Malas noticias para los fans de los superhéroes en general y de Batman en particular. Warner Bros. ha anunciado que pospone el estreno de la secuela de The Batman un año entero, así que habrá que armarse de paciencia para volver a ver a Robert Pattinson enfundarse el traje. En vez de llegar a los cines el 3 de octubre de 2025 como estaba previsto hasta ahora la nueva cinta del Caballero Oscuro lo hará el 2 de octubre de 2026.
Según Deadline, la razón del cambio de fecha sería todavía (¡todavía!) las huelgas de actores y guionistas del año pasado que tantos retrasos causaron en las fechas de estreno de muchos proyectos. Con todo, ‘The Batman II’ llegará a los cines cuatro años después de la primera entrega.
No tenemos confirmación del resto del elenco de la primera parte, que recordemos incluía a Zoë Kravitz, Paul Dano, Andy Serkis, Colin Farrell y Jeffrey Wright, aunque todo parece indicar que si no todos, buena parte de ellos volverán a las pantallas en la cinta de 2026. Sin olvidar la más que posible presencia de Barry Keoghan dando vida al Joker.
Lo que si tenemos seguro es que el director volverá a ser un Matt Reeves que logró encandilar al público con su visión del personaje, recaudando la película un total de 772 millones de dólares en todo el mundo teniendo un presupuesto de 180 millones.
Así que los fans del personaje tendrán que conformase con El Pingüino, spin-off de The Batman que traerá de vuelta a la figura de Oswald Cobblepot, interpretado por Colin Farrell y que se adentrará en el vacío de poder en Gotham tras la caída de Carmine Falcone. Recordemos que se trata de una serie de ocho episodios que se emitirá a finales de este 2024 en HBO Max.
Beau DeMayo despedido. Esa es la frase. En una situación poco habitual. En vísperas del estreno de un proyecto, el guionista y productor que trabajó en Moon Knight (Caballero Luna) y Blade, Beau DeMayo ya no promocionará la serie ni seguirá adelante con las futuras temporadas.
A principios de este mes, Beau DeMayo se encontraba en medio de una época especialmente ajetreada en Marvel Studios. El guionista y productor estaba preparando el lanzamiento de X-Men ’97, la serie de Disney+ que creó como continuación de la querida serie de Fox Kids de los 90.
DeMayo, ya estaba haciendo planes para asistir al estreno de X-Men ’97 en Hollywood el 13 de marzo, pero es que ya ni va a acudir a la presentación de «su» serie. Pero es que hablamos de una persona ya que había trabajado para Marvel en el Caballero Luna y Blade. Todo muy extraño y misterioso.
No hay por ahora razones para su despido. Parece que se a principios de la semana pasada Marvel y DeMayo separaron sus caminos. Sabemos también que el correo de la empresa fue eliminado, y que se informó de improviso al equipo de trabajo y reparto que DeMayo ya no estaba en el proyecto. Incluso la cuenta de Instagram de DeMayo, que tantas historias contaba de los X-Men, también ha sido borrada de la faz de la Tierra.
Y es que ni desde Marvel, ni DeMayo, ni sus representantes han dicho nada, ni han devuelto las llamadas para aclarar este tema.
Sólo recordar que el estreno de la serie en USA es oficialmente el 20 de marzo. Una cosa es separar los caminos o despedir a una persona y otra bien diferente es lo que ha acontecido en esta ocasión.
El silencio en las redes sociales de DeMayo no ha pasado desapercibido ya que constantemente publicaba historias y noticias sobre X-Men, además de notas que calaron entre el colectivo LGBTQ. Hay que recordad que DeMayo era negro y homosexual, y era un activista defendiendo los derechos de su colectivo.
DeMayo fue uno de los niños que crecieron viendo la serie. El showrunner dijo en junio de 2022:
«Cualquiera que se sienta diferente, todos tenemos un Magneto dentro de nosotros, y todos tenemos un Charles Xavier. Todos tenemos una parte de nosotros que quiere quemarlo todo, y hay una parte de nosotros que quiere encontrar el compromiso y construirlo. Y esos cómics me ayudaron mucho a entender mi identidad».
Hoy hablamos de una película sobre deportes recién estrenada: The Boys In The Boat o (Remando como un solo hombre). Este género suele ser una fuente de motivación e inspiración, para superar momentos complicados de nuestra vida. Más allá de que la acción se desarrolle desde una perspectiva que a veces roza la fantasía, tengo que reconocer que una película bien hecha sobre un drama deportivo puede generar una buena dosis de optimismo y afán de superación.
El deporte es, como cualquier trabajo al que quieras dedicarte en la vida, un motor para el cambio en lo más profundo de la naturaleza humana, que nos incita a ser mejores. Y no hay nada mejor que el cine para captar esa esencia que muestra el ser humano por superarse.
Una de las cosas curiosas que tiene The Boys in the Boat, es que nos cuenta la historia de un grupo de estudiantes que no están buscando la gloria olímpica, sino que se acercan al deporte para alejarse de la pobreza que sufren cada día. Es a través del deporte que intentan encontrar una forma de ganarse la vida y, en último término, una manera de poder comer y vivir de una manera más digna.
Esa capa fina, en la que los detalles duros y las dificultades por las que pasan los personajes envuelve la trama principal, es lo que más me ha llamado la atención. Porque se muestra, no se explica, en pequeñas pero importantes escenas y diálogos a lo largo del metraje. Una cosa que consigue Clooney es que la cámara capte con naturalidad, desgranando lo cotidiano, para mostrarnos una situación con la que puede empatizar cualquier persona del planeta.
The Boys in the Boat es una película biográfica estadounidense de drama deportivo de 2023. Coproducida y dirigida por George Clooney a partir de un guion de Mark L. Smith. Una historia basada en el libro de 2013 del mismo nombre de Daniel James Brown. La película está protagonizada por Callum Turner y Joel Edgerton.
La trama de The Boys in the Boat se sitúa en la época de la Gran Depresión, centrándose en el equipo de remo de la Universidad de Washington, que llegó a ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Sobra decir que nos vamos a encontrar con carreras emocionantes, entrenamientos incansables, un entrenador duro pero justo, compañerismo, etc.
Pero sobre todo, un mensaje positivo sobre triunfos improbables, (ojo, lo bueno de los dramas deportivos es que las victorias ocurrieron de verdad). Lo importante de todo este cóctel, que no debe faltar en una película deportiva, es cómo se retrata al equipo que está dispuesto a vivir una historia de superación, y en eso hay que decir que Clooney consigue exhibir una puesta en escena impecable.
Quizás uno de los fallos de The Boys in the Boat es que el peso de su narrativa se reduce a presentarnos los hechos y logros de los personajes de una manera demasiado distante.
Aun cuando las escenas de entrenamiento en el agua estén bien filmadas, esa frialdad impide a veces seguir con interés a los deportistas, esta limitación perjudica a la película ya que logra que no terminemos de emocionarnos del todo, ni con la historia, ni con los personajes. Una distancia que termina por distraer al espectador a la hora de implicarse en las hazañas de los remeros; por lo menos a mí me han faltado unos cuantos gramos de épica o tensión. Puede ser que le falte algún buen discurso en el vestuario o una buena charla motivacional, con su música épica de fondo que nos haga recordar esa secuencia durante décadas.
The Boys in the Boat sobresale por su ambientación de la década de los treinta, desde las indumentarias de los deportistas hasta el vestuario en general. Incluso las localizaciones y el aspecto que destilan sus composiciones de plano.
A destacar: la parte final, cuando llegan al Berlín de los Juegos Olímpicos de 1936, momento que sí logra crear un poco de tensión dramática antes de la final ansiada.
En cuanto a los personajes, están correctos sin más. Quizás destaque algo más Joel Edgerton como entrenador, pero se queda un poco lejos de emocionarnos como lo hace, por ejemplo, el Samuel L. Jackson de Coach Carter.
The Boys in the Boat, refleja muy bien la época en la que tuvieron lugar los hechos. Durante la Gran Depresión, un gran número de familias en Estados Unidos vivían endeudadas y prácticamente en la miseria. Y he aquí una de las virtudes de la película: las dificultades son lo que impulsa a querer participar en el equipo de remo. Y gracias a ello, los miembros del equipo son capaces de aprender a esforzarse y a trabajar por un objetivo común. Porque esto les da la posibilidad de cobrar una beca, tener un lugar donde dormir y algo de comida en el plato.
Toda esta época de dificultades se desvela mediante trazos finos durante toda la película, con la que consigue ser capaz de captar la atención del espectador gracias a su sutileza. Se muestra en la magnífica escena en que el protagonista se reencuentra con el padre que lo abandonó cuando era niño. Una conversación breve, dura, seca que dice mucho más de la época y del conflicto del abandono que muchas otras películas en su total duración.
Otro diálogo a destacar en The Boys in the Boat es el que mantiene el protagonista con su mentor, el viejo que se dedica a fabricarlos barcos. Este discurso sí logra traspasar la pantalla y llenarnos de empatía con sus breves pinceladas de emoción y sabiduría: las palabras y las emociones fluyen como el bote que se desliza con suavidad por el agua. Aquí sí se logra transmitir la magia del cine, que nos muestra que la vida es fluir entre la corriente con sus infinitas curvas, con el temor de caerte al agua y donde, para mantenerte constante, simplemente hay que aprender a fluir hasta llegar a la meta.
En definitiva, lo mejor de The Boys in the Boat, es que consigue que las imágenes, los diálogos y el tempo narrativo logren fluir como una buena película que consigue su meta, que no significa más que llevar el flujo de la vida hasta la emoción del espectador.
Aquí os dejamos el tráiler de The Boys in the Boat.
Continuamos analizando Los Amos del Aire, miniserie que, producida por Steven Spielberg y Tom Hanks, retrata los eventos y personajes ligados al 100° Grupo de Bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial, tocándonos hoy el octavo y penúltimo episodio, cuyo título es simplemente Parte 8. Creada y desarrollada por John Shibany John Orloff, la miniserie es emitida semanalmente por Apple TV+.
Bienvenidos nuevamente para analizar otro episodio de Los Amos del Aire, octavo y penúltimo de una miniserie que está tocando a su fin. En cinco escenarios y tres arcos distintos, el mismo nos cuenta por un lado sobre el Día D, aunque tocando el desembarco de manera tangencial y, obviamente, desde el aire. Por otro, nos trae al 332° grupo de combate aéreo, mejor conocido como “los pilotos de Tuskegee”, el cual estaba íntegramente compuesto por afroamericanos.
A falta de una única entrega, pasemos a ver qué nos ha dejado esta octava, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Noticias de Normandía
Comenzamos enStalag Luft III, donde John, en soledad, juega un imaginario partido de béisbol. Se le nota cada vez más hastiado e impulsivo: no soporta un día más allí y ello genera un nuevo cruce con Gale, que le llama a tener paciencia y pensar en lo ocurrido con los británicos que intentaron fugarse.
En algún momento están a punto de tomarse a golpes, pero son separados por el resto y la situación se diluye al notar nerviosos a los alemanes…
De inmediato, Gale entiende lo que está pasando: los aliados han desembarcado en Europa Occidental y así lo confirman las transmisiones de radio que pescan en la noche con el receptor que mantienen oculto, como también que los rusos ya han entrado en territorio alemán desde el este. Son desde luego noticias alentadoras, pero también abren un interrogante sobre el destino de los prisioneros si es que los nazis se ven obligados a abandonar el campo de un momento a otro. De hecho, a los pocos días el lugar está bajo control de las SS…
Pilotos de Tuskegee
En Italia, nos encontramos con un cuerpo de aviadores compuesto íntegramente por afroamericanos: es el mítico 332°, habitualmente referido en la segunda guerra mundial como “los hombres de Tuskegee” en alusión a la academia que los formaba. El clima de camaradería interna es fuerte y, de entre los pilotos, la trama se centra principalmente en el teniente segundo Alex Jefferson (Branden Cook), un apasionado del dibujo, el jazz y Lena Horne.
Aun cuando mayormente el cuerpo tiene éxito en sus ataques contra objetivos italianos, sus miembros están algo desencantados y reclaman un papel más activo en misiones de mayor importancia sobre territorio dominado por los alemanes. Está claro que se les da un papel secundario y, de hecho, el teniente segundo Richard Macon (Josiah Cross), se queja justamente de que allí hay solo tenientes segundos y nadie jamás asciende. La razón es obvia, pero el comandante Davis replica no poder “cambiar el clima…”
No obstante, los deseos se vuelven realidad y les es asignada una misión contra tres objetivos en el sur de Francia a los fines de destruir radares alemanes. El clima es de euforia porque además, y para poder volar a mayor altura, se les asignarán cazas P-51 en lugar de los P-40 que venían utilizando. La buena noticia, sin embargo, trae aparejada una mala y es la autonomía de vuelo, pues los cálculos de Bacon indican que las largas distancias hacen posible que se queden sin combustible para regresar.
El coronel Davis, a cargo del grupo, le da en efecto la razón y sugiere liberar el mayor peso posible dejando caer los tanques cuando estén ya vacíos y regresar lo antes posible a territorio aliado para aterrizar en donde se pueda: lo que se dice casi una misión suicida.
Mientras dormías…
En la base de Inglaterra, todo está listo para un plan de acciones aéreas en apoyo del desembarco en Normandía. Crosby, de hecho, es quien está planificando las rutas misión tras misión sin siquiera dormir y absolutamente empastillado, aun a pesar de que sus compañeros le insisten en que duerma.
Finalmente tanto cansancio se paga y cae al piso inconsciente para despertar en el hospital tres días después con la noticia del desembarco ya ocurrido y Rosenthal como privilegiado narrador de primera mano al haber participado del apoyo aéreo del mismo sin haberse enfrentado, según cuenta, con un solo avión de la Luftwaffe.
Crosby quiere volver al trabajo, pero el coronel Jeffrey, quien está a cargo en reemplazo de Bennett, le pone al tanto de que los altos mandos han dispuesto para él unas vacaciones, lo cual significa que regresará a New York durante cuatro semanas y no tiene posibilidad de decir que no.
Rosenthal envidia su suerte, pero a Crosby se le ve preocupado: no está seguro de que todo esté igual a su regreso y especialmente su esposa Jean.
Por otra parte, no tiene noticias de la subalterna Westgate, de quien incluso, al llamar por teléfono para ubicarla, se entera que es aludida como capitana: o fue ascendida o nunca le contó todo. De hecho, la vemos por un momento a bordo de un tren en la Francia ocupada mientras un oficial alemán le pide su documentación, lo que deja claro que sus famosas misiones tienen que ver con espionaje.
Aun sin llegar a hablar directamente con ella, Crosby logra de segunda mano concertar encuentro en un hotel de Londres, pero la historia se repite y al llegar a la habitación, solo encuentra una nota suya excusándose por haber tenido que partir en misión nuevamente…
Colores
Mientras tanto, los hombres de Tuskegee han iniciado sus acciones sobre el sur de Francia. En una de las mismas, cuatro cazas logran destruir un par de radares, pero el fuego alemán, sumado a los problemas de combustible, hacen que un avión caiga al agua y los otros tres a tierra con el resultado de que sean capturados sus pilotos Alex Jefferson, Richard Macon y Bob Daniels (Ncuti Gatwa).
Sometidos a interrogatorios, estos contestan parecido a como antes lo hiciera John: solo nombre, rango y número de identificación. Uno de los interrogadores echa sal en las heridas del racismo norteamericano al preguntar por qué combaten por un país que los trata tan mal y hace incluso referencia a Watts, el famoso vecindario de Los Angeles en que fuera confinada la población afroamericana desde los años veinte. Macon replica que su país tiene defectos pero no sabe de uno mejor.
Los tres acaban siendo llevados a Stalag Luft III y ello hace que sus destinos se unan con los allí recluidos. De manera paradójica, los nazis han logrado lo que los americanos no: blancos y negros conviviendo en un mismo ámbito, aunque lo de convivir es solo un modo de decir porque el clima entre los prisioneros es tenso y con miradas de pocos amigos.
Gale, no obstante y superada, por consejo de John, su reticencia inicial, se acerca a los recién llegados y termina hablando amigablemente con Alex sobre diseños de aviones a escala. Por casualidad y en el interior de un libro, encuentra un mapa que revela que los negros están tramando una fuga, pero contrariamente a la postura antes mostrada con John, dice ahora que deberían trabajar juntos. Ambos oficiales se presentan mutuamente y estrechan sus manos en actitud de confianza.
Balance del Episodio
Y ya nos vamos acercando al final. Nos queda una sola entrega y se advierte el desenlace como inminente en la medida en que la derrota de la Alemania nazi se cierne tanto desde el este como desde el oeste. También puede apreciarse cómo, con el correr de la serie, las acciones aéreas van mermando para dejar lugar más bien a sus consecuencias humanas en tierra, lo cual tiene sentido porque Alemania se va quedando sin aviones y, además, lo que queda del 100° está bastante disperso.
Gran recurso, por cierto, que el desembarco en Normandía haya sido pasado por encima (nunca más literal) o prácticamente en off, lo cual queda respectivamente graficado en esa magnífica imagen sobrevolando la playa (presumiblemente desde el avión de Rosenthal) o en el hecho de que Crosby, a lo Rip Van Winkle, se lo haya perdido todo por estar durmiendo.
Y es lógico que el Día D discurra de manera tangencial, ya que no es el centro de la serie y la dupla Spielberg-Hanks cuenta al respecto en su haber con la película Salvar al Soldado Ryan (1998), así como con la serie Hermanos de Sangre, que tocaba las acciones de tierra adentro.
El confinamiento y la reclusión de los prisioneros ha pasado a ocupar claro lugar de relevancia y más ahora con el agregado de la mezcla étnica favorecida irónicamente por los nazis. Es un planteo interesante el que los mismos que se horrorizaran ante los trenes repletos de judíos miren mal a los afroamericanos que van llegando, como también una gran ironía que el interrogador alemán juegue como carta a su favor la referencia al vecindario de Watts, pero evite, obviamente, cualquier alusión al gueto de Varsovia.
El discurso o los sentimientos antirracistas terminan por ser acomodaticios según circunstancias: un comodín para jugar cuando conviene, lectura que puede hacerse extensiva a los días actuales. Y los propios Estados Unidos hacen gala de ello al negar a los negros misiones importantes (presumiblemente por no considerarlos capaces), pero sí enviarlos en una prácticamente suicida, lo que me trae recuerdos del filme Tiempos de Gloria (Edward Zwick, 1989), con la triste historia, durante la guerra civil americana, del Regimiento 54 de Massachusetts, también integrado por afroamericanos enviados a morir.
Por cierto, los pilotos de Tuskegee han tenido una destacada participación en las acciones aéreas finales de la segunda guerra mundial y, sin embargo, siempre ocuparon una segunda línea en el relato oficial hasta que, recién en 2007, el entonces presidente George W. Bush condecoró a los sobrevivientes del mismo o a sus viudas.
La serie sigue muy bien, pero continúa mostrando problemas con el tiempo otorgado a los personajes secundarios y al desarrollo de los mismos. Ya lo hemos vivido en el episodio anterior con Quinn y Bailey, aparecidos en bicicleta en Thorpe Abbots sin que supiéramos qué diablos había pasado desde que les dejáramos y aun a pesar de que se les había dado buen desarrollo a ambos e incluso a personajes ligados a la resistencia belga que les asistiera (por cierto y como era de prever, tampoco hubo en este capítulo flashback alguno que nos ilustrara sobre ello).
Algo parecido, pero a la inversa, ocurre aquí con los pilotos de Tuskegee, no porque desaparezcan de repente sino justamente porque es así como aparecen. Hubiera sido mucho más interesante, creo, que su historia hubiera sido contada en paralelo durante los episodios anteriores para que estuviéramos más familiarizados con ellos al llegar a este punto en lugar de verles simplemente caer de la nada.
Con respecto a ellos, dos datos interesantes. Por un lado, es increíble como Spielberg sigue rindiendo auto homenaje a aquel episodio de la serie Cuentos Asombrosos titulado La Misión pues, al igual que aquí ocurre con Jeff, el artillero que quedaba atrapado en la torreta lo pasaba haciendo dibujos y soñando con trabajar para algún gran sello. El otro: si les resulta conocido el rostro de Ncuti Gatwa, es posible que le hayan visto interpretar a Eric Effiong en la serie Sex Education o bien lo ubiquen actualmente como la decimoquinta encarnación del mítico Doctor Who.
En definitiva, la serie sigue volando por lo alto más allá de que sus protagonistas estén ahora mayormente en tierra y de que algunos personajes no tengan en pantalla el tiempo o tratamiento que quizás merecerían. Nos queda un solo capítulo y de más está decir que les espero aquí para analizarlo.
Se acabó lo que se daba. Con la alegría de haber disfrutado de la lectura de una de las mejores series de cómics que se han publicado en los últimos años y con la tristeza de saber que ya no vamos a ver más sus protagonistas, nos despedimos de El Sexto Revolver con la publicación por parte de Norma de su sexto y último tomo.
El resumen de la editorial de este libro es el siguiente: Las puertas del Armagedón se han abierto y el mundo que conocemos ha sido destruido. Ahora, Griselda y sus secuaces están cruzando el Reino de la Muerte para encontrar el Taller del Diablo. A la zaga le van Drake Sinclair y Becky Montcrief, en su intento de detener a la Bruja gris antes de que tome el control del Taller y recree el mundo según sus deseos. ¡Viejos amigos, y antiguos enemigos, reaparecerán en este apocalíptico final de El sexto revólver! Adicionalmente, dos historias complementarias: el viaje de los chamanes y guerreros de las cuatro tribus a la puerta del Reino de los Muertos para evitar la llegada de Los Seis; y la historia de Billjohn y su hija Sally.
En esta ocasión el volumen se divide en tres partes, siendo la primera Boot Hill, el final de la historia propiamente dicho. Después se añaden las miniseries El valle de la muerte y Polvo al polvo que sirven como epílogo y cierre de la colección.
El Sexto Revolver es, para el que suscribe, uno de los cómics más recomendables que os podéis llevar a vuestras tebeotecas. El camino que han seguido Drake Sinclair y Becky Montcrief y sus aliados para enfrentarse a las huestes la Bruja Gris en la búsqueda de los seis revolverés no ha podido ser más emocionante, divertido y aterrador. Ahora ha llegado el momento de cerrar la trama, algo que en más de una ocasión no han sabido hacer los responsables de grandes historias que nos han tenido enganchados durante años (PerdidosoJuego de Tronos).
Pero ya os garantizo que Cullen Bunn ha sabido terminar su western sobrenatural de manera perfecta. Y lo que es mejor, lo ha hecho sin artificios, sin trampas, sin giros de guion absurdos. El final que nos ofrece es coherente con todo lo que hemos leído hasta ahora, ofreciendo un cierre emotivo que es imposible leer sin que se salte una pequeña lagrimita después de haber cogido cariño a todos los personajes que pueblan las páginas de un cómic casi perfecto.
Además el señor Bunn se da el gustazo de volver a jugar con todos sus juguetes, trayendo de vuelta a casi todos los personajes que han poblado la serie. Después de todo, estamos en el Reino de la Muerte, así que tampoco es de extrañar que vuelvan a aparecer viejos conocidos que todos hemos echado de menos. Es un verdadero placer volver a ver interactuar a viejos amigos a la vez que los vemos enfrentarse a enemigos que todos odiamos. Y siempre con un desarrollo de personajes perfecto, una de las marcas de la casa en esta serie. Becky, y sobre todo Drake, han crecido como personas a lo largo de un viaje que les ha exigido mucho física, pero sobre todo mental y emocionalmente. Y son fruto de ese crecimiento las decisiones que toman los protagonistas que llevan al desenlace de la serie.
Y todo sin olvidar la espectacularidad que requería la ocasión. En las páginas de este volumen vamos a ver una batalla de proporciones épicas, que digo épicas, bíblicas (por lo que está en juego). El ejercicito de la Bruja Gris quiere llevar a su líder al Taller del Diablo para que rehaga la realidad a su antojo y solo Drake, Becky y sus aliados pueden hacerles frente. En esta sangrienta contienda no faltará nada, desde los momentos más espectaculares, a las escenas de lucimiento de casi todos los protagonistas, sin olvidar enfrentamientos cara a cara que hielan las venas, con unos diálogos afilados cual navajas que cortan la respiración.
Como colofón tenemos dos historias que se centran en otros personajes de la serie. En El valle de la muerte vamos a disfrutar de una historia de lucha y sacrificios en la que los indios tendrán que viajar al Reino de la Muerte para cerrar sus puertas y donde vamos a conocer más del pasado del chaman Cuervo Aullador. En Polvo al polvo leeremos una triste historia donde sabremos más del pasado del bueno de Billjohn. Como siempre he comentado, estas historias dotan de mayor trasfondo al universo de El Sexto Revolver y siempre es un placer leerlas. Además, sirven a un propósito mayor ya que dotan de profundidad a los personajes y al final hay algunas que han resultado ser muy importantes. Por ejemplo, no se puede entender al personaje de la Bruja Gris sin conocer su pasado, fuente de sus poderes y sus motivaciones, al igual que resulta de vital importancia Días de los muertos, la miniserie que pudimos leer en el quinto volumen y que explica el odio irracional de Jesup Sutter hacia Drake y que tan peligroso resulta en el devenir de la historia y su final.
En cuanto al apartado artístico, dejando aparte la buena labor de A. C. Zamudio y el habitual Tyler Crook en las historias complementarias, solo puede decir que Brian Hurtt logra ofrecer un do de pecho magistral en las páginas que nos cuentan la batalla final que cierra la historia. Hemos podido ver como el dibujo de Burtt ha ido creciendo número a número hasta logar hacerse de manera magistral con el tono que una serie como esta necesita. Es increíble lo bien que luce su estilo entre cartoon y europeo en una historia tan áspera y oscura como esta, dotando de una gran personalidad a los personajes y ofreciendo unos diseños de personajes, criaturas y escenarios realmente increíbles. Como punto final, nada mejor que unas planchas realmente espectaculares en una batalla que luce espectacular a la vez que sangrienta, heroica y sanguinaria y con una enorme facilidad de lectura, sin momentos confusos, con todas las escenas claras y bien expuestas, lo que no hace más que ensalzar la habilidad de Brian Hurtt como un gran narrador gráfico. Tampoco podemos dejar de mencionar el trabajo en el color de Bill Crabtree, dando siempre el tono perfecto para un acabado artístico sencillamente fabuloso.
La edición de Norma tiene la calidad acostumbrada, incluyendo el último arco argumental de la serie principal (números 48-50) y las miniseries El valle de la muerte y Polvo al polvo en un total de 368 páginas encuadernadas en tapa dura y como siempre con multitud de extras. Destaca una divertida historieta titulada El pequeño sexto revolver a cargo de Cat Farris y en la que vamos a ver a los protagonistas en plan “superdeformer”. El precio de venta es de 39,95 euros.
Sobre este formato de edición me han llegado algunos comentarios negativos en el sentido de que incluir tantos extras (que en muchas ocasiones algunos podrían considerar superfluos) hace que aumente mucho el número de páginas de cada volumen, incrementándose así su precio. A este respecto señalar que Norma no ha tenido ni voz ni voto en el formato ya que se ha limitado a publicar en nuestro país la edición original de Oni Press tal cual se editó en EEUU. Por otro lado, es cierto que el precio de los volúmenes es caro, pero no podemos olvidar que estamos ante una edición de lujo que recoge todas las publicaciones del universo del Sexto Revolver sin dejar nada en el tintero. Y además es innegable lo bien que quedan los seis volúmenes (tenían que ser seis) en la estantería. ¿Es caro? Probablemente. ¿Merece la pena? Desde luego que sí.
En resumen, este sexto volumen de El Sexto Revolver supone un cierre perfecto para una de las mejores series de cómics que se han publicado en los últimos años. Me he cansado de repetirlo, pero Cullen Bunn y Brian Hurtt han logrado contar una magnífica historia de fantasía dentro de un género como el western, no demasiado dado a elementos fantásticos. Es realmente magnífico como los autores se las arreglan para colocar todas las piezas en su sitio al final, respondiendo a todas las preguntas que habían ido quedando pendientes a lo largo de la trama para cerrar la historia de una manera sencillamente perfecta. Si te gustan las buenas historias, con un gran desarrollo de personajes, con elementos fantásticos y grandes batallas y con momentos de una enorme emoción, no lo dudes, El Sexto Revolver es una compra obligada.
‘Carretera fantasma’ es la nueva ‘no sorpresa’ de Jeff Lemire, ya que el guionista está ‘on fire’ (como dicen los modernos) y cada cómic suyo aprueba con muy buena nota. Este nuevo título viaja por esos lugares tan sombríos en los que este autor se encuentra tan cómodo y que tan buenos resultados le dan.
De la mano de Astiberri tenemos este tomo de 136 páginas en cartoné que es el principio de algo que apunta a ser excelente a la par que desconcertante.
“Dom es un camionero de larga distancia que intenta escapar de su trágico pasado, marcado por una familia desestructurada y el consumo de drogas. Cuando una noche se detiene tras presenciar un accidente de tráfico, conoce a Birdie y su vida da un vuelco. Entre los restos, hallan un objeto que le pone la quinta marcha a sus vidas. De pronto, lo que aspiraba a ser uno más de sus viajes nocturnos se convierte en un periplo frenético a través de un mundo surrealista donde Dom y Birdie se ven transformados en presa de extraños e imposibles monstruos.”
En cuanto leí la premisa de esta nueva historia de Lemire me lancé a ella por las reminiscencias que me tría su sinopsis a una vieja serie de RTVE llamada ‘Historias para no dormir’ en la que este guion encajaría perfectamente. Cierto es que años antes en EE.UU tuvieron ‘Twilight Zone’ que tiene el mismo planteamiento.
Es obvio que Jeff Lemire ha cogido esa premisa y la ha mezclado con su increíble imaginación para crear una trama que nos engancha desde la primera página con ese diseño de tira cómica que me ha dejado muy descolocado.
Hay muchas situaciones o recursos que se suelen utilizar para adentrar al lector en un mundo desconocido y explicar ciertos detalles o pensamientos de los personajes. Me refiero a la voz en off. Aquí no la vamos a tener y somos lanzados, como los protagonistas, a esta aventura en la que todo es sorprendente para que compartamos con ellos su sensación de alienación.
Al igual que ocurrió con ‘Diez mil plumas negras’, Lemire asienta la trama en una creación de personajes muy interesante, pero sin ser sobre explicativa. En solo un par de páginas ya sabes cómo son Dom y Birdie sin caer en clichés ni repeticiones tediosas.
Si todo esto no es suficiente para enancharte a las páginas de ‘Carretera fantasma’, nuestro amigo Jeff se saca de la manga a una agente del FBI llamada Theresa Weaver y otros de los que no hablaré (por el bien del disfrute de la trama) para dar un puñetazo en la mesa y dejarnos más confundidos.
El extraño objeto que los transporta a esa realidad alternativa es un McGuffin en toda regla para que avance la trama, pero no se termina de sentir forzado. Que los personajes se hayan topado con él de forma casual ayuda, el tema de ‘ser los elegidos’ cansa si no es bien llevado.
No paro de hablar de Lemire como guionista, aunque no es quien lleva el peso de la historia en ‘Carretera fantasma’. Ese trabajo lo tiene el dibujo de Gabriel H. Walta y el color de Jordie Bellaire. El guionista da un paso a un lado y son pocos los diálogos que tendremos en este primer tomo, así que son los trazos y colores los que dominan el relato.
Tanto Walta como Bellaire realizan un trabajo para quitarse el sombrero. Si el guion es bueno, el apartado artístico lo eleva más si cabe. Ver como con un simple reflejo en el parabrisas del camión arranca un recuerdo o como el color es casi un personaje más es un gustazo.
Conclusión
‘Carretera fantasma’ me ha convertido (más aun) en un fan de Lemire, pero la mayor parte de la culpa se la podemos achacar a Walta y Bellaire que han dado impulso a una trama con ese regustillo a las series mencionadas anteriormente.
Este comic consigue atraparte desde el comienzo, jugando con esos viajes entre realidades tan fáciles como cruzar una puerta. Todo esto con dos personajes protagonistas que se ven involucrados en una historia que ni quieren ni buscan y que tienen la suficiente profundidad para ser tan atractivos como para que deseemos acompañarlos en su periplo.
Lemire nos plantea una historia que nos deja más interrogantes que respuestas y que tiene visos de ser intensa y adictiva en sus sucesivos números.
A principios de febrero, Prime Video nos trajo una serie que, por su título, parecía que iba a ser una nueva versión de la película protagonizada en 2005 por Brat Pitt y Angelina Jolie: Mr. & Mrs. Smith. Con un total de ocho episodios, esta ‘nueva adaptación’ está protagonizada por Donald Glover en el papel de John Smith, y Maya Erskine como Jane Smith.
Creada por el propio protagonista masculino, esta versión del matrimonio espía nos aleja de la acción y nos adentra a una historia más humana que nos habla de la relación de esta pareja. Y tengo que decir, que en ciertos momentos les resulta más fácil ser espías que vivir en una relación.
Dos desconocidos consiguen superar la entrevista de un ordenador para el puesto de trabajo al que se han presentado. Ninguno de los dos tiene claro lo que ese nuevo trabajo significa, pero quieren empezar una nueva vida más emocionante, o por lo menos eso es lo que prometía la oferta de trabajo: una vida de espionaje, riqueza y viajes.
La única desventaja será que ambos deben dejar atrás su vida anterior; borrar por completo su pasado y, por supuesto, desconectar con todas las personas que hasta ese momento conocían. Ah, y también que se convertirán en un matrimonio: John y Jane Smith, analistas de software, Mr. & Mrs. Smith.
Todo lo anterior no supone ningún problema para Jane, una persona solitaria con problemas de confianza. Su forma de ver la vida, analizando cada detalle y siendo siempre muy directa, choca de lleno con el carácter más afable de John, un hombre más confiado al que le gusta relacionarse con la gente gracias a su facilidad de palabra.
Ambos han sido unidos, obligados a vivir bajo el mismo techo como matrimonio y también como pareja de espionaje. Tendrán que acostumbrarse a convivir y a trabajar codo con codo en cada una de las misiones que les irá encomendando una persona anónima a la que llaman HiHi.
Dichas misiones solo nos van a servir para que la relación entre ambos se vaya desarrollando y también consolidando. Iremos pasando de la desconfianza a un nuevo pensamiento que les llevará a abrirse un poco a su compañero de piso. Al fin y al cabo, sus vidas podrían depender el uno del otro en algunos momentos y mejor confiar mutuamente. Todo ello desembocará inevitablemente en una relación amorosa (ya sabemos que el roce hace el cariño) con sus altibajos correspondientes.
Así que, en esta nueva versión de Mr. & Mrs. Smith la acción no es lo importante. Se centra más en esa situación tan especial que supone juntar a dos completos extraños y hacerlos pasar por una pareja mientras los expone a misiones donde la vida de ambos está en peligro. Podríamos decir que parece un experimento psicológico para ver sus reacciones, y más cuando sabemos que no son los únicos Mr. & Mrs. Smith que existen, y todavía más conforme vamos viendo el extraño comportamiento del misterioso HiHi.
Una comedia con toques ácidos e incluso algunas veces con un humor negro por esta relación entre dos personas completamente diferentes que han sido ‘obligadas de forma voluntaria‘ a llevarse bien.
El viernes 8 de marzo, en consonancia con el Día Internacional de la Mujer, Netflix ha estrenado Damsel, producción que, con dirección del español Juan Carlos Fresnadillo y con la ascendente Millie Bobby Brown como protagonista, declara como propósito dar un giro a las historias tradicionales de “damiselas en apuros”. Con una trama de fantasía épica algo lineal, el filme consigue bastante menos de lo que se propone, pero aun así lo que consigue no está mal…
“Hay muchos cuentos de caballería en que el heroico caballero salva a una damisela en apuros. Este no es uno de ellos”. Así se presenta Damsel, dejándonos en claro con qué nos vamos a encontrar y, por si hubiera alguna duda, coincidiendo su estreno en Netflixcon el Día Internacional de la Mujer. Lo curioso es que pareciera en tal declaración haber un cierto alarde de originalidad, cuando desde Frozen hasta aquí, lo normal y corriente son precisamente las historias en que la doncella o damisela es reconvertida en heroína al apañárselas para salir de apuros por cuenta propia.
Siempre se ha hablado de directores que tienen actores o actrices fetiche, pero en este tiempo de las plataformas, parece que las mismas también los tienen: Millie Bobby Brown, quien protagoniza este filme, es para esta altura y junto a Jenna Ortega una de las actrices fetiche de Netflix tras haber interpretado a Eleven en Stranger Things y a Enola Holmes en dos películas y una tercera en desarrollo. El español Juan Carlos Fresnadillo (28 Semanas después, Intruders) es quien tiene a su cargo la dirección, en tanto que el guion corre por cuenta de Dan Mazeau (Ira de Titanes, Fast X).
Damsel (literalmente “damisela”) es una película de fantasía épica mezclada con cuento de terror que remite, desde ya, a innumerables relatos clásicos de la tradición europea, pero apuntando a una óptica más contemporánea, feminista y hasta inclusiva.
La Historia
El filme comienza con un rey (o al menos su corona lo delata como tal) que, acompañado por una partida de hombres armados, ingresa en la guarida de un enorme dragón, aparentemente para darle muerte. La cosa termina al revés, con toda su guardia socarrada, mientras que de él ya nada sabemos, aunque más avanzada la película seremos puestos al tanto de su destino, así como de que esa primera escena ocultaba detalles que no nos habían mostrado y que serán claves para entender la trama.
Un salto temporal nos transporta siglos después a una “tierra lejana”: un frío y árido reino que no la está pasando bien económicamente, lo que lleva a Lord Bayford (Ray Winstone) a ofrecer a su hija Elodie (Millie Bobby Brown) para ser unida en matrimonio al príncipe de un opulento reino insular llamado Aurea.
De más está decir que la muchacha no ha sido consultada al respecto y que se trata en principio de una típica boda arreglada por conveniencia (ya sabremos que para la otra familia es más que eso), por lo que, un poco en barco y un poco en carruaje, ella debe trasladarse al reino que será su nuevo hogar en compañía tanto de su padre, como de su madrastra Lady Bayford (Angela Bassett) y su alegre y dicharachera hermana menor Flora (Brooke Carter).
Apenas llegar, se dan cuenta a simple vista de la opulencia de Aurea en contraposición con su reino: sus campos deslumbran de verdes y su arquitectura es bella e imponente (incluso diría entre renacentista y dieciochesca, a diferencia del aspecto de alta edad media que luce el reino del que vienen, cuyo nombre nunca sabemos).
A pesar de todo, el príncipe Henry (Nick Robinson) no da en principio trazas de ser mal tipo y trata bastante bien a su prometida tras conocerla, manifestándole incluso no saber que venía obligada: con el correr del filme, sin embargo, irá mostrando su hilacha. Bastante más fría y maquiavélica parece ya desde un primer momento su madre, la reina Isabelle que, en gran guiño al papel que hiciera alguna vez en The Princess Bride, es interpretada por Robin Wright, quien asume aquí por contraste el papel de principal villana en la historia.
Pues bien: lo del matrimonio acaba por ser un mero engaño. La verdadera razón por la cual han llevado allí a Elodie es para fusionar su sangre con la de la familia real y entregarla al gran dragón que, desde mucho antes que cualquier humano, habita en una enorme cueva de la isla y, como el Minotauro de Creta, debe recibir cada tanto sangrientas ofrendas para ser mantenido en calma: en este caso, tres princesas de la familia real. La mezcla de sangres, por lo tanto, es una forma de engañar al dragón entregándole gato por liebre…
A partir de allí, se desarrolla una trama en la cual, arrojada al interior de la caverna, Elodie encontrará allí los cuerpos (e incluso los espíritus) de las damiselas antes asesinadas y, por supuesto, deberá recurrir a su determinación, valentía e ingenio para tratar de escapar a los dientes, garras y fuego de la monstruosa criatura que allí habita.
Ritmo Irregular
Voy a insistir en lo que dije al principio: la historia de la damisela puesta al revés de la visión tradicional no es ya novedad por estos días, con lo que la premisa, a diferencia de lo que pretende, está lejos de ser original o disruptiva. Aclarado eso, queda por determinar si, de todas formas, el filme cumple como entretenimiento y, sobre todo, como aventura épica, género que tiene en el mundo legiones de incondicionales amantes, de esos que no se pierden absolutamente ningún estreno (presente) y dentro del cual las películas de dragones constituyen ya casi un subgénero.
En ese sentido, la historia muestra algunas disparidades en su dinámica narrativa. La primera media hora carece de originalidad y sorpresa, pero está bien llevada. Sin embargo, una vez que Elodie es arrojada a la guarida del dragón, la cosa cambia y hay momentos que se vuelven tediosos y estirados hasta recuperar el ritmo hacia la segunda mitad y traernos algún giro sobre el final.
Es imposible no reconocer mucho del clásico cuento de Barba Azul, siendo las damiselas muertas en la guarida del dragón el elemento más claramente reconocible. Pero tampoco podemos negar que Juego de Tronos se ha convertido, en los últimos tiempos, en referencia obligada del género de espada y hechicería, casi a la par de los libros y adaptaciones de Tolkien: de hecho, y sin hacer spoiler, Elodie adquiere, hacia el final, características que la acercan sutilmente a Daenerys Targaryen. Y no faltan, por otra parte, reminiscencias estéticas de videojuegos de los ochenta, especialmente Dragones y Mazmorras.
Fortalezas, Debilidades y Contradicciones
Más allá de las mencionadas irregularidades, la trama logra en todo momento mantener el interés gracias a una sólida Millie Bobby Brown que, cada vez más madura actoralmente, es una especialista en contagiarnos el miedo de sus personajes y cuenta ya con bastante experiencia en encarnar a muchachas que resuelven enigmas o se enfrentan con monstruos, pero que siempre, en definitiva, se las acaban arreglando por cuenta propia.
En cuanto al resto, hay una fantástica Robin Wright dando vida a la pérfida reina Isabelle y también, a pesar de no tener tantos minutos en pantalla, interesantes trabajos de Nick Robinson, Brooke Carter y Ray Winstone encarnando respectivamente a Henry, Flora y Lord Bayford. Y si dejo a Angela Bassett para el final es porque la oscarizada actriz no necesita casi presentación o credenciales, pero lamentablemente su personaje (una madrastra muy diferente en perfil a las de los cuentos tradicionales) está desaprovechado por el poco lugar que el guion le otorga.
No obstante y si hablamos de personajes, no podemos olvidar que en las historias de dragones también ellos son protagonistas, por lo que es fundamental, por ejemplo, que haya una buena voz detrás de los mismos, como la de Sean Connery enDragonheart (Rob Cohen, 1996). Y tenemos allí un punto fuerte, ya que la criatura cuenta con la que es para mí una de las mejores voces del cine y tv de hoy en día, como la de la actriz iraní Shohreh Aghdashloo (The Expanse, Renfield, Casa de Arena y Niebla).
Sin embargo y más allá del gusto y placer de oír a Shohreh, estamos quizás ante el dragón más tonto del mundo, capaz de tener a su joven presa a escasos metros sin verla e incluso quemarse a sí mismo, sin que se entienda por qué en ocasiones incinera con tanta rapidez y facilidad a personajes secundarios, pero no hace lo mismo con Elodie, que siempre logra escapar a sus llamas o, a lo sumo, se lleva vestido y tobillos chamuscados.
Y si hablamos del dragón, ello nos lleva a hablar de los efectos visuales, que lucen muy bien en algunos tramos del filme pero algo anticuados en otros. En el caso de la criatura, particularmente, se ve más ominosa y convincente cuando permanece oscura y difusa que cuando finalmente la vemos al completo y con lujo de detalles: allí, paradójicamente, deja de dar miedo y parece un dragón de los ochenta, lo cual no deja de ser deliciosamente nostálgico, pero no cuadra con las exigencias que hoy en día este tipo de cine requiere.
En cambio, es absolutamente magnífico el trabajo de vestuario y ambientación de interiores, más convincente en los castillos que en la guarida del dragón. En cuanto a los exteriores, el distrito de Santarém, en Portugal, da a la historia el marco natural adecuado, amén de una gran recreación del reino de Aurea por más que ciertos toques Disney den al conjunto un aspecto algo pueril y el castillo parezca sacado de pastel de cumpleaños (o de boda, en este caso). La fotografía está muy bien, pero se luce justamente más en esos exteriores que en los ambientes oscuros, como la cueva del dragón.
La banda sonora, a cargo de David Flemingy con producción de Hans Zimmer, es también otro punto alto y les recomiendo estar atentos a no permitir que Netflix les saque los créditos finales para poder oír tanto la bella canción Ring of Fire, interpretada por la cantautora sueca Lykke Li, como el bello y épico tema de cierre orquestal, que es una lástima que no haya sido utilizado en el resto de la película (se los dejo más abajo). Édith Piaf, en cambio, que sonaba como fondo en el tráiler, no se deja oír en ningún momento de la misma.
Algo más por decir y que nuevamente tiene que ver con la pretendida originalidad inicial de la historia: hay gran contradicción entre el tono feminista que se pretende dar al filme (insisto incluso en la fecha del estreno) y el que las partes de la anatomía de Elodie vayan quedando cada vez más expuestas (incluso desde ángulos que llevan al morbo) en la medida en que su vestido se va rasgando o quemando. Y no lo digo desde una moralina barata ni porque particularmente me importe, sino para remarcar lo fácil de caer en contradicciones cuando, como en este caso, se quiere asumir un discurso ideológico demasiado evidente.
Balance Final
Damsel no tiene, como hemos dicho, la originalidad que pretende, además de incurrir en contradicciones al presentarse como filme feminista. Pero si se la toma como mero entretenimiento o fantasía épica para descansar la mente (lo que en definitiva y quizás a pesar suyo, es), se puede decir que la película, aun con sus defectos y sin que le sobre nada, cumple.
Entre lo mejor, debemos destacar el gran trabajo de una cada vez más madura Millie Bobby Brown, así como la voz del dragón a cargo de Shohreh Aghdashloo y la magnífica villana interpretada por Robin Wright. También una trama que, aun con sus irregularidades, es mayormente entretenida y con algún que otro giro hacia el final, así como cabe igualmente destacar la banda sonora, el gran trabajo de vestuario y algunos (repito, algunos) efectos visuales.
Entre lo peor: las pérdidas de ritmo ya señaladas y cierta previsibilidad que afecta a la mayor parte del filme ya que, incluso con los giros del final a la vista, también la resolución se vuelve algo previsible de allí en más. Ello además de ciertos momentos discursivos demasiado obvios que, afortunadamente, no son tantos como para cortar el clima y, por último, lo poco convincente de algunos (repito, algunos) efectos visuales.
Bienvenidos a Las cosas que nos hacen felices. Hoy queremos contaros que el próximo 14 de marzo, Norma Editorial y Jordi Lafebre nos presentan Soy su silencio, la última obra del autor.
Soy su silencio
Norma Editorial nos presentará el próximo 14 de marzo en Madrid, la última obra del genial Jordi Lafebre, quien se sumerge en una apasionante trama con familias de clase alta, ambición y crímenes con la Ciudad Condal de fondo.
La presentación tendrá lugar en GENERACIÓN X TIRSO, el 14 de marzo, a las 19:00 horas.
NOTA DE PRENSA DE NORMA EDITORIAL
«Eva no es una psiquiatra cualquiera. Y no solo porque ella misma se encuentre bajo terapia, insistiendo en fumar en la consulta de su colega Llul y manteniendo con él un pulso sobre quién saca información a quién. Joven, abundantemente tatuada, con una capacidad para calar a las personas de un vistazo solo comparable a su poder de seducción, ha tenido una vida más o menos problemática, pero solo ahora puede decirse que está metida en un buen lío: acusada de asesinato.
Así es la protagonista de Soy su silencio, la nueva obra del maestro de la viñeta Jordi Lafebre, y que acaba de ver la luz en Norma Editorial. Además, estará disponible en una edición en catalán y en castellano.
Aunque la acción se desarrolla en la ciudad natal del autor, Barcelona, el drama de Eva comienza cuando Penélope, una de sus clientas preferidas, la invita a pasar un par de días a su finca familiar. El motivo es que la abuela de la chica va a reunir a toda la familia y a algunos socios y amigos para leerles su testamento, y su presencia allí puede ser tranquilizadora. Sin embargo, la bienvenida que recibe en Can Monturós no es precisamente cordial, en especial por parte del barbudo y atractivo Francesc Monturós, con quien choca de inmediato. También lo hará con la esposa de éste, la altiva Natalia, y con Josep, otro dominante tío de Penélope, con el machista y prepotente Joan…
En todo caso, la situación empezará a ponerse de veras fea cuando aparezca el cuerpo sin vida de Francesc Monturós, y el nombre de Eva aparezca en los informes policiales como principal sospechosa. Entonces no tendrá más remedio que salir del apuro con la ayuda de su chispa natural y de las voces que la acompañan siempre: la de su abuela, la de su tía abuela Dolores, víctima de un marido torero, y la de otra tía abuela miliciana, muerta en la Guerra Civil».
Hablemos de Jordi Lafebre.
Nació en Barcelona. Se formó como ilustrador y diseñador gráfico en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, y posteriormente se especializó como historietista en la escuela Joso.
En 2001 comenzó a publicar ilustraciones y a dibujar cómics para publicaciones como Nobanda, al tiempo que trabajaba en revistas eróticas y pornográficas como Penthouse Comix y Wet Comix.
Poco después, publicó la serie El mundo de Judy, con guion de Toni Font.
Durante ese periodo realiza además todo tipo de encargos relacionados con la ilustración, el diseño gráfico y la publicidad.
Tras conocer a Zidrou, guionista belga afincado en España, comienza a trabajar para el mercado franco belga, primero en la revista Spirou y posteriormente en obras colectivas como La anciana que nunca jugó al tenis y otros relatos que sientan bien (Dupuis, 2009).
Su primera obra larga con Zidrou es Lydie (Dargaud, 2010), a la que sigue La Mondaine.
Su primera gran obra en solitario fue Carta Blanca (Dargaud, 2020) la cual fue aclamada por la crítica y los lectores, además de ser galardonada con el Mejor Cómic del Año en los Premios Uderzo 2021, Selección de Esenciales de ACDCómic de 2021 y Selección Oficial del Festival Quai des Bulles Saint-Malo.
Su segundo trabajo en solitario es Soy su silencio, su última obra hasta la fecha.
Pero sobre todo, me gustaría destacar esa joya de la novela gráfica que es la multipremiada Carta blanca, Lafebre vuelve a dar muestras de su condición de genial contador de historias en esta absorbente trama que mezcla psiquiatría, enología, mitología y misterio y además, lo hace con un humor irresistible.
Tal como parecía cantado, Oppenheimer, con siete estatuillas, fue la gran vencedora en los Oscar 2024, entregados anoche. La sorpresa la dio Pobres Criaturas que, con cuatro distinciones, fue la segunda película más premiada de la noche, en tanto que Los Asesinos de la Luna se fue con las manos vacías. No hubo finalmente estatuilla para La Sociedad de la Nieve y la franquicia Godzilla se alzó con la primera de su larga historia.
En el Dolby Theatre de Los Angeles, tuvo lugar anoche y ya en horas de madrugada para España, la 96° entrega de los Premios Oscar con una ceremonia que, como se preveía, arrojó como clara ganadora de la velada a Oppenheimer al quedarse con siete de sus trece nominaciones, incluyendo mejor película, director, actor principal y actor de reparto, además de edición, fotografía y banda sonora…
Por cierto, el de mejor película fue presentado de modo algo extraño por un errático Al Pacino que, al momento de anunciarlo, generó duda en un auditorio en el cual nadie aplaudía por no terminar de entender si había o no dicho que Oppenheimer era la ganadora.
Tampoco hubo Oscar para la española La Sociedad de la Nieve, aunque su caso es muy diferente al de la película de Scorsese, pues ya es mucho mérito haber estado allí con dos nominaciones.
El premio a la mejor película internacional, por cierto, correspondió a La Zona de Interés que, llamativamente, se convierte en la primera realización británica ganadora en esa categoría y lo consigue paradójicamente por no estar hablada en lengua inglesa sino alemana. Hay antecedentes, eso sí, de filmes británicos que ganaron en el rubro principal de mejor película.
Jimmy Kimmel, el carismático presentador que conduce el ciclo de entrevistas nocturnas de mayor permanencia en la cadena ABC, fue por cuarta vez (no consecutiva) el encargado de llevar adelante la ceremonia, igualando así la marca de Jack Lemmon yWhoopi Goldberg, siendo solo superado por Bob Hope (19 veces), Billy Crystal(9) y Johnny Carson (5).
Entre otras cosas, el conocido conductor destacó la presencia, por primera vez, de una actriz de origen nativo americano en carácter de nominada (Lily Gladstone), así como la coincidencia de que a casi cinco décadas de Taxi Driver estuvieran otra vez nominados tanto Martin Scorsese como Robert De Niro y Jodie Foster. Y la coincidencia iba a seguir porque al igual que en aquella noche, no ganó ninguno de los tres…
Tampoco dejó Kimmel pasar ocasión de mencionar la presencia, con moño incluido, de Messi… no el astro del fútbol, claro, sino el perro de Anatomía de una Caída, que responde precisamente a ese nombre. Y aprovechó también la oportunidad para reivindicar las huelgas de guionistas y actores por ponerle un freno a las inteligencias artificiales, con tiro por elevación para los directores, que no se plegaron a las mismas.
Una de las novedades al momento de la entrega de los premios en categorías actorales tuvo que ver con que para cada uno de los nominados había una semblanza individual en vivo a cargo de prestigiosos actores que les habían conocido o trabajado con ellos en alguna oportunidad.
Momento particularmente emotivo se vivió cuando subieron juntos al escenario Arnold Shwarzenegger y Danny DeVito, quienes alguna vez coprotagonizaran Twins, pero que además recordaron que ambos trataron en diferentes películas de matar a Batman y fueron igualmente vencidos por él, broma que cobró particular gracia al estar Michael Keaton presente en el auditorio.
Como dato interesante, el Oscar a los mejores efectos visuales, justamente entregado por la mencionada dupla, fue para Godzilla: Minus One, la cual no solo ha significado la primera nominación (y por ende el primer Oscar) para una película japonesa en tal categoría, sino también para la franquicia Godzilla después de siete décadas y más de treinta películas.
Los números musicales incluyeron uno de carácter ritual indígena que fue aplaudido de pie por el auditorio, así como la presencia de Billie Eilish ,Becky G o Jon Batiste para interpretar las diferentes canciones nominadas. Especial el caso de Ryan Gosling, que comenzó a cantar la suya en su butaca y al oído de Margot Robbie antes de subir al escenario y sumarse a una espectacular coreografía con la presencia del mismísimo Slash en guitarra.
Su canción, sin embargo, no fue la ganadora sino la otra nominada por Barbie, a cargo de la dupla Billie Eilish–Fineas O’Connell que, de esta forma se alzó con su segunda estatuilla tras haberlo hecho dos años atrás por el tema principal de Sin Tiempo para morir, lo cual les convierte en el dúo más joven en ganar dos premios Oscar.
El show incluyó además una parodia de aquella famosa ceremonia de entrega en que un nudista pasara corriendo por detrás de David Niven y que, paradójicamente, sirvió para presentar el premio a mejor vestuario, tercero de la noche para Pobres Criaturas.
Y tampoco estuvo ausente el ya para esta altura consabido discurso político, particularmente en referencia a la guerra de Ucrania al momento de entregarse el premio a mejor largometraje documental que fue para 20 Días en Mariupol, primer Oscar en la historia cinematográfica de dicho país.
En fin, este es el listado completo, indicando para cada terna en primer lugar y en negrita el ganador o ganadora.
Mejor Película
Oppenheimer
American Fiction
Anatomía de una Caída
Barbie
Los que se quedan
Los Asesinos de la Luna
Maestro
Vidas Pasadas
Pobres Criaturas
La Zona de Interés
Mejor Director
Christopher Nolan, Oppenheimer
Yorgos Lanthimos, Pobres Criaturas
Jonathan Glazer, La Zona de Interés
Justine Triet, Anatomía de una Caída
Martin Scorsese, Los Asesinos de la Luna
Mejor Actor
Cillian Murphy, Oppenheimer
Colman Domingo, Rustin
Paul Giamatti, Los que se quedan
Jeffrey Wright, American Fiction
Bradley Cooper, Maestro
Mejor Actriz
Emma Stone, Pobres Criaturas
Annette Bening, NYAD
Lily Gladstone, Los Asesinos de la Luna
Sandra Hüller, Anatomía de una Caída
Carey Mulligan, Maestro
Mejor Actor Secundario
Robert Downey Jr.,Oppenheimer
Sterling K. Brown,American Fiction
Robert De Niro, Los Asesinos de la Luna
Ryan Gosling, Barbie
Mark Ruffalo, Pobres Criaturas
Mejor Actriz Secundaria
Da’Vine Joy Randolph, Los que se quedan
Emily Blunt,Oppenheimer
Danielle Brooks, El Color Púrpura
America Ferrara, Barbie
Jodie Foster, NYAD
Mejor Guion Original
Anatomía de una Caída
Los que se quedan
Maestro
Secretos de un Escándalo
Vidas Pasadas
Mejor Guion Adaptado
American Fiction
Barbie
Oppenheimer
Pobres criaturas
La Zona de Interés
Mejor Película Internacional
La Zona de Interés (Reino Unido)
La Sociedad de la Nieve (España)
Perfect days (Japón)
La Sala de Profesores (Alemania)
Yo Capitán (Italia)
Mejor Fotografía
Oppenheimer
El Conde
Los Asesinos de la Luna
Maestro
Pobres Criaturas
Mejor Diseño de Vestuario
Pobres Criaturas
Barbie
Los Asesinos de la Luna
Napoleón
Oppenheimer
Mejor Película de Animación
El niño y la garza, de Hayao Miyazaki
Elemental, dePeter Sohn
Nimona, deTroy Quane y Nick Bruno
Robot Dreams, dePablo Berger
Spider-man: Cruzando el Multiverso, deJoaquim Dos Santos, Kemp Powers y Justin K. Thompson
Mejor Canción
What was I made for, de Barbie
The Fire Inside, de Flamin’ Hot
I’m just Ken, de Barbie
It never went away, de Sinfonía de América
Wahzhazhe (A Song for My People), de Los Asesinos de la Luna
Mejor Edición
Oppenheimer
Anatomía de una Caída
Los que se quedan
Los Asesinos de la Luna
Pobres Criaturas
Mejor Maquillaje y Peluquería
Pobres Criaturas
Golda
Maestro
Oppenheimer
La Sociedad de la Nieve
Mejor Sonido
La Zona de Interés
The Creator
Maestro
Mission Imposible: Sentencia Mortal parte I
Oppenheimer
Mejor Largometraje Documental
20 Días en Mariupol
Bobi Wine: el presidente de la gente
La Memoria Infinita
Cuatro Hijas
Matar a un Tigre
Mejor Corto Documental
The Last Repair Shop, de Ben Proudfoot y Kris Bowers
The ABCs of Book Banning, de Sheila Nevins y Trish Adlesic
The Barber of Little Rock, de John Hoffman y Christine Turner
Island in Between, de S. Leo Chiang y Jean Tsien
Nǎi Nai & Wài Pó, de Sean Wang y Sam Davis
Mejor Banda Sonora
Oppenheimer – Ludwig Göransson
American Fiction – Laura Karpman
Indiana Jones y el Dial del Destino – John Williams
Los Asesinos de la Luna – Robbie Robertson
Pobres Criaturas – Jerskin Fendrix
Mejores Efectos Visuales
Godzilla Minus One – Takashi Yamazaki, Kiyoko Shibuya, Masaki Takahashi y Tatsuji Nojima
The Creator – Jay Cooper, Ian Comley, Andrew Roberts y Neil Corbould
Guardianes de la Galaxia Vol. 3 – Stephane Ceretti, Alexis Wajsbrot, Guy Williams y Theo Bialek
Mission: Impossible – Sentencia de Muerte parte uno– Alex Wuttke, Simone Coco, Jeff Sutherland y Neil Corbould
Napoleón – Charley Henley, Luc-Ewen Martin-Fenouillet, Simone Coco y Neil Corbould
Mejor Corto Animado
War is over! Inspired by the Music of John & Yoko, de Dave Mullins y Brad Booker
Letter to a Pig, de Tal Kantor y Amit R. Gicelter
Ninety-Five Senses, de Jerusha Hess y Jared Hess
Our Uniform, de Yegane Moghaddam
Pachyderme, de Stéphanie Clément y Marc Rius
Mejor Corto de Acción Real
The Wonderful Story of Henry Sugar, de Wes Anderson y Steven Rales
The After, de Misan Harriman y Nicky Bentham
Invincible, de Vincent René-Lortie y Samuel Caron
Knight of Fortune, de Lasse Lyskjær Noer y Christian Norlyk
Red, White and Blue, de Nazrin Choudhury y Sara McFarlane
Mejor Diseño de Producción
Pobres Criaturas
Barbie
Los Asesinos de la Luna
Napoleón
Oppenheimer
Y eso es todo. ¿Qué les ha parecido la premiación? ¿Están de acuerdo con la cantidad de distinciones a Oppenheimer? ¿Merecía siquiera una Los Asesinos de la Luna? ¿Debió ser el de película internacional para La Sociedad de la Nieve? ¿Estaba borracho Al Pacino? Les leo…
El wéstern es uno de esos géneros imperecederos de la historia del cine. Muchas de las películas más míticas están relacionadas con el polvo y el sudor del salvaje oeste. Es en esas películas donde se cimentan los corazones duros, la mirada indomable y el carácter rudo. Donde el viaje inhóspito que forja la voluntad humana, que cruza los paisajes secos, busca la conquista de tierras salvajes. El fronterizo resquicio donde el cine sigue encontrando maneras de reinventarse, reescribirse y sorprenderse.
Hoy hablamos de quizás uno de los mejores wésterns modernos. El tren de las 3:10 (título original en inglés: 3:10 to Yuma) es una película estadounidense de wéstern del año 2007. Dirigida por James Mangold y protagonizada por Christian Bale y Russell Crowe. La película fue filmada en Nuevo México (Estados Unidos) y en España. Como curiosidad, está basada en un relato corto de Elmore Leonard, el gran maestro de la novela negra, y ya había tenido una adaptación previa en 1957.
La sinopsis de la película nos cuenta la historia de Dan Evans (Christian Bale), que vive con su familia en un rancho, afectado por muchos problemas que le asedian. La sequía ha hecho estragos en sus tierras y ha diezmado su rebaño. Cuando el famoso ladrón y forajido Ben Wade (Russell Crowe) es capturado, Evans decide colaborar en su traslado. Para ello, deberán escoltarle hasta la estación de un pueblo. Allí, deberán esperar hasta coger un tren que se dirige a la prisión de Yuma.
Decir que la película es extraordinaria es quedarse corto. Estamos ante una reinterpretación de las claves del cine del oeste, que basa su genialidad en dos cosas; la intensidad que desprende su historia y el duelo interpretativo. Una pugna que se convierte en una feroz batalla dramática entre dos de los mejores actores de su generación.
La película está salpicada con pocas pero implacables secuencias de acción. Gracias a su metraje pausado, logra mantener elin crescendo de la violencia, creando una atmósfera turbia que genera ansiedad y que detonará con inusitada virulencia al final del viaje.
El tratamiento de la acción está supeditado a unos diálogos excelsos, que depuran su apuesta por los elementos melodramáticos. Escenas en las que los personajes pueden intercambiar largas charlas reflexivas, que nos muestran un interesante estudio de los mismos. Gracias a esta composición del wéstern, nos enseña que la batalla no está definida por la violencia, sino por la determinación de cada hombre frente a la vida.
Crowe y Bale hacen un excelente trabajo, al que hay que añadir el cariz de contrapunto que ofrece LoganLerman, el hijo de Bale, y que sirve como reflejo de las cualidades que le faltan a sus personajes mayores. Es decir, el carácter en el caso de Christian Bale y la nobleza en el de Russell Crowe. Tanto ellos como el resto del reparto tienen cada uno su oportunidad para lucirse en la película y son la principal razón para ver este wéstern.
Nos encontramos todas las cosas significativas del género, como los forajidos, la diligencia, las persecuciones a caballos, los duelos, emboscadas y tiroteos. Todo rodado con primeros planos diáfanos que ayudan a entender bien las escenas. Eso no significa que no se preste atención a su ambientación, constituida por un entorno sucio e impregnado de colores pardos, que representan de una manera conveniente el salvaje oeste.
Las secuencias de los paisajes están filmadas con elegancia y las interacciones entre los personajes con brío, lo que concede a la película un ritmo en continuo movimiento, que no decae ni siquiera en sus escenas más contenidas. Las imágenes logran transmitir fuerza, a lo que ayuda una banda sonora (Marco Beltrami) que insufla vitalidad a la hora de representar el caos de la contienda. Toda esta fusión crea la espectacularidad de este pequeño clásico del wéstern.
Toda la intensidad de la trama, que se basa en el enfrentamiento entre Crowe y Bale y esa extraña relación que les une, se condensa en su magnífico final. La cadencia del ruido del tren, mientras suenan los disparos que tumban las expectativas del público, como si fuera el latido de un corazón que cae: el del padre que no logra terminar su hazaña, el del hijo que mitifica la valentía del padre, y el del bandido que parecía haber encontrado un amigo de verdad.
Es en ese instante que, al compás del ferrocarril, la armonía de los personajes late como si fuera la últimaparada del buen wéstern. En esa estación, los latidos quedan entrelazados por una aventura, un viaje, un tren. La frontera donde tres corazones se unen en un mismo destino, el de las 3:10 a Yuma.
Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a El cómic de la semana. Hoy reseñamos Batman: Green Arrow Carcaj. Al final del artículo tendréis la portada y el enlace.
Por el año 2001 Kevin Smith era sinónimo de éxito. El cineasta ya era conocido ya por películas míticas como Clerks, Mallrats o Dogma, sin contar las películas que llegarían más tarde como Una chica de Jersey o ¿Hacemos una porno?. Hablamos de una persona influyente en el Hollywood, de películas baratas en las que aglutinaba a jóvenes talentos y que además tenía gran éxito de público y crítica.
Un cineasta refutado, querido y lo más importante, que profesaba un amor al 9º Arte muy profundo. Y es que años antes ya había trabajado en el relanzamiento de Daredevil en Marvel, con gran éxito en ventas. ¿Y por qué no ahora en DC? ¿Por qué no para relanzar otro personaje callejero? Green Arrow parecía la solución, pero había un problema: estaba muerto. En fin, que con Kevin Smith en el proyecto podían hacer lo que quisieron, de tal manera que revivieron al bueno del arquero. Un típico tópico del cómic americano, el resucitar a todo hijo de vecino excepto al Tío Ben.
Desde DC dijeron que iban a traer al bueno de Bob el silencioso para que les diera imagen, como se la dio a Marvel y además relanzara una serie (Green Arrow), que por aquel entonces estaba más muerta que su protagonista.
No nos olvidemos que por aquel entonces las series de televisión de superhéroes, y de Green Arrow en particular estaban fuera de estar planificadas. No estaban ni en gestación. Y quizás, la incorporación de autores transcendentales como Kevin Smith, lograron años después dar a este personaje una repercusión tan importante como para tener una serie de televisión propia.
En su momento, cuando salió esta etapa de Green Arrow llamada ahora Carcaj, tuvo gran repercusión, pero no tanto como cuando empezó con Daredevil. Y es que parece evidente que la primera vez siempre atrapa más a la gente. Y Green Arrow ya fue el segundo plato. Y también tengo que decirlo, su precedente en El hombre sin miedo fue bastante aplaudida, pero quizás la gente esperaba más, entre los que me encuentro.
Algo parecido sucedió con Green Arrow, la gente esperaba más. Su etapa en el arquero esmeralda fue una etapa de 15 números, bastante más extensa que la que tuvo en Marvel. Y además, más continua en el tiempo. Sólo os puedo decir que la espera entre los cómics Marvel fue eterna, sin embargo aquí sólo hubo algo de parón en los últimos números. No fue la mejor solución, pero al menos fue decente.
Y ojo, ahora mismo, en una relectura actual puedo decir que es un buen cómic, no ha perdido agilidad ni frescura. Una etapa completa de un autor concreto en un único tomo. Creo que estamos ante una etapa de acertada lectura sobre la renovación total de un héroe, que hoy en día tiene cierta relevancia en la cultura popular. Tienes que leerlo.
Todos lo daban por muerto. Y de hecho, lo estaba. Sin embargo, Oliver Queen ha regresado y protege las calles de Star City como Green Arrow… solo que sin alma. Literalmente. Con ayuda de su familia, Oliver emprende así una nueva aventura en la que se volverá a encontrar a sí mismo y, además, conocerá a un nuevo enemigo: ¡Onomatopeya!
El cineasta Kevin Smith, conocido por películas como Clerks o Mallrats, se une al dibujante Phil Hester para contarnos una de las historias más aplaudidas de la trayectoria de Green Arrow, la que recuperó la esencia del héroe mientras reforzaba un elenco de secundarios que sumó un miembro nuevo.
Carcaj y las demás aventuras incluidas en Green Arrow de Kevin Smith son un clásico de DC Comics que recuperó al personaje tras varios años de ausencia para regocijo de sus seguidores de siempre y de los muchos lectores que conocieron así a uno de los héroes más importantes del Universo DC.
Hoy el mundo entero llora la pérdida de Akira Toriyama, creador de Dragon Ball, obra manganime que ha influenciado -y sigue influenciado- a generaciones enteras, y que forma parte de la infancia, adolescencia y vida de millones de personas a lo largo y ancho del globo.
Existen personas que de manera consciente o inconsciente jamás crees que se vayan a ir. Que gozan de una suerte de inmortalidad. Noticias como la de hoy son un recordatorio de que no es así. Akira Toriyama fallecía este pasado día 1 de Marzo víctima de un hematoma subdural agudo, según rezaba el comunicado de Bird Studio, estudio de producción de manga creado por el fallecido y el que fue sin lugar a dudas su templo.
La noticia fue dada a conocer anoche por deseo expreso de la familia, que veló su fallecimiento en una ceremonia discreta a la que sólo asistieron los más allegados.
Parte de este mundo, pues, el genio creador de Dragon Ball entre otras obras. Fue esta, sin ningún lugar a dudas, su mágnum opus y un legado imperecedero que deja a la cultura mundial.
Nacido en la prefectura de Nagoya en 1955, el joven Toriyama creció admirado de obras como Astro Boy, Superman y Ultraman y en su infancia se maravillaba con las películas de Disney y las leyendas del Rey Mono; todas estas serían influencias en sus posteriores creaciones.
A pesar de dedicarse durante un tiempo al mundo publicitario, su vocación como mangaka le llevó a debutar con el manga Wonder Island en la ya mítica revista Shonen Jump. Entre 1980 y 1984 publicaría Dr. Slump, una desternillante comedia inspirada por Astro Boy con la robot Arale como protagonista, que se convertiría en su segunda obra más reconocida.
Sería con Dragon Ball, publicada entre 1984 y 1995, que el mangaka entraría por méritos propios en el Olimpo de su profesión y ganaría fama mundial, convirtiendo lo que era en principio una comedia de acción inspirada en el viaje del Rey Mono en el manga Shonen de acción, aventura, artes marciales y ciencia ficción más popular de todos los tiempos.
Sospecho que poco que no se sepa ya hay que decir de Dragon Ball, obra que con su serie animada, películas, videojuegos, etc. forma ya parte de la infancia, adolescencia y vida de generaciones enteras. No me extenderé sobre la historia de Son Goku y Cía. indicando únicamente que los personajes de Toriyama han servido de guía e inspiración para muchísima gente, transmitiendo perfectamente lo valores de la amistad, la valentía y la autosuperación que tan beneficiosos son para todo aquel que esté buscando su camino en la vida.
Despido este artículo con las palabras de su colega y admirador Masashi Kishimoto, creador de Naruto, que en una conmovedora carta de despedida llamaba a Toriyama “un salvador y el dios de manga”, algo con lo que no puedo más que estar de acuerdo.
Toriyama deja tras de sí un legado incuantificable que perdurará para siempre dentro del acerbo cultural global. Eras, eres y serás siempre un grande, maestro. Hasta siempre.
Este viernes 8 de marzo se estrena en España Los pequeños amores(2024), la nueva película realizada por Celia Rico Clavellino tras el buen recibimiento que obtuvo con su ópera prima Viaje al cuarto de una madre(2018). La natural de Sevilla escribe y dirige una cinta muy personal, que ella misma dice surgir como una suerte de prolongación de las distendidas conversaciones que tiene con sus amigas, sobre las intimidades de una relación maternofilial y las vicisitudes de una mujer a los cuarenta.
Tráiler de Los pequeños amores (2024) de Celia Rico
En temporada estival, Teresa (María Vázquez) cancela su plan de vacaciones para ir al pueblo a cuidar de su madre (Adriana Ozores), que ha sufrido un accidente cotidiano. En el calor del verano, madre e hija conviven con dificultad al tiempo que comparten momentos de confesión como nunca han hecho.
Poster de Los pequeños amores (2024) de Celia Rico
De madres e hijas
La acción principal de la película sucede alrededor de la relación entre Ani (madre) y Teresa (hija). Esa distancia natural fruto del crecimiento vital que separa a los hijos de sus progenitores, se acorta de forma accidental para dar inicio a la narración, convirtiendo así el verano en una estación de reencuentro; tanto entre ellas como con ellas mismas, pues ambas vuelven en cierta forma a sus raíces y recuperan ese tiempo perdido.
Celia Rico ya plasmaba en su anterior y primer largometraje Viaje al cuarto de una madre (2018) lo complejo de las relaciones maternofiliales, pues su profunda construcción de personajes permitía por momentos contemplar a la madre (Lola Dueñas) como antagonista por sobreprotectora y desconfiada, pero después entenderla. En Los pequeños amores, aunque la acción se diversifica algo más que en su anterior película permitiendo explorar otros terrenos, este planteamiento se manifiesta.
Ani quiere para su hija lo que cree que es mejor para ella, no lo que Teresa quiere: ella menciona a su madre que iba a ir de vacaciones a Massachusetts, pero lo hace con temor y oculta la naturaleza romántica de su viaje (igual que en Viaje al cuarto de una madre Estrella se enfada cuando Leonor menciona que quiere estudiar en Londres). Esta pelea de roles es constante en la película y es que Ani parece no comprender que su hija se ha hecho mayor y Teresa que su madre es su madre y no va a dejar de actuar como tal.
Esta suerte de incomprensión mutua, toma a ratos una deriva humorística muy acertada. Celia Rico hilvana la relación de sus personajes mediante unos toques de comedia cotidiana que contienen el drama y dotan de un realismo casi palpable las interacciones entre ellas. Porque si algo destila por los cuatro costados Los pequeños amores y el cine de Celia Rico es realidad. Es fácil la identificación personal con sus historias por la forma tan pura en que las cuenta. Esas manías y convicciones inapelables de una madre y su dificultad de encajar las réplicas, sin las que la película no sería lo mismo.
El neorrural español y la mirada propia de Celia Rico
La ubicación rural y el tratamiento intimista de la mujer, permiten adscribir la cinta de Rico al conocido popularmente como neorrural español (recurrido generalmente por el sector femenino con excepciones como As bestas o Suro, aunque estas tienen otras pretensiones), una corriente en auge estos últimos años en el cine español, que si bien engendra detractores cuyo argumento alude a la falta de originalidad, creo que sirve a algunas directoras para proyectar unas miradas propias muy distintas entre sí, e igual de interesantes casi todas.
Esta vertiente costumbrista reúne películas tan reivindicables como El agua (2022, Elena López Riera), Un amor(2023, Isabel Coixet) o Els encantats (Los encantados) (2023, Elena Trapé). Cintas en que el pueblo se convierte en un medio catártico para mujeres en crisis: cine de mujeres sobre mujeres en que cada realizadora escoge un camino propio para su narración aún compartiendo unas bases comunes.
En la película de Celia Rico la tranquilidad y desapego social que significa el pueblo, da pie a un acercamiento mucho más puro: es complicado imaginar esta cinta en una ciudad como Madrid; se perdería esa magia y cercanía que transmite el entorno rural, la liberación mental a la que se presta este espacio.
Al tiempo que el lugar une a madre e hija, enciende la reflexión interna de una protagonista en crisis vital: no ha conseguido dar clases en la universidad, tiene una relación amorosa complicada… el personaje de Jonás (Aimar Vega) refleja también esa inseguridad por el incierto devenir y ayuda en parte, y de forma inconsciente, a Teresa y Ani adoptando el rol de hijo/nieto. Aun así, me da la sensación de que la importancia narrativa de este personaje es lo más cuestionable de la película. Siento que no conduce a ningún punto final realmente favorable, por muchos momentos puntuales que sí me convenzan. Prefiero la aportación de Pedro Casablanc en Viaje al cuarto de una madre.
Cine de interiores y la dialéctica del silencio
La escueta obra de Celia Rico se ha caracterizado desde su primer cortometraje Luisa no está en casa (2012) por el uso del hogar para representar las distintas capas de las relaciones afectivas. En Viaje al cuarto de una madre (2018) apenas hay exteriores. Leonor viaja a Londres pero la narración se queda en casa acompañando los sentimientos de Estrella. En Los pequeños amores, aunque hay más escenas de exterior, la figura del hogar es el centro de la acción donde se cuece la relación principal: casi todo sucede entre esas cuatro paredes que, por cierto, envían reparar y pintar con la llegada de Teresa tras mucho tiempo desatendidas. Una posible e inteligente analogía.
Es interesante como la directora planifica el rodaje de la casa y la importancia que da al espacio, pues entiende su peso en la película. Contemplamos en muchas ocasiones a los personajes a través del marco de la puerta o la ventana, casi siempre en cámara fija y, de alguna forma entiendo, que nos convierte en espectadores cercanos y al mismo tiempo conscientes de nuestra distancia con una historia a la que no pertenecemos.
Si la filmografía de Rico comparte unas obsesiones temáticas como las relaciones maternofiliales (e interpersonales en general), la adultez/senectud y la marca personal del paso del tiempo, la crisis vital y el anhelo existencialista, así como su gusto por los interiores; encuentro una particular forma de narración común que dota de aún más realismo sus películas: el uso del diálogo. Me fascina como alterna planos secuencia de conversación sublimes, de confesión y revelación entre sus personajes (pienso en una de las escenas finales de Los pequeños amores, en que Teresa y Ani se sinceran tumbadas en la cama durante varios minutos de plano secuencia fijo) y largos ratos de silencio dialéctico, pues no todo el entendimiento surge de la palabra.
Esta práctica también la lleva a cabo en sus dos trabajos anteriores. En Luisa no está en casa transcurren varios minutos de acciones cotidianas hasta que alguien habla. En Viaje al cuarto de una madre no comprenderíamos la profundidad psicológica de esas mujeres sin el largo silencio de Estrella cuando el personaje de Anna Castillo deja su casa. Esta combinación hace del cine de Celia Rico uno de los que mayor realidad transmite en nuestro país actualmente.
Imagen de Viaje al cuarto de una madre (2018) de Celia Rico
Conclusión
Los pequeños amores es una película hecha con el mimo y la sensibilidad de quien conoce lo que está contando. Una historia intimista sobre lo que significa ser hija y ser madre, con unas María Vázquez y Adriana Ozores descomunales, que comprende también una mirada manifiesta sobre la mujer en la crisis de los cuarenta: la soledad unida a una irremediable sensación de envejecer sin conseguir lo que anhelabas y lo que se espera de ti.
Celia Rico despliega una puesta en escena exquisita de interiores, literales y figurados, que, de forma casi siempre estática, nos hace partícipes de las intimidades de la casa a través de sus puertas y ventanas. Un realismo palpable, construido en parte por ese humor tan cotidiano, vertebra una cinta que funciona tanto en sus largas confesiones habladas como en el uso de la dialéctica del silencio.
Si os gusta esta película, no dudéis en completar su visionado con Matria(2023) de Álvaro Gago, ambas con una María Vázquez protagónica monumental y, por su puesto, con la maravillosa cinta anterior de la directora sevillana Viaje al cuarto de una madre (2018). ¡Necesitamos más cine de Celia Rico!