En tiempos llenos de shonen similares y comedias escolares olvidables, Frieren: Más allá del final del viaje(Sousou no Frieren) es un bálsamo inesperado. Este manga, escrito por Kanehito Yamada e ilustrado por Tsukasa Abe, ha superado todas las expectativas desde su lanzamiento en Weekly Shonen Sunday. Su reciente éxito con la adaptación al anime de Madhouse lo ha consolidado como uno de los relatos más emotivos y profundos del manga actual. Una sorpresa que nadie esperaba, y es que creo que hacer un manga más intimista e introspectivo ha calado entre gran parte de los lectores, sobre todo los internacionales.
La historia es sencilla pero impactante: comienza justo después de que un grupo de héroes derrota al Rey Demonio y salva el mundo. Aquí no hay celebraciones grandiosas ni historias sobre la batalla final. Lo que obtenemos es el silencio tras la lucha, la pregunta de “¿y ahora qué?”. Frieren, una elfa maga de larga vida, inicia un nuevo viaje en solitario para entender lo que realmente significó la amistad con sus compañeros humanos… que ya han muerto o están por hacerlo.
El manga toca temas como el duelo, la memoria y la perspectiva de una inmortal que apenas empieza a captar lo fugaz de la vida humana. Todo se desarrolla con un ritmo pausado, casi reflexivo, que recuerda a esas historias del estudio Ghibli donde el viaje emocional cuenta más que el destino final.
En cuanto a los dibujos, el trabajo de Tsukasa Abe es simple y claro. No hay exageraciones de acción ni páginas llenas de impactos, pero cada viñeta transmite calma, como si el mundo diera espacio a Frieren para pensar. Es un manga que te invita a detenerte, observar y sentir.
En Japón, Frieren ha sido un gran éxito, ganando premios como el Manga Taisho y vendiendo millones de copias. La edición española, publicada por Norma Cómics, ha llegado con fuerza y sigue sumando lectores que se enamoran de su tono melancólico y su visión única de la fantasía.
En un mercado donde muchas historias siguen fórmulas ya vistas, Frieren se atreve a explorar lo que ocurre después de lo épico. Lo hace con una sensibilidad que resuena de verdad. Les invito, por cierto y si lo desean, a leer la reseña de Frieren 14 que hemos publicado el mes pasado en El Cómic de la Semana.
Los fantasmas del sur, un cómic que se adentra en las complejidades de la memoria, la identidad y el legado histórico. Es una obra de Alberto Llamas y José del Sol que invita a la reflexión sobre el pasado y sus resonancias en el presente. Este cómic publicado en 2025 por Cascaborra Ediciones, se sitúa en un contexto geográfico y cultural que evoca a la tragedia que se avecina. Concretamente narra los meses previos al golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en Sevilla, los cuales fueron determinantes para lo que derivaría en la cruenta e inaceptable Guerra Civil que devastó España.
La calidad artística del cómic impresiona. Las ilustraciones de Alberto Llamas son ricas en detalles. Utilizando el blanco y negro como recurso narrativo, cada trazo parece contar su propia historia, complementando la narración con una profundidad visual que evoca a las situaciones descritas en el tebeo. Las expresiones de los personajes comunican emociones que van más allá de las palabras, lo que es fundamental en una obra donde la historia personal y colectiva se entrelazan.
Los fantasmas del sur nos narra la historia reciente de España sin caer en la trampa del exceso de didactismo. José del Sol logra presentar hechos históricos a través de los ojos de sus personajes, permitiendo que el lector sienta la carga emocional de los momentos previos a la Guerra Civil sin perder la fluidez de la narración. Las referencias a la represión y la resistencia están presentes, pero no de una manera que resulte abrumadora; en lugar de ello, se convierten en el trasfondo que da forma a las vidas de los protagonistas y, sobre todo, a todo un país.
El ritmo de la narrativa es otro aspecto digno de mención. Con un balance cuidadoso entre los momentos de introspección y las secuencias de acción, la obra mantiene al lector intrigado y emocionalmente involucrado. El cómic está diseñado para invitar a la reflexión de un momento de la historia de España clave para los sucesos venideros, los cuales harán mella en el futuro del país. Su lectura es perfecta para estudiar una parte concreta de nuestra historia sin tener que acercarte a manuales interminables.
Los fantasmas del sur es un tebeo que ofrece mucho más que una simple historia gráfica; es una exploración profunda de la identidad y el legado cultural de España. La habilidad del autor para entrelazar relatos personales con realidades históricas, todo mientras se mantiene un estilo visual cautivador, lo convierte en una obra indispensable para los amantes de la historia.
La capacidad del cómic para evocar emociones y provocar reflexiones sobre temas como la memoria histórica, el reconocimiento de las injusticias y el papel de la violencia en la formación de nuestras identidades es digno de destacar. No se limita a contar historias de lamento, sino que también celebra la resiliencia de las comunidades y la esperanza que se puede encontrar incluso en los momentos más oscuros.
A medida que se avanza hacia el desenlace su primer desenlace, ya estamos hablando de un primer volumen de cuatro, la obra nos invita a confrontar la idea de que nuestros fantasmas no son necesariamente enemigos. A menudo, son recordatorios de que la historia no debe ser olvidada, sino que debe ser entendida y asimilada para que no vuelva a ocurrir. La reconciliación con el pasado es un acto vital, uno que permite que las nuevasgeneraciones se empoderen y avancen con una mayor comprensión de su herencia. El cómic se convierte así en una poderosa herramienta de educación y sanación, instando a sus lectores a no temer a los fantasmas, sino a dialogar con ellos.
La obra también resalta la importancia de la comunidad en la sanación del individuo. Mientras que los personajes luchan con sus miedos y traumas, es a través de las relaciones interpersonales que encuentran consuelo y fortaleza.
Los fantasmas del sur es un recuerdo de las voces de un pasado no muy lejano que parece que las nuevas generaciones no han aprendido nada de ellas. Es una invitación a escuchar esos ecos, a recordar a aquellos que padecieron injusticias y a valorar su resistencia. En lugar de presentar un relato unilateral, el cómic hace honor a la pluralidad de experiencias, lo que enriquece la narrativa y permite una mejor comprensión del entramado social y político que define a España.
Vivimos una sobrecarga de series en el que hay muchísimos estrenos que hacen que producciones pequeñas que no cuentan con el respaldo de una gran campaña de publicidad puedan quedar fuera del radar. Es el caso de El Robo, serie de seis episodios de unos cincuenta minutos que ya podemos disfrutar completa en Amazon Prime y que sin duda es la primera gran sorpresa del año.
La sinopsis oficial es la siguiente:Un thriller trepidante sobre el robo del siglo. Un día normal en Lochmill Capital se ve alterado cuando unos ladrones irrumpen y obligan a punta de pistola a Zara (Sophie Turner) y a su mejor amigo Luke (Archie Madekwe) a cumplir sus exigencias. El detective Rhys (Jacob Fortune-Lloyd) se enfrenta a una carrera contrarreloj para descubrir quién ha robado los 4000 millones de libras y por qué.
Estamos ante un thriller de manual que tiene su principal arma en confundir al espectador. Esto que podría parecer un problema, deja de serlo cuando el guion está tan bien escrito, logrando atrapar desde el principio. Hay múltiples giros de guion que sorprenden una y otra vez ya que, en ningún momento, ni siquiera los personajes, saben quién es la mente maestra que ha planeado el gran golpe. Eso hace que los episodios se devoren uno tras otro buscando respuestas.
Es cierto que a veces hay que suspender un poco la credibilidad ante algunas situaciones. También hay que estar muy atento a la pantalla por la cantidad de información y por los giros de guion. Menos mal que son pocos capítulos porque si no, el riesgo de perderse en las muchas curvas de la historia sería demasiado alto.
Zara se encuentra en el centro del atraco
La serie incluye un mensaje aleccionador en cuanto a la corrupción del sistema financiero mundial y se sube la moda de las conspiraciones gubernamentales y los grandes secretos sin inventar nada nuevo. Pero no le hace falta. Ofrece la dosis perfecta de entretenimiento sin mayores pretensiones gracias a una buena historia y a unos personajes muy bien perfilados.
Zara es la gran protagonista. A lo largo de la historia vamos conociendo cosas de su vida y de su pasado, de cómo ha llegado a ser quien es y a estar en la complicada situación en la que se encuentra. De esta manera es más fácil empatizar con ella, algo a lo que también ayuda el gran trabajo de una Sophie Turner que logra por fin salir de la sombra del personaje que la hizo famosa: la Sansa Stark en Juego de Tronos. También brilla Jacob Fortune-Lloyd dando vida al detective Rhys, un personaje con muchas aristas que esconde un vicio secreto que le dificulta la vida pero que a pesar de ello no duda en hacer su trabajo lo mejor que puede.
El detective Rhys es el encargado de investigar el robo
En cuanto a la producción, es tan brillante como siempre en las series inglesas. La realización usa los espacios cerrados de manera muy inteligente para reforzar la sensación de encierro mientras que en otras ocasiones se abre a los exteriores para enseñarnos un Londres oscuro y opresivo. Por otro lado, la iluminación se basa en tonos neutros para resaltar la frialdad del relato.
Al final la historia queda cerrada y bien cerrada. Es cierto que es casi imposible descubrir quien es el cerebro que está detrás del robo, pero al menos la conclusión a la que se llega es coherente y está bien explicada (la sobrexplicación no es un problema en una historia con tantos giros). Además, los guionistas se permiten el lujo de establecer un dilema moral que funciona dentro de la trama que hemos ido viendo.
En resumen, El robo es un thriller solvente, con un guion solido y las suficientes sorpresas para mantener al espectador pegado a la pantalla. Presenta unos personajes muy atractivos y bien interpretados, con conflictos interiores que sirven de contrapunto ideal para la historia. Además, presenta un dilema moral que permite elevar el tono del relato y que lejos de ser superfluo y aleccionador es perfecto para los tiempos que corren y casa perfectamente con el fondo de la serie. Si a todo esto añadimos una duración contenida y una historia cerrada que deja la todo bien atado solo podemos decir que estamos ante una grata sorpresa y que estamos ante una serie disfrotona, perfecta para un maratón de fin de semana.
Hay autores que escriben fantasía para hacernos soñar. Para llevarnos a mundos donde el bien y el mal están definidos (más o menos), donde los héroes se sacrifican por los demás y la justicia acaba imponiéndose. Y luego está Joe Abercrombie, que no viene a contarte cuentos de hadas, sino a tirarte uno por la cara y reírse mientras lo hace. Porque su fantasía no es cómoda. Es cruda, sucia, sarcástica. Y sobre todo, profundamente humana.
Abercrombie es, sin duda, el gran estandarte del grimdark (luego explico que es esto, no te preocupes), ese subgénero que se adoptó para prenderle fuego al idealismo de Tolkien y mostrarnos una versión más realista del género fantástico. En sus libros no hay luz al final del túnel, ni batallas gloriosas con fanfarrias de fondo. Hay barro. Hay traición. Hay personajes que toman decisiones horribles… y lo peor es que a veces los entiendes.
Grimdark, aunque ahora se aplique sin problemas a las novelas de fantasía, se acuñó gracias al juego de estrategia Warhammer 40.000: «In the grim darkness of the far future there is only war» «En la sombría oscuridad del futuro lejano, sólo hay guerra». Y versa sobre mundo futuros distópicos, oscuros y violentos. Pero el subgénero de grimdark se ha adoptado a la fantasía sin problemas por autores como Abercrombie o Steven Erikson.
Desde su debut con La voz de las espadas, primera entrega de La Primera Ley, Abercrombie dejó claro que venía a dinamitar expectativas. Lo suyo no son los elegidos ni las profecías, sino los ex soldados tullidos, los inquisidores torturados por su pasado, los mercenarios que se venden al mejor postor y los reyes que no saben reinar. Y sin embargo, consigue que podamos identificar con ellos, con sus valores, con sus motivaciones, porque realmente son seres humanos con sus bondades y sus miserias.
Lo mejor es que Abercrombie no necesita giros artificiales para mantenernos enganchados. Su mayor baza es el tono, su narrativa. Esa mezcla de humor negro, cinismo lúcido y brutalidad narrativa que lo hace inconfundible. Cada diálogo está cargado de intención. Cada escena, por más sencilla que parezca, es una bomba emocional. Y cuando te relajas, zas, te recuerda que en su mundo nadie está a salvo.
Además, con el paso de los años, ha demostrado una evolución tremenda. La trilogía original era feroz, sí, pero su Era de la locura (la segunda trilogía ambientada en el mismo mundo, pero con una nueva generación de protagonistas) ha elevado aún más el listón. (Por cierto, tengo que hacer una crítica de esta trilogía, pero a veces no me da la vida) Y esta Era de la locura subyace con una clara crítica al capitalismo, al poder corrupto y al desencanto generacional. Abercrombie demuestra que también sabe hablar de nuestro mundo, aunque lo disimule entre duelos y cañones.
¿Lo mejor de todo? Que escribe como quien respira. No se hace esperar durante una década ni desaparece del mapa. Y lo digo sobre todo por gente como George R.R. Martin y por Patrick Rothfuss. El caso de Brandon Sanderson es como de otro planeta, nadie podrá igualar a ese señor en cantidad de páginas publicadas. Pero a lo que iba, Abercrombie es constante, serio y respetuoso con sus lectores. Cada nuevo libro suyo es una promesa cumplida. Y eso, en estos tiempos, es un lujo. Gracias Joe.
Joe Abercrombie ha redefinido la fantasía épica para una generación que ya no cree en salvadores. Muchos lectores quieren historias con aristas, con sangre, con errores irreparables y consecuencias reales, y este escritor británico se lo da. Y lo ha hecho sin renunciar a la épica, solo que ahora la épica huele a sudor, hierro oxidado y desesperanza.
Porque a veces no necesitamos héroes. A veces basta con personajes que lo intentan, aunque fracasen. Aunque estén rotos. Aunque vivan en un mundo tan jodido como el nuestro. Y eso, en manos de Abercrombie, puede ser incluso más poderoso que la fantasía tradicional.
A los noventa y cinco años falleció uno de los más superlativos actores de Hollywood y del cine mundial. Ganador del Oscar y recordado especialmente por interpretar a Tom Hagen en las dos primeras películas de la saga El Padrino y al coronel Kilgore en Apocalypse Now, Robert Duvall deja una huella imborrable en su rutilante paso por la pantalla.
Había nacido en San Diego, California, un 5 de enero de 1931. De orígenes familiares franceses, Robert Duvall creció en un ámbito fuertemente vinculado a círculos militares y e iglesia metodista, pero su destino no estaba allí. “Era terrible en todo, excepto en la actuación; apenas pude terminar la escuela” llegó a manifestar.
En efecto y aunque llegó a servir en el ejército, se graduó en arte dramático en Illinois a la edad de veintidós años y continuó desarrollando el estudio por su gran pasión en New York, donde le tocó ser compañero de clase de Dustin Hoffman, Gene Hackman y James Caan. De los dos primeros fue incluso compañero de piso y con el tercero acabaría años después compartiendo elenco en El Padrino (1972, aquí retro-análisis).
Sus inicios fueron en el teatro, donde debutó con una adaptación de El Principito, para saltar a la televisión en 1959 y actuar en distintos episodios de series icónicas como Los Intocables, Ruta 66, La Dimensión Desconocida o El Fugitivo.
Pero su nombre comenzó a hacerse más conocido al interpretar al mayor Burns en la parodia antibélica MASH (Robert Altman, 1970), así como al fugitivo que buscaba huirle a una sociedad robótica en THX 1138 (George Lucas, 1971) y, ni qué decirlo, al ser convocado por Coppola para dar vida a Tom Hagen en El Padrino (que le valió su primera nominación al Oscar como actor de reparto) y El Padrino – Parte II(1974, aquí retro-análisis). En ambas compuso un personaje que sería inolvidable.
Ya en la segunda mitad de los setenta y sin dejar de alternar con las tablas de Broadway, la pantalla lo vio en tres papeles militares como el del coronel Radl en Ha llegado el Águila (1976), el del mismísimo general Eisenhower en la serie televisiva Ike (1980) y (sin duda el más recordado) el que encarnaría una vez más a las órdenes de Coppola en Apocalypse Now (1979, aquí retro-análisis). Cómo olvidar pues al coronel Kilgore, particular personaje al que dio sello propio y que amaba por partes iguales el surf y “el olor del napalm en la mañana”.
Aclarando desde ya que esta es una lista incompleta, los ochenta le vieron en filmes como Gracias y Favores (1983), El Mejor (1984) o la controversial Colors (1988) a las órdenes de Dennis Hopper.
Siete veces fue nominado al Oscar: tres como actor principal (ganándolo incluso por Gracias y Favores) y cuatro de reparto, además de haber obtenido cuatro Globo de Oro, un BAFTA y dos Emmy, entre muchos otros galardones.
Y a pesar de ser muy querido y admirado por la comunidad artística en general, fue también un hombre de convicciones firmes, lo que le valió algún que otro choque, como el que lo enfrentó con Steven Spielberg cuando después de visitar este la isla de Cuba y reunirse con Fidel Castro, expresó que esas habían sido las mejores siete horas de su vida. El disgusto de Robert fue tan grande que juró jamás trabajar en una producción de Dreamworks y cumplió: así fue.
Su fallecimiento tuvo lugar el domingo en su residencia de Middleburg, Virginia, siendo la noticia difundida ayer por Luciana Pedraza, la argentina a quien conoció por casualidad en una panadería de Buenos Aires y con la cual compartió estos últimos treinta años de vida además de su pasión por el tango, género musical que el actor amaba…
“Fue un honor haber trabajado con Robert Duvall – expresó Pacino -. Era un actor nato, como se dice; su conexión con la actuación, su comprensión y su don fenomenal serán siempre recordados. Lo extrañaré…”
“Dios bendiga a Bobby – fueron las palabras de su tocayo De Niro –. Espero poder vivir hasta los noventa y cinco años. Que descanse en paz”.
Queda desde luego para siempre el recuerdo de tanto personaje inolvidable y un talento como pocos se han visto en pantalla. Hasta siempre Robert: se te va a extrañar y gracias por tanto…
Bienvenidos a Las cosas que nos hacen felices. Hoy os presentamos las novedades de Panini Cómics para el mes de febrero de 2026.
Novedades Panini Cómics febrero de 2026
Os vamos a sintetizar la nota de prensa de la editorial:
Se centran principalmente en:
Gran lanzamiento de Batman: Se anuncia como título estrella la nueva serie ALL IN BATMAN 1, escrita por Matt Fraction y dibujada por Jorge Jiménez, presentada como la nueva gran etapa del personaje, con múltiples portadas alternativas (cartoncillo dorada, blanca, exclusiva web, etc.).
Refuerzo del “Universo Absolute” con nuevos números de Absolute Batman, Superman, Wonder Woman, Green Lantern, Martian Manhunter y Flash, que continúan la línea de reinterpretaciones de los iconos de DC.
Novedades destacadas de DC
Celebración de Detective Comics con ALL IN DETECTIVE COMICS 11 (Detective Comics #1100), número especial con varias historias cortas de equipos de primer nivel como Tom Taylor, Greg Rucka o Mariko Tamaki, que rinde homenaje al legado del título desde 1937.
Recuperación de clásicos y “must have”:
DC BLACK LABEL. STRANGE ADVENTURES, de Tom King, Mitch Gerads y Doc Shaner, miniserie sobre Adam Strange presentada como “obra maestra”.
DC MUST-HAVE. KINGDOM COME, la obra de Waid y Ross sobre un futuro oscuro de superhéroes, reivindicada como imprescindible para entender el Universo DC.
DC COMPACT. JLA: OTRO CLAVO, secuela de JLA: El clavo, de Alan Davis y Mark Farmer.
BIBLIOTECA JACK KIRBY. KAMANDI 1, primer tomo de la etapa completa de Kirby en el personaje.
Títulos ligados a Superman:
KRYPTO: EL ÚLTIMO PERRO DE KRYPTON, miniserie sobre el origen y periplo de Krypto antes de reencontrarse con Kal-El en la Tierra.
SUPERMAN DE PHILLIP KENNEDY JOHNSON 2: LA EDAD DORADA, continuación de la etapa moderna del personaje con foco en la familia Kent.
HIELO Y FUEGO: CUANDO EL INFIERNO SE CONGELE, secuela de Bienvenidas a Smallville dentro de la estela de Absolute Power.
Línea juvenil y accesible: se recupera DC YOUNG ADULTS. HARLEY QUINN: CRISTALES ROTOS, coming of age de Harley con fuerte componente social y elogios críticos (múltiples nominaciones a los Eisner).
Novedades destacadas de Marvel
Importante foco en Los 4 Fantásticos con:
MARVEL TREASURY EDITION. LOS 4 FANTÁSTICOS: FANFARE, tomo “en formato tabloide” que reúne historias cortas de autores clave de la franquicia como Waid, Hickman, Slott, Alan Davis o Marcos Martín.
Series en curso como LOS 4 FANTÁSTICOS 4 de Ryan North y Humberto Ramos.
Celebración de supervillanos con 100% MARVEL HC. QUE VENGAN LOS CHICOS MALOS: EL EQUILIBRO DEL PODER, donde Muerte, Loki, Cráneo Rojo, Dormammu, etc., protagonizan una macrohistoria con varios equipos creativos y portadas de Lee Bermejo.
Eventos y macrotramas:
MARVEL OMNIBUS. INVASIÓN SECRETA, que recopila la saga central y sus cruces con Los Nuevos y Poderosos Vengadores en un solo volumen.
IMPERIAL 4 DE 4, cierre del evento cósmico que sirve de plataforma a la nueva etapa “Imperial War”.
Etapas modernas subrayadas como referencia:
MARVEL SAGA TPB. EL ASOMBROSO SPIDERMAN 31, inicio de la era “A lo grande” de Dan Slott, con regalo de cofre para reunir todos los tomos de esta etapa.
MARVEL PREMIERE. EL INCREÍBLE HULK DE PHILLIP KENNEDY JOHNSON 1, arranque de la nueva etapa de terror y monstruos alrededor de Hulk.
Otros lanzamientos señalados:
EL MORTAL THOR 1, nueva serie en tapa blanda de Al Ewing y Pasqual Ferry donde se replantea la existencia misma de los dioses asgardianos.
HELLHUNTERS: CAZADORES INFERNALES, spin-off bélico-supernatural derivado de la etapa de Johnson en Hulk.
MASACRE MATA AL UNIVERSO MARVEL POR ÚLTIMA VEZ, cierre de la trilogía de Cullen Bunn y Talajić en la que Deadpool liquida un multiverso corrompido.
Clásicos y líneas de biblioteca
Se refuerzan las colecciones “Biblioteca” y “Essentials”:
BIBLIOTECA SUPERMAN 9, con material ochentero de John Byrne y otros autores alrededor de Smallville.
BIBLIOTECA GREEN LANTERN DE GEOFF JOHNS 8, tercer acto de La guerra del Sinestro Corps.
BIBLIOTECA VERTIGO. JOHN CONSTANTINE: HELLBLAZER 8, final de la etapa de Jamie Delano con un número clave ilustrado por Dave McKean.
PREDICADOR 2, segundo tomo de la mítica serie de Ennis y Dillon.
MARVEL ESSENTIALS. IRON MAN: LA GUERRA DE LAS ARMADURAS, clásico de Michelinie y Layton sobre la tecnología de Stark en manos enemigas.
Mensaje global de la editorial
Panini Cómics quiere transmitir que febrero es un mes “fuerte”, con un gran estreno mediático (nuevo Batman), varias recuperaciones de clásicos esenciales y la continuación de líneas en curso muy cuidadas, tanto en DC como en Marvel.
Buscan cubrir todos los perfiles: lector de grapa actual, coleccionista de clásicos en tomo, público juvenil y fan de grandes eventos y etapas “de referencia”, con especial énfasis en títulos que se presentan como obras maestras o puntos de entrada claros al Universo DC y al Universo Marvel.
No obstante, justo un poco más abajo, os dejamos el pdf completo, con todas las novedades de Panini Cómics, previstas para este mes de febrero.
¡Cómo pasa el tiempo! Ocho semanas después, termina la segunda temporada de Fallout tras un relativo fracaso de audiencia. Según se comenta en distintos portales de Internet, es cierto que la serie se ha mantenido como una de las más vistas de Amazon Prime Video, pero su repercusión ha sido mucho menor que en la primera temporada. Probablemente haya tenido que ver con su formato de estreno, con un capítulo semanal a lo HBO. Algo a lo que el telespectador medio ya no está acostumbrado y que ha podido llevar a no retomar la serie hasta que todos sus capítulos estuvieran disponibles en la plataforma.
De una forma u otra, este no es un artículo para analizar el impacto que pueda tener Fallout en el ciudadano medio. Yo ya os digo que se trata de una serie muy recomendable y que merece más atención de la que ha recibido desde que se estrenó su primera temporada.
Ahora nos centraremos en lo que ha deparado sus últimos cuatro capítulos y mi visión global de la segunda temporada, que no será la última. Ya está renovada para una tercera tanda de episodios.
En sus cuatro últimos episodios continúa la narrativa fragmentada en distintas tramas con desigual peso entre ellas.
Tras llegar a New Vegas, Lucy se ve traicionada por el Necrófago y quedando a merced de su padre Hank, que se ha dedicado a “lobotomizar” a todos los que puede utilizando el dispositivo creado por Robert House.
Sin duda, uno de los grandes aciertos de esta segunda temporada es el villano Kyle MacLachlan. Solo el protagonista de la mítica Twin Peaks es capaz de aunar en una sola interpretación crueldad con candidez. Es muy fácil dejarse convencer por este hombre, y casi lo consigue con su hija.
Finalmente, vuelve a reunirse con Maximus en una New Vegas al borde de la guerra entre La legión, comandada por un Macaulay Culkin que ha engañado a todos sus hombres y se ha autoproclamado emperador, y la Nueva República de California.
Maximus ha llegado hasta Lucy gracias al Necrófago, con el que ha atravesado el Strip (la calle más emblemática de Las Vegas) repleto de bestias mutantes protegido por su armadura.
Por otro lado, El Necrófago consigue llegar, Robert House digitalizado mediante, hasta el contenedor de su mujer e hija para averiguar que es probable que se encuentren en Colorado, territorio fundamental en la mitología de Fallout.
A través de los flashbacks (el elemento narrativo más importante en esta segunda temporada) descubrimos que quien inició involuntariamente la reacción en cadena que terminó con el holocausto nuclear fue el mismo Howard al entregar la fusión fría al presidente de los Estados Unidos. Así que no fueron ni Vaultec ni Robcop quienes pulsaron el botón, sino una organización que maneja los hilos por encima de estos: el denominado Enclave.
Fuera del foco de New Vegas, Norm consigue librarse de sus captores al ser estos asaltados por cucarachas mutantes y su destino actualmente es incierto. Mientras tanto, descubrimos que Stephanie era la mujer de Hank McLean y que es una canadiense de más de 200 años que hizo lo posible por sobrevivir a la catástrofe nuclear.
Llegados a este punto y tras haber resumido las principales tramas de Fallout, considero que la segunda temporada baja un poco el listón con respecto a la primera.
El desafío de la serie era superar el impacto que tuvo la primera tanda de episodios, una estupenda mezcla de ciencia ficción conspiranoica, violento spaghetti western y humor negro.
Al desaparecer ese impacto, la serie debe apostar por la profundización tanto en los distintos protagonistas como en el mundo de la serie.
Y lo consigue. Pero parcialmente.
Fallout gana mucho cuando se centra en Lucy, el Necrófago y en Hank McLean. La química de Ella Purnell, Walton Goggins y Kyle MacLachlan es sobresaliente. Gracias a los flashbacks conocemos más sobre las distintas fuerzas que pudieron provocar el fin del mundo y casi me dejo convencer por las motivaciones del cándido Hank McLean.
Desgraciadamente, el resto de personajes y tramas no están a la altura. Fallout comete el gran pecado de las series centradas en varios personajes: la irregularidad de sus tramas. La de Norm no ha ido a ningún lado y la centrada en los refugios era demasiado dispersa como para prestarle atención, salvo la revelación final en lo que concierne a Stephanie.
Incluso Maximus, con las guerras entre las facciones religiosas que abarcaron el primer arco de la segunda temporada, ha pasado a un cuarto plano con respecto a sus compañeros de reparto.
En definitiva, Fallout continúa siendo una notable serie de ciencia ficción, ligera y entretenida en sus formas, a la que le ha pesado el reparto entre sus distintas tramas y personajes.
Bienvenidos a Las cosas que nos hacen felices. En esta ocasión viajamos a la corte francesa de Luis XIV, de la mano de Dolmen Editorial, para recuperar a uno de los grandes héroes enmascarados de nuestra historieta: El Espadachín Enmascarado. Volumen 1, de Manuel Gago.
Desde este rincón de la inmensa red, seguimos reivindicando los clásicos del tebeo popular y celebrando que, muchas décadas después de su aparición original en los quioscos, siguen encontrando nuevas vidas en estanterías, librerías y mesas de novedades.
El Espadachín Enmascarado. Volumen 1.
Dos jóvenes oficiales destacan en la corte del Rey Sol: Pierre Drumont, conocido por su bondad y sentido del honor, y Paul de Brenat, hijo del Marqués de Brenat, capaz de cualquier crueldad con tal de ascender en la escala social.
Ambos comparten fuerza, habilidad con la espada y un carácter enfrentado que pronto cristaliza en un duelo marcado por la rivalidad y los celos.
Un enfrentamiento por una dama y una intriga palaciega desencadenan la tragedia: Acusado falsamente de haber actuado con malas artes, Pierre se convierte en objetivo de la justicia de Luis XIV y se ve abocado a la condena a muerte.
Para escapar de esa suerte y demostrar su inocencia, decide ocultar su rostro bajo un antifaz y adoptar una nueva identidad que le permita moverse en las sombras y desbaratar los planes de los cortesanos que le han tendido la trampa.
Portada del cuadernillo 12 original.
A partir de ahí, la serie desarrolla una trama clásica de capa y espada: Duelos en pasillos de Versalles, conspiraciones urdidas en salones recargados, espías al servicio de distintas facciones y damas en apuros a las que el héroe tiende la mano.
El Espadachín Enmascarado, tan diestro como temerario, hará todo lo posible por restituir su honor, desenmascarar a los verdaderos traidores y, una vez rehabilitado, convertirse en espía al servicio de la propia corona francesa.
Es una narración que mezcla romance, aventura y justicia poética, con el punto justo de ingenuidad propia del tebeo de su época, pero con la energía suficiente para seguir entreteniendo hoy.
Página escaneada de mi ejemplar físico.
La edición de Dolmen Editorial
Dolmen Editorial presenta este primer volumen como una nueva edición en formato libro de tapa dura, en cartoné, con unas dimensiones de aproximadamente 28 × 21,5 cm que respetan y realzan el origen apaisado del material.
Son 216 páginas en blanco y negro y color, que recopilan los 20 primeros cuadernillos originales de la serie, manteniendo la estructura clásica pero en un tomo robusto y pensado para la biblioteca.
Estamos ante una edición que se enmarca en la línea de recuperación de clásicos de la casa, con un precio de venta recomendado de 29,90 euros, en sintonía con otros tomos similares que Dolmen ha dedicado al cómic europeo y al tebeo español de aventuras.
Detalles como el papel, el tamaño generoso y la combinación de páginas en blanco y negro con materiales en color buscan un equilibrio entre fidelidad a la edición original de cuadernillos y comodidad de lectura contemporánea.
Es importante subrayar que se trata de una serie abierta, lo que implica que este volumen es solo la puerta de entrada a un proyecto de recuperación más amplio.
Para quienes conocieron al personaje en su momento, la edición funciona como un reencuentro digno y manejable; para las nuevas generaciones, supone una oportunidad de acceso ordenado y cronológico a un título que hasta ahora resultaba mucho menos asequible fuera del circuito del coleccionismo.
Página escaneada de mi ejemplar físico.
Manuel Gago: una leyenda del cómic español
Manuel Gago García nació en Valladolid en 1925 y está considerado uno de los grandes nombres de la historieta española, figura clave de la llamada Escuela Valenciana.
Manuel Gago
De formación esencialmente autodidacta, empezó a publicar en los años cuarenta en editoriales como Hispano Americana y Marco, con series de aventuras como El Espíritu de la Selva o Viriato, antes de consolidarse como uno de los autores más prolíficos del país.
Su creación más popular fue, por supuesto, El Guerrero del Antifaz, auténtico fenómeno editorial de posguerra que marcó a varias generaciones de lectores y se convirtió en un icono del tebeo patriótico y de aventuras.
El Guerrero del Antifaz
Pero Gago no se limitó al héroe enmascarado medieval: también dio vida a personajes como El Pequeño Luchador, Purk el Hombre de Piedra, Tonín el huerfanito o La pandilla de los siete, mostrando una enorme capacidad para moverse entre diferentes escenarios, del Oeste al paleolítico.
Además de trabajar para la Editorial Valenciana, fundó sus propias editoriales, como Garga y Maga, cuyos nombres son anagramas del suyo y que le permitieron lanzar nuevas series de aventuras y mantener un control mayor sobre su obra.
Tras una retirada parcial en los años sesenta, regresó en los setenta con nuevas historietas y con las Nuevas Aventuras del Guerrero del Antifaz, que quedaron inconclusas a causa de su fallecimiento en 1980, con más de 27.000 páginas dibujadas a sus espaldas.
Una cifra que habla por sí sola de un autor que, más que un nombre, es ya un género en sí mismo dentro del tebeo español.
Página escaneada de mi ejemplar físico.
Valoración personal
Entrar en este primer volumen de El Espadachín Enmascarado es como abrir una ventana a un tipo de aventura que hoy casi no se hace: directa, apasionada y sin complejos, con héroes claros, villanos marcadísimos y un ritmo que no da tregua.
Se nota el pulso de Gago en cada página, esa mezcla de ingenuidad, épica y sentido del honor que hizo grande al tebeo popular español y que aquí se beneficia, además, del escenario de la corte de Luis XIV, con todo su juego de intrigas y conspiraciones.
En cuanto a la comparación inevitable con El Guerrero del Antifaz, diría que en términos de calidad ambos títulos juegan en la misma liga, pero con matices interesantes.
El Guerrero es más expansivo, con una ambientación medieval-heroica más “de manual”, batallas campales y una estructura casi mítica que lo convierten en el gran tótem de la obra de Gago.
El Espadachín Enmascarado, en cambio, se siente algo más contenido y sofisticado en lo argumental: el peso que tienen la intriga cortesana, el juego de máscaras (literal y figurado) y la idea del héroe injustamente acusado le dan un aire más cercano al folletín de capa y espada europeo que a la cruzada heroica medieval.
Página escaneada de mi ejemplar físico.
En lo gráfico, se aprecia a un Gago muy seguro, quizá menos “icónico” que en El Guerrero del Antifaz pero igual de enérgico en la composición de página, con duelos resueltos en diagonales muy efectivas y un uso del claroscuro que realza la teatralidad de pasillos, balcones y salones de Versalles.
Si en El Guerrero prima la sensación de aventura desatada, aquí sobresale la tensión: miradas furtivas, puertas entreabiertas, conspiradores en penumbra …
Elementos que, en esta edición amplia de Dolmen Editorial, se disfrutan mucho mejor que en el tamaño original de cuadernillo.
Personalmente, el tomo me ha gustado mucho porque confirma que Manuel Gago no era solo el autor de un gran personaje, sino un narrador capaz de adaptar sus obsesiones (el honor, la justicia, la redención) a diferentes marcos históricos con resultados igual de sólidos.
Si eres lector veterano de El Guerrero del Antifaz, encontrarás en El Espadachín Enmascarado un “hermano” distinto pero igual de digno, menos épico en apariencia pero con una carga dramática que crece número a número.
Y si llegas nuevo a Manuel Gago, este volumen de Dolmen Editorial es una vía de entrada estupenda: un clásico respetado en una edición cuidada, que demuestra por qué seguimos volviendo, una y otra vez, a …
¡Estas pequeñas grandes cosas que nos hacen felices!
Un 21 de febrero de 1986 llegaba a los cines Nueve Semanas y Media (9 ½ Weeks, 1986), la película de Adrian Lyne que se convertiría en emblema no solo del cine erótico sino también de la estética de toda una década e impulsaría al estrellato las carreras de Mickey Rourke y Kim Basinger, elevando a esta última incluso a la categoría de sex-symbol.
Bienvenidos a un nuevo retro-análisis que, por tercer domingo consecutivo, tiene que ver con un aniversario. En pocos días más se cumplen cuatro décadas del arribo a las salas de Nueve Semanas y Media, película que, dirigida por Adrian Lyne en su tercer largometraje y con una emblemática dupla principal compuesta por Mickey Rourke y Kim Basinger fue, sin embargo y por lo menos en Estados Unidos, un fracaso de taquilla, aunque éxito arrasador en Europa y Latinoamérica sumado al que sobrevendría con el video hogareño.
No muchos saben que, en realidad, el filme se basa en una novela autobiográfica escrita bajo el seudónimo Elizabeth McNeill, de quien con el tiempo se supo que era la escritora y también editora Ingebord Day que, como la protagonista del libro y su adaptación cinematográfica, vivió una convulsiva y traumática relación sadomasoquista, en su caso con el artista e inventorTom Shannon.
La apuesta de hacer una película basada en dicha novela era difícil por su contenido erótico y los pruritos de la industria hollywoodense al respecto, pues ese era un ámbito considerado más propio del cine B o de bajo presupuesto. Adrian Lyne, quien tenía a su favor el éxito de Flashdance, consiguió en un primer momento el aval de TriStar Pictures, pero la productora se retiró apenas su principal accionista (Coca-Cola) supo de qué iba la cosa. La financiación acabó en manos de la compañía independiente Producers Sales Organization y la distribución en las de MGM/UA Entertainment.
Mickey Rourke no era aún ninguna estrella, pero había trabajado para varios grandes directores siendo su nombre y rostro ya bastante conocidos, especialmente por sus papeles en LaPuerta del Cielo (Michael Cimino, 1980), Fuego en el Cuerpo (Lawrence Kasdan, 1981) yLa Ley de la Calle (Francis Ford Coppola, 1983).
Kim Basinger era bastante más ignota. Lo suyo procedía especialmente del modelaje o de haber actuado en alguna que otra producción televisiva (incluso rechazó ser el reemplazo de Farrah Fawcett en la exitosa serieLos Ángeles de Charlie, rol que terminó recayendo en Cheryl Ladd), además de haber sido chica-portada de Playboy y “chica Bond”, pues acompañó aSean Connery en Nunca digas nunca jamás (1983), la película fuera de franquicia. Pero nunca un papel principal…
En un principio, Lyne quería a Jacqueline Bisset, pero la legendaria actriz francesa rechazó el papel por el contenido de la historia y el nivel de desnudo (aun cuando ya había rodado en Europa más de una película de cierto vuelo erótico). Pero tampoco hubo química con Rourke en lo poco que interactuaron y, según declaró después, estaba cansada de que siempre la pusieran en pareja con actores mucho más jóvenes.
También fueron consideradas Kathleen Turner, Teri Garr o Isabella Rosellini, pero el papel de Elizabeth, como sabemos, terminó siendo para Basinger, a quien se le pidió como prueba interpretar una escena seguramente muy recordada por quienes vieron la película y en la cual se desplaza a cuatro patas recogiendo billetes del piso…
Al igual que su personaje, Kim no soportó la humillación y paró a la mitad, tras lo cual se marchó y dio por perdido el casting. Esa noche, sin embargo, recibió en su hotel un ramo de flores y una nueva invitación por parte de Lyne, quien quedó gratamente impresionado, particularmente con lo genuino de su reacción.
El director ya tenía pues a la pareja protagónica, pero no quería que dialogasen entre sí ni se vieran en las pausas del rodaje, ya que buscaba que el primer encuentro en la ficción se viese lo más real posible. Inclusivo filmó la película en el orden cronológico de la historia para que las reacciones de ellos al irse conociendo fueran creíbles. De hecho, Basinger siempre manifestó que hubo bastante tensión entre los tres…
El guion, en arriesgada apuesta, fue encomendado a Zalman King, cuya experiencia en cine era básicamente como actor y a lo sumo había escrito algunos episodios de series televisivas. Junto a él, su esposa Patricia Knopp, ya con un par de largometrajes escritos, y Sarah Kernochan, cuyo currículum en documentales incluía un par de nominaciones al Oscar en los setenta. La fotografía fue confiada a Peter Biziou, de ganado prestigio en filmes de Terry Gilliam (Los Bandidos del Tiempo) o Alan Parker (Bugsy Malone, Pink Floyd: The Wall).
Lo de la banda sonora da casi para un artículo aparte, pues en un primer momento fue encargada a Stewart Copeland, pero el legendario baterista de The Police no recibió el visto bueno de su selloGeffen Records debido a que no querían (una vez más) quedar asociados al polémico contenido de la película. Sin ese aval, Copeland se retiró, aunque un tema suyo no compuesto especialmente (Cannes) acabó incluido.
La música pasó entonces a Jack Nitzsche, por lo menos la incidental, ya que la película incluye además montones de canciones de diversos artistas que, al igual que el mencionado tema de Copeland, no fueron compuestos para la misma.
Pero, como muchas veces pasa, esas canciones quedaron tan asociadas al filme (contribuyendo de hecho a su éxito final) que, al ser lanzada al mercado la banda sonora, terminó por no incluir ninguna de las composiciones de Nitzsche. Y ni siquiera la música incidental le corresponde en su totalidad, pues parte de la misma fue compuesta por Jonathan Elias (de ganado prestigio componiendo para tráileres, como los de Blade Runner o Regreso al Futuro) y su habitual socio John Taylor, más conocido como bajista de Duran Duran.
Se suponía que la película llegaría a los cines a finales de 1984, pero los problemas de posproducción la fueron postergando. La productora no dejaba de presionar por cambios y recortes, más aún con las escandalizadas reacciones del público en los preestrenos de 1985. El 21 de febrero de 1986, y tras una larga espera, llegaba finalmente a los cines…
La Historia
La trama sigue a Elizabeth McGraw (Kim Basinger), atractiva y sensual rubia de treinta y tantos que trabaja para una galería de arte del Soho neoyorquino y viene de un reciente divorcio. Su única confidente es su amiga Molly (Margaret Whitton), con quien recorre alegremente los suburbios de New York hasta que, en la tienda de productos marinos de un supermercado chino, cruza miradas de atracción recíproca con un elegante y también atractivo señor del que luego sabrá que su nombre es John Gray (Mickey Rourke) y que se desempeña como corredor de bolsa en Manhattan.
Aunque ese primer encuentro destila pura química, no hay todavía presentaciones ni palabra alguna. Todo eso queda para el segundo, cuando al volverse a topar en una feria, él le regala un fino chal de cuya compra ella acababa de desistir por costoso.
A partir de ese momento nace una relación en la que, sin embargo, es más lo que él sabe de ella que ella de él, pues John se mantiene siempre como hombre reservado y de pocas palabras al que ni siquiera importa que Elizabeth se vea con sus amistades durante el día siempre y cuando esté disponible para él en la noche.
Pero paradójicamente se irá volviendo cada vez más posesivo en la medida en que vaya mostrando sus particulares gustos y fantasías fetichistas, arrastrando a Elizabeth en una espiral descendente que al principio la cautiva y fascina, pero a la que no sabrá después cómo poner final, pues John siempre quiere ir un paso más allá y si algo le excitó la última vez redoblará la apuesta para la próxima.
No contaré más. Solo que la relación de Elizabeth y John es una de las más intensas que haya contado el cine y que incluye striptease, gastronomía, dominación y mucha música…
Un Gran Videoclip
Debo confesar que, amén de la parte nostálgica siempre involucrada en estos casos, me costó un poco revisionar esta película. No porque sea mala sino porque está demasiado posicionada en su época y si bien es cierto que eso en definitiva ocurre con cualquier filme que analicemos en esta sección, es este un caso en el cual (contrariamente a Regreso al Futuro o Terminator, por ejemplo) se hace difícil que la historia llegue a alguien que no vivió los ochenta o carezca de compromiso emocional con el período. No es mi caso, que sí los he vivido, pero intentaré evaluar sin esa carga adicional.
Comencemos por aclarar que el erotismo que tanta polvareda levantó en su momento es hoy prácticamente un chiste, pero también lo era en su época si se compara con el que hacía rato poblaba la pantalla europea que, sin ir más lejos, había dado lugar catorce años antes a ElÚltimo Tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972).
Está claro que la sociedad norteamericana ha sido siempre más conservadora a la hora de tratar tabúes sexuales en el cine, como también que Adrian Lyne (paradójicamente británico) no buscaba ir por el camino europeo ni tan siquiera acercarse: su erotismo era más bien de videoclip o aviso publicitario, lo cual en modo alguno está dicho de manera peyorativa.
De hecho, tanto la fotografía como la iluminación están puestas al servicio de ello, con fuentes de luz clara y potente recortándose contra fondos en penumbras o humo que no se sabe de dónde procede ni tampoco importa porque, así como en el show de una banda no responde el mismo a motivo musical alguno, tampoco aquí cumple necesidades argumentales.
Allí reside una de las claves para ubicar Nueve Semanas y Media en contexto: el auge que por ese entonces tenían la publicidad y la cultura MTV, al punto que el propio director había ya para ese entonces recalado en ambas, pues había hecho en sus inicios avisos para televisión y después (y ya con dos largometrajes en su haber) el videoclip de Maniac, la canción de Michael Sembello a la que su película Flashdance convirtiera en éxito.
De hecho, Nueve Semanas y Media puede de algún modo ser vista como gran videoclip, pesando más la estética que la historia y la forma que el contenido, lo cual la hace bien representativa de su tiempo ya que ese fue, justamente, el sentido de mucho de lo hecho en los ochenta. Resulta banal pues pretender juzgar una película como esta por lo poco sustancioso de su historia cuando la sustancia, justamente, no era requisito ni formaba parte de la ecuación.
Quizás por un momento nos engañe cuando, al salir a luz los aspectos más oscuros de su personalidad de John y ponerse cada vez más obsesivo y posesivo, pareciera la historia por un momento girar hacia thriller convencional, pero no: ni lo es ni se resuelve como tal. De hecho, los aspectos de la novela que más podían acercarse a ello (violación, intento de asesinato) fueron eliminados de la trama.
Hay subtramas que no terminan de encajar ni de establecer vinculación con la principal, como también personajes que no sabemos de qué la van, tal el caso del anciano artista ermitaño (Dwight Weist) al que Elizabeth busca convencer de presentar sus obras en la galería o de Bruce (Olek Krupa), el ex del cual prácticamente nada sabemos, salvo que anda queriendo seducir a Elizabeth nuevamente, pero ella lo entrega prácticamente en bandeja a su amiga Molly sin que él se muestre disconforme. Podrían no estar…
Incluso en la trama principal hay baches: John le compra a Elizabeth un costoso reloj y le dice que se toque pensando en él cada vez que sean las doce, pero la única vez en toda la película que ella se autosatisface tiene lugar mientras mira diapositivas de obras de arte en un sótano sin que eche un solo vistazo al reloj ni tengamos al menos un plano del mismo marcando supuestamente las doce.
Después John adquiere una fusta y hasta la prueba con Elizabeth para perplejidad de los vendedores, pero no la usa en el resto del filme y solo volvemos a verla en manos de ella (que por cierto se deshace muy rápidamente) al iniciar el icónico baile erótico tras la persiana americana.
Es posible que, habida cuenta de los recortes aplicados a la historia original, sean detalles argumentales remanentes que conducían a escenas luego eliminadas por lascivas o procaces. Menos sentido tiene que se hayan aplicado recortes a la trama del artista o a la del ex de Elizabeth, por lo que habrá que concluir que simplemente no conducían a nada…
Lo que sí se advierte intencional es que, contrariamente a lo que sucede con Elizabeth, no sepamos casi nada de John durante la mayor parte de la película. Cobra ello sentido cuando, recién sobre el final y con ella a punto de irse, intenta por fin contarle algo sobre su vida, quién es o cuál fue su historia previa, pero ya es tarde: ni siquiera llega ella a escuchar su “i love you” porque ella ya cerró la puerta (gesto por demás simbólico) ni el pedido de que regrese antes de llegar él a los cincuenta…
Esa escena sí que logra golpearme, pues la idea es que John, entre tanto papeleo bursátil y vorágine capitalista, jamás conoció el amor y cuando realmente lo tuvo, no lo supo aprovechar y lo dejó ir. Un final conmovedor para una película que quizás no lo sea tanto…
Y si bien no soy amigo de las moralejas finales ni mensajes edificantes, no deja de ser cuanto menos interesante que termine siendo Elizabeth quien ponga los límites y decida hasta dónde: contrariamente a la opinión de quienes puedan hoy ver la película como sexista, el planteo final es por el contrario bastante feminista.
Y aun cuando haya paradoja o contradicción en que el mismo llegue después de haberla mostrado a ella, detenidamente y con lujo de detalles, excitarse ante cada nuevo juego sexual de John, hay mucho más feminismo aquí que en Cincuenta Sombras de Grey (2015), película que debe mucho a la que nos ocupa sin llegarle a los talones…
Cuestión de Química
Como hemos dicho antes, este fue el filme que hizo despegar la carrera de Kim Basinger y la convirtió en sex-symbol a una edad en que para muchas comenzaría la decadencia (33). Un cetro que, durante los siguientes años de la década y primeros de la siguiente, mantendría sin competencia hasta la llegada de Sharon Stone con su personaje de Instinto Básico (1992, aquí retro-análisis), cuyo estilo sexual más desenfrenado y manipulador es suficientemente indicativo del cambio en los tiempos.
Kim aportó al personaje una sensualidad única y cabe preguntarse si hubiera ocurrido lo mismo con cualquiera de las otras actrices consideradas más allá de sus indudables méritos actorales. El baile del striptease se convirtió en el momento más icónico y recordado no solo de la película, sino también de su carrera, además de convertir en hitazo a You can leave your Hat on, pero ya hablaremos de la música…
La escena en que se masturba viendo diapositivas es otro de los puntos altos y por más que nunca eche un vistazo al reloj y que esas diapositivas no puedan realmente erotizar a nadie (ni se entienda qué diablos hace ella en su lugar de trabajo con ropa interior sexy o ligueros), el momento en que clava los tacos contra la pared mientras su cuerpo se tensa es de lo más eróticos vistos en pantalla. Y, una vez más, la música ayuda: insisto, ya hablaremos…
Y al contrario de la impresión que me dio cuando vi la película por primera vez, la actuación de Kim no es mala en absoluto. Aporta al personaje lo que debe aportar en los momentos sensuales y sabe mostrarse insegura o angustiada cuando las cosas comienzan a salirse de cauce.
A Rourke, en cambio, se lo ve bastante más liso durante la mayor parte del filme, sentando un personaje de galán rudo que después repetirá hasta el hartazgo. Exhibe todo el tiempo y casi como único recurso gestual su sonrisa de macho alfa cazador y solo en el final, cuando ella está partiendo, le vemos una mayor versatilidad.
Pero sea como sea, la pareja funciona y tiene química, no cabiendo duda de que seguramente ello habrá tenido mucho que ver en que el filme se volviera así de icónico. Perdón por insistir con Cincuenta Sombras de Grey, pero ni Dakota Johnson ni Jamie Dorman están a la altura o tan siquiera se acercan un poco a lo que aquí consiguen Basinger y Rourke, quienes hacen que las escenas de sexo sean tan recordadas a pesar de un erotismo a veces algo obvio…
A propósito, la escena gastronómica, que a tantos gusta, me parece a mí directamente desagradable. Y no por el contenido, sino por la forma y los simbolismos excesivamente evidentes y clicheros: la chalaza cayendo del huevo como si fuera semen, el hielo atrapado por los labios de Elizabeth cual un pene o el champagne arrojado a su rostro como si él le estuviera eyaculando encima. Podrían haberse usado imágenes menos obvias y metáforas más inteligentes…
Banda Sonora
Siendo esta una cinta que es quizás más videoclip que película, es imposible no hablar de la música. Ya hemos comentado la salida de Copeland y lo poco utilizada que terminó siendo la partitura de Nitzsche: apenas alguna melodía en piano en los momentos más melancólicos que remite bastante a la música que Michel Legrand compusiera para Verano del 42 (1971).
Pero cuando se habla de la música de Nueve Semanas y Media, nadie piensa en la incidental, sino en las canciones de diferentes artistas que quedaron asociadas al filme y la paradoja es que ninguna fue compuesta para el mismo. This City never sleeps (Eurythmics) le da el sugerente clima justo a la escena de la masturbación, lo mismo que Arpégiateur (Jean-Michel Jarre) a la de la tubería. Slave to Love, de Bryan Ferry(ya hit radial incluso antes de la película) acompaña los momentos románticos callejeros y, especialmente, el fetichismo de John de verla mojarse bajo la lluvia.
Pero el momento más fuerte llega sin duda con You can leave your Hat on, que no solo no fue grabada por Joe Cockerespecíficamente para la película, sino que además es cover de una canción previamente compuesta y publicada en 1972 por Randy Newman. De hecho, ni siquiera era el primer cover y ya había otros por Etta James (1974), Three Dog Night(1975) o Merl Saunders (1977). Tom Jones haría después incluso el suyo para la película británica TheFull Monty (1997).
Pero fue la version de Cocker la que quedó indisolublemente ligada al filme, al punto que el videoclip promocional de la canción terminó con escenas de la película y la imagen de Kim en portada del single, aumentando así la confusión sobre si el tema había sido compuesto para la película o no.
De lo que no caben dudas es de que, a partir de allí (y creo que hasta el día de hoy), alcanza con que en cualquier reunión o fiesta suenen los estridentes vientos del principio para que nadie dude de que se viene un momento erótico festivo y alguno o alguna de las presentes está por quitarse algo…
La historia de las canciones que han quedado asociadas a filmes para las que sin embargo no fueron compuestas merece artículo aparte y, de hecho… lo tiene, a cargo de un servidor. Les invito a echarle ojo…
Y ya que hablamos de la música, un detalle no menor que quizás muchos no recuerden y es que Ronnie Wood(Rolling Stones, Faces) tiene un doble cameo cerca del final, durante la fiesta de presentación de las obras de arte en la galería.
Valoración y Legado
Como antes fue dicho, Nueve Semanas y Media no funcionó en taquilla en su país, pero sí en Europa y Latinoamérica, llevándola ello a alcanzar un impensado carácter icónico al que ayudaron también su éxito en VHS y las cuantiosas ventas del álbum con la banda sonora.
De pronto, no había nadie que no supiera del filme, lo hubiese visto o no. De la noche a la mañana pasó ser paradigma no solo del cine erótico sino del erotismo en general, no dejando de ser una gran paradoja que fuera el público europeo uno de los que apuntalara su éxito cuando el viejo continente goza justamente de una fuerte tradición en el género y con el tono bastante más subido.
Con un Rourke mucho más colagenado, la película tuvo una secuela en 1997 titulada Love in Paris, pero estrenada en varios países como Otras Nueve Semanas y Media. Dirigida por Anne Goursaud, ya no cuenta con Basinger, aunque el personaje de Elizabeth tiene a lo largo del filme una presencia tácita. Y hubo también una precuela dirigida por Alex Wright en 1998 que, titulada Las Primeras Nueve Semanas y Media, fue lanzada directamente al video. Ambas flojas y en ninguna de ellas involucrado Adrian Lyne.
El director, por cierto, volvería a encontrarse con la taquilla en Atracción Fatal (1987) y Una Proposición Indecente (1993), filmes en los cuales el erotismo tenía también fuerte presencia, aunque más como marco que como eje de las historias.
Más decididamente sexual sería el enfoque de Zalman King, quien daría el salto de la producción a la dirección con títulos como Encrucijada de Pasiones (1988) u Orquídea Salvaje (1989), la cual volvía a contar a Mickey Rourke e incluía irónicamente también en su elenco a Jacqueline Bisset, quien rechazara alguna vez el papel de Elizabeth en Nueve Semanas y Media. Más interesante, pero para televisión, sería Cuando llama el Deseo (1992), también conocida según países como Zapatos Rojos.
Mickey desarrollaría en los noventa una carrera bastante errática en calidad e incluso se dedicaría durante algunos años al boxeo. Tendría buenas actuaciones en El Corazón del Ángel o Barfly (ambas de 1987), pero se repetiría mucho, como hemos dicho, en el rol de rudo seductor que le cupo después de Nueve Semanas y Media. Su regreso con gloria llegaría de la mano deRobert Rodríguez y Quentin Tarantinoen Sin City (2005, aquí retro-análisis) y tendría una actuación consagratoria, nominación al Oscar incluida, en El Luchador (2008).
Repito que Nueve Semanas y Media no es una película que se pueda apreciar sin contexto temporal. Es hija de una época de cuya estética es emblema para bien o para mal, con lo que quizás su visionado no sea fácil en estos tiempos, sobre todo para alguien joven a quien quizás el erotismo de la película pueda parecerle ya algo demodé o sus aspectos visuales bastante clichés.
Pero puesta en contexto es un documento visual de los ochenta que se sostiene en un eficaz director que consigue lo que busca y no se avergüenza ni siente culpa si ello es el impacto masivo o el fácil consumo. Y también en una dupla que construye (literalmente) una química inolvidable, al punto que muchos de los momentos de tensión entre ambos eran, según se cuenta, son reales, lo cual les da especiales fuerza y credibilidad en pantalla.
Nueve Semanas y Media, en definitiva y más allá los méritos fílmicos que pueda o no tener, no se entiende sin los ochenta. Pero ojo: los ochenta tampoco sin Nueve Semanas y Media…
Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a “El cómic de la semana”. Hoy destacamos Masters del Universo Revolución. Al final del artículo tendréis la portada y el enlace.
Masters del Universo Revolución, para todos los fans
Qué curioso es el destino, He-Man, Skeletor y toda la panda de Eternia han estado a punto de desaparecer del radar editorial, y de repente, Moztros nos lanza Masters del Universo Revolución justo cuando el universo MOTU está caliente por la serie animada reciente, y además se espera una película con actores reales (Prefiero el término en español que el inglés) Sí, hablamos de ese cómic que recopila los números 1 al 4 estadounidenses, publicados originalmente en Masters of the Universe: Revolution por Dark Horse Comics y que ahora tenemos en castellano gracias a Moztros.
Si te suenan los nombres (y si creciste con aquel muñeco que tenía músculos excesivos para andar por casa), aquí va lo esencial, Revolución no es un artefacto perdido de los 80 ni un recopilatorio de tiras de prensa vintage. Es la precuela oficial de la serie animada Masters del Universo: Revolución que puedes ver en Netflix, donde la magia y la tecnología se chocan como cucharas en plato de gachas.
¿Qué nos cuenta este cómic?
Vale, agárrate. La premisa es tan jugosa que podría ser el eslogan de un yogur con sabor a espada y músculo. Por eso he dicho «jugosa», para unirlo con yogur y sabores de brujería. Perdón por la mala frase. Pero a lo que iba, la premisa trata de lo que ocurre antes de que He-Man y Skeletor se encuentren y se enemisten para siempre.
El cómic explora una profecía que une para siempre los destinos de los dos villanos más icónicos de Eternia, Hordak y Skeletor. Hordak, ese tirano mecánico obsesionado con dejar su nombre grabado en piedra y Skeletor, el aspirante a hechicero con más hambre de poder que una horda de fans en preventa, podrían unirse y ser imparables… si primero no terminan peleándose entre ellos.
Aquí hay tensión entre malos, ambición, tecnología antigua, hechicería y una pizca de caos que solo encaja si te gustan los mundos donde los malos no son simples secundarios con calaveras, sino personajes con ego y planes ridículos.
¿Qué se siente al leerlo?
Masters del Universo Revolución se lee rápido, 112 páginas pasan volando, pero no se olvida con facilidad, sobre todo si eres fan. Estamos ante una historia con ritmo, clima épico y vibración pulp.
Los autores, Tim Sheridan al guion y Daniel HDR en el dibujo, entre otros nombres implicados, consiguen que la cosa no se quede en simples mamporros con abdominales de gimnasio de Eternia. Hay trama, hay mitología, hay profecía con sangre y magia ruidosa.
Y esa mezcla de tecnología + magia + ambición desmedida no es casual, es la base narrativa sobre la que se apoya también la serie animada Revolución de Netflix, donde magia y circuitos chocan igual que dos colosos de Eternia peleando por el último trozo de pastel.
Si has visto la serie, este cómic es como abrir la caja de juguetes de niño y encontrar piezas nuevas que no sabías que faltaban en tu universo personal. Para quien solo conoce a He-Man de oídas o por la serie original de dibujos de los 80, puede ser una puerta de entrada maravillosa a un mundo que sabe reinventarse sin perder el espíritu de espada y bravura.
Lo que mola (y lo que menos)
Lo que mola de Revolución es que se siente grande sin ser grandilocuente. Tiene acción, sí, pero también historia y tensión, sí, pero con sentido, y personajes que no son meros clichés musculados. A diferencia de algunos cómics del universo MOTU que pueden sentirse rígidos o demasiado clásicos, este tiene un pulso narrativo moderno y una energía que empuja la trama hacia delante sin paños calientes.
¿Lo que podría fallar a algunos? Que si esperabas una lectura nostalgia total con He-Man en cada página siendo el más poderoso del universo, podrías quedarte con ganas de más de esos viejos iconos. Aquí la historia prefiere hacer sombra a los villanos y jugar con sus motivaciones antes de regalar poses heroicas fáciles.
Masters del Universo Revolución es una lectura obligatoria para fans de la saga moderna, para nostálgicos abiertos a nuevas historias y para quien quiera ver cómo una franquicia clásica se reinventa con respeto y energía.
¡LA PRECUELA OFICIAL DE LA SERIE DE ANIMACIÓN DE NETFLIX!
Una temible profecía vincula para siempre los destinos de los dos mayores enemigos de los Masters del Universo: Hordak y Skeletor. Hordak es un general ambicioso, obsesionado con dejar su huella en la historia. Skeletor es un aspirante a hechicero, hambriento de poder. Si unieran sus fuerzas, combinando la magia eterniana antigua con la tecnología avanzada de la Horda, podrían lograr todo cuanto deseen sus malvados corazones… Pero primero tendrán que sobrevivirse el uno al otro.
Los productores de la serie de Netflix Masters del Universo: Revolución forman equipo creativo con el dibujante Daniel HDR para retomar esta fascinante franquicia y ahondar en la relación de dos de sus antagonistas más carismáticos.
Sí, amigos. Aunque la espera sea eterna como una clase de Historia de la Magia, la serie de Harry Potter sigue cocinándose a fuego lento.
Aquí va lo que de verdad se sabe, disculpadme si me dejo cosas, con datos oficiales, fechas firmes y castings confirmados, para que sepas dónde estamos y qué nos espera en esta adaptación televisiva que está dando tanto que hablar.
La serie llegará en 2027 (probablemente temprano)
La gente de HBO ha dicho que la adaptación televisiva de Harry Potter está prevista para estrenarse a “principios de 2027”. La producción está en marcha, con rodaje empezado y todo preparado para una salida oficial ese año.
Así que ya puedes ir apartando esa taza de té y rogarle a tu calendario que corra más rápido que una lechuza mensajera.
La producción ha arrancado y se está filmando en Londres
El rodaje comenzó este verano de 2025, principalmente en Warner Bros. Studios Leavesden (sí, los mismos estudios donde se hicieron las películas originales). Escenarios como Privet Drive, Hogwarts y otros lugares icónicos ya están en marcha.
No es una grabación suelta, se espera una primera temporada monumental (eso es lo que prometen), con 8 episodios, y la idea es seguir grabando la siguiente temporada casi enseguida, para que no pasen años entre un libro y otro en pantalla. Bueno, así los chavales no son de 30 años en la última temporada.
El cast principal está confirmado
Y aquí vienen los nombres como que Dominic McLaughlin será Harry Potter, Arabella Stanton será Hermione Granger o Alastair Stout será Ron Weasley. Podéis ver a los 3 niños en la cabecera del artículo.
Además, se han anunciado otros personajes importantes del elenco. John Lithgow será Albus Dumbledore, Paapa Essiedu como Severus Snape (elección comprometida, como ya sabréis una gran mayoría de los lectores de la web), Janet McTeer como Minerva McGonagall o Nick Frost como Hagrid.
Y hay más nombres que se han unido para dar vida a personajes clásicos. La familia Weasley completa (incluyendo Fred, George, Percy y Ginny), Molly Weasley, Lucius y Draco Malfoy, Cornelius Fudge, e incluso personajes como Seamus Finnigan, Parvati Patil y Lavender Brown.
Sí, sé lo que estás pensando, ya que aún falta ver oficialmente a Voldemort, pero la producción ha dicho que se está guardando esa información para más adelante.
Cada temporada será un libro
Este no es un reboot apresurado, o eso nos venden. La idea que ha dado oficialmente Warner, y está por escrito en todas las fuentes es la siguiente: cada libro de los siete originales será adaptado en su propia temporada. Nada de mezclar cosas, nada de condensar todo en siete horas perdidas. Cada historia tendrá su tiempo y espacio.
Eso significa que estamos ante un proyecto a muy largo plazo de hecho.
¿Qué más está pasando detrás de cámaras?
Además del elenco y la producción en marcha, hay equipos de dirección, fotografía y arte trabajando para que Hogwarts, Londres y el Bosque Prohibido no parezcan meras escenografías, sino lugares vivos y respirables. Es un proyecto con alto presupuesto y grandes ambiciones. Han llegado a calificarlo como “el evento de streaming de la década”, pero repito que esto es lo que nos venden desde HBO, yo sólo digo las noticias oficiales, pero luego veremos si todo lo que prometen es verdad, o es sólo humo.
Después de dos días de festival que sirvieron como calentamiento para lo que estaba por venir, llegamos al fin de semana. A ese magnífico lugar en el culo del mundo llamado Palacio de Hielo al que tardo más de una hora en llegar y que actúa como majestuoso salón de banquetes para que los comensales -nosotros- puedan satisfacer toda clase de apetencias.
Es aquí donde se deja ver la auténtica inmundicia en la gran pantalla. En la misma pantalla en la que seguramente al día siguiente se esté proyectandoMarty Supreme (2025) o Hamnet(2025). Pero qué son estas pretenciosidades al lado del negativo rayado de una copia turca de James Bond, ¡quién es Timothée Chalamet comparado con Sunny Deol aka ‘El Stallone indio!
En fin, que me vengo arriba. CutreCon es disfrute absoluto y en estos artículos así pretendo reflejarlo. A pesar de no haber podido asistir a casi ninguna película el viernes 6 y a ninguna el domingo 8, voy a contaros las seis películas que pude ver esos días sobre las que aún no he hablado y que merecen absoluta atención. ¿Por qué si no iba Uwe Boll a decir que CutreCon es el mejor festival en el que ha estado en su vida? Supongo que no tendrá nada que ver con que sea el único que ha programado cuatro películas suyas, ejem, ejem… Es broma, me pareció una declaración memorable.
Aunque el domingo y último día del festival no pude ir, la noticia más sonada fue el anuncio de la temática de la próxima edición: ¡CATÁSTROFES! Veremos el año que viene qué clase de ponzoña puede salir de ahí. Desde luego que promete. Ahora, vamos a hablar de las películas.
El sanguinario Ranatunga (Randeep Hooda) huye de Sri Lanka con lingotes de oro robados junto a sus siervos para instalarse en un remoto pueblo costero de India. Allí construye un imperio criminal durante años sin ningún impedimento hasta que un hombre aparentemente corriente descubre la injusticia y el sometimiento de la población y se propone acabar con ella.
Llegado el tercer día de nuestro festival trash favorito, tuve unos pequeños contratiempos que impidieron mi asistencia a la mayor parte de su programación. Pero, lo que no me podía perder bajo ningún concepto era ese prometedor Stallone indio que, con solo ver el teaser de su película en la introducción del festival, sabía que no me decepcionaría. Jaat es otra de las películas «buenas» de esta edición, pues brinda dos horas y media de la acción desenfrenada más salvaje y espectacular que se pueda concebir. Mix de coreografías musicales y de combate, movimientos de cámara imposibles y frases lapidarias de tipo duro…
En definitiva una epopeya espectacular en todos los sentidos que al mismo tiempo que ofrece canciones memorables decapita civiles sin compasión. Si os gustó RRR (2022) esto os va a fascinar. ¡Ranatungaaa!
Mientras trabajan en una mina de diamantes ubicada en el desierto, Bo (Robert Ginty) e Ingrid (Belinda Mayne), dos hermanos que sobrevivieron a una masacre cuando eran niños, hacen un descubrimiento sorprendente que los envuelve en una trama criminal de intereses de la que les será complicado escapar.
El tema principal de la BSO, en cuyo estribillo resuena «¡White fire!», es de lo poco que trascendió en el festival incluso durante las sesiones posteriores. Aunque es posible que también lo hiciera la sensación de repulsión provocada por la incestuosa y sórdida relación entre los hermanos protagonistas de la película. Hay una escena en la que ella se baña desnuda en una piscina y su hermano va a verla, le quita la toalla después, y le dice sonriendo «qué lástima que seas mi hermana». Todo lo demás que sucede no importa, el foco está en ellos dos.
Tanto es así que el director se permite construir una suerte de paralelismo con Vértigo (De entre los muertos) (1958) para prolongar la situación más allá incluso de la vida. Es algo de no dar crédito. Por si no fuera poco, la película tiene una notable pretensión autoral que hace todo aún más ridículo. ¡Tiembla Godard! Resonaba en la sala.
El líder Master Ninja enseña a su pequeño grupo de ninjas elitistas los poderes del Golden Ninja Warrior, una estatuilla compuesta por tres piezas doradas que unidas entre sí ofrecen un poder absoluto a quien las fusiona, pero rápidamente es robada por los Red Ninjas, un grupo malvado que quiere dominar oriente a cualquier precio.
Ninja Terminator fue una de las temidas «sesiones de castigo» de CutreCon tan queridas por Carlos Palencia. Al parecer el estadounidense Richard Harrison fue a Hong Kong a rodar durante un año lo que él pensaba que era UNA película de ninjas. Al tiempo, su distribuidor -o representante- le llamó desde Europa diciéndole que un chino le había ofrecido ¡17! películas de ninjas de Richard Harrison. La industria del cine es maravillosa. Esta anécdota explica un poco el sindiós que es Ninja Terminator, que se construye como un collage a partir de algunas escenas que Ho rodó con ninjas unidas en montaje a fragmentos de otras películas robadas que nada tenían que ver con la suya. Todo un trabajo de artesanía.
Lo peor es que la cinta no resulta si quiera divertida, porque no se comprende casi nada de la trama -como es lógico-, la estética y vestuario resultan cutres y las interpretaciones, en fin… Lo único rescatable son algunas coreografías de lucha y ese vistoso teléfono fijo de Garfield que Harrison descuelga en varias ocasiones y que sirve para unir inteligentísimamente la trama rodada por Ho y los cortes de las otras películas cuando hablan por teléfono. Obviamente todo doblado por encima para intentar cohesionar el conjunto.
Como curiosidad nos comentaron que para doblar estas películas era habitual pagar una cantidad simbólica a turistas que estuvieran en el país ya que además solían acceder al considerarlo una experiencia divertida. Qué interesantes son las anécdotas de producción de bajísimo presupuesto.
Jason Stillwell (Kurt McKinney) es un joven, fan de Bruce Lee, que estudia en la escuela de karate de su padre. Pero cuando un mafioso comienza a extorsionarles, el padre decide que se deben marchar a otra ciudad, y allí el hijo se apunta a otra escuela. Pero Jason también es humillado, y va a la tumba de Bruce Lee a pedirle ayuda…
Fantástica, maravillosa. Cuánto me pude divertir con la marcianada de Yuen. Una mezcla argumental entre Karate Kid, el momento de la verdad(1984) y Rocky IV(1985) que pretende afrontar el bullying en todos los ámbitos vitales. Solo la idea de que el chaval protagonista invoque al espiritu de Bruce Lee -literalmente- para que sea su entreandor me parece suficiente para correr a verla. Además de que las escenas de pelea son realmente increíbles y el clímax final de duelo entre McKinney y Van Damme -«Ivan, el ruso» en la película- es sublime.
Fuera de eso, nada es muy reseñable y se siente ridícula en muchas ocasiones, pero se agradece una película así en el marco de Cutrecon. Le suma lo divertido que es ver a un director hongkonés replicando todos los clichés de la sociedad estadounidense del momento para hacer su película más «realista».
Un despiadado señor del crimen, con la ayuda de su asistente Jaws, encuentra a su rival cuando el intrépido ‘El Gran Puño’ (Cüneyt Arkin) se cruza en su camino y derrota todo lo que le envían.
CutreCon nos vendió esta película como «El James Bond turco», supongo que es un título más fácil y directo que el original, y realmente tenían razón. El personaje de Arkin se pasa toda la película bebiendo copas en un bar y dando rienda suelta a su lascivia con cualquier mujer, más o menos como el agente 007 solo que hablado en turco. «Esto es cosa de hombres» repite el miserable protagonista hasta la extenuación a su compañera femenina cada vez que intenta entrar en acción. Como queriendo darle una frase identitaria al personaje para hacerlo memorable. Así como a todo responde con «me da igual».
Si Bond a veces deja que desear, este tipo es directamente repulsivo además de estúpido. Por otro lado, tuvimos «el placer» de ver una copia digitalizada a partir del negativo original. Un celuloide que pudimos intuir estaría en pésimas condiciones, lo que hizo del visionado una experiencia cutre aún más inmersiva.
Tiene escenas robadas de películas reales de la saga de James Bond, así como fragmentos musicales de otras obras, pero sin duda el momento más memorable es cuando, durante una persecución, el coche del protagonista atraviesa el escaparate de un concesionario y la marca del mismo aparece literalmente TACHADA en la imagen. Los montadores rayaron esa parte del negativo para no hacer publicidad. Truquitos de producción sencillamente increíbles.
Un tipo que lleva una vida miserable busca salir del barrio copado por la delincuencia y precariedad en que vive, cuando depronto se ve inmerso en una trama de de asesinatos y destrucción en que personajes de lo más variopintos luchan por sus propios intereses.
Basada en el videojuego homónimo -como no podía ser de otra manera en una película de Uwe Boll-, Postal es de lo más irreverente que he podido ver. El propio director dijo antes de su proyección que es una película cancelable desde sus primeros minutos y que hoy en día no podría hacerse. Además dijo que es su película favorita de las que ha dirigido y que le parece un humor válido porque ataca a todos por igual, como debe ser. No voy a reproducir literalmente ninguna escena del filme por si acaso, pero es una macedonia de humor negro extremo sobre musulmanes, hippies, negros, gordos, nazis, enanos… Es algo increíble y una de las mejores películas que hemos visto en Cutrecon este año, sobre todo por lo divertida que resulta.
El propio Uwe Boll hace un cameo interpretándose a sí mismo y hace un chiste sobre judíos totalmente cancelable (véase la película para averiguarlo). Aunque quizá en su último tercio decae un poco y se hace algo excesiva, en general es una película bastante sólida en que todos los frentes abiertos se resuelven con bastante efectividad. Una pequeña joyita que, sin ser una obra maestra, sirve para responder cuando te pregunten sobre una película cancelable. Solo diré que la primera escena sucede dentro de uno de los aviones del 11-S. ¡Además hay cameo de J.K. Simmons!
Cutrecon llegó a su fin para mí después del penúltimo día de programación, pero la noticia de su temática «catástrofes» me inspira una enorme confianza para la próxima edición. El año que viene intentaré asistir a todo lo que pueda como llevo haciendo estos dos años. ¡A seguir viendo cine de mierda!
Muchas gracias por leerme y ¡larga vida a Cutrecon!
Continuamos analizando Star Trek: Starfleet Academy (Academia de la Flota Estelar), la serie que, creada por Gaia Violo, es la duodécima (novena en live action) de una franquicia que en este 2026 cumple sesenta años, El tercer episodio, que hoy nos ocupa, se titula Vitus Reflux y puede ser visto por Skyshowtime para España y Paramount+para América Latina.
Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Aquí estamos para analizar un nuevo episodio de Star Trek: Starfleet Academy, en este caso el tercero que, si bien avanza en desarrollar personajes, es bastante más ligero que los anteriores y acentúa el carácter juvenil de la serie al tiempo que retroceden los guiños al resto de la franquicia.
Pasamos pues a analizarlo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden echar ojo en esta web a nuestros análisis previos de esta y otras series del vasto universo Star Trek.
El episodio comienza con relato en off de Darem Reymi. Suena como bitácora pero no tiene sentido porque es un simple cadete y tampoco están en viaje (de hecho es la segunda entrega consecutiva sin salir de San Francisco). Se trata en realidad de una “carta” a sus padres o su equivalente en el siglo XXXII, lo cual nos hace prever un capítulo dedicado mayormente a conocerle y explorar sus conflictos familiares, sin ser extraño que de aquí en más y por el resto de la temporada se siga idéntico camino con los demás cadetes de la Academia.
Dice que en todo lo que hizo se propuso siempre ser el mejor, por lo que es el último en ir a dormir y el primero en levantarse, pero resulta que cada mañana Genesis lo madruga (literal) y ello inflige en su ego una herida, sobre todo porque siente encima la mirada de sus padres aun cuando no estén allí.
La convivencia entre los alumnos de la Academia y los de la Escuela de Guerra es complicada y alcanza su punto álgido cuando, después de una ducha sónica, los cadetes de la primera son sorpresivamente transportados y sacados a pasear por todo el predio con poca o ninguna ropa. Los responsables de la humillante broma son sus rivales de la Escuela de Guerra, que se jactan de haberlo hecho porque simplemente pueden.
Preocupada, Lura le plantea la cuestión a Nahla que, con su habitual actitud informal y distendida, desdeña en principio el asunto como “cosas de niños que sobrevivieron a la Quema” pero, a pesar de ello, se termina comprometiendo a tomar cartas y hablar con Kelrec. Mientras tanto, se halla preparando un spot de propaganda de la Academia que hace recordar bastante a uno similar en Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997).
A todo esto y como nos enteráramos sobre el final del episodio anterior, Tamira está entrenando con la Escuela de Guerra y ello no puede sino generar fastidio en Caleb, que se cruza con ella en el campus y, duelo de baloncesto mediante, le manifiesta su consternación de que se haya enrolado con la misma.
Lo suyo no es simple sorpresa o curiosidad; también decepción porque pensaba que había algo entre ambos, pero ella, sin dejar de sonreír pero terminante, le replica con un “somos desconocidos”. Hablando Caleb el asunto después con Ake, esta le sugiere que lo mejor que puede hacer es buscar controlarse a sí mismo, pues no puede controlar a los demás.
Planta Vengadora
Nahla habla con los cadetes sobre los hechos sucedidos pero, más que aplacar los ánimos, les desliza de modo cómplice una idea de cómo vengarse al mostrarles un ejemplar de la planta Vitus Reflux, básicamente un hongo al que define como empático, pero muy útil para dejar en ridículo a alguien, lo cual Caleb comprueba cuando comienza a repetir cada una de sus frases.
Tanto los cadetes de la Academia como los de la Escuela de Guerra participan de un entrenamiento conocido como “callica”, especie de competencia que parece extraída de alguna simulación de los ochenta o noventa, pues se ve como una mezcla de paintball y laser tags (hasta llega a oírse esa expresión, sorprendente después de mil doscientos años).
Básicamente, ambos equipos deben avanzar entre drones y disparos de fáseres para alcanzar un objetivo que protegen sus respectivas mascotas, las cuales, en uno de los pocos guiños trekkies del capítulo, se corresponden con un lapling del lado de la Academia y un mugato por la Escuela de Guerra: bah, cadetes disfrazados como tales en realidad…
Pero el juego no solo sirve para que compitan entre sí los bandos, sino también para definir, dentro de cada uno de ellos, quién es el que mejores requisitos reúne para ser capitán de su equipo. Entre los de la Academia, la confrontación se da especialmente entre Darem y Genesis, quienes llevan cabeza a cabeza cada etapa pero, al llegar a la última y en jugada sucia, él la distrae sacándole a relucir el conflicto que, como hija, tiene con su padre. Así, logra imponerse y, nombrado capitán, es paseado en una silla por el resto de los cadetes, pero a Genesis se le nota el disgusto por el recurso traicionero y poco ético que usó para conseguirlo.
El siguiente enfrentamiento, de todos modos, pone en evidencia las limitaciones que Darem tiene para tal puesto, pues son equivocadas una tras otra las decisiones que toma en el campo de simulación y ello hace que, casi por default, se terminen imponiendo las de Genesis, que se vale del carácter fotónico de Sam para generar un engaño (el equipo rival protesta pero no hay nada ilegal), a la vez que lanza una cortina de humo que hace que los propios disparos de los rivales sirvan para ubicar sus posiciones.
El triunfo, pues, corresponde a la Academia y Darem se acerca a Genesis para reconocer sus errores y felicitarla, además de pedirle disculpas por sacar a relucir la historia con su padre. De hecho, le cuenta la suya propia y, cómo, en su afán perfeccionista, sus progenitores fueron siempre para él una presión que le devastó especialmente cuando se retiraron después de que equivocara una nota en un concierto de belaklavion (instrumento bajorano de muy difícil ejecución).
A pesar de la algarabía por la victoria, Ake deja en claro que la mejor forma de ganar una batalla es sin un solo disparo, lo cual es una forma de anunciar la puesta en marcha la estrategia Vitus Flux. Merced a un engañoso abrazo, los cadetes de la Academia logran obtener el ADN de Kelrec y así Jay, quien no ha querido participar en ninguna de de las competencias por considerarlas violentas, consigue clonar su ojo para facilitar el acceso a los dormitorios de sus odiosos rivales.
Caleb acaba pues haciéndose pasar por la mascota de la Escuela de Guerra (es decir, se disfraza de mugato) y logra acceder a los mismos para infestar todo con plantas empáticas. Se cruza nuevamente con Tarima y, aunque no es el mejor contexto, vuelven a tener una conversación. Ella admite que si no se enroló con la Academia fue porque, debido a su cultura y formación, le asustó la libertad. La cosa entre ambos parece ir algo mejor y hasta hay un beso…
Las plantas, mientras tanto, comienzan a hacer estragos al crecer desproporcionadamente en los dormitorios de la Escuela de Guerra y replicar con tono gracioso cada una de las frases o expresiones de susto pronunciadas por sus cadetes. La venganza ha sido concretada y la Academia ganado el duelo, pero también aprendido una lección: la del valor de la cooperación y el trabajo en equipo. Llegan los nuevos uniformes y Darem deja la capitanía en Genesis por haber demostrado esta mejores condiciones de liderazgo.
Balance del Episodio
Como hemos dicho al comenzar, ha sido este un episodio de tono mucho más ligero. Ninguna situación de peligro real, ningún rescate en el espacio, ni tan siquiera una mínima negociación de diplomacia interplanetaria. Todo se ha centrado en los cadetes y sus guerras internas que, según se aprecia, no difieren gran cosa de las que sostienen hoy en día las hermandades en las universidades norteamericanas, o las casas, tribus, colores o alianzas en los colegios del mundo hispanoparlante.
Nos preguntábamos sobre el final del episodio anterior cómo haría la serie para lograr captar a un público nuevo y juvenil a la vez que retener al histórico de la franquicia. Pues visto este, pareciera que esa ambivalencia no parece preocupar mucho a los responsables y así como los dos primeros pudieron haber conseguido, contra toda especulación previa, retener a cierta audiencia trekkie, es posible que este la haya en buena medida espantado.
Lo que hemos visto en Vitus Reflux se parece más al prejuicio que teníamos antes de que la serie comenzara y eso no es bueno. Si este es el rumbo del resto de la temporada, está claro que la propuesta es una estudiantina adolescente sin siquiera tiene el elemento original que podría darle la exploración del espacio pues, al menos en los dos últimos capítulos, todo ha ocurrido en Tierra…
De hecho, y atendiendo a las palabras de Nahla, me da la sensación de que se busca crear un paralelismo entre los jóvenes que sobrevivieron a la Quema y los que en nuestra época vivieron la pandemia de COVID, lo cual se traduce en ambos casos en sensación de anomia y desencanto. No es, desde luego, que los cadetes hayan vivido la Quema, pero sí crecido en el caos que, por más de un siglo, sobrevino después de la misma…
Pero los términos y modismos que los jóvenes usan al hablar son, al igual que sus juegos, los mismos de nuestro tiempo y es en vano quejarse de ello si es lo que se busca. Hasta la banda sonora pareciera adecuarse, pues este tercer episodio sonó más a fiesta electrónica que a épica espacial.
El tono juvenil, por otra parte, lleva a que la trama busque la comedia de manera todavía más decidida en este capítulo y hay que decir que, lamentablemente, no de la mejor forma. Por lo menos en mi caso particular, solo me reí cuando Jay contó el chiste klingon y debió explicarlo. Allí, justamente, está el humor Star Trek en toda su esencia: colocar a los personajes en situaciones y contextos en que se ven ridículos. Los klingon, de hecho, siempre son graciosos y cómo olvidar el episodio de Strange New Worlds en que les vimos bailar y oímos cantar. Ojalá tengamos uno dedicado al bueno de Kraag…
Hay que reconocer, en ese sentido, que de todas formas el capítulo ha permitido un mayor desarrollo de personajes, especialmente de Darem, lo que dio lugar al lucimiento de un George Hawkins que hasta ahora poco había mostrado. Pero los guiños a la franquicia, esos que tal vez engañosamente nos mostraran en los dos primeros, han estado aquí prácticamente ausentes con la obvia excepción del nugato y el lapling. Alguna alusión a los gorn, pero no mucho más.
Lo que sí es muy Star Trek es el destacar la unidad y la cooperación como mensaje final. La contradicción, en todo caso, es que, si se busca reivindicar la iniciativa joven, el conflicto con los rivales (por cierto, unos imbéciles sin cerebro) termine resolviéndose con una idea de Nahla. Y ya que hablamos de ella, me preocupa ver al personaje cada vez más sobreactuado por Holly Hunter en el intento por mostrarla informal e irreverente. Que no acabe en caricatura…
En definitiva, un episodio bastante anodino y sin mucho para destacar. Solo nos queda esperar que haya sido simplemente un puente o transición hacia una trama más interesante o, mejor aún, una serie más sólida, pues hasta aquí hemos visto tres episodios por completo diferentes y ello delata que la serie carece de momento de personalidad propia, un rasgo que, por el contrario y la que más, la que menos, siempre tuvieron las series de Star Trek.
Ojalá la cosa cambie en el próximo capítulo, que les espero aquí para analizar. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…
Con Nicolas Cage en el papel principal, la serie Spider-Noir está cada vez más cerca de su estreno en Prime Video y tenemos doble tráiler, ya que hay uno en color y otro en blanco y negro…
Spider-Noir (que originalmente iba a ser llamada solo Noir)es una de las series live-action más esperadas de los últimos tiempos. En parte por revisitar el universo de Marvel desde un lugar alternativo y con una estética aún no vista para el mismo en pantalla, y en parte por ser el primer rol protagónico de Nicolas Cage en una serie televisiva o de streaming. Acaba de darse a conocer hoy el doble tráiler junto con la fecha de estreno.
La historia se ubica en los años treinta y nos presenta a Ben Reilly, detective fracasado y superhéroe retirado de la ciudad de New York que, en plena Gran Depresión, se ve obligado a volver al ruedo ante las presiones de su propio pasado.
La serie está desarrollada por Sony Pictures Television, Lord Miller, Pascal Pictures y Amazon MGM Studios. Además del mencionado Cage en el papel principal (quien también le había ya dado voz al personaje en la película animada Spider-Man: Un Nuevo Universo, de la cual pueden leer aquí nuestra crítica), el elenco incluye también a Lamorne Morris, Jack Huston, Li Jun Liy Brendan Gleeson, quien da vida al jefe mafioso Silvermane, principal antagonista del héroe de la historia.
La estética, como el propio nombre de la serie lo indica, responde a un estilo noir reminiscente de los filmes policiales de los años treinta y cuarenta, razón por la cual fueron lanzados dos tráileres. Uno de ellos, desde ya, en blanco y negro. O, como lo promociona Amazon, en «auténtico blanco y negro»…
Y aquí tienen la versión en color…
Esta diferencia de tratamiento estético no se agota únicamente en los tráileres, sino que la serie misma que, en experiencia inédita, podrá igualmente ser vista tanto en color como en blanco y negro. Por cierto, ¿cuál preferiremos ver? Vaya dilema en el que nos han metido…
Lo cierto es que la propuesta visual promete y mucho, así que estaremos pendientes del estreno, que tendrá lugar el 27 de mayo por Prime Video.