Pocos personajes han sido tan representados en el cine como Batman. Y con distintos actores (y los que podrían haber sido) . Desde los series de los años 40 al Batman de 1966 o al hecho de tener dos (o más) hombres murciélagos en The flash, Batman es un personaje fundamental en la historia del cine. Tanto como sus peleas, elemento indispensable en el género de superhéroes.
Por eso, vamos a repasar las siete mejores peleas de Batman en el cine. Descarto las películas de animación porque darían para un género en sí mismo. Es más, casi todos los combates que vemos en El regreso del caballero oscuro mejoran a la mayoría de las escenas que siguen a este párrafo.
Comenzamos.
La pelea del Batman de Michael Keaton en The flash (2023)
En lo que respecta al Batman de Michael Keaton, el principal reclamo de la película, basta decir (sin entrar en spoilers) que se ha usado sabiamente, equilibrando el recurso argumental con el fanservice.
Su escena de combate a mediados de la película es todo un derroche de carisma que se sustenta en el poder ver al Batman de Tim Burton, el clásico, el de todos, luciendo los movimientos que la tecnología de 1989 y 1992 no podían permitirse.
Batman v Superman en Batman v Superman: El amanecer de la justicia (2015).
El principio del fin para el universo DC iniciado por Zack Snyder comenzó en su segunda película. Ambiciosa y excesiva en el buen y mal sentido de la palabra, la película adapta pasajes del cómic más laureado de la historia del personaje: El regreso del caballero oscuro.
Eso incluye el esperado duelo que da título a la película: el combate entre Batman y Superman.
Rodado con el habitual gusto de Zack Snyder, asistimos a una auténtica paliza propinada por el caballero de la noche, mucho más astuto y torticero que el noble kryptoniano. No se me olvida la imagen de Batman arrastrando del pie a Superman para empalarlo con una lanza de kryptonita. Viva Zack Snyder.
Pelea en el pasillo en The Batman (2022)
La poca fe de los ejecutivos de Warner supuso la muerte anunciada en taquilla de Black Adam, The flash o la segunda entrega de Shazam al pertenecer a un universo DC ya defenestrado. Deberían haber tomado nota de The batman, porque pocas películas tenían más pinta de fracaso que esta, producida tras la cima que supuso la trilogía de Christopher Nolan y la gran cantidad de críticas que recibió el Batman de Ben Affleck, el cual iba a dirigir y protagonizar esta película antes de abandonar el manto estando hasta las narices de insultos.
El resultado es un thriller maravillosamente dirigido por Matt Reeves, que cogió algunas de las ideas de la increíble Daredevilde Netflix para mostrar, en pocos segundos, la potencia de un Batman joven y kamikaze que aguanta las balas y al que solo vemos durante cada fogonazo de las armas.
Combate sobre hielo en Batman Begins (2005)
Ahora parece fácil alabar la trilogía del caballero oscuro de Christopher Nolan, pero aún recuerdo, a mis doce años, como muchos daban palos hasta en el carnet de identidad al director británico. Que si no era tan gótica como las de Burton, que si la banda sonora era peor que la de Danny Elfman o que sus escenas de acción, basadas en el montaje rápido que reforzaban la sensación de Batman como una aparición tenebrosa, no daban la talla.
Con el tiempo, Batman Begins se ha convertido en toda una película de culto, en parte gracias a su excepcional prólogo, una pequeña película dentro de la película que nos ayuda a poner en contexto las angustias de Bruce Wayne.
Su duelo con katana sobre un lago helado contra su mentor Henri Ducard es para ponérselo siempre que se quiera una pizca de motivación.
Pelea en el metro en The Batman (2022)
Poco se habla de las críticas que generó Robert Pattinson como el nuevo Batman. Críticas que tardaron en desaparecer en cuanto se estrenó la película.
Todas las dudas que se planteaban ante un Bruce Wayne más escuchimizado de lo previsto se volatilizaron con escenas como la pelea en el metro. Jamás se había visto a un Batman tan demoledor, un auténtico martillo pilón cuya fuerza se basa en su odio e inexperiencia. Una escena que deja sin palabras.
Rescate de Martha Wayne en Batman v Superman (2015)
Puede que Zack Snyder iniciara su andadura en el Universo DC con El hombre de acero, pero estoy seguro de que, si por él hubiera sido, habría dirigido a Batman. Prueba de ello es lo poco que tardó en incluir al hombre murciélago como personaje más carismático de su Batman v Superman.
Además, lo rueda con mucho amor. Que se lo digan a la mejor escena de la cinta, el rescate de Martha Wayne con el Batman más comiquero y violento de cuantos se han rodado. Entrada a ras de suelo, lanzamiento de cajas, sangre en la pared, disparos en el casco… Lo que Marvel no quiere que veas.
La derrota de Batman contra Bane en El caballero oscuro: la leyenda renace (2012)
Cuando en una trilogía de más de seis horas de duración total deja de sonar la épica banda sonora de Hans Zimmer, preparaos para una escena especialmente importante.
Christopher Nolan recreó la gran derrota del Batman comiquero (aquí tenéis nuestra guía comiquera definitiva del personaje) a manos de Bane con un combate a oscuras en el que un viejo y cansado Batman que se niega a reconocer su declive se enfrenta a toda una bestia como es el Bane de Tom Hardy. Cada uno de sus golpes es una bola de demolición para nosotros, que asistimos a una de los combates más descorazonadores de la historia del género.
¿Y vosotros?
¿Cuál es vuestra escena de combate de Batman favorita?
Dos años después de su impactante final, volvemos a Poniente y al universo ideado por la mente maestra de George R. R. Martin. En un mundo dominado por Netflix, el fenómeno televisivo (junto a Perdidos) del siglo XXI fue la fantasía épica con dejes de telenovela familiar Juego de Tronos. Ahora es el turno de La Casa del Dragón, precuela centrada en los Targaryen.
En Las cosas que nos hacen felices somos muy aficionados al mundo creado por George R. R. Martin, como se puede comprobar con todos nuestros artículos.
Volvemos a reencontrarnos dos años después en La Casa del Dragón. HBO ha necesitado el doble de tiempo para esta temporada que el que empleaba en Juego de Tronos.
Mientras que la primera temporada se centraba en el germen de la Danza de Dragones entre la facción de los Verdes, afincados en Desembarco del Rey, y los Negros, situados en Rocadragón, esta segunda temporada da inicio a la verdadera Danza de Dragones, la guerra civil Targaryen que sacudió Poniente.
A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS DEL SEGUNDO EPISODIO DE LA CASA DEL DRAGÓN
LOS VERDES: CUANTO MÁS ACELERO, MÁS CALENTITO ME PONGO.
La noticia de la muerte de Jaehaerys supone un previsible mazazo al bando de los Verdes. Su padre es un mal gobernante azuzado por el dolor del asesinato de su heredero. Su madre, una mujer extraña con ciertos poderes adivinatorios y destrozada no solo por la muerte de uno de sus pequeños, sino también por haber tenido que elegir a cuál de ellos iban a ejecutar Sangre y Queso.
En este páramo de dolor, solo Otto Hightower, bisabuelo del fallecido, tiene la capacidad de sacar provecho en la más que probable Guerra Civil. Un cortejo fúnebre para hacer ver al pueblo que Rhaenyra es una mujer capaz de asesinar a un bebé con tal de obtener un trono.
Sin embargo, por más que Otto sea un político más que digno (y, por tanto, una persona que no da cuenta de los sentimientos de sus propios nietos), no es capaz de controlar los impulsos de su nieto el rey, que cuelga de las murallas de la ciudad a todos los cazarratas, suprimiendo la atracción que el pueblo comenzaba a sentir por el bando de los Verdes.
En un momento de desbordamiento, Otto desprecia a su nieto y valora la contención de la que hacía gala el fallecido Viserys. Aegon termina desplazándole y nombra Mano del Rey a Ser Criston Cole, un hombre de acción pero también el más resentido de todo Poniente.
De hecho, Cole ya ha dado órdenes por su cuenta. Sintiéndose culpable por haber fallado en sus deberes como guardián de la familia real (estaba en la cama con Alicent), proyecta la culpa que siente en odio hacia Ser Erryk (¿o Arryk?) y le insta a infiltrarse en Rocadragón aprovechando el parecido con su hermano y matar a Rhaenyra.
Otto es aconsejado por Alicent para irse a Altojardín con la esperanza de que ella pueda convencer a Aegon de que vuelva a ser Mano. Pero lo cierto es que, por mucho que su padre sea la voz políticamente razonable del consejo de los Verdes, la ambivalente Alicent se encuentra más cómoda sin la presión de su padre y con su amante Cole como Mano del Rey.
LOS NEGROS: FRENA, QUE NOS EMBALAMOS.
Durante todo el primer capítulo asistimos a una Rhaenyra tan rota de dolor que solo esgrime una frase durante todo el episodio, pidiendo la muerte de Aemond.
En este segundo capítulo volvemos a ver a la Rhaenyra de siempre, desconcertada por el asesinato de su sobrino (recordemos que Haelaena y Aegon son sus hermanos). Queda claro que Daemon se propasó en las órdenes que dio, no tanto por fidelidad absoluta a Rhaenyra sino porque, en esta guerra de madres, él ha sido el gran perdedor, el candidato caído, uno en el que no confió su propio hermano Viserys por su mal juicio. Junto con Aemond, Daemon es el personaje más impredecible (y peligroso) de la serie.
Tras una discusión con Rhaenyra, Daemon se marcha no se sabe bien dónde, perdiendo (por el momento) un activo valiosísimo en su guerra.
Posteriormente, Rhaenyra está a punto de ser asesinada por Arryk (o Erryk) si no llega a ser por la intervención de Mysaria, que avisa al otro hermano gemelo. Ambos se baten en duelo y acaban muertos, con Rhaenyra viva en plena escalada de violencia entre ambos bandos.
IMPRESIONES
La Casa del Dragón mantiene firme su camino. Es una serie tremendamente sólida en su producción y en las interpretaciones de sus actores. El ritmo está más que estudiado. En todos los episodios ocurren giros y situaciones que nos hacen pensar en una explosión de violencia.
Sin embargo, la serie es fiel reflejo de cada uno de los bandos. Ambos tienen grandes estrategas políticos y psicópatas a lomos de dragones enormes. Pero no vemos ni grandes maniobras diplomáticas ni asesinatos en masa. Algo así ocurre con La Casa del Dragón. Tiene todo para emocionar, pero no lo consigue.
Es cierto que la serie ha ganado en concreción con respecto a Juego de Tronos. El mensaje es claro: lo absurdo de la guerra, ejemplificado en la pelea entre ambos hermanos gemelos, que se quieren pero se matan por los problemas de una familia concreta que nada tiene que ver con ellos.
Pero, por otro lado, la pelea entre ambos no emociona. Primero, por la propia coreografía. Atrás quedan la pelea entre Bronn y Ser Vardys en la primera temporada de Juego de Tronos o la de Oberyn Martell contra la Montaña. Mucho corte para disimular las carencias de esgrima de los gemelos actores.
Segundo, y más importante, no emociona porque no conectamos con los personajes. Probablemente el mayor mérito de Juego de Tronos es que se basaba en la obra magna de George R.R. Martin, un maestro de los diálogos capaz de hacernos conectar con personajes que aparecían muy poco. De hecho, lo menos interesante de su Canción de Hielo y fuego eran los personajes principales. Juego de Tronos eran Meñique, Jaqen H’Qar u Oberyn Martell. Personajes que aparecían minutos contados pero cuya personalidad nos dejaba con la boca abierta.
No hay que olvidar que La Casa del Dragón está basado en un libro “histórico” de George R.R. Martin y, con ello, los guionistas no tienen ni la mitad de material del autor que Benioff y Weiss tenían en Juego de Tronos. Y esto se traduce en que La Casa del Dragón es una serie centrada en muy pocos personajes bien construidos (Rhaenyra, Alicent, Daemon, Otto, Criston Cole, Aegon y Aemond) y el resto importa poco.
Por ejemplo, los hermanos gemelos apenas han sido trabajados durante la serie. De hecho, probablemente la secuencia más larga en la que ha intervenido uno de ellos sea en el mismo episodio de su muerte.
Algo parecido con Haelaena, que apenas tiene presencia durante toda la serie, por lo que no conectamos tanto con su dolor como lo haríamos con el resto de personajes.
En definitiva, La Casa del Dragón es una serie sólida y entretenida, pero lejana al impacto de las primeras temporadas de su hermana mayor.
El director alemán Christian Petzold (Phoenix, Bárbara), estrenó el pasado 14 de junio una película que ha pasado bastante desapercibida en nuestro país. El cielo rojo(Rotter Himmel) ganó el Gran premio del jurado en el Festival de Berlín 2023 y, aunque ha tardado, ya está disponible en salas de cine españolas. En su película, el alemán traza una historia inabarcable en su aparente sencillez y minimalismo, en que de una forma pasmosamente relajada desgrana el concepto de individualidad, a través de las relaciones sociales, el amor y la masculinidad. Una delicia que encandila desde los primeros acordes.
Tráiler de El cielo rojo (2023) de Christian Petzold
Un verano caluroso y seco, como tantos en los últimos años. Los incendios forestales son incontrolables. Cuatro jóvenes se reúnen en una casa de vacaciones junto al mar Báltico. Leon (Thomas Schubert) busca un lugar tranquilo en que terminar su segunda novela junto a su amigo Felix (Langstone Uibel) que, muy distinto a él está preparando un portfolio fotográfico. Devid (Enno Trebs) es el socorrista de la playa y Nadja (Paula Beer) una chica que trabaja como temporera en el hotel costero. Lenta e imperceptiblemente son cercados por las llamas. Un cielo rojo se cierne sobre ellos. Dudan, tienen miedo, pero no por los incendios; es el amor lo que les asusta.
Poster de El cielo rojo (2023) de Christian Petzold
El centro del mundo. Desentrañando el egocentrismo
La película comienza con dos amigos que viajan a algún lugar que desconocemos, así como sus intenciones. Es interesante este juego planteado desde el inicio, en que los personajes poseen una información total, o casi, que nosotros no, por lo que la atención y el interés se acrecientan. Felix advierte un extraño ruido del coche, que Leon parece no oír (“yo no oigo nada”), una breve elipsis nos conduce al vehículo averiado y la pareja de amigos sin medio de transporte. Un sutil detalle que pasa inadvertido en este momento, pero retorna al subconsciente cuando terminamos la película: Leon no escucha la avería porque no le importa nada de su exterior, se cree el centro del mundo, no quiere gastar energía en aspectos que no le incumben directamente. Esta característica define su personaje y lugar en la película.
Uno de los temas principales —ligado, por su puesto, a otros muchos— de El cielo rojo es el egocentrismo, cuya presencia se razona con gran virtud. No hay ningún alarde de efusividad ni subrayados innecesarios, lejos de esto, Petzold refleja las inquietudes de su(s) personaje(s) mediante un sosiego epatante, a través de pequeños y repetidos detalles, tanto dialécticos como, sobre todo, gestuales.
En varios momentos Leon expresa su incomodidad e indiferencia, o más bien rechazo por un exterior al que se siente superior: durante esas distendidas cenas en el jardín, en que los demás conversan con disposición entre vino y vivencias, primeros planos del joven distante y apático rompen continuamente la norma, construyendo su personalidad desde el silente semblante, sin discursos innecesarios.
Leon es escritor y busca en el retiro costero un lugar tranquilo en que poder terminar su segunda novela. Desde el principio se muestra arisco con su amigo al recibir la noticia de una inesperada huésped, su retiro se convierte de forma inesperada en el recreo de otros, alentando la irascibilidad del egomaníaco.
Es impresionante como Petzold, y Thomas Schubert de forma más directa con una sensacional interpretación underplay, construyen la personalidad de Leon mediante la sutileza más envolvente. En una de las escenas más bellas visualmente del filme, el joven contempla a través de la ventana —elemento espacial clave en la puesta en escena para la construcción de su personaje— como sus tres compañeros se divierten jugando con raquetas luminosas, así como observa desde el jardín a Nadja en sus quehaceres. Distante en todas las situaciones sociales.
Felix, Nadja e incluso Devid invitan a Leon a divertirse con ellos en sus actividades recreativas, pero éste nunca accede, tiene que trabajar. Siempre está ocupado en algo “más importante”, aunque cuando nadie le mira juegue con una pelota de tenis o divague en procrastinación: lo importante es que cuando los demás vuelvan, vean que se devana los sesos frente al ordenador portátil. Asignando una profesión tan concreta como la de escritor a su protagonista, Petzold permite cierta crítica a la figura de artista, a su vanidoso revestimiento de mezquina intelectualidad —siendo extrapolable a cualquier disciplina creativa—.
La propia masculinidad también actúa como objeto de crítica o análisis, de una forma similar y bastante ligada al carácter artístico. Leon permite a Nadja leer su novela en ciernes, pero cuando ella, tajante, admite que es “una mierda”, el escritor en su soledad y frustración posterior entiende que es un texto muy elevado, incomprensible para una simple vendedora de helados como la chica. Cuando más tarde se revela que Nadja está terminando una tesis doctoral literaria, el rostro de Leon habla por sí solo (“¿por qué no me lo dijiste?”, “no me preguntaste”; una respuesta sencilla pero irrefutable, que puntualiza de nuevo el encierro en sí mismo de un personaje frustrado).
Incluso ante el trágico giro de su amigo —en una de las escenas más hermosamente demoledoras del cine reciente—, Leon es incapaz de exteriorizar una sola emoción, quizá siquiera de sentirla. Tampoco es capaz de entender el mal que aqueja a su editor, solo le interesa la revisión de su novela, pues en su visita a la casa costera, Helmut (Matthias Brandt) perdió rápidamente su interés en el texto de Leon, ante la deslumbrante brillantez de Nadja y su tesis: un giro de acontecimientos que trastoca al joven escritor, aunque conoce la mala opinión del editor sobre El club sándwich (así se llama su trabajo), pero la profunda envidia que siente al descubrir el conocimiento de la que pensaba ignorante (sólo él puede ser inteligente) y el desvío de atención de Helmut es demasiado para él (entran en juego los celos del artista, la envidia intelectual). Nadja ha dejado de ser su musa, su inferior, ahora ella está a su nivel, o por encima.
El cielo rojo. Márgenes abrasadores
A pesar de la descripción ofrecida sobre el protagonista, Leon no es un personaje malvado ni mucho menos, y parte de su forma de ser surge de la inseguridad, como en todo artista creativo. Una inseguridad que alienta su ínfula intelectual al tiempo que le recluye en su propia individualidad. Una inseguridad que le impide dar un paso más, atravesar la línea que separa la forma de vida intelectual que representa su personaje, para adentrarse en la vida pragmática y más recreativa en la que se divierten sus cercanos.
Nunca se baña en la playa, no acompaña en el ocio a sus amigos, y siempre observa con quietud a través de una ventana o una puerta (separación de ambos mundos). Incluso en un determinado momento en que hablan de un lugar del extranjero, le preguntan “¿Has estado?”, a lo que responde “No, pero me lo contaron”, no se da importancia a este detalle, pero es una sutileza que remarca esa delimitación entre el intelectualismo teórico al que se entrega (conocimiento sin experiencia), y la vida práctica y empírica que rechaza.
Esta inseguridad que forma parte ineludible de Leon, le impide expresar el amor que siente por Nadja, al menos hasta el final. El cielo rojo es una película que trata de exponer la tesis del amor irrefrenable y arrasador, materializado en la pantalla a través de ese incendio forestal, inicialmente lejano e inalcanzable, que poco a poco se acerca más a las vidas de los personajes.
Resulta imposible eludir las llamas de la pasión amorosa, tanto como detener un incendio forestal: el fuego todo lo consume. Si en un principio, Leon se enfrenta a una mezquindad constringente, termina por hacer frente a la fuerza desbocada de la naturaleza que escapa de su márgen de acción, así como el amor que siente, pues las pasiones más primitivas y las normas naturales se rigen por una idéntica imperturbabilidad.
EL ASRA
Día tras día, al caer la noche, iba la bella hija del Sultán de paseo hasta la fuente donde las blancas aguas murmuran.
Día tras día, al caer la noche, el joven esclavo, junto a la fuente donde las blancas aguas murmuran, cada vez más la color perdía.
Una noche, la princesa acercósele balbuceando: dime, esclavo, ¿cuál es tu nombre, cuál tu patria y tu linaje?
Y el esclavo dijo: Me llamo Mohamet y soy de Yemen, y mi pueblo son los Asra quienes mueren cuando aman.
Un poema de Heinrich Heine muy representativo de la película, que Nadja recita en voz alta frente a sus compañeros y el editor Helmut en una de las escenas más hermosas de El cielo rojo, una vez descubierto su verdadero trasfondo.
Conclusión
El cielo rojo subvierte el melodrama clásico para construir sus lazos sentimentales en la más meditada quietud. Es orfebrería del detalle, casi poesía como la que Nadja recita, y los personajes se elaboran desde el gesto y la parquedad dialéctica, lo que no quiere decir que no haya conversación, hay mucha, pero casi más importante es lo que se calla. Es hermosa y al mismo tiempo desoladora, como ese fuego impasible —del mismo modo que el planeta destructor en Melancolía(2011) de Von Trier— que todo lo consume.
Es una película que, sin artificio emocional, logra mantener la emoción a flor de piel en todo momento, ofreciendo profundas reflexiones vitales, sobre el amor, la individualidad y el arte; desde una historia aparentemente sencilla, con apenas tres escenarios, aunque uno principal ya que el grueso de la acción sucede en la casa de Felix. Una película para sentir y dejarse llevar.
Muchas gracias por leerme, sed felices e ¡id al cine!
‘The Acolyte’ de Disney+ afronta su quinto capítulo donde lo dejó el anterior y quizás estemos ante el mejor de lo que llevamos de temporada. Nada difícil, la verdad.
¿Por qué estamos ante el mejor episodio? Porque la historia no avanza y nos encontramos ante un enfrentamiento contra el misterioso Sith. Algo en lo que tengo que felicitar a la ficción de Leslye Headland es la respuesta de este cuando se descubre su identidad: ¿No lo sospechaste?
Cierto es que el guion nos lo había dejado casi en bandeja, así que para sorpresa de nadie ha sido quien todos sospechábamos. Por suerte, no se ha alargado más la revelación, eso hubiese perjudicado aún más a ‘The Acolyte’.
Como he mencionado, este capítulo es un largo combate contra este Sith (y una masacre) y debo decir que tenemos algunos momentos muy resultones gracias a las coreografías de combate. Las habilidades de Qimir son muy superiores a las de los Jedi en todos los aspectos y se convierte en un rival imbatible. Creo que ya se ve venir que para derrotarlo tendrán que unirse las dos hermanas.
Desvelada la identidad del Sith, ya solo queda saber que secreto oculta el maestro Sol, que lo une a la némesis de esta serie y que oscuridad hay en el interior de este jedi.
Algo curioso es que el guion funciona bien solo por momentos (como con dicha incógnita) y hay otras situaciones que parece escrito con desgana. En el capítulo anterior Mae estaba dispuesta a entregarse (en un cambio de opinión relámpago) y aquí se resiste a ser capturada, tanto por Jecki como por Osha. No tiene muy claro que hacer con su vida esta acólita.
Creo que el mayor problema que le veo a la forma en la que se está contando esta historia es que hay muchas situaciones que se ven venir desde años luz. ¿Por qué Osha utiliza la luz de su droide y no la linterna que tiene en la mano para atraer a las polillas hacia el Sith? ¿Por qué Bazil la encuentra? Porque será él quien descubra (con su olfato hiperdesarrollado) que las gemelas se han intercambiado.
No sé si la idea de Mae ha sido la mejor teniendo en cuenta que va a ir a un lugar con muchos jedi que puedan sentir quien es ella en realidad.
Por lo demás, este episodio de ‘The Acolyte’ ha sido un largo enfrentamiento que ha sido bien resuelto por el director Alex García. Tanto los combates contra el Sith, como el de Jecki contra Mae, pero es triste que eso sea lo mejor y más destacable.
Conclusión
Esta ficción está muy lejos de ser lo mejor de Star Wars, aunque es cierto que nos ha dado cierto respiro y esta semana nos ha dado un capítulo rápido, dinámico y con mucha acción.
No sé si tiene que ver con la dirección o con una mala semana de rodaje, pero Amandla Stenberg nos ha dejado momentos en los que su actuación ha sido floja. El momento en el que despierta y descubre el cuerpo del primer jedi tiene la misma expresión que un conejo al que le dan con las luces largas.
Vamos a ver a donde nos lleva el futuro (en plan ‘Cambiadas al nacer’) que se nos presenta a partir de ahora el guion y cuanto podrán estirar eso.
Sin duda, uno de los escritores más prolíferos y famosos de la actualidad es Harlan Coben. Todo lo que el escritor nacido en Nueva Jersey escribe, se convierte automáticamente en un best seller alabado por todos los medios reconocidos y por sus lectores. Coben ha conseguido ser uno de los escritores más valorado con sus novelas llenas de historias intrigantes, giros inesperados y finales llenos de sorpresas.
Por ese motivo, los grandes directivos de las plataformas de streaming no tardaron mucho en poner los ojos sobre él y sobre todo, sobre sus novelas; a las que miraban como posibles guiones para sus futuras series.
La primera en adaptar una novela suya fue Prime Video en el año 2015. Pero sería Netflix quien se llevaría el gato al agua firmando con el escritor un contrato para llevar a la pantalla 14 de sus novelas. Cada una de ellas sería producida por un país diferente, aunque ya ha repetido países.
Ese contrato no tiene una exclusividad que obligue a Harlan Coben a no trabajar con ninguna otra plataforma de streaming, por lo que es habitual que el escritor adapte algunas de sus novelas para Prime Video generalmente. Como muestra tenemos a Refugio, un thriller de aventuras juvenil estrenado en 2023. Harlan Coben continúa con su colaboración con la plataforma de Jeff Bezos, y prueba de ello es Lazarus, una miniserie cuya trama no está basada en ninguna de las novelas del escritor. En esta ocasión, Coben ejerce de guionista.
Todas las series de Harlan Coben.
1.- Ultima oportunidad (2015) 6 episodios
Esta adaptación francesa de seis episodios nos mete de lleno en la peor pesadilla de Alice Lambert (Alexandra Lamy), una doctora cuya vida salta por los aires en un segundo cuando es víctima de un ataque en su propia casa: su marido es asesinado, ella termina en coma y, al despertar, descubre que su hija de apenas unos meses ha sido secuestrada. La historia arranca con una fuerza brutal cuando Alice recibe una nota de rescate implacable con una condición que le hiela la sangre: si acude a la policía o comete el más mínimo error, jamás volverá a ver a la pequeña.
A partir de ese chantaje, la serie se convierte en una carrera contrarreloj asfixiante donde la protagonista decide tomar las riendas de la búsqueda ante la incompetencia y las sospechas de las autoridades. Con el sello inconfundible de Coben, el guion empieza a abrir cajones del pasado de la familia, demostrando que nadie a su alrededor es tan inocente como parece. Es un thriller psicológico de ritmo frenético que destaca por la crudeza de su ambientación y la desesperada interpretación de su protagonista en un laberinto donde el peligro acecha en cada esquina.
¿Hasta dónde llegarías por salvar a tus niños? Así se presenta esta miniserie donde las sorpresas y giros están garantizados. Mientras Alice busca frenéticamente a su hija desaparecida, se encuentra en una maraña de criminales despiadados, policías sospechosos y oscuros secretos. Como curiosidad, el personaje protagonista de la novela es un hombre. Pero Coben adaptó el guion y lo transformó en mujer después de ver a la actriz francesa en Su ausencia me enfurece (2012), quedando prendado de su actuación.
2.- The Five (2016) 10 episodios
Esta miniserie británica de diez episodios rompe el molde habitual de las adaptaciones de Harlan Coben, ya que no se basa en un libro previo, sino que fue escrita por el propio autor directamente para la televisión. La trama arranca con un trauma infantil que marcó a cuatro amigos de la infancia: la misteriosa desaparición de Jesse, el hermano pequeño de uno de ellos, que se esfumó en el bosque mientras estaba bajo su cuidado.
Veinte años después, cuando el grupo ya ha rehecho sus vidas por separado intentando enterrar la culpa, el pasado vuelve a llamar a su puerta de la forma más macabra posible al aparecer el ADN del niño desaparecido en la escena de un crimen actual.
Este impactante descubrimiento obliga a los cuatro amigos a reunirse para intentar descubrir si Jesse sigue vivo y qué pasó realmente aquel fatídico día en el bosque. A lo largo de sus diez capítulos, la serie maneja con maestría el suspense y la desconfianza mutua, tejiendo una red de secretos urbanos donde cada personaje esconde más de lo que está dispuesto a admitir.
Es una historia adictiva y muy coral, llena de los giros de guion marca de la casa, que atrapa por cómo explora las cicatrices del pasado y la lealtad de la amistad llevada al límite. Como curiosidad, el propio Harlan Coben aparece en el episodio noveno interpretando a un camarero.
En el momento de escribirse este artículo, The Five no estaba disponible en ninguna plataforma de streaming de España.
3.- Solo una mirada (2017) 6 episodios
¿Y si toda tu vida no fuera más que una mentira? ¿Y si el hombre con el que te casaste hace quince años no era quien creías que era? A Eva Beaufils (Virginie Ledoyen) le bastó ver una vieja foto para poner su mundo patas arriba. De repente, su marido Bastien (Thierry Neuvic) desaparece. A Eva sólo le queda una cosa en mente: encontrarlo a toda costa. Aunque ello reavive viejas heridas y ponga en peligro a sus hijos, Eva sabe que es la única búsqueda que puede darle la respuesta: ¿Puede el amor vencer a la desconfianza?
Esta miniserie francesa de seis episodios nos presenta a Eva Beaufils, una mujer cuya idílica vida familiar se desmorona por completo tras un gesto tan cotidiano como recoger el correo. Entre las cartas encuentra una antigua fotografía de grupo en la que, para su sorpresa, reconoce a su marido, Bastien, a pesar de que él niega rotundamente ser el joven de la imagen. La tensión estalla esa misma noche cuando Bastien se lleva a sus hijos a un concierto y, misteriosamente, desaparece sin dejar rastro, dejando a Eva en una situación desesperada y vigilada de cerca por fuerzas oscuras.
Sola ante el peligro y decidida a recuperar a su familia, Eva emprende una investigación personal que la obliga a escarbar en los secretos de juventud de su esposo, descubriendo que el hombre con el que comparte su vida no es quien decía ser. La serie maneja un suspense asfixiante y un ritmo impecable, donde cada pista desenterrada abre una nueva incógnita sobre el precio de las mentiras del pasado. Es un thriller psicológico vibrante que explora con gran acierto cómo una simple mirada a una foto puede hacer saltar por los aires toda tu realidad.
Cuando se escribió este artículo, la serie estaba disponible en Prime Video.
4.- Safe (2018) 8 episodios
Esta producción británica de ocho episodios nos traslada a una lujosa comunidad residencial cerrada, de esas donde los vecinos se saludan con una sonrisa y todo el mundo se siente a salvo del peligro exterior. La historia se centra en Tom Delaney (Michael C. Hall), un cirujano viudo que intenta sacar adelante a sus dos hijas adolescentes tras la dolorosa muerte de su esposa.
Sin embargo, la aparente burbuja de seguridad en la que viven estalla en mil pedazos cuando su hija mayor Amy (Amy James-Kelly), acude a una fiesta dentro del propio vecindario y, al amanecer, no regresa a casa, desencadenando una búsqueda desesperada que sacará a la luz la verdadera cara de la urbanización.
Acompañado por su mejor amigo y una detective local que acaba de llegar al vecindario, Tom empieza a saltarse las normas para interrogar a sus propios amigos y conocidos en una carrera contrarreloj. Con el ritmo adictivo tan característico de Harlan Coben, la serie demuestra capítulo a capítulo que los muros altos no sirven para dejar fuera el peligro, sino para esconder los trapos sucios, las infidelidades y los crímenes de quienes viven dentro. Es un thriller adictivo que maneja muy bien los secretos de la clase media y el suspense doméstico.
Safe está disponible en Netflix.
5.- No hables con extraños (2020) 8 episodios
Esta miniserie británica de ocho episodios arranca con una premisa tan inquietante como adictiva: ¿qué harías si una persona completamente desconocida se te acerca para revelarte el secreto más oscuro de tu pareja? Eso es exactamente lo que le ocurre a Adam Price (Richard Armitage), un hombre con una vida aparentemente perfecta que ve cómo su mundo se desmorona en un segundo en el bar de un club deportivo.
Una misteriosa joven con gorra (Hannah John-Kamen) le susurra una mentira devastadora sobre su esposa que lo cambia todo. Cuando Adam decide confrontar a su mujer con esta información, ella le pide tiempo… y desaparece sin dejar rastro de la noche a la mañana.
La trama se expande rápidamente al descubrirse que este extraño personaje no solo ha puesto su diana en Adam, sino que se dedica a extorsionar a diferentes personas del vecindario desenterrando secretos enterrados que destrozan vidas a su paso. Con una investigación policial paralela que avanza a un ritmo endiablado, la serie entrelaza de forma magistral la desaparición de la esposa de Adam, Corinne (Dervla Kirwan), con los trapos sucios de una comunidad que parecía idílica. Es un thriller psicológico de ritmo frenético que te mantiene atrapado intentando adivinar la identidad y los motivos de esa extraña que sabe demasiado.
No hables con extraños está disponible en Netflix.
6.- Bosque adentro (2020) 6 episodios
Esta miniserie polaca de seis episodios nos traslada a un oscuro paraje que guarda los secretos de dos épocas distintas: 1994 y 2019. La historia sigue los pasos de Paweł Kopiński (Grzegorz Damiecki), un fiscal de Varsovia que vive marcado por la tragedia ocurrida veinticinco años atrás en un campamento de verano. Durante una noche en el bosque, cuatro jóvenes desaparecieron sin dejar rastro, entre ellos su propia hermana pequeña. Aunque en su momento la policía dio el caso por cerrado tras encontrar los cuerpos de dos de las víctimas, el misterio vuelve a abrirse en canal en la actualidad cuando aparece el cadáver de uno de los chicos que supuestamente se había volatilizado aquella noche.
Este macabro hallazgo en el presente enciende una chispa de esperanza en Paweł, quien empieza a sospechar que su hermana podría seguir viva en alguna parte. A través de constantes saltos temporales muy bien hilados, la trama va desenterrando los trapos sucios y los pactos de silencio de las familias adineradas que enviaron a sus hijos a aquel campamento. Con la atmósfera fría, sombría y melancólica tan propia del noir de Europa del Este, la serie analiza de forma notable cómo la culpa del pasado devora el presente de unos personajes atrapados en sus propias mentiras.
Esta miniserie española de ocho episodios, dirigida por Oriol Paulo, es un auténtico rompecabezas que te vuela la cabeza desde el primer minuto. La historia sigue a Mateo Vidal (Mario Casas), un hombre que intenta reconstruir su vida junto a su esposa embarazada, Olivia (Aura Garrido), tras haber pasado cuatro años en prisión por un homicidio accidental durante una pelea de discoteca. Justo cuando la pareja parece haber encontrado la estabilidad y está a punto de comprar la casa de sus sueños, Mateo recibe un misterioso y perturbador vídeo desde el teléfono de su mujer que vuelve a arrastrarlo a un pozo de paranoia, sospechas y peligro mortal.
Lo verdaderamente brillante de esta adaptación es su estructura coral: cada episodio arranca con la voz en off de un personaje distinto, abriendo el foco de la investigación hacia una inspectora de policía con sus propios traumas, el oscuro pasado de un convento y los bajos fondos de la prostitución de lujo. La trama avanza a un ritmo demoledor mediante giros de guion constantes y un diseño de producción impecable que no da un solo respiro al espectador. Es un thriller psicológico adictivo, con Mario Casas a la cabeza, que explora de forma magistral cómo el pasado nunca se entierra del todo y lo fácil que es volver a caer en la tela de araña del destino.
¿Puedes fiarte totalmente de la gente que conoces? Esa es la premisa de esta serie basada en la novela de Harlan Coben Gone for Good. Esta producción francesa de cinco episodios nos sumerge en la dolorosa y accidentada vida de Guillaume Lucchesi (Finnegan Oldfield), un hombre que pensaba haber dejado atrás las peores tragedias de su pasado.
Diez años después de presenciar cómo las dos personas que más quería, su primer amor y su hermano mayor, morían en un terrible incidente, Guillaume ha logrado encauzar su día a día gracias al amor de Judith, su nueva pareja. Sin embargo, el frágil castillo de naipes que ha construido se desploma por completo cuando, justo después del funeral de su madre, Judith desaparece de la noche a la mañana sin dejar ningún tipo de rastro.
Decidido a no perder a nadie más, Guillaume emprende una búsqueda frenética que lo obligará a enfrentarse a verdades que se negó a ver durante una década. A través de un formato muy dinámico que dedica cada capítulo a explorar el trasfondo de un personaje clave, la serie va desenterrando secretos familiares cruzados y conexiones con los bajos fondos que parecían imposibles. Es una miniserie de ritmo muy ágil y concentrado que atrapa por su carga emocional y por cómo maneja la angustia de un protagonista que descubre que todo su entorno se cimenta sobre una gran mentira.
Esta miniserie británica de ocho episodios nos introduce en las vidas de tres personas que, a simple vista, no tienen absolutamente nada en común, pero que comparten un pasado oscuro que está a punto de estallarles en la cara. Por un lado tenemos a Megan (Cush Jumbo), una madre de tres hijos con una vida residencial perfecta; por otro a Ray (Richard Armitage), un fotógrafo documental frustrado que trabaja persiguiendo a famosos; y finalmente a Broome (James Nesbitt), un detective de policía incapaz de pasar página con un viejo caso sin resolver. La tranquilidad de todos ellos salta por los aires cuando un joven desaparece en la zona en la misma fecha en la que, diecisiete años atrás, se esfumó otro hombre sin dejar rastro.
A partir de esta coincidencia, la investigación policial empieza a cruzar los caminos de los protagonistas, obligando a Megan a desenterrar una antigua identidad que intentó enterrar por completo para proteger a su familia. Con el ritmo adictivo y los giros de tuerca constantes que caracterizan las adaptaciones británicas de Harlan Coben, la serie destaca por una atmósfera urbana llena de luces de neón y personajes de lo más extravagantes. Es un thriller de misterio clásico y muy disfrutable que te mantiene pegado al sofá intentando adivinar cómo encajan las piezas de un puzle donde nadie dice toda la verdad.
Lorraine (Sarah Parish), una vieja amiga del pasado de Megan, le da una noticia impactante que afectará a los tres personajes. A medida que el pasado vuelve a atormentarles, amenazando con arruinar sus vidas y las de los que les rodean, ¿cuál será su próximo movimiento?
Esta producción polaca de seis episodios nos sitúa en una acomodada y tranquila urbanización de Varsovia donde la calma se rompe tras la repentina muerte de un joven del barrio. La historia se centra en Anna, una madre coraje que empieza a notar un comportamiento cada vez más errático y reservado en su hijo adolescente, Adam, quien era el mejor amigo del chico fallecido.
Preocupada por su seguridad y decidida a protegerlo a toda costa, Anna toma la drástica decisión de instalar una aplicación de espionaje en el teléfono de su hijo, una línea roja que la arrastrará a un laberinto de secretos imprevistos.
La tensión se dispara por completo cuando, poco después de descubrir unos mensajes sumamente inquietantes, Adam (Draegon Hennessy) desaparece sin dejar rastro de la noche a la mañana. A partir de ese momento, la serie se convierte en una frenética y desesperada búsqueda materna que va destapando las mentiras, los pactos de silencio y la violencia oculta que esconden los jóvenes de esa comunidad aparentemente perfecta. Es un thriller psicológico muy crudo y directo que engancha por cómo aborda el control parental, la incomunicación y los peligros a los que se exponen los adolescentes cuando los adultos deciden mirar hacia otro lado.
Ni una palabra está disponible en Netflix.
11.- Refugio (2023) 8 episodios
Esta producción estadounidense de ocho episodios supone un soplo de aire fresco en las adaptaciones del autor al adentrarse de lleno en el terreno del misterio juvenil, siguiendo las andanzas de Mickey Bolitar (Jaden Michaell), el icónico personaje de la saga de novelas spin-off de Coben. La historia arranca con un trágico cambio de rumbo para Mickey, quien se ve obligado a mudarse al tranquilo pueblo de Kasselton tras presenciar el accidente de coche en el que su padre perdió la vida y su madre terminó ingresada en rehabilitación.
Sin embargo, los intentos del adolescente por encajar en su nuevo instituto saltan por los aires cuando Ashley, una alumna nueva con la que acababa de entablar una conexión especial, desaparece misteriosamente sin dejar rastro de un día para otro.
Decidido a no quedarse de brazos cruzados, Mickey se alía con Spoon y Ema, dos ingeniosos compañeros de clase marginados, para iniciar una investigación por su cuenta que los llevará a descubrir los secretos más oscuros de la comunidad. La trama entrelaza con gran maestría la desaparición de la joven con una serie de muertes sin resolver ocurridas décadas atrás y con los propios traumas familiares de Mickey.
Es una serie de ritmo ágil y juvenil que, sin perder el suspense adictivo tan característico de Coben, introduce una atmósfera de misterio conspiranoico y amistad incondicional que atrapa desde el primer capítulo.
Esta producción británica de ocho episodios se convirtió en uno de los grandes fenómenos de la plataforma gracias a un arranque verdaderamente demoledor. La historia sigue a Maya Stern (Michelle Keegan), una exmilitar que intenta asimilar el brutal asesinato de su esposo, Joe, ocurrido durante un aparente asalto nocturno en un parque.
La trama da un vuelco de ciento ochenta grados cuando, unos días después del funeral, Maya revisa las imágenes de la cámara de seguridad que ha instalado en el cuarto de su hija pequeña para vigilar a la niñera y ve algo imposible en la pantalla: su marido fallecido aparece en la habitación jugando con la niña.
Este perturbador descubrimiento sumerge a Maya en una profunda espiral de paranoia y desconfianza, obligándola a investigar por su cuenta mientras lidia con la poderosa y estricta familia de su esposo, liderada por una matriarca que parece esconder demasiados trapos sucios. En paralelo, un inspector de policía local avanza con la investigación oficial del homicidio mientras lucha contra sus propios demonios de salud. Es un thriller adictivo y magnético de ritmo implacable que destaca por sus constantes giros de tuerca y por cómo conecta los traumas de la guerra con los secretos de la alta sociedad.
El detective sargento Sami Kierce (Adeel Akhtar) dirige la investigación de la muerte de Joe mientras lidia con sus propios secretos. Mientras tanto, los sobrinos de Maya, Abby y Daniel, intentan descubrir la verdad sobre el asesinato de su madre unos meses antes. ¿Están conectados ambos casos?
Engaños está disponible en Netflix. Como curiosidad, es la tercera serie en la que aparece el actor británico Richard Armitage.
Esta miniserie británica de cinco episodios nos presenta a Kat Donovan (Rosalind Eleazar), una detective de policía que sigue atrapada en el dolor del pasado: hace once años, su prometido Josh (Ashley Walters) desapareció de su vida sin dejar rastro, justo en la misma época en que su padre fue brutalmente asesinado. El misterio estalla por completo cuando Kat, empujada por sus amigas a probar suerte en una aplicación de citas, se topa de golpe con el perfil de un hombre que comparte exactamente el rostro de su antiguo novio.
Este inesperado reencuentro virtual arrastra a la protagonista a reabrir una investigación que todo el mundo consideraba enterrada. A medida que tira del hilo, la trama conecta la misteriosa reaparición de Josh con una oscura red de secretos vecinales y mentiras familiares que ponen en duda todo lo que creía saber sobre sus seres queridos. Es un thriller muy concentrado, de ritmo ágil y con el sello británico clásico de Coben, que destaca por su atmósfera de intriga doméstica y suspense emocional.
Te echo de menos está disponible en Netflix.
14.- Solo una mirada (2025) 6 episodios
Tras el éxito de Bosque adentro y Ni una palabra, esta producción de seis capítulos supone el regreso del universo de Coben a los parajes fríos y melancólicos de Polonia. La trama adapta la misma novela que ya vimos en la versión francesa de 2017, pero trasladando la acción a la periferia de Varsovia y dándole un lavado de cara completo. La historia arranca cuando una madre de familia encuentra una vieja fotografía oculta entre los recuerdos de su esposo, detonando una espiral de secretos cuando él desaparece misteriosamente esa misma noche junto a sus hijos.
La adaptación polaca brilla por su atmósfera sombría y el peso psicológico de sus personajes, distanciándose del ritmo puramente comercial para centrarse en la angustia de una protagonista que camina a ciegas por el pasado oculto de su pareja. Es un thriller impecable y de factura técnica muy cuidada que funciona de maravilla para los amantes del suspense nórdico y de Europa del Este, ofreciendo una perspectiva mucho más cruda de la clásica pesadilla suburbana del autor.
Solo una mirada está disponible en Netflix.
15.- Atrapados (2025) 6 episodios
Esta miniserie de seis episodios es todo un hito, ya que se trata de la primera adaptación de una obra de Harlan Coben producida íntegramente en Sudamérica, concretamente en Argentina. La trama sigue los pasos de una periodista de investigación que ve cómo su vida se desmorona tras dar una falsa alarma en un caso mediático de desaparición. Intentando recuperar su reputación y su carrera, se sumerge en una red clandestina de trata y secretos corporativos donde las fronteras de la legalidad son casi invisibles.
La gran fortaleza de esta producción radica en cómo adapta el frenético estilo norteamericano del autor a los contrastes sociales y el ritmo del thriller policiaco latinoamericano. Con una atmósfera sudorosa, urbana y cargada de tensión política, los seis episodios tejen un laberinto de falsas identidades y chantajes donde la corrupción institucional juega un papel clave en la trama de misterio.
16.- Lazarus (2025) 6 episodios
Esta producción de seis capítulos para Prime Video supuso un regreso muy esperado, ya que no se basa en ninguna de sus novelas previas, sino que cuenta con un guion original escrito por el propio Coben especialmente para la pantalla. La historia gira en torno a un psicólogo forense, Joel Lazarus (Sam Claflin), que regresa a su pueblo natal para enterrar a su padre (Bill Nighy), un reputado científico. Sin embargo, su llegada coincide con una serie de extraños avistamientos y un misterio médico que afecta a los lugareños, lo que le obliga a enfrentarse a los traumas de su propia infancia.
Lazarus destaca por tener un toque mucho más cercano al thriller de ciencia ficción y al suspense psicológico puro que al drama criminal convencional del autor. La serie juega de forma constante con la percepción de la realidad, la memoria fragmentada y los secretos de una comunidad pequeña aislada de la gran ciudad, ofreciendo un ritmo adictivo repleto de giros imposibles.
Lazarus está disponible en Prime Video.
17.- En fuga (2026) 8 episodios
Esta potentísima miniserie británica de ocho episodios arranca con el drama de un padre, Simon (James Nesbitt) desesperado que lleva meses buscando a su hija adolescente, totalmente perdida en el infierno de las adicciones tras fugarse de casa. El destino le da una oportunidad cuando la localiza por sorpresa tocando la guitarra en un parque público de Londres; sin embargo, al intentar rescatarla, se desata un violento altercado que aparta de nuevo a la joven y pone al protagonista en el punto de mira de una red de delincuencia mucho más peligrosa de lo que imaginaba.
La serie maneja un ritmo endiablado que explora a fondo los lazos familiares rotos y el submundo criminal que se esconde a plena vista en las grandes urbes. El guion de Danny Brocklehurst entrelaza con una maestría soberbia el drama familiar de unos padres rotos por la culpa con giros de acción brutales y un suspense que se recrudece capítulo a capítulo.
En fuga está disponible en Netflix.
18.- Te encontraré (2026) 8 episodios
La última gran joya de la corona estrenada este mismo mes de junio es una de las apuestas norteamericanas más ambiciosas del autor en Netflix. La trama nos mete en la piel de David Burroughs, un hombre que cumple cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad, completamente hundido tras haber sido condenado por el brutal asesinato de su propio hijo pequeño. Su mundo se pone patas arriba cuando recibe la visita de su ex-cuñada Rachel (Britt Lower), quien le muestra una fotografía reciente tomada de espaldas en un parque de atracciones donde se aprecia una marca de nacimiento idéntica a la de su hijo fallecido.
Con la certeza absoluta de que el pequeño sigue vivo y de que fue víctima de una conspiración, el protagonista orquesta una espectacular y arriesgada fuga de prisión para iniciar una cacería humana implacable. Es un thriller asfixiante y con un reparto de auténtico lujo (Sam Worthington y Milo Ventimiglia) que lleva al límite la clásica estructura de Coben de un hombre inocente huyendo de la justicia mientras intenta desentrañar una verdad que amenaza a las esferas más altas de la sociedad.
Y esto es todo, por el momento, que ya sabemos que sus adaptaciones no paran de producirse. Estaré atenta para añadir las nuevas a esta lista que ahora mismo tiene la friolera de 18 series, casi nada. Sin duda este escritor ha sabido exprimir como nadie el éxito de sus novelas.
Detonantes (Trigger Warning, 2024) es el título del filme de acción que acaba de estrenar Netflix el pasado viernes y que constituye el debut americano de la directora indonesia Mouly Surya, así como el regreso a un papel principal por parte de Jessica Alba, alejada de la actuación en los últimos años. El resultado, sin embargo, se queda a mitad de camino…
Que el cine de acción ya no es solo cosa de hombres es algo que queda en evidencia a la luz de la cantidad de películas que en este último tiempo tienen protagonistas femeninas. En Detonantes, que acaba de ser estrenada por Netflix, no solo tenemos a Jessica Alba en el rol principal, sino también a una mujer en la dirección, otra en el guion, otra en vestuario, otra en diseño de producción, otra en fotografía, otra en supervisión musical y dos más en producción ejecutiva.
Lo que se dice una película de ellas, aunque contrariamente a lo que podría pensarse no lleva los tiros por el lado del feminismo sino más bien por el del racismo, la xenofobia y un cierto mensaje anti-Trump.
No son pocos los directores que, proviniendo de un cine más independiente y personal, deciden en algún momento saltar a uno más comercial, como ha ocurrido con muchos no americanos (Luc Besson, Paul Verhoeven, John Woo, Zhang Yimou, Chloé Zhao) que, para bien o para mal, ingresaron por ese camino a la industria cinematográfica estadounidense.
Y es también el caso de Mouly Surya, que viene de cosechar aplausos de la crítica más exigente con filmes como Fiksi o Marlina, la Asesina en Cuatro Actos (no se devanen los sesos tratando de recordar: ninguno de ambos se estrenó en España ni en Latinoamérica).
A ello hay que sumar el largo rato que, al menos en lo actoral, llevábamos sin noticias de Jessica Alba, quien en su momento competía cabeza a cabeza con Megan Fox como “chica de moda” en la pantalla grande, al punto de verla en tres o cuatro estrenos al año. Pero desde 2019 a esta parte estuvo dedicada de manera casi exclusiva a su empresa The Honest Company, especializada en productos ecológicos sustentables como jabones, detergentes o pañales y le fue tan bien que hasta apareció en listados o portadas de revistas como una de las mujeres más ricas de Estados Unidos.
Pero parece que el bicho del cine (o del streaming) volvió a picarle y Detonantes parecía una buena chance para ella de reciclarse en heroína de acción, de modo similar a como lo hicieran previamente Charlize Theron o Kate Beckinsale. ¿Cómo ha salido la apuesta? Pues veamos…
La Historia
Parker (Jessica Alba) es una eficiente comando de Fuerzas Especiales del ejército estadounidense que actúa en oriente combatiendo a células terroristas. La primera escena, de hecho, la muestra en pleno desierto de Siria como una mujer que no se anda con rodeos a la hora de la violencia, pero que no por ello carece de principios éticos y en consecuencia se disgusta con sus propios compañeros cuando les ve ejecutar sin miramientos a terroristas capturados.
La noticia de la muerte de su padre durante el derrumbe de una mina la obliga a retornar a Estados Unidos y particularmente a su pueblo natal, una pequeña y ficticia localidad de Nuevo México llamada Creation en la cual el fallecido era dueño de una pequeña propiedad rural y un bar de carretera.
Allí se reencuentra con su ex pareja y también sheriff local Jessie (Mark Webber), así como con su amigo Mike (Gabriel Basso), que ha estado administrando el bar en el último tiempo e intenta convencerla de que no lo cierre ni lo venda. Ella, sin embargo, no quiere permanecer demasiado tiempo en un lugar tan lleno de recuerdos y prefiere, por el contrario, volver a sus misiones especiales…
Pero pronto encontrará detalles escabrosos que la obligarán a quedarse. En el derrumbe de la mina ha intervenido al parecer una granada y no encaja que su padre estuviera allí en posesión de una como tampoco que le hubiese estallado por accidente, pues era ex boina verde y algo sabía de manejar explosivos. Tampoco convence a Parker la tesis policial de que se haya tratado de un suicidio y fuera él mismo quien provocó la explosión deliberadamente…
Sumado a ello, ha detectado movimientos de armas en relación con una base militar cercana y supone que las podrían estar sacando de allí a través de la mina, operación sobre la cual sospecha de Elvis (Jake Weary), el “hermano malo” de Jessie, y de Ezekiel Swann (Anthony Michael Hall), padre de ambos y senador que va por la reelección.
El primero es un imbécil presuntuoso que alguna vez tuvo interés en Parker y hace bromas de muy mal gusto acerca de lo mucho que le hubiera gustado que ella y su hermano tuvieran bebés mestizos. El segundo es más bien del tipo cínico, un clásico y estereotipado político sureño de discurso fundamentalista que apela a valores como fe o libertad, pero que persigue de manera contradictoria captar el voto latino tan asentado en la región.
No pudiendo contar con la policía a pesar de las buenas intenciones de Jessie, Parker deberá llevar adelante una investigación por su cuenta que la pondrá frente a frente con la corrupción local y con personajes no tan diferentes de los terroristas a los que le toca enfrentar en sus misiones.
Su entrenamiento, desde ya, será clave en el asunto, aunque extrañamente parece preferir un arsenal más bien slasher: cuchillo, machete y hasta una motosierra con la que logra abatir a un delincuente tras despojarle de la misma. Y no se anda con vueltas cuando tiene que romperle la cabeza o rebanarle el cuello a alguien…
Buenas Peleas y no mucho más…
Jessica Alba siempre fue una actriz limitada, lo cual no le quita ángel ni carisma, elementos ambos que la acompañaron desde que saltara al estrellato con Dark Angel, aquella serie producida por James Cameron. Pero cuando se tiene como cabeza de elenco a alguien con limitaciones, hay tres reglas no escritas que se deben respetar: 1) no hacerle muchos primeros planos; 2) no ponerla en situaciones dramáticas exigentes; 3) no tenerla en pantalla durante toda la película. Y aquí se dan las tres cosas, de lo cual no podemos culpar a la actriz, sino a la directora…
Lo paradójico es que todo ello no redunda en que sepamos más sobre el personaje, sino que lo poco que conocemos de ella es por fugaces flashbacks que no agregan demasiado (únicos momentos en que Alba no está en escena, sino su versión infantil), sin que sepamos por ejemplo cuál era el grado de relación que tenía con su padre o con su ex, con quien la química parece ser tan poca que cuesta creer que alguna vez hayan tenido algo.
Lo que sí hay que reconocer es que Jessica está mucho mejor de lo esperado como heroína de acción y si bien se nota que en las escenas más exigentes lleva doble, luce más que digna en las coreografías de lucha y es evidente que se ha tomado el personaje en serio y entrenado en forma para lograrlo.
Sorprende, eso sí y como antes hemos dicho, la preferencia del personaje por las armas blancas, lo que aparentemente sería contradictorio con su formación militar y nos hace preguntarnos dónde adquirió tales habilidades (solo sabemos que su padre, muy tierno, le regaló un cuchillo). Y el momento en que toma un machete y se lo echa al hombro es justamente un claro homenaje a Machete (Robert Rodríguez y Ethan Maniquis, 2010), película que la propia Alba coprotagonizara con Danny Trejo.
Las actuaciones de los secundarios van en general bien, particularmente de Mark Webber, quien, dejando afuera lo ya mencionado sobre la casi inexistente química con Parker, interpreta a la perfección a alguien atrapado entre sus sentimientos remanentes para con ella, su corrupta familia, su trabajo y su sentido de la ética.
Lo que es una pena es lo desaprovechado que está Anthony Michael Hall, quien alguna vez fuera en los ochenta parte de El Club de los Cinco y otros éxitos juveniles, pero cuyo personaje tiene tan pocos matices y tiempo en pantalla que no llegamos siquiera a odiarlo lo suficiente, mucho menos a conocerlo…
La historia de pueblo chico al cual alguien regresa y se ve obligado a llevar adelante lo que Tolkien llamaría “saneamiento de la Comarca” es ya un clásico del cine de acción y no faltan elementos que remiten a la primera película de Rambo (Ted Kotcheff, 1982) o a De Profesión: Duro (Rowdy Herrington, 1989), de la cual pueden leer aquí el retro-análisis de un servidor: incluso los villanos tienen un camión-monstruo y del personaje principal nunca sabemos si Parker es nombre o apellido, tal como ocurría con aquel Dalton interpretado por Patrick Swayze.
Se desprende además una lectura política en relación con los prejuicios y la xenofobia, particularmente hacia los mexicanos en la zona de frontera (otro punto de contacto con Machete), así como una crítica al norteamericanismo fundamentalista y a algunas formas del Partido Republicano, más allá de que se la presente como si se disparase contra los políticos en general.
Lo que es increíble es que se hayan necesitado tres guionistas para una historia que es bastante lineal y carente de sorpresa. Y más todavía que esos guionistas (Josh Olson, Halley Wegrin Gross y John D. Macato) hayan estado por separado involucrados en Una Historia de Violencia (David Cronenberg, 2005) o en series como Westworld o The Last of Us.
La fotografía es apenas correcta y la banda sonora de lo más estándar, aunque siempre conmueve volver a escuchar ese bello clásico de la canción mexicana que es Llorona y que. interpretado en este caso por Ángela Aguilar, ilustra el funeral del padre de Parker.
Balance Final
El principal problema de Detonantes es que la directora Mouly Sorya no asumió el desafío de su primer filme en inglés con el coraje suficiente. Como seguramente la mayoría de ustedes, no he visto ninguna de sus películas anteriores por no haberse estrenado en el circuito hispanoparlante, pero sus pergaminos la sindican al parecer como realizadora con un sello personal que aquí no se advierte.
Quizás sea por el temor a entrar en la industria con el pie izquierdo o porque Netflix no le haya dejado demasiado margen de libertad, pero la película reproduce (no recrea ni reinventa) fórmulas de acción largamente utilizadas y repletas de lugares comunes sin agregarle ningún elemento estético innovador. A ello hay que sumarle un ritmo irregular y una débil exploración del pasado de los personajes y sus relaciones.
Y es una pena porque en las escenas de lucha Jessica Alba sorprende y a decir verdad está más creíble que unas cuantas, pero si la intención, como supongo, era iniciar una saga de películas dedicadas al personaje, la cosa no pinta bien y, como hemos dicho, no por culpa suya.
Habrá que ver la evolución de las cifras de audiencia (un misterio que Netflix mantiene celosamente bajo llave) para saber si se pueden esperar más películas de Jessica Alba como Parker. Si así fuera, espero que sean capaces de ver mas allá de los números y corregir los problemas que mostró esta película, una que medianamente entretiene pero que decididamente no queda en la memoria.
El pasado jueves nos dejó Donald Sutherland, actor de carrera tan vasta como impresionante que, sin encasillarse jamás en un tipo determinado de personaje, trabajó a las órdenes de varios de los mejores directores del mundo. A modo de merecido homenaje, vaya este listado de las que son (al menos para mí) las doce mejores películas de uno mis actores favoritos de todos los tiempos.
“Con gran pesar les digo que mi padre, Donald Sutherland, ha fallecido. Nunca le asustó un papel: bueno, malo o feo. Amaba lo que hacía e hizo lo que amaba, y no se puede pedir más que eso. Una vida bien vivida”…
Con esas palabras Kiefer Sutherlandanunció el pasado viernes en las redes sociales la triste noticia de que a los 88 años de edad nos había dejado uno de los actores más versátiles e injustamente poco reconocidos a la hora de entregar premios (aquí la noticia de su muerte publicada en esta web). Porque cuesta creer que a lo largo de su brillante y copiosa carrera no haya tenido siquiera una nominación al Oscar, vergüenza que la Academia buscó reparar entregándole en 2007 uno honorífico por su carrera.
Pero bueno, algún tope había que ponerle al número y he decidido quedarme con doce, que son las siguientes….
# 12 – Gente como Uno (Ordinary People, Robert Redford, EE.UU., 1980)
Probablemente sea cierto que ese año el Oscar a mejor película debería haber sido más para Toro Salvaje de Martin Scorsese, pero ello no quita que Gente como Uno sea un muy buen filme en el cual le toca a Donald Sutherland componer de manera magistral a Calvin Jarrett, el padre de una familia que se deshace atravesada por el drama de la muerte del hijo mayor Jordan en un trágico accidente de bote.
En medio del dolor, Calvin debe lidiar con el comportamiento depresivo y suicida de su hijo menor Conrad (Timothy Hutton), quien se culpa por la muerte del hermano, así como con su esposa Beth (Mary Tyler Moore), con la cual la relación se vuelve cada vez más distante en la medida en que se niega a asumir la muerte de Jordan o tan siquiera hablar sobre el asunto.
La película se alzó con cuatro premios Oscar, entre ellos el de Timothy Hutton como actor secundario, y si bien no cabe duda de que el trabajo del joven actor es sobresaliente (y jamás repetido por él en tal dimensión), tampoco la hay de que se cometió una gran injusticia al no nominar como actor principal a Sutherland, cuyo desempeño es excelente.
# 11 – La Invasión de los Ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Philip Kaufman, EE. UU.,1978)
A veces es preferible dejar descansar a los clásicos en lugar de someterlos a remakes innecesarias, pero definitivamente no es este el caso y de todas formas no sé si llamar exactamente remakes a las diferentes y sucesivas adaptaciones de una misma novela, como en este caso The Body Snatchers, de Jack Finney.
Aun así, la primera Invasion of the Body Snatchers (Don Siegel, 1956) es tan icónica que parece sacrilegio revisitar la historia, pero Philip Kaufman logra con La Invasión de los Ultracuerposuna versión más que digna con Donald Sutherland componiendo a un inspector de sanidad que, junto a un psiquiatra amigo interpretado por Leonard Nimoy, debe enfrentar una invasión de esporas llegadas del espacio que vacían de alma a las personas sustituyéndolas por copias.
Con un presupuesto de apenas tres millones y medio de dólares, la película fue un rotundo éxito de taquilla, constituyendo la segunda de las cuatro adaptaciones hechas sobre la novela original, pues sobrevendrían otras dos respectivamente en 1993 y 2007, la segunda de ambas protagonizada por Nicole Kidmany Daniel Craig.
Entre los principales cambios con respecto a la de 1956 (además de un final distinto), la historia se sitúa en San Francisco y no en una pequeña comunidad californiana. Sutherland realiza un trabajo increíble en la piel de un personaje que va siendo consumido por la paranoia en la medida en que no puede confiar en nadie. Además de él y de Nimoy, el elenco incluye también a Brooke Adams, Veronica Cartwright, Jeff Goldblumy Robert Duvall en un cameo no acreditado.
# 10 –Los Violentos de Kelly(Kelly´s Heroes, Brian G. Hutton, EE.UU. / Yugoslavia, 1970)
Película bélica, pero de atracos y en tono de western, como no podía ser de otra forma al estar Clint Eastwood al frente del elenco. De hecho, el degradado teniente Kelly al cual interpreta se entera de la existencia de un botín escondido de boca de alguien que acaba muriendo, exactamente como en El Bueno, el Malo y el Feo (Sergio Leone, 1966).
A partir de ese momento reunirá a un grupo de hombres para desertar del ejército y robar un banco en Clermont, donde tras las líneas enemigas hay guardadas unas catorce mil barras de oro (el equivalente de dieciséis millones de dólares).
La película, también conocida en América Latina como El Botín de los Valientes, tiene mucho de Doce del Patíbulo (de la cual más adelante hablaremos) y hasta repite en su elenco a Telly Savalas y al propio Donald Sutherland, en este caso dando vida al drogadicto sargento Oddball, conductor de un tanque Sherman e icónico personaje al que el mismo actor definió como “histéricamente divertido, iconoclasta y perfecto”.
Dato de color: no sería la última vez que un personaje interpretado por Clint Eastwood convocaría a Donald Sutherland para integrar un equipo, pues lo mismo volvería a hacer, pero para un rescate espacial, en Space Cowboys (Clint Eastwood, 2000).
#9 – JFK: Caso Abierto (JFK, Oliver Stone, EE.UU., 1991)
Es cierto que Donald Sutherland aparece en una única escena que dura quince minutos, ¡pero qué quince minutos! La película, con el inconfundible sello contestario y polémico de Oliver Stone, es hoy título obligado cuando se hace repaso de filmografía sobre magnicidios y crímenes políticos.
Basada en las famosas cintas del fiscal Jim Garrison, interpretado aquí por Kevin Costner, es básicamente una historia de estrado que apunta a que detrás del asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedyexistió algo más que Lee Harvey Oswald, a quien habrían usado como chivo expiatorio. Por cierto, mi compañero Fernando la coloca en segundo lugar en su listado de las mejores películas de juicio que, si aún no han leído, invito a hacerlo.
Sutherland da vida al Señor Xque, basado en el personaje real Leroy Fletcher Prouty, aporta al fiscal Garrison importantes datos que complican a las agencias gubernamentales. A pesar de tener, como hemos dicho, una única escena, su extenso y cautivante monólogo hace que tanto la misma como su personaje estén entre lo que más nos queda de la película al terminar el visionado.
# 8 – Orgullo y Prejuicio (Pride & Prejudice, Reino Unido, 2005)
Quizás a muchos les haya pasado desapercibido el formidable trabajo de Donald Sutherland en la adaptación cinematográfica que de la célebre novela de Jane Austen realizara Joe Wright. Ello puede deberse a que, lejos de cualquier histrionismo, su actuación se basa en sus ojos, en sus movimientos de cejas o en gestos aún más imperceptibles que transmiten de manera magistral cuanto el personaje está viviendo.
La historia, recordemos, se ambienta en la Inglaterra del siglo XVIII y sigue a la familia Bennett, cuya residencia pasará a manos de un primo al morir justamente el padre de familia interpretado por Sutherland, por lo que tanto este como su esposa quieren ubicar a tiempo a sus cinco hijas en matrimonios ventajosos antes de que acaben en la ruina.
El señor Bennett compuesto por Sutherland es sencillamente un manual de actuación que alcanza su punto culminante en la escena compartida con Elizabeth (Keira Knightley) en que acaba por dar su acuerdo para el matrimonio con el señor Darcy (Matthew Macfayden) mientras su rostro revela sucesivamente duda, conflicto, vergüenza y finalmente aprobación mientras ríe y llora a la vez: momento actoral de antología que solo puede ser interpretado por un grande con todas las letras.
#7 –Doce del Patíbulo (The Dirty Dozen, Robert Aldrich, EE.UU. / Reino Unido, 1966)
Clásico del cine bélico y de acción que podría ser incluido en la subcategoría de los filmes que hacen referencia a misiones especiales durante la Segunda Guerra Mundial.
Un grupo de convictos muy peligrosos, algunos de ellos condenados a muerte, son sacados de prisión para encomendárseles la misión de lanzarse en paracaídas sobre Francia e introducirse en un puesto de avanzada alemán para dinamitar su sótano, aunque las cosas, ni falta hace decirlo, no irán de acuerdo a lo previsto y deberán improvisar sobre la marcha para vencer dificultades no previstas.
El impresionante elenco incluye entre otros otros a Lee Marvin, Ernest Borgnine, John Cassavetes, Charles Bronson, Telly Savalas y, por supuesto, Donald Sutherland, quien da vida a Vernon Prinkley que, condenado a treinta años de prisión bajo “cargo” de homosexualidad y acoso, es quizás el miembro más tonto pero también el más divertido del grupo.
# 6 – El Ojo de la Aguja (Eye of the Needle, Richard Marquand, Reino Unido, 1981)
Primera adaptación de Ken Follettal cine, en este caso de su novela La Isla de las Tormentas (de hecho, ese es el título con que la película es conocida en Latinoamérica) que, habiéndola leído, debo decir que el filme hasta la supera en algunos aspectos.
Estamos en Inglaterra en 1944 y Sutherland interpreta a un espía alemán que ha obtenido importante información sobre el inminente desembarco del Día D que necesita hacer llegar a su país.
Pero cuando intenta alcanzar un submarino a tales fines, acaba naufragando y yendo a parar a una pequeña isla en la que solo viven un guardafaros, un matrimonio y su hijo.
Con gran clima de suspenso que hace acordar a Alfred Hitchcock (sabemos cosas que los personajes no), la trama se va complicando porque el espía es además un asesino frío e impacable, pero desarrolla especial vínculo con Lucy (Kate Nelligan), la mujer que vive en la isla y cuyo marido está lisiado y en silla de ruedas. La guerra se termina a la larga reduciendo a un enfrentamiento entre dos personas que se atraen pero que la a vez se debaten entre el amor y la lealtad a su nación.
La película está basada en la autobiografía del aventurero y libertino Giacomo Casanova(1725-1798), cuyas famosas escapadas e historias de alcoba son seguidas por Venecia, París, Londres, Roma y otras ciudades. Se dice que el motivo por el cual Fellini eligió a Sutherland fue su parecido con los retratos que de él había visto, lo cual exacerbó haciéndole rasurar la línea del cabello para agrandar su frente y dotándolo de prótesis en nariz y mentón.
Como no podía ser de otra forma tratándose de Fellini, el filme recala especialmente en los aspectos más grotescos tanto de la vida del personaje como de la sociedad de la época y está llena de detalles surrealistas y absurdos, como que el personaje acabe eligiendo a una autómata como partenaire sexual por encontrarle más vida que a las distinguidas damas que habitualmente frecuenta.
Sin ser La Dolce Vita(1960), Otto e Mezzo (1963) o Amarcord (1973), Casanova es uno de los grandes títulos de Fellini en la línea de Satiricon (1969) y la actuación de Sutherland es memorable.
# 4 – Klute (Alan J. Pakula, EE.UU., 1971)
Pocas duplas tan inolvidables como la que aquí formó con Jane Fonda. En un filme inteligentemente dirigido por Alan J. Pakula y conocido en algunos países como Mi Pasado me condena, Sutherland interpreta a John Klute, detective de policía que, llegado desde una pequeña ciudad a New York, asume investigar la misteriosa desaparición de un empresario y ello le lleva a visitar a una prostituta de alta gama que, al parecer, lo tenía como cliente.
Ella dice no conocerlo, pero por otra parte le pone al tanto de que está recibiendo por teléfono enigmáticos llamados en los que alguien queda en silencio al otro lado de la línea.
No me extenderé sobre la gran actuación de Fonda que, de hecho, le valió un Oscar, pero sí diré que a medida que la película avanza va construyendo una trama en la cual el thriller va dejando cada vez más lugar al drama psicológico con la paranoia como principal componente y con Sutherland dando vida a un detective inolvidable, cuya química con Fonda es tan alta que la relación se terminaría trasladando incluso fuera de la pantalla.
#3 – Novecento (Bernardo Bertolucci, Italia / Francia / Alemania Occidental, 1976)
Entiendo que algunos puedan objetar que una enorme película como esta debería ir más arriba en el listado, como otros, por el contrario, replicar que las apariciones de Sutherland en el extenso metraje de la misma son demasiado pocas como para que esté en la lista. Y ambos tienen razón, pero he buscado establecer un punto de equilibrio porque el personaje que interpreta es demasiado bueno y difícil de olvidar como para dejarlo afuera.
En un monumental fresco de época que recorre prácticamente toda la primera mitad del siglo XX, el ojo de Bernardo Bertolucciretrata las luchas sociales de las sucesivas épocas a través de la amistad entre Olmo y Alfredo (Gérard Depardieu y Robert De Niro), quienes nacieron el mismo día y en la misma hacienda, pero siendo uno hijo de trabajador y el otro nieto del propietario.
Sutherland compone a Attila, capataz de la hacienda y desquiciado camisa negra que descarga sus impulsos violentos contra pobres gatitos a los que compara con comunistas. La escena en que mata uno a cabezazos después de atarlo contra la pared es terrible de ver aun cuando hay un corte y está claro que no mataron verdaderamente al animal durante el rodaje.
A pesar de que sus minutos sean pocos en comparación con los de otros, el papel que hace en Novecento es uno de los mejores de su carrera y no podía estar aquí ausente…
# 2 –M.A.S.H. (Robert Altman, EE.UU., 1970)
Ácida e irreverente comedia satírica del genial Robert Altmanen la que en su momento muchos vieron una banalización de la guerra. Sin embargo, el filme jamás se burla de los combatientes ni se toma en solfa el horror de la contienda, sino que arremete contra la idealización de los valores militaristas norteamericanos y la exaltación de la guerra como virtud por parte de quienes posiblemente nunca hayan estado en ella.
Al elegir como escenario la guerra de Corea, Altman hablaba indirectamente de la de Vietnam que se estaba librando en esos momentos, lo que cuadraba con el discurso pacifista y antibélico de la contracultura, aunque nunca representado con ese tono en el cine americano.
Donald Sutherland compone magníficamente al cirujano “Hawkeye” Pierce, quien junto a su compañero “Trapper John” Mc Intyre (Elliot Gould) es delegado justamente a una unidad médica móvil durante el mencionado conflicto y tendrán en el día a roces con lo que ellos llaman “payasos del ejército”. Tom Skerritt y Robert Duvallsecundan en el elenco, interpretando este último a un personaje tan mesiánico que, de algún modo, preanuncia el que encarnará varios años después en Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979).
El filme, ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes y del Oscar al mejor guion adaptado, daría lugar incluso a una gran serie de CBS que, protagonizada por Alan Alda, sería éxito de audiencia durante once temporadas consecutivas entre 1972 y 1983, pero ya Donald no sería parte de ella.
# 1 –Amenaza en la Sombra (Don´t look now, Nicolas Roeg, 1973)
Venecia puede ser una de las ciudades más románticas de Europa y habitual destino turístico de parejas de amantes, pero no cabe duda de que su arquitectura y trazado se prestan también para las más sórdidas historias de terror gótico, como es este el caso. Conocida en Argentina y México como Venecia Rojo Shocking y en Perú como Amenaza en las Sombras, la película se basa en un relato de Daphne du Maurier y cuenta la historia de una pareja que se traslada de vacaciones a Venecia en busca de superar la reciente muerte de su pequeña hija en un lago.
Allí, John Baxter (Donald Sutherland) es abordado por una muchacha ciega que al parecer tiene poderes psíquicos y dice haberla visto, lo cual dispara una trama de misterio en la que es acechado por una encapuchada niña de rojo (situación homenajeada años más tarde por su hijo Kiefer en el filme Línea Mortal, deJoel Schumacher) mientras se producen en la ciudad una serie de asesinatos que se traducen en cadáveres flotando por los canales.
El guion introduce diferencias de perspectiva con respecto al relato original en que se basa y está desarrollado de forma lo suficientemente ambigua como para que nunca lleguemos a determinar el límite entre lo racional y lo sobrenatural o hasta qué punto lo que está viviendo Baxter es real o imaginado. De hecho, el propio título original juega con ello ya que “don´t look now” (no mires ahora) es la frase que Baxter dice a su esposa en un restaurante mientras siente que desde otra mesa dos muchachas lo están hipnotizando. Y el final es controvertido y polémico.
En fin, este ha sido nuestro pequeño homenaje a un actor inolvidable, insistiendo una vez más en que nos han quedado montones de títulos inolvidables de su filmografía o de trabajos actorales rutilantes. De hecho, hemos dejado fuera también sus papeles televisivos, que los tuvo y muy buenos, como en la película Ciudadano X(1995) o en la miniserie Salem´s Lot (2004).
¿Qué les parece? ¿Están de acuerdo? ¿Incluirían alguna otra? ¿Sacarían alguna? ¿Cambiarían el orden? Les leo.
Hasta la próxima y sean felices. Y gracias por tanto, querido y admirado Donald Sutherland…
Prime Video me recomienda ver La guarida, una película de terror del año 2022; y yo, que suelo fiarme de las recomendaciones, me he lanzado a verla. He de decir que esa decisión se ha visto respaldaba por la elección de los espectadores de la plataforma de streaming, ya que gracias a sus visualizaciones, esta película, se encuentra en top tres de lo más visto. Así que, ¿qué puede salir mal?
Por lo que dejo este artículo en stand by (no sé porqué digo eso si no lo vas a notar), y regreso después de verla. Pero antes os cuento que está dirigida por Neil Marshall, conocido por Dog Soldiers, The descent, Hellboy y Lost in Space, entre otras. Quizá, uno de los directores de terror más prometedores pero que últimamente parece haber caído en desgracia o haber perdido a su musa para crear buenas historias.
Así que sin más dilación, vamos a ver que nos trae La guarida. ¿Promete o solo es agua de borrajas? Veremos.
La guarida. ¿Agua de borrajas? Depende de lo que busques.
Si buscas un drama con grandes diálogos y una trama firme con una buena historia detrás, no veas La guarida. Pero si quieres pasar un rato divertido, preferiblemente con amigos para comentar las jugadas de acción, entonces quizá esta película sea perfecta para ti.
Tenemos una chica guapa que sale maquillada a una misión, y que siempre aparece con camisetas de tirante y pantalones ajustados, dejando atrás el protocolo de vestimenta del ejército (por lo menos viste de verde…). Pero lejos de lo que pudiera parecer no es una pobre damisela a la que haya que ayudar.
Charlotte Kirk da vida a la teniente Sinclair, una mujer acostumbrada a misiones peligrosas que va a toparse con algo que nadie espera cuando derriban su avioneta en Afganistán. En ese momento empieza una huida por sobrevivir del ataque de los insurgentes locales llena de acción y momentos trepidantes.
En el trascurso de esta huida, la mujer dará con un búnker secreto que oculta algo que nunca debería haber sido descubierto. Se trata de un monstruo muy feo y con muy malas pulgas que se unirá a la pelea sin decidirse por ninguno de los dos bandos, ya que intentará acabar con la vida de Sinclair mientras arranca cabezas y otras cosas a diestro y siniestro.
Te puedes imaginar todo lo que sucede después sin necesidad de que te diga nada. La guarida tiene una trama previsible que no aporta nada nuevo: sangre, peleas y monstruos horribles en pleno desierto, mientras un grupo de personas trata de salvar su vida huyendo de esas criaturas sedientas de sangre. Ni más, ni menos.
¿Una parodia fallida?
La guarida está catalogada dentro del género de terror; es lo natural pensar cuando sabes que va de monstruos. Pero, lo cierto es que tuve que buscar varias veces su género porque nos vamos a encontrar con situaciones donde la risa se nos va a escapar sin poder evitarlo.
Y os lo digo en serio. Hay momentos tensos, incluso trágicos, en los que los diálogos nos demuestran que no son lo mejor de La guarida. Una frase sin venir a cuento, o una escena que no pinta nada en ese momento, es algo que te vas a encontrar en bastantes ocasiones durante su hora y media de duración.
Eso unido al comportamiento de sus protagonistas, clichés exagerados la gran mayoría de ellos, y los tropecientos agujeros en la trama que tiene esta historia, hace que te plantees si no estás ante una parodia más que ante una película de terror. Sin me preguntan a mi diré que me reí más veces de las que sentí miedo, que por cierto, fue ninguna.
Daniel Ecija, (conocido por Vis a Vis, Los hombres de Paco y Estoy vivo, entre otras series) ha saltado ahora a Disney+ con su nueva creación Desde el mañana. Una serie dramática de ciencia ficción que consta de siete episodios que promete entretener a todo aquel que quiera darle al play.
La serie española nos trae un argumento poco novedoso pero que da sus frutos positivos gracias a que no han querido complicarse la vida. Sin grandes efectos especiales ni tramas liosas, nos presentan a Gabriela (Marta Hazas), una médico que vive con su familia en su recién adquirida casa.
Allí, toda la normalidad de su vida se romperá cuando descubra que una piedra negra que aparece en el suelo de la despensa de su casa le da el poder de ver el futuro. Y ya os digo, que este no es muy alentador para su familia ni para ella.
Lo que en un principio consideró como un fallo de su cerebro se fue afianzando como una habilidad provocada por esa extraña piedra; ya que resultará que no ha sido la primera persona a la que le han sido otorgados esos poderes. Pero, lo que descubrirá será peor de lo esperado.
Con la ayuda de Andrés (Álex González), un policía de mente abierta, emprenderán una investigación complicada y peligrosa con la intención de descubrir a la persona o personas que están detrás de esas visiones con final incierto que amenazan a su familia.
Desde el mañana. La fuerza de sus actores.
Lo primero que debes tener en cuenta si quieres adentrarte a ver Desde el mañana, es que no es Stranger Things ni ninguna de esas grandes series de ciencia ficción y suspense. Esto es algo mucho más sencillo y lo demuestra desde sus primeros minutos, con una historia muy básica que se va desarrollando hacia algo más real, sin quitar la mirada de esa trama fantástica con toques de ciencia ficción.
Los giros y las sorpresas tampoco son su fuerte. De hecho, el espectador es conocedor de varios hechos antes de que estos sucedan, e incluso su final puede ser intuido por los más hábiles acostumbrados a ver los whodunits y a resolver crímenes a través de la pantalla.
Así que lo que de verdad atrapa al espectador y le hace permanecer sentado viendo una serie light de pseudo ciencia ficción e intriga, que se convierte en una investigación criminal con el paso de los episodios, son sus actores. Marta Hazas (a la que siempre confundo con Kira Miró, y me consta que no soy la única) cumple con su papel de madre sorprendida a la que la vida le está golpeando fuerte con unos fenómenos que no es capaz de comprender.
Por su parte, Aléx González, encaja a la perfección en ese papel de policía centrado en su trabajo y su hija, pero capaz de creer en cualquier cosa poco razonable con tal de encontrar respuestas a un hecho que no ha sido capaz de dejar atrás.
Aunque, mi favorita es sin ninguna Denisse Peña, Emma, la hija adolescente de Gabriela que. A pesar de empezar en la serie como si fuera un secundario más, la joven actriz fue tomando carrerilla hasta resaltar como uno de los protagonistas de Desde el mañana por méritos propios; resultando ser un personaje al que hay que tener en cuenta.
Una posible segunda temporada para Desde el mañana.
Estos primeros episodios de Desde el mañana, nos dejan la puerta abierta a una nueva tanda de capítulos que tienen pinta de centrarse más en lo excepcional de los acontecimientos que rodean a esa mágica piedra negra. Pero, por el momento no se ha confirmado que habrá una continuación a esta serie.
Lo que he podido apreciar es que esta primera temporada sería como un abrir boca para introducirnos la historia de ciencia ficción pero sin meternos de lleno en ella, por lo que nos han llevado más bien por una trama de investigación con algún que otro deje hacia lo que no se puede explicar de forma racional.
Obviamente esta es mi opinión, y como suele suceder con ellas, cada persona tiene una. Es posible que acierte y también es posible que no. Lo que vaya a suceder es una incógnita que espero no tarden mucho en desvelar. Mientras tanto, te invito a que nos cuentes que te ha parecido Desde el mañana en los comentarios.
Cuarto capítulo de ‘The Acolyte’ de Disney+, y pese a que la narrativa no es buena y la trama es muy simplona, es algo mejor que lo que vimos en el anterior. Tampoco era muy difícil de conseguir.
Partamos de la premisa, por lo visto en lo que llevamos de temporada, que esta serie tiene muy claro que las tramas elaboradas y profundas no van con ella. Estamos ante un divertimento que busca ser simple, directo y (me atrevería a decir) que juvenil. El ejemplo es que cuando trata de ser más seria suele fallar y resquebrajar un poco eso que denominamos ‘canon de Star Wars’.
Este episodio es una muestra de esa sencillez: Ir al planeta Khofar y encontrar a Kelnacca antes de que lo haga Mae. Tenemos al grupo liderado por Sol y la acolita acompañada por alguien que no es sospechoso de ser el misterioso Sith.
El mayor problema de ‘The Acolyte’ es que lanza posibles conflictos que pueden ser interesantes, pero los descarta. Ejemplo: El bosque con las polillas gigantes. Un buen momento para ver la habilidad de cada uno de los protagonistas y se zanja con un único ataque de Sol y vámonos que hay prisa. Te pone la miel en los labios para quitarte seguidamente el plato.
Pese a que este capítulo ha sido muy flojo y que puedo salvar el último minuto, la dirección de Alex García López no está mal, pero muy alejado de aquellas joyas que nos dejó en Marvel’s Daredevil de Netflix.
Si tengo que definir a ‘The Acolyte’en una palabra podría ser irregular. Tanto en su ritmo como en sus guiones, ya que acelera las tramas en momentos en los que no debe y en otras ocasiones se detiene demasiado en situaciones que no lo merecen.
Los dos primeros capítulos se centraron en hacernos creíble la venganza de Mae y en este cuarto ‘la acolita’ decide, porque sí entregarse a los jedi y no acabar con todo lo que lleva años planeando. Todo por haber visto a su hermana Osha a la que intentó matar hace 16 años. Muy mal escrito ese supuesto camino de redención. Ciertos productos de de Star Wars están haciendo buena a la trilogía de Anakin.
El viaje que hemos visto en este cuarto capítulo ha sido soso y carente de interés, marcarse un ‘Señor de los Anillos’ y que salga bien no es fácil. Estamos en una época en la que el espectador desconecta muy fácilmente si algo no le gusta y es muy tentador perderse en la pantalla de su teléfono y dejar a un lado lo que está viendo en su televisión.
‘The Acolyte’ no consigue enganchar a muchos de los que estamos al otro lado de la pantalla, sobre todo a los que amamos con locura Star Wars. Tengo la sensación que han querido distanciarse mucho de la trilogía original y de todo lo que se ha construida a su alrededor y eso no lo veo mal, hay muchas historias por contar en este universo. Lo que no concibo es coger aspectos e implementarlos mal u obviar algunos que no deberían serlo.
Hablemos del Sith. Su aparición ha sido espectacular y ese minuto ha sido lo mejor de lo que hemos visto hasta ahora en ‘The Acolyte’, pero el guion destruye todo lo que se ha construido visualmente. No creo que yo sea el único que sospeche fuertemente que Qimir es el Sith, al menos hay demasiadas casualidades aquí que lo podían confirmar. Quizás sea todo un engaño y el guion se haya reído de nosotros y el personaje de interpretado por Manny Jacinto sea quien dice ser, pero tengo mis dudas.
Creo que Disney debería pisar el freno y replantease su futuro con esta franquicia, menos de la mitad de sus propuestas acaban funcionando bien y eso no es bueno para el legado de George Lucas. El universo Star Wars ha pasado de ser algo especial que se esperaba con hype, como una cinta de Nolan o Spielberg, a ser un ‘meh’.
Esperando que llegue el quinto episodio para ver cómo se afronta la segunda parte de esta primera temporada.
Muchos fueron los títulos que, a finales de los setenta, buscaron sacar provecho del fenómeno generado por Star Wars. Desde Italia, con producción de Roger Corman y dirigida bajo seudónimo por Luigi Cozzi, llegaba Star Crash: Choque de Galaxias (1978), película bizarra y cutre cuyo involuntario humor la hace merecedora de reseña basura.
Algún día debía darme una vuelta por esta sección que en los últimos tiempos es casi territorio exclusivo de mi compañero Juanma y que de algún modo es un pariente pobre o hijo no reconocido del retro-análisis. Siempre digo que a mí me gustan prácticamente todas las películas porque las buenas me gustan por buenas y las malas por malas, lo que constituye una situación casi ideal y perfecta. Pues bien, hoy quiero rescatar del cesto de basura Star Crash: Choque de Galaxias, película clase Z de 1978 que en aquel momento y sin complejo alguno salió a explotar el boom de óperas espaciales que siguió a la llegada de Star Wars.
Debo decir en mi contra que la he visto en el cine, pero en mi descargo que integraba una de esas funciones dobles o triples en que las salas de barrio proyectaban un título principal más uno o dos de relleno que solían tener sus años. Gracias a eso tuve, por ejemplo, el privilegio de ver en cine El Mago de Oz (sí, la de Victor Fleming de 1939), pero también, por ejemplo, Star Crash, a la cual debo haber visto ya hacia 1983 ó 1984. Ojo: no es que me arrepienta y por algo será que me acuerdo bien de esta película y nada de la principal, que vaya a saber cuál era.
Pero bueno, así como Tiburón (1975) había dado un par de años antes lugar a todo tipo de fauna dispuesta a hincarnos el diente, Star Wars generó una invasión de space-opera que hizo que, por ejemplo, la serie televisiva Battlestar Galactica estrenara en cine y como película su episodio piloto o que, a veintitrés años de Planeta Prohibido (aquí retro-análisis), Disney decidiera regresar al espacio con El Abismo Negro (1979).
Incluso franquicias que habían influenciado a Star Wars vieron la posibilidad del salto a la pantalla grande, teniendo así sus primeros largometrajes tanto Star Trek como Flash Gordon (aquí retro-análisis), cuyos cómics y seriales habían claramente inspirado a George Lucas.
Pero entre todo ello hubo desde luego mucho cine basura y Roger Corman no se podía quedar afuera. Ya desde finales de los sesenta venía produciendo a mansalva filmes de bajo presupuesto que vampirizaban películas o sagas exitosas y, en efecto, asumió la producción de Star Crash, a la que, por si hacía falta relacionar aun más desvergonzadamente con Star Wars, se le dieron en español subtítulos como Choque de Galaxias o Ataque Interestelar e incluso se partió en dos palabras (Star Crash) el título original (Starcrash) para aumentar la similitud.
Se trata de una producción italiana dirigida por Luigi Cozzi, todo un especialista en cine bizarro que, no obstante, aparece camuflado como Lewis Coates. Para ser cine B, hay que decir que el elenco no viene tan mal de nombres, incluyendo como dupla principal a Marjoe Gortner (aquel que a principios de los setenta se hiciera famoso como niño predicador) y a una Caroline Munro con credenciales de sex-symbol y de “chica Bond”, secundados por un Christopher Plummer que debía andar necesitado de dinero, un David Hasselhoff aún desconocido y un Joe Spinell que había conocido mejores días.
A ello se suma la banda sonora a cargo de John Barry, a quien no sé cómo le habrán pagado, pues para ese entonces ya contaba tres premios Oscar en su haber (ganaría dos más a lo largo de su carrera), además de ser el emblemático compositor detrás de las películas de James Bond, de las que ya había musicalizado siete. Misterios del cosmos…
Por otra parte y como era común en este tipo de filmes, los afiches y pósteres promocionales cambiaban de un país a otro para evitar el efecto dominó de las críticas, pero invariablemente recurrían a mucha carne en exposición y remitían a las clásicas portadas de publicaciones pulp o bien a Frank Frazetta.
La “Historia”
La película comienza con una nave imperial que, acercándose a una nave misteriosa, es atacada por unas bolas luminosas traslúcidas que afectan gravemente a los tripulantes y ya no volvemos a saber de ellos por algún rato.
La acción nos lleva a una pareja de contrabandistas al parecer buscados por toda la galaxia. Uno de ellos es Acton (Marjoe Gortner), quien tiene nombre de medicamento y cara de feliz cumpleaños, pero al parecer es un mutante con habilidades especiales que lo hacen capaz, por ejemplo, de arrojar rayos verdes por los ojos (bueno, en realidad casi todos lo hacen en esta película) o devolver los que le arrojan valiéndose de sus propias manos. Es capaz de decir “¡Cuidado con esa estrella neutrónica!” del mismo modo que si advirtiera sobre un bache en la carretera y sobre el final saca… ¡un sable de luz!
Stella Star (sí, la muchacha interpretada por Caroline Munro se llama “estrella estrella”) es, supuestamente, la mejor piloto de una galaxia que gusta recorrer enfundada en sensual bikini negro y botas estilo bucanero que terminan de conformar un conjunto más apropiado para club sadomasoquista que para vagar por el espacio y con toques de Barbarella, Vampirella o Wanda la Malvada del Show de Benny Hill.
Son ellos los que encuentran la nave atacada e incluso rescatan un sobreviviente, pero aun así el desagradecido Imperio les detiene por contrabando y les condena a trabajos forzados en dos planetas distintos. Lo bueno es que a Stella, aun recluida con criminales de las más variadas especies galácticas, se le permite seguir luciendo botas y bikini.
Logra escapar y es recapturada, pero sorpresivamente el Emperador tiene esta vez planes diferentes tanto para ella como para su compañero de dupla, de quien nada más habíamos sabido, ni tan siquiera si intentó también escapar o qué, pero por alguna razón lo tienen también allí.
Interpretado por Christopher Plummer, el Emperador se presenta en forma de holograma, quizás por vergüenza y para que pueda el actor decir que no estuvo en esto de cuerpo completo (aunque sobre el final y sin más remedio, debe hacer presencia de ese modo). Por suerte, un sheriff robot llamado Elle nos explica que lo que vemos es un holograma, no sea cosa que no estemos familiarizados con el concepto.
Resulta que ahora sí están desde el Imperio agradecidos con la pareja por rescatar al sobreviviente: no sé por qué ahora sí y antes no, pero supongo que había que mostrar a Stella presa y en cadenas. El Emperador dispone, por tanto, la liberación y, sabiendo de su pericia, encomienda a la pareja encontrar una supuesta arma secreta que, en alguna parte de la galaxia, ha escondido un conde malvado llamado Zarth Arn (Joe Spinell), del cual sospecha que trama un golpe en su contra y que quizás tenga prisionero a su hijo Simon (David Hasselhoff), que estaba en la nave atacada al principio.
Ello les llevará, por supuesto, en una búsqueda interestelar a través de mundos hostiles en donde deberán enfrentar a sensuales amazonas o a cavernícolas caníbales y siendo en su viaje acompañados por el robot Elle y el jefe de policía Thor (Robert Tessier), pelado verdoso que les terminará jugando en contra.
No pidas Peras al Olmo
Partamos de algo: aquí nada tiene sentido y quizás no habría que buscarlo. Y no porque el absurdo o la ironía estén en la intención de la película, sino para no devanarnos los sesos de manera inútil e inconducente…
Esto es “space exploitation” y, como tal, está mayormente dirigido a mostrar las bondades físicas de Caroline Munro, lo que es agradecido por quienes crecimos hormonalmente con personajes como la esclava del ojo tatuado en El Viaje Fantástico de Simbad (1974) o el que, también piloto, interpretara en La Espía que me amó(1977). O tantos otros en películas de “bampiros” (o sea vampiros clase B).
No hay de parte de la producción prurito alguno al elegirle atuendo y son contadas las ocasiones en que se la ve sin su bikini negro, como cuando tienen que visitar un planeta helado no sé por qué. Lo paradójico es que el componente lascivo, sin embargo, no está demasiado explotado: si vas a hacer exploitation, justamente, hazlo bien…
Desde ya que es un deleite fetichista ver a Munro capturada por indómitas amazonas o bien maniatada y cabeza abajo mientras una horda de trogloditas caníbales la lleva al fuego como pollo ensartado, pero nada equiparable a Raquel Welch en las garras de un pterodáctilo cuyas crías le arrojan picotazos o, saltando adelante en el tiempo, la princesa Leia encadenada a los pies de un soberano alienígena símil sapo.
Y tampoco es que el resto de los personajes le echen demasiado ojo (o mano) encima, lo cual quizás se entienda si se considera que quien está debajo de ese cutre pero ominoso traje de sheriff robot es Judd Hamilton, su esposo por aquel entonces: lo que en el fútbol llaman marca personal…
Munro no tiene idea de actuación pero ojo: aquí todos actúan mal, hasta quienes deberían hacerlo bien. Los malos son una caricatura y Christopher Plummer (años después ganador del Oscar) da sensación de querer irse, como también de contenerse para no reír (o llorar) ante las líneas que tiene que decir. Otro tanto para Joe Spinell, cuyos buenos papeles en El Padrino o Rocky parecen ser ya cosa del pasado y su villano es un chiste de tan sobreactuado.
Los efectos no se quedan atrás: el espacio, lleno de luces multicolores a modo de estrellas, parece el interior de cualquier templo disco de finales de los setenta, asociación aun mayor viendo los rizos de Marjoe Gortner o los vestuarios a lo Village People.
Las maquetas parecen de las que venían para troquelar y armar en revistas infantiles que comprábamos de niños, lo que queda aun más en evidencia con la desacertada insistencia en planos cercanos y detallados. En cuanto a las escenas de lucha, hay que decir que las muertes son gloriosas, las explosiones chisporrotean y la batalla del final se ve algo desenfocada, pero el concepto se entiende…
Hay además claras influencias de Ray Harrihausen, el genio del stop-motion entre los cincuenta y setenta, como cuando una gigantesca amazona-robot (a la cual la reina, por supuesto, activa arrojándole rayos verdes por los ojos) persigue por la playa a Akton y Stella en escena que remite demasiado (por no decir que roba descaradamente) a la del coloso de bronce en Jason y los Argonautas (1963) o a la del cíclope en Simbad y la Princesa (1958): el problema es que no se notan los años transcurridos…
Una de mis escenas favoritas, de todos modos, llega sobre el final, cuando la nave del conde Zarth Arn es atacada con misiles espaciales que perforan su estructura y de cuyo interior, una vez dentro, emergen soldados armados: la platea aplaude de pie mientras los físicos se quieren cortar un testículo…
En definitiva…
A ver: yo me lo he pasado bien. De hecho, no he parado de reírme aquella vez en el cine ni tampoco al revisionar la película. Es por eso que en en estos casos prefiero no dar una calificación ni poner estrellas: por un lado, porque a esta película le sobran estrellas y de los más variados colores e incluso su protagonista femenina se llama así y por partida doble; en segundo lugar, porque este es el tipo de filme que se califica con cinco estrellas o con una. Y hasta con ninguna (ahora que lo pienso, es exactamente lo que he hecho)…
Star Crash es el tipo de película que nace como subproducto, una rémora parasitaria alimentándose de Star Wars. Y por mucho que el director haya manifestado que el guion estaba ya escrito antes de que se estrenara alguna de las de George Lucas, hay detalles desvergonzadamente evidentes como el ubicar la historia “en una galaxia lejana” o el sable de luz con el cual Akton nos sorprende sobre el final y que parece comprado en un local de cotillón.
Se sabe que Luigi Cozzi es gran lector de ciencia ficción y ello explica algunos homenajes, como que la nave del principio esté al mando de un mayor apellidado Bradbury o que el último planeta en ser visitado se llame Arrakis. Por el bien de ellos, espero que ni Ray Bradbury ni Frank Herbert se hayan enterado…
Lo mejor, sin duda, es Caroline Munro. No por lo actoral, desde ya, e insisto en que si algo le critico a la película es no haber llevado un poco más allá el concepto de exploitation, pues cuando ya se está en el juego solo queda jugar, pero sin embargo tanto las libidinosas amazonas como los sementales trogloditas la liberaron demasiado rápido. Puesta a fetichista, Raquel Welch puede seguir descansando tranquila, donde sea que en su gloria esté.
De todas formas, amamos a Caroline y la idea era que siguiese interpretando al personaje en una saga de películas que finalmente no ocurrió. No obstante ello, se estrenó en 1981 una supuesta secuela llamada Huida de la Tercera Galaxia (en algunos países Juegos Eróticos en la Tercera Galaxia), cuyas escenas espaciales son en su mayoría recicladas de Star Crash y en la cual, para aumentar deliberadamente la confusión, Sherry Buchanan da vida a una princesa llamada Belle Star. Sin embargo, no hay actores ni personajes en común y la supuesta saga terminó en nada. Una pena porque a pesar de todo, a muchos nos hubiera gustado ver más de Stella Star…
Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a “El cómic de la semana”. Hoy destacamos Top 10 (Grandes Novelas Gráficas de DC). Al final del artículo tendréis la portada y el enlace.
Ahora parece todo muy fácil, y parece que seguimos inventando cosas o teniendo ideas geniales, pero muchas son recicladas o adaptadas. Y uno de los primeros en tener sus propios conceptos sobre aventuras de cómics (y no digo que también se basara en sus experiencias) fue Alan Moore. Quizás a los más jóvenes les suene de algo este autor, al menos supongo que como el escritor de Watchmen o V de Vendetta, por decir ejemplos rápidos y conocidos. Pero Alan Moore ha escrito muchos más trabajos memorables.
Puedo decir que para mi, Alan Moore es el autor de cómics más importante de la historia, además de quizás el más influyente. Yo os recomiendo que busquéis sus obras y os empapéis con estas. Sigo pensando que incluso por delante de Watchmen, su saga en La Cosa del Pantano es la mejor de todos los tiempos.
Y digo toda esta retahíla porque ahora vemos series de televisión de superhéroes, o leemos otros cómics con conceptos novedosos pero que realmente no lo son, ya que están basados en otras historias del pasado. Y claro, si vemos o leemos primero lo más moderno y luego nos deleitamos con obras como Top 10, diremos que lo que aquí se cuece ya me suena de algo. Y es así, pero realmente lo primigenio fueron los escritos de Alan Moore a finales de 1999 y principios de 2001 en 12 maravillosos números, reunidos ahora en un tomo íntegro en tapa dura.
Y por cierto, estamos ante una gran historia de género negro con superpoderes, una historia con muchas ramificaciones que creo que se cierran de manera notable. Una historia que en general gustará a todo el mundo. Pero, ahora viene el pero, hablamos de un cómic que no está a la altura de las más grandes creaciones del autor británico, aunque sigue siendo una novela muy por encima de la media.
Top 10 fue una de las series que el genio lanzó cuando creó su propio sello editorial llamado America´s Best Comics junto con Promethea, Tom Strong, y The League of Extraordinary Gentlemen, cuya película posterior basada en parte en el cómic fue un auténtico bodrio.
Top 10 es un cómic de su momento, un comic a caballo en el cambio de milenio, cuando los tebeos de superhéroes estaban intentando dejar atrás los oscuros y violentos años 90, y donde se quería volver otra vez a los grandes guiones apoyados por dibujantes sobrios. Y Top 10 lo intenta, y en gran parte lo consigue. Top 10 consigue aunar a Moore con Gene Ha, un gran dibujante de trazo realista alejado de los splash y posturas heroicas. Un dibujante que podía recrear muchos personajes en una viñeta y de fondo construir una ciudad futurista. Hablamos de alguien que era meticuloso en sus dibujos, alguien capaz de hacernos creer que lo que estamos viendo tiene varias capas de profundidad, sentir el latido de la gran ciudad.
Supongo que por todo esto Top 10 es una gran obra, por lo que intenta ser y todo lo que consigue en su recorrido. Aunque no es la maravilla del 9º Arte, si es un cómic de notable calidad en el aspecto de guion y dibujo. Un tomo perpetrado por Alan Moore y Gene Ha no puede ser malo. Un clásico moderno que merece la pena su lectura.
En una ciudad cuyos habitantes tienen superpoderes, las vidas de aquellos destinados a resolver y prevenir crímenes están repletas de desafíos. Roby Slinger, alias Toybox, es una agente de policía recién incorporada a la Comisaría 10, donde junto a sus compañeros tendrá que investigar los casos más extraños.
En Top 10, Alan Moore formó equipo creativo con Gene Ha y Zander Cannon para idear su enésima genialidad: una irresistible combinación de géneros superheroico y policial hoy convertida en una obra de culto.
Por mucho que el cine sea un arte universal y, como tal, puede ser visto desde distintos prismas que abarcan desde la mirada documental a la animación digital, el séptimo arte se encuentra intrínsecamente ligado a las estrellas que protagonizan sus historias. El cine es espectáculo y por ello, a lo largo de su historia, se han rodado películas repletas de rostros inmortales que, solo por su presencia, ya merecen la pena ser vistas, sea cual sea la calidad que atesoren. Por ello, tras un arduo rastreo, aquí os dejo las quince películas con reparto más lujoso de la historia del cine.
Antes de empezar, aclaro que, a la hora de confeccionar esta lista, me he basado tanto en la cantidad como en la calidad. Es decir, todas ellas son películas en las que abundan, al menos, siete estrellas ya consagradas en el momento de su estreno. Es por ello que en esta lista no aparecen películas como El Padrino (cuando se estrenó, Al Pacino, Diane Keaton o Robert Duvall no eran estrellas) o El Irlandés (cuenta con cuatro leyendas como Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel, pero los actores secundarios no son grandes estrellas).
El orden de la lista no se basa en la calidad de estas películas. Es más: en algunos casos es bastante floja. Únicamente nos ceñimos al número de grandes estrellas que aparecen en ellas.
Vencedores o vencidos (1961), de Stanley Kramer.
Tras un tiempo prudencial, llegó el momento de ajustar cuentas con uno de los juicios más relevantes del siglo XX. En Nuremberg se juzgó por crímenes de guerras a gran parte de la cúpula nazi que había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial.
Dada la enjundia de lo que se contaba, el socialmente comprometido Stanley Kramer contó con un reparto liderado por siete de las más grandes estrellas de la época. Y claro, vista con el paso del tiempo, siete auténticas leyendas del séptimo arte.
En lujosos papeles secundarios como testigos de la barbarie nazi, los tormentosos Judy Garland y Montgomery Clift en el ocaso de sus carreras. Como Marlene Dietrich, leyenda del cine de los años 30 que daba sus últimos coletazos. En el juicio, Richard Widmark y Maximilian Schell (este último recibió el Óscar) se daban réplicas y contrarréplicas frente a un imponente Burt Lancaster. Todo ello supervisado por un anciano Spencer Tracy, actor con 2 Óscar consecutivos (solo Tom Hanks igualó el hito) y 7 nominaciones.
Cumbre de la comedia romántica de origen británico que tan de moda se puso en los años 90, Love Actually es un puzzle de historias de amor, tanto romántico como familiar, con final feliz o triste.
Para ello, el director Richard Curtis contó con lo más granado del mundo actoral británico: desde Rowan Atkinson (nuestro Mr. Bean) a una flamante estrella como Keira Knightley, recién salida de Piratas del Caribe. Pero también los muy reputados Colin Firth, Laura Linney, Alan Rickman, Emma Thompson o Liam Neeson antes de ser un héroe de acción. Y claro, el rostro de aquel subgénero durante años, un encantador Hugh Grant como primer ministro británico que hasta nos hace recuperar la fe en la política como medio para mejorar la vida de sus ciudadanos. En resumen, la comedia romántica del siglo XXI.
El caballero oscuro: la leyenda renace (2012), de Christopher Nolan.
Por mucho que no le falten fans (me incluyo entre ellos), Christopher Nolan tenía difícil superar la maestría de su segunda entrega de la trilogía que le dedicó a Batman. Y, aunque no lo consiguió, puso todos los medios a su alcance, entre los que se incluye un reparto plagado por veteranos actores que ya habían participado en películas previas de la franquicia. Hablo de Morgan Freeman, Michael Caine, Gary Oldman o, en un cameo, Liam Neeson.
Pero también reforzó a su protagonista Christian Bale, flamante ganador del Oscar, con actores que, en aquel entonces, estaban en plena conexión tanto con público como con crítica. Marion Cotillard era la actriz más codiciada del momento tras su Oscar unos años antes. Anne Hathaway lo ganaría ese mismo año por Los Miserables. Y luego está un Joseph Gordon Levitt en la cresta de una ola que no recuperaría (sorprende su deriva en los últimos años) y un Tom Hardy que ya comenzaba a despuntar.
Amsterdam (2022), de David O´Russell.
Tras encadenar varias nominaciones al Oscar entre 2010 y 2015, el director David o’Russell se tiró ocho años para poder sacar adelante Amsterdam, una historia sobre la amistad y otros grandes temas que atañen a la humanidad que contó con varios de los actores más conocidos del Hollywood actual.
Amsterdam está liderada por un triunvirato compuesto por Christian Bale (junto con Leonardo Di Caprio, el actor más respetado de su generación), la omnipresente Margot Robbie y un John David Washington que venía de Tenet. Pero es que les acompañan Zoe Saldana, Michael Shannon, la cantante Taylor Swift, el ganador del Oscar Rami Malek o la muy de moda Anya Taylor-Joy. Y lo mejor para el final. La guinda del pastel, un Robert de Niro que se come a todos cada vez que aparece en pantalla.
En la cima de su éxito, tras obtener el reconocimiento crítico por Ed Wood, a Tim Burton no se le permitió volver a Batman, pero sí hacer lo que le viniera en gana.
Y no se le ocurrió otra cosa que parodiar las películas de ciencia ficción de los años 50 con un reparto estelar que combinaba a actores consagradísimos como Jack Nicholson (en aquel entonces, 2 premios Oscar y 8 nominaciones), Rod Steiger, Annette Benning, Danny De Vito en el año de Matilda, o Glenn Close. Aclaro: Glenn Close en los 90 era de las pocas actrices que le hacían sombra a Meryl Streep. Pero también pasaban por ahí Michael J. Fox, Sarah Jessica Parker o un Pierce Brosnan recién salido de su primera película como 007. Ah, y no nos olvidemos de la incipiente Natalie Portman con quince añitos y de uno de los grandes cameos de la historia del cine: el del cantante Tom Jones.
En una selección de reparto que sirve como representación de la tendencia del Hollywood actual, Dune reúne a veteranos actores como Stellan Skargard, secundario de lujo, o Charlotte Rampling. Luego tenemos a Rebecca Ferguson, una de las estrellas de las mejores películas de Misión Imposible o a los carismáticos superhéroes Jason Momoa y Dave Bautista.
Completamos con un Josh Brolin recién salido de su Thanos, un Oscar Isaac omnipresente en producciones mainstream e independientes; el prestigio del ganador del Oscar Javier Bardem y, ahora sí, el protagonismo del chico y la chica de moda en el Hollywood actual. Las nuevas imágenes de la masculinidad y feminidad: el aniñado Timothee Chalamet y la independiente Zendaya. La segunda parte traerá más estrellas, no os preocupéis.
Días del futuro pasado (2014), de Bryan Singer.
Antes de Infinity War, Endgame o Civil War, el primer gran crossover de superhéroes fue esta adaptación del cómic Días del futuro pasado, que sirvió para unir a actores tanto de la trilogía original de X men como de la que se estaba rodando en ese momento.
De la vieja escuela encontramos a un Hugh Jackman inseparable de su Lobezno, pero también a Halle Berry, un Omar Sy que, en aquellos años, era conocido en todo el mundo por Intocable (ahora por Lupin, en Netflix); y claro, Ian McKellen y Patrick Stewart, que volvería a ser Xavier hasta dos veces más.
De la nueva escuela encontramos a una Jennifer Lawrence que venía de ganar dos premios Oscar casi consecutivos, a James McAvoy y a un Michael Fassbender que, en aquel momento, era el nombre de moda en Hollywood. Y, no lo olvidemos, el villano era Peter Dinklage. Nuestro Tyrion Lannister rodó esta película cuando Juego de Tronos no se había ido al garete.
JFK (1991), de Oliver Stone.
Otro director que hizo la película que quiso tras haber reventado la taquilla y encandilado a la crítica durante los 80. Fiel a su estilo, Stone enamoró a todo fan de los juicios, la política, lo conspiraciones y, qué narices, de la vida en general con un peliculón de más de tres horas con un reparto más grande que la vida misma.
Repasemos: en JFK encontramos a dos titanes del cine de los 60 como Jack Lemmon y Walter Matthau. Pero es que también pasan por allí Joe Pesci, con su Oscar por Uno de los nuestros, Tommy Lee Jones antes de ganar el suyo, Gary Oldman, Kevin Bacon o el recientemente fallecido Donald Sutherland. Sissy Spacek, más conocida por ser el rostro de Carrie, acompaña a un Kevin Costner que venía de ganar siete Oscar por Bailando con lobos, dirigida y protagonizada por él. Es decir, el rey del mundo cinematográfico en aquel momento. Ah, y hasta sale John Candy, el cómico de moda de la época antes de que el corazón le fallara demasiado pronto.
La conquista del Oeste (1962), de Henry Hathaway, George Marshall y John Ford.
A finales de los 50 e inicios de los 60 se produjo el declive del cine clásico con sus géneros estrella: tanto el cine negro como el musical o el western perdieron interés. Además apareció la televisión.
Para poder hacer frente a esa caja mágica que tenían todos los hogares, la industria cinematográfica recalcó lo único de la experiencia del cine (eso que solo puedes ver en salas) con películas más grandes que la vida y rodadas en formatos hasta entonces nunca probados, como el Cinerama que se empleó en La Conquista del Oeste.
Pero la productora no solo se decidió a emplear una técnica basada en unir en el montaje a tres cámaras grabando a la vez para ofrecer una imagen panorámica nunca antes vista, sino que reunió a un reparto que había sido rostro del género hasta entonces.
Hablamos de mitos como John Wayne, James Stewart, Henry Fonda, Gregory Peck o Richard Widmark. A ellos se suman secundarios legendarios como un Eli Wallach pre El bueno, el feo y el malo o un añoso Walter Brennan, ganador de tres Oscar a mejor actor secundario. Debbie Reynolds y Carroll Baker, estrellas de moda en la época, pasaban por allí. Y encima, la película cuenta con la voz en off de Spencer Tracy.
Que le den a la televisión.
Hamlet (1996), de Kenneth Branagh
Aunque ahora se asocia a Kenneth Branagh con Disney y con sus regulares adaptaciones del personaje de Poirot, en los 90 era el altavoz de Shakespeare en el mundo entero. Solo así se entiende que rodara una versión de Hamlet de más de tres horas con un reparto plagado de estrellas con pedigrí crítico.
Hablamos de una Kate Winslet comenzando a surfear en esto de la fama tras Criaturas celestiales y antes de Titanic, pero también de grandes intérpretes de las obras de William Shakespeare como Derek Jacobi, Judi Dench (ganadora del Oscar) o el enorme John Gielgud, uno de los tres grandes intérpretes del teatro británico del siglo XX.
Encima, Branagh fichó a grandes estrellas del cine de distintas épocas. Charlton Heston, Billy Cristal, Jack Lemmon, Gerard Depardieu o Robin Williams. Como Branagh va sobrado de ego, decidió que ante tanta estrella solo él podía situarse por encima del reparto interpretando a su personaje principal. No sería la única vez que lo hiciera, aunque pocas veces le ha salido tan bien.
Asesinato en el Orient Express (1974), de Sidney Lumet.
La que todavía sigue siendo la mejor adaptación al cine de una novela de Agatha Christie fue también la más lujosa en cuanto a su reparto se refiere, uno de los mejores de la historia del cine. El genio Sidney Lumet tuvo la oportunidad de contar con un buen número de estrellas procedentes tanto del cine clásico como de los años setenta, y cada uno de los inmortales rostros que pueblan Asesinato en el Orient Express se luce en un festival de interrogatorios y giros de guion todavía no superado.
Pocas veces se han juntado tantos mitos como Lauren Bacall, rostro icónico del cine negro de los años 40; Ingrid Bergman, una de las mejores actrices de la historia del cine, protagonista de Casablanca o Encadenados; Anthony Perkins, el inmortal Norman Bates de Psicosis; un Sean Connery recién salido de James Bond; Richard Widmark, una de las grandes caras del western clásico. Pero también aparecen actores icónicos de los setenta como Vannessa Redgrave, Michael York o Jacqueline Bisset. Por encima de todos ellos, un Albert Finney (uno de los grandes actores británicos de los 60) maquillado hasta la extenuación para dar cuerpo al mítico Hercules Poirot.
Se hacía difícil llevar al cine una operación tan ambiciosa y vasta como Market Garden, empresa faraónica que abarcó a todo el ejército aliado en un avance cuyo éxito dependía de un mecanismo de relojería casi imposible de sacar adelante.
Sin embargo, la película, una de las de guerra de toda la vida, funciona como un tiro (nunca mejor dicho) gracias a la gran cantidad de rostros conocidos que interpretan tanto a soldados americanos, como a británicos, escoceses o polacos. Tenemos a Sean Connery, James Caan (El padrino), Dirk Bogarde (Muerte en Venecia), Michael Caine, Robert Redford, Anthony Hopkins, Gene Hackman o Ryan O´Neal. Probablemente, el mejor reparto de los años 70, a los que se añaden la bergmaniana Liv Ullmann y sir Laurence Olivier, el mejor actor shakespeariano de todos los tiempos.
3.La crónica francesa (2021), de Wes Anderson.
La calidad del cine de Wes Anderson, como el de cualquier director conocido, es opinable. Pero lo que no se puede negar es que su cine, plagado de pequeñas historias, es un faro para la estrellas del Hollywood actual. Todas sus películas cuentan muchas estrellas, pero ninguna como La crónica francesa, película coral de 2022 que cuenta con, entre otros, Benicio del Toro, Frances McDormand, Tilda Swinton, Timothée Chalamet, Adrien Brody, Owen Wilson, Bill Murray, Christoph Waltz, Edward Norton, Saoirse Ronan, Willem Dafoe, Lea Seydoux o Elisabeth Moss. Puede que muchos de estos papeles sean testimoniales, pero da gusto verlos desfilar aunque sea por unos segundos en la gran pantalla.
Oppenheimer (2023), de Christopher Nolan.
El gusto de Christopher Nolan por los grandes repartos parecía haberse evaporado tanto con Dunkerque como con Tenet. Pero con Oppenheimer reunió a un enorme reparto de estrellas interpretando a personajes históricos.
La campaña de marketing de Oppenheimer se centró en un quinteto protagonista: Cillian Murphy, actor habitual del cine de Nolan y conocido por su protagonismo en Peaky Blinders; un Robert Downey Jr. salido de su archiconocido Iron Man; Matt Damon, uno de los actores más relevantes de lo que llevamos de siglo; la todoterreno Emily Blunt y la omnipresente Florence Pugh, una de las actrices de moda en Hollywood.
Pero lo que más sorprende conforme avanza la historia es la gran cantidad de estrellas que interpretan a personajes históricos. Es más, me atrevería a decir que no hay ni un solo papel con un mínimo de importancia que no esté interpretado por un actor conocido.
Así, a lo largo de las tres horas que dura Oppenheimer podemos ver a ganadores del Oscar como Rami Malek, Gary Oldman o Casey Affleck; estrellas de la televisión como Jack Quaid, protagonista de The Boys; pero también al ex Han Solo Alden Ehrenreich, a Josh Harnett, Jason Clarke o al mismísimo Kenneth Branagh, actor-director que también aparece en la lista.
Todo un lujo que engrandece aún más una obra maestra como Oppenheimer.
Vengadores: Endgame (2019), de Joe y Anthony Russo.
La joya de la corona, la que sigue siendo la película más importante del movimiento fílmico más comercial de lo que llevamos de siglo XXI. Con Vengadores: Endgame se cerró el círculo iniciado con Iron Man a lo largo de once años de películas divididas en tres fases.
Y claro, como no podía ser menos, Endgame es todo un homenaje a cada una de esas películas, por lo que era de esperar que aparecieran prácticamente todos los actores que hicieron grande al universo cinematográfico de Marvel. Y, de paso, se hicieron grandes.
Así, en la película aparece toda la plana mayor de los superhéroes de Marvel, empezando por Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo o Jeremy Renner. Pero también Benedict Cumberbatch, Brie Larson, Samuel L. Jackson, Josh Brolin, Tom Holland, Chris Pratt… Es decir, todo actor que haya decidido apuntarse a la moda más rentable (al menos hasta ahora) de lo que llevamos de siglo. Y por si fuera poco, Michael Douglas, Michelle Pfeiffer y hasta sale Robert Redford.
En el artículo anterior sobre el director Robert Bresson apuntaba algunas cuestiones fundamentales de su forma de entender el cine—no todas ni de forma explayada— y comenzaba un repaso detallado a lo largo de los catorce títulos que componen su escueta pero intensa filmografía. En esta segunda parte de mi ordenación subjetiva, intento conectar con las profundidades de las que son mis siete películas favoritas del cineasta, dentro de la complejidad que supone su análisis y de la brevedad con que lo abordo.
Aunque es un texto que busca intencionalmente suscitar el apetito cinéfilo de potenciales admiradores de Bresson, es imposible no incurrir en la exposición de aspectos más detallados de sus películas como algunos finales explícitos o escenas concretas; espero que se entienda.
Mouchette (Nadine Nortier) es una niña con una vida muy difícil. Su padre alcohólico la maltrata y su madre enferma muere lentamente. En el pequeño pueblo en que vive, todos la humillan constantemente.
Mouchette es la segunda de las dos novelas de Georges Bernanos que Bresson llevó a la pantalla —la otra fue Diario de un cura rural (1951)—. En ella, como es habitual, el director retrata un personaje desolado por el entorno que le constringe: prisionero de la vida y sus circunstancias, de las que solo puede obtener liberación mediante la muerte. Esta es posiblemente una de las películas más crueles del francés y que mejor sintetiza su historia con las armas del cinematógrafo.
Se trata de un fragmento de vida sin una construcción argumental clásica, algo que el francés, por supuesto, rehúsa, y que viene a poner en alza ese desasosiego vital que tanto caracteriza a sus personajes. Personajes comunes con anhelos compartidos, que parecen no pertenecer al mundo y terminan por dejarlo atrás de una forma u otra (trascendencia).
Robert Bresson huye continuamente (dicho por él mismo) del simbolismo y la metáfora, pero es cierto que en ocasiones la presencia de los mismos escapa a sus propias manos. Es Mouchette el ejemplo más claro de esta tesis: las partidas de caza del furtivo y las liebres; la relación con la niña oprimida, que es es irrefrenable y difícil de dejar escapar. Como a una liebrecilla salvaje, Bresson atrapa a sus personajes en su propia existencia y a nosotros en sus películas.
1943. En plena Segunda Guerra Mundial, el joven miembro de la resistencia francesa Fontaine (François Leterrier), es arrestado por la Gestapo para ser interrogado. Ante la sospecha de su inminente ejecución, comienza a planear una fuga.
La película más recordada de Robert Bresson es sin duda Un condenado a muerte se ha escapado. La depuración en su cuarto largometraje es máxima incluso desde el propio título, que no da lugar a dudas de lo que va a ocurrir: la acción del filme se limita al proceso de fuga del preso, y esto, por otro lado, es posiblemente lo que hace que Un condenado sea —sin contar sus dos primeras— una de las obras más argumentalmente clásicas de su filmografía (en que mejor se vislumbran los actos aristotélicos de que tanto renegaba el francés).
Un condenado supone el acercamiento más notorio, que después sublimaría en Pickpocket (1959), a esa dialéctica de las manos para construir el desarrollo de la acción: primeros y primerísimos primeros planos de las manos desempeñando las funciones necesarias para esa liberación del prisionero, atrapado en una cárcel más literal que nunca, en que el azar y la presencia de la gracia divina (de algo superior e inalcanzable), se dan de forma milagrosa para impulsar al reo en su meditada labor.
Esta película, básicamente, muestra el proceso y la consecutiva fuga de un presidiario. Sin aristas explícitas, sin filtros (screens) —»todas esas cosas que se interponen unas con otras» (R. Bresson)— y con una búsqueda metódica de la exaltación de lo cotidiano, de su repetición y enfatización continua como primer (y en este caso concreto más subrayado) paso del proceso trascendental (cuyo fin último sería la estasis, esa liberación final) que Paul Schrader desarrollaba en su libro El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer.
Curiosamente, pese a ese frío cautiverio que retrata, Un condenado es una de las películas de Bresson más optimistas, si se quiere, junto a, de nuevo curiosamente , su posterior Pickpocket.
Tras varios años malgastados en la búsqueda del Santo Grial, los caballeros de la mesa redonda regresan a Camelot con las manos vacías. El fracaso de su objetivo y la inactividad hacen aflorar las tensiones entre Lancelot (Luc Simon), amante de la reina Guenièvre (Laura Duke Condominas) y Mordred (Patrick Bernhard), que conspira para revelar su adulterio y asesinarlo.
Una atmósfera funesta atraviesa una de las cintas más deprimentes y perturbadoras del francés. Esta reimaginación fatalista del mito artúrico comienza con las imágenes más violentas que nos ofrecería Bresson a lo largo de su filmografía: esqueletos ahorcados y picoteados por cuervos, un decapitamiento explícito y sangre a borbotones (¡al más puro estilo Tarantino!, un director al que odiaría). Una imaginería dantesca que establece el tono del filme para anclarlo en el inconsciente nada más comenzar y que no atiende a una intención estética exhibicionista.
No obstante la manera de poner en escena esta y posteriores brutalidades, no se vende a la épica medieval que suele recurrirse (¡cómo iba a hacerlo!). No hay música, ni diálogo ni demás filigranas; solo el sonido del galope equino, metales chocando y algún gemido gutural de dolor, junto a esas imágenes sutiles aunque violentas: Bresson configura su propio ritmo mortal.
El director retrocede a la Edad Media —esta vez primera: siglo VI— por segunda y última vez (la primera, El proceso de Juana de Arco), para retratar con frialdad un mundo terrenal dominado por la vacuidad moral y la ausencia de propósito («he perdido mi camino» expone Lancelot al comienzo del filme). Lancelot du lac se desarrolla en las antípodas del romanticismo, ahogando cualquier atisbo de luz que pueda intuirse en su intransitable oscuridad natural.
Un joven sacerdote (Claude Laydu) llega a una pequeña localidad del norte de Francia, donde se hace cargo de su primera parroquia. A pesar de que desarrolla sus labores sacerdotales con diligencia y humildad, es ignorado e incluso rechazado por sus feligreses. Convencido de que ha fracasado como pastor de almas, sufre una profunda crisis de fe. En tales circunstancias, tendrá que afrontar, además, una grave enfermedad.
El tercer largometraje de Robert Bresson y uno de sus más reconocidos —además de la película favorita de Andréi Tarkovsvki— , sería en el que su personal estilo tomara más fuerza permitiendo identificar mejor su autoría. Basada en la novela homónima de Georges Bernanos (primera de las dos que llevaría a la gran pantalla junto a Mouchette), refleja a la perfección la desesperanza existencial de los personajes del francés.
El joven cura, hastiado de un mundo que parece repudiarle, cae en una espiral de decadencia en que confluyen tres niveles esenciales (como Schrader explica en su libro): la enfermedad, la soledad social y la soledad sagrada.
En las películas de Bresson nunca se explica del todo el origen o las causas de los males internos de sus protagonistas. En Diario de un cura rural el joven cura de Ambricourt expresa su incomprensión de la negatividad que le asfixia, preso en un entorno impermeable, como una gota de aceite en un enorme lago; pues en su beato propósito no cabe el rechazo, pero nada rema a su favor. Es una pugna constante con el entorno hostil que repele su presencia.
Finalmente, obtiene su liberación de la cárcel corpórea o terrenal, aunque sea para entregarse a otra cárcel mayor (la espiritual), a través de un final explícitamente cristiano (la película en sí es la más religiosa de Bresson junto a El proceso de Juana de Arco y Los ángeles del pecado) al trascender, esta vez mediante la muerte, y comprender con sus últimas palabras el sentido del mundo: «¿Qué importa? Todo es Gracia».
Según el análisis de Schrader, la imagen final de la cruz o estasis, (secuencia quiescente, congelada o hierática que sucede a la acción decisiva y cierra la película), ratifica esta liberación trascendental.
Yvon (Christian Patey) es un joven injustamente acusado de traficar con dinero falso. A partir de ese error judicial, la adversidad dominará su vida. Durante su estancia en prisión, el ambiente en el que se mueve lo va degradando y corrompiendo hasta convertirlo en una persona sin escrúpulos ni principios morales.
El dinero es la última película de Robert Bresson, el broche perfecto para una filmografía impecable. El francés muestra el proceso de descenso moral de un ser humano desde su mundana normalidad hasta el atroz asesinato, culpando al dinero —al menos como motor inicial— de su corrupción. El protagonista padece dominado por una adversidad sobre la que no tiene poder, un mal externo (divino) del que no tiene escapatoria y que sume su existencia en un pozo cada vez más profundo.
Al igual que todos los personajes bressonianos, Yvon termina por encontrar una cura, esta vez en forma de prisión literal —como en Pickpocket (1959)—, asumiendo su responsabilidad de forma paradójica si retrocedemos al comienzo: un billete llega a sus manos sin que sepa que es falso y es acusado de delinquir.
Al principio es un trabajador promedio, una persona como otra, que acusada en falso no asume su responsabilidad y es condenada. Tras un periodo vital virulento, descarga la furia de su corrupción en forma de asesinato múltiple —provocando una reacción esquizoide en el espectador por su repentinidad, como toda buena acción decisiva— y él mismo se entrega a la policía, a la prisión: ha desafiado el orden natural (al menos en parte, ya que la penitencia del cautiverio se adueñó de él con su primer acto delictivo); ha terminado por asumir su responsabilidad.
El acceso de violencia final, esa acción decisiva, por cierto, originada por el dinero —»¿Dónde está el dinero?», pregunta Yvon con un hacha en la mano—; solo es equiparable a la barbarie medieval de Lancelot du Lac. Los dos momentos más sangrientos en las películas del francés. Este, en concreto, materializa una frase que podría sintetizar la película: El dinero es origen del mal. ¿Es Yvon un psicópata o una víctima?
Una mujer (Dominique Sanda) se suicida sin razón aparente. Su marido (Guy Frangin) observa el cadáver mientras una serie de flashbacks explican el motivo de su decisión.
Curiosamente mis dos películas favoritas de Bresson —no necesariamente las mejores, pues es una lista subjetiva— son dos de las habitualmente consideradas como obras menores , además de adaptar sendos relatos de Dostoyevski.
El caso de Una mujer dulce es la sublimación o máxima expresión de la idea del cineasta del efecto antes de la causa: en una apertura in extremis, se muestra un suicidio y la película desarrolla su causa, aunque quizá, la supuesta respuesta a tan determinante decisión no sea más que un borbotón de nuevas preguntas; una respuesta incierta, así como lo son la compleja vida y los sentimientos humanos.
Bresson agudiza aquí su construcción del ritmo, entendido como la ordenación premeditada de imágenes y sonidos particulares para configurar una entidad única: la banda sonora recoge casi todo el tiempo el sonido de las máquinas automovilísticas de la calle, creando la sensación buscada de que la vida sigue, el mundo exterior no se detiene, sino que lo hacen las personas a nivel individual, como cuando la protagonista de Una mujer dulce se suicida, lo mismo que cuando Juana de Arco es consumida por las llamas o Yvon se entrega a la policía.
En su noveno largometraje, además, el francés enfrenta su particular modelo cinematográfico —el cinematógrafo— al resto de artes para diferenciar sus peculiaridades: hay televisión, teatro, pintura, cine, música… causando en el espectador una clara identificación de intenciones. Bresson se afirma en su visión formal.
Una mujer dulce es una película sobre las inconformidades de la vida conyugal y las relaciones afectivas, así como la generalizada agonía vital (¡la Santa Agonía! del cura de Ambricourt) y la dificultosa búsqueda de una vía de escape. La deprimente y sinuosa crónica de un matrimonio.
Una noche en París, Jacques (Guillaume des Forêts), un joven pintor, se cruza con una joven (Isabelle Weingarten) que está a punto de suicidarse saltando desde el puente de Pont-Neuf. El motivo: su antiguo amante, que la abandonó un año atrás, le ha fallado en su promesa de encontrarse en el puente.
Relegada a un segundo plano, olvidada en parte, Cuatro noches de un soñador es una película maravillosa, otra obra maestra de Robert Bresson que si se ha recordado ha sido como trabajo menor del director de Un condenado a muerte se ha escapado.
La película adapta un relato del primer Dostoyevski (1848) que, bajo el título de Nochesblancas, cuenta la historia de un soñador solitario que solo conoce el amor y los sentimientos profundos a través de su imaginación, hasta que se descubre repentinamente enamorado de una dama desconocida con la que comparte cuatro noches y que finalmente desaparece como una de sus ensoñaciones habituales.
Casi quince años antes, Luchino Viscontiestrenó la maravillosa Noches blancas(1957), que adaptaba de forma bastante literal la obra del ruso. Sin embargo, en su película, Bresson pasa el relato de Fiódor por el filtro de su cinematógrafo para reformularlo a su manera. Si el escrito original era casi todo diálogo teatral y efusivo (como en la de Visconti), el francés emplea su metódica forma sosegada y silenciosa, así como sugerente más que explícita, para el desarrollo de sus noches.
Cuatro noches de un soñador no deja de ser una visión fatalista del mundo y una contraposición conceptual de la individualidad y el colectivo, de lo interno y lo externo, de que el mundo sigue y la libre acción humana viene encorsetada en un cauce natural mayor.
Las noches blancas de Jacques son un doloroso bache en una existencia que continúa, como esos músicos que tocan en los barcos navegantes del Sena (lo exterior inmutable frente a lo interior, la pugna del entorno y la personalidad; la insignificancia del ser humano). Mi mente, involuntaria, no hace más que trasladarme al cine de Kaurismäki cuando veo los grupos de música y los barcos; estoy seguro de que esta película fascina al finlandés.
El final de Cuatro noches de un soñador, al no haber leído el relato ni visto la película de Visconti —eso vino después— me impactó notablemente, pudiendo ser la conclusión más amarga en un filme de Bresson. Ni el suicidio de Una mujer dulce o Mouchette, ni la brutalidad de Lancelot du Lac o El dinero encogen el alma como lo hace, de forma menos abultada aún, el destino de nuestro soñador Jacques.
Hasta aquí el segundo y último artículo sobre Robert Bresson, un cineasta único y particular, además de no tan reconocido como otros de sus compatriotas como Godardo Truffautsin ir más lejos. Espero que os haya gustado y que hayáis aprendido algo, pero sobre todo espero que vayáis corriendo a ver algunas de las películas de las que he hablado para formar un criterio propio: quién sabe, quizá no os guste ninguna, pero qué más dará, ¡eso es lo grande del arte!
Un enorme saludo, sed felices e… ¡id al cine!
Bibliografía:
Zunzunegui, Santos (2001). Robert Bresson. Cátedra. Colección: Signo e imagen. Cineastas.
Bresson, Robert (1997). Notas sobre el cinematógrafo (D. Aragó, Trad.). Ardora Ediciones. (Trabajo original publicado en 1975).
Schrader, Paul (2019). El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson y Dreyer (B. Viejo, Trad.). Ediciones JC. (Trabajo original publicado en 1999).