Hubo un tiempo en el que la televisión no estaba relacionada con la épica. Sí, puede que en los 2000 se estrenaran obras maestras como Los Soprano, A dos metros bajo tierra o The wire. Pero las grandes batallas pertenecían a la pantalla grande, con Gladiator o la trilogía de El señor de los anillos. Todo esto cambió con Juego de Tronos, serie de la que, desde entonces, toda plataforma ha intentado replicar su éxito. Ahora es el turno de Apple TV+, la productora que más dinero invierte en series que nadie ve, y su El gran guerrero, historia que aborda la unificación de Hawaii en el siglo XVII.
A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS DEL TERCER EPISODIO DE EL GRAN GUERRERO.
Parece que la moda de estrenar dos episodios de golpe también tiene sus implicaciones narrativas. Solo así se explica que los dos primeros capítulos de El gran guerrero funcionen como una única unidad argumental y que el tercer episodio nos sitúa en un nuevo arco, un año después.
Los compañeros de Ka’iana se han asentado en la isla de Hawaii, donde el viejo rey espera una invasión de Kahekili, todavía centrado en dominar Uahu. Mientras, el inglés que les acompañaba, John Young, está instruyendo a los jóvenes hawaianos en la educación británica.
El futuro del reinado depende de dos aspirantes. Por un lado, Kamehameha, un talentoso guerrero escasamente interesado en el poder y su primo, Keoua, que parece más predispuesto a gobernar.
La joven que ha ayudado a Ka’iana a escapar de la isla va a casarse con Kamehameha por decisión de su padre. El suyo es un personaje modificado para adecuarlo a los tiempos actuales: es una mujer que lucha por su independencia, sus anhelos y deseos, y solo acepta casarse con él porque su padre cree que es la única mujer que puede conseguir que su futuro esposo confíe lo suficiente en sí mismo como para poder gobernar. Aunque no le dé hijos, que en las islas está contemplada la poligamia.
Por otro lado, Ka’iana sigue embarcado en la tripulación británica, donde no solo ha aprendido el idioma, sino el uso de armas de fuego, lo que más le interesa para regresar a Hawaii. Su principal apoyo es un marinero negro que goza de un estatus en la tripulación (imagino que otro personaje moldeado para los tiempos que corren).
Una vez llegan a Zamboanga, una colonia española, Ka’iana intenta conseguir armas, sin pensar en el precio que puedan costar. Hasta que encuentra a una hawaiana instalada allí y convencida de que es necesario comerciar con sándalo con los occidentales tanto para conseguir las armas de fuego como para evitar una invasión colonizadora que acabe anulando las tradiciones de un pueblo milenario.
Aunque Ka’iana no está de acuerdo, el plan sigue en marcha salvo por el detalle de que uno de los marineros de la tripulación quiere vender las coordenadas de las islas para que los occidentales las ocupen.
Así, El gran guerrero amplía su universo añadiendo nuevos personajes. Ni rastro de las escenas de acción y de la aventura de los dos primeros capítulos, la lucha de poder se hace cada vez más compleja y aparecen nuevos conflictos. La trama es más ambiciosa de lo que parece en un principio y nos recuerda, cada vez más, a la reciente Shogun. Veremos si el plan de Ka’iana de liberar la isla no acaba trayendo su perdición y quién será el líder de Hawaii en su lucha contra el tirano de las islas.
Casi tres años han pasado, pero la segunda temporada de Miércoles (Wednesday, conocida en Latinoamérica como Merlina) ya está en Netflix con los cuatro episodios que componen su primera mitad y corrige la mayor parte de los problemas de que adolecía la primera en un resultado más cercano a la mejor tradición de Tim Burton y a los personajes de la historia original.
Cuando allá por diciembre de 2022 este mismo redactor analizaba la primera temporada de Miércoles (Wednesday) se quejaba de que a la serie, si bien entretenida y visualmente deslumbrante, le faltaban humor negro, sorpresa, elementos «burtonianos» y mayor referencias a los Addams originales. La primera mitad de esta segunda temporada corrige cada uno de esos aspectos y tiene prácticamente todo lo que le faltó a la primera.
Coincidentemente, lo mismo ocurrió con la segunda película de Barry Sonnenfeld(1993) con respecto a la primera de La Familia Addams (1991) y, si nos atenemos a la filmografía de Tim Burton, con Batman Vuelve (1992) con respecto a la primera del murciélago. En todos los casos parecieran haber hecho falta dos entregas para que la oscuridad emergiera…
De los cuatro episodios que componen esta primera mitad, dos están dirigidos por Burton, conservando siempre su rol como productor, al que se suma también ahora Jenna Ortega, de la primera temporada a esta convertida en estrella y cobrando como actriz 250.000 dólares por capítulo contra los 30.000 que cobraba en aquella.
Así que, mientras aguardamos por la segunda mitad de la temporada, veamos qué nos ha dejado la misma hasta aquí la misma recordando que la serie, creada por Alfred Gough y Miles Millar (Smallville), está ya disponible en Netflix y pueden leer aquí mi análisis de la primera temporada. Cumplo en recordar que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y, si desean omitir la reseña de lo ocurrido en estos cuatro episodios o aún no los han visto, pueden pasar directamente al subtítulo “Balance de Mitad de Temporada”…
Vuelta a Clases
Un flashforward inicial nos muestra a Miércoles amordazada y atada en un oscuro sótano junto a unas cuantas y siniestras muñecas de porcelana. Su relato en off nos pone al día de que en el verano anduvo a la caza de un asesino serial que, conocido como “el desollador de Kansas City” e interpretado por Haley Joel Osment(aquel niño que veía gente muerta en El Sexto Sentido), es quien, invirtiendo el juego de gato y ratón, la ha atrapado.
Pero esa trama no es el eje de la temporada sino apenas una introducción y puesta al día. Todo se define rápido al conseguir ella liberarse y, con ayuda de Cosa, capturar al sujeto que va a parar a la cárcel mientras la prensa habla de una “chica misteriosa”.
Pasado el verano, Miércoles es llevada por sus padres a un nuevo ciclo lectivo en Nunca Más, pero esta vez en compañía de su hermano Pugsley (Isaac Ordóñez), ya bastante crecido y convertido en psicópata eléctrico, siendo sus bromas sufridas especialmente y en calidad de compañero de cuarto por el pobre Eugene (Moosa Mostafa).
La muchacha es ídolo entre los estudiantes por haber salvado a la institución y una niña pelirroja de ojos saltones, cuyo nombre nos enteraremos luego que es Agnes (Evie Templeton), le pide un autógrafo, a lo que responde que solo se lo firmará con sangre y no precisamente suya. Ser querida e idolatrada no es algo que le guste…
Su amiga Enid (Emma Myers) atraviesa una crisis amorosa al sentirse atraída por un recién llegado llamado Bruno (Noah B. Taylor), también lobo como ella. Quiere dejar a Ajax (Georgie Farmer), pues el “muchacho gorgona” ya no cuadra a sus expectativas, pero no sabe cómo decírselo.
Nada de eso importa a Miércoles, a quien no le van las relaciones afectivas ni, en general, la sociabilidad. De hecho, ha dejado en el pasado su relación con Tyler (HunterDoohan), que se halla en la institución psiquiátrica Willow Hillbajo severas condiciones de reclusión que incluyen cadenas, collar eléctrico y barrotes de titanio. Dice que siempre fue un monstruo y que el revelarse como Hyde solo hizo que se le manifestara.
Por otra parte, continúa escribiendo su novela y entregada al chelo, en el cual descarga sus emociones más intensas ejecutando a Prokófiev. Pero sus poderes no le están jugando una buena pasada y es víctima de tortuosas visiones mientras lágrimas negras ruedan por sus mejillas, síntoma que su madre Morticia (Catherine Zeta-Jones) dirá luego reconocer como el mismo que en su momento manifestara su hermana Ophelia, también recluida en Willow Hill. Dictamina que está abusando del don y por tal razón le esconde el Libro de Goody Addams.
Pugsley, en tanto y tras quedar fascinado con una historia contada por Ajax, concurre al Árbol de la Calavera a la búsqueda de un muerto allí sepultado que llevara en vida un corazón mecánico. Lo reactiva mediante electricidad para hacerle su mascota personal y decide llamarle Slurp luego de vomitarles encima a él y a Eugene para delicia del primero y repulsión del segundo.
Cría Cuervos…
Hay nuevo director en Nunca Más: su nombre es Barry Dort y está interpretado por el bueno de Steve Buscemi. Convence a Morticia y Gomez (Luis Guzmán) de hacerse cargo de los fondos de la institución y reunir donantes con vistas a una gala próxima a realizarse, por lo cual el matrimonio se instala en una cabaña cercana.
Tiene la habilidad de manipular el fuego, pero también a las personas y extorsiona a Bianca Barclay (Joy Sunday) a los fines de usar su poder de sirena para dominar voluntades y borrar recuerdos. Una de sus víctimas es Morticia, a quien convence de llamar a su adinerada madre Hester (Joanna Lumley) para que aporte fondos.
Cosas extrañas están ocurriendo. Un ex oficial de policía llamado Carl Bradbury aparece muerto en las cercanías y también su amigo Donovan Galpin (Jamie McShane), a quien conociéramos como sheriff en la temporada anterior, pero que estaba el último tiempo entregado al abandono y la bebida tras lo ocurrido con su hijo Tyler. A ambos les faltan los ojos y hay cuervos rondando…
La Chica Invisible
Dos misterios intrigan a Miércoles. El primero tiene que ver con un acosador que le deja crípticas notas y hasta roba su novela que, milagrosamente, alcanza a rescatar del fuego. El otro son las visiones que le vienen aquejando, presentándosele un cuervo y una lápida con el nombre de Enid, quien la culpa por su muerte.
Creyendo que ambos misterios están relacionados, hace una visita a Tyler en Willow Hill. El encuentro está cargado de tensión: él sigue resentido y tiene un par de accesos violentos que son reprimidos por el collar eléctrico que lleva al cuello. Y antes de que Miércoles se marche, amenaza con matar a Enid…
Pero está recluido y pareciera que alguien trabaja con él desde afuera. La cosa se pone espesa cuando el enigmático acosador secuestra a Enid y Bruno, debiendo Miércoles resolver el misterio con las pistas que le deja y que conducen sugerentemente a la novela El Hombre Invisible, de H.G. Wells…
Quien finalmente está detrás de todo no es alguien que quiera hacerle daño, sino más bien llamar su atención. Y no es acosador, sino acosadora. Hablamos de Agnes, la niña del autógrafo, quien tiene el don de hacerse invisible y por eso se ha movido con tanta facilidad. Pero no ha tenido nada que ver con los asesinatos y el secuestro de Enid fue solo para llamar la atención de Miércoles y celebrar el Día de las Bromas…
Campamento
La obsesiva Agnes ansía ser colaboradora de Miércoles, pero esta no la quiere ni cerca. Termina, sin embargo, aceptándola de mala gana por los beneficios que su invisibilidad le aporta, pero le marca terreno y la define como su “recadera voluntaria prescindible”. A Agnes, de todos modos, se la ve feliz y, más allá de su insoportable y adulador fanatismo, aporta elementos robados a la policía que ayudan en la investigación, como un teléfono móvil de Galpin o una caja con pruebas que conducen a una cabaña en los bosques muy cercana al lugar donde tendrá lugar un campamento del colegio…
Miércoles debe, por mucho que le disguste, sumarse al mismo, pero una vez en el lugar hay conflicto con un grupo de cadetes scout cuyo líder (Anthony Michael Hall) manifiesta en forma petulante que ellos habían hecho reserva antes. Los papeles del director Dort acreditan lo contrario y, habiendo entonces doble reserva, el asunto se dirime con una competencia de colores en la cual cada bando debe tratar de recuperar su propio emblema que se halla en poder del otro.
Flechas y tirolesa mediante, Miércoles acaba dándole el triunfo a su bando y el jefe scout convertido en piedra por el error de dejar sin gorro a Ajax. Pero no se resigna y, vuelto a su forma normal, intenta en la noche tomar el lugar por la fuerza sin saber de la presencia del zombie de Pugsley, llevado por este al campamento en ataúd. El mismo termina devorándolo ante la mirada horrorizada de sus cadetes y no está tan mal…
Duelo a Ciegas
Mientras en el campamento cantan en torno a una fogata, Miércoles se escabulle en la noche a la cabaña y, junto a Cosa, encuentran allí varios recortes de obituarios de internos de Willow Hill y un cartelillo con el nombre LOIS en letras mayúsculas.
Vuelta al campamento, necesita el libro de Goody, pero su madre persiste en negárselo y el asunto se resuelve con espadas en un “duelo a ciegas” (así, en español), doble homenaje a la serie de los sesenta y a la famosa escena de esgrima que Catherine Zeta Jones protagonizara junto a Antonio Banderas en La Máscara del Zorro (aquí retro-análisis). En caso de vencer Miércoles, Morticia entregará el libro, pero de hacerlo esta, irá al fuego…
Mientras Enid anuncia oficialmente a Ajax el fin de la relación, Slurp logra escapar y, tomando un hacha, arremete contra uno de los baños del predio en el cual Gomez se está duchando. La escena remite claramente a El Resplandor (1980), pero Gomez canta y no se entera de nada, creyendo incluso que la lengua del zombie en su espalda es Morticia jugando.
El duelo a ciegas, en tanto, se define a favor de Morticia, pero aparece en escena Slurp dispuesto a hincarle el diente y termina paradójicamente salvada por Miércoles, que logra ensartarlo e inmovilizarlo. Pugsley mira con aprensión cómo su zombie es trasladado a Willow Hill, donde quedará recluido…
El Regreso de Thornhill
Una antigua conocida hace presencia en la temporada. Y no solo antigua porque haya estado en la primera, sino porque además es interpretada por Christina Ricci, quien diera vida a Miércoles en las películas de los noventa (aquí retro-análisis de la primera). Se trata, por supuesto, de Marilyn Thornhill, de la cual volvemos a tener noticias desde que fuera recluida y apartada de Tyler por temor a que se potenciasen.
La directora Fairburn (Thandie Newton) la ha hecho traer a Willow Hill para que ayude justamente con la rehabilitación del mismo, en la cual no viene teniendo éxito. Thornhill se niega, pero cambia de opinión ante la amenaza de ser trasladada a una prisión común. Pero el encuentro cara a cara termina con Tyler convirtiéndose en Hyde y casi asesinándola. Un aviso…
Abuela y Nieta
Siguiendo la pista de los obituarios, Miércoles va a parar al cementerio en el que supuestamente se encuentran los restos de los fallecidos y se encuentra allí con su abuela Hester, toda una eminencia en materia mortuoria. Al oler ambas las cenizas de una de las urnas, descubren que no se corresponden con restos humanos sino animales, lo que implica que las muertes fueron fingidas…
De la nada, aparece el cuervo y captura al vuelo el recorte periodístico que tiene Miércoles, quien le persigue sin alcanzarlo y le ve huir a la distancia, como también a una misteriosa figura en motocicleta y encapuchada. Es obvio que detrás del asunto hay un aviante, es decir alguien capaz de controlar las aves y hay que averiguar quién es. A los fines de indagar quién firmó en su momento los falsos certificados de defunción, Miércoles pide a su abuela que compre el cementerio para tener así acceso a los mismos…
No es el único familiar al que recurre. También al tío Fétido (Fred Armisen) para que se infiltre en Willow Hill, lo cual este hace rentando una habitación en un hotel de las cercanías y provocando los suficientes ruidos molestos para generar intervención policial y posterior detención al comprobar los agentes la cantidad de licencias y documentos falsos que tiene en su poder. Cuando le ven comer un cactus, no hay dudas de que debe ser internado en Willow Hill, objetivo por él buscado. Y de manera colateral, el hecho sirve para que encuentren también en el hotel a Gabrielle (Gracy Goldman), madre de Bianca.
En Nunca Más, enterada esta última, quiere ir a la seccional, pero se encuentra trabajando con sus compañeros en las invitaciones para la gala bajo estricta mirada y supervisión de Orloff, cabeza incorpórea en un frasco interpretada por Christopher Lloyd que, junto a Ricci, es otro de los que estuvo en las películas de los noventa. Al no permitírselo, Bianca recurre a la ayuda de Ajax para convertirle en piedra…
Ataque de Cuervos
Hester logra averiguar que los certificados de defunción fueron firmados por Augustus Stonehurst, de quien Agnes descubre que fue jefe médico en Willow Hill y después profesor en Nunca Más para terminar nuevamente en el psiquiátrico, pero en condición de internado.
Enid, en tanto, está cada vez más celosa de Agnes porque Miércoles pasa más tiempo con ella, pero esta nada puede decirle sobre sus visiones ni explicarle que las habilidades de Agnes son justamente fundamentales para salvarla.
De pronto, una nube de cuervos se abate sobre el instituto atacando a los estudiantes en escena que claramente homenajea a Los Pájaros (1963), a lo cual Dort responde con bolas de fuego. Uno de ellos captura a Cosa y se lo lleva en vuelo, pero es alcanzado por una de las bolas y salvado Cosa en su caída por Enid.
Miércoles ve una vez más a la figura embozada y corre tras ella sin alcanzarla. Sospecha de la doctora Fairburn y de Isadora Capri (Billie Piper), nueva maestra de música en Nunca Más y musicoterapeuta en Willow Hill.
Garras
Fétido se encarga de hacer averiguaciones sobre Los y una pista falsa le lleva a una mujer llamada Louise. Puesto por Cosa al tanto de Stonehurst, redirige la investigación y encuentra a este en el aviario. Inmóvil y silencioso, el hombre se comunica a través del loro que lleva al hombro. Fétido pregunta por Lois y el animal le da una clave numérica: 51971…
Cuando le conduce de regreso a su habitación, Stonehurst le señala una puerta identificada como “mantenimiento”, pero al intentar hurgar allí es reconocido por Thornhill, que le denuncia a Fairburn. Torturado con descargas eléctricas que son para él un solaz, acaba maniatado en una habitación junto a un Slurp cada vez más reconstituido.
Anoticiada por Cosa, Miércoles se infiltra en el maletero de Capri mientras una explosión provocada por Agnes distrae al guardia. Logra llegar a su tío y huir con él, pero Slurp se pone fastidioso y Fétido le aplica una descarga eléctrica que tiene como efecto no buscado el liberarle y que salga a rondar por la institución mientras Capri, justamente, ejecuta al piano para los pacientes Zombie, de los Cranberries (magnífica versión, por cierto).
Con el código numérico, logran entrar en Mantenimiento y se encuentran con que LOIS es en realidad una sigla (de allí que el nombre estuviera escrito en mayúsculas) que significa Estudio de Integración de Excluidos a Largo Plazo (Long-term Outcast Integration Study). Allí se hallan los supuestamente muertos y nos enteramos que Stonehurst experimentaba con ellos para transmitir sus habilidades a humanos normales.
Arma en mano, irrumpe entonces la figura de capucha que, al quitarse la misma y contrariamente a lo supuesto por Miércoles, no es Fairburn sino su asistenteJudi (Heather Matarazzo), de la cual nos enteramos que es hija de Thornhurst y ha querido continuar sus truncos estudios. No solo eso: ella misma fue en su momento objeto de experimentación y de allí su capacidad para controlar aves…
Fétido genera una descarga masiva que deja sin energía al psiquiátrico. Los excluidos se fugan en masa y Thornhill aprovecha el entrevero para liberar a Tyler, ahora que su collar no funciona. Mal hecho: no sé qué esperaba pero, ya convertido en Hyde, la termina asesinando y sale a la caza de Miércoles, a la que arroja desde una ventana al momento de llegar policía y ambulancias, provocando ello su huida a los bosques mientras la muchacha yace en el suelo y en su cuello hay marcas de garras…
Balance de Mitad de Temporada
Qué bueno que Miércoles se haya encaminado. No ella, que no lo va a hacer nunca, sino la serie. No es que la primera temporada estuviera mal o no se dejara ver, pero era más Harry Potter que Addams y, sin menospreciar al brujito, que tiene lo suyo, estos constituyen en sí mismos un universo propio y rico sin necesidad de acercarlos a ninguna saga posterior por exitosa e influyente que la misma haya sido: Star Trek no tiene que parecerse a Star Wars ni James Bond a Jason Bourne, algo que no entendió Tom Cruise con Misión Imposible y me hago cargo de lo que digo…
En ese sentido, una de las carencias de que me quejaba en la primera temporada era la falta de presencia de los miembros de la familia, pues por mucho que la serie se llame Miércoles, no hay que olvidar que ella es una Addams. El que Morticia y Gómez hayan sido reclutados para la gala por Dort es una buena excusa argumental para que estén más cerca y se agradecen la llegada de Pugsley en versión adolescente o la introducción de la abuela Hester.
No solo eso: los Addams lucen más Addams. La propia Jenna se ve más pálida y un breve flashback la muestra de pequeña luciendo casi idéntica a Lisa Loring, quien diera vida al personaje en los sesenta (y que lamentablemente nos dejó hace dos años).
Catherine Zeta Jones está asimismo más estilizada como Morticia, habiéndose seguramente sometido a dietas, mientras que Largo está bastante más cadavérico y Fétido más excéntrico e incorrecto: defiende el trabajo infantil (cuando Jackie Coogan, quien lo interpretara en los sesenta, fue uno de los que más luchó por los derechos de los niños actores) y se jacta de las mujeres a las que usó. Que le pase a quien le pese: esto es una parodia siniestra y no un manual de ética y comportamiento.
Pero además, la historia ha ganado en giros e intriga (pasó de todo en estos cuatro episodios), como también en humor negro, moviéndonos a una risa quizás culpable como el accidente de tránsito que, sin darse cuenta, generan los Addams camino a Nunca Más o las muertes del jefe scout y el instructor de manejo, ambos devorados por Slurp, por cierto una gran incorporación cuya historia, habida cuenta de que se sigue reconstituyendo, dudo que termine aquí. Y hay momentos verdaderamente terroríficos, lo que acentúa el carácter siniestro de que hablábamos y bienvenido sea.
Jenna Ortega sigue siendo tan eficaz como carismática y funciona especialmente bien en cada interacción con Catherine Zeta Jones, también magnífica y con más protagonismo que en la temporada anterior. Steve Buscemi es una incorporación tan increíble como su versatilidad y un enorme detalle el sumar a Christopher Lloyd para seguir rindiendo homenaje a las películas de los noventa, quedando ello evidente cuando las dos Miércoles (Ortega y Thornhill) se quedan mirándose al cruzarse o, ni qué decir, en el episodio del campamento, claro homenaje al segundo y mejor de aquellos filmes.
Pero cabe destacar también al elenco juvenil que, contando ya con unos brillantes Moosa Mostafa y Emma Myers, incorpora a una superlativa Evie Templeton en un personaje que lleva maravillosamente al paroxismo la toxicidad tantas veces típica de los fans y que quizás la propia Ortega haya sufrido en carne propia después de la primera temporada. Y a pesar de su carácter psicótico y obsesivo, capaz de llegar al robo o el secuestro, jamás llega a caernos mal y ojalá siga en la serie bastante tiempo.
La estética no solo sigue siendo impresionante sino que además se profundiza con recursos ingeniosos, como los flashbacks en blanco y negro o la historia que, contada por Ajax, es recreada con animación al estilo de Pesadilla antes de Navidad o La Novia Cadáver, dos títulos que, uno como productor y el otro director, involucraran también a Burton.
También son para destacar las referencias literarias, como la pesquisa ligada al libro de Wells, la mención a Beowulf o que una de las víctimas del asesino de los cuervos se apellide Bradbury. Ello sin dejar de mencionar que el instituto se llama Nunca Más y esa referencia a Poe se ve en esta temporada acentuada no solo por el papel decisivo de los cuervos sino porque él, al parecer, ha pasado en algún momento por la institución y, de hecho, hay un retrato que lo recuerda. Fuerte…
O las referencias cinéfilas, como las ya mencionadas a El Resplandor o Los Pájaros, habiéndolas también a Carrie o El Silencio de los Corderos sin olvidar, claro, las películas de los Addams. O la impecable banda sonora de Chris Bacon más el tema central de Danny Elfman y las referencias al cancionero popular, casi siempre en relación con la historia misma…
En definitiva, estamos viendo una gran temporada, claramente la que en lo personal hubiera querido ver hace casi tres años al estrenarse la primera. Esperemos que los cuatro episodios restantes, a estrenarse el 3 de septiembre, así lo confirmen y quedamos a la espera, pues si bien han sido esclarecidos algunos misterios, claramente hay otros que no. Y todavía falta aparecer Lady Gaga…
En 1999 llegó a la gran pantalla10 Razones para odiarte, convirtiéndose casi de inmediato en una de las películas más icónicas del género de las comedias románticas y dejando su huella en el mismo con escenas inolvidables que le bastaron para, hasta el día de hoy, ser considerada un clásico.
Dirigido por Gil Junker, el filme es una adaptación moderna de la obra La Fierecilla Domada, de William Shakespeare, llevando la historia de la misma a una escuela secundaria estadounidense llamada Padua, exactamente como la ciudad en que trascurre la historia original y repitiendo incluso algunos de los nombres de los personajes. Hoy aquí la analizamos y, en caso de no haberla visto, recomendamos para evitar SPOILERS ir directamente al subtítulo «¿MERECE SER TAN ICÓNICA?».
La película nos presenta a Cameron (Joseph Gordon-Levitt), un adolescente recién llegado al instituto, donde conoce a Michael (David Krumholtz), quien le hace un recorrido por el centro y le muestra los distintos grupos de estudiantes que existen. Durante el paseo, Cameron conoce a Bianca (Larisa Oleynik), de la que se enamora profundamente desde el primer momento en que la ve. Michael le advierte que no se haga ilusiones, pues es inalcanzable para chicos como ellos.
Más adelante conocemos a Kat (Julia Stiles), la hermana de Bianca, quien a diferencia de su hermana no es popular y tiene una actitud completamente opuesta, siendo rebelde y bastante conflictiva. Al finalizar el día, Cameron decide acercarse a Bianca fingiendo saber francés para ofrecerse como su tutor mientras Joe (Andrew Keegan), uno de los chicos más populares del instituto, apuesta con sus amigos que conseguirá salir con ella.
En casa de Bianca y Kat vemos cómo aceptan a esta en una universidad lejos de su ciudad, lo que provoca una discusión con su padre que se ve interrumpida por Bianca cuando Kat la acusa de haber salido con Joey. Esto enfurece aún más al padre, ya que tiene estrictamente prohibido que sus hijas tengan novio, lo que también enfada a Bianca.
Cameron, iniciando su plan, empieza a darle clases a Bianca y rápidamente la invita a salir, pero ella le dice que, para hacerlo, su hermana también tendría que tener una cita, ya que esa es la única condición bajo la cual le permiten tener novio. Cameron acepta, aunque Bianca en realidad solo lo ve como una excusa para poder salir con Joey.
Cameron y Michael buscan a alguien dispuesto a salir con Kat, pero nadie acepta hasta que se fijan en Patrick (Heath Ledger), considerado el tipo más peligroso del instituto y hasta se rumorea que ha estado en prisión. Aunque no se lo proponen directamente, idean un plan: Michael habla con Joey, que se burla de él, pero luego le dice que puede ayudarle a conquistar a Bianca si paga a Patrick para que salga con Kat. Joey acepta la idea.
Joey habla con Patrick y, tras negociar, Patrick accede. Intenta invitar a Kat a salir de manera directa y sin mucho interés, pero ella ni siquiera le presta atención. Con el paso de los días, Patrick sigue insistiendo, pero Kat lo rechaza una y otra vez, lo que molesta a Joey, quien le exige resultados.
Ante esto, Cameron y Michael le cuentan todo su plan a Patrick, quien lo toma con humor y decide ayudarles. Michael acompaña a Bianca a su casa para obtener información sobre los intereses de Kat. Cameron le entrega a Patrick una lista de bandas favoritas de ella y le dice que una de ellas tocará al día siguiente en un club solo para chicas. Y Patrick, sin quererlo, termina aceptando la cita.
En el club, este habla con Kat y logra impresionarla mencionando sus bandas favoritas y le dice que le queda bien el vestido, pero justo en ese momento se apaga la música y todos lo oyen, lo que provoca la primera carcajada de Kat. Patrick aprovecha para invitarla a salir, y aunque ella no acepta del todo, tampoco lo rechaza, así que él le dice que pasará a recogerla para ir juntos a una fiesta.
Cameron y Michael también se preparan para ir a la misma. Bianca intenta escaparse de casa, pero su padre la descubre. Para sorpresa de todos, Kat decide ir a la fiesta, por lo que, según las normas impuestas por su padre, Bianca también puede hacerlo. Ambas se preparan y Patrick aparece en la puerta, tal y como había prometido. Toda la escuela está en la fiesta. Vemos que Kat y Joey se detestan mutuamente y ella se enfada al ver que su hermana está con él, por lo que empieza a beber sin control.
Cameron busca a Bianca, pero no la encuentra hasta que Michael lo hace por él. Cuando intenta hablar con ella, Bianca lo evita hasta que llega Joey y se la lleva, dejándolo muy desilusionado. Patrick intenta estar con Kat, pero ella se emborracha cada vez más. Joey habla con Bianca solo de sí mismo y su carrera como modelo, lo que empieza a molestarla. Todo se interrumpe cuando Kat, completamente bebida, comienza a bailar encima de una mesa delante de todos. Se golpea la cabeza en el proceso y Patrick tiene que sacarla.
La fiesta termina y Patrick cuida de Kat fuera del lugar mientras llega Cameron, que le dice que deje de hablar con ella, que todo se ha acabado y que ya no quiere seguir intentando conquistar a Bianca. Patrick le pregunta si todo lo que ha hecho ha valido la pena, y Cameron responde que sí. Entonces Patrick le dice que, en ese caso, merece la pena seguir intentándolo y que nadie debería decirle lo que merece o no. Después se marcha para cuidar de Kat.
Joey invita a Bianca a otra fiesta, pero ella le dice que prefiere volver a casa. Él se va entonces con otra chica dejándola sola y Bianca, avergonzada, pide a Cameron si puede llevarla a casa. Patrick y Kat conversan mientras esperan para irse y conectan de forma genuina, mostrando preocupación y afecto reales por parte del primero.
De regreso en casa, hablan en el coche y se dan cuenta de que son muy distintos a lo que pensaban. Kat intenta besarle, pero él se aparta y le dice que mejor en otro momento, por lo que ella se enfada y se baja.
También llegan Cameron y Bianca. Molesto, él le reprocha que el ser guapa y popular no le da derecho a creerse mejor. Ella responde con un beso antes de irse.
En el instituto, todos se burlan de Kat por haber bailado encima de la mesa. En clase les encargan como tarea escribir un poema, lo que a ella le entusiasma. Cameron y Michael intentan ayudar a Patrick a reconquistarla, consiguiendo información a través de su amiga, pero descubren que ella ahora lo odia por lo que ocurrió en el coche.
Joey sigue intentando conquistar a Bianca, pero ella le responde que no puede salir si Kat no lo hace también, así que Joey le da más dinero a Patrick, quien se siente incómodo porque ha desarrollado sentimientos por Kat. Patrick intenta disculparse, pero ella le evita.
Patrick y Cameron discuten, pero el primero le dice que ya tiene todo solucionado. En los entrenamientos de fútbol, se apodera del micrófono y de los altavoces para cantarle delante de todo el instituto «Can’t Take My Eyes Off You», consiguiendo que Kat se ría, se emocione y finalmente lo perdone.
Patrick es castigado por lo que ha hecho, pero Kat le ayuda a escapar. Pasan la tarde juntos en una pequeña barca hablando y luego se van a jugar paintball, donde se lo pasan genial y se dan su primer beso. Al volver a casa, Kat le pregunta en broma si alguien le obligó a hablarle, lo que incomoda a Patrick, que prefiere marcharse, dejándola confundida.
Pasan los días y Bianca quiere ir al baile de fin de curso, pero Cameron no la invita. En casa pide permiso a su padre, pero este se niega. Kat la ve triste y hablan, dándose cuenta de que en realidad no son tan diferentes, así que Kat decide ayudarla. El día del baile, su padre se sorprende al ver que ella también quiere ir, por lo que finalmente permite que ambas asistan, aunque antes amenaza a Cameron, que ha llegado para recoger a Bianca.
En la fiesta todos se reúnen. Kat se disculpa con Patrick por haber desconfiado de él, luego todos bailan y se lo pasan bien hasta que Bianca va al baño y se encuentra con su amiga, que le presume que Joey la ha llevado y le confiesa que ella era solo una apuesta entre sus amigos.
Mientras Patrick y Kat bailan, Joey interrumpe para reclamarle a él que no le pagó para enamorarse de Kat, sino para que Bianca saliera con Cameron. Kat escucha la conversación, se enfurece y abandona la fiesta. Joey tira al suelo a Cameron e intenta golpearle, pero Bianca lo detiene haciendo lo propio y dejándole en el suelo.
Patrick va tras Kat para disculparse, pero ella le dice que tal vez sí sea esa mala persona que imaginó al principio. Pasdos unos días, Cameron y Bianca se muestran felices, pero ven a Kat triste e intentan animarla, sin éxito. Su padre se le acerca y le confiesa que es así de sobreprotector porque teme perderlas como perdió a su madre, pero entiende que debe dejar que crezcan y le dice a Kat que podrá ir a la universidad que desee.
En clase, esta pasa al frente y recita su poema dedicado a Patrick, donde enumera las cosas que odia de él, pero admite que, en el fondo, lo ama, y rompe a llorar antes de salir del aula. Al llegar a su coche, encuentra su guitarra favorita y a Patrick esperándola. Él se disculpa y Kat lo perdona, sellándolo con un beso.
¿Merece ser tan icónica?
10 Razones para odiarte es una de las películas más recordadas dentro del género de las comedias románticas y no por pura casualidad. A menudo, este tipo de cine se encuentra sobresaturado y por eso se le resta importancia: resulta difícil encontrar una película que realmente se distancie del resto. Sin embargo, esta cinta lo consigue con creces gracias a personajes mucho más interesantes y escenas mejor construidas.
Los personajes están notablemente mejor desarrollados. Aunque Cameron y Bianca responden a arquetipos más clásicos – su objetivo principal es enamorarse el uno del otro -, la inclusión de Patrick y Kat es magnífica, ya que rompe por completo con los tópicos habituales de las comedias románticas. No son personajes cuya única motivación sea conquistar cada uno al otro, sino que precisamente se definen por lo contrario: tienen personalidades propias, conflictos internos y evolución. Esto hace que la película sea mucho más interesante, ya que su relación se siente más completa, auténtica y con mayor profundidad emocional.
Relación funcional/disfuncional
Dentro de la cinta se replantean muchos conceptos propios de las comedias románticas, y uno de los más destacables tiene que ver con las relaciones que se presentan. A lo largo de la historia, se nos ofrece una mirada a varios tipos de relaciones, cada una con sus pros y sus contras, lo que enriquece el relato y lo vuelve mucho más interesante al mostrar cuán diferentes pueden ser las dinámicas afectivas.
En las comedias románticas suelen aparecer relaciones como la de Cameron y Bianca, que a primera vista parecen más sencillas o convencionales. Sin embargo, aquí se les aporta más personalidad y profundidad: ninguno de los dos es perfecto. Al principio, ella lo utiliza a él, ya que su verdadero interés es salir con Joey, y ese error casi provoca que ambos se alejen definitivamente. Esta imperfección los hace más humanos y creíbles.
Por otro lado, Patrick y Kat se presentan como personajes cargados de defectos. A pesar de que el espectador acaba encariñándose con ellos, también se muestra cómo, en ocasiones, tratan mal a quienes les rodean. Eso les otorga mayor complejidad: no se quedan anclados en una sola dimensión ni cumplen simplemente con un rol arquetípico.
Kat, en concreto, es el personaje con más trasfondo emocional. Fue quien vivió más de cerca la ausencia de su madre y desde entonces no ha vuelto a ser la misma. Su actitud no es simplemente parte de su carácter, sino la manifestación de conflictos internos que arrastra durante toda la película. No es hasta que empieza a relacionarse con Patrick que comienza a sentirse comprendida y por tal razón muestra otra faceta de sí misma. No cambia por conveniencia o por exigencias del guion, sino que su evolución es coherente y está justificada por todo lo que vive y aprende.
La comedia
El humor de la cinta está a la altura y eso se debe a que no se basa únicamente en chistes fáciles, sino en situaciones que se construyen poco a poco. Se prepara el terreno con antelación para que el desenlace cómico tenga sentido. Es un tipo de comedia más elaborada que, aunque a veces roza lo absurdo, encaja perfectamente con el tono general de la película. Todo es una exageración dentro del universo de la cinta, y precisamente eso permite que se generen situaciones realmente hilarantes.
Un buen ejemplo es la forma en la que se presentan las personalidades de los estudiantes. Durante el recorrido que Michael hace con Cameron por el instituto, le muestra los distintos grupos que existen. Cada uno está exagerado al extremo, pero esa exageración no es gratuita: sirve como base para escenas posteriores, como el caso del grupo que se reúne a comer queso y que aparece más adelante en la fiesta, generando un contraste cómico entre lo que habían planeado y lo que realmente sucede.
La comedia está muy bien conseguida, no solo en esos momentos más caricaturescos, sino también en las dinámicas entre personajes. Un ejemplo claro son las escenas en las que Kat se emborracha. Aunque resultan divertidas, también sirven como excusa para mostrar la preocupación de Patrick por ella. Es decir, la comedia no está puesta simplemente para hacer reír, sino que tiene un propósito dentro de la trama: refuerza los vínculos entre los personajes y les da más profundidad. Gracias a esto, empatizamos más con ellos, no solo por su ternura, sino también porque nos hacen reír de forma genuina.
Música icónica
La música juega un papel fundamental en la película. Algunas de las escenas más recordadas lo son precisamente gracias a la banda sonora, que potencia de forma notable las emociones y el impacto visual. Temas como «I Want You to Want Me» o «Can’t Take My Eyes Off You» no solo acompañan la historia, sino que transforman las escenas en momentos icónicos. Sin esas canciones, probablemente no habrían perdurado en la memoria del público de la misma forma en que lo hacen hoy.
El estilo musical está muy vinculado a la época. Estrenada en 1999, la película refleja un sonido claramente influido por el pop de finales de los 90, además de incluir otros géneros como el rock y el hip hop, que también estaban en auge en ese momento. Esta combinación no solo enriquece la ambientación, sino que dota a la cinta de una identidad sonora propia, ayudando a marcar un tono distintivo y reforzar su estilo. La música no es un simple acompañamiento: es una herramienta narrativa que aporta carácter, emoción y autenticidad.
Escena icónica
La escena más recordada de la película es, sin duda, aquella en la que Patrick le dedica a Kat la canción «Can’t Take My Eyes Off You», pidiéndole que le perdone. En ese momento de la historia, están distanciados y sabemos que a él le han pagado para que siga saliendo con ella. Sin embargo, también hemos visto cómo Patrick ha desarrollado sentimientos reales por Kat, por lo que la canción no se interpreta simplemente como parte del trato, sino como una confesión sincera: es su forma de admitir que, en realidad, está enamorado de ella.
La interpretación de Heath Ledger es brillante. No canta de forma perfecta, pero precisamente eso es lo que hace que la escena funcione tan bien. Su actuación es espontánea e imperfecta, pero auténtica, y encaja perfectamente con el personaje: alguien que probablemente no tiene experiencia en ese tipo de gestos románticos tan exagerados, pero que lo hace porque realmente le importa Kat.
Gracias a eso, la escena se convierte en un momento maravilloso. La letra de la canción ya es romántica por sí sola, pero al sumarle el contexto y la puesta en escena – con Patrick cantando a través del micrófono del campo de fútbol y con la banda del instituto acompañándole -, la mirada sorprendida de Kat se eleva a un nivel casi teatral. Es una exageración evidente, pues casi nadie haría algo así en la vida real, pero aun así logra conectar con el público. Se siente como un gran gesto romántico y cinematográfico, lo que precisamente la hace tan inolvidable.
Sin lugar a dudas, 10 Razones para odiarte es una de las películas más emblemáticas dentro del género y marca su propio sello de personalidad utilizando los mejores recursos de la época para dar una historia entretenida, romántica y sobre todo brillante.
Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a “El cómic de la semana”. Hoy destacamos Blacksad Arctic-Nation. Edición 25 aniversario. Al final del artículo tendréis la portada y el enlace.
Vale, que tú estás pensando: “Otra edición de Blacksad, lo típico…” Pues no, amigo. El Blacksad 2: Arctic-Nation Edición 25 Aniversario, y esto es más que un cómic: es como encontrarte una joya en el desierto. Y sí, la tapas dura en gran formato (27,3×36 cm, 112 páginas) ya te deja claro que aquí hay calidad en lo que estamos comprando. Por eso este cómic es el cómic de la semana.
¿Por qué 25 años después y por qué este volumen?
Hace 25 años estalló Blacksad en las estanterías europeas: un gato detective en una Nueva York de cine negro donde los policías son zorros y los corruptos, ratas. Juan Díaz Canales (guion) y Juanjo Guarnido (dibujo) hicieron entonces afición, crítica y premios internacionales. Ahora, tras reeditar el primer tomo, tocaba el segundo volumen: Blacksad Arctic-Nation, considerado por muchos el mejor de todos. Esta edición incluye entrevistas exclusivas, arte extra, acuarelas preparatorias y portadas inéditas de Guarnido. Te lo digo de otra manera: si eres fan, lo necesitas.
Sin desvelarte todo, te metes en un barrio marginal lleno de odio racial entre animales blancos y negros (introducción a supremacistas zorros blancos), y Blacksad es contratado para hallar un niño desaparecido. Lo que sigue: tortura moral, disparos al amanecer, escenas crudas que no es para todos los públicos. Tiene las raíces de la novela negra más dura, con humanos enfrentándose a monstruos zoológicos y viceversa. Aquí no hay glamour ni referentes heroicos: solo supervivientes y almas manchas.
Pintura épica + precisión detectivesca
Las páginas de Guarnido en este tomo son un orgasmo visual. Colores fríos que profetizan lluvia y miedo, contrastes cálidos que ardían en patrullas callejeras: cada una más mimada que la última. Él explica en los extras cómo elige paletas y luces, como un pintor loco pero con reglas muy claras. ¿Resultado? Viñetas con detalle cinematográfico: gotas de sangre brillan, el pelaje se estremece, y las sombras te rozan el cuello.
Entrevistas que suenan a confesión
Canales y Guarnido no solo hablan: a veces se emocionan. Te cuentan cómo empezó el guion en 1991, cómo fue rechazado, reencontraron la idea y cómo Guarnido sacó músculo dibujo en Disney antes de saltar al noir. Verles orgullosos y sinceros, intercambiar bromas sobre nombres o la manera de dibujar labios de zorro… le da un toque humano que no encontrarás en otras tiradas.
Crítica Mario‑style: la verdad sin vacilada
Sí, vale, cuesta un riñón, pero no es un capricho sonoro: es inversión. Vas a notar cada página al pasarlo, vas a leer los extras como si fueran secretos garabateados en tu diario. Y, lo más importante: Arctic-Nation siempre ha sido la joya emocional de la saga. Ahora la ves más grande, más fuerte, más violenta y más perturbadora.
Este no es el Blacksad clásico; es el Blacksad que te mira a los ojos y te pregunta si aún crees que el mundo no apesta. Es arte con navaja de afeitar y alma de periodista callejero.
Conclusión
Blacksad Arctic-Nation Edición 25 Aniversario no es solo el cómic de la semana; es el cómic del mes. Una edición que convierte a una obra maestra en mito físico. Siente la tinta, mira los contrastes, disfruta los extras. Si quieres una lectura de altura, oscura y elegante, esto lo es.
¿Ya lo tienes en la mira? Si no… corre, que las serpientes del racismo no esperan y estas ediciones vuelan. Y si ya lo tienes, no me culpes si acabas releyéndolo tres veces seguidas.
SEGUNDA ENTREGA DE LA EDICIÓN ANIVERSARIO DEL MEJOR NOIR DEL 9º ARTE
Hace 25 años Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido revolucionaron el mundo del cómic con la primera aventura de Blacksad. Conmemoramos este acontecimiento con una edición especial y limitada en gran formato de toda la serie. Cada álbum irá acompañado de una extensa entrevista a los autores, arte inédito y unas espectaculares cubiertas a cargo de Juanjo Guarnido, realizadas expresamente para la ocasión. Una edición coleccionista que ningún fan de la saga debería dejar escapar. Continuamos esta colección con el que es para muchos el mejor álbum de la serie: Arctic-Nation.
Hay juegos que solo se juegan y otros que realmente se sienten. Split Fiction es de esos últimos. Es un título que te sacude como una descarga emocional, como un grito de tu yo creativo que dice “¡Despierta!”. Y vaya si despiertas. Si aún no lo has probado, ponte cómodo, llama a tu mejor amigo y prepárate para que tu pantalla, tu corazón y tu manera de ver los videojuegos cambien para siempre.
Lanzado en marzo de 2025 por Hazelight Studios (los mismos detrás de It Takes Two, que han demostrado que las emociones son mejor en cooperativo), Split Fiction nos sumerge en la vida de Mio y Zoe, dos escritoras que quedan atrapadas en sus propias historias tras un experimento narrativo fallido. No es un simple bucle narrativo; es un recorrido a través de la mente creativa convertida en juego.
La pantalla se divide y los caminos también. Mientras uno se pierde, el otro encuentra claridad. Y tú, jugador, te ves llevado entre mundos que parecen salidos de la mente de un poeta. Cada nivel es único. No es solo un cambio de escenarios; aquí cambia el tono, el género, la jugabilidad, hasta el alma. Algunas partes son thrillers, otras ciencia ficción retorcida y otras pura fantasía. Es como si estuvieras jugando dentro de un libro lleno de emociones.
Y sí, necesitas jugarlo con alguien, pero no con cualquiera. Busca a alguien que sienta lo mismo. Este no es un juego para reír sin más; aquí hay que hablar, leer entre líneas y entender emociones. ¿Quién diría que resolver un puzle puede ser una forma de reconstruir una amistad? En el fondo, de eso trata Split Fiction: de reconstruirse.
Los controles son precisos, pero lo que importa es cómo las mecánicas reflejan lo que sienten los personajes. Si uno está roto, lo sientes. Si otro está en un momento de creatividad, lo vives. El arte es un viaje entre lo digital y lo poético, y la música… la música es como un tercer jugador que te acompaña o te empuja, según lo que necesites en ese momento.
Pero no todo es drama. Split Fiction también tiene un humor inesperado que te hace reír justo cuando estás al borde de las lágrimas. Como la vida misma.
¿Defectos? Claro, los hay. A veces la historia se enreda tanto que puedes perderte. Pero, seamos honestos, ¿quién no se ha perdido en sus propias historias alguna vez? Eso es parte del encanto.
Y si después de jugarlo no sientes un nudo en el estómago, amigo, te lo perdiste. Este juego no se juega solo con las manos. Se juega con el alma.
En cualquier arte siempre existe esa obra con la que todos “debemos” tener un encuentro en algún momento de nuestra vida. Ocurre con la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, un disco de los Beatles, El Quijote de Cervantes o El padrino de Francis Ford Coppola, por decir algunos ejemplos. No tanto por la condición de obra maestra, algo que depende de la sensibilidad de cada persona, sino por su impacto en el imaginario popular. Algo así ocurre con Twin Peaks, serie creada por David Lynch y Mark Frost que, con sus dos primeras temporadas consecutivas, una película precuela posterior y una tercera temporada veinticinco años después, está considerada la serie de televisión más importante de la historia.
¿Merece ese calificativo?
Para responder a esta pregunta, no voy a analizar el argumento de la serie. Esta es una crítica sin spoilers de Twin Peaks para mostrar sus virtudes y defectos y, en definitiva, animar a todo el mundo a ver una serie que, calificativos aparte, es única.
Comenzamos.
ANTES DE TWIN PEAKS
La figura esencial.
Por mucho que la serie haya sido creada por David Lynch y Mark Frost, no se podría entender la categoría de Twin Peaks sin la participación del mayor director de culto de la historia del cine. Al fin y al cabo, Lynch está detrás de los momentos más icónicos de la serie (luego profundizaré en esto) y la película precuela Fuego Camina Conmigo no existiría sin su impulso. Y, por supuesto, jamás se hubiera estrenado una tercera temporada que atrajo no solo a los fans de la serie, sino a los de un David Lynch que parecía que no iba a dirigir nada más en su vida.
De hecho, Lynch es el principal motivo por el que he visto Twin Peaks. Su muerte a principios de año me motivó a ver todas sus películas y a valorar todo lo bueno y malo del estilo de un director único que siempre consiguió transmitir lo que quiso.
Desconcierto, irracionalidad, preguntas. En un mundo en el que todos queremos dar una explicación a lo que vemos, Lynch disfrutó generándonos las emociones que él deseaba con las escenas más bizarras. Solo en Mulholland Drive nos invade el romanticismo, el terror, la comicidad, el suspense o la más absoluta desesperación en una única película.
Y, cuando se ponía totalmente clásico narrativamente hablando, generaba obras tan emocionantes como El hombre elefante o Una historia verdadera.
Así, la mejor forma de sumergirse en David Lynch es la de dejarse llevar por algo que no sabemos entender pero que, sin duda, sentimos.
El complemento perfecto
Lynch comenzó a colaborar con Mark Frost, escritor y guionista con profundos conocimientos sobre el ocultismo, a mediados de los 80. Y cuando el director se encontraba en la cima de su éxito tras Terciopelo Azul, apostó por una decisión en aquel entonces imprevisible: crear una serie de televisión.
Puede que ahora lo veamos muy normal con el auge de las series desde la Edad de Oro de principios de los 2000, pero en los 80 las series de televisión eran o procedimentales criminales o sitcoms familiares. Que un reputado director más cercano a la crítica que al público se embarcara en un proyecto así fue algo sorprendente.
Tras ver todas las películas de David Lynch, salvo Twin Peaks: fuego camina conmigo, comencé a ver la serie a principios de junio. En mes y medio, me tragué 48 capítulos y una película marcadas por su irregularidad, su variedad de estilos y su diferencia de tono.
Todo lo contrario a lo que debería ser una serie de televisión.
PRIMERA TEMPORADA (1989)
El mal se abre paso en Twin Peaks
Ya os digo que es muy fácil engancharse a Twin Peaks, porque su episodio piloto no es solo el mejor de la serie, sino el mejor primer episodio que recuerdo en una serie de televisión. Durante dos horas, David Lynch sitúa los tres pivotes de la serie y los desarrolla de forma que es imposible no querer saber más de este pueblo.
El primer elemento es Twin Peaks, un típico pueblo maderero del estado de Washington, repleto de gente campechana, con casas con jardín y personas sonrientes a cada esquina. Un lugar aparentemente idílico en el que, poco a poco, nos iremos sumergiendo.
El segundo elemento es Laura Palmer, una estudiante modelo cuya muerte viene a perturbar la aparente paz de Twin Peaks y a mostrar lo que esconde bajo ella. El mal, ya sea de los propios habitantes del pueblo como de algo que alcanza más allá del entendimiento humano.
El tercer elemento es el que viene a corregir esa perturbación. El agente Dale Cooper del FBI, nuestro protagonista. Un hombre bondadoso, firme en sus convicciones, amigo de los pequeños detalles e irracional en sus deducciones. Al contrario que la gran cantidad de detectives traumatizados o alcoholizados de las series modernas, Cooper es revolucionario por su visión profundamente humanista. Pese a las cicatrices de su pasado continúa haciendo el bien porque, sencillamente, es una buena persona.
Y se enamora de Twin Peaks, de sus luces y sus sombras. Tanto que la mirada idílica del pueblo bañada por la hipnotizante partitura de Angelo Badalamenti es la suya.
Los siete capítulos restantes de la primera temporada solo engrandecen la calidad de la serie desarrollando estos tres pivotes. Se prioriza la narrativa policial, con una investigación que avanza entre distintos sospechosos gracias a los métodos intuitivos e irracionales de su protagonista.
Dale Cooper, una buena persona
Pero también encontramos detalles propios de los culebrones de toda la vida. Hay muchos personajes en Twin Peaks, pero es sorprendente lo bien definidos que están con los pocos minutos que cuentan. Tenemos al hombre de la gasolinera insatisfecho con su matrimonio y enamorado de su amor de juventud. También una trama de conspiración para hacerse con el aserradero del pueblo o una mujer que habla con un trozo de madera.
Nunca se había mezclado ni se mezclará la intriga policial con el culebrón como en esta primera temporada de Twin Peaks. Y más si se le añaden pequeños detalles sobrenaturales, situados en lo onírico, que nos generan inquietud y desconcierto y nos dan una pista de que lo que esconde Twin Peaks es mucho más oscuro de lo que parece a simple vista.
Por su excepcional episodio piloto, su presentación y desarrollo de personajes, su impactante final y la inmejorable mezcla de géneros, la primera temporada de Twin Peaks es la única digna de etiquetarse como obra maestra.
SEGUNDA TEMPORADA (1990)
La habitación roja, el mayor icono de la serie
Los ocho primeros capítulos de Twin Peaks fueron un éxito de audiencias y la confirmación de que la creación de Lynch y Frost merecía crédito. Pero ABC, corta de miras, tenía otros planes.
La cadena le había permitido ocho episodios porque no terminaba de fiarse de Lynch pero, tras la aprobación de una segunda temporada, apostaron por un formato de serie habitual: veintidós capítulos.
El problema no fue alargar la temporada, sino que, al contrario que Lynch y Frost, a quién la muerte de Laura Palmer les parecía una mera excusa para seguir ahondando en los conflictos de Twin Peaks y en la invasión cada vez más paulatina de lo fantástico, la cadena decidió revelar quién era el asesino de Laura Palmer en los primeros capítulos.
Por lo tanto, mientras que la primera temporada abarca un gran arco de ocho episodios, aquí tenemos varios pequeños arcos narrativos condicionados por esta revelación.
Al desvelar pronto quién era el asesino, la serie se fue, literalmente, al garete. En mi vida seriéfila he visto un bajón de calidad tan abrupto en una misma temporada. Tras un primer arco en el que lo fantástico irrumpía en Twin Peaks, los capítulos fueron cayendo en el olvido entre tramas culebronescas sin ningún tipo de profundidad. Normal que las audiencias cayeran porque, de no haber conocido el alcance de Twin Peaks, yo mismo habría dejado la serie antes de llegar a su impactante final.
El bajón
Porque Lynch, tras conocer que ABC cancelaba su productor y, tras estrenar Corazón Salvaje, decidió hacer lo que le dio en gana en el último episodio de su segunda temporada.
La última media hora de la misma es de lo más radical que se había hecho en la televisión hasta entonces y una decisión pionera en muchas de las series que estarían por venir: un desconcierto total con un final imposible que destrozó (y destroza) las mentes de todos los seguidores de la serie. No quiero ni pensar qué se hacía en los 90, cuando no había internet. Solo sé que, antes del estreno de su tercera temporada, circulaban justamente cientos de hipótesis sobre dicho final en internet.
Por un inicio que se sumergía cada vez más y más en lo fantástico, la sorprendente revelación del villano (o villana) de la serie y su increíble final, la segunda temporada de Twin Peaks es inolvidable, pero cuenta con un valle de más de diez capítulos al que hay que echarle algo de paciencia (porque no, no se pueden saltar).
TWIN PEAKS: FUEGO CAMINA CONMIGO (1992)
Una investigación casi idéntica
Estamos ante una de las películas más infravaloradas de David Lynch. Cuando el director anunció una precuela sobre los últimos días de la vida de Laura Palmer, todos los seguidores de la serie esperaban respuestas sobre lo que había ocurrido en el final de la segunda temporada.
Y claro, Lynch debía de estar descojonándose en su despacho. Porque ya sabemos que el director no es un hombre de respuestas, sino de preguntas.
Twin Peaks: fuego camina conmigo abre la veda lynchiana de las películas bisagra, que también probaría en Carretera Perdida y Mulholland Drive. Esto es, que la película se desdoble narrativamente en dos partes claramente diferenciadas.
La primera parte se centra en la investigación del FBI del asesinato de Teresa Banks, un crimen muy parecido (eso lo sabemos nosotros) al de Laura Palmer. El detective encargado del caso es Chester Desmond, un protagonista mucho más taciturno y gris que Dale Cooper. Es por eso que Deer Meadows, el pueblo donde encuentran asesinada a Banks, es muy distinto a Twin Peaks. Aquí no hay rastro de idealismo, casas de postal ni culebrones.
Es decir, no existe la mirada de Dale Cooper.
La protagonista más desesperada del cine de David Lynch
La segunda parte abarca la última semana en la vida de Laura Palmer, una pesadilla en la que asistimos a la dualidad entre una adolescente modelo y una chica que se droga y busca sexo indiscriminadamente. El motivo no lo voy a desvelar. Solo diré que Fuego camina conmigo es una metáfora perfecta sobre las consecuencias psicológicas que tienen los abusos sexuales. Aquí, como en la primera parte, no hay rastro del idealismo de la serie. Tan solo asistimos a la desesperada mirada de una chica que pide a gritos que la dejen morir en paz antes de seguir un solo minuto más en un mundo en el que solo le espera sufrimiento.
No hay respuestas, tan solo un intento de entendimiento del sufrimiento de la protagonista invisible de la serie.
Y, para más inri, entre la primera y segunda parte asistimos a una escena desconcertante, aparición de David Bowie mediante, que deja aún más incógnitas, las cuales solo se responderían veinticinco años después. Aunque eso no lo sabía ni el mismísimo Lynch.
El desconcierto total
Aunque fue abucheada allá donde se estrenó, Twin Peaks: fuego camina conmigo es una notable película que no solo complementa a la serie original, sino que nos ayuda a entender por lo que puede pasar la mente de una persona que ha sufrido abusos sexuales. Y se trata de la película más desesperada y angustiada de David Lynch.
Eso sí, aunque sea una precuela, que no se os ocurra verla antes de la serie. Debe ser vista tras la segunda temporada.
TWIN PEAKS: THE RETURN (2017)
Nos vemos en 25 años…
En la segunda temporada de Twin Peaks, hay una secuencia onírica en la que Laura Palmer le dice al agente Cooper que se volverán a ver en veinticinco años.
Para 2017, Twin Peaks seguía siendo objeto de análisis de medio mundo, sin esperanzas de una continuación. Lynch llevaba sin dirigir nada desde Inland Empire, estrenada en 2006 y su película más radical (lo que ya es decir mucho).
Así que imaginad la sorpresa cuando Showtime anunció una tercera temporada de Twin Peaks, con 18 episodios, todos ellos dirigidos por David Lynch y apoyado por Mark Frost. Para 2017, justo 25 años después de aquella escena entre los dos protagonistas de la serie.
Ya solo por esto, es normal que a Twin Peaks: The Return se le considere una de las mejores series del siglo XXI. Porque, por muy enemigo que uno sea de David Lynch, hay que reconocer que la existencia de la tercera temporada de la serie es un verdadero milagro. Así que, solo por eso, ya iba a ser considerada muy por encima de lo que aporta realmente. Porque todo el mundo empezó la tercera temporada de Twin Peaks deseando que le gustara.
Nuevamente, Lynch y Frost narran esta tercera temporada en torno a tres pivotes.
El primero es, obviamente, Twin Peaks. Es muy curioso contemplar a gran parte del elenco original de la serie casi treinta años después. Lógicamente, al ser David Lynch, no esperéis un fan service convencional. Aquí no hay concesiones al espectador, pero sí una reflexión de que la vida ha seguido aunque, desde que Laura fue asesinada, el pueblo ya no es el mismo.
El segundo es la gran cantidad de nuevas historias y personajes que complementan la serie, ya sea para enriquecer la mitología fantástica de Twin Peaks como para generar las emociones que quiera Lynch. Ver durante tres minutos a un tío barrer el suelo de un bar se convierte en algo hipnótico, hay un asesinato propio de película de terror, vemos al mito Harry Dean Stanton dándonos paz con su guitarra por última vez, distintos conciertos, una trama de gangsters…
En lo que respecta a los persoanjes, por la serie aparecen Laura Dern, Naomi Watts, Tom Sizemore, Michael Cera, Tim Roth, Jennifer Jason Leigh y otros más de cien intérpretes.
Aunque el rey absoluto sigue siendo su protagonista Kyle MacLachlan, en un triple papel que no desvelaré. Solo diré que una de sus interpretaciones es el más fiel reflejo de la humanidad de Lynch, la cual nos viene a decir que siempre que un ser humano habla con su propia conciencia, termina irremediablemente haciendo el bien.
Un personaje que es oro puro
Y el tercer pivote es el mayor adentramiento en lo fantástico, cuyo máximo ejemplo es su octavo episodio, el más laureado de la serie. Puro cine mudo experimental que viene a describir el origen del Mal (con mayúsculas) y que, pese a su indudable valor estético, a mí me aburrió como una ostra.
Porque la realidad es que Twin Peaks: The Return, con su carrusel de escenas inconexas que mezclan géneros, adolece de un ritmo muy irregular, con momentos tan memorables como aburridos. Su uso del fan service es magistral, pero también se echan de menos algunos elementos de las dos primeras temporadas.
Por ser el mayor milagro televisivo del siglo XXI, por su apuesta decidida por la libertad creativa, por algunos de sus personajes y por sus escenas más inspiradas, Twin Peaks: The Return es una serie notable y, sobre todo, única. No es ni mucho menos perfecta, pero es tan distinta que quien la haya visto recordará durante años lo visto estos últimos dieciocho capítulos.
CONCLUSIONES
Guste más o menos, una forma única de narrar lo inenarrable
En definitiva, no creo que Twin Peaks sea la mejor serie de la historia. Ni siquiera la más influyente. Más que nada porque nadie la ha copiado. Y esa es su mayor virtud, su condición de obra de arte única, con una primera temporada en formato miniserie excelsa, una segunda con luces y sombras, una película tan interesante como detestada y una milagrosa tercera temporada que no nos da lo que queremos, pero sí lo que necesitamos. Unas imágenes que, por imprevisibles, son tan imperfectas como inolvidables.
Joe Abercrombie es el principal exponente del Grimdark, que viene a ser una rama de la fantasía que se caracteriza por su tono oscuro, pesimista y violento, con mundos distópicos y moralmente ambiguos, donde la violencia y la crueldad son comunes, y los personajes a menudo son ambivalentes y egoístas. Es autor de las trilogías La Primera Ley y La Era de la Locura, así como de otros libros de fantasía ambientados en el mismo universo y de una trilogía de novelas juveniles.
En resumen, es una de las grandes estrellas del genero fantástico y estamos de enhorabuena ya que Alianza Editorial, dentro de su sello Runas, publica en España su última obra, Los Diablos. Estamos ante el inicio de una nueva trilogía en la que el escritor se atreve con un nuevo estilo de narración más ligero y divertido del que nos tiene acostumbrados, sin perder ni un ápice de esa genialidad que siempre le acompaña.
La sinopsis de la editorial de este nuevo libro es la siguiente:Las gestas más gloriosas a veces requieren de actos impíos. El hermano Díaz tiene una cita en la Ciudad Santa, donde cree que lo recompensarán con una cómoda posición en la Iglesia. Pero resulta que su nuevo rebaño está compuesto por asesinos contumaces, horrorosos practicantes de lo arcano y auténticos monstruos.
En esta nueva misión, todos tendrán que tomar las medidas más sangrientas si quieren alcanzar sus justos fines. Los elfos acechan en nuestras fronteras, ávidos de nuestra carne, mientras príncipes egoístas solo se preocupan por su posición y bienestar. Dado el épico e infernal viaje ante él, al hermano Díaz no le viene nada mal tener a los diablos de su lado.
Para esta nueva trilogía Abercrombie no crea un universo nuevo como escenario de su historia. El autor lo que hace es partir de una Europa medieval alternativa en la que el Jesús, el hijo de Dios, no fue un hombre si no una mujer. Esto hace que la cúpula de la iglesia esté copada por mujeres en vez de hombres, siendo ellas las obispas y cardenales que dirigen la obra de Dios. Y su principal figura es una Papisa, no un Papa, en este caso una niña de diez años que se sospecha que puede ser la segunda venida de la Salvadora en la Tierra.
En este universo además la magia, la brujería y las criaturas fantásticas campan a sus anchas. Incluso la pequeña Papisa parece tener unos poderes que van más allá de la compresión de los meros mortales. Por otro lado, el gran enemigo de la iglesia cristiana no son los musulmanes, su lugar en la historia lo toman los elfos, unas criaturas misteriosas y peligrosas que vienen de oriente y a las que los cristianos se han venido enfrentado en varias Cruzadas.
El mundo de Los Diablos
Es en este escenario tan rico y fascinante donde el autor nos cuenta una historia en la que la iglesia tiene el interés de sentar en el trono de Troya a la joven Alex, una huérfana descendente del linaje real que tuvo que huir y que ahora es una vulgar ladrona que vive en la Ciudad Santa (Roma). El viaje de Alex a Troya para reclamar su trono se prevé lleno de peligros, así que la iglesia le pone como protectores a los miembros de la Capilla de la Santa Conveniencia, formada por un caballero inmortal, una picara ladrona, un vampiro, una mujer loba, un nigromante y una elfa, todos bajo el mando de un alucinado hermano Díaz que no sabe donde meterse cuando le cae del cielo tan peligroso encargo.
La idea de que haya unos monstruos o villanos a cargo de una organización estatal para resolver problemas de difícil solución no es precisamente original. Es imposible no leer Los Diablos y no recordar por ejemplo El Escuadrón Suicida o Los Thunderbolts, solo por citar dos ejemplos superheroicos. Pero es un recurso que funciona muy bien si el escritor es al menos un poco hábil. Y desde luego Abercrombie lo es.
Los miembros de la Capilla de la Santa Conveniencia
Los pilares a través de los que el escritor vertebra toda la trama son tres: la violencia y la sangre (rayando en el gore muchas veces), la acción sin freno y sobre todo un sentido del humor al que Abercrombie no nos tenía demasiado acostumbrados pero que funciona muy bien sobre todo a la hora de servir como contrapunto al oscuro y violento escenario en el que se mueven los personajes.
Una de las principales características del Grimdark es la violencia, en muchos casos la crueldad y ese es un elemento que no falta en este caso. Los enfrentamientos entre los personajes son verdaderas carnicerías muchas veces, sobre todo cuando entra en acción la mujer loba o el guerrero inmortal, dos verdaderas fuerzas de la naturaleza que, cada uno a su estilo, no dejan títere con cabeza.
Y esa sangre que salpica las páginas y casi hasta al lector no podría darse sin un uso hábil de la acción. El viaje de nuestros protagonistas parece sacado de un videojuego en el que van pasando pantallas a través del enfrentamiento de cada vez mayores peligros hasta llegar a un punto álgido al final del libro.
El lector no para de pensar en que parece imposible que Alex y su séquito puedan escapar de las amenazas a las que hacen frente una y otra vez, pero el autor siempre tiene un as en la manga que permite a los personajes brillar para salvar la situación.
Una vez a través del enfrentamiento físico, otras a través de la astucia y otras a través de magia. Siempre hay una habilidad lista para ser usada para salir del apuro. Y todo contado con un ritmo frenético que no da respiro al lector pero que a la vez es claro y conciso. Una verdadera maravilla.
Por último, hay que señalar que Los Diablos es un libro muy, pero que muy divertido. Parece mentira que haya tiempo para reírse en medio de las carnicerías y los eventos truculentos a los que asistimos. Pero Abercrombie crea unos personajes maravillosos, cuyas relaciones y diálogos, afilados como el filo de la mejor espada, logran que estemos leyendo todo el rato con una sonrisa en la boca, cuando no directamente con una carcajada. Y es que es imposible no amar a los protagonistas, todos perfectamente construidos y con un desarrollo genial a lo largo de la novela.
Los diablos, al cine!
Hay que añadir que uno de los Reyes Midas de Hollywood, James Cameron, se ha hecho con los derechos de la novela para hacer una película basada en el libro. En principio Cameron no ejercerá como director, limitándose a ser productor (bastante liado anda con Avatar), pero ya se ha anunciado que contará con Abercrombie para hacer el guion de la cinta, algo que nos da esperanzas a la hora de pensar en que se realice una buena adaptación.
James Cameron llevará Los Diablos al cine
En resumen, Los Diablos es un libro perfecto para los amantes del Grimdark y para aquellos que quieran probar por primera vez esta rama de la fantasía. No faltan la violencia y la sangre, con un tono adulto que busca conectar con el lector a través de personajes y situaciones de moralidad ambigua.
Pero a la vez estamos ante una lectura divertida, con un afilado sentido del humor que hace que esa oscuridad propia del género tenga un contrapunto que le sienta de maravilla. Sin olvidar unos personajes carismáticos a los que se les coge cariño enseguida y que tienen un desarrollo en base a las relaciones que se establecen en su viaje que los hacen todavía más interesantes.
Una verdadera delicia de lectura que hace que pases las páginas a toda velocidad y uno de los mejores libros publicados el último año.
Qué fácil lo hacía Pixar. Ya desde Toy Story, la compañía norteamericana era capaz de fascinar a personas de todas las edades. A los niños por sus originales e imaginativas aventuras y a los adultos por lo que subyacía bajo ellas. Actualmente bajo el paraguas de Disney (qué otra compañía podía ser), cada estreno de Pixar es un acontecimiento casi a la altura de la nueva película superheroica que proceda. Ahora es el turno de Elio, aventura espacial de la que voy a hablar en esta crítica sin spoilers.
Elio es un chico que ha perdido a sus padres y queda a cargo de su tía, una futura astronauta que debe frenar su fulgurante carrera para cuidar del niño. Lo que resulta difícil, porque Elio está obsesionado con la posibilidad de que los alienígenas lo abduzcan y lo alejen de un planeta Tierra en el que solo le espera soledad. Pero los alienígenas no existen… ¿O sí?
La película, cuya pareja de directores se incorporaron apresuradamente tras ser despedido el creador original (lo que originó una gran polémica, ya que se presuponía que Elio iba a ser una obra más provocadora que la que nos encontramos en el cine), es una aventura espacial que da lo que promete y poco más.
Lo que, por otro lado, viene siendo la tónica habitual de Pixar desde el estreno de la fascinante Soul allá por 2020. Aunque es algo con lo que venía luchando desde la compra de la compañía por parte de Disney en 2011, tras el estreno de la magistral tercera entrega de Toy Story. Desde aquel entonces, Pixar había alternado fantásticas historias originales como Del Revés o Coco con la insistencia de estrenar secuelas de sus grandes obras: Toy Story 4, Los increíbles, Monstruos University… Actualmente, desde la citada Soul, ni siquiera despuntan en sus obras originales.
Nuestra crítica de Elemental, Luca y Onward, los últimos estrenos originales de Pixar.
Hubo una época en la que parecía fácil que Pixar estrenara obras maestras como churros. Lógicamente, no tengo la fórmula, pero es difícil que Elio sobresalga cuando parece un refrito de motivos argumentales que ya han funcionado previamente en la compañía. Al fin y al cabo, Elio recuerda mucho, pero mucho, mucho, a Coco. Y su aventura es la de un niño que pasa el tiempo con la mirada en el más allá y menos en lo que tiene en su propia casa. Como en Coco. Solo que en el marco de una aventura espacial que nos recuerda a la reciente Lightyear, aquel tan entretenido como olvidable spin off de Toy Story.
La sensación es de que han decidido no arriesgar, no ofender a nadie y apostar por lo que ya les funcionó en el pasado. Y claro, les funciona.
No deja de ser una entretenida y emocionante historia de madurez que oscila entre lo malo de no mostrarse como uno mismo, el afrontar la pérdida y una crítica al colonialismo y a la intolerancia que tan en boga está hoy en día. Todo tan positivo como previsible.
De hecho, el mejor resumen que se puede hacer de Elio es que uno se pasa toda la película sabiendo lo que va a ocurrir y, aún así, sigue emocionando. Aunque no tenga el mismo impacto en los adultos que las grandes obras de la compañía.
Lo más memorable es el personaje de Gordon, el mejor amigo del protagonista, un robaescenas del que no me sorprendería, dada la dinámica actual de la compañía, que se acabe rodando una película centrada en su historia.
En definitiva, Elio es una entretenida película de aventuras para toda la familia que hará las delicias de los más pequeños, pero que palidece ante toda la obra previa de una compañía en sus peores horas, armada con un piloto automático sin fallos y sin sorpresas. Una muestra más de que Disney parece convertir el cine en una cadena de montaje y no en una de las mejores formas de arte que existen.
Nuestra fábrica de churros televisivos favorita ha estrenado la que puede ser la serie del verano: La residencia, un cozy mistery de manual que es imposible dejar de ver. Bajo el amparo de la todopoderosa Shonda Rhimes como productora (señora que se ha forrado a base de estirar un chicle como Anatomía de Grey y otros sucedáneos), la serie creada por Paul William Davies bien puede ser la nueva franquicia de Netflix.
Hay un muerto en la Casa Blanca
La Casa Blanca, antaño escenario de thrillers y películas de acción donde un presidente aguerrido y musculoso, llámese Harrison Ford, Morgan Freeman o Aaron Eckhart, repartía leña y salvaba el mundo (cosa que hoy en día ya no nos tragamos, visto su actual ocupante) es ahora el escenario de un asesinato donde asistiremos a un Cluedo de 8 episodios en el que hay que descubrir quién mató a Gustavo Fring, digo a A.B. Wynter, el ujier jefe de la residencia de los presidentes americanos (es lo que tiene Giancarlo Esposito, que haga lo que haga siempre nos recordará a Fring).
Para desentrañar el misterio iremos de la mano de Cordelia Cupp, una detective algo peculiar, obsesionada con observar aves y desentrañar misterios, acompañada por el agente del FBI Edwin Park, personajes interpretados por Uzo Aduba y John Krasinsky, a quienes vemos en la imagen siguiente.
La residencia es una serie de misterio que encaja perfectamente en lo que ya hemos mencionado, el cozy mystery, que en español podríamos traducir como «misterio acogedor».
En resumen, que hay muerte y algo de sexo (escasísimo) pero sin ofender a la vista o al oído, que no queremos espantar a nadie, y los protagonistas se las apañan para desentrañar el misterio contra viento y marea.
Para compensar, La residencia es una serie en la aplicar el adjetivo «dinámica» es quedarse corto. Estructurada a base de flashbacks, la serie va a todo velocidad en su montaje y en sus diálogos. Tan deprisa van que es fácil perderse pero no os preocupéis, que sus responsables lo saben y ya se ocupan de hacernos un resumen de tanto en tanto y de señalar los detalles que serán significativos.
Al final, de lo que se trata es de tenernos enganchados a la pantalla y ahí cumplen con creces. Debo decir que en tan sólo un episodio tuve la sensación de que se estaban alargando demasiado pero pronto recuperaron el intenso ritmo y fue un no parar.
Puñales por la espaldamade in Netflix
Si, ya se que Netflixproduce las dos secuelas de Puñales por la espalda pero creo que se entiende. La residencia no llega a la calidad de la obra de Rian Johnson pero lo intenta firmemente. Obsesivamente, diría yo.
Es inevitable pensar en Benoit Blanc (el mejor detective del mundo) cuando se presenta Cordelia Cupp (que no por error se presenta como la mejor detective del mundo). También es inevitable no darse cuenta de que el escenario cerrado y concreto en la que desarrolla la acción es muy similar a las mansiones de Puñales por la espalda y El misterio de Glass Onion.
De igual forma, aquí tenemos personajes estrafalarios que ocultan algo en cada escena, ya sea el presidente de los USA empeñado en que el agua de la ducha salga hirviendo, su marido indeciso (si, otro detalle -que una pareja gay llegue a la Casa Blanca – que hoy por hoy se nos antoja imposible pero a moderna, a Shonda Rhimes, no le gana nadie), la camarera alcohólica, el repostero suizo-alemán (encarnado por Bronson Pinchot, el primo Larry de Primos lejanos) o la mismisima Kylie Minogue haciendo de Kylie Minogue. Un festival.
¿Y quién es el asesino? Pues la verdad es que eso es lo de menos. La residencia es una serie que se ocupa y preocupa más del viaje que del destino. Su principal objetivo es que la veas, y si puede ser del tirón. En eso cumplen totalmente. Es muy, muy entretenida, sobre todo si te gustan estas cosas de asesinatos, misterios y detectives.
Como decía, puede que Netflixhaya encontrado otra franquicia de la que tirar, aunque está por ver si el público reacciona de forma positiva a la serie. Un saludo, sed felices.
Sostener una película como Karate Kid: Legends solo con la nostalgia, es algo que origina un enorme vacío al finalizar la misma. La idealización del pasado no hace sino desconectarnos tanto del presente como de la dificultad de encontrarle algún sentido a una cinta que nos genera una intensa y prolongada sensación de incomodidad, porque el cine nos da a entender que está anclado en las sombras del pasado, convertida en una larga, extensa y nocturna capa de malévola nostalgia.
Esa sombra ha recorrido con frialdad mis pensamientos al ver Karate Kid: Legends. El problema es que no ofrece nada nuevo, ni un atisbo de riesgo por tratar de ir más allá del legado seguro que deja la nostalgia (algo que si funcionó con Cobra Kai gracias a su cambio de perspectiva), basándose en los recuerdos de un film que tampoco es que fuera una maravilla, pero que supo impactar en todos los adolescentes de una generación, la de los años 80 (donde la acción de la Cannon retumbaba en los altavoces), que gozaron del cine (regresando al futuro), cuando todavía se podía respirar y disfrutar de la magia en una sala cinematográfica.
¿Karate Kid: Legends es una mala película?
La respuesta es que no, sin embargo, la desconexión emocional por lo que estás viendo dificulta el valorar la cinta como un legado, para aproximarse descaradamente a un film que busca los bolsillos de los espectadores, siendo la enésima muestra de que la nostalgia vacía, hueca e insostenible, no sirve para montar un largometraje que genere nuevos desafíos a nuestro cerebro.
Una oportunidad desperdiciada para crear un nuevo legado para las nuevas generaciones, pero en vez de buscar la frescura o la originalidad, se detiene en una trama genérica, siendo una aseada y correcta puesta al día de lo que se hizo en la primera Karate Kid.Un film que aprueba raspado como comediadisfrutable, con sus ligeras dosis de drama adolescente pero que falla en lo más básico: el entrenamiento para el combate pasa de refilón y casi ni se disfruta… y eso en una película de Karate es casi un sacrilegio.
Karate Kid: Legends tiene algunas dignas coreografías, los actores jóvenes cumplen con su cometido, tanto el protagonista como el antagonista, Jackie Chan sigue siendo carismático, aportando un tono de calidez a su personaje, y su encuentro en pantalla con Daniel LaRusso es entrañable, aunque su relación está cogida con pinzas por culpa de una narrativa acelerada. Un aspecto destacable de la cinta es la relación que se establece entre el joven Ben Wang y un viejo boxeador, que logra darle un aire novedoso a la película al invertir los roles de entrenador-alumno, estableciéndose un interesante drama. Una trama curiosa que de haber seguido por ese camino quizás hubiera conseguido mejores resultados.
Aunque el guion de la película nunca termina de arrancar, sobre todo por dar la sensación de estar apresurado, no dejando respirar las subtramas de la cinta, en especial el torneo final que se resuelve con brusquedad y muy… muy alejado de la emoción que sí desprendía el film original.Karate Kid: Legends es una comedia ligera y disfrutable con algunos instantes de tensión dramática bien ejecutados, pero que falla en lo más importante, la conexión emocional con su legado.
Créditos, tráiler y reparto de Karate Kid: Legends
La película está dirigida por Jonathan Entwistle, siendo su guionista Rob Lieber. Está protagonizada por Jackie Chan y Ralph Macchio (quien ha resurgido gracias a la serie Cobra Kai), ambos repitiendo sus personajes de los films anteriores, a los que se han añadido Ben Wang, Joshua Jackson, Sadie Stanley, Ming-Na Wen, Aramis Knight y Wyatt Oleff. Se encarga de la banda sonora Dominic Lewis mientras que Justin Brown lo hace de la Fotografía. Es una producción de Columbia Pictures, Sunswept Entertainment y Westbrook Studios.
En el cómputo global de las películas es la sexta cinta de la franquicia The Karate Kid (podéis encontrar las películas ordenadas de peor a mejor pinchando este enlace). A tenor de los resultados en taquilla hasta ahora, con una recaudación de 105,9 millones de dólares para un presupuesto de 45 millones, sus productores deben de estar contentos. Y es que parece ser que la nostalgia, de momento, sigue vendiendo sin importar la calidad del producto.
Conclusiones
En definitiva, Karate Kid: Legends sigue las mismas reglas de la franquicia, el cliché del joven que sufre abusos y recurre a las artes marciales para defenderse, una fórmula que se ha convertido en la seña de identidad de las películas, eso y el famoso torneo final, donde se tiene que demostrar las habilidades adquiridas por un entrenamiento que mezcla filosofía, humildad y karate.
Es directa y sincera con lo que nos quiere contar, aunque comete el error de no desarrollar la relación del alumno con sus maestros, que se queda en algo anecdótico, siendo una forma demasiado simple de justificar su presencia. Por el contrario, si resulta interesante que el joven alumno transmita sus conocimientos a una persona adulta, una idea que acaba en una de las mejores escenas de combate de todo el film.
En líneas generales, cuenta con correctas coreografías y escenas de lucha pero que quedan deslucidas en la parte del torneo final debido a lo apresurado de su cierre, y es que la cinta peca en no saber condensar su trama. Teniendo un problema grave a la hora de establecer las dinámicas entre personajes ya que están exiguamente desarrolladas (que puede elevar la calidad de una película como ocurría en el Contable 2), algo que le resta credibilidad y le roba emoción a la hora de empatizar con la batalla final.
Una cinta que se deja ver a través de las sombras de la nostalgia, que no intenta aportar algo nuevo a la historia, ni busca independizarse de la añoranza de las entregas anteriores. Una oportunidad más en la que queda demostrado que la nostalgia nunca es suficiente para sostener una película… aunque sí para generar dinero.
La tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds se ha estrenado esta semana para España por Skyshowtime (para Latinoamérica un par de semanas atrás por Paramount+) con dos episodios de un tirón. Habiendo ya analizado al día de su estreno el primero de ellos (Hegemonía Parte II), que era el cierre del que había quedado inconcluso al final de la temporada anterior, hacemos ahora lo propio con el segundo, cuyo título es El Blues de las Campanas Nupciales.
Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Lo prometido es deuda y aquí estamos estamos para analizar el segundo episodio de esta tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds después de haberlo hecho apenas días atrás con el primero.
Si no los hice en un solo artículo es, en primer lugar porque Hegemonía Parte II merecía un tratamiento aparte al venir a cerrar un capítulo doble, pero también porque el tono del episodio que nos ocupa es radicalmente distinto, marcando un contraste que va en consonancia con el espíritu de la serie original.
Además, termina de dar confirmación a uno de los mayores motivos de especulación que por décadas ha hecho pensar a los fans de la franquicia y que guarda relación con dos icónicos personajes de la misma. Pero no nos adelantemos y pasemos a hacer el desbroce de lo que hemos visto, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden echar ojo aquí a nuestros análisis previos.
Alucinación Colectiva
Comenzamos con relato en off de Spock poniéndonos al tanto de que las heridas del enfrentamiento con los gorn han ya mayormente sanado para la tripulación de la Enterprise cuyos miembros, llegados a la Base Estelar Uno, se aprontan para una gala que prepara Pike con motivo de los festejos por el centenario de la Federación.
Batel está ya recuperada y las crías gorn reabsorbidas (puaj). Pike lamenta que, siendo capitana, le asignen de un momento a otro una nueva nave y tenga que dejarlos, pero se disculpa al advertir que le puede estar condicionando su libertad y futuro. Ella, no obstante, desdeña el asunto y sonríe diciendo que le encantará mudarse a sus aposentos. ¿Se queda en la Enterprise entonces? No me queda del todo claro…
Hablando de futuros inciertos, Chapel está regresando de su viaje por la beca y ello abre una incertidumbre para el alférez Gamble (Chris Meyers), que es quien la ha estado suplantando en la enfermería. M´Benga le deja sin embargo claro que quiere que siga allí, así que quizás ya tengamos dos nuevos miembros en la tripulación de la Enterprise.
Pero el pronto arribo de Chapel pone especialmente ansioso a Spock, a pesar de que ella le dejara en claro antes de irse que ya no debían pensar en sí mismos como pareja. Recibe lecciones de baile de salsa por parte de La’an, quien tiene problemas para lograr que haga “fluir sus hombros” ya que, acorde a su lógica vulcana, él sigue exactamente los parámetros de la danza sin ponerle alma.
Ella dice que soñó con ser bailarina alguna vez… antes de los gorn, por supuesto, con quienes por otro lado siente que ha logrado en alguna medida extirpar un trauma del pasado por la reciente victoria sobre ellos. En cuanto a la inminente llegada de Chapel y sin decirlo directamente, le deja entrever a Spock que quizás no debería ya depositar demasiadas esperanzas en esa relación.
Spock espera a Chapel con un libro como regalo, pero cuando llega lo hace en compañía de un tal Roger Korby (Cillian O´Sullivan), quien al parecer es un gran especialista en medicina arqueológica y ha escrito unos cuantos tratados al respecto (exactamente doscientos treinta y cuatro, según Spock), pero el chorro de agua helada llega cuando Chapel lo presenta como… su pareja.
La expresión de Spock se trastoca por completo, a pesar de lo cual deja en manos de ella el libro que le llevó y que es una joya arqueológica. Hablando luego en privado, le manifiesta su sorpresa de que haya decidido tan pronto estar con alguien cuando había justamente dicho que necesitaba tiempo para estar sola. Ella no puede dar una explicación clara…
Descorazonado, Spock se dirige al bar y se encuentra con un bartender vulcano (Myles Dobson), que le ofrece un trago diferente para olvidar penas. Se retira luego a dormir y cuando despierta (con un chasquido de dedos conocido para quienes seguimos la franquicia), todo está distinto. Chapel está a su lado y en la Enterprise hay preparativos para una gran fiesta, pero extrañamente no es por el centenario de la Federación sino por una boda y, más extraño aún, no entre Chapel y Korby, sino entre… Chapel y Spock.
Y quien está a cargo de los preparativos es el estrafalario y verborrágico personaje de la barra del bar, que hace a la vez de organizador, maestro de ceremonias y vestuarista. Ya para esta altura tenemos serias sospechas sobre quién pueda ser o con quién estar relacionado pero, claro, los personajes de la serie no tienen esa posibilidad…
Y Spock, por otra parte, no nota nada raro: es como si siempre hubiera sido así y, por los corredores, todos hablan de la boda y le dan sus felicitaciones. Por un momento se nos cruza que pueda ser un sueño, pero ya veremos que no…
Al único que se ve incómodo es a Roger, quien ya no es novio de Chapel sino asistente del exótico organizador y ninguneado permanentemente por este. El caso es que él sí recuerda cuál era la situación antes de que todo luciera distinto y la tripulación comenzase a comportarse como en una alucinación colectiva. Y encima tiene que soportar ver a Spock y Chapel enamorados con el vulcano recordándole a ella el poema de Neruda que alguna vez le recitara cuando la realidad es que fue él quien lo hizo.
Habida cuenta de ello, va a ver a Spock e intenta hacerle recordar, pero sin éxito. Y cuando sugiere que Chapel se enamoró de él despues de que le recitara el poema antes mencionado, el vulcano, impulsivo pero a la vez frío como un refrigerador, le aplica un puñetazo al rostro. Ese golpe, sin embargo, sirve para que todo cambie y no en Roger sino en Spock, que ahora recuerda todo…
Futuros Conocidos
Spock no está seguro si su reciente cambio se haya debido al golpe en sí o al hecho de ser confrontado con la verdad por Roger. Probando ambas opciones, van primero a ver a Samuel Kirk y Spock le pide que lo golpee, a lo que el oficial responde que no se perdonaría dejarle un ojo morado de frente a su boda. Prueban entonces irle con la verdad a Pike, pero nada: sorprende al vulcano con una despedida de soltero…
Se dedican pues a investigar, ya que es obvio que hay algún intruso a bordo generando la alucinación. Sabiendo que a la fiesta asistirá toda la tripulación de la Enterprise más unos ciento siete invitados, preguntan al ordenador si hay alguien más por fuera de ellos y, en efecto, hay uno…
Van a ver pues al ahora ex bartender y le echan en cara el engaño a que les está sometiendo. Jocoso y jactándose de su omnipotencia, responde con un chasquido que hace temblar la nave y encender las alertas, seguidos por otro que reduce a Spock a un tamaño capaz de entrar en un frasco. Un chasquido más y se hallan en plena ceremonia nupcial con Spock vuelto a tamaño natural y a punto de dar el sí ante Chapel.
Entre los asistentes, Roger intenta oponerse y es de inmediato convertido en bulldog. Mirando a los ojos de Chapel, Spock comienza a recitar a Neruda y pronuncia una cita haciendo referencia a las últimas palabras que la madre de ella le dijera antes de morir y que no podían ser por él conocidas.
El engaño cae y el sujeto anuncia que todos van a morir, pero irrumpe desde el espacio exterior un globular resplandor azul del cual emana una voz que rápidamente identificamos como la de John de Lancie, es decir Q. Esa era justamente una de las posibilidades que habíamos barajado, pero en realidad (y aunque no se lo llame por el nombre) es su hijo Trelane, al que su padre viene a regañar por sus travesuras.
Este último se justifica en que le molestó ver a Korby excavando y yéndola de inteligente y apuesto en su planeta natal, pero no convence a Q, que le exige liberar a todos del engaño. Y así, tras un chasquido de dedos que el “niño” (en realidad tiene más de ocho mil años) acepta a regañadientes, padre e hijo escapan como resplandores azulinos hacia el infinito.
Vuelto pues todo a la normalidad, está claro que ya no hay esperanzas con Chapel para Spock. La’an se acerca a consolarlo y él dice que no se arrepiente. Ella termina invitándolo a bailar y se mezclan con todo el resto en la pista al son de “Wake Me up before You go go” del dúo Wham!, mientras se aprecia que los hombros de Spock fluyen mejor…
La única que está rara es Ortegas que, recuperada la parte faltante de su mano, abandona la pista y se dirige al gimnasio para moler a golpes el saco de boxeo.
Cuando termina, se mira al espejo y por detrás de ella ve dibujarse la silueta de un gorn…
Balance del Episodio
Si algo caracterizaba a la serie original de los sesenta era la diversidad de tono entre sus diferentes capítulos.
Las series que vinieron después, sin desmedro de calidad, fueron en general más uniformes: TNG, por ejemplo, tenía un tono más “serio” (aun cuando pudieran filtrarse toques de comedia) y Lower Decks uno más humorístico. Quizás solo DS9 haya jugado algo más con aquella ambivalencia original y, de hecho, el episodio que aquí analizamos me hizo recordar bastante a esa serie al desarrollarse íntegramente con la Enterprise atracada en una estación espacial.
Pues bien, SNW recupera esa esencia. Ya lo ha demostrado en las temporadas anteriores (¿cómo olvidar ese crossover con Lower Decks que debe estar entre lo mejor de la franquicia?) y vuelve a hacerlo aquí con un capítulo ligero y divertido que se contrapone por completo a la oscura intensidad del anterior. Prácticamente una comedia de situación en la cual el enredo principal se deriva de situaciones y personajes altamente conocidos para los amantes de la franquicia.
Siempre es hilarante ver a Spock sacado de contexto y me arrancó un par de sonrisas verle intentar bailar salsa de modo rígido y casi mecánico o, por el contrario, dejar fluir sus hombros en el final. Ambas situaciones son igual de graciosas, como también verle estrellar un puñetazo contra el rostro del galán competidor sin que el suyo mueva siquiera un músculo. Y a pesar de ello, la trama ha sido importante para el desarrollo del personaje, que ha debido hacer un importante renunciamiento y aceptar realidades a fines de dejar partir y seguir con su vida, una que ya no involucrará a Chapel.
Y si hablamos de cambios en personajes, vemos distinta a La’an, lo cual demuestra que su trauma con los gorn pareciera haber quedado en el pasado; otra de las heridas que ha sanado en referencia al relato en off de Spock al inicio del capítulo.
Todo lo contrario de lo que pareciera venirse para Erica Ortegas que, a juzgar por la última escena, es quien ahora se verá atormentada por la sombra de los reptiles alienígenas que, de algún modo, están ejerciendo influencia sobre ella: por algo se marchó de la fiesta. Y hablando de ella y de la fiesta, ¿qué fue ese coqueteo entre su hermano Beto y Uhura? Allí puede haber también en puerta un posible romance que quedará inevitablemente trunco…
Pero el dato más importante para el mundo trekkie es que El Blues de las Campanas Nupciales ha dado respuesta a uno de los interrogantes que más ha movido a especulación durante más de tres décadas de franquicia, como la supuesta relación filial entre Q y Trelane que, aun cuando ninguno de ambos haya sido llamado por su nombre, las referencias son más que obvias.
Recordemos que Trelane apareció por primera vez en la serie original y Q lo haría dos décadas después en TNG. El carácter excéntrico, caprichoso y juguetón de ambos hizo que los fans consideraran siempre la posibilidad de que estuvieran emparentados o que, al menos, Trelane fuera también parte del complejo Q.
El capítulo ha sido lo suficientemente ambiguo y sutil para no decirlo del todo, pero pocas dudas caben y más cuando la voz del padre que viene a buscar a su hijo es la de John de Lancie, quien diera vida al icónico personaje de Q en TNG y en otras series que fueron llegando más tarde.
Seguramente cabrá la pregunta sobre si ello no va en contra del canon, porque se supone que Q no tendrá hijos hasta el siglo XXIV o, al menos, no tendremos noticia de ello antes. Pero no olvidemos que es capaz de viajar en el tiempo y presumiblemente también su hijo. Quizás lo que pueda haber sonado más forzado haya sido el motivo esgrimido por Trelane para arruinarle la vida a Roger, pero tampoco hay que olvidar que, a pesar de sus ocho mil años, es un niño y, como tal, no exento de caprichos, rabietas o furias del momento.
En fin, un capítulo muy divertido que baja un poco la intensidad del doble anterior para tal vez relajarnos ante lo que parece venirse, pero no la calidad de la serie que sigue siendo alta y, después de todo, no está escrito en ningún lado que las tragedias de Shakespeare sean necesaria e inevitablemente superiores a sus comedias.
Les espero para analizar el tercero. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…
Hubo un tiempo en el que la televisión no estaba relacionada con la épica. Sí, puede que en los 2000 se estrenaran obras maestras como Los Soprano, A dos metros bajo tierra o The wire. Pero las grandes batallas pertenecían a la pantalla grande, con Gladiator o la trilogía de El señor de los anillos. Todo esto cambió con Juego de Tronos, serie que, desde entonces, toda plataforma ha intentado replicar su éxito. Ahora es el turno de Apple TV+, la productora que más dinero invierte en series que nadie ve, y su El gran guerrero, historia que aborda la unificación de Hawaii en el siglo XVII y de la que ya se han estrenado sus dos primeros capítulos.
Este análisis se centrará inicialmente en describir la premisa inicial y el porqué todo el mundo debería acercarse a El gran guerrero. Posteriormente, comentaré lo visto en los dos primeros episodios con spoilers.
Vamos a ello.
El gran guerrero es una epopeya basada en las guerras de unificación del Hawaii del siglo XVII desde una perspectiva indígena, centrándose en el jefe militar de una de las islas, Ka’iana, y su empeño por buscar la cooperación pacífica entre todas las islas.
Es imposible hablar de El gran guerrero sin tratar la figura de Jason Momoa, el principal artífice de la serie. Por primera vez en su carrera, Momoa protagoniza, produce y escribe los nueve capítulos de una serie, por lo que deduzco que se trata de su proyecto más personal hasta la fecha.
Durante toda su carrera, hemos visto a dos Jason Momoa. El más conocido es el cómico surgido de su Aquaman. El actor desatado de Fast X o Minecraft. Pero no debemos olvidar la presencia del actor que interpretó a Khal Drogo en Juego de Tronos, a Conan o a su mejor interpretación hasta la fecha, su protagonismo durante las tres temporadas de la serie See, superproducción de Apple TV+ cuya primera temporada tenéis criticada en esta sacrosanta web.
Pues bien, en El gran guerrero tenemos al segundo Jason Momoa, el actor físicamente imponente que no necesita hablar para llenar la pantalla. Una bestia que inspira respeto tanto con sus escasas palabras como con sus silencios y, sobre todo, que reparte espadazos a diestro y siniestro.
Porque, no nos engañemos, los que nos acercamos a El gran guerrero buscamos ver a Jason Momoa gritando, corriendo y matando enemigos. Y esto, al menos por los dos primeros episodios, parece cumplirse y darnos lo que queríamos.
Aparte, El gran guerrero nos acerca a la visión indígena de un archipiélago al que conocemos bien por sus viajes turísticos de ocio, por sus Aloha y Ohana y poco sobre su historia. En este sentido, al apostar por una serie hablada íntegramente en nativo (salvo cuando salen los “caras pálidas”, los europeos dispuestos a colonizar las islas), El gran guerrero recuerda mucho a Shogun, sustituyendo la archiconocida cultura japonesa de los samuráis por la de las tribus indígenas hawaianas.
Aunque ya os digo que, por muchos dioses y costumbres desconocidas, El gran guerrero, como Shogun o Juego de Tronos, termina hablando de los mismos temas de siempre: el como el poder corrompe al ser humano y lo convierte en una bestia violenta capaz de manipular y engañar a quién haga falta con tal de mantenerse en el trono que sea.
El gran guerrero no parece aportar nada diferente a lo visto en las series anteriores, lo que puede restarle impacto, pero sí parece una serie potente, entretenida y sólida que veremos cómo se desarrolla a lo largo de los siete episodios restantes.
Ah, y la música es de Hans Zimmer. ¿Quién da más?
A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS DE LOS DOS PRIMEROS EPISODIOS DEL GRAN GUERRERO.
Inicialmente, vemos como nuestro protagonista es un rey que ha decidido desentenderse de los asuntos de poder y ha renunciado a la violencia. Hasta que es reclamado por el rey íntimo amigo de su padre fallecido, interpretado por Temuera “Boba Fett” Morrison, el cual le engaña para invadir una isla vecina.
A partir de entonces, Momoa y su grupo son perseguidos y este, por azares del destino, acaba en un barco de “caras pálidas” alejándose de su hogar…
Con motivo del estreno de Los 4 Fantásticos: primeros pasos, regresamos a la serie de artículos que pretenden introducir a los novatos en los cómics de Los 4 Fantásticos. A ellos van dedicados esta serie de artículos, no a los veteranos.
Se trata de elegir una etapa mediante la cual uno puede conocer, sin muchas complicaciones por lo que se refiere a la continuidad, a unos personajes a través del medio en el que nacieron. Por supuesto, intentaremos que la simplicidad no vaya reñida con la calidad. Os dejo los enlaces a otros artículos anteriores y vamos al lío.
Prólogo: Los 4 Fantásticos: La edad dorada, de Stan Lee y Jack Kirby
Quizás empezar por el principio sería una buena opción pero hay que reconocer que los primeros números de Los 4 Fantásticos eran infumables. No hay por donde cogerlos ni en lo que se refiere al guion, ni por lo que se refiere al dibujo. Tan sólo se salva el Fantastic Four #5, donde viajan al pasado y La Cosa acaba convertido en el mismísimo pirata Barbanegra.
A Lee y a Kirby (que en aquella época se encontraba más cómodo dibujando al Capitán América) les costó coger el tranquillo a la colección pero cuando lo hicieron, fueron insuperables. Y eso se nota en este tomo que Paniniha re-editado ya un par de veces. Va del Fantastic Four #44 al #63, incluyendo los anuales 3 y 4 de la colección.
¿Y que encontramos aquí? Pues prácticamente las bases de lo que vendría luego, no sólo en la colección sino en todo el Universo Marvel: la llegada de Silver Surfer, Galáctus, Black Panther, Wakanda, Los Inhumanos,… Un auténtico despliegue de fantasía e imaginación, de presentación de personajes, que pocos han conseguido igualar. Y sobre todo Jack Kirby demostrando que es EL REY, el mejor dibujante de cómics de superhéroes que jamás ha existido, el que sentó las bases y a partir del cual beben todos los demás.
¿Por qué no es nuestra primera opción para empezar a leer Los 4 Fantásticos? Si bien este tomo de Los 4 Fantásticos: La edad dorada ha soportado francamente bien el paso del tiempo, acusa que los diálogos grandilocuentes de Stan Lee (menos que en otras ocasiones, eso si) juega en su contra, por no hablar que el tratamiento de algunos personajes (sobre todo femeninos) dejan que desear hoy en día.
En cuanto al dibujo de Kirby puede que no sea para todo el mundo. Si uno no es muy muy aficionado, cuesta reconocer las grandes virtudes en cuanto a composición, narrativa y anatomía de personajes, que a un novato pueden resultar algo rocosos pero, con todo, es una el tomo es opción más que recomendable para iniciarse en la lectura de las aventuras de Reed, Sue, Johnny y Ben.
Opción 1: Los 4 Fantásticos de John Byrne
A mediados de los años 80 del siglo pasado, la mega-estrella John Byrne llega a Los 4 Fantásticos como autor completo (guion, dibujo y tinta) y el resultado es que le dio un meneo a la colección como hacía años que no se recordaba.
En las etapas inmediatamente anteriores, se repetían los esquemas narrativos y los personajes parecían no evolucionar, sin rumbo, sin dirección, siendo superados por Spider-Man y los X-Men a todos los niveles.
John Byrne llegó, modernizó y triunfó, introduciendo nuevos temas muchos más modernos, dando un trato preferente a Sue Richards (quien dejaría de ser la Chica Invisible para pasar a ser la Mujer Invisible), haciendo madurar a Johnny Storn (que buena falta le hacía), cambiando a La Cosa por Hulka (todo un hallazgo) y retomando villanos clásicos de Lee y Kirby con nuevos aires, al igual que ya hizo con Chris Claremont en X-Men.
El dibujo de Byrne en aquellos años estaba en su máximo apogeo y se nota. Sus 4 Fantásticos entran por los ojos y resultan mucho más asequibles para un lector que quiere acercarse por primera vez a estos personajes. Y son muy, muy entretenidos.
Opción 2: Los 4 Fantásticos de Mark Waid y Mike Wieringo
Entre 2002 y 2005, tuvimos una etapa que muchos reivindican como una vuelta a los orígenes (otra más), la de Mark Waid y Mike Wieringo, con una propuesta narrativa más centrada en lo humano que en lo superheroico. Los 4 fantásticos retoman aquí su papel de «imaginautas», de viajeros a través del espacio, el tiempo y las dimensiones.
Enciclopedia andante del cómic de superhéroes norteamericano, Mark Waid basa sus historias (aquí y en todos lados; el mejor ejemplo es su Flash en DC) en la construcción de personajes: Reed no es solo el genio clásico, sino un hombre que experimenta culpa, tensión familiar y responsabilidad emocional. Del mismo modo, Sue Storm emerge (al igual que en la etapa de Byrne y en la de Chris Claremont) como líder emocional, la que sostiene la familia en los momentos decisivos.
Por su parte, La Cosa muestra su vulnerabilidad oculta bajo su piel rocosa a través del humor y la nobleza y Johnny Storm se halla en pleno proceso de maduración (otro más). En fin, personajes humanos y reconocibles que, casualidad o no, se asemejan muchísimo a los que acabamos de ver en Los 4 fantásticos: primeros pasos.
En cuanto al malogrado y añorado Mike Wieringo aporta un estilo entre el manga y la caricatura que quizás no sea del agrado de todo el mundo pero destaca por una narrativa clara y la lectura es una gozada (como todo lo que hacía).
En resumen, que esta etapa de los 4 Fantásticos no solo cumple como aventura entretenida, sino que supuso un soplo de aire fresco tras unos años (los que vinieron después de Byrne y muy especialmente la etapa de Tom DeFalco y Paul Ryan) en los que la primera familia de Marvel andaba algo perdida. Una obra modesta en apariencia quizá, pero más profunda de lo que parecía a simple vista y un excelente punto de partida para quién quiera empezar a leer las aventuras de Reed, Sue, Johnny y Ben.
Opción 3: Los 4 Fantásticos de Carlos Pacheco, Rafa Marín y Jesús Merino
¿Nos puede el patriotismo? Ya puede ser. Se trata de la primera y única vez en la que guión y dibujo de una serie Marvel caen en manos 100% españolas, las de Carlos Pacheco (guión y dibujo) y Rafa Marín (guión), con el añadido del entintado de Jesús Merino y este hecho bien merece destacarse.
Del dibujo, poco que añadir a lo que no hayamos dicho sobre Carlos Pacheco, el español nacido para dibujar superhéroes. Sus 4 fantásticos son, de calle, uno de los mejores a nivel gráfico. En cuanto a las historias, pues hay que decir lamentablemente que tuvieron sus altibajos.
Los autores demostraron conocer de sobra el material que tenían entre manos y sabían perfectamente que querían contar pero, por lo que ellos mismos se ocupaban de airear a los cuatro vientos, no les dejaban desarrollar los conceptos que tenían en mente, quizás por ser demasiado arriesgados e innovadores. Al final, la etapa es un quiero y no puedo continuo pero es otro punto de entrada para quien no conozca la serie sobretodo por el dibujo, ese dibujo que entra por los ojos y que te deja impactado en cada viñeta.
Los muy críticos dirán que Marín y Pacheco tiraban demasiado de referencias pasadas (otros dirán que de nostalgia) pero es inevitable en series que llevan tantos años y tantos números.
Epílogo: Los 4 Fantásticos: Alcanzar las estrellas
A ver, seguro que no es la mejor etapa. Hablamos de una etapa de transición, a camino entre el glorioso pasado de Stan Lee y Jack Kirby y el resplandeciente futuro de John Byrne. Entonces, ¿por qué la recomendamos a modo de epílogo? Pues porque este tomo contiene las historias con las que muchos se engancharon a los 4F.
Se trata del tomo que contiene los primeros números editados por Ediciones Forum allá por 1983: Xandar, la Esfinge, Terrax,… Es el final de la etapa de Marv Wolfman (con John Byrne a los lápices) y la mini-etapa a cargo de Doug Moench y Bill Sienkewickz, etapa que antecede a la llegada de Byrne como autor completo.
Hay mucha nostalgia en este tomo y también en esta última recomendación pero las historias funcionan muy bien como punto de enganche para aquellos que no conocen a los personajes, por lo menos en los cómics. Al fin y al cabo es de lo que trata este post. Un saludo, sed felices y viva Pedro Pascal.
Continuamos analizando la tercera temporada de Fundación, la serie que, creada por David S. Goyer y basada en la célebre saga de novelas de Isaac Asimov, es una de las mejores de ciencia ficción de las últimas décadas a la que pueden (si no lo están haciendo) seguir a través de Apple TV+. Desbrozamos hoy el cuarto episodio, cuyo título es El Peso desu Mirada.
Hola otra vez, psicohistoriadores. Qué gran serie estamos viendo. Y qué valiente. El cuarto episodio de la tercera temporada de Fundación hace avanzar la trama sin necesidad de estridencias y, si bien es muy limitada la presencia del Mulo, de los esposos Mallow (qué raro no llamarlos Darell) o de Magnífico Giganticus, es una entrega repleta de diálogos brillantes y planteos éticos, que viene además con una revelación muy impactante y la novedad de dos Cleon en fuga.
Pero pasemos mejor ya mismo a ver qué nos ha dejado el capítulo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Morir más de una vez
Comenzamos entre los laberintos de los jardines del palacio de Trántor, con Demerzel conversando con Zephyr Vorellis y arrojándole un cubo de hielo en pleno rostro al contarle que fue ella quien orquestó en su momento la destrucción del puente estelar. El rostro de la segunda se tiñe de horror y le pregunta si simplemente mató a millones sin reparo alguno, a lo que Demerzel responde que vio los cuerpos despedidos al espacio y no lo olvidará nunca, pero vio que el Imperio tendría más larga si la Fundación se fortalecía. Paradoja…
La muchacha le pregunta qué diría la antigua Demerzel de las acciones de la actual y si no será que al seguir primero las Tres Leyes de la Robótica y luego la Ley Cero no habrá ya muerto dos veces camino de una tercera y definitiva. Algo así como que se ha reinventado tantas veces que ya ni siquiera sabe quién es.
El planteo existencialista hace mella en Demerzel que, en un acceso de furia, le remarca que no es humana y, dejando al descubierto sus circuitos positrónicos, corta la piel de su propia cara haciendo huir aterrada a Zephyr.
Los Caminos se separan
Han Pritcher arriba a Ignis en la nave robada a Indbur y se reencuentra no solo con Gaal sino también con Preem Palver, pues nos enteramos que es agente encubierto de la Segunda Fundación infiltrado en la Primera. Viene con la novedad de que ha visto al Mulo y anoticia a Gaal de que ahora él sabe de su existencia por haberla tenido en su mente al momento de encontrárselo. La sensación con que se quedó, de todas formas, fue que era la primera vez que el Mulo se cruzaba con un mentálico.
De hecho, al transmitirle a Palver las imágenes de la fiesta, este percibe que el Mulo está solo y esa es la razón por la cual busca rodearse siempre de gente. Además encuentra algo extraño en la música de Magnífico Giganticus, como si ayudara con la misma a ampliar las facultades psíquicas del Mulo para controlarlos a todos. Pero la imagen psíquica es tan potente que la conexión se rompe y un súbita y fuerte migraña se apodera de Han, Preem y Gaal.
Hablando luego Han en privado con Gaal mientras esta se da un baño en el agua, la anoticia de lo difícil que se le está poniendo hacer que Indbur vaya contra el Mulo dada su testarudez. Ella lo anima a seguirlo intentando y le dice que, por tal razón, es importante que regrese a Nueva Términus mientras ella va en busca del casi descontado apoyo de Dawn para declarar la guerra al Mulo una vez que este asuma el trono.
En un plano más íntimo, Han le transmite lo que le produjo ver a Toran y Bayta tan felizmente casados y le plantea un posible futuro juntos aunque suene “anticuado”. Gaal objeta que, descontados los momentos criogénicos, solo han compartido treinta y dos días, lo cual es muy poco, sumado al hecho de que si él se aferrase demasiado a ella, ambos serían fáciles víctimas del poder telepático del Mulo y este encontraría la Segunda Fundación.
Más que Amigos
Después de su encuentro con Hari Seldon, o por lo menos con su holograma, el autodidacta Ebling Mis regresa a Nueva Términus para poner al tanto al alcalde de las novedades: que la Bóveda se abrirá en el próximo eclipse doble, que hay dos fugitivos escapados de Kalgan con anuencia de Pritcher y que el Imperio se halla en posesión del Primer Radiante.
En virtud de tales nuevas, se ponen de inmediato en contacto con Quent (Cherry Jones), la embajadora de la Fundación en Trántor, a quien impacta especialmente que, dada su amistad con Dusk, este le haya ocultado lo del Radiante. Va por lo tanto a verle y él, tocado por la culpa, exige a Demerzel que le entregue el mencionado objeto para luego, tras un intento fallido, desplegarlo ante ella y mostrarle que, en efecto, todo termina dentro de cuatro meses.
Quent le insiste en que él está totalmente solo al mando del Imperio ya que no puede contar últimamente con Dawn ni mucho menos con Day, lo cual parece el prólogo de una eventual alianza y, mientras evalúan un futuro que se presenta incierto, acaban mejilla con mejilla, confirmándonos así que allí hay algo más que una potencial alianza o una simple amistad…
Las Herramientas de Demerzel
En el Palacio de Trántor, Day hace una visita a Cleon I o, mejor dicho, a sus recuerdos. Quiere saber qué pasó en el año 26 de su reinado y por qué viajó en ese entonces a Mycogen, distrito del que Song procede y al cual ha sido reenviada. Cleon I, con su mismo aspecto pero más pulcro y cuidado, le cuenta acerca de una rebelión de los robots humanoides y sus seguidores, que terminaron dando nacimiento a la religión conocida como La Herencia y de la cual supimos en el episodio anterior.
Admite haber masacrado a veinte mil de ellos pero no haber conseguido matar su credo. Si no mató a más en aquel momento fue porque Mycogen es distrito productor de alimentos y se necesitan trabajadores, pero evidentemente no fue suficiente y los descendientes que quedaron han continuado con el legado de la religión robótica.
Con respecto al motivo de su viaje, dice que tuvo por fin ir a buscar las herramientas de Demerzel, aunque no da precisiones al respecto y nada responde cuando Day le pregunta si la amaba ni, menos que menos, cuando a modo de saludo final escupe a los pies de su imagen.
Day va a ver entonces a Demerzel para preguntarle al respecto y la encuentra literalmente sin cabeza por estar ocupada en su propio mantenimiento. Haciendo analogía con lo que le contó Cleon I (o, mejor dicho, con lo que no le contó), le pregunta si entiende el sentimiento que le une con Song y si la palabra “amor” significa algo para ella o es simplemente un fonema semejante al graznido de un pato (tiene más sentido en inglés, pues es algo así como laaaav). Demerzel dice que si la alejó de él fue para protegerlo, lo cual claramente no lo deja conforme..
La Fuga de Dawn
Dawn, una vez más disfrazado, se vuelve a encontrar con Gaal en la casa de té, pero esta vez con ella misma y no un holograma. Le comunica su frustración por no haber podido reunir al Consejo como habían acordado, pero Gaal simplemente dice que ya no hay más tiempo y no queda otro remedio que ir por las malas: quiere que se fugue con él de Trántor.
Él abre los ojos grandes de asombro: no puede hacer eso a solo días de ser ungido con el poder de Imperio, pero un rápido giro de las circunstancias le convence, pues el lugar es copado por los clavigers, que andan en su búsqueda. Ambos huyen por los túneles del alcantarillado y Gaal se vale de su poder psíquico para engañar la percepción de los perseguidores y hacer que no los vean e incluso hacerles olvidar que estuvieron allí.
Dawn no tiene más remedio que partir junto a ella manifestando preocupación por no conocer siquiera la organización a que pertenece y qué es lo hacen. Gaal, al comando de la nave, simplemente le lleva a conocer la Fundación.
La Fuga de Day
Day no para con las visitas y, en efecto, Mavon llega a su domicilio y lo encuentra jugando sobre la alfombra con su hija y su hurón, mientras su esposa mira la escena con aprensión. Quiere poner en práctica el plan de fuga ya mismo, lo cual sorprende al claviger pero no le queda más remedio que aceptar. Antes de ello, no obstante, deben darse una vuelta por el distrito Mycogen para recoger a Song. Y cumpliendo con lo prometido, Day lleva consigo los nanobots que salvarán a la hija de Mavon de su enfermedad terminal.
Ambos parten pues en sendos speeders con destino a Mycogen y, al llegar al límite, Day se dispone a cumplir con su pago pero, en lugar de ello, dispara dos veces a Mavon. Dice haber reconocido las señales que estuvo haciendo en el camino, dejando claro que seguía siendo leal al Imperio, pero no a él.
Arrojando el cuerpo al agua, le coloca encima los nanobots a los fines de que piensen que es él mientras parte hacia Mycogen y reflexiona en off: “Nadie puede escapar del Imperio. Ni siquiera Imperio. Pero quiero ver hasta dónde puedo llegar”. En el palacio, mientras tanto, Demerzel es anoticiada de que los nanobots de Day han dejado de funcionar y la impresión es que no muerde el anzuelo…
Balance del Episodio
Una de las razones por las que Fundación nunca había sido adaptada y de las que más llevaban a preocupación al anunciarse años atrás la serie era que Isaac Asimov basaba sus historias fundamentalmente en la lógica, la deducción y la intriga política más que en la aventura o la acción, algo que a primera vista no cuadraría con una serie de ciencia ficción de tan alto presupuesto en donde se impone la búsqueda de réditos a corto plazo. Él mismo señaló varias veces que no escribía para los ojos…
Pues bien, no puede decirse que la serie traicione ese principio y capítulos como este lo confirman. Uno en el cual no hemos tenido noticias del Mulo, salvo en flashbacks o imágenes psíquicas y sin embargo su presencia es permanente en la trama pues, de un modo u otro, todo se va articulando en torno a él. Algo parecido ocurre con los flamantes esposos fugitivos y el bufón que les acompaña, convertidos de la noche a la mañana en preocupación para el Mulo, el Imperio y la propia Fundación.
Todo en el episodio se ha movido en base al cálculo y la revelación, teniendo particular implicancia la confesión de Demerzel ante Zephyr (y ante nosotros) de que fue ella la responsable del atentado que acabó con el Puente Estelar y en todo caso se valió de dos terroristas con los cuales hizo lo mismo que con todos: manipularlos. Y hay allí un punto de contacto entre ella y el Mulo: ambos manipulan, pero lo hacen de modo distinto y el tiempo y la trama dirán cuál de ambos es más efectivo.
Y el argumento esgrimido por Demerzel acerca de que así garantizaba una mayor permanencia en el tiempo para el Imperio demuestra que Maquiavelo seguirá vigente por más que pasen los eones y la humanidad se expanda por la galaxia, pues la lógica subyacente sería que, de no haber ocurrido ello, el Imperio no hubiera tenido en cuenta a la psicohistoria y Seldon sido probablemente ejecutado.
Y, por supuesto, vale el juicio ético: ¿hasta qué punto es condenable Dusk por pensar en un arma de destrucción masiva cuando la propia Demerzel se ha despachado tantas vidas humanas en pos de un supuesto bien común? De hecho, el concepto de genocidio sobrevuela todo el capítulo, ya que también, en referencia a los pasados sucesos de Mycogen, está presente en ese excelente diálogo que sostienen Day y Cleon I. Y es gran mérito de la serie el saber desdibujar los límites entre el bien y el mal.
Y ya que hablamos de los Cleon, el otro punto relevante es que en un mismo episodio nos encontramos con dos de ellos en fuga, pero con móviles diferentes. En el caso de Dawn, el objetivo es salvarse a sí mismo y, de ser posible, al Imperio; en el de Day, le guía el afecto por la persona que ama, aunque no hay garantías de que ella lo siga haciendo cuando Demerzel le borró los recuerdos. Quizás más duro que perderla sea que ella lo haya olvidado por completo; veremos con qué se encuentra en Mycogen.
En general, todos los diálogos estuvieron en un nivel alto y hay que destacar, una vez más, la actuación de Lee Pace, que en el último tiempo se está echando al hombro la serie y a quien le tocó interpretar en una misma escena a dos versiones de sí mismo con personalidades y estados de ánimo contrapuestos. Y si nos referimos a actrices, qué bueno tener en la serie a alguien de tan vasta trayectoria y ganadora de tres Emmy como Cherry Jones (24, Black Mirror, 22.11.63, El Cuento de la Criada, Succession), cuyo personaje de la embajadora va cobrando relevancia.
También son interesantes los simbolismos en la interacción entre las palabras y la magnífica fotografía: la escena entre Demerzel y Vorellis es por demás sugerente al transcurrir en medio de un laberinto, perfecta analogía para la crisis existencial que sufre la primera en relación tanto a su pasado como a su futuro y, muy especialmente, a su identidad.
Lo más innecesario, a primera vista, parece ser esa insípida y edulcorada relación entre Gaal y Han, trama que, en caso de crecer, podría quizás quitar algo de clima a los momentos de intensidad que se vienen. A menos, claro, que sea todo un engaño y Han, sin saberlo, esté siendo manipulado por el Mulo como medio de este para llegar a Gaal y la Segunda Fundación. No sería raro cuando la manipulación es aquí moneda corriente y aclaro que no estoy haciendo spoiler, ya que esa es una situación propia de la serie que no está en los libros.
En definitiva, otro gran episodio que convierte a Fundación en una de las mejores series de ciencia ficción de las últimas décadas, aunque quizás muchos no se hayan todavía percatado. Una serie muy valiente, además, al no elegir para sus tramas el camino más fácil que pudiera darle un éxito asegurado Ojalá las audiencias sigan respondiendo en la medida suficiente para garantizar varias temporadas más porque los libros dan material suficiente.