‘Carretera fantasma’ es otra de esas obras de Jeff Lemire de la que tenemos que hablar bien sí o sí. El idilio que tiene este autor con lo oscuro y siniestro aún continúa y este cómic es un buen ejemplo de ello.
Seguimos con el viaje de Dom y Birdie por este lugar extraño, en esta combinación de terror sobrenatural con el esquema de una ‘road movie’ que se nos plantea. Este cómic, publicado por Astiberri, destaca por su trama atractiva, misteriosa y unos personajes bien desarrollados con muy pocas pinceladas.
Desde el primer momento, Lemire nos sumerge en un mundo oscuro y enigmático, como solo él y unos pocos saben hacer. La historia sigue a Dom, un camionero que intenta escapar de su trágico pasado, cuando su vida da un giro inesperado tras presenciar un accidente de tráfico en el que conoce a Birdie. Juntos, descubren un objeto misterioso que los transporta a una especie de mundo paralelo repleto de criaturas de pesadilla. Este punto de partida, aunque pueda parecer sencillo, se acaba convirtiendo en una aventura caótica y llena de suspense que nos mantiene devorando cada página.
Personalmente, cada vez que entro en esta lectura me retrotrae (no sé por qué) a ‘Langoliers’ de Stephen King. No creo que la trama tenga nada que ver con la que nos presentó el maestro del terror en esa obra (y posterior adaptación a película para la televisión), pero tengo la misma sensación cuando he leído los dos tomos del cómic de Lemire.
Algo que no podemos dejar de destacar de Carretera Fantasma es la habilidad de Lemire para crear una atmósfera angustiosa y un sentimiento de alienación. Cada viñeta transmite una sensación de peligro y la tensión y la incertidumbre se mantienen a lo largo de toda la obra. No nos sorprende a estas alturas de nuestras vidas que Lemire es conocido por sentirse cómodo en esta temática, además está sabiendo construir poco a poco unos personajes protagonistas muy potentes.
Dom y Birdie son personajes profundos cuyos demonios internos están apareciendo y eso les da una mayor tridimensionalidad y elevan la trama principal considerablemente
El arte de Gabriel Hernández Walta es el compañero perfecto para la narrativa de Lemire y consigue capturar la esencia del terror y la angustia que impregnan la historia. Creo que la excelente comunicación entre el guionista y el ilustrador ha sido más que evidente por cómo está quedando ‘Carretera fantasma’
Y si a esta ecuación sumamos el color de Jordie Bellaire, a quien cada día admiro más, todo se vuelve mucho más especial. Su uso del color no solo realza el arte de Walta, sino que consigue lo imposible: mejorar lo que ya es excelente.
Conclusión
‘Carretera Fantasma’ no es solo una historia de terror; es una obra que se está ganando a pulso estar en todas las estanterías de los amantes de los cómics.
Lemire utiliza ‘la excusa’ del género del terror para abordar temas universales como la redención, el sacrificio y la lucha contra los demonios internos. La relación entre Dom y Birdie, aunque forzosa, se desarrolla de manera orgánica y creíble.
La mezcla de road movie y terror sobrenatural de ‘Carretera Fantasma’ funciona a la perfección, y Lemire demuestra una vez más que se siente como pez en el agua en estos mundos.
En resumen, ‘Carretera Fantasma’ es una obra imprescindible para los amantes del cómic y del terror. Jeff Lemire, Gabriel Hernández Walta y Jordie Bellaire son una trinidad que han creado una historia que nos engancha desde el comienzo y que trata temas más profundos y que nos hará reflexionar en algunos momentos.
Me rindo ante el talento que destila este cómic y no puedo más que alabar la creatividad que hay en cada uno de los apartados de él.
Si buscas una lectura que te mantenga en vilo y te deje pensando mucho después de haber pasado la última página, ‘Carretera Fantasma’ es la elección perfecta.
Bienvenidos a un nuevo análisis de Superman & Lois. Toca el capítulo 5 de la cuarta temporada, “Rompe el ciclo”, donde Lois y Clark intentan llegar al corazón de Luthor para romper el ciclo de muerte y violencia en el que está inmersa su vida mientras Jonathan empieza a conocer el precio a pagar por sus nuevos poderes.
Este episodio intenta ofrecer una visión más cercana a la vida de Luthor y lo que le ha llevado a ser el monstruo malvado que es en la actualidad. Vemos que sufrió malos tratos por parte de una madre que le culpaba del abandono de su marido, también cómo se dio su divorcio, en el que su esposa decidió abandonar ya que no podía llegar hasta él y, por último, cómo Lex luchó por quedarse con la custodia de su hija Elizabeth, que terminó perdiendo al momento de ser encarcelado.
Lex con su hija de pequeña
Lois logra convencer a Elizabeth de que se reúna con su padre y, aunque al principio parece que conectan (sobre todo al enterarse de que su hija está embarazada), todo se va al traste cuando la mujer pide a Lex que renuncie a la venganza contra Lois y Clark. Luthor es como es y no puede renunciar a esa venganza, así que Elizabeth vuelve a abandonarle y el villano se ve aun más “obligado” a hacérselo pagar a los Kent.
Los nuevos poderes de Jonathan tienen un precio
Con Jordan dando un paso atrás, Jonathan empieza a estar más involucrado en los asuntos familiares llevando, por ejemplo, a Lois a Francia para hablar con Elizabeth. Pero justo en este momento su novia Candice regresa a Smallville para verlo, lo que lleva a tensiones entre ambos cuando tiene que seguir desapareciendo y luego mintiendo sobre dónde ha estado.
Candice y Jonathan, qué monos son
Al final, Jordan acude en ayuda de su hermano y le dice algo a Candice que hace que la chica perdone a Jonathan. Aunque hay que señalar que Candice no dice específicamente que sabe que Clark es Superman y que los hermanos tienen poderes, pero por lo que comenta y que, según dice, Jordan le contó «todo», podemos presumir que conoce los secretos de la familia Kent. Al igual que otra amiga de los chicos, que también lo ha descubierto.
Superman revive su muerte
Superman, por su parte, sigue dándole vueltas a la pelea con Doomsday. En la Fortaleza de la Soledad revive el encuentro mediante una simulación y solo le sirve para confirmar que volvería a perder, sobre todo ahora que parece que sus poderes están más debilitados.
Lois Lane y su conexión con Doomsday
La parte más sorprendente del episodio viene cuando vemos a Lois Lane convocar a Doomsday para «hablar» con él. Se da cuenta de que el monstruo está siendo convocado por una versión del aparato que utiliza para alertar a Clark y a los chicos. Así que utiliza su “avisador” confiando en que en el interior de la criatura todavía exista una parte del Clark de su mundo que también estaba enamorado de la versión de Lois de su universo.
Doomsday hace por fin algo más que dar mucho miedo
Da impresión de reconocerla y Lois le suplica que recuerde quién es y que deje en paz a su familia. Esto parece despertar un poco la humanidad del monstruo, que se marcha volando sin regresar a la base de Lex.
Valoración del episodio
El capítulo de hoy esta centrado en establecer a Luthor como el enemigo definitivo de los Kent. No hay nada que hacer. El ciclo de violencia y muerte en el que parecen estar inmersos no se puede romper, ya que el villano pone su venganza y su orgullo por encima de todo. Hasta ahora nos había hecho creer que lo más importante en su vida era recuperar a su hija, pero vemos que no es cierto. Lex es quien es y nunca va a poder perdonar a Lois y Clark, aunque eso le cueste romper definitivamente la relación con su hija.
Elizabeth, la hija de Lex, intenta que su padre abandone el ciclo de violencia en el que vive
También podemos ver retazos del pasado de Lex que nos hacen comprender mejor por qué es como es. Personalmente me parecen innecesarios. Estoy un poco cansado de los villanos que son malvados porque el mundo los ha hecho así. Un personaje tan grande como Lex Luthor no necesita excusas sentimentales para ser un HDP. Esas excusas lo alejan de la esencia del personaje y lo acercan a ser cualquier psicópata con traumas de los que ya hemos visto mil ejemplos.
Otra cosa que me llama la atención es el poco cuidado que tienen los personajes con la identidad secreta de Superman. Prácticamente cada semana hay alguien que descubre el secreto, lo que no tiene mucho sentido. A menos que los responsables se estén planteando que al final de la serie Clark haga pública su identidad, un camino que parece bastante factible por lo que estamos viendo.
Superman a punto de llevar a Lex a prisión en el pasado
En cuanto a Doomsday, me parece muy buena la manera en que los guionistas están manejando la amenaza que supone el personaje. Primero se nos deja bien claro que Superman no va a poder con él en una pelea. Pero después se abre una puerta para poder lidiar con él gracias a las acciones de Lois. Y por fin el monstruo parece escapar del yugo de Luthor, lo que coloca a todos los personajes en una situación muy interesante.
Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
«Vince McMahon: El titán de la WWE» es una serie documental de seis episodios en Netflix. Teniendo en cuenta que en Netflix ya se pueden ver los combates de la WWE uno se podría esperar lo peor. Es decir, es un documental sobre el gran dirigente de la lucha libre estadounidense. El responsable de que todo el mundo sepa quienes son Hulk Hogan, el Último Guerrero, la Roca, Batista o John Cena. La mente detrás de lo que en los 90 llamábamos Pressing Catch en España. Ese señor, responsable de que la lucha libre estadounidense sea el espectáculo de masas que es, de los inmensos beneficios que da y demás, tiene su documental en Netflix cuando la propia Netflix va a dar su producto. ¿Qué es lo previsible? Bien, pues todo lo que podríamos esperar para mal resulta que no es así. Es decir, que el documental es increíblemente interesante, ya más allá del interés de cada uno en los mazados fingiendo pegarse y gritándose cosas.
Los seis capítulos tratan de contarnos más o menos cronológicamente y a través de entrevistas con Vince McMahon, el propio cerebro de todo esto, la historia de cómo un espéctaculo fragmentado en mil negocios distintos en un país tan gigantesco como Estados Unidos se unifica con los años en una sola compañía. También de cómo logra que algo despreciado y marginal en sus inicios consiga en los años 90 eclipsar a los deportes profesionales. O de cómo consigue sus mayores éxitos cuando el negocio de la lucha libre se alinea con el espíritu de los tiempos…y cómo se la pega cuando se aleja de estos. Eso sería más o menos lo que «Vince McMahon: El titán de la WWE» sería a grandes rasgos. Pero lo que le hace apasionante son otras cosas…
Y lo primero que lo hace adictivo e interesantísimo es el enfoque general del documental. Vince McMahon cuenta su versión de los hechos; los fondos documentales nos muestran vídeos y testimonios de otro tipo e incluso entrevistas a conocidos críticos de sus formas de actuar. Y no solo cumplen el expediente para no parecer un ejercicio de peloteo: hurgan en la herida lo que sea necesario y con la crueldad que sea necesaria para atizar a Vince McMahon en sus decisiones y vicios más conocidos. Es muy posible que se oculten cosas, por supuesto, pero la cantidad de horrores, abusos y maldades casi sin fin de Vince McMahon protagonizan el documental casi tanto como sus propias palabras. Que en resumen son: hago todo por el negocio, no peleo limpio, a la competencia voy a por ella al cuello. Tal cual.
Luego está el sentido profundo en el que insiste Vince McMahon y más de un luchador en las entrevistas, entre ellos Hulk Hogan. En todo momento, desde el principio, el enfoque de la lucha libre es de negocio. Es decir, qué tenemos que hacer para ganar más dinero. ¿Cual es el límite? Insiste mucho el protagonista: aplastar a la competencia, ser mejores que ellos, ganar mucho más que ellos. El límite es ganar. A veces no toma buenas decisiones, a veces sí, pero el consenso general entre todo el mundo es que la lucha libre con sus circos, sus declaraciones impostadas y sus historietas de vodevil son la obsesión durante las veinticuatro 24 horas al día y los siete días de la semana.
Si tiene que meter a su hija a ser un personaje del circo de la lucha libre pues la mete. Si tiene que meterse él mismo como personaje lo hace. Si tiene que llenar la pantalla de tetas y culos en los 90, en paralelo a lo que pudimos ver en España con la Telecinco de las Mama Chicho, pues se hace. Si hay que agitar el patriotismo en la época en que se iba a ir a la guerra contra Irak pues se hace. El negocio, ante todo, es dar espectáculo. En las propias palabras de McMahon, la gente quiere sentir emociones. Quiere un malvado malvadísimo, quiere conflicto, quiere humillaciones, quiere venganzas, quiere bocazas y, en definitiva, una historia llena de emociones. Y la lucha libre es para él una forma de contar historias, como el teatro o el cine, una forma de mover emociones.
Y es que por mucho que las peleas tengan finales ya guionizados y las cosas más o menos pactadas (no siempre y de ahí algunos de sus momentos más recordados, ojo), la gente que va a verlo no es tonta ni idiota. Y no lo son en el sentido de que el que va al teatro sabe que, por mucho que esté en el papel, ese actor no es Hamlet. Vince McMahon descubre que lo más poderoso es la capacidad de contar historias, relatos y leyendas. Es lo que más quiere el común de los mortales. Ser parte de todo eso más grande que la vida. Y es la razón fundamental de su éxito.
Por supuesto que está el McMahon jefe de la organización más importante de lucha libre y luego el McMahon personaje. Es el punto de inflexión y de genialidad del personaje. Tuvo un momento espantoso y público cuando su empresa estaba siendo avasallada por la competencia, cuando se llevaban al personaje más conocido (Hulk Hogan), o cuando todas sus estrellas se iban para ganar más. En ese momento, él traicionó a su luchador estrella de entonces y todo parecía irse a pique.
Vince McMahon era odiado y su empresa parecía tocada. Y ahí tomó la decisión más importante de su vida: si él era odiado por los aficionados, les daría más de él mismo. No solo sería el organizador de los eventos o un comentarista: sería un personaje más. Un luchador más. Se acabó lo de enfocar la lucha libre como para niños de diez o doce años; todo va a ir enfocado de adolescentes para arriba. Todo será más sucio, habrá tetas, habrá culos, habrá mucha violencia gratuita, pero sobre todo estará él. Vince McMahon aparece en escena como el jefe millonario y malvado de caricatura que se ríe del público, que hostiga a los luchadores favoritos del mismo, que le encanta ser odiado por las masas, abucheado. Le encanta darles algo a lo que odiar sin ningún reparo. Numerosas entrevistas aseguran que realmente el personaje creado para la lucha libre, Mr. McMahon, no es más que una (ligera) exageración de lo que es él en realidad.
Desde que decide que es así el éxito comercial de su empresa es imparable. Audiencias millonarias. Millones pagando por ver el siguiente culebrón con hostias coreografiadas que se ha inventado. Morbo por ver a mujeres recauchutadas quitándose ropa y a las que se humilla y cosifica hasta extremos estupefacientes. Camiones entrando por sorpresa. Contratando a gente que le ha denunciado por acoso si eso le va a dar más audiencia y dinero por el morbo. McMahon mismo haciendo de depravado sexual que se aprovecha de su posición para acostarse con mujeres. Como dijimos, en esa época en España estaba el Telecinco de las tetas y de Crónicas Marcianas, pero esta gente llevaba todo eso a otro nivel. Meter a familia, a hijos, hijas, esposa o incluso intentar hacer un directo con la boda de su hija. Esto es ante todo entretenimiento, repite el protagonista.
En más de un momento, la frontera entre lo que Vince McMahon vende como el espectáculo, el negocio y lo que no lo es resulta indistinguible. Es evidente, y se recalca al final del documental, que no es que él interpretara en el ring delante de millones de espectadores a un señor millonario engreído que se aprovechaba de su poder para coaccionar a mujeres a los fines de que se acostaran con él. Es que, en la realidad, era un señor millonario engreído que se aprovechaba de su poder para coaccionar a mujeres para acostarse con él. No es que actuara como un tirano despiadado con sus luchadores, es que era un tirano despiadado con sus luchadores, hasta el punto que eso de tener seguro médico o no trabajar todos los días tampoco es que haya sido precisamente una tradición en su empresa hasta hace casi dos días.
También se nota un contraste entre algunas de las estrellas consagradas en su empresa (La Roca, John Cena, el Enterrador), que se deshacen en elogios para Vince McMahon, y todo lo tremendamente olorosos y escalofriantes que son los temas del uso desmadrado de esteroides, de las frecuentes muertes prematuras de los luchadores y de toda una histórica tradición de abusos sexuales a hombres y mujeres por parte de él y de varios empleados suyos. Todos despachados por el propio McMahon como decisiones individuales de cada uno que, claro, cada uno debe individualmente afrontar. Es toda una declaración de principios que parece sacada de un personaje de una película de Scorsese. Porque algo de protagonista de Scorsese tiene: una infancia muy dura, un ascenso a la cima apuñalando a quien narices tocara en cada momento, una absoluta falta de piedad, excesos de mujeres y dinero, la obsesión enfermiza con el éxito como bandera y la inevitable caída final a los infiernos. Con muertos de por medio, por supuesto.
Como nota final, decir que el último capítulo del documental aparece el famoso combate (con representantes) que tuvo con el mismísimo Donald Trump. Vemos al presidente de los Estados Unidos en un papel de personaje de lucha libre…y, como bien dice Vince McMahon, realmente es el mismo personaje, la misma retórica y la misma emocionalidad que hemos visto a lo largo de su carrera política. McMahon nos cuenta aquí parte de una terrible verdad: el relato que monta Trump, por querido, odiado, revelador o nauseabundo que nos resulte, tiene mucho que ver con lo que año tras año se ha construido en la lucha libre. Emocionalidad. Relato. La pertenencia a una emoción que te hermana con otros tantos. El drama, la venganza, la exageración, la huida de lo gris y monótono de la vida. No puede analizarse del todo bien desde casillas de un documento Excel. O más bien sí, se puede analizar en dinero entrando y votos emitiéndose. Hay mucho turbio y terrorífico detrás de cualquiera de los dos, entre otros tantísimos personajes que están en la misma lógica a la hora de venderse, por supuesto (es decir, que tampoco es que toda esta lógica, retórica y forma de actuar sea exclusiva de estos dos y ni mucho menos la han inventado ellos). Y ese éxito económico o político es real. Tanto como los cadáveres y abusos que dejan a su paso este tipo de personajes.
Ahí no hay interpretación ni fronteras. Lo que dejan a su paso es real. No forma parte del espectáculo. O, como hemos visto en este documental, más bien sí. Forman parte integral de ese mover emociones, generar odios, alimentar adhesiones inquebrantables y excitarnos de manera loca. Lo real, lo relatado, los dineros entrando, los votos subiendo, las visitas a tu canal de Youtube petándolo, todo entremezclado de manera espantosa y efectiva.
Hay pocas cosas más poderosas que un relato, que mover las emociones. Desde luego que funciona. Todo aquel que pretenda cambiar aunque sea algo mínimamente pequeño en este mundo debe tenerlo presente.
Después de más de 20 años de su antecesora y de la mano del legendario Ridley Scott, llega a los cines Gladiator 2, secuela de una de las películas más legendarias y épicas de la historia, lo cual ha despertado el escepticismo de la audiencia al tratarse de una continuación que, en principio, parecía innecesaria. Pero, ¿logra estar a la altura?
La película nos presenta como nuevo protagonista a Lucio (Paul Mescal), el hijo de Lucila (Connie Nielsen) y legítimo heredero del Imperio Romano, que, debido a diversas circunstancias, tuvo que huir de Roma para buscar refugio en nuevas tierras. Al crecer en una comunidad númida, Lucio se aleja de su pasado romano y forma una nueva vida. Sin embargo, después de que sus tierras sean conquistadas por el Imperio Romano y de sufrir una tragedia personal, emprende una venganza contra el general Acacio (Pedro Pascal) que lo lleva de vuelta a la ciudad de Roma, esta vez como gladiador, en busca de la oportunidad de matar al general. A su vez, se reencuentra con su pasado y descubre el legado que le ha sido otorgado y que siente que debe cumplir para la ciudad de Roma.
¿Era necesaria?
La película, en un inicio, sigue la misma fórmula de su antecesora y podría parecer que va a repetir el mismo camino, ya que la primera media hora es casi idéntica a la primera parte. Sin embargo, tras este tiempo, da un giro a esta estructura y toma un rumbo más ambicioso en la historia.
Esta vez se sustituye la parte más dramática y personal de la película por una más apegada a lo épico y a las batallas, lo que tiene tanto aspectos positivos como negativos. En el lado negativo, el protagonista puede sentirse menos profundo, ya que la película arranca directamente con la acción sin desarrollar previamente la historia, lo cual reduce el impacto emocional de la tragedia que sufre. No obstante, esta visión de la película favorece que los momentos de tensión y épica tengan un mayor peso y se sientan como una verdadera lucha a vida o muerte.
La película, aunque se apoya en la grandeza de la primera entrega, no llega a un punto en que se sienta como un simple refrito. Toma los mejores elementos y los potencia, ofreciendo un resultado en una película más que interesante para el público.
Batallas más que épicas
En la primera película, las batallas en el Coliseo de Roma fueron de las más épicas vistas en cine, y en esta secuela no se quedan atrás. Desde el primer momento, estas escenas son más viscerales y violentas, transmitiendo una sensación de peligro que nos mantiene al borde del asiento en cada una de ellas.
Si bien la película ha generado cierta polémica por su falta de precisión histórica, esto no supone un problema a la hora de disfrutarla. Desde las primeras batallas, el tono queda claro: puede que sean menos realistas, pero esta falta de precisión se compensa con momentos de gloria y destreza de los personajes, que, aunque irreales, nunca se sienten fuera de lugar.
Grandes adiciones a la trama
La película, aunque se apoya en la primera, también muestra marcadas diferencias, especialmente en sus personajes. Lucius es muy distinto a Máximo: mientras que Máximo era un guerrero honorable dispuesto a sacrificar su vida por Roma, Lucius odia Roma, no busca ganarse el favor ni la gratitud del pueblo, y pelea solo por sobrevivir, dejando de lado su pasado.
También los personajes secundarios presentan un cambio importante. El General Acacio es una gran incorporación, ya que es uno de los antagonistas, pero mucho más complejo. No es un general despiadado que mata por placer; al contrario, intenta proteger a sus soldados y lucha con honor. Sus conquistas, sin embargo, le han pasado factura, dejándole atormentado por las vidas que ha tomado y el incierto futuro de Roma. Esta dualidad hace que la relación entre él y Lucius, el gladiador, sea muy interesante.
Los antagonistas principales también destacan. Los nuevos emperadores de Roma, los gemelos Caracalla(Fred Hechinger) y Geta( Joseph Quinn), son personajes despreciables y despiadados que buscan su grandeza personal, sin preocuparse por el pueblo. A diferencia de la primera película, aquí no se busca empatizar con los antagonistas, sino todo lo contrario: su indiferencia hacia el pueblo romano provoca un fuerte rechazo. No obstante, su relación es intrigante, ya que se muestran unidos y se cuidan mutuamente.
Por último, el gran Denzel Washington interpreta a Macrino, un comerciante de gladiadores que lleva a Lucius a Roma para exhibirlo como el mejor gladiador. Macrino es un personaje sumamente interesante que actúa en beneficio propio sin tener aprecio por los demás. Aunque despiadado, es un manipulador calculador y carismático que roba cada escena en la que aparece. Personalmente, considero que la actuación de Washington es la mejor de la película, aportando una gran profundidad al personaje.
La gran ausencia de la película
Una de las ausencias más notables en la película es la del compositor original, Hans Zimmer, quien en la primera entrega creó una de las bandas sonoras más icónicas, hasta el punto de sentirse como un personaje adicional en la historia.
Para esta nueva entrega, Zimmer no ha vuelto, y en su lugar encontramos al compositor Harry Gregson-Williams, quien, si bien realiza un trabajo fenomenal y que no desentona en ningún momento, no alcanza a crear una banda sonora tan emblemática como la de la primera película. A pesar de sus virtudes, la ausencia del compositor original se hace sentir.
El legado que nos deja
La película tiene como tema central el legado y lo que dejamos a los demás tras nuestra muerte. A lo largo de la historia, se encuentran referencias a la obra original, pero no están allí sin más: cumplen el propósito de representar ese legado que dejamos en vida, y que aunque esta termine, podemos inspirar a los demás y darles algo a partir de lo cual construir el suyo propio.
Ridley Scott realiza un trabajo fenomenal al dar forma a sus personajes, evocando cierta nostalgia por la primera película, pero también logrando que el espectador se interese profundamente en los nuevos protagonistas. Además, mantiene una tensión constante que nos mantiene al borde del asiento en todo momento, haciendo que estemos ansiosos por ver el desenlace de la historia. Tras algunos altibajos en su filmografía reciente, Ridley Scott vuelve a dar en el clavo con Gladiator 2, demostrando por qué sigue siendo uno de los mejores directores en activo.
Gladiator 2 es una película que se sostiene por sí misma y que, con un enfoque aún más ambicioso que su predecesora, logra ser una obra sumamente disfrutable. Se trata de una de las mejores experiencias que se pueden vivir en una sala de cine para apreciar la épica en todo su esplendor. Aunque no alcanza el nivel de la primera, nadie puede negar que es una película sobresaliente, que además ofrece una reflexión poderosa sobre el legado que dejamos en la vida de los demás.
Solo asesinatos en el edificio ha llegado al final de la cuarta temporada. Quién lo iba a decir, hace cuatro años, cuando empezamos a ver una serie simpática a lo sumo, que prometía pero que aun no teníamos claro si podía desarrollar todo su potencial. Ahora hay que decir que si, que Solo asesinatos en el edificio es una de esas serie por la que vale la pena pagar la suscripción a Disney+. Ojo que se vendrán spoilers. Vamos al lío.
Iniciamos la cuarta temporada enlazando directamente con la anterior: alguien ha matado a Sazz Pataki (Jane Lynch), la doble de acción de Charles-Haden Savage (Steve Martin), aunque nuestros podcasters favoritos tardan un tiempo en enterarse porque andan liados con la película que se hará sobre sus vidas. Y si bien al principio parece que nos alejaremos del Arconia, que nadie tema porque el edificio más emblemático y peligroso de Disney+ recupera pronto su protagonismo.
En esta temporada descubrimos que el Arconia presenta una zona en la que viven unos inquilinos con menos glamour que los protagonistas pero que serán parte importante de la trama. Entre ellos destaca Kumail Nanjiani como Rudi, un youtuber que vive la Navidad cada día y también Richard Kind como Vince Fisch, un tipo con un parche cambia de ojo en cada escena, aquejado de una conjuntivitis contagiosa que no puede controlar. Ellos y sus vecinos serán el humor absurdo de la temporada (atención al jamón colgado en el baño que se comen casi a escondidas).
A estos nuevos personajes se unen Eugene Levy, Eva Longoria y Zack Galifianakis como Eugene Levy, Eva Longoria y Zack Galifianakis, quienes a su vez interpretan a Charles, Oliver (Martin Short) y Mabel (Selena Gómez) en Solo asesinatos en el edificio.La película mientras todos juntos intentan desentrañar el misterio de quién mató a Sazz.
Solo asesinatos, la serie en la que todos quieren estar
Si en la temporada anterior de Solo asesinatos en el edificio se centraron en el mundo del teatro, en esta ocasión el cine cobra protagonismo y la serie lo aprovecha para reflexionar sobre si misma y sobre el lenguaje cinematográfico, el trabajo de actor, Hollywood y su manía por las adaptaciones, etc.
Actores que se interpretan a si mismos, a la vez que interpretan a unos personajes interpretados por otros actores ya es rizar el rizo pero, por si fuera poco, la serie se refiere a si misma continuamente, con bromas sobre si siempre acaban con un muerto para empezar otra temporada o si en la temporada anterior hicieron esto o esto otro. Es evidente que se refieren al podcast pero también a la propia serie, que tras cuatro temporadas ya presenta un esquema y un patrón muy definido.
Dicho patrón sería el que va de la trama / asesinato a la relación entre sus protagonistas y vuelta a la trama / resolución del asesinato, todo jalonado con la aparición de invitados famosos y el edificio como protagonista. Si en temporadas anteriores tuvimos a Sting y también a Matthew Broderick, aquí tenemos a los mencionados Levy, Longoria y Galifianakis y también al director Ron Howard haciendo de si mismo; además continúan Meryl Streep y Paul Rudd y se les añade Melissa McCarthy como la hermana de Charles-Haden Savage.
Solo asesinatos en el edificio parece ser la serie en la que todos quieren estar y en la que todos parecen sentirse a gusto, una serie con unos protagonistas que se salen del canon más ortodoxo de Hollywood (Steve Martin roza los 80 años) y que aprovecha para tratar temas que no tratan en otras. Por eso no resulta extraño que Meryl Streep haya dado las gracias por su papel en la serie, porque no pensaba que a su edad (75 años) pudiera vivir en la pantalla (y fuera de ella) una historia de amor como la que vive con Martin Short.
A todo esto, una vez más reivindico el Emmy al mejor protagonista en serie de comedia para el gran Martin Short, con un papel en el que está inmenso, de menos a más desde la primera temporada a esta. Es injusto que se lo hayan dado al alelado de Jeremy Allen White y más porque The Bear tiene más bien poco de comedia y mucho (demasiado) de drama. La relación y la química entre Martin Short, Steve Martin y Selena Gómez es de las mejores que hay en televisión (o streaming) y ellos son los que sustentan la serie en su mayor parte.
Más y mejor
Solo asesinatos en el edificio es una serie comfort tv de manual. Es la serie en la que sus protagonistas ya forman parte de tu familia, con sus manías y sus tonterías (que levante la mano quien no tiene un cuñado tan fantasma como Oliver Putnam), la serie que te deja un hueco cuando acaba y que estás deseando que regrese una temporada más.
Pero, a diferencia de muchas series comfort tv, Solo asesinatos en el edificiotiene una calidad muy por encima de la media, empezando por sus guiones y siguiendo por una puesta en escena que sorprende en más de un episodio, con movimientos de cámara inesperados y con episodios que por si solos ya merecerían un post.
Es una serie sorprendente. Cuando empiezas la temporada no sabes qué va pasar ni por dónde van a ir. Y no hablo de la trama del asesinato porque, al final, casi es lo de menos En ese sentido, la serie ya no se toma en serio a sí misma porque vivir en el Arconia es tan peligroso como ser amigo de Jessica Fletcher. Quizás ahí es donde Solo asesinatos en el edificio tiene su mayor virtud, en ser muy consciente de qué es y a dónde va. Un saludo, sed felices y nos vemos en la siguiente temporada.
Pocas cosas me han hecho tan feliz como Alfred Hitchcock. O, mejor dicho, sus películas. Que no tuve la suerte de conocer al buen hombre ni a su característico físico, cuya silueta calva y oronda era la cabecera de la serie Alfred Hitchcock presenta, un éxito en todo el mundo. Su filmografía es incuestionable y la mayor recomendación que cualquier cinéfilo puede hacer para iniciarse en el cine clásico. Al fin y al cabo, Alarma en el expreso, de 1938, fue la película que me condujo a un mundo, el cine, en el que todavía sigo instalado.
Hitchcock, con su filmografía plagada de espías, falsos culpables, macguffins y soterrados detalles sexuales, es un maestro que genera afición. Pero hoy nos vamos a centrar en una figura específica de su cine que ha alimentado la mente de todo psiquiatra cinéfilo. Me refiero a la madre hitchcockiana.
Pocos adjetivos son tan cinematográficos como hitchcockiano, referido a cualquier película de intriga en la que el suspense esté bien conseguido. Sin embargo, el tema de la madre hitchcockiana es bien distinto.
Aunque el director británico no escribía los guiones de sus películas, sí que tenía control sobre las historias que elegía. En otras palabras, Hitchcock no solo fue director, sino también autor. Y, como tal, en sus obras se filtran la mayor parte de sus obsesiones y conflictos.
Esto no es algo extraordinario. Ahí tenemos a Steven Spielberg y la complicada relación con su padre o a Martin Scorsese con sus dudas católicas.
En el caso de Hitchcock, es probable que su madre, Emma, fuera una de las personas más influyentes de su vida. Mujer sufrida y de profundas creencias católicas, tras la pérdida de su marido se centró en la crianza de sus tres hijos. En concreto, del pequeño Alfred, al que procuró prepararle para la vida adulta…protegiéndolo de todo lo que pudiera suponer una tentación.
¿En qué estaría pensando el buen hombre?
Solo así se explica que, en sus primeros rodajes, a Hitchcock le tuvieran que explicar que una actriz no podía rodar una escena acuática porque padecía un fenómeno biológico conocido como menstruación. O que se comprometiera con Alma Reville, su esposa y aliada creativa, sin verle ni un hombro.
La sombra de la madre de Hitchcock no solo alcanzó a la figura materna cinematográfica, sino a la propia concepción que el director británico tenía de la mujer. Porque las mujeres de Hitchcock, tanto las famosas “rubias” como las que no, son sofisticadas y elegantes de día (como intentaba mostrar su madre) pero (se intuye) fogosas en la noche (como sospechaba que escondía su madre).
En la etapa más desconocida de la carrera del director, la muda, ya encontramos figuras maternas marcadas por su eficacia a la hora de cumplir su rol social, pero también dominantes. Las verdaderas líderes familiares. Como en El enemigo de las rubias, en la que el marido se esconde detrás de su propia mujer ante la detención de un sospechoso. De hecho, en El hombre que sabía demasiado (1934), la madre protagonista es una mujer que disfruta de la vida y el cuidado de su hijo, siendo lo principal, no es su único interés .
Resultado: secuestran a su hijo.
Culpa suya, por disfrutar de la vida
Lo que, por cierto, el propio director elimina en su remake posterior de 1956, en el que Doris Day es la única madre genuinamente heroína de toda su filmografía.
No obstante, estas son solo unas pequeñas migajas de pan para las películas en las que la figura materna es esencial…por distintos motivos.
La sombra de una duda (1943), la madre ingenua.
Un amor de madre
En el imprescindible libro El cine según Hitchcock, el propio director le dijo a François Truffaut que La sombra de una duda era su película favorita, aquella de la que se encontraba más satisfecho.
Y no es para menos, porque esta obra maestra es un fascinante retrato del lado oscuro del ciudadano medio. La sombra de una duda retrata la llegada a un pequeño pueblo del tío Charlie, el típico tío que todos queremos tener…salvo por el pequeño detalle de que se dedica a estrangular a viudas ricas.
Hitchcock, ya instalado en Estados Unidos, quiso que su madre, muy enferma, se trasladara con ella, ya que Londres sufría los bombardeos de la Luftwaffe durante la II Guerra Mundial. Solo consiguió que se mudara a la campiña inglesa.
Será por la morriña o porque sabía que se acercaba el final, pero La sombra de una duda es la película más amable con la figura materna de todas las que rodó el maestro inglés.
De hecho, es tan amable que peca de tremenda ingenuidad. La madre de La sombra de una duda es un ser de luz y el nexo de toda la familia. Pero, a la misma vez, es incapaz de ver que su hermano es un hombre mucho más oscuro de lo que ella puede imaginarse. Ah, y se llama Emma, como la madre del maestro.
El bueno de Alfred intentó honrar a su madre con esta película pero, desgraciadamente, Emma falleció cuatro meses antes del estreno de La sombra de una duda, dejando al director sin la figura a la que más quería…y más le reprimía.
Qué comience la caza a la madre.
Encadenados, la madre mefistofélica.
Cualquiera le dice algo a la señora
¡Qué buena es Encadenados! Con su trama de espionaje, con sus nazis escondidos en Brasil, con su historia de amor a medio camino entre la lujuria y el deber. Con el uranio como pura excusa argumental (el famoso macguffin) antes de que se conociera el desarrollo de la bomba atómica. Y claro, con madre hitchcokiana.
Pocos años después de la muerte de Emma, con la idealización de su figura en La sombra de una duda, tocaba la devaluación absoluta, convirtiendo a la madre de Alexander Sebastian en la verdadera villana de la película.
Alexander Sebastian es el líder de los nazis en Brasil y tiene suficiente uranio como para desatar un nuevo genocidio. Pero no es capaz de dar ni un solo paso sin la aprobación de su madre, a la que le tiene que pedir hasta la llave de los armarios de su mansión.
Y claro, cuando la futura nuera resulta ser una agente doble, Sebastian (que nos termina dando penilla y todo) no es capaz de tocarle ni un pelo, así que la buena señora decide, entre calada y calada, envenenar poco a poco a la protagonista y demostrar que una madre no solo puede ser figura de cariño. También de dominación total.
Extraños en un tren, la madre psicótica.
Las pinturas de la señora Antony
Menos presente en que otras de sus películas, la señora Antony pertenece a esa subcategoría de madres hitchcockianas a las que podríamos nombrar como simpáticas. No porque el director busque que nos caigan bien, sino porque son tan negligentes que no nos queda más remedio que divertirnos a su costa…aunque sea una diversión macabra y cruel.
En el caso de la señora Antony, es una mujer que vive a las espaldas de la realidad, solo centrada en su pintura. Al menos está tan loca como su propio hijo pero, en su distancia de la realidad, es incapaz de ver al psicópata asesino que tiene por retoño. La mayor de las negligencias por la vía psicótica.
Con la muerte en los talones, la madre castradora.
Esa mirada…
En la cima de su creatividad, Hithcock rodó el mejor sinsentido de la historia del cine. Una trama sin pies ni cabeza que sigue siendo un referente para todas las películas de espionaje.
Porque, con solo cinco minutos, la que lía la madre de Roger Thornhill.
Primero, al protagonista lo confunden con George Kaplan en una partida de bridge en casa de una amiga de su propia madre y, posteriormente, ella misma se encarga de desacreditarle delante de la policía al no escucharle y sugerir que está mintiendo…para no aparecer en el resto de la película.
Mientras que la madre de Extraños en un tren se dedica a negar el lado oscuro de su hijo por no vivir en la misma realidad que el resto, la de Con la muerte en los talones niega lo bueno que pueda tener su hijo porque no cree en él. La mayor de las negligencias por la vía neurótica.
Psicosis, la madre…no-madre
Aquí Hitchcock se quedó bien a gusto.
Película de terror pequeñita que se convirtió en el mayor éxito de su carrera, Psicosis destroza a cuchillazos el mito americano del american way of life. No es que la madre no sea esa supuesta figura de nexo en la familia, sino que es un cadáver asesinado y embalsamado por su propio hijo, cuya identidad bascula entre un hijo reprimido y una madre lo suficientemente castradora como para asesinar a toda mujer que pueda suponer un interés para su retoño.
Y es que era conocida la tendencia que tenía Hitchcock de enamorarse de casi todas las actrices con las que trabajaba e, incluso, de llegar a insinuarse a ellas sin dejar nunca a su esposa Alma Reville. Como Norman Bates, parece que la sombra de su madre era demasiado alargada como para desprenderse de la represión a la que le tenía sometido.
Por eso, pese a ser de 1960, no ha existido una película que supere en impacto a esta joya.
Satisfecho del éxito que había tenido Psicosis, el director británico se sintió libre para poder profundizar sin medias tintas en el lado oscuro de la figura materna.
Si en Psicosis la amenaza se sitúa en el núcleo de la sociedad occidental (la familia, la madre), en Los pájaros esta amenazada viene del exterior, de la naturaleza, sin explicación aparente, por más que miles de críticos, personas de pie y psicoterapeutas han intentado encontrar la causa de la rebelión de los pájaros.
Lo que sí queda claro son dos cosas.
Lo primero, que el ataque comienza cuando Melanie, la protagonista, busca a Mitch en un pueblo de California para ligar con él.
Lo segundo, que la madre de Mitch es claramente posesiva y no está dispuesta a desprenderse de su hijo.
La teoría más extendida es que el ataque de los pájaros representa la ira materna que quiere impedir que la pareja se una y, con ello, se aparte de la madre.
Más bien prefiero quedarme con la mucho más interesante teoría de que Hitchcock no quiso dar ninguna explicación para fomentar el reventarnos la cabeza buscando una. Y, si acaso, que ninguna amenaza externa, por muy catastrófica que sea, es capaz de liberarnos de nuestras angustias más internas.
Marnie, la ladrona, la madre represora.
Pobre señora, fuente de todos los males
No contento con este ataque a la figura materna, Hitchcock fue a más en una película que justifica a todas luces la fama de misógino del director.
Porque las mujeres que aparecen en Marnie, la ladrona son ladronas, malas madres, celosas patológicas o prostitutas. Así, el origen de la aversión de Marnie a los hombres viene directamente de su madre, una mujer frígida que los odiaba y que inculcó ese temor en su hija.
Aquí ya no hay un punto de vista divertido o aterrador. Con Marnie, la ladrona, Hitchcock buscaba que odiáramos a la figura materna. Al fin y al cabo, en Los pájaros todavía era capaz de dar una explicación al carácter de la madre que nos permitiera empatizar con ella. En Marnie, sin empatía solo se genera enfado.
Frenesí, la madre.
El buen hombre es quien es, para bien o para mal, gracias a su madre
En la última obra maestra de su director, la figura materna es apenas perceptible pero no por ello menos importante.
Al fin y al cabo, el asesino en serie protagonista es un ciudadano modelo que esconde a un hombre reprimido que odia a las mujeres pero venera a su madre, fuente del único cariño que ha recibido el pobre psicópata pero también, imaginamos, probable germen del asco que este villano le tiene a las mujeres.
En resumen, la madre como fuente de todo lo bueno y todo lo malo del ser humano. Un punto de vista determinista y discutible pero que, seguro, marcó la vida de uno de los mejores directores de todos los tiempos.
Con un par de impactantes giros y guiño en al final, ha concluido El Pingüino con un cierre tan perfecto como desgarrador para una miniserie de la cual se hablará por mucho tiempo. Creada por Lauren LeFranc y protagonizada por un superlativo Colin Farrell, la misma puede ser ya vista al completo en Max.
Hola otra vez, moradores de Gotham. Sin concesiones: así ha sido El Pingüino desde su inicio y así se ha despedido (si es que realmente lo ha hecho), con un par de inesperados giros sobre el final que la dejan por lo alto y como una de las mejores que se hayan hecho con base en cómics. Si me apuráis, quizás junto con Daredevillas dos mejores en lo que va del siglo
Este último episodio, cuyo título es Algo Grave o Poca Cosa, termina de dejar a Oz en la antesala del villano que luego conoceremos y explora de manera descarnada sus traumas familiares y, muy especialmente, el vínculo con su madre. Pasemos pues a ver qué nos ha dejado y a hacer balance final de una serie difícil de olvidar.
Cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y en recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Encrucijada de Madre
Como el penúltimo episodio, también el último se inicia con un flashback y a través del mismo nos enteramos que Francis sabía que Oz dejó morir a sus hermanos, pues una linterna que le encontró contradice la historia por él contada acerca de no haber estado con ellos.
Presa de la angustia, pide consejo a Rex Calabrese, a quien dice que tiene al propio diablo en su casa. El lider mafioso dice que puede “encaminarlo”, pero Francis es más drástica: lo quiere muerto…
Sin embargo y una vez en el club Monroe´s se arrepiente tras escuchar al pequeño Oz decir que le dará todo lo mejor y le comprará un penthouse con vistas a la ciudad. No es por la promesa material en sí: es que la expresión de Francis evidencia un conflicto interno en el que libran una batalla ese niño adorable que quiere para ella lo mejor y el monstruo que dejó morir a sus hermanos. Termina optando por dejar que las cosas simplemente sigan su curso…
Quid pro Quo
Vueltos al presente y siguiendo las instrucciones recibidas, Victor ha llevado a los líderes de las bandas de Gotham a la zona de desastre, pero no hay en ellos interés en ayudar a Oz y menos ahora que ha caído en desgracia y perdido toda su mercancía.
En el Monroe´s, Sofia tiene maniatados a Oz y su madre. En clara alegoría, cuenta una historia de su infancia acerca de un ave que expulsó a otra de su mismo nido, dejándole con ello en claro a Oz que conoce la verdad de la muerte de sus hermanos, presumiblemente por las palabras de Francis en momentos seniles.
Lo que Sofía quiere es echar sal en las heridas. Primero somete a tortura a la madre de Oz para que este admita lo que hizo, pero no lo consigue. Después libera a Francis y busca despertarle la furia contra su hijo, quien se entera entonces que ella sabe lo que hizo. Francis le entierra una botella rota en el vientre, pero luego sufre una crisis seguida y se desmaya, aprovechando Oz la confusión para romper su silla, liberarse y escapar con su madre al hombro.
La termina llevando a un hospital mientras Sofía convoca a los líderes de las bandas a los fines de ponerlos de su lado: les dice que se va a marchar de Gotham y dejarles todo lo suyo siempre y cuando le ayuden a encontrar a Oz. El más desconfiado es Link, a quien no termina de cuadrarle que largue así como así su heredado imperio criminal.
Oz, en tanto, va a ver al concejal Hady con la excusa de agradecerle lo hecho por Crown Point con el tema de la energía eléctrica, pero en realidad es una oportunidad que usa para culpar a Sofía por el entuerto de la explosión y ofrecerle al concejal la chance de acabar la guerra entre los Falcone y los Maroni llevándose todo el crédito. A cambio, pide que le ayude a ir escalando posiciones en la política, algo para lo cual, le replica Hady, Oz debería estar limpio y no lo está…
Al salir del lugar, una impresionante secuencia muestra a Oz cruzar el salón con su clásico paso de pingüino ya prácticamente definido y, de modo más que gráfico, la imagen se detiene con él mirando la ciudad desde lo alto de las escalinatas. Pero lo están esperando…
Sofía recibe de Zhao la noticia de que ya tienen a Oz y, en su felicidad, echa fuego a todo lo que fuera de su padre, lo cual demuestra su real intención de largar todo más allá de la desconfianza que en su momento mostrara Link.
Cuando se dirige al punto de encuentro concertado con Zhao, hay un avión esperando para, al parecer, arrojar a Oz al océano. Sin embargo, el rostro de Sofía se ensombrece cuando percibe en la expresión de este una ligera pero clara sonrisa…
Un Penthouse con Vistas
Primer giro inesperado (aun cuando pensando hacia atrás había elementos que lo anunciaban): Víctor ha arreglado ya todo con Link y la cosa se da vuelta en un instante. Zhao y los otros líderes son muertos a tiros en una auténtica “rebelión de segundos” mientras la cautiva pasa ahora a ser Sofía…
Con la derrota y la resignación dibujándose en el rostro de esta, Oz la lleva a dar un paseo en auto como en los viejos tiempos mientras, en lo que pareciera ser casi su bautismo como líder mafioso, escucha OMio Babbino Caroen el estéreo.
Ella le pregunta cómo fue que convenció a Link y él le habla de las diferencias sociales y los relegados a quienes nunca verán los poderosos como ella o los depuestos líderes de las bandas. Y para hacer más gráfica la referencia, la lleva al puente que hace de línea divisoria entre la Gotham acomodada y la marginal.
Cuando la conmina a darse la vuelta, todos esperamos el disparo, pero contrariamente la escena se ilumina de pronto con reflectores y, mientras Oz ya no está allí, caen las fuerzas policiales para arrestar a Sofía por la explosion de Crown Point. Todo ha sido orquestado por Oz, pero ejecutado por Hady, que se adjudica el mérito ante los medios.
El cambio de escenario no puede ser mejor para Oz, pero cuando va al hospital a ver a su madre para que esta le vea finalmente como dueño de la ciudad, ella no responde y sus ojos están en la nada misma. Una doctora informa a Oz que ha sufrido un derrame cerebral y quedado en estado vegetativo. Oz enloquece y maldice: quiere otras opiniones, pero está claro que el cuadro clínico es irreversible. Acaba llorando junto a Francis mientras Víctor intenta consolarlo.
Luego, hablando con este junto al río, pregunta al joven si su madre le habrá perdonado y estará orgullosa de él. Dice no creer en el destino, pero agradece que ambos se hayan conocido, a lo que Víctor acota que encontró en él una familia.
Segundo y brutal giro inesperado: Oz le dice que no puede llevarlo con él en lo que ahora viene y el muchacho no entiende. Antes de que pueda llegar a reaccionar, Oz ya tiene una mano sobre su cuello y, mientras le pide perdón, lo estrangula hasta dejarlo exánime. Una vez que el joven cae sin vida al piso, le quita su identificación ya la arroja al agua: nadie sabrá nunca quién era…
A Sofía le cabe el destino que más quería evitar: ha regresado a Arkham y, una vez más, Oz ha tenido que ver con ello. Julian, que sigue trabajando allí, le alcanza una carta de una tal Selina Kyle que dice ser su media hermana. ¿Se viene miniserie de Catwoman? Por lo pronto, Sofía lee y sonríe enigmáticamente…
Tal como le había prometido de niño, Oz le ha comprado a su madre un penthouse y allí la ubica en su camilla mirando de frente a un amplio ventanal con vista panorámica de la ciudad. Por la mejilla de ella rueda una lágrima, sin quedar en claro si es real o su hijo la está imaginando.
En la habitación contigua lo espera Eve, pero vestida como lo hacía Francis en los ochenta. Mientras baila con Oz, ella actúa el papel de su madre y le dice que está orgullosa de él, que la ciudad será suya y ya nada podrá detenerlo. En un desplazamiento final de cámara, la secuencia nos lleva al exterior a través del ventanal y vemos recortarse contra el cielo de Gotham a la Batseñal…
Balance Final
Vaya miniserie y vaya final que hemos visto. Durante bastante tiempo se seguirá hablando de El Pingüino y no me quedan dudas de que tendrá varias nominaciones a los Emmy cuando llegue el momento (por fecha de estreno, está afuera de las de 2025). En particular, sería una injusticia si alguien del trío Colin Farrell – Cristin Milioti – Deirdre O´Connell quedara sin ser nominado, más allá de que todo el elenco haya estado brillante y allí resida uno los principales puntales sobre los que la serie se ha sostenido.
Pero más allá de eso, El Pingüino no ha tenido concesiones y ha sido capaz de llevar las cosas a los límites de Juego de Tronos, Breaking Bad, Fargo, Peaky Blinders y unas pocas más. El giro del final ha sido tan desgarrador y devastador como lógico y mientras Oz estrangula a Víctor, tenemos la esperanza de que en algún momento se detenga y le deje con vida como a Sofía, pero no… Y en su lógica perversa tiene sentido, pues le han dejado en claro que para ascender en la política tiene que estar limpio…
Lo de Farrell ha sido descomunal en la caracterización del personaje. Aun a pesar de todos sus traumas e impulsos psicóticos, Oswald Cobblepot es de todos los enemigos de Batman el que más cuerdo está, siendo capaz de elucubrar maquiavélicos y meticulosos planes para conseguir poder. La mayoría no le terminan saliendo, pero cuando llega el momento del plan B, está en su salsa y es un genio de la improvisación.
No es que no tenga sus raptos de locura, pero el Pingüino no está tan fuera de sus cabales como el Joker o el Acertijo y lo estremecedor, justamente, es que nos pone los pelos de punta cuando está cuerdo.El destino que le dio a Sofía es de una lógica tan atroz como impecable y explica que no la haya matado: hacerla volver a Arkham es para ella infinitamente peor, además de más beneficioso para la carrera política que a él le espera.
Y sacarse de encima a Víctor es su fría forma de allanarse el camino del mismo modo que en su momento lo hiciera con sus hermanos, en un caso para labrarse una carrera política y en el otro para ser depositario exclusivo del amor de su madre.
Y esa relación edípica con Francis se convierte para él en cruz y tortura cuando ella, al quedar en estado vegetativo, le priva tanto de la redención como de la admiración por él anheladas. La decepción de Oz es en ese momento comparable a la que sintió cuando Sal Maroni murió por un simple ataque de corazón, pero recargada con la profunda tristeza del hijo que ya nunca tendrá la aprobación que no solo quería, sino que también necesitaba.
Y así como en su momento disparó varias veces contra Sal para convencerse a sí mismo de que le mató él, termina recurriendo a Eve para convencerse de que su madre le ha dado finalmente la redención. Es un giro increíblemente perverso que pague por tal servicio a quien muchas veces habrá pagado por sexo: no se me ocurre una imagen más demencial para representar el carácter edípico de una relación…
Y Sofía tenía razón: él siempre ha sido un monstruo, un “detalle” que la serie, de modo tan hábil como engañoso, nos llevó por momentos a olvidar, pero que nos terminó recordando de la manera más descarnada en ese brutal giro del final con la muerte de Víctor. Y no podía ser de otra forma: ese acto, más frío que demente, es el recordatorio de que, después de todo, estamos hablando del Pingüino.
En lo personal, fui uno de los que pidió por Batman en la serie, pues aun cuando fuera sabido que no aparecería físicamente, estaba la posiblidad de alguna mención al pasar que finalmente no ocurrió. Y sin embargo, viéndolo ahora y con todo el amor y devoción que tengo por el murciélago, su presencia hubiera sido un estorbo y una distracción que habría restado fuerza tanto a los personajes (que nunca necesitaron de él) como al guiño final…
¿Quedará la cosa en miniserie o se lanzarán a una segunda temporada? Pues no hay anuncios al respecto, pero las altísimas cifras de audiencia hacen pensar que quizás la haya, sumado a declaraciones de Colin Farrell en donde no descarta la posibilidad, siempre y cuando haya de por medio una buena historia para contar.
De momento, solo podemos esperar la secuela de The Batman y decir que la vara ha quedado realmente alta, además de aventurar que, después de esta miniserie, posiblemente el Pingüino tenga un lugar relevante en dicho filme. Y si llegáramos a verle junto al Joker, estaríamos ante una reunión cumbre que, al menos en live action, no ocurre en cine desde aquella película de 1966 en que los respectivos e icónicos villanos fueran interpretados por Burgess Meredith y César Romero.
Cuando inicié los análisis de esta serie, dije que en mi infancia el Pingüino era mi villano favorito del mundo Batman. Después, por diversas razones, fue quedando relegado a un plano cada vez más secundario, aun a pesar de la brillante interpretación deDanny DeVitoen Batman Vuelve (aquí retro-análisis). Creo que esta miniserie ha vuelto a poner al personaje en su justo lugar y lo paradójico del caso es que, para hacerlo, fue necesario sacar a Batman de la ecuación por un tiempo…
Territorial es la nueva serie de Netflixque dicen se parece a Yellowstone. Y algo de eso hay. Resulta obvio que tienen bastantes puntos en común pero Territorialtiene la suficiente entidad propia como para desbancarse de la serie de Taylor Sheridan y Kevin Costner y resultar interesante por sí sola. Vamos al lío y ojo que hay spoilers.
Erase una vez en Australia
Territorial nos lleva al rancho Marianne, el más grande no sólo de Australia sino del mundo entero (o eso dicen). La acción se inicia con la muerte de Daniel Lawson, el hijo predilecto de Colin Lawson (Robert Taylor), patriarca del clan y un auténtico hijo de puta que hace que Kevin Costner parezca un angelito en Yellowstone.
Descubrimos pronto que el rancho Marianne está agobiado por las deudas y Colin no tiene un sucesor claro, alguien a quien poner al mando tras la muerte de Daniel. Su primogénito, Graham Lawson (Michael Dorman), es un alcohólico que no sirve para nada (ríete tú de Jamie Dutton) y Marshall (Sam Corlett), el primogénito de Graham, hace tiempo que abandonó el nido familiar, harto de ver cómo su abuelo le daba unas palizas de muerte a su padre.
Tan solo dos figuras parecen resistir entre tanto alcohol y testosterona. Por un lado, la mujer de Graham y madrastra de Marshall, Emily Lawson, interpretada por la gran Anna Torv; por el otro la hija de Graham y Emily, Susie Lawson (Philippa Northeast), quien tras la muerte de su tío abandona sus estudios y regresa al rancho dispuesta a hacerse con el control.
Aparte de sus problemas internos, los Lawson tienen que lidiar con toda una jauría de buitres que quieren robarles su rancho, entre los que destaca Sandra Kirby (Sara Wiseman), la multimillonaria dueña de una mina que quiere hacerse con el control del Marianne ayudada por el presidente de la asociación de ganaderos Campbell Miller (Jay Ryan), quien a su vez anda liado con Emily.
Por allí andan también Nolan Brannock (Clarence Ryan), un aspirante a ganadero de ascendencia aborigen que es el mejor amigo de Graham; Hank Hodge (Dan Willye) el hermano de Emily, quien ha hecho fortuna robando ganado; más Rick Petrakis (Sam Delich) y Sharnie Kennedy (Kylah Day), una pareja de delincuentes que intentan aprovecharse de Marshall en cuanto se enteran de su apellido.
Como en Yellowstone y Dallas pero más brutos
Mencionamos continuamente la serie de Kevin Costner pero es que la comparación es inevitable. Las dos están ambientadas en un rancho y en las dos hay una familia donde la palabra disfuncional es quedarse corto, pero en Territorialparecen haberlo llevado más lejos. Menos sexo y más muertes parece ser la consigna que han seguido en la serie australiana, con un par de giros de guion impactantes que implican a las dos protagonistas principales.
Y es que Territorialapuesta fuerte tanto por el protagonismo de Anna Torv como por el de Philippa Northeast, siendo Emily y Susie quienes hacen avanzar la trama arrinconando a la parte masculina de la familia Lawson.
Otro aspecto a tener en cuenta es que Territorialcuenta tan solo con seis episodios (sin segunda temporada confirmada por el momento) y eso hace que la historia avance a toda velocidad, sin tiempo para el aburrimiento ni espacios muertos. Que la serie engancha es un hecho pero también lo es que, en algunas ocasiones, parece precipitarse en el desenlace de los acontecimientos sin pensar demasiado en lo que vendrá después (y es que a ver cómo se las apañan para continuar tras la muerte de una de las protagonistas).
Pero como no solo de Yellostonevive la serie, hay que mencionar otro culebrón del que Territorialse apropia sin disimulo como es la legendaria serie Dallas, donde también teníamos un rancho de ganado y una familia que estaba más p’allá que p’acá.
Así, la relación de los Hodge con los Lawson parece la de los Barnes con los Ewing e incluso Daniel Lawson se revela en un flashback como un auténtico sucesor de J.R. Ewing. Incluso Susie parece recordar a Lucy Ewing en más de una ocasión.
En resumen, que Territorialtoma elementos de aquí y de allá, los agita un poco y pone a Anna Torv al frente pero, pese a todo, el resultado funciona. A su favor juega su ambientación en Australia y su rodaje casi siempre en exteriores, aprovechando muy bien el paisaje y la fotografía, así como un ritmo vertiginoso, con escenas muy bien rodadas (en especial las que implican algún rodeo) y la asunción de que es un culebrón sin disimulo y sin complejos.
Si la hay, que esperemos que sí, nos leemos en la siguiente temporada. Un saludo, sed felices.
Con su sexto episodio ha concluido la segunda temporada de The Walking Dead: Daryl Dixon y analizamos lo que nos ha dejadola misma. La serie, creada por David Zabel, es spin-off de The Walking Dead y se emite por AMC+.
Hola otra vez, sobrevivientes y caminantes. Se nos ha ido finalmente la segunda temporada de The Walking Dead: Daryl Dixon y el episodio de cierre no ha logrado corregir los problemas que dejan claramente a la misma por debajo de la primera. El sexto y último capítulo lleva por título Au Revoir, Les Enfants (Adiós a los Niños) y tiene por lo tanto clara relación con la idea de despedida y el dejar partir. Ha tenido además un alto valor emocional más allá de la ligereza con que, al igual que ocurriera durante toda la temporada, han sido tratados villanos o personajes secundarios.
Pasemos pues a ver qué nos ha dejado esta última entrega de la temporada, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer en esta web los análisis previos, tanto de esta como de las demás series de la franquicia.
Comenzamos con los preparativos del vuelo transatlántico que, recordemos, solo podrá llevar a tres personas. Laurent sabe que Daryl está pensando en quedarse y así se lo dice mientras rasga una guitarra obviamente desafinada que este último ha encontrado. Daryl, sin embargo, repone que será temporario y se las apañará para regresar. Aunque no parece convencer al niño, terminan juntos entonando de manera alegórica You can´t always get what You want, de los Rolling Stones, mientras la emoción se apodera del rostro de Daryl como pocas veces hemos visto…
Pero él no es el único con plan de quedarse: también Carol, aunque en su caso tiene más que ver la culpa. Ash, de hecho, sigue enfadado y con razón: hasta le molestan los intentos de Daryl por ayudarle y le echa en cara que no tiene idea del dolor si nunca ha tenido hijos. Daryl le consuela con que perdió un niño, pero todavía está a tiempo de salvar a otro…
Carelia
Fallou está haciendo buenas migas con una inmigrante argelina llamada Akila (Soraya Hachoumi), quien anda tras la pista de una hermana desaparecida. También hace buena sociedad con Codron, como si se conocieran de toda la vida y siempre hubieran trabajado juntos.
Un grupo de Pouvoir al mando de Sabine les ataca y, aun cuando logran quitárselos de encima, está claro que los de Jacinta (como era de prever devenida en líder) saben del avión y andan tras el niño, así que Fallou y Codron corren a dar la noticia a Daryl y Carol.
En París, Jacinta intercepta con sus efectivos el auto en que viaja Anna, pero esta nada les dice del avión ni siquiera bajo amenaza de hacer daño a su amiga Nadine (Chrystal Boursin). Sin embargo, termina negociando información (o eso parece) a cambio de que se le permita con la aeronave regresar a Carelia, de donde procede.
En la Noche
En el hipódromo y mientras se aguarda por la partida del avión al día siguiente, conversaciones nocturnas reflotan fantasmas del pasado. Codron pregunta a Daryl por la muerte de su hermano y, para su sorpresa, se anoticia de que no fue este quien lo mató, sino la muchacha que en su momento lo delató.
Entre sollozos, Carol dice a Daryl que ya no puede recordar el rostro de Sophia como era antes de encontrarla en aquella granja, en tanto que Fallou repasa historias de racismo previas al apocalipsis francés y concluye en que todo se ha terminado reduciendo a un único antagonismo: vivos contra muertos.
Angus y Fiona, una alegre pareja de Edimburgo, se ha sumado al campamento y se ofrecen como guías para conducir a las islas británicas a quienes queden en tierra tras la partida del avión, pues al parecer y según dicen, la situación está allí mejor que en el resto de Europa y con mayor control por parte de los sobrevivientes.
Volando Alto
Al otro día, los de Jacinta están allí pero, como era de prever, Anna les ha conducido a una trampa zombie. Aunque logran escapar mientras ella se entrega a los caminantes, la movida ha hecho ganar tiempo y el avión ya está pronto a levantar vuelo cuando llegan los de Pouvoir.
Hay disparos pero, como es regla en la serie, ninguno impacta contra la aeronave a pesar del tamaño. Un hombre en moto sale a perseguirles con una pistola ametralladora y Daryl va tras él: a pesar de ir a pie, logra insólitamente darle alcance y asestarle un certero dardo en la espalda.
Entretanto y bajo fuego, el avión despega y en ese momento nos anoticiamos de que a bordo van solo dos personas: Ash y Laurent. Desde tierra, Carol y Daryl les saludan mientras Jacinta se mete un tiro, pues en su delirio mesiánico y fundamentalista, Dios le ha abandonado…
Bon Courage…
Angus y Fiona conducen a Daryl, Carol y Codron a lo que alguna vez fuera el túnel ferroviario del Canal de la Mancha. No sé a ustedes, pero a mí no me parece buena idea ir por allí en un mundo como este y tampoco es que la pareja de escoceses me genere tanta confianza. Pero al parecer a ellos sí, por lo que se despiden emotivamente de Fallou que, en clara referencia a Akila, dice haber encontrado un motivo para quedarse. No sabemos qué decirte, Fallou, porque casi ni la conocimos…
En los túneles hay murciélagos, guano y hongos fluorescentes, además de caminantes luminosos. Pronto descubren que están siendo presas de alucinaciones del pasado. Codron ve en un caminante a su hermano y se enfurece con Daryl cuando le libra del mismo. Parece a punto de matarlo, pero vuelve a ver a su hermano y va tras él. Carol, por su parte, ve a Sophia, pero en su aspecto normal previo al día del granero. Al ir tras ella, se termina enfrentando con zombies, uno de los cuales tiene incluso su propio aspecto.
Como era de prever, Angus y Fiona les traicionan, aunque no parece algo que tuvieran pensado de antemano, sino que en el lugar hay solo dos máscaras antigas y se justifican en que ellos sí tienen quien los espera al otro lado del túnel. Golpean al aturdido Daryl y le dejan tirado, pero este tiene su propia visión y se le presenta Isabelle para decirle que no morirá allí y que apueste a la esperanza…
Al momento en que Angus está a punto de rematarlo, Daryl reacciona y lo golpea con una pala. Tras acabar con la pareja, se apodera de ambas máscaras. “Bon courage, Monsieur Dixon” le desea Isabelle mientras da media vuelta y se marcha. Claramente una despedida, como también la de Carol al abrazar a Sophia y dejarla partir…
Un momento después ambos se encuentran y se colocan las respectivas máscaras. “Vamos a casa” dice Carol mientras se marchan a través del túnel y de fondo suena You can´t always get what You want, pero esta vez en la versión original de los Rolling Stones de 1969.
Balance de Temporada
El episodio final ha presentado los mismos problemas de los que ha adolecido en general la temporada. Se caía de maduro que la villana del último capítulo sería Jacinta, como también que moriría rápido y en efecto así fue. No debe haber muchas series que tengan en su currículum haber matado en tres episodios sucesivos a su villano principal.
Es que la rapidez con que hemos ido cambiando de uno al otro es coherente con la que han tenido también otros personajes para entrar a la serie o salir de ella. No sé quién narices es Akila y si apareció alguna vez no lo recuerdo, pero Fallou ha decidido quedarse con ella sin que sepamos por qué, pues el personaje ha carecido de desarrollo alguno y la relación más aún. Y sin embargo, se pretende que nos emocionemos al verles tomados de la mano…
Otro tanto se aplica a Angus y Fiona, que aparecieron de la nada repitiendo tanto el estereotipo del escocés bebedor como el del traidor amigable tan frecuente en la franquicia. Sea como sea, ya no están, así que no tenía sentido conocerlos…
La conversión de Codron sigue siendo un gran misterio. No me refiero solo al radical cambio de postura, sino también de habilidades: una suerte que sea tan eficiente y diestro del lado de los buenos porque era inepto, torpe y atropellado cuando estaba con Pouvoir.
Amén de todo ello, la secuencia del túnel ha estado entre lo mejor de la serie por el modo en que cada uno fue componiendo su relación con el pasado y entendiendo que en la vida hay que dejar partir. Podrá molestar más o menos que se haya recurrido a fantasmas, pero no es la primera vez que ocurre en la franquicia (recordar el episodio que cerró la primera temporada de Tales of the Walking Dead) y la ambigüedad ha sido la suficiente para que no sepamos a ciencia cierta si hemos visto espectros o alucinaciones.
Hayan sido lo uno o lo otro, han servido para que los personajes pudieran exorcizar sus demonios del pasado, aunque no sabemos qué pasó con Codron, de quien no hemos vuelto a saber nada después de que le viéramos salir corriendo tras su hermano…
Pero en líneas generales hemos visto una temporada inferior a la primera que, lejos de ser perfecta, tenía detalles originales que le daban una personalidad que después se ha ido perdiendo en la medida en que David Zabel habrá pensado que era mejor para la serie parecerse a las otras de la franquicia y sobre todo a la principal. Y es una lástima porque ello ha significado desperdiciar dos personajes de los más interesantes de la misma y cuyo esperado reencuentro nos llenaba de expectativas.
De hecho, Melissa McBride ha hecho un trabajo brillante confrontando a Carol con su pasado, al tiempo que Norman Reedus ha permitido que Daryl muestre quizás las primeras emociones desde que le conocemos: claramente estamos ante otro Dixon y ello nos llena de interrogantes para la tercera temporada.
No es no haya habido buenos momentos: el flashback del Louvre fue tan espectacular como desgarrador y ayudó a dar matices al personaje de Genet con una gran actuación de Anne Charrier, más allá de que hayan decidido matarla casi inmediatamente después. También merece destacarse la escena del trío en el vehículo bajo la marea zombie (amén de la torpe resolución) y, ya en este capítulo, la secuencia del túnel con su valor emocional. Pero no alcanzan a salvar una temporada que en el balance final ha sido floja…
Habrá que ver qué viene ahora, aunque está claro que la historia principal se traslada a Inglaterra y no tenemos idea de qué será o ha sido de Ash y Laurent, pues por mucho que Daryl y Carol especulen sobre su encuentro con Ezekiel o las charlas entre el niño y Judith, me permito dudar de que hayan logrado llegar a América, lo cual por algo no nos mostraron.
Y si nos atenemos al breve adelanto de la tercera temporada más la presencia del catalán Óscar Jaenada y la noticia de que la producción de la serie ha estado rodando en Aragón, todo indica que el paso de Daryl y Carol por Inglaterra será breve y la acción se trasladará a España. ¿Será también allí donde terminen el piloto y el niño?
En fin, solo nos queda especular y esperar por una temporada que llegará para 2025 y ojalá mejore cuanto se ha hecho mal en esta. Por lo pronto, el clima de western spaghetti del adelanto me genera intriga…
Parece que en el actual rumbo de la editorial DC hay espacio para los héroes de la conocida como Golden Age, la Edad de oro de los cómics. Que no es que sea la mejor, pero sí fue la primera, la que abarca desde los años 30 hasta los 50, con la imposición de una censura que miraba con lupa los contenidos de estos tebeos y que supuso la suavización de todos los grandes héroes comiqueros. Solo así se explica que La Sociedad de la Justicia de América, el primer grupo superheroico, incluso anterior a la Liga de la Justicia, tenga cabecera propia y la editorial esté intentando que cada uno de sus miembros cuente con su propia línea argumental. Y uno de ellos es Wesley Dodds, The Sandman, cuyo primer arco ha publicado ECC Cómics.
Wesley Dodds: The sandman es un reinicio, por lo que tenemos una historia de origen en la que se presentan las claves del personaje. Un protagonista atormentado por unos sueños premonitorios, una mujer que no se limita a ser comparsa del héroe sino que toma acción e iniciativa en la trama y un tono Pulp de periodo de entreguerras (la trama se sitúa en 1940).
En concreto, los sueños premonitorios de Wesley, acompañados de un trauma marcado por su padre, que volvió muy afectado por la Primera Guerra Mundial, le lleva a diseñar un gas del sueño que inutilice a sus enemigos sin acabar con ellos. Mientras intenta que el Ejército apueste por dicho gas en lugar de por munición letal, alguien roba sus investigaciones. Y claro, en el camino por diseñar ese gas del sueño ha desarrollado gases aún peores, por lo que deberá descubrir quién ha sido mientras lidia con su propia culpabilidad por haber desarrollado dichas armas y que estas terminen en manos equivocadas.
La historia, escrita por Robert Venditti, autor al que no conocía personalmente, es funcional y no va más allá de la típica historia de origen con ciertos elementos de interés: el atormentado protagonista y el debate que se genera en torno a lo adecuado o no del uso de fuerza no letal en la guerra. Es entretenida aunque bastante predecible en su desarrollo. Cumple pero no va más allá, por lo que la sensación es de que la apuesta por este personaje no es demasiado fuerte.
Lo que si choca es el arte de Riley Rossmo, un dibujante canadiense que se caracteriza por un estilo cartoon, más infantil, que no cuadra con el tono de Wesley Dodds: Sandman. Digamos que el dibujo de Rossmo orienta a que la historia iba a tener un punto cómico o, incluso, para todos los públicos. Y para nada es así, la historia es tremendamente seria, con pesadillas aterradoras y personajes oscuros que no terminan de cuajar, precisamente, porque no encaja con el tono del personaje.
Y es que, recordemos, Sandman es un hombre que viste de traje y con una máscara de gas. Un héroe oscuro que, como Batman, es un hijo más de La sombra, mítico personaje pulp que también merece una revisitación. Además, el carácter de sus sueños le da un punto de locura y misticismo como el que pudimos ver, en un tono más crepuscular, en la mítica Kingdom Come.
En definitiva, Wesley Dodds: The sandman es un cómic funcional hecho para entretener pero que se queda corto en el retrato de un héroe con inmensas posibilidades tanto psicológicas como estéticas. En manos de un buen guionista noir y un dibujante más oscuro (ay, Brubaker y Phillips), Sandman podría convertirse en un verdadero personaje de culto. No es así con este tomo.
Wesley Dodds se crio con los terroríficos relatos que le contó su padre sobre la Primera Guerra Mundial. En 1940, Dodds ha inventado un gas somnífero que podría poner fin a la guerra de forma sencilla y sin violencia, pero el invento ha despertado demasiado interés. Así pues, decide luchar contra el mal a pequeña escala como Sandman, un héroe callejero que experimenta visiones sobre delitos que aún no se han cometido y sobre justicieros de disfraces pintorescos a quienes aún no conoce.
El guionista Robert Venditti y el dibujante Riley Rossmo actualizan el mito del Sandman de la Edad de Oro en este volumen en que conocerá al hombre que está llamado a ser su archienemigo.
En un mundo donde el entretenimiento está al alcance de un clic, las plataformas de streaming se han vuelto una parte esencial de la vida diaria. Sin embargo, no todas ofrecen la misma experiencia, especialmente para quienes buscan contenido en español o desean evitar las limitaciones de las plataformas tradicionales. Aquí es donde entran Bud TV y Thunder TV, dos servicios de IPTV que están revolucionando el acceso a series, películas y televisión en vivo. ¿Qué los hace tan especiales? Acompáñanos a descubrirlo.
¿Qué Son Bud TV y Thunder TV?
Bud TV y Thunder TV son plataformas de streaming que utilizan la tecnología IPTV (Televisión por Protocolo de Internet). Esto significa que ofrecen contenido en vivo y a la carta a través de internet, permitiéndote ver una amplia gama de canales de televisión, películas y series desde cualquier dispositivo con acceso a internet.
Ambas plataformas han ganado popularidad, especialmente en el mercado hispanohablante, por su enfoque en la accesibilidad y variedad de contenido. Desde deportes en vivo y noticieros, hasta series populares y películas recientes, Bud TV y Thunder TV se han convertido en opciones atractivas para quienes buscan algo más allá de las plataformas de streaming tradicionales.
¿Qué Ofrece Bud TV?
Bud TV cuenta con una extensa selección de canales en vivo y un catálogo impresionante de películas y series, ideal para quienes quieren explorar sin límites. Además de contenido en español y en inglés, Bud TV ofrece:
Deportes en vivo: Desde eventos de fútbol hasta combates de boxeo y más, Bud TV te permite ver tus deportes favoritos en tiempo real.
Series y películas populares: Si te encanta hacer maratones de series o ponerte al día con las últimas películas, encontrarás una gran selección.
Compatibilidad con dispositivos: Puedes acceder a Bud TV desde dispositivos como Firestick, Roku, y teléfonos Android, lo cual te brinda flexibilidad para ver contenido desde donde prefieras.
Interfaz amigable: La plataforma es fácil de navegar, lo que facilita encontrar el contenido que deseas sin complicaciones.
En pocas palabras, Bud TV es una opción completa para quienes buscan entretenimiento diverso y a buen precio.
¿Qué Hace Especial a Thunder TV?
Thunder TV también ofrece una experiencia sólida para los amantes del entretenimiento en línea. Con más de 2,000 canales y una variedad de contenido en español y otros idiomas, Thunder TV es una plataforma que no escatima en opciones. Sus principales características incluyen:
Cobertura internacional: Thunder TV ofrece acceso a canales de México, Estados Unidos y otros países, permitiendo a los usuarios disfrutar de contenido global.
Alta calidad de streaming: La calidad de imagen es excelente, lo cual es clave para disfrutar plenamente de películas, deportes y eventos en vivo.
Variedad de contenidos: Además de canales de televisión, Thunder TV incluye una biblioteca extensa de películas, series y documentales.
Compatibilidad: Al igual que Bud TV, Thunder TV es compatible con múltiples dispositivos, incluyendo MiBox, Firestick, y teléfonos inteligentes, lo que te permite ver tus contenidos favoritos en cualquier lugar y momento.
Con estas características, Thunder TV se convierte en una gran opción para aquellos que desean una experiencia de entretenimiento completa, sin compromisos.
¿Por Qué Elegir Bud TV o Thunder TV?
Ambas plataformas destacan por su enfoque en satisfacer a un público diverso. Para los amantes de las series, películas y eventos en vivo, estas plataformas de IPTV ofrecen una alternativa viable a las plataformas de streaming tradicionales, especialmente para el público hispanohablante.
Accesibilidad: Tanto Bud TV como Thunder TV están disponibles en español y ofrecen contenido en otros idiomas, cubriendo un amplio espectro de entretenimiento para todo tipo de gustos.
Economía: Comparadas con algunos servicios de streaming tradicionales, Bud TV y Thunder TV ofrecen precios accesibles, con la ventaja adicional de que no necesitas múltiples suscripciones para acceder a contenido variado.
Flexibilidad: La compatibilidad de ambas plataformas con dispositivos como Firestick, Roku y Android permite que los usuarios puedan disfrutar de su programación en cualquier lugar.
Variedad de Contenidos: Ambas plataformas cubren una gran variedad de categorías, desde deportes y noticias, hasta películas y programas internacionales, lo cual es ideal para quienes buscan entretenimiento sin limitaciones.
Conclusión: Bud TV y Thunder TV, Revolucionando el Entretenimiento en Español
Para quienes buscan una experiencia de entretenimiento completa, Bud TV y Thunder TV representan una revolución en el acceso a contenido en español y en otros idiomas. Con su facilidad de uso, variedad de canales y opciones de películas y series, estas plataformas están desafiando el modelo tradicional de entretenimiento, brindando más opciones a quienes desean una experiencia de streaming personalizada y accesible.
¿Listo para transformar tu forma de ver televisión? Con Bud TV y Thunder TV, el entretenimiento está a solo un clic de distancia.
The Old Man ha regresado a Disney+ y esta vez ha sido de un tirón. Desde el 6 de noviembre están disponibles todos sus episodios, así que no hemos tenido la opción de realizar un análisis semana a semana. Toca pues hacerlo en un único post. Esto es lo que ha dado de si la segunda temporada de la serie de Jeff Bridges (y John Lihtgow). Vamos al lío y ojo que habrá spoilers.
La segunda temporada de The Old Man continúa donde terminó la primera, con Angela / Emily / Parwana (Alia Shawkat) secuestrada por Faraz Hamzad (Navid Negahban) y con Dan Chase (Jeff Bridges) y Howard Harper (John Lihtgow) al rescate. En el primer episodio vemos las tribulaciones de Dan y Howard en Afganistán, refugiados en una cueva en la que se encontrarán con Hamzad.
En el segundo episodio vemos lo que le ha pasado a Emily, su re-encuentro con su verdadero padre y cómo acaban en la cueva en la que se han refugiado Dan y Howard. Ambos episodios se sitúan en la misma línea de tiempo y se complementan el uno al otro.
En los dos episodios siguientes, Dan, Howard y Emily juntan sus caminos hasta que ella decide quedarse para ayudar a Hamzad y ellos parten de regreso a los Estados Unidos para enfrentarse al verdadero titiritero tras la cortina y pedirle ayuda para Emily y su nueva familia. Hablamos de El Viejo, el auténtico Old Manque da título a la serie, que no es otro que Morgan Bote (Joel Grey), un mentor tanto para Dan como para Howard en el mundo del espionaje. Y al mismo tiempo algo más.
Si, porque ha pesar de algunas dudas creo que está bastante claro. Morgan Bote es el padre de Dan Chase, no el padre putativo sino el padre real, el auténtico, el biológico. Eso se desprende del diálogo del episodio 4:
Dan: Te lo dije.
Morgan: ¿El qué?
Dan: Cuando te pedí que ayudaras a Emily a entrar en el FBI, te dije que era hija de Hamzad.
Morgan: No me lo dijiste.
Dan: Puse su vida en tus manos. ¿De verdad crees que haría eso y dejaría algún cabo suelto que la pusiera en peligro? Te dije que no tenía que ser tu nieta para que quisieras ayudarla y que tampoco tenía que ser mi hija para que yo te lo pidiera. Creí explicarlo bien.
Bueno, pues parece que no lo explicó lo suficientemente bien. No lo dijo explícitamente pero si estaba ahí. Morgan Bote, o no lo entendió o no lo quiso entender. Si alguien se pregunta si es posible, por el tema de la edad, que Morgan sea el padre de Dan, hay que decir que si, que en la serie se dice que Morgan anda por los cien años, aunque el actor tiene 92; Jeff Bridges (y por extensión su personaje, aunque no lo han especificado) tiene 74, así que resulta factible su relación padre-hijo.
El episodio cuarto nos trae el regreso de Zoe McDonald (Amy Brenneman), la nueva pupila de El Viejo, quien a lo largo de los siguientes episodios adopta la identidad de Marcia Dixon y se convierte en la colaboradora, amiga y amante de Chase, revelando sus aptitudes innatas para el espionaje. Morgan Bote muere al final del episodio y con él se desvanecen las esperanzas de ayudar a Emily.
En el siguiente episodio, los caminos de Dan y Howard se separan tras la (aparente) muerte de Angela / Emily / Parwana a manos de mercenarios rusos a las órdenes de Suleyman Pavlovic (Rade Šerbedžija, villano ruso por antonomasia). Mientras el primero intenta averiguar la implicación de Suleyman en toda la trama, Howard se pone en contacto con Julian Carson (Gbenga Akinnagbe), el asesino a las órdenes de Morgan que vimos en la temporada anterior.
Con su último suspiro, Morgan envió un mail a Julian en el que se ve a Suleyman junto a Marion (Janet McTeer), quien resulta ser la ex-mujer de Howard y la que en los primeros episodios les ayuda a llegar a Afganistan y organiza su salida del país. Marion es una ex-espia británica que trabaja para el gobierno chino y al mismo tiempo forma parte de un cártel que pretende controlar los yacimientos de metales raros, como el yacimiento de litio que controla Hamzad.
Suleyman aspiraba a entrar en ese cártel al arrebatarle el yacimiento de litio a Hamzad pero la cosa no salió bien. Emily sobrevive, acepta su herencia y convertida ya en Pardawa Hamzad se hace con el control. Mientras, Dan y Zoe buscan a la abogada de Hamzad y llegan a tiempo para ver como muere, envenenada por Suleyman.
AL respirar el mismo agente nervioso, Dan Chase se deja capturar para conseguir el antídoto, buscando un pacto con Suleyman pero cuando está a punto de lograrlo, el ruso se echa atrás. En ese momento es cuando se entera de que ha perdido el control del yacimiento de Hamzad y abandona a Chase en manos del hijo de un antiguo soldado, a quien Chase degolló en el pasado. Chase consigue salvarse pero queda a su suerte hasta que es rescatado por Zoe, apoyada por Julian, quien mata a Suleyman.
Al final, Chase se recupera y vive un tiempo en paz, acompañado de Zoe (atención a la imagen en la que aparecen sus alias en una taza) pero Emily regresa buscarlo para que retome una antigua identidad, la de Lou Barlow. Chase no quiere volver a ser Barlow porque, bajo esa identidad, hizo cosas de la que no se siente orgulloso, lo que tratándose de él ya es mucho decir.
Sin embargo, Emily afirma que es la única manera de rescatar a Harold, prisionero de Marion. Marion usa a Harold para presionar a Emily, o mejor dicho, a Pardawa, madrina del clan, que ha usado sus contactos con el FBI para localizar a Dan y a Zoe. Al final, no les quedará otra pero eso ya lo veremos en una tercera temporada.
Valoración de la temporada
The Old Man, temporada 2, es mucho mejor que la primera, que ya era bastante buena. Tenemos mucha más acción y van directos al grano y sobre todo tenemos a un gran Jeff Bridges acompañado de un gran John Lihtgow. Los momentos que comparten en pantalla multiplican los de la temporada anterior y por momentos parecemos estar ante la típica buddy movie, con Bridges haciendo de gruñón y Lihtgow de quejica histérico.
También tienen mucho más protagonismo los personajes femeninos, destacando el papel de Amy Brenneman en un personaje mucho más evolucionado y más creíble, gracias sobre todo a su reconversión como pupila de El Viejo.
Por lo demás, la trama avanza gracias también a los diálogos, lo que convierte el duelo interpretativo entre Bridges y Lithgow en uno de los puntos más interesantes de la serie. Si antes era la serie de Jeff Bridges, ahora también lo es de John Lihtgow.
En el debe, que se ventilan a los villanos a un ritmo desenfrenado, villanos que podrían haber dado algo más, como Omar, el talibán interpretado por Artur Zai Barrera y que dura apenas tres episodios. También Suleyman podrían haberse desarrollado algo más y me da que con la muerte de Morgan Boat igual se han pegado un tiro en el pie. Parece que, excepto los tres protagonistas principales, el resto del reparto está destinado a morir.
Esta bien huir de las series de veintipico episodios donde una cuarta parte eran puro relleno pero no se si estamos llegando al extremo contrario, con serie de apenas 8 episodios que o bien avanzan muy lentamente o bien a todo castaña.
En todo caso, The Old Man, temporada 2, continua y mejora la temporada anterior y se revela como una de las mejores series de Disney+. Nos leemos en la siguiente (si la hay). Un saludo, sed felices.
Misión Imposible: Sentencia Final es el título de la nueva película de la saga. Tras pegarse el batacazo padre en taquilla con Misión Imposible: Sentencia Mortal – Parte 1 (más que nada porque resultó carísima), Tom Cruise y compañía regresarán a los cines el próximo año.
Dirigida (y escrita) por Christopher McQuarrie, Misión Imposible: Sentencia Final presenta un tráiler espectacular, con Tom pegándose un jartón de correr (de verdad, ya pego esos sprints y me tiene que recoger con cucharilla) y acompañado de sus amiguetes habituales, es decir Simon Pegg, Ving Rhames, Hayley Atwell, Henry Czerny y Esai Morales como el villano de la función.
¿Conseguirá Ethan Hunt salvar el mundo? ¿Cuantos quilómetros hará Tom en esta película? ¿Será esta su última aventura? La respuesta en los cines, el 23 de mayo de 2025. Confiemos en Tom, una última vez. Un saludo, sed felices.
Inclasificable. Esa ha sido la palabra que ha resonado durante toda la campaña de marketing de Escape, la nueva película de Rodrigo Cortés con Mario Casas como protagonista.
Y lo cierto es que hay muchos motivos para considerarla extraordinaria sin, ni siquiera, entrar en su argumento ni haber visto la película.
El primero es su director, el gallego Rodrigo Cortés. Director español con uno de los cortometrajes más galardonados de la historia del cine, 15 días, y cuya carrera siempre se ha caracterizado por su determinación de rodar sus propios proyectos. Y, sobre todo, por su capacidad para relacionarse con la industria extranjera. Porque Escape es su segunda película plenamente española tras Concursante. Entre medias, rodó aquel fenómeno llamado Buried, película situada íntegramente dentro de un ataúd, la Luces rojas con Cillian Murphy y Robert De Niro o El amor en su lugar, musical situado en la II Guerra Mundial.
Lo más curioso es que me atrevería a decir que, pese a ser un director español que ha rodado con Ryan Reynolds, Robert De Niro, Cillian Murphy o Uma Thurman, Rodrigo Cortés es sobradamente conocido por ser uno de los Todopoderosos, probablemente el podcast sobre cine más conocido en España.
El segundo motivo para considerar a Escape como una película extraordinaria es que es una de las pocas historias que ha producido Martin Scorsese, uno de los directores más reputados del mundo, y que ha accedido a que su nombre aparezca como principal reclamo de la película, hasta el punto de ser el primer nombre que aparece en los títulos de crédito, lo que ya de por sí es un reclamo que hace de esta película una de las producciones más esperadas del año.
Ahora bien, ¿Cumple Escape con nuestras expectativas?
La película narra la historia de N. (Mario Casas), un hombre roto que hará lo que sea necesario para seguir viviendo sin tener que tomar ninguna decisión y únicamente sometido a normas rígidas, por lo que intentará entrar en la cárcel y que el sistema no lo reintegre en la sociedad.
Aunque Escape se vende como una película inclasificable, es más convencional de lo que aparenta. Sin duda, se trata de una comedia negra cuyo factor más definitorio es lo extraño de su humor. Cortés busca que nos riamos de situaciones en las que, tal vez, no tendríamos que reírnos. Y sí, se dan situaciones carcelarias y hasta un número musical (una jota hardcore, ahí es nada), pero nunca abandona ese tono de comedia aderezada por el particular sentido del humor de su director.
Narrada a través de siete capítulos por cada uno de los enanitos de Blancanieves (algo a lo que tampoco le he visto mucho sentido), esencialmente Escape se divide en dos partes. La primera de ellas es una interesante espiral de autodestrucción en la que el protagonista va estrangulando al sistema para que este sirva a su propósito, cometiendo actos cada vez más y más arriesgados y acompañados de interesantes personajes secundarios, como el psicólogo que siempre cuenta la misma metáfora o el cura que expulsa gente de la iglesia a cabezazos, el mejor personaje de la película.
Posteriormente, a partir de la entrada de N. en la cárcel, la película pierde fuelle. Tal vez sea porque su protagonista, uno de los personajes más desagradables y difíciles de empatizar del cine moderno, no evoluciona en toda la película y, por lo tanto, Cortés se las tiene que ingeniar para variar las distintas situaciones y que estas no suenen a ya visto. Y claro, en la cárcel, en un único escenario, la trama se vuelve redundante y se hace larga.
Las situaciones buscan el esperpento tal y como lo podía entender Valle Inclán. Es decir, mostrar los aspectos más grotescos de la realidad para reírse de ellos. Así, si en el mundo real hay gente que sufre porque no quiere tomar ninguna iniciativa, ¿Por qué no va a querer el protagonista de Escape entrar en la cárcel? Hablamos de un hombre que hasta copia los movimientos y frases de los que tiene delante para no tener que pensar qué hacer por él mismo.
La película cuenta con un gran y divertido reparto, pero Escape está sustentada por un entregadísimo Mario Casas, que lo da todo, física y psicológicamente, para hacer olvidar al guaperas que ha marcado a toda una generación y mostrar a un personaje demoledor en su patetismo y en su determinación de que los demás cuiden de él.
En definitiva, Escape es una interesante comedia repleta de situaciones esperpénticas, sobre todo en su primera hora. Lástima de una segunda parte que baja el nivel y que deja traslucir las costuras de un guión demasiado esclavo de lo inamovible de su protagonista. Al final, Escape no puede escapar del deseo de escapar de su protagonista.