¡Bienvenidos amantes del Cosmere! Recuerdo que cuando comencé a leer las novelas de Archivos de las Tormentas, uno de los problemas que tenía era que no lograba ver claras las diferencias entre regiones que habitaban en Roshar y temía buscar en internet información sobre ello y leer algún destripe. Por ese motivo nace este artículo, del que espero que no sea el primero y evolucione en una guía sobre el universo creado por Brandon Sanderson.
Si tienes alguna petición sobre un tema en particular, alguna o incluso una corrección que hacerme, no dudes en escribirlo en los comentarios.
RECOMENDACIÓN: Este artículo está libre de spoilers, pero es aconsejable para su entendimiento haber leído al menos la primera novela de El Archivos de las Tormentas: El Camino de los Reyes.
¿Qué es Roshar?
Roshar constituye uno de los mundos del Cosmere, el universo imaginario ideado por Brandon Sanderson. Este pertenece, junto con otros doce mundos, al Sistema Roshariano, ocupando la posición de segundo planeta más próximo al Sol de su sistema.
Las regiones de Roshar son constantemente azotadas por altas tormentas, que son huracanes de gran potencia que ocurren cada pocos días, moviéndose de barlovento a sotavento (de este a oeste). Estas tormentas comienzan en el área de Roshar conocida como el Origen. Y el fenómeno provoca que, con la excepción de la nación de Shinovar, las diferentes regiones se vean afectadas por vientos fuertes y aguaceros torrenciales, provocando la ausencia de estaciones como tales. En cambio, la temperatura y el clima están determinados por la llegada de dichas tormentas.
Este singular fenómeno atmosférico también provoca cambios en la vida animal y flora, las cuales han tenido que evolucionar para adaptarse al clima extremo, así como a la menor gravedad y otras características de Roshar en comparación con la Tierra.
Chull dibujado por Shallan, realizado por Ben McSweeney
La mayoría de las especies nativas de Roshar han desarrollado caparazones como defensa contra estas condiciones climáticas extremas. Por ejemplo, se encuentran los abismoides y los Chull.
En cuanto a la vegetación, probablemente el tipo más común que encontramos en Roshar sean los Rocabrotes, plantas que poseen una cáscara dura y resistente que permanece abierta la mayor parte del tiempo, pero se cierra cuando la planta siente que se acerca una alta tormenta.
Rocabrotes dibujados por Shallan, realizado por Ben McSweeney
Creo que la fauna y flora de Roshar se merece un artículo aparte, por lo que no voy a profundizar más en el tema. Si te interesa que haga un artículo en específico sobre esto, te invito a expresarlo en los comentarios para tenerlo en cuenta.
Los Reinos Plateados.
En el pasado, Roshar estaba dividida en lo que se denominan los Reinos Plateados:Iri, Shin Kak Nish, Sela Talesh, Aimia, Makabakam, Valhav, Rishir, Alethela, Natanatan y Thalath.
Aunque estos reinos han desaparecido con el tiempo, su legado perduró y ejerció una profunda influencia en las civilizaciones posteriores que ocuparon esa región.
La era moderna
Mapa de Roshar moderno, realizado por Isaac Stewart
Actualmente nos encontramos en la conocida como «Era de la Soledad», y podemos observar que los diez Reinos Plateados se separaron en más de 26 naciones. Podemos ver una gran diferencia a nivel cultural y político entre las naciones makabaki occidentales y las vorin orientales. A continuación comentaré algunos de las características más importantes de estos lugares.
Naciones Vorin
Las Naciones Vorin comprenden varios reinos, como Alezkar, Jah Jeved, Karbranth, Nueva Natanan y Thaylenah, donde la religión principal es el vorinismo, que adora al Todopoderoso como el creador del mundo y a los diez Heraldos.
La cultura vorin es muy rígida y estructurada, dividiéndose la sociedad en tres aspectos principales: género, color de ojos y casta (nah y dahn).
En lo que respecta a las diferencias de género, se establecen según una obra literaria llamada «Artes y Majestuosidad«, que clasifica ciertos temas y prácticas como femeninos o masculinos. Se consideran actividades femeninas aquellas que se pueden realizar con una sola mano como escribir, hacer música o dibujar, mientras que las actividades masculinas suelen implicar el uso de ambas manos, como el combate o la carpintería. Esta distinción lleva a asociar la delicadeza con las mujeres y la fuerza bruta con los hombres. Cualquier persona que se desvíe de esta norma es mirada con extrañeza, como la actitud general de Jasnah Kholin o el interés por la moda de Adolin Kholin.
Esto conlleva a que muchos hombres vorin no puedan leer ni escribir, salvo los sacerdotes llamados fervorosos, lo que los lleva a depender de otras mujeres, ya sea su esposa o alguien a su cargo, para llevar a cabo estas actividades. Los hombres utilizan un sistema más gráfico y sencillo por medio de glifos para transmitir mensajes simples y más visuales.
Esto hace que las mujeres ocupen puestos de confianza y de gran importancia. Ellas desempeñan roles clave en la creación de documentos y escritura, junto a los fervorosos. En una ocasión, vemos a Dalinar Kholin reflexionando sobre cómo los hombres aprenden a manejar la espada mientras que las mujeres dominan la escritura, y se pregunta quién sale ganando.
Podemos destacar algunas costumbres, como la tradición de que las mujeres deben, a partir de los once o doce años, ocultar por completo su mano izquierda, conocida como la «mano segura», ya que mostrarla se considera inapropiado. Por lo general, las mujeres de clase alta suelen ir ataviadas con vestidos de mangas largas que cubren su mano izquierda, mientras que aquellas que trabajan suelen utilizar un guante para cumplir con esta norma social.
Brandon Sanderson ha comparado esto con otras culturas de nuestro mundo en las cuales es ofensivo enseñar la planta de los pies o la parte superior de nuestras cabezas.
Otra de las características más importantes de las naciones vorin es el sistema de castas basado en el color de ojos. Se considera que las personas con ojos claros forman la élite, elegida por el Todopoderoso para gobernar, mientras que aquellos con ojos oscuros son considerados plebeyos. Además, se clasifican en diez niveles para los ojos claros (dahns) y otros diez para los ojos oscuros (nahn).
Un individuo de ojos oscuros ubicado en los primeros niveles de dahns puede disfrutar de cierta comodidad y ocuparse de asuntos relativamente importantes, como el comercio, e incluso casarse con personas de ojos claros. Sin embargo, aquellos en los niveles más bajos de los nahn son siervos sin apenas derechos ni privilegios, a veces debido a algún delito cometido por ellos o sus familiares.
En cuanto a la jerarquía de los ojos claros, va desde los más altos puestos de dahn, ocupados por reyes y sus familias, hasta los más bajos, donde se encuentran aquellos con escasas riquezas, como mercaderes y maestros artesanos.
Alezkar
Esta gran potencia militar se encuentra ubicada en el este de Roshar y es el país más grande y destacado de las cinco ciudades vorin, con una población que alcanza los cientos de miles de personas. Sus habitantes, conocidos como alezi, identifican a su nación con los colores azul y dorado. Los hombres de esta región se destacan convirtiéndose en guerreros de renombre, mientras que entre sus mujeres se encuentran las mejores escribas y eruditas del mundo conocido.
Su idioma es el alezi y generalmente son altos, con piel bronceada y pelo negro. Otros tonos de cabello son considerados marcas de sangre extranjeras como el pelo de Adolin Kholin y Shallan Davar.
Debido a encontrarse muy al este, sus asentamientos se ven obligados a construirse en el lado a sotavento para protegerse de las altas tormentas.
Entre las ciudades más importantes encontramos Kholinar, el hogar de la Casa Kholin; Rathalas, Revolar, Piedralar (hogar de Kaladin Bendito por la Tormenta) y Dumadari. Unos años antes del inicio de El camino de los reyes, Alezkar estaba dividida en diez altos principados, siendo unificados bajo su mando por la mano de Gavilar Kholin antes de acordar una tregua con los parshendi de las Montañas Irreclamadas, tratado que como vimos al inicio de la obra, no duró demasiado.
Thaylenah
Consiste en un grupo de tres islas ubicadas en el suroeste de Roshar. Se trata de una monarquía electiva, donde el líder es seleccionado por una asamblea compuesta por mercaderes y oficiales navales de alto rango. Aunque este reino reconoce la división vorin entre ojos claros y ojos oscuros, no existe una distinción noble de castas. En cambio, emplean un sistema de rangos propio en lugar de nahns y dahns.
Mujer thayleña, realizado por Dan Dos Santos
Sus habitantes hablan el idioma thayleño y están compuestos por individuos de tez morena, ojos rasgados y baja estatura. Entre sus características más importantes están sus largas cejas blancas, que se colocan detrás de las orejas y suelen ser estilizadas y adornadas de diversas maneras.
En Tahylenah no se practica ampliamente el vorinismo, pero sí existe una fuerte influencia de la cultura vorin, que se puede ver por ejemplo en el hecho de que sus mujeres se cubren la mano segura. La mayoría de los thayleños son mercaderes, marineros y comerciantes.
Jah Keved
Ubicada en la parte oriental del continente, esta ciudad es la segunda más importante para los vorin, siendo Vedenar su capital bajo el reinado del Rey Hanavanar. Destaca por albergar la mayor colección de textos religiosos en todo Roshar, así como por contar con algunos de los mejores artifabrianos del mundo. Se impulsan activamente la tecnología y la ciencia con el objetivo de desarrollar armaduras y espadas esquirladas. Los veden se caracterizan por su tez pálida y ojos color violeta. La mezcla de culturas les ha dado un distintivo cabello rojizo, como el que luce Shallan Davar. Su lengua es el veden, que es parecido al alezi, y su estructura social se rige también por un sistema de castas basado en el color de sus ojos.
Shallan Davar y sus hermanos, realizado por botanicaxu
Otra particularidad de esta región es que las familias veden dividen los nombres de sus hijos en dos partes, donde la primera indica su orden de nacimiento y la segunda constituye el nombre propiamente dicho. Los primeros cuatro hijos utilizan los prefijos Nan, Tet, Asha y Van, respectivamente. Esto lo podemos apreciar en la familia de Shallan.
En su territorio se encuentran los Picos Comecuernos, donde residen Roca y su pueblo, quienes no siguen las tradiciones vorin.
Karbranth
Ciudad-estado independiente tallada en la ladera de una montaña, donde se resguarda de las altas tormentas. Es reconocida como la Ciudad de las Campanas, debido justamente a las numerosas campanas que tintinean al viento débil de las tormentas, siendo esta su única señal de paso debido a su estratégica ubicación en el Lait.
Su gobierno está a cargo del rey Taravangian, a quien pronto conocemos en «El camino de los reyes». Esta ciudad es famosa por albergar el sistema sanitario más ambicioso del continente, proporcionando decenas de hospitales gratuitos para su pueblo y convirtiendo a Karbranth en el lugar idóneo para la formación de un cirujano, como es el deseo de Lirin para su hijo Kaladin. Además, en esta ciudad encontramos el Palaneo, la biblioteca más grande del mundo, y gracias a sus ingresos pueden financiar el sistema sanitario
Las Naciones Makabaki
En el caso del Reino Plateado Makabakam se dividió en más de diez naciones, cuyos habitantes continúan siendo conocidos a día de hoy como makabakis. Algunas de las naciones más destacadas entre ellas son Azir, Tashikk, Yezier, Liafor, Emul, Steen, Alm y Desh. Estas naciones comparten rasgos culturales y políticos similares. Más adelante destacaremos algunas de ellas.
Físicamente, los makabakis presentan cabello oscuro, baja estatura y piel más morena en comparación con otros habitantes de Roshar, sin llegar a ser piel negra como la de algunos Parsmenios. Sus ojos suelen ser oscuros y redondos, por lo cual se utiliza el color de ojos como un marcador social distintivo.
Las naciones makabakis Tashikk, Yezier, Emul, Steen, Alm, Desh, Marat, Tukar y el propio Azir forman parte de una alianza conocida como el Imperio Azishiano y han jurado fidelidad al Aqasix Supremo de Azir. Este título político se remonta a la era del Hacedor de Soles y en teoría cualquiera, excepto los líderes religiosos, puede presentarse como candidato e intentar obtener la bendición del visirato para el título.
En la práctica, las naciones que conforman el Imperio Azishiano mantienen en su mayoría su independencia, aunque Azir, más poderosa y grande, ejerce una gran influencia sobre las demás.
Azir
Como decíamos anteriormente, Azir es el estado makabaki más grande y una de las más grandes de toda Roshar. Tiene un clima seco y cálido en comparación con el resto del continente, a excepción de Iri.
Azimir es la capital de Azir y el lugar donde se encuentra su Puerta Jurada. Sus habitantes tienen el estereotipo de ser pacíficos, preferir la educación a la guerra y adorar la burocracia y el papeleo. Se enorgullecen de su sistema político encabezado por el Aqasix Supremo, con el que han evitado durante muchos siglos guerras internas, a diferencia de otros lugares de Roshar.
Moda Azishiana de los burócratas, realizado por Dan Dos Santos
El idioma principal entre las naciones makabakis es el Azishiano, que cuenta con su propio sistema de escritura, independiente de las escrituras vorin. En cuanto a su fe, se centra en la veneración de los Heraldos, a quienes llaman Kadasixes. Su líder espiritual es el heraldo Jezrien, considerando al Aqasix Supremo como su representante en el mundo.
La posición social dentro de la sociedad makabaki se establece en base a la educación y el puesto dentro de la burocracia, y esto a menudo se refleja en la vestimenta que llevan. No hay distinciones de género aparentemente, ya que tanto hombres como mujeres pueden ascender como visires o vástagos. Además, las mujeres no están limitadas por el concepto de «mano segura«.
Aunque este sistema social parece más equitativo que el de otras naciones, las cosas no son tan simples en la práctica. En las novelas se relata el caso de Sigzil, un miembro del puente cuatro que deseaba presentarse a un examen, pero debido a su origen humilde, hijo de un obrero, no podía dedicar todo el tiempo que necesitaba. También se menciona que la sociedad makabaki mantiene una moralidad estricta en lo que respecta a las relaciones, y, a diferencia de los alezi, tratan la homosexualidad de manera diferente.
Tasshikk
Ubicada en la parte más meridional de las naciones makabakis. Entre las ciudades de las que tenemos más información tenemos a Yeddaw, compuesta por cientos de trincheras cortadas en el suelo y que forman una espiral hacia el centro de la ciudad. Podemos conocer más sobre la misma en la historia corta Danzante del Filo, que se encuentra dentro de la novela Arcanum Ilimitado.
Otros lugares
Llanuras quebradas
Región situada entre la Tierras Heladas y las Colinas Irreclamadas, formando antiguamente parte del Reino Plateado de Natanatan. Su nombre proviene de las mesetas de diferentes tamaños que forman el territorio y que se encuentran separadas por profundos abismos, los cuales son habitados como puedes imaginar por monstruos nada amigables.
Su clima es frío y tiene una gran exposición a las altas tormentas, por lo que no suele estar poblado por humanos. Están habitadas por tribus de oyentes (o parshendi para los alezi) y es el campo de batalla en la guerra alezi que encontramos en la novela El camino de los reyes.
Mapa de los campamentos alezi, realizado por Isaac Stewart
Herdaz
Esta nación costera se sitúa en el nordeste de Roshar, colindando con Jah Keved a través de dos ríos y con Alezkar por tierra. Durante la era de los Reinos Plateados, formó parte del reino de Rishir.
Tienen una larga historia de conflictos con los alezi, incluso después de la unificación bajo Gavilar Kholin, lo que supuso una constante amenaza para sus fronteras. Aunque son de nombre vorin, no se consideran una nación vorin. Una de sus principales distinciones es que en la cultura herdaziana, los hombres hacen uso de la escritura debido a su propia versión de la fe.
Sus habitantes son de piel morena, más oscura que la de los alezi, pero sin llegar a ser como la de los makabaki. Su pelo generalmente es castaño y suelen ser confundidos con los habitantes de las Islas Reshi. Tienen uñas cristalinas de color pizarra, lo suficientemente fuertes como para encender un fuego con una herramienta, fruto de su ascendencia cantora.
Lopen usando su herramienta para causar chispas, realizado por botanicaxu
Son conocidos por ser una comunidad muy unida y por tener familias numerosas, manteniendo fuertes lazos entre ellas. Uno de los herdazianos más notables es el carismático Lopen, miembro del puente cuatro, que cuenta con numerosos primos. Gracias a él podemos conocer las numerosas palabras en herdaziano para referirse a una persona sin utilizar su nombre. Como por ejemplo «gancho» para referirse a un superior.
Shinovar
Esta región se encuentra al oeste del continente de Roshar, separada del resto de naciones debido a las Montañas Brumosas que la rodean por el este y otras cordilleras que hacen lo propio por el oeste. Debido a esto, no colindan con otras naciones y están protegidos en gran parte de las altas tormentas. Esto hace que tengan una fauna y flora más similar a la Tierra.
Shinovar y las Montañas Brumosas, realizado por Adam J. Marin
Sus habitantes son conocidos como «Shin» y poseen rostros y ojos redondeados carentes de la brida mongólica. Su piel es clara, descritos generalmente como pálidos. Son de estatura más baja que los alezi y no suelen mezclarse con otras razas. Utilizan un sistema de nombres único de su cultura. En primer lugar se identifica a un Shin por su nombre propio, luego como hijo o hija, y seguido del nombre de su padre para los hombres, así como el nombre de su madre para las mujeres. Por ejemplo, tenemos a Thresh-hijo-Esan (Thresh, hijo de Esan). Como excepción a esto, tenemos a Szeth-hijo-hijo-Vallano, que usa el nombre del abuelo para evitar la deshonra de sus padres, teniendo como significado algo así como «Szeth, hijo del hijo de Vallano».
Tienen una estructura social basada en las profesiones, teniendo en la cúspide a los granjeros que cultivan las plantas, considerados sagrados, por lo cual los extranjeros no tienen permiso para visitar aldeas granjeras o tierras de cultivo.
Szeth, realizado por Ben McSweeney
Por otro lado tenemos a los guerreros, quienes están muy mal vistos en la cultura Shin, muy por debajo de los granjeros, artesanos o mercaderes. Se requiere que todos los guerreros obedezcan a la persona que posea su piedra jurada, salvo si son extranjeros. Para esto hay una excepción, y es que un shin se convierta en «Sinverdad», los únicos que son considerados por debajo de los guerreros en Shinovar. Es prácticamente un esclavo, designado de este modo como castigo por una traición a su pueblo. En las novelas podemos ver a Szeth-hijo-hijo-Vallano como ejemplo de esto.
Hasta aquí la guía sobre la geografía de Roshar. Espero haberte sido de ayuda y si te has quedado con ganas de más, no olvides pasarte por la fantástica página cosmere.es y la web de la Coppermind, que me han servido para realizar este artículo.
Tras su paso por los cines ha llegado a Disney+El Reino del Planeta de los Simios (2024) que, dirigida por Wes Ball, continúa una franquicia que lleva más de cinco décadas y especialmente a la trilogía que le diera reinicio en 2011. Te contamos de qué va y nuestro parecer…
El Planeta de los Simios es no solo una de las franquicias más exitosas sino también de las que ha dado lugar a más reinicios y líneas colaterales, haciéndola a veces difícil de seguir para el público no conocedor. Sus inicios se hunden en la novela homónima del francés Pierre Boulle, aunque se instala definitivamente en la cultura popular con la película de Franklin Schaffner de 1968 (aquí retro-análisis), continuada por cuatro secuelas bastante flojas, un remake poco feliz de Tim Burton y una trilogía que, revitalizando la franquicia en el nuevo siglo, es ahora continuada con El Reino del Planeta de los Simios (Planeta de los Simios: Nuevo Reino para América Latina), que acaba de llegar a Disney+.
Con dirección de Wes Ball, responsable de la trilogía de Maze Runner, El Reino del Planeta de los Simios viene justamente a continuar muchos años después esa historia, a la vez que servir de puente hacia la película que, protagonizada por Charlton Heston, iniciara allá por 1968 el camino cinematográfico. Ese carácter transicional le quita al filme algo de personalidad, lo que no significa que carezca de méritos o aciertos. Pero no nos adelantemos y veamos primero de qué trata…
La Historia
La película comienza con la muerte de César, es decir justo donde terminaba la trilogía. Un salto temporal nos lleva trescientos años al futuro para mostrarnos a los simios dominando el planeta y divididos en clanes, mientras que el mismo virus que les hizo inteligentes ha llevado a los humanos a una regresión evolutiva en la que viven como salvajes sin siquiera lenguaje.
Noa (Owen Teague) es un joven chimpancé que forma parte de un clan que domina la cetrería y mantiene un vínculo especial con las águilas. Hijo del líder Koro (Neil Sandilands) y por lo tanto su heredero, le vemos en compañía de sus amigos Soona (Lydia Peckham) y Anaya (Travis Jeffery) escalar un pico para conseguir un huevo de águila necesario para el ritual del vínculo a celebrarse al día siguiente. No es una escena de relleno ni azarosa: tanto las águilas como la habilidad de escalar acabarán siendo decisivas en la historia.
Pero una carroñera humana (un “eco” como ellos le llaman) se introduce por la noche en la aldea y, al intentar robar el huevo, acaba rompiéndolo, lo que obliga a Noa a tener que ir en busca de otro. Al regresar, sin embargo, se encuentra con el devastador escenario de la aldea arrasada por gorilas a caballo al mando de un tal Sylva (Eka Darville), que se valen de lanzas eléctricas para esclavizar a los suyos y matar a quienes oponen resistencia, entre ellos su padre. Incluso él es dado por muerto, pero cuando los gorilas se marchan y aun con el dolor de enterrar a su propio padre, Noa partirá para tratar de rescatar a su clan de alguna forma.
A partir de allí, el suyo es el camino del héroe y también de descubrimiento, cruzándose por ejemplo con Raka (Peter Macon), sabio orangután que le pone al tanto de las verdaderas enseñanzas de César que, hablando de unión y de que “simio no mata simio”, han sido tergiversadas por Proximus (Kevin Durand), rey y líder de los gorilas que, apropiándose de su nombre y legado, se autoproclama como su continuador.
También se encontrará con una joven humana (Freya Allan) a la que Raka da el nombre genérico Nova, pero descubrirán que tiene el suyo propio (Mae) cuando sepan que sabe hablar, confirmando así que ha existido un pasado en el que los humanos eran la especie dominante y los simios simples bestias…
Proximus, por otra parte, mantiene en secreto a un sirviente humano llamado Trevathan (William H. Macy), quien le lee textos antiguos y lo ilustra acerca de los tiempos en que los humanos dominaban la Tierra. El tiránico monarca, además, está obsesionado con una bóveda en cuyos vanos intentos de apertura sacrifica día a día nuevas vidas de sus súbditos y que, según él, contiene los conocimientos tecnológicos que le darán poder absoluto.
El misterio sobre el contenido de la bóveda se mantendrá prácticamente hasta el final de la película: Mae sabe cómo abrirla pero no está dispuesta a dar esa información y dice que dentro, entre otras cosas, hay una especie de “libro” que permitirá a los humanos volver a ser lo que fueron antes…
Entre lo Antiguo y lo Nuevo
Lo primero para destacar es, por supuesto, la magnificencia visual. Es cierto que en la comparación con la trilogía precedente se extraña aquella oscuridad que, sobre todo en la segunda y tercera película, diera identidad a la misma (algo que incluso se puede hacer extensivo a la propia historia), pero no por luminosa la fotografía deja de ser gloriosa, con increíbles movimientos de cámara y realzando los paisajes de Australia y Nueva Zelanda en que la película fue rodada.
El aspecto de los simios es cada vez más realista, sin que las capturas en movimiento o los agregados digitales quiten expresividad o impidan apreciar el buen trabajo de los actores, particularmente de Owen Teague y Peter Macon. Cierto es que cuesta determinar cuánto hay de ordenador y cuánto no, pero justamente ello habla bien de la película y de Erik Winquist, supervisor de efectos visuales de demostrada experiencia en recrear primates con El Amanecer del Planeta de los Simios o incluso fuera de la franquicia con King Kong (Peter Jackson, 2003) y Proyecto Rampage (Brad Peyton, 2018).
En donde la película se queda por debajo de las tres anteriores es en la historia. No porque no tenga atractivo, pero los 145 minutos son algo excesivos y a la trama le cuesta terminar de despegar durante la primera mitad, sumado al hecho de el guion deJosh Friedman (La Guerra de los Mundos, La Dalia Negra, Fundación) no alcanza la intensidad emocional o los sustanciosos diálogos que caracterizaban a aquellas.
A pesar de algún giro hacia el final, la historia es bastante lineal y por momentos previsible al incurrir en tópicos y lugares comunes de las películas postapocalípticas como la búsqueda de conocimientos olvidados, el secreto bajo llave, el líder mesiánico o el sabio que, apartado del resto, conoce algo que los demás no.
Y si bien la película puede ser apreciada de manera independiente a sus antecesoras, contiene montones de referencias que no solo la anclan a la trilogía sino que además indican un claro rumbo hacia los sucesos de aquel primer filme de 1968, con guiños fácilmente reconocibles como el raid de jinetes gorilas persiguiendo a hordas de humanos, la muñeca que habla, los siniestros espantapájaros o el nombre Nova, que se viene repitiendo en la franquicia y que Raka, casi como chiste interno, dice que suele ser dado a las humanas de modo genérico.
Todo ello causa obvio beneplácito en los fans, pero da a la película un carácter transicional que por momentos le impide tener personalidad propia. Y aunque se despega de las anteriores al recrear un mundo ya dominado por los simios, no termina de marcar un camino nuevo en la medida en que su resolución guarda demasiada similitud con la forma en que se resolvieron las dos anteriores y a la vez pareciera un tráiler de lo que se viene.
Entre los aciertos, se evita la simple moraleja ecologista: los simios terminan siendo muy parecidos a los humanos, con sus mismos vicios y ambiciones de poder, así como tendencia a idealizar y tergiversar el pasado en beneficio propio. Lo que se hace aquí con César no es distinto de lo que en momentos de la historia se hizo con Jesús, Mahoma o Moisés.
En algún punto se puede también comparar al reino gorila con el estado fascista o nazi, e incluso hay clara y explícita analogía con la historia de Roma que el propio Trevathan se encarga de leer a Proximus, quien ostenta, agregado a su nombre, el título de César del mismo modo que lo hicieran los emperadores romanos.
También hay lugar para los dilemas éticos y la reflexión moral, que si bien no están tan presentes en los diálogos, decantan por propio peso. El conflicto entre Trevathan y Mae es el conflicto entre colaboracionismo y resistencia, resignarse y luchar. Y el principio de que el simio no mata al simio puede incluso ser puesto sobre el tapete ante circunstancias que a veces requieran saltárselo (ya el propio César lo había hecho).
Y ya que hemos hablado de Trevathan, es una pena lo desaprovechado que está su personaje, sin el metraje suficiente como para que el bueno de William H. Macy muestre plenamente sus cualidades actorales.
De hecho, es justamente en los personajes humanos donde la historia hace más agua, pues Freya Allan (a la cual quizás identifiquen como la princesa Ciri de The Witcher), quien sí tiene buen recorrido en la película, no termina nunca de salir de una única expresión facial que no sabemos si es de miedo, duda o expectación, además de no dar el guion suficiente desarrollo a su personaje para que conozcamos su personalidad o su pasado: quizás ocurra en la próxima película, como el cliffhanger final deja entrever que habrá. ¿Una nueva trilogía tal vez?
Balance Final
Sin la oscuridad ni los debates filosóficos de las películas de la trilogía previa, El Reino del Planeta de los Simios es un filme que cumple en mantener viva a la franquicia y, sobre todo, hacer de puente entre lo que pasó y lo que viene. Es lógico que haya menos misterio porque ya estamos entrando en terreno que conocemos por la película de 1968 o por las que siguieron, algunas de las cuales, incluso, eran precuelas. Y si, como sospecho, estamos ante una nueva trilogía, que no nos sorprenda encontrarnos en algún momento con la Estatua de la Libertad…
Pero más allá del carácter transicional y de un argumento menos intenso, El Reino del Planeta de los Simios entrega un espectáculo visual sorprendente al que se suman las buenas actuaciones (especialmente por el lado de los simios) y una historia que, pasada la primera mitad y más allá de alguna resolución demasiado parecida a otras que ya vimos, logra mantener el interés hasta que llegan los créditos finales.
Y si es cierto que se viene una nueva trilogía, quizás para dar una evaluación correcta haya que esperar a que esté concluida y así saber adónde conduce la cosa o si todavía nos tiene reservada alguna sorpresa el futuro que ya conocemos. Por lo pronto, El Reino del Planeta de los Simios, junto con el resto de las películas que componen la franquicia, está disponible para ser disfrutada en Disney+.
Prime Video ha estrenado la nueva película de Guy Ritchie, El ministerio de la guerra sucia, donde el guionista y director cuenta con un nutrido grupo de estrellas para contarnos una historia de la II Guerra Mundial donde no falta la violencia, la acción y el humor macarra que siempre acompaña las cintas del señor Ritchie.
La película esta basada libremente en hechos reales, recreando bajo el prisma de Ritchie la conocida como Operación Postmaster. Esta acción militar fue muy importante ya que redujo considerablemente la capacidad de los submarinos alemanes para actuar en el Océano Atlántico, lo que facilito la entrada de EEUU en la guerra. Además, fue el germen de lo que luego serían los servicios secretos del Reino Unido.
Unos hombres duros decididos a darlo todo por su misión
En la película conoceremos a los agentes que llevaron a cabo la Operación Postmaster, que consistía en grandes rasgos en hundir el barco que llevaba los suministros a los submarinos nazis. Dicho barco estaba amarrado en un puerto neutral africano, así que allí tendrán que ir nuestros aguerridos soldados en una operación que no contaba con autorización oficial. Por otro lado, un par de agentes de inteligencia ya están en el puerto para conseguir la información necesaria para sus compañeros, una información que se mostrará de vital importancia dadas las circunstancias.
La cinta tiene dos vertientes diferenciadas, por un lado, la acción más divertida y adrenalítica, con el batallón de soldados cargándose a todo el que se le pone por delante en pos de conseguir el objetivo de acabar con el dichoso barco. Dicho grupo esta comandado por Gus March-Phillips (Henry Cavill) al que acompañan Anders Lassen (Alan Ritchson), Freddy Alvarez (Henry Golding), Geoffry Appleyard (Alex Pettyfer) y Henry Hayer (Hero Fiennes Tiffin). Las escenas de acción que protagonizan están rodadas con el pulso enérgico marca de la casa de Guy Ritchie y son muy espectaculares ya que los actores demuestran una gran química entre ellos. Mención aparte merece la actuación de Alan Ritchson, conocido por su papel en la serie de Reachery que aquí está muy pero que muy divertido.
Alan Ritchson, lo mejor de la película
En el otro lado de la balanza tenemos a Marjorie Stewart (Eliza González) y Mr. Heron (Babs Olusanmokun),los dos agentes destinados en el puerto que tienen que recoger la información en una trama de espionaje que le lleva a enfrentarse al malo malísimo de la película, el general Heinrich Luhr (Til Schweiger). El juego del gato y el ratón que se establece entre los personajes es también muy interesante, aunque queda lejos de las cotas de diversión que ofrece la parte de la cinta centrada en la acción.
Hay que señalar que no es la primera que vez que Ritchie nos cuenta una historia de espionaje. En cierto sentido, este Ministerio de la guerra sucia parece una precuela de Operación UNCLE, cinta en la que el guionista y director se sumergió en el mundo de los agentes especiales, curiosamente también con Henry Cavill como protagonista.
Marjorie Stewart, una mujer de armas tomar
La cinta no deja de ser un divertimento de verano en la que Guy Ritchie parece querer darnos su propia versión de Malditos bastardos. Y aunque quede lejos de la genial película de Tarantino, al menos funciona bien y ofrece dos horas de acción y diversión que merecen mucho la pena. Es cierto que tiene algunos problemas de ritmo y que las dos tramas no están del todo bien equilibradas, pero las escenas de acción son fantásticas, los actores están geniales y siempre están pasando cosas en la pantalla, lo que no deja un momento de respiro al espectador. Por otro lado, siempre es un gusto ver morir a nazis, algo que aquí tenemos de mil y una maneras.
En resumen, El ministerio de la guerra sucia es una película divertida con el sello propio de Guy Ritchie así que ya sabemos que esperar. Humor sin complejos y acción desenfrenada para pasar dos horas pegados a la televisión disfrutando mientras los nazis son derrotados y asesinados de las formas más crueles. No hay más, no esperes un guion muy elaborado ni uná trama compleja. Aquí hemos venido a lo que hemos venido y desde luego que el señor Ritchie lo consigue. Una película perfecta para disfrutar sin comerse la cabeza en este verano tan caluroso.
¿Realmente resurge Marvel? Esta es una pregunta de la cual nadie tiene la respuesta definitiva, pero que realmente a todos los fans nos gustaría decir «si». Y en mi opinión personal tengo que decir que «parece que si», pero veremos hasta donde llega este resurgir, que es lo que también escribiré en este artículo.
Resurge Marvel y lo acabaremos viendo
Después de unas películas y series donde el fracaso de crítica y taquilla (o visualizaciones) han sido muy patentes, parece que el Universo Cinematográfico Marvel está resurgiendo de sus cenizas, y la primera piedra de toque es la película Deadpool y Lobezno (Wolverine). Ojo a Wolverine que a pesar de ser uno de los héroes más reconocidos del mundo, su traducción en los países de habla hispana tiene muchas variantes. Os recomiendo este artículo bastante interesante sobre el tema de la traducción de Wolverine.
Pero volviendo a la cinta de Deadpool y Lobezno (Wolverine), que va a pasar fácil de los 1000 millones de recaudación a nivel mundial, quería decir que aunque esta cinta ya pertenece al 100% al UCM, es una piedra preciosa, como una «rara avis». Es la primera cinta de Marvel para mayores de 18 años y además Disney, ahora con los derechos de los mutantes (y Deadpool) ha tenido que seguir la tónica de las dos primeras partes del mercenario bocazas. No le quedaba otra. Y ese gamberrismo unido a Wolverine ha convertido esta cinta en un auténtico éxito, tan grande que se la compara con la época (no tan lejana) de las grandes producciones Marvel donde todas las películas eran un blockbuster.
¿Y ahora qué? ¿Podrá Marvel quitarse de encima no sólo los fracasos en taquilla de películas como Marvels, sino el sabor amargo que dejó entre los fans? Parece que Marvel lo está intentando y espero que lo logre.
Marvel no sólo necesita grandes producciones con guiones dignos, sin patochadas. Marvel necesita crear «hype» como se dice actualmente. Marvel necesita generar interés y parece que lo ha conseguido, al menos en el aspecto cinematográfico. En el tema de series creo que Daredevil Born Again puede ser la bomba a punto de estallar.
En las series que veremos en Disney Plus es donde más miedo me da Marvel, y dónde hace tenga que tenga dudas de su resurgir, y quizás por esto el título de este post lo haya puesto entre interrogaciones. En primer lugar tenemos Agatha All Along (Agatha en todas partes), una serie sobre la villana de la Bruja Escarlata que nadie pidió y que visto el tráiler parece más un spin-off de Sabrina que una serie Marvel. Y como segunda serie tenemos IronHeart, que ojalá sea buena y pueda llegar a todos los públicos, pero tengo mis dudas. Y sí, como tercer elemento en Disney Plus se nos presenta Daredevil Born Again, basado en la historia del Hombre sin Miedo escrita por Frank Miller en los 80 y que es posiblemente la historia de Marvel más reconocida por los críticos de su historia. Dejamos el listón muy alto.
Sin embargo en el cine, que es donde se recauda el dinero, donde fracasar importa, parece que Marvel no quiere más películas como Marvels y va a la construcción de un nuevo subargumento. Un subargumento que reúna y junte a todas las nuevas películas, así como se hizo en el pasado con Thanos y las gemas del Infinito. Y al menos esto se basa en tener un Nuevo Orden Mundial y un nuevo villano, el Doctor Doom o Doctor Muerte. Sin duda Marvel ha tirado la casa por la ventana al contratar a Robert Downey Jr como Doom, el mayor villano de Marvel, al menos en los cómics. Nota para los más nuevos: Doom es posiblemente el mayor villano de Marvel, pero no por fuerza bruta, sino por inteligencia y poder político. El gran enemigo de los 4 Fantásticos.
Se nos presentan films como Capitán América nuevo orden mundial con el Halcón a los mandos y donde son «los malos» los que gobiernan las altas esferas. Veremos que sale de esto, pero al menos espero algo digno. Para a continuación sacar al mercado Thunderbolts, que son los villanos reunidos en un grupo tipo los Vengadores pero al servicio de esas personas que están por encima de los grande estamentos. Se avecinan malos momentos para los héroes.
Además de esta nueva era se nos presentan dos nuevas películas que se rescatan de otras lides, como de la Fox. Nuevas películas, supongo que un nuevo comienzo en el UCM de Los 4 Fantásticos y de Blade. Siempre con cierto miedo, pero con gran ilusión.
Y para cerrar el ciclo a «corto plazo» tendremos dos cintas de Los Vengadores con nuevas premisas ahora que Kang ha desaparecido del UCM. Y como dije antes ¿Qué mejor elección que el Doctor Doom y que sea Robert Downey Jr el escogido?. Un golpe de efecto de Marvel. Veremos en que deriva todo esto, pero espero que Doom se quede para varias películas y que sea una especie de Thanos que siembre el terror durante mucho tiempo. Los Vengadores volverán con Avengers Doomsday y Avengers Secret Wars y espero que sea un colofón final, aunque se que no generará tanta expectación como Infinity War o Endgame.
¿Vuelve Marvel? ¿Realmente resurge Marvel?, que es la pregunta del título. Si, pero creo que con menos fuerza que antaño. Pero si, Marvel ha vuelto, y espero que se quede mucho tiempo
Sobra decir que el arte, en sus distintas formas, es terapéutico. Sí, no solo hace mejores nuestras vidas, sino que, hasta cierto punto, nos sostiene y nos sana. Y el cómic, el noveno arte, no es una excepción. Y si no, que se lo digan a Se está muy sola en el centro de la Tierra, novela gráfica autobiográfica que ha publicado Norma, nominada a cinco premios Eisner (los Oscar del cómic) en 2023 y ganadora del premio Russ Manning a la autora más prometedora para la escritora y dibujante Zoe Thorogood.
Se está muy sola en el centro de la Tierra narra seis meses en la vida de Zoe Thorogood, autora de cómics que debe lidiar con sus tendencias depresivas, un posible nuevo amor y la presión que supone ser considerada una promesa del cómic.
La autora, nacida en Gran Bretaña en 1998, empezó a ser conocida en 2020 con el fanzine autobiográfico Angel y con la novela gráfica La inevitable ceguera de Billie Scott (2020). También ilustró parte de Poppy’s Inferno, cómic sobre la cantante Poppy. Colaboró como artista invitada en la antología Haha (2021) y como dibujante en la serie Rain (2022). Su consagración como promesa del cómic llegó con Se está muy sola en el centro de la Tierra, publicada en 2022 por Image Cómics y que ha traído a España Norma Editorial.
Conforme iba leyendo Se está muy sola en el centro de la Tierra, no podía evitar acordarme de Mi reno de peluche, la miniserie de Netflix de la que todo el mundo hablaba hace unos meses. Aclaro que las dos obras no se parecen en nada, salvo en el hecho de su marcado carácter autobiográfico. El que una persona publique una obra sobre sus luces y sus sombras suele implicar cierto narcisismo, cierto “tengo la capacidad de ayudar a los demás mostrándoos lo que yo mismo he vivido”.
Sin embargo, si algo desprende esta Se está muy sola en el centro de la Tierra es que, si por algo ha escrito la autora esta obra maestra es porque, sencillamente, era la única manera de sobrevivir en un mundo francamente hostil para ella.
Zoe, tal y como se muestra en el cómic, tiene claras tendencias depresivas. Cada negativa, cada pérdida, cada no que recibe en su vida es un mazazo del que le supone un mundo levantarse. Por momentos, se siente una luchadora contracorriente. O una víctima. O está triste. O enfadada. No mantiene relaciones sociales por miedo al ridículo. O maltrata a los que le quieren cuando le decepcionan. Tiene ideas suicidas y ganas de vivir. Desea ayudar a los demás con su ejemplo pero teme ser un ejemplo para los demás.
Zoe, en definitiva, es puro caos, pura contradicción. Su mente y sus emociones son tan incongruentes que, inevitablemente, nos hace sentir que Se está en el centro de la tierra es una de las historias más sinceras que leeréis este año. Porque no hay nada más humano que la ambivalencia, el pensar una cosa y luego la contraria. El identificarnos con una postura y sorprendernos situados en la opuesta.
En una de las muchísimas conversaciones que la autora, rompiendo la cuarta pared, mantiene con nosotros, nos dice que las autobiografías, este tipo de relatos, suelen ser bien de masturbación o bien de menstruación. La frase no solo es impactante, sino que es magistral. Porque Se está en el centro de la Tierra, como tantas otras autobiografías, navega entre la ostentación de lo maravilloso que es uno mismo con la expulsión de todo lo “malo e impío” que uno lleva dentro.
La diferencia es que Se está muy sola en el centro de la Tierra es consciente del carácter incongruente, de las luces y la sombras, de su personaje protagonista. Es un personaje que asume que su mayor problema no es que esté triste, sino que estar triste es lo más importante, lo más definitorio de su vida.
Como psiquiatra que soy, no me cabe ninguna duda de que muchísimas personas se sentirán tremendamente identificadas con el devenir en la vida de Zoe. Con sus temores, sus inseguridades, con la presión que le supone recibir un halago o con la necesidad de tener que fingir unas emociones que no siente con tal de integrarse en una sociedad que no termina de entender.
Y toda esta verdad que impregna cada una de sus páginas se ve acompañada de la mayor explosión de creatividad comiquera que he visto en mi vida. Reconozco que no soy un gurú en esto del noveno arte, pero jamás había visto tanto derroche de recursos, de distintos estilos, en una obra de este estilo. Cada página impacta más que la anterior y tiene su sentido narrativo.
Especialmente llamativo me resultó, sin entrar en spoilers, como en un momento importante de la historia de Zoe, esta deja dos páginas en blanco, un enorme espacio vacío que solo nuestra imaginación, en ese continuo juego que la autora mantiene con nosotros, puede rellenar.
En definitiva, Se está muy sola en el centro de la Tierra es una de las grandes novelas gráficas de los últimos años. Una enorme apertura en canal del interior de la autora, en la que muestra toda su fortaleza y su flaqueza. Una obra que, en su capacidad de identificación nada condescenciente, puede ayudarnos a todos a entendernos un poquito mejor. Si esto se ve acompañado con el mejor despliegue de recursos narrativos comiqueros que un servidor ha visto en su vida, estamos ante una obra de la que se hablará durante años.
La dibujante de cómics Zoe Thorogood (La inevitable ceguera de Billie Scott) documenta seis meses de su propia vida mientras esta se hace pedazos en un intento desesperado por volver a juntar las piezas de la única manera que sabe.
Se está muy sola en el centro de la Tierra es una mirada íntima y metanarrativa a la vida de una artista egoísta que debe crear para sobrevivir. Thorogood muestra de forma conmovedora y original su lucha con sus problemas de salud mental —la ansiedad, la depresión y el síndrome del impostor— mientras va forjando una prometedora carrera en el mundo del cómic y se va encontrando a ella misma.
Hacemos hoy repaso de Runaway, Brigada Especial (1984), thriller de ciencia ficción que tenía en la dirección a un especialista en el género como Michael Crichton y en los papeles principales a una dupla antagónica integrada por Tom Selleck, en ese momento en pleno éxito con Magnum P.I., y un impensado Gene Simmons que venía de quitarse hacía poco su característico maquillaje en Kiss. Cynthia Rhodes, Kirstie Alley, Joey Cramer y GW Bailey en esta historia de máquinas y robots que, aparentemente, se están rebelando contra los humanos.
Bienvenidos a un nuevo retro-análisis, hoy para hablar de una película casi olvidada de los ochenta a pesar de estar dirigida por Michael Crichton. Se trata de Runaway, Brigada Especial (en inglés original simplemente Runaway y en América Latina Fuera de Control), la cual tenía además el atractivo de contar en su papel principal a Tom Selleck (quien en ese mismo momento protagonizaba la serie televisiva Magnum, P. I) Y como villano, nada menos que a Gene Simmons, bajista y miembro original de Kiss.
Michael Crichton es conocido tanto por su faceta de escritor como de cineasta. Fueron muchas y con éxito las novelas suyas llevadas a la pantalla (Jurassic Park, Sol Naciente, Disclosure), estando la mayoría de las veces también a cargo del guion, la producción o ambas cosas.
Pero además se atrevió a sentarse en la silla de director a partir de Westworld (1973), la cual, conocida según países como Almas de Metal o El Mundo de los Robots Asesinos (madre mía), marcó un hito en la historia del cine al ser la primera película en incluir imágenes generadas por ordenador y sentó además precedente para la serie homónima (aquí nuestros análisis) que adaptaría la misma novela a lo largo de cuatro temporadas hasta ser brutalmente y sin aviso cancelada por HBO (aquí nuestro artículo).
En general, las historias de Crichton suelen moverse en una línea entre la ciencia ficción y el thriller, tomando mayormente como ejes la tecnología, la biogenética, la medicina o la robótica, como es este el caso. Se estrenó, por desgracia, el mismo año queTerminatory ello contribuyó a que quedara algo eclipsada en cartelera por la película deJames Cameron, que abordaba una temática afín, cuando la idea era que fuera el suceso cinematográfico del año.
En particular, recuerdo haberla visto en programa doble junto con (valga la redundancia) Doble Cuerpo (Brian De Palma, 1984, conocida en América Latina como Doble de Cuerpo) y, sobre todo, el ataque de risa que me dio y motivó fastidio en la sala cuando al entrar con la película cinco minutos empezada y sin siquiera haber tomado todavía asiento, vi a Tom Selleck y Cynthia Rhodes correr por un sembrado a un adefesio amarillo y con ruedas que emitía extraños chillidos.
Pero bueno, el hecho de que la estuvieran proyectando como relleno ya era indicativo de que no venía funcionando muy bien, aunque la cosa cambió después con el VHS, siempre un mundo aparte con respecto al cine al momento de dejar en claro que mucha gente estaba dispuesta a ver en su hogar lo que quizás no en una sala. A partir de ello, la película pasó a ser de culto y hace algún tiempo tuve oportunidad de revisionarla e incluso ver, por primera vez, los cinco minutos iniciales que aquel día me había perdido.
La Historia
Jack Ramsay (Tom Selleck) es un oficial de policía que sufre de pánico a las alturas y ello hizo que en el pasado se le escapara un delincuente que acabaría matando a seis personas. Si no fuera ya suficiente tragedia con la que cargar, además perdió a su esposa en un accidente, lo cual le dejó con la crianza de Bobby (Joey Cramer), un hijo de nueve años cuyas necesidades atiende gracias a los servicios de un robot casero llamado Lois.
La pesada mochila del pasado que lleva a cuestas le ha hecho dejar la calle y dedicarse más bien a casos relacionados con robots, los cuales están ya absolutamente instalados en la vida doméstica y cotidiana de las personas. Parece un terreno más tranquilo, pero la realidad es que los mismos vienen desde hace un tiempo causando dificultades: una máquina rural se rebela en el campo y, mucho más preocupante, un robot hogareño con una Magnum 357 asesina casi completa a una familia a excepción del padre, que ha salido fuera de la casa, así como de un bebé al que urge entrar a rescatar.
En compañía de su nueva compañera de trabajo Karen Thompson (Cynthia Rhodes), Jack debe asistir a ambos lugares, pero mientras que el primer escenario se presenta hasta diríase divertido (repito: me reí mucho y sigo sin entender por qué en la sala nadie más lo hacía), el segundo está cargado de tensión y se ve obligado a ingresar al domicilio para acabar con el robot y salir con el bebé como un héroe mientras, de manera sospechosa, el padre del niño se esfuma del lugar…
El tercer caso que se le presenta es el de un robot de oficina que mantiene a raya a una sexy secretaria ejecutiva llamada Jackie (Kirstie Alley), a la que Jack consigue poner a salvo pero, al hacerlo, le descubre unos cuantos chips que, al parecer, pertenecen a su ex pareja, el doctor Charles Luther (Gene Simmons), ingeniero maniático con prontuario delictivo que busca vender un programa tecnológico de defensa al mejor postor y no tiene mejor idea que ponerlo a prueba con los ex socios que le han abandonado o bien con su ex pareja.
Fantasma en la Máquina
Lo primero para decir es que la película es sorprendentemente “profética” en lo que a tecnología se refiere. Crichton nunca quiso especificar el año en que la historia transcurre pero, por más ochentero que todo se vea y con robots que parecen cajas con ruedas, el mundo recreado es estremecedoramente parecido al que hoy vivimos, siendo moneda corriente las inteligencias artificiales, las casas “inteligentes”, los ordenadores que responden a la voz humana, los drones con cámara o los auriculares inalámbricos. Crichton supo ver el futuro…
Las balas que siguen el calor una vez disparadas pueden también tener algo de actualidad, aunque en la película son capaces de seguir un objetivo único y nunca se explica ni se entiende cómo es que pueden diferenciar y perseguir a un individuo determinado entre una multitud. Las cámaras subjetivas que simulan ir montadas sobre las mismas dan un toque interesante, aunque falta algo de velocidad para terminar de provocarnos la sensación.
Lo de las máquinas rebelándose no era nuevo. En la literatura de ciencia ficción había sobrados ejemplos de larga data, así como en el cine antecedentes como 2001: Una Odisea Espacial (1968) o Blade Runner (1982), de las que invito a leer nuestros respectivos retro-análisis pinchando en los correspondientes links.
Y no hay que olvidar que, como antes hemos dicho, 1984 fue el año de Terminator con su pesadilla de Skynet, lo que ayuda a entender que Runaway haya quedado a la sombra. Incluso Stephen King (otro escritor devenido en director al igual que Crichton, aunque con menos suerte) abordaría la temática dos años después con La Rebelión de las Máquinas (Maximum Overdrive, 1986, también conocida como Ocho Días de Terror).
Pero si nos ceñimos a Crichton, ya su filme debut Westworld había recalado en el tópico. La diferencia es que en Runaway no hay planteo filosófico: no es una película que reflexione sobre la existencia o la sutil línea divisoria entre humano y máquina, sino que simplemente (y así lo manifestó en su momento el propio escritor y director) se propone construir un thriller entretenido en el que las máquinas sean parte de la trama. Y lo logra, a pesar de lugares comunes como la pareja de policías con romance latente en puerta o el jefe gritón y malhumorado interpretado por GW Bailey, quien ese mismo año repetiría casi idéntico papel en Loca Academia de Policía (Hugh Wilson, 1984)
La cuestión no tiene aquí que ver con el terror a que las máquinas se rebelen, sino al psicópata que pueda estar detrás. El propio Tom Selleck lo ha definido de modo casi platónico: “las personas son imperfectas y las máquinas no son otra cosa que su reflejo…”
A propósito, Selleck es un actor poco valorado que, más allá de su perfil seductor y de uno de los mejores bigotes que se hayan visto en pantalla (el de Chaplin era postizo y el de Groucho en parte pintado), ha demostrado ser solvente en papeles tanto de acción como de comedia, confirmando esto último unos años después en Tres Hombres y un Bebé (Leonard Nimoy, 1988), exitoso remake americano de una también exitosa comedia francesa.
Y no era su primera vez a las órdenes de Crichton, ya que había estado en Coma (1978), donde compartía cartel con figuras como Michael Douglas, Geneviève Bujold, Richard Widmark y Ed Harris. Pero para todo el mundo (me incluyo), él era en ese momento ThomasMagnum, el divertido y seductor detective del Ferrari, las bermudas y las camisas floreadas. Y aunque ninguna de las tres cosas aparece aquí, sí está su clásico mostacho o de lo contrario el público podía sentirse estafado y con justa razón.
Selleck cumple un buen trabajo encarnando a un policía atormentado por su pasado y por el vértigo que le aqueja e inmoviliza. El homenaje a Alfred Hitchcock es harto evidente, pues el detective interpretado por James Stewart en Vértigo (1958) sufría el mismo problema y también tenía un pasado a cuestas por no haber podido salvar a un policía que cayó desde una azotea. Eso sí: en el caso de Ramsay, no se entiende cómo lo admitieron en la fuerza con tal afección; por lo menos, el personaje del filme de Hitchcock era detective privado. Lo que se cae de maduro, eso sí, es que la escena decisiva transcurrirá en las alturas…
En cuanto a Rhodes, su elección para el papel tenía poco que ver con sus pergaminos, pues venía mayormente de musicales, habiendo estado el año anterior en Flashdance (Adrian Lyne) y en Staying Alive, innecesaria y olvidable secuela de Fiebre del Sábado Noche dirigida por Sylvester Stallone. No es que haga un trabajo memorable, pero se acopla bien con Selleck (hablo de química actoral, malpensados) en una relación que va in crescendo y que, como en las antiguas cintas del Hollywood de los cincuenta, presagia un beso final que se prolonga insufriblemente durante los créditos al no haber en este caso un “the end”…
Con respecto a Kirstie Alley, creo que fue en esta película cuando me enamoré de ella y a Ramsay le pasó aparentemente lo mismo al verla en su oficina como damisela en apuros a merced de un robot fuera de quicio. Y aunque con orejas puntiagudas y uniforme de la flota estelar ya la hubiéramos visto en Star Trek II: La Ira de Khan (Nicholas Meyer, 1982), definitivamente el de secretaria le sienta muy bien y ni hablar de esa eterna costumbre de alzar intrigantemente la ceja izquierda.
¿Y qué pasa con Gene Simmons? Pues está claro que de actuación no tiene idea, pero no creo que Crichton haya buscado otra cosa más que al “malo” de Kiss sin máscara (que la banda completa ya se había quitado el año anterior en coincidencia con el lanzamiento de su álbum Lick it Up). Como villano es bastante liso: habla como malo, se ríe como malo y mira como malo por debajo de espesas cejas y ceño fruncido. No estoy seguro de que eso haga un buen villano, pero podía atraer a los fans de Kiss o a público de otros ámbitos. Eso sí: nunca saca su lengua…
La única experiencia previa actoral de Simmons hasta ese momento había sido haciendo de sí mismo en el telefilme Kiss meets the Phantom of the Park (Gordon Hessler, 1978), que en algunos países fue incluso estrenado en cine como Kiss contra el Fantasma del Parque o Kiss contra los Fantasmas, título bajo el cual (mea culpa) la terminé viendo. El dato de color es que también allí había robots y la escena en que Gene, junto a la banda, pelea contra unos gorilas blancos con circuitos que chisporrotean es antológica y amerita por sí sola reseña basura para la película, pero bueno: no me quiero ir de Runaway…
El elenco principal se completa con el actor infantil Joey Cramer, siendo este su debut en cine. Dos años después tendría un papel menor en El Clan del Oso Cavernario (Michael Chapman, 1986, aquí retro-análisis) y otro mucho más protagónico enEl Vuelo del Navegante (Randal Kleiser, 1986).
La fotografía es correcta sin ser la gran cosa, lo cual es poco decir considerando que quien está detrás de la misma es John A. Alonzo, que el año anterior había tenido a su cargo la de Scarface (Brian de Palma, 1983) y una década atrás la de Chinatown (Roman Polanski, 1974), películas ambas que se destacan en el plano visual y de las que pueden leer nuestros respectivos retro-análisis pinchando en los links.
La banda sonora corre por cuenta de Jerry Goldsmith, siendo esta la primera que realiza de manera electrónica, a puro sintetizador y secuencia programada con apenas algunas notas de piano hacia el final, cuando la cosa se pone más emotiva y se acerca el beso. Cumple su función pero, al igual que ocurre con la fotografía, tampoco queda en la memoria…
Valoración Final
A pesar de que TriStar apostara todo a la película para que fuera el gran éxito de 1984, la realidad es que Runaway, Brigada Especial no funcionó: con un presupuesto de ocho millones de dólares (superior incluso al de The Terminator), recaudó algo menos de siete (contra setenta y ocho de la película de Cameron). Además, la pantalla de ciencia ficción se pobló ese año de estrenos resonantes como Star Trek III: En Busca de Spock (que, dirigida por Leonard Nimoy, recaudó incluso más que The Terminator) o 2010 – Odisea Dos (Peter Hyams, aquí retro-análisis).
El filme se queda claramente por debajo de títulos anteriores de la filmografía de Crichton como Westworld o Coma, pero es un thriller que busca entretener y lo logra, sustentándose en un efectivo Tom Selleck, unos efectos visuales más o menos decentes, un miembro de Kiss sin máscara y una visión del futuro que cuadra sorprendentemente con el mundo que hoy conocemos. Si no nos ponemos en demasiado exigentes, pasaremos un momento divertido.
Un dato del que quizás muchos no se hayan dado cuenta (bah, o por lo menos yo no lo hice cuando vi la película por primera vez) es que el robot que provoca la tragedia familiar empuña una pistola Magnum en claro guiño al personaje que consagrara a Selleck en la serie televisiva. Y ya que hablamos de él y de armas, en ningún momento aparece empuñando la pistola de balas calóricas que le vemos lucir (y relucir) en el póster promocional. Es solo para la foto y nunca dicho de modo tan literal…
Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a El cómic de la semana. Hoy reseñamos Cómo leerse todo Marvel, de Douglas Wolk. Al final del artículo tendréis la portada y el enlace.
Esta vez he hecho trampas porque no hablo de un cómic como tal, sino de un libro de cómics. Si os fijáis en las categorías, además de estar dentro de la sección «Cómics» está dentro de la sección «Libros» por lo que hago trampas, tengo que decirlo.
Cómo leerse todo Marvel es un libro que ganó el premio Eisner al mejor libro relacionado con los cómics. Y esto es un mérito enorme porque como todo el mundo sabe, los Eisner son los equivalentes a los Oscar de Hollywood, pero versados sobre el mundo del cómic.
Si os gusta leer, aquí tenéis la excusa perfecta para hacerlo porque habla de lo que más nos gusta, los cómics. Esta vez versa sobre los cómics de superhéroes, los de Marvel. Y es que el libro tiene sentido…
Ya en la portada habla de que son 27.000 cómics. ¿De todos estos qué me leo? ¿Cuáles son los imprescindibles? Hay muchas preguntas y pocas soluciones. Pero en el libro de Cómo leerse todo Marvel intenta dividir la historia en capítulos tomando lo más relevante de cada uno de ellos. Así, por ejemplo, puedes saber qué historias clásicas pueden ser las más relevantes en la primera aparición del universo Marvel.
Pero si no quieres empezar con lo más clásicos, puedes ir a leerte los Vengadores, o los mutantes con los X-Men a la cabeza, o Spiderman. O si tampoco te convence nada puedes tirar de grandes sagas que engloban casi todo el universo Marvel, y ver qué cómics puedes leer. Sinceramente, si tienes este libro y no sabes por dónde empezar, es que no tienes ganar de leer cómics. Porque aquí tienes tantos puntos de partida, tan diferentes y de distintas épocas, que es imposible resistirse a todo ello.
Pero este libro no es solo un referente para los más nuevos, ni de lejos. También sirve para los más veteranos porque os aseguro que no nos hemos leído todos los cómics. Además vale como guía de lectura, porque creedme, viene muy bien tener estas referencias donde no se deja escapar ningún detalle. Por otra parte, el autor se las ingenia para intercalar capítulos de interludios donde nos cuenta quiénes han sido los editores jefe de la editorial, o la parte Marvel antes de la creación del universo de superhéroes, así como también muchas anécdotas curiosas e interesantes de este mundillo.
Cómo leerse todo Marvel es un libro imprescindible para todos los fans, al igual que para aquellos que quieran empezar a leer cómics de superhéroes.
En cualquier conversación sobre cómics entre amigos, entendidos, en foros o redes sociales es inevitable que alguien formule la pregunta del millón. «Yo también quiero leer todo esto, pero… ¿por dónde empiezo?». Se trata de una pregunta muy fácil de responder a la ligera (¡por donde quieras!), pero imposible de responder de manera específica.
La telaraña de series y más de seis décadas de aventuras convierte al Universo Marvel en un fractal en constante expansión de historias, personajes, pruebas contradictorias y revisiones imposibles, donde siempre existe un «anteriormente» y donde siempre hay un «continuará» de relanzamientos, resurrecciones, universos paralelos y líneas temporales alternativas.
No importa en qué punto te incorpores, siempre es demasiado tarde. Y ni siquiera los que aseguran haberlo leído todo lo han hecho en realidad.
Pero Douglas Wolk sí.
Tras leerse más de 27.000 cómics de superhéroes Marvel del tirón, este divulgador y superaficionado Marvel se ha convertido en el guía perfecto para pilotar un irresistible viaje al corazón de la cultura popular de los últimos sesenta años, ofreciendo distintos puntos de entrada a los aficionados. Desde los miedos atómicos de la Guerra Civil a las divisiones políticas del presente, desde el debut de Spiderman hasta la Era Krakoa, estas páginas incluyen un extenso análisis (ganador de un Premio Eisner) de visiones progresistas, estereotipos dolorosos y momentos inolvidables a través de los ribetes de este multiverso de ficción.
La década de los años 50 supuso la eclosión definitiva del western. Se convirtió en el género de moda, algo así como lo ocurrido durante la década pasada con el cine superheroico. Todos los grandes actores y directores querían aportar su granito de arena al género. Se rodaron grandes superproducciones, pero también películas más pequeñas que podían llegar a ser tan consistentes como sus homónimas más lujosas.
Además, la llegada de la televisión supuso el estreno de muchas series, como Bonanza o Rawhide, que agolpaban a las familias estadounidenses frente al televisor cada noche.
Y, por supuesto, se rodaron los grandes westerns clásicos, aquellos que nos vienen a la mente cuando pensamos en un sombrero de cowboy o en las plumas de un indio.
En resumen, se habían fraguado los cimientos y lo que se podía construir era inabarcable.
Solo ante el peligro (1952), de Fred Zinnemann. El héroe desamparado.
Planteada más como una película de intriga que como un western, Solo ante el peligro (A la Hora Señalada en algunos países) narra la tensa espera del sheriff Will Kane a la llegada de Frank Miller, un peligroso criminal al que encerró. Kane intentará pedir la ayuda de una comunidad que, se supone, le respeta.
La película no solo fue un éxito de taquilla, sino que ganó cuatro Oscars, entre ellos a un Gary Cooper que recuperó su carrera tras unos años de tibia decadencia.
Su Will Kane es enorme. Entre otras cosas, porque es un héroe que tiene miedo. Y que está solo aunque no quiere estarlo. Nunca antes habíamos contemplado a un protagonista tan humano en una lucha constante entre el hacer lo correcto o largarse del pueblo que le ha dado la espalda.
Además, el director añade una tensión extra planteando la película en un riguroso tiempo real. Una hora y veinte de pura tensión cinematográfica que sirvió como crítica velada a la Caza de Brujas, en la que cineastas antaño respetados eran lanzados a los leones por las personas que supuestamente los idolatraban tras sospecharse su cercanía al comunismo.
Como curiosidad, los historiadores cinematográficos consideran que Solo ante el peligro es el primer western “psicológico”. Como si La diligencia, Incidente en Ox Bow, Pasión de los fuertes o El pistolero no lo hubieran sido antes. Así, Solo ante el peligro es solo una muestra más de las posibilidades del western para adentrarse en los entresijos del alma humana
En cómo se comporta una persona, en cómo nos comportamos, cuando todo va mal.
DISPONIBLE EN: Filmin.
Horizontes lejanos (1952), de Anthony Mann. Una redención que no termina de llegar.
La segunda colaboración entre Anthony Mann y James Stewart es puro cine de aventuras, sustentado en dos pilares que se convirtieron en seña de identidad de la asociación.
Por un lado, la creación de Stewart como un antiguo malhechor cuyo principal propósito en la vida es la de encontrar una redención que no va a llegar jamás. Porque, como se repite en Horizontes lejanos, una manzana podrida no solo nunca dejará de estarlo, sino que pudrirá a las restantes de la cesta.
Nuevamente, como en Winchester 73, tenemos a un protagonista que hará lo que sea para hacer algo noble. Aunque los medios sean menos bondadosos que el fin que pretende conseguir.
Por otro lado, el impresionante uso del paisaje como apoyo a la psicología de los personajes. El cambio continuo del recorrido que realiza la caravana de colonos, pasando por montañas o ríos, ayuda a entender los vaivenes emocionales de los dos protagonistas. Porque tan bien está Stewart como un encantador Arthur Kennedy interpretando al carismático villano, cuya sonrisa es capaz de despertar la nuestra…o helárnosla.
Encubridora (1952), de Fritz Lang. La femme fatale del western.
El alemán Fritz Lang, figura fundamental del expresionismo alemán de los años 20, tuvo que huir de forma clandestina de la Alemania nazi por su desacuerdo político con el gobierno de Hitler (que quería que Lang fuera el jefe de toda la cinematografía alemana). Durante su estancia en Estados Unidos no dejó de rodar obras maestras absolutas en todos los géneros, aunque siempre limitado por los distintos productores con los que trabajó.
Tras la oscura La venganza de Frank James y la muy desmitificadora Espíritu de conquista (una de las películas favoritas del maestro Sergio Leone, director fundamental en otras partes de esta guía), Encubridora fue su tercer, último y mejor western.
Durante un atraco, una joven es asesinada. Su prometido busca al asesino y, en su investigación, acaba infiltrado en una misteriosa organización cuya líder es una cantante de cabaret.
Encubridora es una historia más propia del cine negro, solo que enmarcada en el contexto del Oeste americano. Aquí, Arthur Kennedy, el carismático villano de la anterior Horizontes lejanos, se convierte en el desesperado protagonista. Pero su presencia palidece ante toda una leyenda como Marlene Dietrich, un mito que aporta su aura veterana para configurar un personaje ambivalente, más propio del film noir que del western. Uno de los mejores personajes femeninos de la historia del cine.
DISPONIBLE EN: Filmin.
Colorado Jim (1953), de Anthony Mann. Al borde de la locura.
Tercera colaboración entre Anthony Mann y James Stewart. Si Horizontes lejanos es una película de aventuras que sigue a una caravana de colonos, Colorado Jim es un tenso drama con apenas cinco personajes confinados en un inmenso paisaje que simboliza el turbio mundo interior de cada uno de ellos. De todas las películas de la saga Mann-Stewart, Colorado Jim es la más oscura y pasional.
El protagonista es un hombre que busca desesperadamente la recompensa por un fugitivo, vivo o muerto, que le permita recuperar la granja que su prometida le robó al marcharse con su mejor amigo. Ahí es nada.
Y hablamos del más positivo de los cinco personajes, interpretado por un James Stewart que se encuentra continuamente al límite de perder el control, manipulado por un inteligente forajido (qué actorazo tan poco reconocido fue Robert Ryan) que hará todo lo posible por escaparse.
Nuevamente, Mann utiliza el paisaje como nadie, con esas montañas escarpadas, para simbolizar el torturado corazón de los cinco protagonistas.
Raíces profundas (1953), de George Stevens. Damos la bienvenida al pistolero sin nombre.
Raíces profundas es Shane. No solo por ser el título original de la película (ya sabéis que las traducciones no suelen ir acordes a los títulos inicialmente previstos), sino por el nombre de su protagonista, figura influyente en infinitas películas posteriores.
Y es que Raíces profundas es una película cuya influencia es superior a su calidad real. El tiempo no ha tratado bien a esta fábula contemplada con ojos de niño en la que un pistolero sin pasado decide ayudar a una comunidad de granjeros castigada por los ganaderos, indignados porque las granjas tengan vallas que impidan pastar a sus animales donde les plazca.
¿Argumento trillado? Sí, pero esta es la primera vez que se narró en la gran pantalla.
Lo más destacado de este western de cuento es el tratamiento de sus dos personajes principales. Por un lado Shane, interpretado por un actor tan insulso y poco apropiado como Alan Ladd. Bajito y con cara de niño pese a sus cuarenta años, su físico no ayuda a verlo como una máquina de matar. Tampoco sus prendas, más adecuadas para un explorador del norte de Estados Unidos que para un cowboy del lejano Oeste.
Y, sin embargo, lo impropio de su carácter y aspecto es lo que dota a su presencia de mayor misterio. Porque cuando Shane explote, ¿cómo lo hará?
Shane es el precursor de figuras como los hombres sin nombre de Clint Eastwood o, más recientemente, el Ryan Gosling de Drive.
Frente a este ángel que, presuponemos, en algún momento cayó y que nos da más información por lo que calla que por lo que habla, tenemos a un Jack Palance de villano con traje casi de enterrador.
Así, con un ángel enfrentado a un demonio, Raíces profundas es el enfrentamiento entre el Bien y el Mal, la luz y la oscuridad más categórico de la historia del cine.
Por ello, la violencia se hace esperar pero, cuando se desata, es devastadora.
Veracruz (1954), de Robert Aldrich. El más claro precursor del spaghetti western.
Hubo que esperar hasta 1954 para que apareciera el primer western macarra. Las estrellas Gary Cooper y Burt Lancaster (este último produjo la cinta) interpretan a dos granujas que deciden apoyar a los franceses en su lucha contra los mejicanos.
Ya no estamos en Estados Unidos, si no en Méjico. Y, por primera vez, el polvo y el barro se pegan a los personajes tanto como el mal. Originalmente, Burt Lancaster quería que ninguno de los dos personajes fuera un héroe, pero Gary Cooper pidió suavizar al suyo. Lástima, porque el protagonista del western pronto adquiriría las maneras carismáticas del granuja interpretado por Lancaster, que durante toda la película solo quiere el dinero que le han prometido… y todo el que pueda saquear.
Entre la localización mejicana, la suciedad, los héroes grises y las frases cada vez más cortantes y expeditivas, Veracruz fue la primera piedra en el camino hacia el final del género.
DISPONIBLE EN: Filmin.
Tierras lejanas (1954), de Anthony Mann. El primer western nevado.
Penúltima colaboración entre James Stewart y Anthony Mann en la más convencional de todas sus películas. Tierras lejanas se emparenta con Horizontes lejanos en su sentido de la aventura, aunque con dos diferencias fundamentales.
La primera es que el personaje de James Stewart es el más antipático de toda esta particular saga, un hombre al que solo le importan sus negocios y que, cuando actúa, lo hace por venganza personal, aunque lo acaben tratando como un héroe.
La segunda es que Mann, sobrado en lo referente a rodar paisajes acordes a las emociones de sus protagonistas, decide trasladarse a Alaska, convirtiendo a Tierras lejanas en el primer western nevado. Una elección magistral, tanto por lo distintivo de ese tipo de paisaje en una localización tan dada al desierto como por la conexión entre la fría nieve y el corazón vengativo del…¿héroe?
Johnny Guitar (1954), de Nicholas Ray. Amor que duele, desgarra y arrasa.
Johnny Guitar, un famoso pistolero, regresa a un saloon perdido de la mano de Dios para reencontrarse con Vienna, dueña del negocio y amor perdido, justo en el momento en que la situación de esta es complicada.
Rodada con un presupuesto de serie B, Johnny Guitar es un western atípico, como todo lo que rodaba el extraordinario Nicholas Ray.
Aprovechando una nueva técnica llamada Trucolor, jamás los decorados y trajes tuvieron colores tan vivos, fiel reflejo de las pasiones que se viven en Johnny Guitar. Porque nunca el amor hizo tanto daño, fue tan hiriente y arrasó tanto como en esta película.
Además, por mucho que el título sea el nombre del protagonista masculino, Johnny Guitar es el duelo entre dos mujeres. Vienna, mujer con el rostro y las cejas de Joan Crawford, uno de los personajes femeninos más fuertes de la historia del western. Y la villana Emma, desquiciada y reprimida, interpretada por una Mercedes McCambridge que nunca estuvo mejor. Johnny Guitar es una película en la que la exaltación masculina da paso a un enfrentamiento como no se ha visto otro, el de dos mujeres fuertes y decididas. No es de extrañar que sea una de las películas favoritas de Almodóvar.
Aunque, para duelo, el que mantienen Vienna y Johnny. Cada una de sus palabras duele más que una bala.
Los habrá mejores, pero no hay un western como Johnny Guitar.
DISPONIBLE EN: Filmin y Prime Video.
Filón de plata (1954), de Allan Dwan. Hacendado también es buena marca.
Versión de Hacendado de Solo ante el peligro. El 4 de julio, cuatro jinetes entran en un pueblo preguntando por Dan, justo en el día de su boda. Quieren detenerlo pese a que el pueblo, escéptico, no entiende por qué un hombre que ha hecho tanto por la comunidad sea un criminal.
Allan Dwan se curtió dirigiendo películas de aventuras durante el cine mudo, por lo que es fácil entender el ritmazo que tiene Filón de plata, una película de acción que se desarrolla sin descanso pese al escaso presupuesto con el que cuenta y por lo cual tiene al gran John Payne. Sí, un tío que tuvo las narices de adoptar un nombre artístico casi igual al de John Wayne para convertirse… en eso, la versión de Hacendado del mito.
Más allá de ser uno de los westerns más entretenidos de los años 50, Filón de plata también destaca, como Solo ante el peligro, por su retrato de una sociedad capaz de dar la espalda a uno de sus miembros en el momento en el que todo empieza a fallar. Algo fácil de extrapolar a la caza de brujas que sufría Estados Unidos en aquellos años.
DISPONIBLE EN: Filmin.
El hombre de Laramie (1955), de Anthony Mann. Viaje al infierno que provoca el odio.
La última de las producciones que asociaron a Anthony Mann y James Stewart es la más compleja y, probablemente, la mejor de todas ellas. En esta ocasión, Stewart interpreta al más noble de todos los héroes de la saga, haciéndose pasar por comerciante para averiguar quién vendió los rifles a los apaches que mataron a su hermano.
Esta vez, lo más importante no es el carácter de nuestro protagonista, sino las relaciones familiares del clan sospechoso, muy deudor de El rey Lear de Shakespeare, con un patriarca que se debate entre el hijo de su propia sangre que no quisiera haber tenido y el hijo adoptado que siempre quiso tener.
No será la única vez que Shakespeare invada el Oeste americano. Ahí está Lanza rota de Edward Dmytrik (una adaptación más fidedigna del Rey Lear) y, sobre todo, el Otelo del western, la maravillosa Jubal.
A medida que avanza la película, los límites entre los supuestos villanos se difuminan, destacando un Arthur Kennedy que repite tras Horizontes lejanos, pero que aquí interpreta a un personaje profundamente trágico.
El hombre de Laramie es la más compleja de todas las películas de esta particular saga. Lo es hasta el punto de que Mann, por primera vez, apenas altera el paisaje. El viaje no es tanto físico como moral. No en vano, el infierno puede ser cualquier sitio en el que se desate el odio.
Tras la pista de los asesinos (1956), de Budd Boetticher.El héroe de granito.
De saga a saga y tiro porque me toca. Puede que la asociación entre Anthony Mann y James Stewart sea la más reconocida del western de los años 50, pero no se debe menospreciar al triunvirato formado por el director Budd Boetticher, el guionista Burt Kennedy y el actor Randolph Scott. Juntos nos regalaron seis expeditivos westerns (dos de ellos sin guion de Kennedy) hechos con dos duros.
Los repasamos: Tras la pista de los asesinos, Los cautivos, Buchanan cabalga de nuevo, Nacida en el Oeste, Cabalgar en solitario y Estación comanche. Todos ellos entre 1956 y 1960.
El mejor de todos ellos es el primero, Tras la pista de los asesinos, cuya trama es la base del argumento de las cinco películas restantes, diferenciadas en detalles mínimos. En todas ellas, el protagonista es un hombre cuya misión le puede reportar una satisfacción personal y otra económica. Mientras que a él lo que le interesa es ver restaurado su honor o satisfecha su venganza, sus dudosos aliados desean la recompensa económica, lo que les terminará llevando a un enfrentamiento inevitable.
Por lo tanto, toda esta serie de películas tiene en común dos cosas. Por un lado, ser historias de escasos personajes cuyas acciones dicen mucho más de ellos que sus palabras. Por el otro, Randolph Scott, actor de western de serie B, que aquí configura a un ser de granito con corazón. Sus acciones son bruscas y expeditivas, pero le guían el honor y la compasión. Prueba de ello es el contraste en la gran cantidad de muertos que carga a sus espaldas en esta Tras la pista de los asesinos con el amor soterrado por una mujer casada. Impagable la escena en la que le ayuda a tender la ropa de la caravana. Algo impensable en un héroe del western americano.
Pero todo gran héroe se mide por la calidad del villano al que se enfrenta, y esta es otra de las características de los westerns de Boetticher. Porque el Lee Marvin de Tras la pista de los asesinos es, probablemente, el mejor villano de toda la carrera del actor. Su duelo final con un Scott sostenido por un bastón es de los mejores de la historia del cine.
Pensándolo bien, tal vez debería hacer un ranking de duelos bajo el sol del Oeste americano. Mejor para otra ocasión, que me enrollo y alargo de forma innecesaria.
No como Boetticher, que narra sus películas en menos de hora y media. ¿Quién da más con menos?
Pero un pequeño paréntesis.
Tras seis años y diez películas de esta lista, ¿Dónde estaba John Ford?
Centauros del desierto (1956), de John Ford. El protagonista imposible.
Sin rodar un western desde 1950, hubo que esperar seis años a que el maestro regresará al género que hizo grande para rodar una obra de la que es muy difícil escribir.
Al fin y al cabo, ¿Qué se puede decir sobre un mito como Centauros del desierto?
Basada en una novela de Alan LeMay (que posteriormente volvería a adaptar Ron Howard en la estimable Desapariciones, de 2003), Centauros del desierto narra la búsqueda de una niña raptada por los sioux a cargo de su tío Ethan Edwards y un mestizo adoptado por la familia de la chica. La que, desde entonces, es la odisea más grande y épica de la historia del arte. De hecho, Centauros del desierto es más odiseica que la propia Odisea homérica.
Sin embargo, el Ulises de Centauros del desierto no es un hombre que vuelve de la guerra a los brazos de su amada mujer. Ethan Edwards vive y actúa al margen de la sociedad. Tiene mal carácter, mantiene una relación distante con su hermano y ama a su cuñada, la mujer que no puede poseer. Si hay que explicar por qué se considera a John Ford como el director más grande de la historia del cine, solo hace falta explicar el inicio de Centauros del desierto. Cómo, a partir de unas pocas frases anodinas y un plano fijo sostenido unos segundos más de la cuenta, late una historia de amor imposible que explica el carácter forastero de Ethan Edwards, su racismo y su enloquecida búsqueda de una sobrina a la que, cuando encuentre, desconocemos si salvará…o matará.
Hasta 1956, el cine estaba poblado de personajes que tenían o anhelaban el amor de su gente. O lo rechazaban, cabalgando hacia el sol del ocaso mientras sus seres queridos los contemplaban apenados. Ethan Edwards, como sus sucesores Travis Bickle en Taxi Driver, John Rambo o el Joker de Joaquin Phoenix, ni tienen el amor de su gente, ni lo anhelan ni lo rechazan. Cuando la odisea ha terminado, no hay un Ítaca que le espere.
Todos entran en la casa mientras él permanece fuera, con sus pies anclados en la arena. Es un centauro del desierto, un protagonista imposible.
El mejor personaje de la historia del cine.
El tren de las 3:10 (1957), de Delmer Daves. No solo Cristo resiste las tentaciones.
Damos la bienvenida al director Delmer Daves, artesano del cine clásico hollywoodiense y autor de unos cuantos westerns notables durante los años 50: la proindia Flecha rota, La ley del Talión y la shakesperiana Jubal.
De todos ellos, el mejor es la magistral El tren de las 3:10, adaptación del relato de Elmore Leonard (autor también adaptado en la serie Justified o en la Jackie Brown de Quentin Tarantino).
La historia no puede ser más sencilla. Un pobre granjero acosado por las deudas debe escoltar al bandido más peligroso del lugar hasta un tren donde será transportado a una prisión mientras son acosados por la banda del mismo.
En sí, El tren de las 3:10 no es un western, más allá de que casi toda la película transcurra en la habitación de un saloon de mala muerte, con el asesino Ben Wade tentando continuamente a Dan Evans. A Wade, interpretado por el mejor Glenn Ford de su larga carrera, no le importa el dinero con tal de obtener su libertad y está dispuesto a dar todo el que tiene a Evans. Sin embargo, al pobre granjero le mueve algo más que el dinero. El honor.
Y jamás este concepto ha sido retratado de forma tan cruda, tan despiadada. Y, por tanto, tan épica. El duelo interpretativo es tan bestial que es imposible no empatizar con el héroe y el villano. En esta película todos somos un poco Ben Wade. Deseamos caer en sus tentaciones y terminamos admirando el coraje absurdo de un granjero con mucho que perder y, sin embargo, dispuesto a perderlo todo.
Odio contra odio (1957), de Joseph H. Lewis. Cuando te conviertes en aquello que más odias.
Se puede decir que, tras el estreno de El hombre de Laramie en 1955, las posibilidades del género eran tan amplias que se pueden encontrar obras magistrales tanto en el terreno de la superproducción como en la serie B más modesta. Prueba de ello es el trabajo en el género de todo un icono del cine de dos duros como era Joseph H. Lewis.
En Odio contra odio apenas hay disparos (ni revólveres). Tampoco indios o caballería. En una especie de reverso masculino de Las furias, un hijo se enfrenta a su tiránico padre. Y, en el camino por destronar a un villano, se acaba transformando en aquello que más odiaba.
Odio contra odio es una historia descorazonadora que comienza a anticipar el fin de un género. La violencia, aquí inexistente en su vertiente física, ya no se encuentra glorificada, sino que está carente de épica. Solo es fuente de aún más violencia.
Aunque el protagonismo es de un Joseph Cotten venido a menos tras papeles como Ciudadano Kane de Orson Welles o La sombra de una duda de Alfred Hitchcock, la mejor interpretación corre a cargo de Ward Bong como padre del protagonista, un secundario habitual del cine de John Ford al que Lewis permitió brillar.
El hombre del Oeste (1958), de Anthony Mann. Matar al padre y, de paso, matar al género.
Dimos la bienvenida a Anthony Mann hace unas cuantas películas y nos despedimos de él en la número 30.
Durante los años 50, Mann dirigió la producción más representativa del western clásico, con imágenes que se materializan en nuestra imaginación cuando pensamos en indios y vaqueros. Y, a finales de los 50, al igual que se empezaban a vislumbrar las grietas de la sociedad estadounidense de la posguerra, se oscureció el western clásico.
En este sentido, El hombre del Oeste es la película más alejada del Anthony Mann que hemos conocido. Es una película entretenida, como todas las del director, pero también extraña y lírica. Es la historia de un hombre (Gary Cooper, empeñado en papeles protagonistas distintos a los habituales del western clásico) reformado que debe emprender un viaje a los infiernos para salvar a la maestra que le han pedido que traiga al pueblo. Bueno, aclaro. No es un viaje a los infiernos, sino al suyo propio, materializado en una banda de asesinos a los que él pertenecía.
No esperéis una banda de expertos pistoleros. Son unos depravados liderados por un demente que hizo las veces de padre del protagonista. Un hombre al que habrá que detener en el marco del paisaje más extraterrestre de la filmografia de Anthony Mann. Un páramo más propio de la luna, de otro planeta. Porque en el nuestro cada vez había menos sitio para el western.
DISPONIBLE EN: Filmin.
Terror en una ciudad de Texas (1958), de Joseph H. Lewis. Profecía del fin del género.
Un año después de Odio contra odio, Joseph H. Lewis dirigió su mejor western y la mayor profecía de la decadencia del western clásico.
Terror en una ciudad de Texas, escrita por Dalton Trumbo (uno de los guionistas más conocidos de la historia del cine clásico), está protagonizada por un inmigrante sueco que usa arpón en vez de revólver y su enemigo es el único vaquero de la película, una rara avis cuando, en La diligencia, era la figura principal.
La película recalca el fin de una era marcada por la llegada del tren y la civilización en la que los que mandan son los que tienen dinero y no las armas, aunque estas sean la forma en la que los poderosos realizan sus negocios sucios. De las acciones del villano como pistolero se habla en términos de leyenda, de hechos no vistos. Porque el cabalgar hacia el horizonte y los duelos en mitad de un pueblo han pasado a eso, al ámbito de la leyenda.
Además, Lewis y Trumbo no solo hablan del fin de una época, sino de las palabras como arma más poderosa para hacernos avanzar hacia un lugar mejor. O peor, quién sabe. Prefiero ser optimista.
Disponible en: Filmin.
El árbol del ahorcado (1959), de Delmer Daves. Amor y avaricia son dos caras de la misma moneda.
Como tantos otros directores que engrandecieron el western en los años 50, el último western de Delmer Daves se rodó en 1959, con producción de un Gary Cooper consumido por el cáncer que terminaría con su vida dos años después.
Si Jubal era una adaptación del Otelo de Shakespeare y El tren de las 3:10 era puro cine negro, El árbol del ahorcado es un melodrama con el mejor personaje de Gary Cooper.
Sí, mejor que el de Solo ante el peligro.
Un médico de pasado oscuro capaz del mayor altruismo con sus pacientes y de las peores atrocidades con aquel que revuelve en su pasado. Un hombre que rechaza el amor hasta el punto de secuestrar a una joven ciega de la que está enamorado como única forma de estar con ella.
Espléndido retrato de personajes, El árbol del ahorcado muestra a un pueblo consumido por la avaricia de la fiebre del oro, con un villano como Karl Malden, un actor cuyas interpretaciones eran tan distintas como su nariz, única en la historia del cine. Si el “héroe” tiene aristas, imaginaros el villano.
DISPONIBLE EN: Filmin.
El día de los forajidos (1959), de André de Toth. El mejor western nevado.
Cuando hablamos de western, como en todo el cine clásico en general, nos vienen a la cabeza directores como John Ford, Anthony Mann o Howard Hawks. Esta guía también es una oportunidad para hablar de aquellos escuderos. De los Scottie Pippen o Casemiro de turno. Como André de Toth, director que sacaba oro de películas de mediano presupuesto. Entre ellas westerns (suyas son joyas como El honor del capitán Lex o Pacto de honor).
Rodada en uno de los mejores blanco y negro de la década,El día de los forajidos no va de lo que vemos al comienzo de la película. Lo que parecía el enésimo enfrentamiento entre ganaderos y granjeros en un remoto pueblo con un villano con el rostro de Robert Ryan se convierte en una historia de secuestro y redención donde el supuesto villano se acaba convirtiendo en héroe.
En El día de los forajidos encontramos, de nuevo, esa visión pesimista del ser humano con personajes ambiguos en los que predominan más sus malas pasiones que aquellas que nos dan esperanza. Los dos protagonistas, supuesto héroe y villano, están separados por una línea tan fina que es imposible conectar con ambos.
Y todo ello enmarcado en un lugar nevado. Porque esa es la guinda que convierte a El día de los forajidos en una película tan especial. Fotografía en blanco y negro para recalcar el contraste entre la nieve clara y pura y la oscuridad del resto de elementos. Imposible reflejar mejor la lucha entre la luz y la oscuridad de una misma persona.
Probablemente, el mejor western nevado de todos los tiempos.
DISPONIBLE EN: Filmin.
El hombre de las pistolas de oro (1959), de Edward Dmytryk. La homosexualidad existe.
Si hay una película que resume todo el desencanto de los últimos años 50, esta es El hombre de las pistolas de oro, pequeño bofetón encubierto a los antaño glorificados Estados Unidos.
Un pueblo acosado por unos bandidos quiere avanzar hacia la civilización. Para ello, contratan a un famoso pistolero y su sicario y les dan carta blanca. El pistolero acaba aprovechándose de esa situación para convertirse en un dictador.
Es decir, El hombre de las pistolas de oro habla de cómo se construyó el país más poderoso de la tierra. Además, al igual que en Terror en una ciudad de Texas (claro antecedente de esta película), el director fue acusado por el Comité de Actividades Antiamericanas por su supuesta vinculación con el comunismo.
De todas formas, más allá de su temática política y su espectacular reparto, con tres nombres totémicos como Henry Fonda, Anthony Quinn y Richard Widmark, lo mejor de El hombre de las pistolas de oro es su soterrada historia de amor homosexual, la más descarada e impactante de todo el western clásico.
Misión de audaces (1959), de John Ford. Que no estamos tan mal, hombre.
“Qué triste, que desencanto, que oscuro”, estaréis pensando. Parece que la aparición casi profética del Ethan Edwards de Centauros del desierto había iluminado la oscuridad del western. Que aquel terreno baldío solo podía dejar crecer el mal.
Tuvo que regresar John Ford al género que mejor conocía para recordar a Hollywood que en el Oeste americano (y en el mundo) hay espacio para el Ethan Edwards de Centauros del desierto pero, como diría Joan Laporta, “que no estamos tan mal, hombre”.
Nueve años después de Río grande, la última película de su trilogía de la caballería, Ford rodó Misión de audaces, nuevo abordaje a la caballería y primera vez que el director trataba el doloroso episodio de la Guerra Civil americana.
Ford enfrenta dos posturas ante la guerra. La del civil que abraza la guerra muy a su pesar y la del militar médico que aborrece del conflicto. Esta es la primera de tres películas marcadas por el enfrentamiento entre dos posiciones enfrentadas sin colocarse necesariamente en ninguna de ambas. Porque las dos son válidas, con sus luces y sus sombras. Y, especialmente, muy humanas.
Porque Ford era, por encima de todo, un hombre que, igual que creía en el western con sus luces y sombras, creía en la humanidad. Aunque seamos capaces de algo tan nefasto como la guerra.
DISPONIBLE EN: Filmin.
Río bravo (1959), de Howard Hawks. La amistad.
Un sheriff y sus pobres ayudantes deben evitar que el hermano de un criminal que custodian en la cárcel intente liberarlo. Con este argumento mil veces visto, Howard Hawks dirigió su película más recordada, una obra que se ha elevado sobre su propia condición para convertirse en un mito (otro más en esta lista) de la historia del cine.
La película surgió como cabreo y respuesta a Solo ante el peligro, a la que hemos nombrado unas cuantas veces en lo que llevamos de artículo. Tanto Howard Hawks (director) como John Wayne (protagonista) rechazaron esa visión de un sheriff suplicando ayuda y de una sociedad que se la niega. De hecho, aunque ambas son películas con argumentos muy similares, Río Bravo es una obra nada política, pero sí tremendamente revolucionaria.
En unos años en los que el descontento comenzaba a emerger en forma de westerns oscuros y desengañados, John Wayne es un faro de profesionalismo o rectitud. El pueblo entero se ofrece a ayudarle en su lucha contra el villano, pero él considera que un buen profesional no necesita más ayuda que la de un alcohólico casi irrecuperable, un anciano entrañable y un joven con cierta habilidad con las armas. Hombres imperfectos a los que la película se encarga da otorgar dignidad en la mejor escena musical de la historia del western:
¿Por qué John Wayne no escoge a otros ayudantes? Pues porque todo hombre (Río Bravo es el western más masculino de la historia del cine, lo que ya es mucho decir) sueña con hacer su trabajo con aquellos con los que se comparten pocas palabras, mucho whisky y que, tengan un problema con el alcohol, con la enfermedad o una mujer, siempre van a estar ahí cuando uno los necesite.
Ese modelo de historia que enfrenta a un grupo de hombres contra una misión imposible a la que harán frente con su profesionalidad ha sido modelo para muchas historias. El mismo Hawks repetiría historia con ligeras variaciones hasta en dos ocasiones: la notable El dorado y la más floja Río Lobo. Pero también influiría a otros directores, como al gran John Carpenter con su Asalto a la comisaría del Distrito 13 (remake inconfeso de Río Bravo) o La cosa. Pero también a otras películas como Los profesionales o la más reciente Bone Tomahawk, a la que volveremos más adelante en esta guía.
Como hemos visto, puede que Río Bravo sea muchas cosas, como es propio de una película modélica para el cine moderno. Pero, por encima de todo, Río Bravo es ese apoyo, ese aquí estoy yo que todos querríamos tener en nuestros momentos más bajos.
En definitiva, si alguien quiere definir qué es la amistad, que vea Río Bravo.
DISPONIBLE EN: Filmin
Dos cabalgan juntos (1961), de John Ford.Un mundo imperfecto.
Estoy convencido de que John Ford, como padre del género y persona capaz de entender como nadie las posibilidades de este, rodó esta Dos cabalgan juntos sabiendo que el final del western estaba cerca. Así, tras oscurecerlo como nadie en Centauros del desierto, otorgó un nuevo halo de luz con Misión de audaces y esta película, continuación temática de esta, en la que se muestra un Oeste americano en el que puede salir tanto lo mejor como lo peor del ser humano.
La caballería debe acudir a territorio indio para negociar la recuperación de jóvenes blancos secuestrados por los aborígenes. Para ello, el recto oficial Jim Gary estará acompañado de un antiguo pistolero que ahora solo quiere disfrutar de la vida.
Al igual que con Misión de audaces, Ford vuelve a colocar a dos protagonistas con distintas visiones de la vida embarcados en la misma misión, sin posicionarse en uno u otro bando. La novedad en esta Dos cabalgan juntos es el humor enarbolado por James Stewart en su primer papel para el gran director. Un hombre de vuelta de todo, consciente de las miserias de este mundo y decidido a no combatirlo. En todo caso, a hacerlo con cinismo.
El hecho de que la película tenga toques humorísticos no la hace menos dura. De hecho, su ligereza no debería obviar que su trama es más dura que, incluso, la mencionada Centauros del desierto. Puede que nuestros protagonistas cabalguen juntos y sean buenos amigos, pero los secuestrados por los indios que regresan a la civilización serán incapaces de integrarse. El mundo de Dos cabalgan juntos, el de John Ford, es capaz de lo mejor y lo peor. Como el nuestro.
Los hermanos del hierro (1961), de Ismael Rodríguez. Nacidos para vivir, criados para matar.
La progresiva decadencia del western clásico, con el género asentado en televisión mientras las películas eran cada vez más oscuras y generaban menos dinero, llevó a la dispersión geográfica. Comenzaron a rodarse westerns en distintos países en los que ese lienzo en blanco que era el Oeste americano se convertía en caldo de cultivo para distintos directores libres de las ataduras de la industria de Hollywood y de la propia sociedad americana.
Uno de los ejemplos más deslumbrantes y desconocidos es Los Hermanos del Hierro, western mexicano de Ismael Rodríguez muy alejado de los cánones estadounidenses. La historia de dos hermanos cuyo padre es asesinado y son criados en la venganza por su torturada madre es un obligado descenso a los infiernos de la pareja protagonista, nacidos, como todo ser humano, para vivir pero criados (y, por tanto, determinados) para matar.
La visión mexicana se aleja de la glorificación de los colonos o de la violencia como forma de hacer justicia. No, señores estadounidenses, el Oeste era salvaje, era el terror. Cada disparo era una tragedia porque la violencia, nos pongamos como nos pongamos, no tiene justificación.
Los hermanos del hierro, con sus formas cercanas al terror gótico y su visión opuesta a la dada por los norteamericanos, fue uno de los primeros síntomas de que el western envejecía y, sobre todo, enfermaba. De muerte.
El último atardecer (1961), de Robert Aldrich. El pasado llamando a la puerta.
Elaborar una lista de películas implica elegir. Y toda elección supone pérdida. En este sentido, considero que he sido muy injusto con Kirk Douglas, actor conocido por todos por su Espartaco pero que fue una figura capital del western clásico, por mucho que no sea tan recordado como los Wayne, Fonda, Peck o Stewart.
Durante los años 50, Douglas participó en westerns tan notables como Camino a la horca, Pacto de honor, La pradera sin ley o El último tren a Gun Hill. Además, Douglas fue de esos actores que se rebelaron contra el sistema de estudios, creó su propia productora y mantuvo el control creativo de sus películas, algo muy difícil de hacer en aquellos años.
Solo así se explica que El último atardecer esté escrito por Dalton Trumbo, enorme guionista condenado al ostracismo por la caza de brujas comunista que pasó años en la serie B para poder comer (suya es Terror en una ciudad de Texas, en esta misma lista) hasta que Douglas lo rescató para Espartaco.
El último atardecer pertenece al ocaso del género clásico, en los que el contexto del western solo era eso, contexto, la excusa para contar una historia más propia de una tragedia griega, un verdadero culebrón en el que las relaciones pasionales son más importantes que la aventura misma.
Un sheriff con la venganza en el punto de mira persigue a un forajido que busca reencontrarse con su antiguo amor, ahora casada con un ranchero. Una vez llega al rancho, perseguidor y perseguido aceptan posponer su enfrentamiento y conducir el ganado del ranchero mientras las antiguas pasiones reverberan.
Melodrama romántico disfrazado de western, los vaqueros de El último atardecer se alejan de lo visto en películas de los 40 o inicios de los 50. En el mejor de los casos (perseguido) son niños grandes, personajes hedonistas, atractivos y sin visión de futuro. En el peor (perseguidor), justicieros implacables con sed de venganza. Pero el pasado golpeará a ambos, y de qué manera.
El último atardecer tiene uno de los mejores giros de guion de la historia del cine. Uno que pondrá a prueba a ese niño grande que tomará la decisión más difícil (o más fácil, según se mire) de toda su vida.
El rostro impenetrable (1961), de Marlon Brando. Arena y sal.
Si El último atardecer fue un proyecto levantado por Kirk Douglas, El rostro impenetrable fue la película de Marlon Brando. El reconocido por muchos como mejor actor de la historia del cine. Hasta por él mismo. Y claro, siendo como es una película imperfecta, hay un algo que fascina de su única película como director.
El rostro impenetrable es una historia, como tantas otras en el western, de venganza. La de Río contra Dad, su compañero de banda, que le abandona tras un atraco y, cuando se reencuentran después de que Río haya pasado unos años en la cárcel, es un respetado sheriff. Río intentará vengarse de la forma más retorcida posible: enamorando a la hija de Dad.
Por lo tanto, estamos ante otro melodrama romántico similar en estilo a El último atardecer, aunque en El rostro impenetrable haya duelos, atracos y enfrentamientos en saloon. Además, la película es tan narcisista como su director, que echó al mismísimo Stanley Kubrick porque no quería que nadie le hiciera sombra. El rostro impenetrable es larga, tal vez demasiado, y se gusta demasiado, pero en su afán de buscar algo distinto a los westerns anteriores (Brando no podía hacer algo como los demás), lo termina encontrando.
Y no me refiero a la historia, que se mueve en unos códigos que hemos podido ver anteriormente y que se engrandece por la brutal interpretación de Karl Maden. Sí, no de Brando.
Hablo de la atmósfera, de esa fotografía casi espectral y, sobre todo, del mar. Porque El rostro impenetrable no trascurre en mitad del desierto, sino al lado de una playa de arena blanca. Brando entendió que nada como el mar, con su rudeza, su libertad incontrolada y sus abismos desconocidos para reflejar las pasiones del ser humano.
DISPONIBLE EN: Filmin.
Lo que había comenzado como una eclosión de creatividad inabarcable comenzó a decaer a los pocos años, fruto del desinterés de un público que pedía algo más que aventuras y glorificación de un país cuya sociedad empezaba a agrietarse quince años después de la victoria de la II Guerra Mundial. Se construyeron los arquetipos narrativos y las figuras esenciales del género y, poco a poco, se dejó traslucir el lado oscuro de estos. El western había vivido rápido e intenso y, como tal, había enfermado antes de lo que quisiéramos. Parafraseando a Roy Batty en su famoso monólogo de Blade Runner, era hora de morir. Pero la indigna agonía sería tan larga como su flamante madurez.
Bienvenido un mes más a vuestra sección preferida. Como todos los meses, os dejamos dos cómics recomendados por crítico que salen a la venta este mes en España. Espero que os puedan sacar alguna duda y que os podamos guiar con alguna joya. También os recuerdo que es nuestra opinión personal y puede no coincidir con la vuestra. Allá vamos con La lista de la compra del mes de AGOSTO de 2024.
Juanjo Avilés
Ultimate X-Men 1. Panini Cómics. 5 euros. Seguimos con la publicación de la nueva línea Ultimate y ahora le llega el turno a los mutantes. Peach Momoko se hace cargo de guion y dibujo de esta nueva encarnación de los X-Men que no tiene nada que ver con lo que hemos visto hasta ahora en el universo mutante. Ni rastro de la gran mansión de Westchester, ni del conflicto humano-mutante y por supuesto, ni rastro de Krakoa. El acercamiento de Momoko es totalmente rompedor y original, mucho más cercano al manga de terror adolescente tanto en el guion como en el dibujo. Con una historia de misterio ambientada en un instituto de Japón y que recorre los escenarios típicos del país del sol naciente. Una oportunidad para todos lo que buscan un necesario soplo de aire fresco que Panini publica en un nuevo formato trimestral más económico dentro de su iniciativa Panini Back to Basics.
2. Los Caballeros Oscuros de Acero. ECC Ediciones. 41 euros. ECC recopila en un tomo la serie completa de Los Caballeros Oscuros de Acero (qué título más horrible por cierto), donde Tom Taylor hace lo que mejor sabe hacer: presentar una historia alternativa fuera de continuidad que le permite jugar a su antojo con los personajes del Universo DC. El punto de interés de este libro que es el guionista traslada a los Bruce Wayne, Clark Kent y compañía a un mundo medieval fantástico muy distinto del que conocemos, sacando a los personajes de su zona de confort y ofreciendo un nuevo universo rico y muy interesante cargado de intrigas políticas, magia y poderes ocultos. Y todo con el espectacular arte de Yasmine Putri más la colaboración de Bengal y Nathan Gooden.
Mario Losada
Sir Edward Grey Cazador de brujas Integral 1. Norma Editorial. 39,50 €. Por fin tenemos un integral de nuestro amigo Sir Edward Grey dentro del universo Hellboy. Un integral que será el primero de solo dos para tener toda la colección. Una joya de una de las mejores series que puedes comprar ahora en el mercado.
2. Este del oeste. El apocalipsis: año 2. El integral. Norma Editorial. 45 €. Otra maravilla de esas que no vemos muy a menudo. El segundo integral de tres de la serie más maravillosa del maestro de la ciencia ficción Jonathan Hickman. ¿Conoces los 4 jinetes del apocalipsis? ¿Conoces un mundo distópico dónde las cosas han sucedido de una manera muy diferente? Una obra que creo que deberías leer al menos una vez en tu vida.
DAve Solis
Flash Gordon. Daily Strips 1965-1968. Dolmen Editorial. 31,90€. Continúa la recuperación de Dolmen Editorial de las tiras diarias del Flash Gordon de Dan Barry. Si bien todo el mundo recuerda o ha oído hablar del Flash Gordon del maestro Alex Raymond (y con razón), debo confesar que a mí me gustan más las historias correspondientes a las daily strips que realizó Dan Barry. Sin ánimo de ofender a la legión de seguidores de Raymond, las historias realizadas en blanco y negro, de lunes a viernes, son mis favoritas. En esta nueva entrega vemos que la raza humana se encuentra muy cerca de alcanzar las lejanas estrellas. Pero enfrentarse al inmenso universo no será fácil ni carente de peligros. Y por si eso no fuera suficiente, todo se complicará aún más con la llegada de Ming IV. ¿Podrán Flash Gordon, Dale Arden y sus amigos hacer frente a esta nueva amenaza?
2. Blake & Mortimer. Integral 2. Norma Editorial. 38€. Pues por lo que parece, Norma Editorial está rompiendo La lista de la compra de este mes de agosto. Y además de secundar las recomendaciones del resto de mis compis, debo insistir e insisto en recomendar este volumen de una serie capital en la historia del noveno arte. En esta inigualable edición integral, este segundo volumen nos incluye tres grandiosos números: La Marca Amarilla, El enigma de la Atlántida y S.O.S. Meteoros. Debo referir a todos vosotros que mi primera lectura de Blake & Mortimer fue La Marca Amarilla. Edgar P. Jacobs fue discípulo del maestro Hergé (Tintín) y uno de los máximos exponentes de la llamada «línea clara» francobelga. Estamos ante una de las mayores obras maestras del cómic. Sin duda, en la mejor edición que uno puede tener.
Carlos Trujillo
Spiderman de Todd Mcfarlane.Panini Cómics. 50,00 €. Todd McFarlane se convirtió en una superestrella gracias a The Amazing Spider-Man. Asumiendo tareas tanto de guion como de dibujo, McFarlane consigue trasladar a Peter Parker a una nueva época, más tenebrosa, con unos trazos modernos en el dibujo e historias en las que Spiderman se ve obligado a sobrevivir en un entorno hostil que no le ofrece ningún momento de calma.
En esta edición de lujo, podrás disfrutar de la colaboración del lanzarredes con el Motorista Fantasma, Lobezno o la divertida unión con el equipo X-Force en su titánica lucha contra el imparable Juggernaut. Una etapa donde se hace una revisión de personajes para dar una nueva dimensión a los clásicos enemigos de Spiderman, tales como el Lagarto o el Duende Verde, e incluso una vuelta al traje negro para enfrentarse a un Morbius sediento de sangre. Todd McFarlane nos ofrece unos dibujos brutales entrelazados a historias alucinantes que convirtieron a Spiderman en el cómic más vendido de los años 80.
2. Dulces Tinieblas. Norma. 32 €. Esta novela gráfica apunta a ser una sorpresa agradable en un verano caluroso. El guionista Fabien Vehlmann logra entrecruzar la locura subversiva del mejor Tim Burton con los cuentos de hadas. Su hábil manejo de la tensión nos ofrece una musicalidad con una trama turbia, una de esas melodías terroríficas con la que consigue que su lectura desenmascare el lado más tenebroso de las fábulas.
Vehlmann nos muestra una hermosa oscuridad, con un despliegue visual en sus viñetas capaz de dejarte helado. Un cuento que concentra inocencia, malicia, sordidez, crueldad y belleza. Un viaje alucinante a través de una fábula turbadora, que desemboca en un dibujo escalofriante y una historia sorprendente de las que dejan huella tras su lectura.
Esto es todo por nuestra parte. Para que puedas seguir llenando tu estantería, consulta la lista de la compra de meses anteriores y las novedades de cómics y mangas.
Dolmen Editorial ha empezado la recopilación de la tira Beetle Bailey, personaje creado por el guionista y dibujante Mort Walker y que seguramente más de uno conocerá gracias a su publicación en diferentes periódicos nacionales a lo largo del tiempo.
1950 -1952
Beetle Bailey cuenta la historia de un universitario que se alista al inicio de la Guerra de Corea pero en realidad no pasa nunca del campo de entrenamiento, centrando la acción alrededor de un variopinto grupo de personajes que encarnan los arquetipos de la vida universitaria y castrense.
Este primer álbum nos cuenta precisamente eso, el tránsito de Bailey de joven universitario algo fiestero y muy vago a recluta militar, con el mismo espíritu trabajador (o sea, ninguno) y la misma capacidad para meterse en líos.
Quizás precisamente por eso, por recopilar sus primeras tiras, este Beetle Bailey 1 sorprende bastante ya que, de entrada, nos asomamos a la vida universitaria de un campus USA, a principios de la década de los 50 del siglo pasado, y en unas páginas pasamos al otro campus, el militar, el que nos viene a la memoria si ya conocíamos al personaje.
Es como si el autor, un Mort Walker siempre elegante en su trazo, con una línea clara que mantendrá hasta el final de su paso por la serie, buscase desarrollar una premisa inicial (estudiante universitario vago que se mete en líos) y se diese cuenta de que el tema no daba para mucho.
Si, los gags hacen gracia pero tampoco arrancan una carcajada. Por suerte vio el camino abierto al involucrar a su personaje en un conflicto que en aquella época estaba de actualidad, con el acierto de no llevarlo nunca al frente, donde no se puede bromear con según que situaciones.
El contraste entre el carácter del personaje y la estricta rutina y disciplina militar es lo que impulsa la serie y permite que siga avanzando. Realmente, hay que hacer un acto de fe de que la tira mejorará cuando lees las primeras páginas del volumen. Por suerte mejora, por lo podemos afirmar que estamos ante el típico álbum inicial, un álbum de debut donde el personaje y el autor buscan su sitio.
Valoración personal
Siendo sincero, se me ha atragantado escribir una reseña sobre Beetle Bailey. El volumen mantiene los estándares de calidad que Dolmen Editorial tiene para todas estas recopilaciones de tiras de prensa. El volumen está maravillosamente encuadernado y el grosor del papel es el adecuado, con un precio de 30 euros ajustado para lo que encontramos hoy en día en el mercado (ejem, grapas a casi 6 euros, ejem).
Sin embargo debo decir que el contenido me parece sólo apto para nostálgicos y amantes de las tiras de prensa americana. No es malo, ni mucho menos, pero palidece en comparación con otros recopilatorios de la misma editorial, como los de Terry y los piratas, Flash Gordon, Principe Valiente o incluso Johnny Hazard (este último el personaje más ignorado y reivindicable de su catálogo).
Si a esto añadimos que había que escribir una reseña sin ser experto en el personaje y que Rafa Marín, quien coordina la edición de estos volúmenes, se queja de que los blogueros no hacemos más que copiar sus prólogos, pues es normal ese atragantamiento al que hacía referencia.
En resumen, que Beetle Bailey es una muy buena edición que satisfará a los más completistas, una oportunidad de disfrutar de un personaje divertido y entrañable pero un escalón por debajo de varios clásicos americanos que ya están en el catálogo de Dolmen Editorial. Os dejo con la sinopsis y la portada. Un saludo, sed felices.
BEETLE BAILEY comienza su andadura en el mundo de los cómics como estudiante universitario, vago y poco amigo de los libros, toda una novedad que se adelantó a su tiempo. Pero entonces estalla la guerra de Corea y, como tantos otros jóvenes, Beetle acaba por enrolarse en el ejército.
Beetle no cambia de personalidad, sigue siendo vago y poco amigo del esfuerzo físico. Maniobras, servicio de cocinas, guardias, arrestos, escaqueos, permisos y búsqueda de chicas conforman a partir de entonces su vida.
La parodia de la disciplina militar, que no de la guerra, cala entre el público y se convierte en un éxito rotundo.
Porque Beetle nunca fue a la guerra, nunca pegó un tiro.
Este viernes 2 de agosto se estrena en España Longlegs (2024), la nueva película dirigida por el hijo del míticoAnthony Perkins—el Norman Bates de Psicosis(1960)—, Osgood Perkins(Gretel y Hansel: Un oscuro cuento de hadas, La enviada del mal), que sigue las investigaciones de una joven inspectora de homicidios enfrentada a una dura encrucijada contra un macabro asesino. La cinta adquiere los tintes del thriller policial más oscuro al estilo de Seven (1995), y su implícita influencia del cine negro clásico estadounidense, pero desvía el tono hacia una narración mucho más terrorífica, con un antagonista encarnado por un Nicolas Cage totémico, sin duda aspirante a nuevo icono del cine de terror contemporáneo.
Tráiler de Longlegs (2024) de Osgood Perkins
A Lee Harker (Maika Monroe), una nueva y talentosa agente del FBI, le han asignado un caso sin resolver de un asesino en serie. A medida que la investigación se complica y se descubren pruebas ocultas, Harker se da cuenta de que existe un vínculo personal con el despiadado asesino y debe actuar con rapidez para evitar otro asesinato.
Póster de Longlegs (2024) de Osgood Perkins
Una cuestión de tono. Inquietante atmósfera
Longlegs es un thriller policial más o menos convencional que puede recordar a una película tan mítica como Seven (1995). Sin embargo, en la construcción de la atmósfera alrededor de su villano principal opta por incidir en un terror puro más cercano al que inspira Sinister (2012), por ejemplo. La imagen y personalidad del personaje al que interpreta Cage, funcionan de forma tan potente como para elevar al nivel de icono del cine de terror contemporáneo (igual que Hannibal Lecter o Jigsaw) a un particularísimo asesino en serie constructor de muñecas, que se recrea en su indigencia moral de manera metódica y sádica.
Desde el principio de Longlegs el antagonista se muestra en pantalla, pero mediante una puesta en escena escorada, perfilada, partida…; de forma que Perkins no termina de explicitarlo (pienso en el encontronazo con la madre de la protagonista en el porche y cómo el plano expone a Longlegs de nariz hacia abajo, causando un terror aún más palpable). De esta forma sabemos que el enemigo es real e incluso la forma que tiene, causando una sensación de inquietud constante pues, por un lado conocemos su identidad, pero lo hacemos parcialmente.
El estrecho vínculo que pronto sale a la luz entre asesino e investigadora, refuerza aún más la terrorífica sensación de que algo va a ocurrirle a la protagonista (cuestión que acentúa el hecho de que vive sola en un lugar apartado y ocupa la mayoría de planos de la película: esperamos con ansia el repentino encuentro). Una pieza más de la construcción narrativa y atmósferica inclinada hacia el más absoluto terror, que sublima la particularidad esencial de que no conocemos el móvil ni el origen o naturaleza de Longlegs.
Desentrañamos de la mano de Lee cada una de las cuestiones clave del caso, de forma que la incertidumbre fruto del desconocimiento, como suele ser habitual, funciona como principal ingrediente del terror.
Otro de los factores de interés es el misterioso don de la intuición que la inspectora Harker posee. Una suerte de poder sobrehumano que extraña un poco en el mundo —y película— aparentemente normal en que se ubica. Poco a poco descubrimos, además, cierto esoterismo y prácticas lejanas a la realidad que explican algunas cuestiones fundamentales de la trama. De esta forma, aunque el terrorífico tono de la película es constante, su naturaleza fluctúa en la medida en que, si en un principio pensamos en El silencio de los corderos (1991), más adelante se plantean cuestiones que acercan Longlegs a algo más parecido a Hereditary (2018).
El fenómeno Nicolas Cage
Es innegable que la presencia de Nicolas Cage es uno de los alicientes principales para adentrarse en Longlegs. La deriva que ha tomado la carrera profesional de este mítico actor hace que cada uno de los nuevos proyectos en que trabaja sean esperados y consumidos únicamente por su aparición. Nick es una garantía en la gran pantalla, todo un fenómeno en sí mismo dentro del séptimo arte.
Hace pocos meses se estrenaba Dream Scenario, en que interpreta a un profesor de universidad anodino que se vuelve famoso de la noche a la mañana porque todo el mundo sueña con él. O en Willy´s Wonderland(2021), en que se enfrenta sin mediar palabra con un puñado de animatrónicos sanguinarios durante una noche como vigilante en un viejo local de entretenimiento. Una evolución artística curiosa, que ha encumbrado al actor de Leaving Las Vegasposicionándolo en la situación única que Alejandro G. Calvo describe como: un género en sí mismo.
En Longlegs su inesperada caracterización y entrega absoluta es el elemento clave de su éxito. No deja lugar a dudas del amplio registro que posee, dejando en evidencia las críticas que siempre ha recibido sobre su capacidad interpretativa.
Conclusión
Longlegs es posiblemente el mejor trabajo de su director. Un cruce orgánico perfectamente hurdido entre thriller policial de investigación y terror (algo así como El silencio de los corderos, pero más terrorífica a mi parecer) con un villano —Longlegs— interpretado por Nicolas Cage para elevar al estrellato icónico del slasher junto a Michael Myers o Jason Voorhees: ¡démosle tiempo!
Los elementos técnicos —fotografía, puesta en escena, montaje y sonido— conjugan con los narrativos y los actores y actrices dando lugar a la película más terrorífica del año de momento y una de las mejores. Al menos en mi ránking estará.
Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Tras pasar un tiempo jugando a Warhammer 40000 Rogue Trader nos hemos dado cuenta de la enorme cantidad de felicidad que ha ocasionado Baldur´s Gate 3, del que ya hablamos con mucha calma por aquí. Nos alegramos muchísimo: nunca hay suficientes excusas para ser feliz. Pero ya puestos a serlo deberíamos ir más allá y hablar de los muchachotes rusos de Owlcat Games. Sí, los que hicieron la mejor recreación hasta la fecha de un juego de rol de tablero, dados y etc a un videojuego: Pathfinder Wrath of the Righteous, del que también hablamos por aquí, así como del primer acercamiento de esta gente loca, ambiciosa e maravillosa al universo de Pathfinder, Kingmaker. En resumen, Baldur´s Gate es como videojuego mejor si tenemos en cuenta todo, especialmente la accesibilidad para los no iniciados en los videojuegos de rol, pero los dos Pathfinder de Owlcat Games son más fieles a los juegos de rol de dados y papel. Es decir, son más difíciles, tienen mucha más profundidad a la hora de crear y desarrollar a los personajes, el argumento y los personajes son más profundos y más originales.
Nuestros simpáticos, neuróticos y obsesivos muchachos de Owlcat Games no les quedó suficiente campo para expresar su neuroticismo y obsesión. Así que se metieron en otro universo morrocotudo: el de Warhammer 40000. Y no para hacer otro juego de estrategia o de disparos en primera persona, no. Para hacer otro juego de rol por turnos. Meterse en el universo de Warhammer 40000 es meterse en uno de los universos más desquiciados hechos por cualquier mente o mentes humanas. Un universo en el que hay una guerra eterna en la que la Humanidad no puede andarse con tonterías porque lo que hay enfrente es la aniquilación, muchas razas alienígenas que quieren matarte y el lovecraftiano caos metiéndose por todas las rendijas para volverte loco. Es un universo en el que la mentalidad de asedio y el destruir planetas enteros llenos de gente si eso perjudica al enemigo están a la orden del día. Pensándolo bien hacer un juego en el que aspiremos a tomar decisiones en Warhammer 40000 es complicado: cualquier desviación de la ley (o lo que digan esos señores con armaduras de marine o esos inquisidores que es la ley) suele acabar delante de un lanzallamas. Pero ayh amigo, que hemos rastreado por tode este simpático y piadoso universo para dar con alquien al que podemos encarnar. Alquien que sí puede tomar decisiones con cierta libertad. Quizás el único tipo de persona que puede hacerlo realmente: el Rogue Trader (traducido como «comerciante independiente»). De ahí el nombre, claro: Warhammer 40000 Rogue Trader, tatatachán.
Warhammer 40000 Rogue Trader consigue con esto dos cosas. En primer lugar, conseguir que el protagonista sea un corsario con cierta libertad respecto a las muy estrictas reglas del Imperio de la Humanidad, para así poder reclutar a extraterrestres, marines espaciales, tecnosacerdotes o rufianes variados para ser compañeros nuestros. En segundo lugar, continuamos con el esquema básico en el que se sienten más cómodos los muchachos de Owlcat Games: el personaje empieza siendo un don nadie en el prólogo pero pronto se le pone al cargo de un reino/una cruzada mundial contra demonios/una nave espacial gigantesca y el mando de varios mundos con miles de millones de personas dentro. Así, sin presión desde el inicio. A partir de ahí han tenido que vérselas con un sistema nuevo de creación de personajes, combate y subidas de nivel, claro.
En la creación de personajes de Warhammer 40000 Rogue Trader se han simplificado las cosas. Empezamos por tres clases posibles. No hay razas para elegir, aunque sí cómo ha sido tu vida para darnos diversos bonificadores y penalizadores (en la práctica esto sustituye a la raza). Cada nuevo nivel elegiremos habilidades distintas, resultando que la mayor parte de ellas ofrecen unos aumentos de probabilidades de que pasen cosas más bien escasos. Esto se debe a que subiremos de nivel cada poco tiempo, con lo que la sensación de ir progresando puede ser más constante que en los universos de Dungeons & Dragons o Pathfinder…pero la contrapartida es que en la práctica tenemos que ir subiendo unos cuantos niveles y poner habilidades en el mismo sentido para que vayan apilándose los bonificadores para que se note que somos más fuertes. La variabilidad de opciones cuando vayamos subiendo niveles es enorme, otra vez más.
Aunque aquí viene la primera pega de Warhammer 40000 Rogue Trader: la verdad es que da la sensación de notarse menos las subidas de nivel. Es decir, que sí, que hay momentos en que accedemos a habilidades buenísimas y sí se nota que se potencian con opciones que vayamos cogiendo con las subidas de nivel. Pero aún siendo cierto, la cosa es demasiado sutil como para que entusiasme mucho subir de nivel. A todo esto contribuye otra vez los problemas con la dificultad. Allí donde el primer Pathfinder era difícil y el segundo muy difícil aquí nos hemos caído con todo el equipo. Es decir, que el nivel por defecto de dificultad es vergonzosamente sencillo. Puedes tirarte literalmente decenas de horas jugando para que te enfrentes a una batalla que implique algo de desafío (lo cual ya empiezo a considerarlo desde el momento en que algún compañero es derrotado, por decir algo). Creo que el universo de Warhammer 40000 pedía algo más estrechar el culo cuando ves enemigos, cosa que solo ocurre a mediados-finales del juego cuando se da la vuelta a la tortilla dejándonos indefensos durante un buen trecho.
También en este caso Warhammer 40000 Rogue Trader trae otro minijuego adicional que habrá que dominar para poder pasarse el juego. En este caso son batallas espaciales por turnos contra otras naves espaciales. Para quien tenga curiosidad, algo así como el X-Wing de juego de mesa (más o menos). Podemos decir que es fácil de entender, muy divertido aunque quitando alguna aislada tampoco reprensente casi nunca un desafío demasiado grande. Pero las ideas son buenas, dan un respiro de las dinámicas habituales de combate y conversación y etc. Lo que sí es extraño y original es el sistema de compra-venta de armas, armaduras y objetos. Es decir, no es lo de siempre tal cual de vender cosas, tener dinero y con ese dinero comprar cosas. Aquí es algo así como que obtenemos confianza de varios gremios en función de la mercancia que les suministramos, y en función de esa confianza nos llevamos lo que queremos. Se ha hecho de cara a justificar que el protagonista es un comerciante independiente y que no se va a poner a pagar con billetes el café, que el volumen de pasta y mercancías es a nivel planetario y que el funcionamiento económico debe ir por otro lado. Al poco de ponerte con ello ya le pillas la gracia, aunque el sistema no resulta mejor ni peor que el del toda la vida de los juegos de rol. Es distinto, eso es todo.
Por lo demás Warhammer 40000 Rogue Trader ofrece una historia del terrofíco universo en cuestión más o menos habitual y correcta. Nada especialmente original pero tampoco especialmente aburrido. La historia es funcional. Los personajes que pueden acompañarnos en este caso sí son más o menos cliché de lo que uno puede encontrarse en el universo: el Marine Espacial prototípico, el inquisidor con sus secretismos, la Hermana de Batalla más papista que el Papa, la xeno resentida con la Humanidad…sí, claro, con el tiempo tienen sus matices pero prácticamente en ningún caso dejan de ser estereotipos de sus respectivos roles. No hay nadie especialmente irritante pero quizás tampoco nadie memorable. Oh, y la cosa vuelve a tardar muchas decenas de horas acabarla. Muchas. En este caso quizás se hacen demasiadas.
En resumen, Warhammer 40000 Rogue Trader no acaba de ser un mal juego por la ambición y valentía de sus creadores en muchas partes de la aventura, entre ellas la estupenda ambientación, las muy buenas ideas del combate o la flexibilidad con los personajes. Pero le falla que la curva de dificultad es otra vez un problema, en este caso cayendo en el lado de lo fácil, así como sin hacerlo mal han bajado el nivel de la trama y desarrollo de personajes desde los dos anteriores Pathfinder. En todo caso es un juego divertido y agradable de jugar y sus horas combatiendo al Caos (o bañándonos en él) valen la pena.
Ya está disponible en cines de España De naturaleza violenta (2024), una película de terror dirigida por Chris Nash, que reformula las claves del subgénero slasher de los 80 para construir su narración en base a los elementos del slow cinema. Un ejercicio estilístico formal realmente interesante, que trata la relación entre humano y naturaleza de forma más soterrada.
La película lleva más de una semana en cines y recomiendo verla antes de leer mi crítica ya que, sobre todo en el último apartado de la crítica, hay spoilers que no he podido evitar para analizar por completo la obra.
Tráiler de De naturaleza violenta (2024) de Chris Nash
Un grupo de jóvenes se lleva un medallón de una torre de vigilancia contra incendios derrumbada en el bosque. Lo que desconocen es que esta sepulta el cadáver podrido de Johnny, un espíritu vengativo impulsado por un horrible crimen ocurrido hace 60 años. Y una vez se llevan el medallón, su cuerpo resucita con el único propósito de recuperarlo. El no-muerto acecha al grupo de adolescentes de vacaciones responsables del robo y en su misión de recuperar el medallón procede a masacrarlos uno tras otro, junto con cualquiera que se interponga en su camino.
Póster de De naturaleza violenta (2024) de Chris Nash
Slasher y slow cinema
La mayor virtud y reclamo de una película como De naturaleza violenta es su forma. La historia no deja de ser el típico cliché de un grupo de jóvenes fiesteros que pasan unos días en un bosque y van mermando en número acechados por un asesino sobrehumano. Lo interesante es cómo Nash opta por fusionar dos mundos completamente distintos, tomando la historia de uno (slasher) y las formas del otro (slow cinema), para configurar un producto totalmente propio, un experimento satisfactorio (aún más si se acude a ciegas al cine, como fue mi caso).
Dos o tres planos larguísimos y aparentemente insustanciales abren la película estableciendo el tono desde el principio. A continuación, la cámara en mano sigue a un corpulento asesino que camina despacio a través del bosque, en largos planos secuencia, buscando carne fresca con que saciar su sed de sangre.
Nash se toma su tiempo, como el buen slow cinema, para retratar las anodinas zancadas del personaje, el sonido del bosque y sus animales… así como, lejos de la concepción generalizada fruto del marketing, de que la película contempla únicamente el punto de vista del asesino, da rienda suelta a las estériles conversaciones entre los campistas. En ese largo y magnífico travelling circular, sobre todo, en que vemos por primera vez a las víctimas de cerca y escuchamos la leyenda del lugar.
Lo que Nash plantea es un encomiable ejercicio de forma, un experimento en que traspone ciertos elementos de un lugar a otro para construir algo propio y continuar explorando las posibilidades del séptimo arte y el cine de terror. El modelo de puesta en escena del denominado slow cinema, funciona a la perfección en De naturaleza violenta. El reposo con que sucede la acción precede los consecutivos baños de brutalidad explícita —el gore más repulsivo, en concreto uno de los asesinatos, de una enorme creatividad por otra parte— afilando su efecto de una forma similar a la contención y aplanamiento a que Robert Bresson sometía sus obras cinematográficas: sosiego para posterior estallido emocional en busca de cierta sorpresa interior.
Cada uno de los brutales asesinatos que se suceden metódicamente, son en sí mismos un ensayo de puesta en escena e imaginación creativa. Pienso en lo distintos que son entre sí, tanto en la forma de matar del villano, como en la planificación en pantalla. Uno de ellos transcurre en un lago (¡Crystal Lake resuena!) y el estatismo de un gran plano general con el personaje a lo lejos es suficiente para construir una tensión creciente que deriva en angustia. Una forma de mostrar lo que sucede nada habitual en el género, pero tremendamente efectiva en su ejecución.
La ausencia de música de cualquier tipo es uno de los elementos imponentes del slow cinema y de realizadores como Robert Bresson, que buscan precisamente evitar distracciones para ensalzar la diégesis depurada en su plenitud. Nash toma esta premisa utilizando solo el sonido del ambiente que, junto a una propia imagen que continuamente enaltece el medio natural, construyen una percepción audiovisual periférica del entorno fundamental para integrarse en la película.
La violencia de la naturaleza. El humano y su entorno
Más allá de su evidente interés formal y conceptual, De naturaleza violenta esconde una lectura algo más soterrada y sutil sobre nuestra relación con el medio natural. Desde el momento en que los jóvenes, sin pensar demasiado, retiran el medallón dorado del lugar en que descansaba, la bestia que despierta no hace más que darles caza: han profanado lo que era suyo—más adelante descubrimos su historia y relación con la reliquia— por diversión.
El monstruo actúa para proteger algo que le pertenece y le han arrebatado sin permiso ni motivo. El humano, históricamente, ha actuado de forma similar con la naturaleza, jugando con ella a su gusto y aniquilando a sus inocentes pobladores. El asesino de la película, igual que la naturaleza, solo busca paz y descanso, sin intrusos molestos e indeseados.
Cuando en el tercer acto, la última superviviente decide subvertir desde la propia narración los códigos del slasher —hasta entonces el giro era puramente formal—, olvidando el plan de acción y soltando las armas para echarse a correr en vez de enfrentar al verdugo (como suele ocurrir en el subgénero), deposita el medallón de Johnny en la garrafa de gasolina: devuelve lo que en el primer plano de la película habían hurtado.
Las últimas dos magníficas escenas —corriendo a través del bosque y conversando en el coche con su salvadora—, causan una tensión enorme e irracional por acumulación de acciones a lo largo de la película, ya que, sugestionados además por la forma en que Nash sitúa la arboleda constantemente en el fondo de la imagen; sentimos que Johnny saldrá de detrás de algún árbol para acabar con Kris. Sin embargo, tras estas escenas, un ligero travelling final nos muestra que el medallón ya no está donde la joven lo colocó: la situación se ha revertido sin violencia, devolviendo al asesino lo que se le quitó en un principio, y ahora vuelve a descansar eternamente.
La película con este final, ciertamente inesperado, me recuerda al típico dicho de que en la naturaleza hay que dejar todo igual que se encontró: «no levantes una piedra si no vas a devolverla a su posición original». El respeto por la naturaleza y los seres vivos que allí habitan es fundamental, y siento que De naturaleza violenta viene a mostrarnos a unos chavales insensatos que roban un medallón y despiertan a un monstruo, como podrían haber profanado una cueva y enfurecido a un oso —precisamente la mujer del coche, cuenta a la joven superviviente la burtal historia del ataque de un oso a un cazador—, en un acto de inconsciencia humana.
Conclusión
Chris Nash propone una nueva visión del cine de terror, implementando la sosegada puesta en escena del slow cinema para exaltar la impresión, además de utilizar en gran parte del metraje el punto de vista del asesino. Es como si —exagerando— Béla Tarr dirigiese Viernes 13 (1980) de Sean S. Cunningham.
Este entramado de imaginativas y explícitas escenas gore (amén por los efectos prácticos), esconde una reflexión sobre el ser humano y su relación con la naturaleza con una satisfactoria moraleja. ¡Cuánto tenemos que aprender de los animales!
De naturaleza violenta es una película, ante todo diferente, no para todo el mundo e ideal para ver a ciegas. Desde luego es una cinta a reivindicar que, personalmente me ha maravillado. Además, ya se ha confirmado su secuela para el año que viene. No sé si es malo o bueno, tocará descubrirlo dentro de no tanto…
El público trekkie está de parabienes. Luego de infundados rumores de cancelación y tras migrar de Paramount, podemos disfrutar de Star Trek: Prodigy en Netflix. Creada por Dan y Kevin Hageman con producción de Alex Kurtzman, la serie acaba de estrenar una segunda temporada que la confirma en lo alto de la franquicia y que ya está disponible en la plataforma junto con la primera.
Un año atrás el mundo trekkie se sacudía al enterarse que Paramount anunciaba que Star Trek: Prodigy no seguiría en su plataforma. Pero a pesar de que muchos lo tomaron en aquel momento como una cancelación, tanto CBS como productores y showrunners se encargaron de llevar tranquilidad anunciando que la serie seguía viva y con segunda temporada ya en marcha, solo que buscando nuevo hogar. Y así fue: por fortuna para los fans, la segunda temporada, con sus veinte episodios de veintidós minutos promedio, se ha estrenado este mes enNetflix que, además, ha incorporado también la primera.
La discutible justificación de Paramount para no mantenerla era que su formato infantil no encajaba en la plataforma, pero si bien es cierto que la serie tiene un tono mucho menos adulto e irreverente que Star Trek: Lower Decks (la otra animada de la franquicia en emisión), también tiene elementos suficientes para cautivar al público trekkie con tramas inteligentes y bien elaboradas que jamás renuncian al espíritu de la franquicia. Y la serie es una auténtica maravilla…
La Premisa
La historia sigue a un grupo de adolescentes del Cuadrante Delta que, de manera fortuita, terminan en impensada tripulación de la Protostar, nave de la Federación que encuentran sin nadie a bordo en Tars Lamora, planetoide que oficia de colonia penal y centro minero con mano de obra esclavizada.
No solo no tienen idea de lo que es la Federación o la Flota, sino tampoco de que la nave es reclamada por Ilthuran, más conocido como el Adivino (traducción incorrecta pues Diviner sería Divinizador), tirano de la especie de los Vau N’akat que le tiene reservados fines poco santos.
A bordo de la nave, cuya forma peciolada recuerda a la Voyager, se encuentran con una representación holográfica de Kathryn Janeway, quien fuera justamente capitana de la misma en Star Trek: Voyager. Es ella quien les pone al tanto de los fines e ideales de la Federación, así como de los códigos de la Flota y detalles técnicos de la nave.
Poco a poco, se irán anoticiando de la existencia del motor warp, del sistema de transporte, de las holocubiertas, del traductor universal o del replicador de alimentos y la nave les servirá no solo para escapar del Adivino, sino para también buscar contacto con la Federación. Lo que ignoran es que el tirano la ha reconvertido en un arma que, apenas entre en contacto, hará que los sistemas de la Flota se vuelvan contra sí mismos y las naves se destruyan entre sí…
La Tripulación
Dal R’el (voz a cargo de Brett Gray) es el personaje principal que oficia como líder y, al menos durante la primera temporada, capitán de facto (suena feo, pero es así). Adolescente rebelde y ávido de acción y aventuras, pertenece a una especie no identificada y de hecho desconoce su origen, pero tristemente descubrirá que es un híbrido de laboratorio que fusiona ADN de veintiséis especies diferentes y cuya concepción se hunde en los tiempos de las Guerras Eugenésicas y los experimentos genéticos del doctor Soong.
Jankom (Jason Mantzoukas) es un tellaritanacido incluso antes que la Federación, pero estuvo dos siglos en suspensión criogénica antes de ser capturado por esclavistas. Brusco, simplón y de buen corazón, posee, en lugar de su mano derecha, un multi-guante con diversas capacidades. Siempre habla en tercera persona de sí mismo y se desempeña en la Protostar como ingeniero jefe.
Zero (Angus Imrie) es un medusano sin cuerpo, forma de vida con base en la energía y no en la materia. Se desplaza en una esfera metálica que levita sin piernas (aunque las tendrá en la segunda temporada al recibir un modelo mejorado e incluso durante algún tiempo un cuerpo) y es capaz de leer mentes y viajar por el espacio en forma incorpórea. Fue el primero en fugarse del penal y, de hecho, Dal fue enviado tras él a cambio de no recibir un castigo, pero hicieron causa común al encontrar la Protostar y ver en la misma su medio de escape.
Rok-Takh (Rylee Alazraqui), a pesar de su aspecto enorme y bestial que la acerca a La Cosa, de Los 4Fantásticos, es una dulce y sufrida niña de la especiebricar. Durante bastante tiempo fue expuesta como atracción pública bajo la denominación “El Monstruo”, entreteniendo al público con espectáculos en que enfrentaba a un supuesto héroe que siempre debía vencerla. Un día se cansó y quiso ser la heroína, por lo cual terminó esclavizada. Poco a poco, irá descubriendo lo mucho que le fascina la ciencia y se convertirá en oficial científica de la nave.
Murf (Dee Bradley Baker)es un melanoide, especie de gusano gelatinoso que, tras una metamorfosis, tendrá después miembros e incluso una extraordinaria capacidad de estiramiento. Emite sonidos semejantes a los de un delfín que no son inteligibles para el resto ni tan siquiera para los traductores y recién en la segunda temporada lograrán entenderlo al hacerlo hablar con una ballena (gran guiño a Star Trek IV). Come literalmente cualquier cosa y hay que andar cuidando que no devore herramientas o partes esenciales de la nave. Su puesto es el de oficial de seguridad.
Gwyndala (Ella Purnell) es la hija del Adivino. No ha ido a parar a la Protostar por cuenta propia sino capturada por el grupo, a pesar de lo cual irá poco a poco empatizando y sumándoseles al tomar conciencia de las reales intenciones de su padre. Experta en lingüistica, su rol es el de oficial de comunicaciones.
Lo Familiar no quita lo Inteligente
Como dijimos al principio, la serie aparece catalogada como infantil, pero solo lo es si se la compara conLower Decks, con la cual, aunque no hay crossover, queda claro que comparten canon: “No había visto una tripulación tan disfuncional desde la Cerritos” dice ElDoctor (sí, nuestro querido doctor holográfico de Star Trek: Voyager, que hace presencia apenas iniciarse la segunda temporada).
De todos modos y si bien la serie se anuncia como apta para niños mayores de siete años, la recomiendo especialmente a partir de los doce porque los argumentos y la terminología pueden escapársele a los más pequeños al oír de paradojas temporales, tormentas de taquiones, torpedos cuánticos y demás. Lo que sí es seguro es que los personajes dan un perfil lo suficientemente simpático y querible como para que la serie pueda ser calificada de familiar.
Los fans de la franquicia encontrarán a las tramas muy trekkies y con una filosofía acorde al espíritu de la misma. Montones de referencias y guiños harán sus delicias e incluso verán a los personajes encontrarse con versiones holográficas de Spock,Uhura, Scotty, Crusher u Odo. Y no podrán evitar una sonrisa al escuchar frases como “le prometí a Picard que no perdería otra nave en el cuadrante Delta” (dicha obviamente por Janeway).
Por otra parte, es la única serie de la franquicia que no tiene ningún personaje humano entre los principales y, de hecho, salvo los mencionados hologramas, no aparecen humanos sino hasta el final de la primera temporada. Es allí cuando Janeway se presenta no ya como holograma sino en versión real (es decir, todo lo real que pueda ser un personaje animado): más madura, con alguna cana y cargo de almirante, tal como nos enteráramos en la tercera temporada de Star Trek: Picard aunque nunca apareciese.
Doble impacto el que su voz esté hecha porKate Mulgrew, quien originalmente la interpretara, así como finísimo detalle que beba té en lugar de café, pues en el último episodio de STV habíamos visto que la Janeway del futuro anoticiaba a la del pasado de haber hecho justamente ese cambio. Quien sí aparece con el clásico y enorme jarro de café es su versión holográfica por replicar a una Janeway más joven.
La animación digital es una gloria, con magníficas y realistas recreaciones del espacio y los mundos que visitan, todo realzado por una gran presentación, una banda sonora acorde compuesta por Nami Melumad y un épico tema principal a cargo de Michael Giacchino, lo que significa que tenemos en la música a la dupla de Thor: Love and Thunder.
Y así como abundan las referencias a series o películas de la franquicia, también las hay a otras, con reconocibles guiños a Terminator,Battlestar: Galactica, Star Wars o El Señor de los Anillos e incluso en la segunda temporada un episodio titulado Rápido y Curioso (The Fast and the Curious).
Temporada 1 (advertencia spoiler)
La primera temporada cuenta el hallazgo de la Protostar y cómo, gracias al holograma de Janeway, su nueva tripulación se va embebiendo en los menesteres de la nave y en hacer las bitácoras que los trekkies tanto gustamos escuchar. Ello mientras son perseguidos por el Adivino y sus esbirros: escorpiones mecánicos que hacen recordar a los “bichos” de Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1998).
La noticia de que la nave ha sido convertida en arma se convierte en un problema pues Dal y su grupo quieren entrar en contacto con la Federación sin saber que, de hacerlo, bastará una única comunicación para que la Flota entre en proceso de autodestrucción.
En el séptimo episodio ya tienen su “primer contacto” (que en gran guiño para los fans se titula justamente de ese modo), pero no con la Flota sino con un ciudadano de la Federación: una ferengi, con lo que ello implica…
Cuando llegue el momento de encontrarse con la Flota, el grupo ya estará anoticiado de las posibles consecuencias de comunicarse, así que al no poder explicar la situación se convertirán en objeto de persecución tanto del Adivino como de la Flota, que cree que ellos son quienes han robado la nave, generándose así un juego de gato y ratón que hace acordar a grandes momentos de la franquicia, aunque esta vez con dos gatos.
También nos enteramos que el rencor del Adivino contra la Federación viene del pasado o, mejor dicho, del futuro, pues al estilo Nero ha viajado en el tiempo para destruir la Flota y torcer el curso de los acontecimientos.
La temporada acaba con la autodestrucción de la Protostar, lo cual frena el proceso de transmisión y autodestrucción, siendo el holograma de Janeway quien se encarga de llevarla lejos y “sacrificarse” como tantos en la franquicia, siendo seguramente Spock el más recordado (Star Trek II: La Ira de Khan): ya veremos en la segunda temporada que su muerte (o como quiera que se diga en el caso de un holograma) es igual de relativa…
Resuelto todo (o eso parece), el grupo llega a la Tierra y es admitido en la Federación, permitiéndoseles incluso y para su felicidad ingresar a la Academia de la Flota. Paralelo a ello, tenemos noticias de la verdadera Janeway, quien está a la búsqueda de su otrora primer oficial Chakotay, quien ahora es capitán y estaba al mando de la Protostar al momento de perderse en un agujero de gusano: vaya mala suerte que te ocurra dos veces en la vida…
Temporada 2 (advertencia spoiler)
Dal y los suyos son ya cadetes de la Academia y están felices de lucir sus flamantes uniformes, pero sienten algo de decepción por no estar ya tan metidos en emocionantes aventuras ni decidiendo cosas importantes como a bordo de la Protostar.
Sin embargo Janeway, quien está al frente de la flamante Voyager-A (la anterior, tal como nos anoticiáramos en la tercera temporada de Star Trek: Picard, es ahora un museo) les requiere para una misión especial sobre la que mantiene misteriosa reserva y que, según logran fisgonear, tiene que ver con hallar a Chakotay, desaparecido desde que la nave se perdiera.
Es que al destruir la Protostar en el final de la temporada anterior, se ha abierto una fisura temporal a través de la cual ha llegado una comunicación suya que lo ubica cincuenta y dos años en el futuro y Janeway planea ir a buscarlo con una nave más pequeña llamada Infinity, que mantiene invisibilizada de incógnito en el interior de la Voyager-A.
Pero Dal y los suyos recuperan protagonismo cuando, no pudiendo con su curiosidad, encuentran la Infinity y, siendo sorprendidos por la oficial vulcana Maj’el, acaban por accidente poniendo en marcha la nave y yendo a parar al otro lado del agujero de gusano junto a ella.
A partir de allí, la temporada lleva al grupo en aventuras que traen grandes y entrañables recuerdos para los fans: se encontrarán con Chakotay, volvéran a perderlo y lo encontrarán nuevamente, junto con la Protostar en la versión que aún no ha viajado al pasado ni ha sido destruida. Pero al hacerlo provocan que la misma nunca sea llevada a Tars Lamora y se genera una gran paradoja temporal que acaba desgarrando el entramado mismo del tiempo y del universo, tal como les anoticia Wesley Crusher, quien sigue en el rol de Vigilante espacio-temporal que le conociéramos al final de la segunda temporada de Star Trek: Picard.
En su recorrido, la joven tripulación se cruza con especies bien conocidas como losborg, los klingon o los tribbles (que de repente evolucionan, crecen de tamaño y tienen dientes). Y como toda tripulación trekkie que se precie, tendrán su propia visita al Universo Espejo, cruzándose con versiones malvadas de Chakotay y Janeway.
Zero llega a tener un cuerpo, pues durante la visita al planeta Ovidia IV se encuentra con otros medusanos que le ofrecen la posiblidad de tener uno y disfrutar de los sentidos. Pero su felicidad inicial se diluye al enterarse que se irá progresivamente degradando en caso de abandonar el planeta. Aun así y en conmovedora decisión, opta por seguir con sus amigos y, en efecto, terminará perdiendo su cuerpo y regresando a un envase metálico, aunque en versión mejorada con percepción sensorial.
En cuanto a Gwyn, se separa del resto al comenzar la temporada para viajar al planeta Solum con la idea de evitar la guerra civil que conducirá en el futuro al envilecimiento de su padre y a los sucesos ya conocidos. También de su parte hay renunciamiento personal, pues ello podría borrarla de la existencia.
Pero así como Ilthuran fue el villano de la primera temporada, en la segunda lo es su agente Asencia, quien ha viajado desde el futuro para crear un clima adverso contra Gwyn difundiendo falsamente que persigue un futuro de caos y destrucción. Ello hace que esta sea perseguida y, después de un encuentro con la versión pasada y benévola de su padre, logre escapar milagrosamente de Solum y regresar con sus amigos.
Asencia, además, captura a Wesley Crusher y, drenándole la mente, obtiene los conocimientos necesarios para manipular el tiempo y construir una flota de guerra en un tiempo que para sus adversarios son solo minutos, además de abrir agujeros de gusano a los fines de un inminente y destructivo ataque.
Casi lo logra, pero Ilthuran ayuda a la Flota a frustrar sus planes y los dispositivos temporales que ha estado construyendo terminan utilizados para regresar la Protostar al pasado y al lugar en que fue encontrada, lo cual reconstituye la línea de tiempo y detiene una incursión interdimensional de El Telar, la especie devorada de universos residuales. Y la guerra civil ya no va a producirse, pues ahora Ilthuran es un gobernante benévolo y los sucesos que habían llevado a la misma nunca ocurrirán al no estar Chakotay en el Cuadrante Delta.
En emotivo final, los jóvenes regresan a la Academia y Janeway opta por retirarse al campo en lo que define como “jubilación anticipada”, pero Chakotay irá en su búsqueda para requerirla nuevamente al iniciarse un ataque de sintéticos en Marte, lo cual conecta con la primera temporada de Star Trek: Picard.
A Dal y los suyos, en compensación por sus servicios, se les asigna una nueva nave que es versión mejorada de la Protostar y cuyo nombre es Star Trek: Prodigy. Como alféreces, estarán bajo supervisión remota de Janeway, pero a la vez Dal considera que es justo resignar su silla de “capitán” en favor de Gwyndala…
En Conclusión
Como he manifestado al principio, Star Trek: Prodigy es una auténtica maravilla y, vista la segunda temporada, no podemos menos que agradecer que haya sido salvada por Netflix o definitivamente nos hubiéramos perdido algo. Rebosa de épica y argumentos inteligentes, al tiempo que divierte, entretiene y fundamentalmente emociona.
Los fans de la franquicia la encontrarán leal al canon como pocas, pues se acaba conectando con casi todo el universo trekkie y especialmente con Star Trek: Voyager (de la cual es en cierto punto continuación) y, de modo más indirecto, con Star Trek: Picard. Pero a la vez abre la posibilidad de que se sume un público menor en edad que nunca haya oído mencionar nada de eso.
¿Habrá tercera temporada? Pues la historia está básicamente concluida, pero la tripulación de Dal ha recibido una nave que lleva el nombre de la serie y Crusher (quien sabe lo que el futuro depara) les ha dicho que su mayor aventura “aún no ha ocurrido”, lo cual nos hace abrigar esperanzas e incluso los productores dejaron deslizar la posibilidad de una película que, de hacerse, sería la primera animada en la franquicia.
Ojalá se hagan ambas cosas, pero aun si así no fuera, no podemos menos que estar agradecidos con lo que nos han dado y sabemos que una vez entras en este maravilloso universo, ya no sales del mismo, así que no hay duda de que volveremos a saber de estos personajes en algún otro producto o formato. Lo merecen…
Hasta la próxima y sean felices. Larga vida y prosperidad…