hemos dicho, no era en absoluto nueva y la película, de hecho, abreva bastante en aquellas novelitas de bolsillo que tan bien nos lo hicieron pasar a muchos en algún momento de nuestras vidas (les invito si lo desean a leer mi artículo al respecto). De hecho, fue posteriormente novelizada por el propio guionista Dennis Feldman en colaboración con Yvonne Navarro y el resultado podría perfectamente haber integrado alguna de aquellas entrañables colecciones de Toray o Bruguera.
Al igual que en las mismas, no faltan sinsentidos ni disparates, como que un único sujeto (Fitch) tenga casi omnipotencia sobre un proyecto tan ambicioso como fusionar ADN humano con extraterrestre, así como sobre la posterior cacería de la niña fugada. Tratándose de un experimento del gobierno, es de pensar que debería haber alguien detrás suyo y, por muy confidencial que quiera mantenerse el asunto, no cuadra que desde las esferas oficiales deleguen todo en manos de una especie de doctor Frankenstein y un grupo de personas que jamás han trabajado antes juntas.
Tampoco parece muy lógico que una especie capaz de enviar complejos mensajes a través del espacio no haya evolucionado más allá de un básico estado depredador y, aun aceptándolo, no se entiende el provecho que sacarían del envío. Es decir, está claro que el objetivo es poblar la Tierra con su especie (o una híbrida) y eliminar a la humanidad, ¿pero qué beneficio obtendrán de ello los emisores a años luz de distancia?
Igual de poco sentido pareciera tener que la niña tenga un crecimiento tan precoz en el inicio de la película y luego se estanque convenientemente hasta el final en un sexy envase veinteañero. Seguramente, desde ya, habría que exhibir las virtudes físicas de Henstridge, aspecto que hoy sería tildado de sexista pero que incluso en aquel momento fue de los que más señaló con dedo acusador la crítica al denostar el filme.
Sin embargo, en ese punto, voy a hacer de abogado del diablo e insistir con lo del espíritu de película B, un cine al que los desnudos gratuitos son inherentes sin pedir disculpas, mientras que aquí, al menos, se justifican en que Sil es una criatura salvaje ajena a todo preconcepto moral y su metamorfosis, previo paso por crisálida, se condice de hecho con la de las mariposas, que alcanzan su plenitud sexual antes de morir. Ya sé que son solo excusas argumentales, pero que las hayan buscado es más de lo que, para bien o para mal, suelen hacer el pulp o el cine B.
Más preocupante es en cambio que, despúes de un trepidante inicio y un suspenso bien llevado durante la primera mitad, la trama se vaya desinflando. No ayudan algunos sustos baratos del tipo “era solo una ardilla” ni los toques de comedia poco convincentes que, merced a chistes tontos, se van haciendo cada vez más frecuentes a medida que la historia avanza. Ni hablar de los coqueteos entre integrantes del grupo (particularmente entre Baker y Lennox), por momentos más cercanos a adolescentes inmersos en líbido y testosterona que a supuestos especialistas con la misión de salvar a la humanidad.
Algunos diálogos, de hecho, son de lo demás insulso y si se salvan del desastre es gracias a un elenco de lujo, con un Kingsley siempre formidable que evidencia conflictos y culpas a través de acertados primeros planos o incluso planos detalle de sus ojos (una constante durante toda la película y no solo en él) y un Whitaker igual de magnífico como el “empático” atormentado por sus psíquicas presunciones.
Molina, Madsen y Heldenberger (más allá de que el personaje de esta última se me haga algo insufrible) aportan también su solvencia habitual para que la química del grupo sea notable y los personajes terminen siendo impensadamente interesantes a pesar de los estereotipos que el guion impone a sus respectivas profesiones: no es poco mérito.
Henstridge no está mal para ser su debut y venir del modelaje. Ya sé que posiblemente sean pocos los que se hayan detenido en ello al estrenarse la película (quizás yo tampoco) pero, sin necesidad de grandes lucimientos, está correcta en la mezcla de ingenuidad y sensualidad que le impone su personaje, uno capaz de generarnos incluso cierta ternura o simpatía al punto de ni siquiera estar seguros sobre si queremos que la eliminen. Más limitaciones muestra cuando tiene que denotar conflictos existenciales del tipo Frankenstein, pero por fortuna son pocos los momentos en que se la somete innecesariamente a ello.
Por su parte, Michelle Williams, que es quien da vida a Sil en su versión infantil, no es una debutante como Henstridge, pero casi, pues Especies es su segunda película después de Lassie (1994). Y por pocos que sean sus minutos en pantalla, le alcanzan para exhibir las condiciones que la convertirán en el futuro en actriz altamente valorada con nada menos que cinco nominaciones a Premios Oscar (tres como actriz principal y dos de reparto). También ella, al igual que Kingsley (pero con treinta y siete años menos), es capaz de sostener uno de esos primerísimos planos de ojos como solo pueden hacerlo los talentosos.
Por lo demás, algunos efectos lucen bastante bien para la época (particularmente cuando involucran diseños de Giger), pero otros parecen más propios de series de los noventa que de películas de esa década. De hecho, toda la escena final en el sistema de alcantarillado y las extrañas cavernas con que el mismo se conecta me hicieron acordar al que probablemente sea el peor episodio de una gran serie como X-Files: el de aquel “hombre-parásito” que vivía en las alcantarillas.
Hay inevitablemente momentos visuales que remiten a los dos filmes que en ese momento eran mayor referencia en fusionar terror con ciencia ficción: Alien y La Cosa (1982, aquí retro-análisis). Pero la factura técnica está por debajo de esos filmes aun a pesar de ser respectivamente los mismos tan anteriores. Lo más cutre: la escena en que el niño recién nacido (y recién crecido) caza una rata con su larga lengua reptiliana. Supongo que la mayor parte del presupuesto se habrá gastado en el elenco…
La música de Young, especialista en terror, acompaña pero no queda en la memoria y si bien tiene un buen tema de inicio que, con una atmósfera de misterio reminiscente de los ochenta, se repite en los créditos finales, es una lástima que el mismo desaparezca durante todo el resto de la película: un buen leitmotiv no hubiera venido mal.
Valoración y Legado
La película tuvo un presupuesto de treinta y cinco millones de dólares que, bastante generoso para la época, acabó generando ingresos por ciento trece millones, los cuales, ajustados a la inflación, serían hoy en día unos doscientos treinta y cuatro. El resonante éxito en taquilla, sin embargo, no corrió a la par de las críticas, mayormente desfavorables.
Llegaría una olvidable secuela en 1998 dirigida por Peter Medak, y luego una tercera y cuarta parte respectivamente estrenadas en 2004 y 2007, pero únicamente para el medio televisivo u hogareño y, ya para la cuarta, sin ningún actor del elenco original de la primera. Así y todo, sin ser gran cosa, tanto Species III como Species IV: El Despertar son algo mejores que Species II. Lo curioso es que ninguna retome el cliffhanger final de la que nos ocupa, con la rata que devora uno de los tentáculos del alienígena y lanza luego su larga lengua contra una de sus congéneres.
Species es una película entretenida y con una buena premisa que se va diluyendo hacia la segunda mitad entre momentos excesivamente reminiscentes de anteriores filmes del género más otros que, logrando solo cortar clima, navegan entre intrascendencia, chistes malos y tramas secundarias que a nadie interesan…
Y si sus momentos de terror no funcionan de la misma forma que en Alien, La Cosa o Depredador, ello se debe en buena medida a que falta, en el contexto urbano de la película, el aislamiento que, sea a través del espacio exterior, de la Antártida o de la jungla centroamericana, contribuye a generar tal sensación en esos otros filmes. En algún punto, comparte ese problema con Depredador 2 (aquí retro-análisis), aun siendo esta última una muy digna secuela.
Amén de todo ello, Species no deja de ser un pionero desembarco del exploitation y el pulp en la ciencia ficción de la gran industria de Hollywood y, si uno no se pone demasiado exigente (como quizás lo hayan hecho los críticos al momento de estrenarse), no deja de ser una película que se deja ver y tiene además el plus de un elenco de primer nivel. Y a propósito de eso último, vaya también este retro-análisis como homenaje al bueno de Michael Madsen, a quien tristemente hemos perdido hace muy poco (aquí artículo).